El amor general de Dios hacia toda la humanidad: una defensa

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El amor general de Dios hacia toda la humanidad: una defensa histórica y exegética de la doctrina.
(Material compilado y organizado por Esteban Toloza)
Promover el error no es tan difícil. Con un poco de afán en perfeccionar sistemas, sumado a la debilidad de
nuestro entendimiento, y pasando más tiempo hurgando y enfatizando lo oculto y secreto de Dios, y siendo
arrastrados por una lógica feroz y algo de orgullo intelectual, pronto acabaremos llegando a conclusiones no
bíblicas sobre diversas cuestiones. Tristemente, esto es algo que está pasando en muchos círculos reformados,
donde vemos a más y más personas que son guiadas más por sus propios razonamientos y suposiciones que por
la exposición llana de las Escrituras. Y este asunto sobre el amor de Dios ha levantado más disputas de las
deseadas. ¿Ama Dios al mundo? ¿Ama solamente a algunos? ¿Odia a todos? Estas preguntas perturban a
algunos que se acercan a la fe reformada, y – lamentablemente para mi gusto – muchas veces no reciben la
respuesta correcta.
Lo que sigue no es de mi autoría (salvo breves notas), sino que he buscando realizar un ‘acopio’ de material de
diferentes autores y textos, entre ellos: Charles Hodge, Luis Berkhof, William Hendriksen, Martín Lutero, Juan
Calvino, Simon Kistemaker, Matthew Henry, Charles Spurgeon, Paul Washer, John Greshamn Machen, R.C.
Sproul, John Piper, Thomas Montgomery, Donald Carson, John MacArthur, los cánones de dort, y algunas notas
realizadas por Nicolás Serrano, mi amigo y compañero de obra en Rosario. Si bien busqué abordar el tema de
manera personal y he realizado mi revisión del tema, en esta nota no fue mi intención elaborar una nueva
respuesta al asunto, sino buscar “qué” han entendido otros sobre este tema al pararse en las Escrituras; dado que
noté la complejidad del mismo, me pareció sabio ‘escuchar’ a otros hablar sobre el asunto, de manera que al
finalizar cito las fuentes para que aquellos que quieran, puedan ir a buscar por ellos mismos las citas.
Comienzo entonces diciendo que antes de sumergirnos en el tema, es necesario hacer dos aclaraciones, una con
respecto al amor de Dios, y otra con respecto a su voluntad. Es importante entender que la Biblia nos habla,
tanto del amor como de la voluntad de Dios, en diferentes sentidos.
¿En qué sentido hablan las Escrituras del amor de Dios?
John Piper describe tres maneras en que el amor de Dios se manifiesta:[1]
“1) El Amor de Dios por su Hijo
Primero, está el amor de Dios por su Hijo y el amor del Hijo por el Padre. Juan 3:35: "El Padre ama al Hijo y
ha entregado todas las cosas en su mano”. En Juan 14:31, Jesús dice: "para que el mundo sepa que yo amo al
Padre, y como el Padre me mandó, así hago".
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El amor de Dios por los demás miembros de la Trinidad es diferente a su amor por nosotros porque no hay
pecado que vencer. Si Dios nos ama, nos ama a pesar de nuestro pecado. Dios el Padre no ama al Hijo a pesar
de algo. Todo en el Hijo es infinitamente digno de amor.
2) El Amor de Dios por su Creación
Segundo, Dios ama a su creación y la sostiene con su cuidado, aun para que la usen sus enemigos. Por ejemplo:
"El Señor es bueno para con todos, y su compasión, sobre todas sus obras" (Salmo 145:9). O, en Mateo 5:44-45,
Jesús nos ordena: "amad a vuestros enemigos y orad por los que os persiguen, para que seáis hijos de vuestro
Padre que está en los cielos; porque Él hace (notar que aquí vemos el amor de Dios como un presente continuo)
salir su sol sobre malos y buenos, y llover sobre justos e injustos". Así que el amor de Dios le hace proveer
lluvia y sol donde las personas no lo merecen. Para Jesús, este es un ejemplo de amor por sus enemigos, y un
ejemplo de cómo debiéramos amar a nuestros enemigos.
3) El Amor de Dios por su Pueblo Escogido, su Pueblo del Pacto
Pero la experiencia más preciosa del amor de Dios aun no ha sido descrita. Es el amor de Dios que le hace ir
más allá de la oferta gratuita del evangelio y escoger a un pueblo para sí, atrayéndolo a sí en fe, y haciendo un
pacto eterno con él. Sentirse amado de esta forma es la mayor experiencia que se pueda tener.
Puede llamarse el amor selectivo de Dios, o el amor regenerador de Dios, o amor pactado de Dios. Con este
amor, Dios hace más que una oferta. Vence la rebelión y la resistencia para que sus amados reciban la oferta.
A)
Primero, veamos este tipo de amor en la elección de Dios del pueblo de Israel.
Deuteronomio 10:14-15:"He aquí, al Señor tu Dios pertenecen los cielos y los cielos de los cielos, la tierra y
todo lo que en ella hay. Sin embargo, el Señor se agradó de tus padres, los amó, y escogió a su descendencia
después de ellos, es decir, a vosotros, de entre todos los pueblos, como se ve hoy".
El mensaje es que Dios no sólo ofreció que fueran el Israel del pacto de Dios; Él escogió a Israel. Él les tomó de
entre todos los pueblos. No negoció. Libre, soberana, e incondicionalmente, escogió a Israel.
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"... el Señor tu Dios te ha escogido para ser pueblo suyo de entre todos los pueblos que están sobre la faz de la
tierra. El Señor no puso su amor en vosotros ni os escogió por ser vosotros más numerosos que otro pueblo,
pues erais el más pequeño de todos los pueblos; mas porque el Señor os amó". (Deuteronomio 7:6-8)
B)
El Amor de Jesús por sus Ovejas
Podemos ver a este amor yendo más allá de Juan 3:16 en la forma en que Jesús habla acerca de sus ovejas en el
resto del evangelio de Juan.
Cuando Jesús dice en Juan 10:11:"el buen pastor da su vida por las ovejas" podemos entender que este amor es
mayor que el amor que se registra en Juan 3:16. Poner su vida por las ovejas significa que Él muere, no sólo
para ofrecernos la vida eterna de las ovejas, sino para darnos una certeza absoluta de que sus ovejas le creerán y
le seguirán y tendrán vida eterna. En Juan 10:16, Jesús mira más allá del grupo de creyentes que tiene y dice:
"Tengo otras ovejas que no son de este redil; a ésas también me es necesario traerlas". Y Juan 11:51-52 dice
que él murió para reunirles. Él murió para traer a fe a sus ovejas escogidas.”
En Juan 3:8 Jesús dice: “El viento sopla donde quiere, y oyes su sonido, pero no sabes de dónde viene ni adónde
va; así es todo aquel que es nacido del Espíritu". En otras palabras, el nuevo nacimiento ocurre según la
voluntad del Espíritu. No controlamos al viento, y no controlamos al Espíritu. Él viene y va como le place con
su poder regenerador.
Esto es llamado amor--gran amor--en Efesios 2:4-5:"Pero Dios, que es rico en misericordia, por causa del gran
amor con que nos amó, aun cuando estábamos muertos en nuestros delitos, nos dio vida juntamente con
Cristo"(ver "gran misericordia" en 1ra de Pedro 1:3). Este es un "gran amor" que va mucho más allá del
ofrecimiento a personas espiritualmente muertas de que si creen, pueden ser salvadas. Este amor conquista
nuestra muerte. Da nueva vida, nos trae a la fe, y nos une a Cristo, todo en un instante soberano. (Fin de la cita)
Asimismo, Paul Washer, describe tres formas en que las Escrituras se refieren al amor de Dios[2], él nos dice:
“Sería más fácil contar todas las estrellas en los cielos o cada grano de arena en la tierra, que medir o intentar
describir el amor de Dios. Su altura, profundidad, y anchura están más allá de la comprensión de las más
grandes y más inteligentes criaturas. Aunque nunca seremos capaces de comprender el amor de Dios en su
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plenitud o medir su contenido, podemos crecer en nuestro entendimiento de tal amor por medio de considerar
los muchos ejemplos y demostraciones en las Escrituras. “
Luego describe tres manifestaciones del amor de Dios,
“I- La Benevolencia de Dios Hacia Todas Sus Criaturas.
