Amor Rosa Montero

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Amor
Rosa Montero
¿Se han dado cuenta de lo mucho que se habla últimamente del amor? No creo
que el tema haya estado tan de moda desde el Romanticismo, hace ya 150 años. Por
entonces, la sociedad, atrapada en el vértigo de la industrialización, andaba necesitada
de algo caliente, animal, elemental. Las máquinas estaban acabando con una manera de
vivir y de relacionarse. Si el mundo parecía un lugar frío, despersonalizado y
desapacible, uno podía refugiarse en la intimidad de la pasión.
Algo parecido sucede ahora: estamos nuevamente en un momento crítico de
cambios. El futuro es una incertidumbre; la vida urbana, un espacio de crispación y
soledad; la identidad personal, una auténtica incógnita: quiénes somos, qué somos, en
medio de todo este barullo, este griterío. Todo esto es sociología barata, sociología de
columna periodística, cosa que, por otra parte, refleja a la perfección la realidad actual.
Hoy apenas nos paramos a reflexionar mucho más que con esta brevedad y con estas
prisas. Pues bien, frente a toda esta sinsustancia y desconsuelo, a la gente le ha dado por
hablar de amor.
Claro que hay maneras de hablar que te ensordecen. Quiero decir que el mercado
ha descubierto esa necesidad social del sentimiento y ha hecho del amor un producto de
venta. Por eso hay infinidad de programas de radio y televisión sobre este tema en
donde no paran de enseñarse unos a otros las vergüenzas amatorias. Ya sé que ahora lo
más moderno es sostener que la televisión bazofia es estupenda, pero a mí me fastidia
tanto exhibicionismo: si la intimidad es un espectáculo, ya no es íntima. ¿Hablar de
amor? Sí, pero con pasión y cuidado, susurrando las palabras a un oído. El amor es algo
demasiado grave, demasiado fundamental (“Si amas sufres; pero si no amas, enfermas”,
decía Freud) como para abaratarlo de ese modo.
El País, 22-11-11
El tema es la defensa del amor como algo íntimo de las personas. [bien]
El tema es la crítica a la mercantilización del amor. [bien]
El tema es el amor como mercancía. [mal]
El tema es el amor sincero como una única salvación en un mundo
tecnificado.[mal]
El tema es el auge del amor como vía de escape. [mal]
El tema es la desvergüenza con que se habla del amor. [mal]
El tema es la defensa apasionada del amor. [mal]
Un resumen del texto podría ser el siguiente:
En períodos históricos de desorientación [o difíciles] como el actual, el ser
humano necesita expresar sus sentimientos más íntimos. El del amor es el más
importante pero, contagiado de tanta superficialidad como nos rodea, es aireado y
manipulado por los medios sin respetar la intimidad de las personas.
La estructura u organización general de las ideas que presenta este texto
responde a un esquema prototípico de los artículos de opinión. Se parte de una
introducción expositiva del problema a tratar, sigue un desarrollo argumentativo que
conduce, finalmente, a una tesis en forma de conclusión lógica de todo lo anterior.
Veámoslo por partes.
El primer párrafo expone la idea de la importancia del amor (objeto de debate
reciente, argumento de actualidad) y, para ello, la autora se remonta a los orígenes de la
vida moderna, cuando amar es la respuesta humana a una realidad mecanizada y hostil
(argumento de causa-consecuencia).
A continuación, en el segundo parágrafo, la autora establece una analogía entre
la época anterior y el presente. Explica las inquietudes que actualmente nos acechan con
una cita ajena encubierta de una forma de pensar generalizada y, seguidamente,
contraargumenta esta postura descalificándola y situándola en un contexto general de
superficialidad y ramplonería (causa del problema), del que la misma autora no se libra.
Para concluir, en el tercer y último párrafo, Rosa Montero critica el tratamiento
del amor que hacen los medios de comunicación, que se benefician de esta necesidad
humana difundiendo masivamente los aspectos más escabrosos del mismo (argumento
de cantidad). Contraargumenta la idea de la calidad de la televisión basura alegando que
el amor no puede ser centro de atención de las audiencias sino que pertenece a la esfera
privada de las personas. Para ello, Montero se apoya en una cita de autoridad en la
materia, el creador del psicoanálisis Sigmund Freud, que concede al amor la máxima
importancia en la vida de las personas. Esa es la razón por la que no puede ser rebajado
a simple objeto de consumo televisivo. Así pues, estaríamos ante un tipo de estrucutura
sintetizante o inductiva.
Iniciamos la valoración crítica del texto resaltando la novedad que supone
abordar un tema tan alejado de la política, la economía, etc. como es el del amor. No el
amor falso de los programas del corazón (yo los llamaría de los intestinos), sino el amor
verdadero de dos personas anónimas que se quieren y que basta con que lo sepan ellos
para que se iluminen sus vidas. Es cierto que tal y como están montadas nuestras vidas
el amor es lo único que nos devuelve la armonía, que nos hace que la vida tenga algún
sentido, incluso cuando el amor no puede ser correspondido, porque como bien saben
los poetas el sufrimiento es inherente al amor.
Estoy de acuerdo, por tanto, en preservar el amor de miradas ajenas. Dos seres
encuentran su plenitud uno en el otro y todo lo demás sobra. Y es que es tan grande el
amor que cabe en una mirada fugaz, en un silencio clamoroso, en un mensaje anónimo,
en un hasta luego que en realidad es un adiós… Son signos que solo los enamorados
entienden de un código que no morirá mientras haya un corazón (este sí de verdad) que
de repente se acelere.
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