La palabra “benevolencia” puede ser definida como la disposición de buscar “lo bueno” para los demás,
bendecirles, y promover su bienestar. Es el testimonio constante de las Escrituras que Dios es un Creador que
ama a sus criaturas y busca la bendición y beneficio de ellas - los malos y los buenos. Él es lo opuesto absoluto
de cualquier opinión que le representaría como una deidad caprichosa o vengativa quien busca la derrota y
miseria de Su creación. [Las citas bíblicas dadas son las siguientes: Salmo 145:9, 15-16; Mateo 5:44-45; Hechos
14:16-17; Salmo 147:7-9; Salmo 150:6. Luego realiza una reseña sobre cuál es la respuesta de la humanidad
pecadora hacia esa bondad basándose en Romanos 1:21-23]
II- La Misericordia, Gracia, y Paciencia de Dios hacia la Humanidad Pecadora
Tres de las más hermosas y amadas palabras en las Escrituras son la misericordia, gracia, y paciencia de Dios.
En estas tres joyas, el amor de Dios verdaderamente se manifiesta. [Cita bíblica: Éxodo 34:6]
[Continúa diciendo Washer] La palabra misericordia se refiere a la ternura o compasión de Dios hacia aún las
más miserables y lastimosas de Sus criaturas. En la misericordia de Dios se encuentra una manifestación grande
de Su amor. [Citas bíblicas: Salmo 145:8; 2ª Corintios 1:3; Efesios 2:4; Santiago 5:11; Salmo 57:10; Lucas
6:35-36; Salmo 86:5; Salmo 103:10-14; Lamentaciones 3:22-23]
La palabra gracia denota un favor no merecido y se refiere a la buena voluntad de Dios de tratar a Sus criaturas,
no según su propio mérito o valor, sino según Su propia abundante bondad y generosidad. En la gracia de Dios,
se encuentra una manifestación grande de Su amor. [Citas bíblicas: Salmo 145:8; 1ª Pedro 5:10; Isaías 30:18]
La palabra paciencia se refiere a la buena voluntad de Dios de “soportar” o “sufrir” las debilidades y pecados
de Sus criaturas. En la paciencia de Dios se encuentra una gran manifestación de Su amor, especialmente a la
luz del pecado de la humanidad. [Citas bíblicas: Éxodo 34:6; Números 14:18; Jonás 4:2; Nahúm 1:3; 1ª Pedro
3:20; Salmo 78:36-40; Ezequiel 18:23,32; 1ª Timoteo 2:4; 2ª Pedro 3:9; Romanos 2:4.]
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III- Dios envió a Su Hijo para la Salvación de su Pueblo
[…] el amor de Dios está más allá de la comprensión humana y que se manifiesta a todas Sus criaturas en un
número casi infinito de maneras. Sin embargo, las Escrituras nos enseñan que hay una manifestación del amor
de Dios que sobrepasa todas las demás – ¡Dios dio a Su Hijo para la salvación de Su pueblo! [Citas Bíblicas 1ª
Juan 4:8-10; Juan 3:16-17; Romanos 5:6-8; Romanos 5:8-10; Romanos 8:32]” (Fin de la cita de Washer)
De manera que podemos ver que hay diferentes maneras en que la Escritura de refiere al amor de Dios, y si
mantenemos claramente esas distinciones, nos libraremos de muchos errores y extremismos no bíblicos.
Asimismo, encontramos que las Escrituras hablan de la voluntad de Dios; o, mejor dicho, usan la palabra
“voluntad” con respecto a Dios, en diferentes sentidos. Sobre esto dice R.C. Sproul,
“En primer lugar, debemos entender que la Biblia habla de la voluntad de Dios en más de una manera. Por
ejemplo, la Biblia habla de lo que llamamos la voluntad eficaz y soberana de Dios. La voluntad soberana de
Dios es la voluntad por la cual Dios hace que ocurran las cosas con absoluta certeza. Nada puede resistir la
voluntad de Dios en este sentido. Por su soberana voluntad El creó el mundo. La luz no podría haber rehusado
resplandecer.
La segunda manera en que la Biblia habla de la voluntad de Dios es con respecto a lo que llamamos su
voluntad preceptiva. La voluntad preceptiva de Dios se refiere a sus mandatos, sus leyes. Es la voluntad de
Dios que hagamos las cosas que El manda. Tenemos la capacidad de desobedecer esta voluntad. De hecho,
quebrantamos sus mandamientos. No podemos hacerlo impunemente. Lo hacemos sin su permiso o
aprobación. Sin embargo, lo hacemos. Pecamos.
Una tercera manera en que la Biblia habla de la voluntad de Dios se refiere a la disposición de Dios, a lo
que le agrada. Dios no se deleita en la muerte del inicuo. Hay un sentido en que el castigo del inicuo no
produce gozo a Dios. Escoge hacerlo porque es bueno castigar la maldad. Se deleita en la justicia de su juicio,
pero le "entristece" que tal justo juicio deba ser llevado a cabo. Es algo así como un Juez sentándose en un
tribunal y sentenciando a su propio hijo a la cárcel.”
Ahora, creo que estas distinciones sobre el amor de Dios y la voluntad de Dios, no son “forzadas” por los
Calvinistas para intentar resolver algún asunto, sino que son distinciones reales y necesarias que las Escrituras
trazan. Con estas distinciones claras, no hay ningún problema escritural en afirmar que Dios ama a todos los
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hombres, y que por esto mismo, desea sinceramente el bien de todos los hombres, los llama sinceramente a vida
eterna, y se compadece sinceramente de ellos; y que es su voluntad que todos se vuelvan a Él. Al decir esto no
estamos diciendo que Dios se vea frustrado en sus planes, tampoco estamos diciendo que Dios haya decretado
que todos sean salvos y que haya fracasado, ni estamos diciendo que su voluntad de decreto se vea frustrada.
Tampoco estamos diciendo que Dios ame de la misma manera a aquellos que se pierden y a aquellos que ha
escogido desde antes de la fundación del mundo. Simplemente estamos diciendo que la Biblia afirma que hay
un sincero deseo en Dios de que todos se vuelvan a Él, aunque no haya decretado que todos se vuelvan a Él. La
razón de que ésto no ocurra es que Dios ha escogido desplegar toda su gloria por medio de manifestar sus
atributos al salvar a algunos y dejar que otros sigan el deseo de su corazón perverso, para luego condenarles.
Pero podemos decir esto libremente sin negar que haya un deseo en Dios de que todos se vuelvan a Él.[3]
Usualmente, aquellos que niegan el amor general de Dios para con todos los hombres, niegan también la Gracia
Común. Sobre esto dice Phil Johnson,
“Ésta es la gracia que guarda el mal en el mundo de ser tan malo como posiblemente pudiera ser. La gracia
común es la gracia que permite a todos los pecadores vivir y disfrutar la vida en virtud de un alivio temporal a
partir del juicio y la justicia a pesar de que son dignos de una condenación inmediata. La gracia común retrasa
eso. La gracia común es también la gracia que implora tiernamente y sinceramente con los pecadores al
arrepentimiento y ser reconciliados con Dios, a pesar de que sus corazones están en contra de Él. Y según Mateo
5:44-45, estas bendiciones de la gracia común son señales de un amor genuino de Dios. La Escritura no duda en
aplicar la expresión “amor” aquí. Para aquéllos de ustedes que pueden ser mis hermanos calvinistas afuera
quiénes se niegan a decir que: “Dios ama a todo el mundo”. La Escritura no se opone a eso. Esta bondad
que muestra incluso al réprobo es un amor compasivo sincero si bien no es el mismo amor redentor
eterno que Dios ha establecido sobre los elegidos de toda la eternidad. Es amor de un tipo diferente pero
es amor verdadero. Es amor genuino. Es compasión sincera. Es bondad verdadera. […] E incluso al
réprobo, incluso al no elegido se beneficia de la muerte de Cristo de esa manera. Las migajas que caen de la
mesa, que Dios extiende a Sus elegidos, son una fiesta auténtica para el réprobo quien experimenta todas las
bendiciones de la gracia común. Ese es un beneficio secundario de la cruz. Y es una expresión de la bondad de
Dios hacia ellos.
Algunos ultra-calvinistas inevitablemente intentarán argumentar la opinión de que la gracia común no es
realmente una expresión de amor o una bondad hacia el no-elegido. No representa bien una misericordia. No es
una bondad auténtica porque su efecto final, dicen, es la condenación del réprobo. Solo incrementa su
condenación.
No estoy de acuerdo. Mientras es cierto que según las palabras de Romanos 2:4, el réprobo tiene la culpa
cuando “¿O menosprecias las riquezas de su benignidad, paciencia y longanimidad, ignorando que su
benignidad te guía al arrepentimiento?” Y que esto incrementa su culpabilidad. No pienso que el efecto final, el
efecto global de la gracia común es aumentar la condenación de alguien. Porque una de las formas en que Dios
manifiesta la gracia común es restringiendo el pecado del reprobado. La mayoría de la gente no es tan mala
como podrían ser. No es tan mala como lo podría ser si Dios los dejara solos sin ninguna gracia en absoluto. Así
que en general, la gracia común de Dios reduce en lugar de incrementar la severidad de su culpabilidad.”
[Fin de la cita]
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Aquellos que niegan el amor general de Dios o niegan la gracia común, comúnmente nos acusan de que
nosotros tenemos “Un Dios impotente que no puede hacer lo que desea hacer”, pero tal acusación es injusta.
Nosotros, como calvinistas de la Biblia, afirmamos que Dios sí puede y hará aquello que decretó, que se
cumplirá su propósito. Pero, juntamente con eso, afirmamos que las Escrituras nos hablan de diferentes
expresiones de amor en Dios y de diferentes expresiones de su voluntad. Quienes niegan el amor de Dios para
con todos los hombres a menudo caen en serios problemas exegéticos al interpretar textos como los siguientes,
"[Dice Dios] ¡Quién diera que tuviesen tal corazón, que me temiesen y guardasen todos los días todos mis
mandamientos, para que a ellos y a sus hijos les fuese bien para siempre!" (Deuteronomio 5:29).
"¡Oh, si hubieras atendido a mis mandamientos! Fuera entonces tu paz como un río, y tu justicia como las ondas
del mar." (Isaías 48:18).
“Mirándole, le amó" (marcos 10:21)
“¡Jerusalén, Jerusalén, que matas a los profetas, y apedreas a los que te son enviados! ¡Cuántas veces quise
juntar a tus hijos, como la gallina junta sus polluelos debajo de las alas, y no quisiste!” (Mateo 23:37)
Luc 19:41,42 “Y cuando llegó cerca de la ciudad, al verla, lloró sobre ella, diciendo: ¡Oh, si también tú conocieses,
a lo menos en este tu día, lo que es para tu paz! Mas ahora está encubierto de tus ojos. “
Oseas11:1-9 “Cuando Israel era muchacho, yo lo amé, y de Egipto llamé a mi hijo. Cuanto más yo los llamaba,
tanto más se alejaban de mí; a los baales sacrificaban, y a los ídolos ofrecían sahumerios. Yo con todo eso
enseñaba a andar al mismo Efraín, tomándole de los brazos; y no conoció que yo le cuidaba. Con cuerdas
humanas los atraje, con cuerdas de amor; y fui para ellos como los que alzan el yugo de sobre su cerviz, y puse
delante de ellos la comida. No volverá a tierra de Egipto, sino que el asirio mismo será su rey, porque no se
quisieron convertir. Caerá espada sobre sus ciudades, y consumirá sus aldeas; las consumirá a causa de sus
propios consejos. Entre tanto, mi pueblo está adherido a la rebelión contra mí; aunque me llaman el Altísimo,
ninguno absolutamente me quiere enaltecer. ¿Cómo podré abandonarte, oh Efraín? ¿Te entregaré yo, Israel?
¿Cómo podré yo hacerte como Adma, o ponerte como a Zeboim? Mi corazón se conmueve dentro de mí, se
inflama toda mi compasión. No ejecutaré el ardor de mi ira, ni volveré para destruir a Efraín; porque Dios soy, y
no hombre, el Santo en medio de ti; y no entraré en la ciudad.”
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Hch 7:51 “¡Duros de cerviz, e incircuncisos de corazón y de oídos! Vosotros resistís siempre al Espíritu Santo;
como vuestros padres, así también vosotros.”
He tenido muchos debates sobre estos textos, y he escuchado cosas realmente descabelladas. He escuchado que
Jesús realmente no quiso hacer en ningún sentido lo que el texto nos dice que quiso hacer con Jerusalén, y que
el joven rico fue salvo en un evento posterior (¡aunque no registrado en las Escrituras!) porque “sino Jesús no le
habría amado”. A tales conclusiones es que llega un sistema que se afana más por satisfacer su lógica que por la
exégesis.
También nos acusan de tener una doctrina humanista al decir que Dios ama, en algún sentido, a todos los
hombres. Pero eso no puede ser cierto dado que nosotros no afirmamos que Dios ame a los hombres porque
ellos sean muy valiosos o importantes para Él, no creemos que Dios les ame por lo mucho que ellos valen, sino
que creemos que Él les ama por lo que Él es: un Dios misericordioso, bondadoso, compasivo, aún con sus
enemigos. Dice sobre esto Paul Washer[4]:
“Las Escrituras nos enseñan que Dios no solamente aborrece el pecado, sino que Su aborrecimiento está
dirigido hacia los que lo practican. Hemos sido enseñados que Dios ama al pecador y aborrece su pecado, pero
tal enseñanza es una negación de las Escrituras que claramente declaran que Dios no solamente aborrece la
iniquidad, sino que también aborrece a “todos los que hacen iniquidad” (Salmo 5:5). Tenemos que entender que
no es posible separar al pecador de su pecado. Dios no castiga el pecado, sino castiga al pecador. No es el
pecado lo que se condena al infierno, sino el hombre que lo practica. ¿Qué significa cuando las Escrituras
declaran que Dios aborrece a los pecadores?
Debemos considerar lo siguiente:
- Primero, el diccionario define el odio como un sentimiento de extrema enemistad hacia otro, de considerar a
otro con una hostilidad activa, o de tener una aversión fuerte hacia otro. Aunque palabras tales como “detestar”,
“aborrecer”, y “abominar” son palabras fuertes, todas se emplean en las Escrituras para describir la relación de
Dios con el pecado y con el pecador.
- Segundo, tenemos que entender que el aborrecimiento de Dios existe en perfecta armonía con Sus otros
atributos. A diferencia del hombre, el aborrecimiento de Dios es santo, justo, y es el resultado de Su amor.
- Tercero, tenemos que entender también que el aborrecimiento de Dios no es una negación de Su amor. El
Salmo 5:5 no es una negación de Juan 3:16 o Mateo 5:44-45. Aunque la ira de Dios está sobre el pecador (Juan
3:36), aunque está airado contra el impío todos los días (Salmo 7:11), y aunque aborrece a los que hace
iniquidad (Salmo 5:5), Su amor es de tal naturaleza que Él es capaz de amar a los mismos que son objetos de Su
aborrecimiento y obrar a favor de su salvación.
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- Cuatro, aunque Dios es paciente hacia los objetos de Su aborrecimiento y les ofrece la salvación, vendrá un
tiempo cuando Él retirará Su oferta, y la reconciliación no será más posible. Los hombres pecadores deben
considerar esta verdad con temor y temblor.” [Fin de la cita]
Esa ha sido la interpretación reformada histórica, aunque aquellos que hoy dicen que “Dios no ama a nadie,
salvo a los escogidos” digan lo contrario. Basta leer los antiguos sermones reformados [5] y los antiguos
comentarios para encontrarnos con que la idea de que “Dios ama solamente a los escogidos y odia a todos los
demás” es ajena a la historia reformada. Esto ocurre en estos tiempos, entre otras cosas, porque muchos se han
formado teológicamente no en las escrituras y la historia de la Reforma, sino discutiendo en sitios de internet, lo
cual no es esencialmente malo, pero puede ser peligroso. Sobre esto, Johnson dice:
“Quedan muchísimos calvinistas ignorantes e inconsistentes allí afuera, también. Con el aumento del Internet es
más fácil que nunca para los laicos autodidactas de involucrarse en un diálogo teológico y debatir a través de
foros de la Internet. Pienso que eso es en su mayor parte bueno, y lo promuevo. Pero la Internet lo hace más
fácil para las personas dispuestas pero ignorantes para agruparse y reforzar la ignorancia del uno al otro
incesantemente. Y temo que eso ocurre bastante.
Los hiper-calvinistas parecen especialmente susceptibles a esa tendencia, y hay nidos de ellos aquí y allí –
especialmente en la Internet. Y cada vez más frecuentemente en estos días encuentro a las personas, quienes han
sido influenciados por el extremismo en la Internet, importunando ideas hiper-calvinistas […]
Eso realmente es retórica al tope – completamente innecesaria – y arraigada en la ignorancia histórica. Un par
de años atrás, cuando inicié a mi weblog, mencioné esa tendencia en la primera entrada que coloqué y que
titulé: “Calvinismo Rápido y Sucio”. Al final de esa entrada, dije esto: Mi consejo para los jóvenes calvinistas
es aprender teología de los autores calvinistas tradicionales históricos, no de blogs y ni de los foros de debate en
la Internet. Algunos de los foros pueden ser de ayuda porque conducen a recursos más importantes. Pero si
usted piensa acerca de la Internet como un substituto para el seminario, usted corre un riesgo muy alto de
desequilibrarse.”
Y aunque no creo que un seminario sea absolutamente necesario para la formación, creo que tiene razón en que
hay una profunda ignorancia histórica potenciada por bastante orgullo intelectual que se afana por saber todo y
por enseñar “cuan dura es la verdad” temiendo que si no son lo suficientemente “duros”, se dude de que
realmente crean que Dios es soberano o sean tildados de arminianos. Quizás esto ocurra por la terrible ausencia
de Iglesias reformadas en nuestras ciudades, particularmente en nuestra Argentina, y –por ende– falta de
maestros y ancianos que enseñen las Escrituras.
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Quisiera indicar otras dos formas específicas en las que entiendo que se manifiesta el amor de Dios para con
todos los hombres. Una es, sin duda, la persona de nuestro señor Jesucristo y su encarnación. La otra, el llamado
universal del Evangelio dirigido a todos los hombres.
1-
El Señor Jesucristo y el amor general de Dios
Se dicen muchas cosas sobre el Señor Jesús, pero basta una lectura detenida de los Evangelios para concluir que
él verdaderamente manifestaba un amor hacia todos los hombres, incluyendo a los incrédulos y obstinados.
Pedro le dice a Cornelio que era bien sabido por todos que “Dios ungió con el Espíritu Santo y con poder a
Jesús de Nazaret, y cómo éste anduvo haciendo bienes y sanando a todos los oprimidos por el diablo, porque
Dios estaba con él.” (Hechos 10:38). Y alguno de nuestros amigos calvinistas ultra-elevados podría objetar lo
mismo que Phil Johnson dice arriba, pero creo que su respuesta al asunto es muy razonable. No veo que Pedro
me diga que Jesús andaba haciendo bienes y sanando a las personas porque, en realidad, deseaba aumentar la
condenación de ellos. Tal idea resulta bastante perversa y tergiversa toda la imagen de Cristo presentada en los
Evangelios. Pedro sencillamente nos dice que Jesús andaba haciendo el bien, sanando a los leprosos, aunque de
diez solamente uno regresara a agradecerle.
Es cierto que ellos al final terminan empeorando su castigo al rechazar las bondades que Dios les da libremente,
pero esto no es culpa de Dios, ni es algo que le cause deleite, sino que la culpa es enteramente de ellos. Sobre
esto dice Calvino,
“… los infieles, mientras viven en el mundo, amontonan sobre su cabeza, día tras día, más grave juicio de Dios,
[…] todos los dones de Dios, de los cuales disfrutan constantemente, contribuirán más a su condenación; porque
tendrán que dar cuenta de todos ellos. Entonces comprenderán lo que razonablemente les será imputado como
extrema maldad y colmo de su perversidad, por haberse empeorado ante la dulzura y condescendencia de Dios,
pues lo menos que pudiera esperarse de ellos sería la enmienda.” (Comentario a la Epístola a los Romanos).
Es decir, Dios fue amable con ellos y amoroso, y ellos convirtieron aún esas bendiciones en causa de su
condenación. Pero, de parte de Dios, él manifestó “dulzura y condescendencia” a fin que ellos se volvieran a Él.
Quisiera citar algunos textos de la Palabra que nos hablan del amor general de Dios manifestado en el Señor
Jesucristo, y citar algunos comentarios.
En Lucas 19:41 leemos sobre Jesús llorando a las puertas de Jerusalén. El texto dice,
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“Y cuando llegó cerca de la ciudad, al verla, lloró sobre ella.”
Sobre este texto dice el pastor y maestro Thomas Montgomery,
“…la pregunta aquí es ¿por qué lloró Jesús? Y la respuesta es que Dios tiene un amor general aun para los
que se pierden. Sus lágrimas, las del Cristo encarnado, indican este amor. Las lágrimas son la misma expresión
del apóstol Pablo [en Romanos 9:1-3 y 10:1]: dolor y tristeza en su corazón. Estas lágrimas no significan que
Él estuviera en desacuerdo con la sentencia divina que él mismo pronunció en contra de ellos, ni tampoco
significa que el justo juicio de Dios en contra de ellos sería injusto. Cristo lloraba, no solamente debido a este
amor general, sino que Cristo lloraba debido a que Él entendía más y mucho mejor que nosotros lo que
significa la perdición eterna, el juicio divino y la realidad de la separación eterna de Dios. Sus lágrimas eran
una expresión de ese amor general que Dios tiene para con todos los hombres, aún por aquellos que mueren
perdidos, obviamente.”[6]
Un texto paralelo al de Lucas encontramos en Mateo 23:37, allí se nos dice que Jesús se lamenta sobre Jerusalén
de la siguiente manera,
“¡Jerusalén, Jerusalén, que matas a los profetas, y apedreas a los que te son enviados! ¡Cuántas veces quise
juntar a tus hijos, como la gallina junta sus polluelos debajo de las alas, y no quisiste!”
Dice el comentario Jamieson-Fausset-Brown sobre este texto,
“¡Cuán inefablemente grande y emocionante es esta apóstrofe! Es el mismo corazón de Dios que se derrama a
través de la carne y el habla humanas. Es esta encarnación de la vida y el amor más íntimos de la Deidad, la
que ruega a los hombres, sangra por ellos y se levanta sólo para extender sus brazos hacia ellos y ganarlos de
nuevo por el poder de esta historia de amor sin igual que ha vencido a este mundo, la cual todavía “traerá a
todos a él”, (Joh_12:32), y hermoseará y ennoblecerá a la humanidad misma. […] La intensa emoción que
buscaba salida en este discurso, se nota primero, por la reduplicación de la primera palabra: “¡Jerusalén,
Jerusalén! y después, en el cuadro que él pinta de la ciudad: “que matas a los profetas y apedreas a los que
son enviados a ti!”: ¡No estando contenta sólo con despreciar los mensajes divinos de misericordia, no puedes
permitir que aun vivan los mensajeros! Cuando añade: “¡cuántas veces quise juntar tus hijos!”, se refiere
seguramente a algo más que a las seis o siete veces que él visitó y enseñó en Jerusalén cuando estuvo en la
tierra. Sin duda se refiere a “los profetas”, a quienes ellos mataron, “que fueron enviados a ella”, y a quienes
ellos “apedrearon”. Pero ¿a quiénes habría él deseado juntar tantas veces?: “Tus hijos”, es decir, los hijos de
la Jerusalén que odiaba la verdad, despreciaba la misericordia y mataba a los profetas. Compárese con esto
aquella frase conmovedora incluida en la gran comisión misionera: “que se predicase en su nombre el
arrepentimiento y la remisión de pecados en todas las naciones, comenzando de Jerusalén” (Luk_24:47). ¡Qué
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aliento para los quebrantados de corazón que por tanto tiempo y tan obstinadamente han estado en rebelión
con Dios! Pero todavía no hemos llegado al corazón de esta lamentación. “Quise juntar tus hijos” dice Jesús,
“como la gallina junta sus pollos debajo de las alas”. ¿Fue alguna vez un cuadro imaginario tan sencillo como
éste, investido con gracia y sublimidad tales al toque de nuestro Señor? […] ¡Qué figura tan significante de lo
que Jesús es y hace a favor de los seres humanos! Bajo su gran ala protectora él había querido juntar a Israel.
[…] Los antiguos rabinos tenían una expresión hermosa para los prosélitos del paganismo: decían que ellos
habían “entrado bajo las alas de la Shekinah”.[…] Pero ¿cuál fue el resultado de todo este amor tierno y
poderoso? La respuesta es: “No quisisteis”. ¡Qué misteriosa la resistencia a aquel amor tan paciente! Y ¡qué
misteriosa la voluntad para sacrificarse por ellos! La solemne dignidad de la voluntad, como está, aquí
expresada, podría hacer reteñir los oídos.”
Por su parte, John MacArthur, en su Biblia de estudio, comenta lo siguiente sobre este pasaje,
“Dios es absolutamente soberano y por esto completamente capaz de hacer que suceda lo que Él desee (ver
Isaías 46:10), incluyendo la salvación de quienquiera que Él elija (Efesios 1:4-5). Sin embargo, algunas veces
Él expresa un deseo por aquello por lo cual él soberanamente no lo lleva a cabo (Génesis 6:6, Deuteronomio
5:29, Salmo 81:13, Isaías 48:18). Esta expresión en ninguna manera sugiere una limitación en la soberanía
de Dios, o implica algún tipo de cambio en Él (Números 23:19). Sin embargo, sí revela aspectos esenciales
del carácter divino. Dios está lleno de compasión, sinceramente bueno para con todos, deseoso del bien, no es
malo, y por esto no se deleita en la destrucción de los malvados (Ezequiel 18:32, 33:11). Mientras se afirma la
soberanía de Dios, debemos entender sus súplicas hacia el arrepentimiento de los réprobos así como sus
llamados bienintencionados, y su bondad hacia los inicuos como una misericordia genuina diseñada para
llevarlos al arrepentimiento (Romanos 2:4). La emoción demostrada aquí por Jesús (y en pasajes similares
como Lucas 19:41) es obviamente una pasión sincera y profunda. Todos los sentimientos deben estar en
perfecta armonía con la voluntad divina (Juan 8:29), y por esto sus lamentos no deben ser considerados
como una simple exhibición de su humanidad.”
Otro texto que nos habla del amor de Dios para con todos los hombres, es el que nos narra el episodio del
encuentro de Jesús con el “joven rico”. En Marcos 10:21 leemos,
“Entonces Jesús, mirándole, le amó, y le dijo: Una cosa te falta: anda, vende todo lo que tienes, y dalo a los
pobres, y tendrás tesoro en el cielo; y ven, sígueme, tomando tu cruz.”
La NVI traduce “Jesús lo miró con amor…”
Como decía anteriormente, he escuchado cosas realmente sorprendentes sobre este texto, a fin de sostener la
idea de que Dios no ama a todo el mundo; verdaderamente algunos sostienen que este hombre fue salvo
‘posteriormente’ y que la frase “le amó” indica tal cosa. Pero nada de eso se nos dice en nuestro texto, por el
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contrario se dice que el joven se alejó amando más las riquezas que a Jesús. Hendriksen, al comentar este
versículo, dice:
“Al posar el Señor su mirada en este joven rico, le amó; es decir: A. Le admiró por no haber caído en graves
pecados y por haber buscado la mejor fuente para obtener una solución para su problema; y B. le compadeció
de forma profunda, triste y apesadumbrada, y decidió recomendarle un curso de acción que, si lo obedecía,
sería la solución de su problema y le proporcionaría el descanso que necesitaba su alma.”
Uno puede no estar del todo de acuerdo con la interpretación de Hendriksen sobre el texto, pero no quedan
dudas de que el gran comentarista entendía sin lugar a dudas que Jesús había manifestado un amor genuino
incluso frente a este joven que amaba más las riquezas que a Jesús mismo.
También leemos en Marcos 3:1-5 lo siguiente,
“Otra vez entró Jesús en la sinagoga; y había allí un hombre que tenía seca una mano. Y le acechaban para ver
si en el día de reposo le sanaría, a fin de poder acusarle. Entonces dijo al hombre que tenía la mano seca:
Levántate y ponte en medio. Y les dijo: ¿Es lícito en los días de reposo hacer bien, o hacer mal; salvar la vida,
o quitarla? Pero ellos callaban. Entonces, mirándolos alrededor con enojo, entristecido por la dureza de sus
corazones, dijo al hombre: Extiende tu mano. Y él la extendió, y la mano le fue restaurada sana.”
El verso 5 dice que Jesús miró a aquellos hombres incrédulos con enojo y compasión. Dice Hendriksen sobre
este verso,
“Marcos declara que la forma en que Jesús miró a sus críticos fue “con enojo”. […] En forma similar, más
adelante Jesús se indignaría al darse cuenta que los discípulos trataban de impedir que le trajesen a los
pequeños, para que él los tocase (Mr. 10:14).
No hace falta señalar que nada malo había en tal indignación, o en tan intensa aversión y desaprobación. En
realidad sólo se trata de una consecuencia necesaria del amor. Según el relato de Marcos 3, los fariseos
apreciaban más el ritualismo de fabricación humana que el cuidado que Dios quiere que tengamos del ser
humano. Es evidente que para ellos era más importante la rígida adherencia a una regla rabínica que la
felicidad de una criatura humana. Por otro lado, Jesús se condolía de esta persona lisiada. De ahí que
estuviera terriblemente disgustado con aquellos ritualistas de tan duro corazón. Pero aun así, su enojo estaba
templado por la tristeza: estaba profundamente apenado por el endurecimiento de su corazón, es decir, por
su estupidez, insensibilidad y obstinación espiritual (cf. Ro. 11:25; Ef. 4:18). ¿Estamos en lo correcto al decir
que Jesús “se compadeció” incluso de aquellos rígidos tradicionalistas? (cf. Lc. 23:24). Como sea, es
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significativo que según los tiempos verbales usados en el original, la mirada de enojo fue momentánea,
mientras que la profunda tristeza fue continua y duradera.”
Y el gran Matthew Henry, con su estilo característico, dice,
“Oímos lo que se dijo mal y vemos lo que se hizo mal, pero Cristo mira a la raíz de amargura del corazón, su
ceguera y dureza y se entristece.”
Finalmente, quizás el texto más claro que nos habla del amor de Dios por todas sus criaturas es aquél que salió
de los propios labios de Jesús, en el sermón del monte. Allí leemos,
“Oísteis que fue dicho: Amarás a tu prójimo, y aborrecerás a tu enemigo. Pero yo os digo: Amad a vuestros
enemigos, bendecid a los que os maldicen, haced bien a los que os aborrecen, y orad por los que os ultrajan y
os persiguen; para que seáis hijos de vuestro Padre que está en los cielos, que hace salir su sol sobre malos y
buenos, y que hace llover sobre justos e injustos. Porque si amáis a los que os aman, ¿qué recompensa
tendréis? ¿No hacen también lo mismo los publicanos? Y si saludáis a vuestros hermanos solamente, ¿qué
hacéis de más? ¿No hacen también así los gentiles? Sed, pues, vosotros perfectos, como vuestro Padre que está
en los cielos es perfecto.” (Mateo 5:43-48)
Aunque parezca mentira, algunos niegan enfáticamente que este texto nos diga algo sobre algún tipo de amor de
Dios para con todos los hombres.
Nuevamente, Hendriksen, quizás uno de los mejores comentaristas dentro de los reformados, nos dice:
“[…] Jesús no exige a sus discípulos que hagan lo imposible. No les pide que se enamoren de sus
perseguidores. Pero definidamente pide que aquellos por quienes iba a morir, a pesar de que por naturaleza
aún eran enemigos de Dios (Ro. 5:8, 10), oren por la salvación de los enemigos de ellos mismos, queriendo
decir ‘por la salvación de aquellos que los odian’ […]
Cuando exhorta a sus oyentes que demuestren su parentesco con “el Padre que está en los cielos” amando a
sus enemigos y orando por ellos, Jesús ilustra en forma implícita el amor primordial y activo del Padre al
llamar la atención al hecho de que “él hace salir su sol sobre malos y buenos, y envía lluvia sobre justos e
injustos”. Esta afirmación es notable en más de un aspecto:
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1. a.
Es mucho más significativo decir “él hace salir su sol” y “él envía lluvia” que “el sol sale” y
“llueve”. La forma en que Jesús lo dice hace que nosotros miremos más allá del hecho a Aquél que lo
causa, y también más allá del hecho a la razón que lo produce, a saber: el amor del Padre por la
humanidad.
2. b.
El artículo definido se omite. Por eso, probablemente sea incorrecto, traducir: “sobre el malo y el
bueno… sobre el justo y sobre el injusto”, sino más bien como la generalidad de las versiones
castellanas, “sobre malos y buenos… sobre justos e injustos”. Así se pone un énfasis especial en el
carácter de estas personas, como si dijera: “Aunque el Padre es el santísimo e inmaculado, no se retrae
de derramar sus bendiciones sobre malos y buenos”.
3. c.
[…]El sol y la lluvia caen sobre todos por igual, y al hacerlo así revelan el amor del Padre del
cual todos son objeto.
Ciertamente es verdad que los hombres responden en forma diferente a las bendiciones por medio de las cuales
el Padre revela su amor. No hay una gratitud común. Así que también es cierto que todos los que rechazan el
evangelio usan las bendiciones de Dios para su propio perjuicio. Sin embargo, todo esto no puede anular el
hecho de que el amor de Dios para con los habitantes de la tierra, buenos y malos, se revela imparcialmente
en las bendiciones del sol y la lluvia con todos sus resultados benéficos. Este amor de Dios por aquellos que
él creó es también claro de Gn. 17:20; 39:5; Sal. 36:6; 145:9,. 15, 16; Jon. 4:10, 11; Mr. 8:2; Lc. 6:35, 36;
Hch. 14:16, 17; Ro. 2:4; y 1 Ti. 4:10. Para señalar sólo uno de estos pasajes, Jon. 4:10, 11—la misericordia de
Dios hacia los ninivitas, sus hijos y aun su ganado—¿puede uno leer esto sin verse vencido por la emoción?
Nada de esto debiera considerarse como una negación del hecho de que ciertamente hay un amor de Dios
que no es compartido por todos. Pasajes tales como Gn. 17:21; Sal. 103:17, 18; 147:20; Mt. 20:16; Lc. 12:32;
Ro. 8:1, 28–39; y muchos otros demuestran esto más allá de toda duda. Pero, así como un padre humano,
además de amar en forma única a sus hijos e hijas, tiene lugar en su corazón para los hijos de sus vecinos, y
aun para todos los niños del mundo, así también el Padre celestial, además de tener una relación
completamente peculiar de tierna preocupación e íntima amistad hacia quienes por su gracia son suyos, ama
a la humanidad en general.”
Unos de los textos más claros y usados en la Biblia para evangelizar enseñando sobre el amor de Dios, es Juan
3:16 “Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no
se pierda, mas tenga vida eterna.” Sobre este texto, Nicolás Serrano comenta:
“Aunque muchos intentan negar que Juan 3:16 demuestra el amor general de Dios, una simple y natural
mirada al contexto del pasaje demuestra claramente que Jesús cree en Su amor general. Según los versículos
14 y 15, podemos concluir que la venida de Jesús a morir por los pecados en la cruz es, al igual que en el caso
de la serpiente levantada por Moisés en el desierto, una respuesta y una solución a la necesidad de la
humanidad en general. Jesús nos dice: “Y como Moisés levantó la serpiente en el desierto, así es necesario que
el Hijo del Hombre sea levantado, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna.” La
serpiente levantada en el desierto fue la provisión de Dios para sanar la enfermedad mortal que los judíos
sufrían en ese tiempo por parte de las serpientes ardientes. Este símil de la enfermedad provocada por las
serpientes ardientes simboliza el pecado, que produce muerte en los hombres. La infección mataba
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progresivamente a los israelitas, al igual que el pecado lleva al polvo de manera progresiva a todos los
infectados por el pecado.
¿Qué es lo que necesitaban estos judíos más que nada, todos estos hombres infectados? Respuesta: una
milagrosa cura para la enfermedad mortal que tenían. Moisés intercede por ellos y Dios provee una serpiente
de bronce, la cual es puesta a la vista de todos; para que cualquiera pueda mirar a ella y encontrar vida (Num
21:8). En el v 9 de Num 21 se nos dice: “y cualquiera que fuere mordido y mirare a ella, vivirá”. ¿Cuál es el
paralelo en esta comparación usada por Jesús, entre la serpiente de bronce y Él mismo? Todos han pecado, y
han sido infectados, y todos necesitan una milagrosa cura; Cristo es la serpiente de bronce que es puesta
universalmente “como la cura para cualquiera de los infectados”. si alguno no miraba a la serpiente (sea por
cualquier motivo), no era curado, pero no por falta de una “solución” o “provisión real” para el problema
que ellos tenían; cualquiera, sin distinción ni acepción de personas ni discriminación alguna, cualquiera que
mirase a la serpiente era totalmente sanado; y del mismo modo “…así es necesario que el Hijo del hombre sea
levantado (es decir, puesto al alcance de todos, públicamente expuesto como el salvador de todos los hombres,
como solución y cura efectiva del problema del pecado de todos los hombres): “Y en ningún otro hay
salvación; porque no hay otro nombre bajo el cielo, dado a los hombres, en que podamos ser salvos (Hech
4:12)”.”
Sin lugar a dudas, Jesús enseñó que Dios sí tenía un amor general para todas sus criaturas, incluyendo a los que
perecen. Lo enseñó con sus palabras, y lo enseñó con su andar entre los hombres.
2-
El llamado universal del Evangelio y la paciencia de Dios dirigidos a todos los hombres
Así como Jesús demostró el favor de Dios para con todos los hombres al hacerles el bien, de igual manera lo
demostró al extender la llamada del Evangelio para con todos los hombres. Vemos en las Escrituras que Dios,
repetidas veces, llama a los hombres que le desprecian, a la enmienda; ¿qué hemos de decir de tales textos? A
continuación citaré el testimonio de diferentes maestros dentro del ámbito reformado que hablan sobre el tema,
y luego veremos algunos textos que nos hablan del llamamiento de Dios en el Evangelio para con todos los
hombres.
Luis Berkhof, en su Teología Sistemática, al hablar sobre el llamamiento externo del Evangelio para con todos
los hombres, dice:
“El llamamiento externo es un llamamiento de buena fe, un llamamiento hecho con seriedad. No se nos
adjunta la invitación con la esperanza de que no la aceptaremos. Cuando Dios llama al pecador para que
acepte a Cristo por la fe, ardientemente lo desea; y cuando promete la vida eterna a los que se arrepienten y
creen, su promesa es condicionada. Esto se deduce de la naturaleza íntima de Dios, de su veracidad. Es una
blasfemia pensar que Dios fuera culpable de equivocación y de engaño, que quiera decir una cosa dando a
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entender otra, que ardientemente suplicara que el pecador se arrepienta y crea para salvación, y al mismo
tiempo no lo deseara en ningún sentido de la palabra. El carácter bona fide (es decir, verdadero, genuino) del
llamamiento externo se prueba por los siguientes pasajes de la Biblia: Números 23: 19; Salmos 81: 13-16;
Proverbios 1: 24; Isaías 1: 18-20; Ezequiel 18: 23, 32; 33: 11; Mateo 21: 37; 2ª Timoteo 2: 13. […]
Varias objeciones se han presentado a la idea de semejante oferta bona fide de salvación.
a. Una objeción se deriva de la veracidad de Dios. Se dice que según esta doctrina El ofrece el perdón de los
pecados y la vida eterna a aquellos para quienes no ha querido estos dones. No necesitamos negar que hay una
verdadera dificultad en este punto, pero esta es la dificultad con la que siempre estamos confrontados cuando
tratamos de armonizar la voluntad decretiva de Dios con su voluntad preceptiva; es una dificultad que ni los
mismos objetores pueden resolver y que con frecuencia nada más ignoran. Pero no debemos aceptar que estos
dos aspectos sean contradictorios en realidad. La voluntad decretiva de Dios determina lo que con la mayor
seguridad tendrá que acontecer (sin necesidad de implicar que Dios, en realidad se deleite en todo ello, por
ejemplo, en toda clase de pecado), en tanto que la voluntad preceptiva de Dios es la regla de vida para el
hombre, la que informa al hombre respecto a lo que es agradable a la vista de Dios. Además, debe recordarse
que Dios no ofrece a los pecadores, sin condición alguna, el perdón de los pecados y la vida eterna, sino nada
más en el camino de la fe y de la conversión; y que la justicia de Cristo aunque no se haya determinado para
todos, no obstante, es suficiente para todos.
b. Una segunda objeción se deriva de la incapacidad espiritual del hombre. El hombre, tal como es por
naturaleza, no puede creer y arrepentirse y por tanto, se ve como burla que a él se le pida esto. Pero en
relación con esta objeción deberíamos recordar que, en último análisis, la incapacidad del hombre en las cosas
espirituales tiene su raíz en su rebelión para servir a Dios. La situación actual de cosas no es como para que
haya muchos que aunque pudieran, quieran arrepentirse y creer en Cristo. Todos aquellos que no creen, no
tienen voluntad de creer (Juan 5: 40) […]
Es también (el llamamiento al Evangelio) una revelación de la santidad de Dios, y de su bondad y compasión.
En virtud de su santidad, Dios en todas partes disuade del pecado a los pecadores, y en virtud de su bondad y
misericordia les advierte en contra de su propia destrucción, pospone la ejecución de la sentencia de muerte, y
los bendice con la oferta de la salvación. No cabe duda de que esta bondadosa oferta sea por sí misma una
bendición, y no como piensan algunos, que es una maldición para los pecadores. Revela claramente la
compasión divina para ellos, y así se declara en la Palabra de Dios, Sal 81: 13; Prov. 1: 24; Ez. 3: 18, 22; 33:
11; Amós 8: 11; Mat. 11: 20-24; 23: 37. Al mismo tiempo, es cierto que el hombre por su oposición al
llamamiento externo, hasta esta bendición la vuelve en maldición. Esto, de manera natural acrecienta la
responsabilidad del pecador y si decididamente no lo acepta ni lo aprovecha, hará más terrible su juicio. Por
último, el llamamiento externo acentúa con claridad la justicia de Dios. Si aún la revelación de Dios en la
naturaleza sirve el propósito de advertir de la inutilidad de cualquiera excusa que los pecadores se sintieran
inclinados a presentar (Rom. 1: 20), esto todavía resulta más cierto de la revelación especial del camino de
salvación. Cuando los pecadores desprecian la paciencia de Dios y rechazan su bondadosa oferta de salvación,
se hace en extremo visible la grandeza de su corrupción y maldad, y la justicia de Dios en condenarles."
[Capítulo 46, El llamamiento general y el llamamiento externo.]
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A menudo, cuando cito este párrafo de Berkhof, mis amigos calvinistas ultra-elevados responden que los dichos
de Berkhof “representan al neo-calvinismo, y no al calvinismo verdadero.” Tal acusación carece totalmente de
fundamento, y lo veo más como un intento de defender un sistema a-histórico e insistir en que es el “verdadero
calvinismo”, cuando contundentemente ven que la evidencia histórica no está de su lado.
Pero, aún si fuera cierto, ¿qué podríamos decir de los siguientes párrafos de los Cánones de Dort?
En el Capítulo Tercero, apartado VIII, los cánones de Dort dicen:
“Pero cuantos son llamados por el Evangelio, son llamados con toda seriedad. Pues Dios muestra formal y
verdaderamente en Su Palabra lo que le es agradable a Él, a saber: que los llamados acudan a Él. Promete
también de veras a todos los que vayan a Él y crean, la paz del alma y la vida eterna.”
Y luego, en el Capítulo Tercero, en los apartados IX y X, dicen:
"La culpa de que muchos, siendo llamados por el ministerio del Evangelio, no se alleguen ni se
conviertan, no está en el Evangelio, ni en Cristo, al cual se ofrece por el Evangelio, ni en Dios, que llama
por el Evangelio e incluso comunica diferentes dones a los que llama; si no en aquellos que son
llamados…”
¿Será qué esto también es neo-calvinismo? Aquí tenemos a los Cánones de Dort, quienes han sido llamados por
algunos – y justamente lo han sido – “el manifiesto fundacional del calvinismo”. Definitivamente, no hay ni una
sombra de algo “neo” en este calvinismo, esto es calvinismo histórico, el calvinismo de la Biblia. Y los cánones
afirman aquello que es negado por los calvinistas ultra-elevados, es decir, que Dios llama seria y sinceramente a
todos los hombres a venir a Él, porque esto es lo que desea y le es agradable a Él.
Sí, los cánones de Dort nos hablan de un llamado sincero de Dios a todos los hombres para que se vuelvan a Él.
Y esto es lo que enseñan las Escrituras. Veamos algunos textos y comentarios de diferentes maestros
reformados.
En Romanos 2:3-5 leemos,
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“¿Y piensas esto, oh hombre, tú que juzgas a los que tal hacen, y haces lo mismo, que tú escaparás del juicio de
Dios? ¿O menosprecias las riquezas de su benignidad, paciencia y longanimidad, ignorando que su benignidad
te guía al arrepentimiento? Pero por tu dureza y por tu corazón no arrepentido, atesoras para ti mismo ira para el
día de la ira y de la revelación del justo juicio de Dios…”
Juan Calvino, al comentar el versículo 4, dice:
"¿O menosprecias las riquezas de su benignidad, y paciencia, y longanimidad… Algunos creen que este
argumento es el llamado por los retóricos dilema;(*) pero a mí me parece que es una prolepsis;(**) porque los
hipócritas gustosamente se envanecen de su prosperidad, cuando todo les sucede como desean, creyendo que
por sus virtudes y beneficios se hacen acreedores a sentir la bondad y liberalidad del Señor, endureciéndose
constantemente y despreciando y desdeñando a Dios, y por eso el Apóstol se opone a su arrogancia alegando
un motivo totalmente contrario, fundando su argumentación y demostrando que no deben creer que su
prosperidad exterior prueba que Dios les sea favorable, puesto que El se la concede con un fin completamente
diferente, es a saber, para incitar a los pecadores a su conversión. Así, pues, donde el temor de Dios no reina,
la confianza en la prosperidad es desprecio y burla a la infinita bondad divina. El Apóstol deduce, con razón,
que aquellos a quienes Dios ha enriquecido en esta vida, serán más severamente castigados; porque aparte de
su perversidad, todavía existirá otro motivo: el de que han rechazado la bondad paternal de Dios invitándoles
al arrepentimiento. Y aunque todos los beneficios sean testimonios de su amor paternal, sin embargo, porque
El frecuentemente persigue otro resultado al mantener a los infieles en su alegría, haciéndoles sentir su
liberalidad, se equivocan envaneciéndose de su prosperidad como si tal cosa fuera señal evidente de que Dios
los ama y se agrada de ellos. Ignorando que su benignidad te guía a arrepentimiento? El Señor, por medio de
su bondad hacia nosotros, nos demuestra que necesitamos convertirnos y regresar a El si deseamos gozar del
bien y la felicidad; y al mismo tiempo nos confirma en la seguridad de esperar y recibir de El misericordia. Si
no relacionamos con este objetivo su liberalidad y bondad, nos engañamos, aunque no siempre la recibamos de
la misma manera; pues cuando el Señor trata con dulzura a sus siervos, concediéndoles bendiciones terrenales,
por ellas manifiesta su buena voluntad, acostumbrándoles a buscar en El solamente la perfección y la suma de
todo bien. Pero cuando trata con la misma dulzura a los transgresores de la Ley, ciertamente El quiere por
su benignidad derribar la rebeldía y obstinación, no diciendo jamás que les sea propicio entonces, sino que
más bien les llama al arrepentimiento y a la enmienda. Si algunos replican a esto, que si el Señor también con
insistencia no toca sus corazones de antemano es como si estuviera hablando con sordos, es preciso responder
que tal cosa no es culpa del procedimiento (***) sino de la perversidad. En cuanto a las palabras de San
Pablo, quien gusta mejor de decir te guía, en lugar de te invita, diré que es más significativo lo primero (Te
guía) que lo segundo. Sin embargo, no lo interpreto en el sentido de obligar o empujar por la fuerza, sino en el
de conducir o llevar por la mano." (Juan Calvino, Comentario a la Epístola a los Romanos)
--------------------------------------------------NOTA:
(*)Dilema es un argumento doble y contra rio, para probar una verdad. N. del T.
(**) Prolepsis es una figura por la que se objeta a un argumento anticipidamente. N. del T.
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(***) Que Dios no es culpable por emplear ese método. N. del T.]
Podemos ver que Calvino enseña que Dios trata aún a los reprobados con algún tipo de bondad para que se
vuelvan a Él. Es cierto que no lo desea en el sentido de decreto, pero este texto afirma claramente que Dios
desea, en algún sentido, el bien de ellos y les llama a que se vuelvan, siendo ellos y sólo ellos los culpables por
no hacerlo. Eso es lo que dice la Escritura y así lo entendió el gran comentarista.
---------------------------------------------------
Luego, en Romanos 5:18 leemos, “Así que, de la manera que por un delito vino la culpa a todos los hombres
para condenación, así por una justicia vino la gracia a todos los hombres para justificación de vida.” Juan
Calvino comenta sobre este versículo lo siguiente,
“El Apóstol habla de la gracia común a todos los hombres, porque es ofrecida a todos aunque por su efecto
no comprenda a todos; pues si bien Cristo ha sufrido por los pecados del mundo entero y se ha ofrecido por la
benignidad de Dios, por igual a todos**, sin embargo no todos la disfrutan…”
--------------------------------------------------[**: Aclaración: según entiendo, cuando Calvino dice que Cristo ha sufrido por los pecados del mundo entero se
está refiriendo al valor y potencial infinititos de la expiación, y no que ha muerto por igual por todos o que ha
salvado a todos. Está hablando de la oferta universal del Evangelio basada en el valor infinito de la expiación y
no de una expiación efectiva universal. Es decir, entiendo que lo que quiere decir es que la oferta del Evangelio
es para todos, es lo que concuerda más con su pensamiento y el contexto y estructura del comentario]
----------------------------------------------------
Otro texto que nos habla de lo mismo es Ezequiel 33:11. Allí leemos,
“Diles: Vivo yo, dice Jehová el Señor, que no quiero la muerte del impío, sino que se vuelva el impío de su
camino, y que viva. Volveos, volveos de vuestros malos caminos; ¿por qué moriréis, oh casa de Israel?”
Ahora, quisiera citar el comentario de J. Gresham Machen (fundador del seminario Westminster) sobre este
texto. Dice Machen:
“… la doctrina de la predestinación no quiere decir que Dios se alegre de la muerte del pecador. La Biblia
afirma con suma claridad lo contrario. Escuchen este gran versículo del capítulo treinta y tres de Ezequiel:
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"Vivo yo, dice Jehová el Señor, que no quiero la muerte del impío, sino que se vuelva el impío de su camino, y
que viva."… Lo mismo se enseña en la primera Carta a Timoteo, donde se dice: "El cual quiere que todos los
hombres sean salvos y vengan al conocimiento de la verdad."
Este último versículo no puede significar que Dios ha determinado con un acto de su voluntad que todos los
hombres se salven. De hecho no todos los hombres son salvos. La Biblia lo afirma con suma claridad; de lo
contrario todas las solemnes advertencias que contiene serían una burla. Pero si, cuando de hecho no todos los
hombres son salvos, Dios hubiera determinado que todos se salvaran, entonces ello significaría que el decreto
de Dios no se ha cumplido y que su voluntad ha sido conculcada. En este caso Dios dejaría simplemente de ser
Dios.
El versículo debe significar algo completamente diferente de eso tan blasfemo. Esto está claro. Pero ¿qué
significa? Me inclino a pensar que significa lo mismo que el gran pasaje de Ezequiel; me inclino a pensar
que significa simplemente que Dios se complace en la salvación de los pecadores y que no se complace en el
castigo de los no salvos.
En realidad algunos han sostenido otro punto de vista. Se ha sugerido que la expresión "todos los hombres" en
este versículo de 1ª Timoteo significa "toda clase de hombres," y que el versículo está escrito contra los que
limitaban la salvación a los judíos en contraposición a los gentiles o a los sabios en contraposición a los
necios. El contexto en el cual se encuentra este versículo favorece en cierto modo este punto de vista. Pero me
inclino más bien a pensar que la expresión "todos los hombres" ha de tomarse en forma más literal, y que el
versículo significa que Dios se complace en la salvación de los salvos, y no se complace en el castigo de los
que se pierden, de tal modo que por lo que se refiere al agrado en lo que sucede El desea que todos los hombres
sean salvos.
Sea como fuere, éste es sin duda el significado del pasaje de Ezequiel, prescindiendo de lo que signifique el de
1ª Timoteo y es en verdad un significado precioso. El castigo de los pecadores (su castigo justo por el pecado)
ocupa, como hemos visto, un lugar en el plan de Dios. Pero la Biblia dice bien claro que Dios no se complace
en ello. Es necesario para que se cumplan fines elevados y dignos, por misteriosos que estos fines nos resulten;
ocupa un lugar en el plan de Dios. Pero en sí no es algo en lo que Dios se complazca. Dios es bueno. Se
complace no en la muerte de los malos sino en la salvación de los que son salvos por su gracia.” (Libro, “La
visión cristiana del hombre”, capítulo 6)[7]
Ahora, uno pudiera no estar de acuerdo con la interpretación que Machen hace sobre el texto de Timoteo (yo no
lo estoy). Pero no cabe duda de que, como él dice, el texto de Ezequiel es claro. Y no hay nada de “neo” en el
calvinismo de Machen.
Veamos otra vez a Jesús, reaccionando espontanemente frente a las multitudes:
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“Y al ver las multitudes, tuvo compasión de ellas; porque estaban desamparadas y dispersas como ovejas que
no tienen pastor. Entonces dijo a sus discípulos: A la verdad la mies es mucha, mas los obreros pocos. Rogad,
pues, al Señor de la mies, que envíe obreros a su mies… Entonces llamando a sus doce discípulos, les dio
autoridad sobre los espíritus inmundos, para que los echasen fuera, y para sanar toda enfermedad y toda
dolencia… A estos doce envió Jesús, y les dio instrucciones” (Mat 9:36-38; 10:1,5)
Mi compañero de obra, Nicolás Serrano, dice sobre este texto: “En este texto encontramos la base del
evangelismo ordenado por Cristo: el amoroso y compasivo amor de Él. El pedido del Señor Jesús a sus
discípulos de que rueguen al Dueño de la mies que envié obreros a la mies, es decir, a las ovejas
desamparadas y dispersas; y la siguiente primera comisión evangelística dada a los recientes discípulos,
tienen una misma base, un mismo nacimiento y raíz: la compasión divina. Esta compasión no es limitada
solo a algunos, sino extendida a todos; y claramente, Su deseo de que obreros sean enviados a la mies (mies es
un término general y global: todos las ovejas perdidas, es decir, todas las etnias, como se revela en Mat
28:19) y la consiguiente comisión, evidencian que Jesús tiene un deseo de salvación general por todos los
hombres. La comisión, que es la invitación a la reconciliación, a la vida, existe porque hay un deseo que la
engendra: la compasión, el deseo de que las ovejas dispersas sean reunidas y salvadas, que la situación de
ellas sea cambiada y que termine bien. Por eso, en Marcos 16:15 la especificación de la gran comisión, es
predicar el evangelio a “toda criatura”. La palabra griega usada por Mateo para compasión (splagcnizomai),
significa lo siguiente: una fuerte conmoción, dolor, que nace desde las entrañas (entrañas: simboliza lo más
profundo del ser). Y esta compasión nace al ver a las personas como a ovejas sin pastor, lo que implica:
necesidad espiritual, ruinas y trágico destino de los hombres en general. Cristo no nos manda a hacer algo en
lo que Él no nos ha dado el ejemplo. De hecho, cuando cumplimos su mandato, es Él en nosotros quien se
manifiesta a los hombres: 2Co 5:20 “Así que, somos embajadores en nombre de Cristo, como si Dios rogase
por medio de nosotros; os rogamos en nombre de Cristo: Reconciliaos con Dios”. En nombre de Cristo,
significa: de parte de Él, porque esta es Su voluntad y deseo. Hebreos 13:1 “…haciendo él en vosotros lo que
es agradable delante de él por Jesucristo…” ¡Oh, cuanto necesitamos las entrañas de Cristo! ¡Qué diferencia
tan grande entre Él y nosotros! ¡Es la diferencia entre el egoísmo y el amor puro y verdadero! ¡Qué diferente
son sus ojos de los nuestros, qué diferente es su corazón al nuestro!”
La lista de citas y textos podría seguir. Me ha faltado citar a algunos autores y comentarios de textos, pero creo
que ya es suficiente. No quedan dudas de que la idea de que el calvinismo enseña que Dios solo “odia a todos
los que no son escogidos” es una idea completamente ajena a la historia del calvinismo y a sus maestros; y, lo
que verdaderamente importa, es ajena a las Escrituras.
¿Por qué insistir tanto en que la enseñanza de “Dios odia a todos salvo a los escogidos” es errónea, por qué
hablar tanto de este tema? Porque creo que lo que está en juego es mucho más que “simples palabras”. Está en
juego lo que el futuro de este movimiento reformado en Argentina podría llegar a alcanzar. Está en juego cómo
hemos de pararnos representando a Dios frente al mundo. Está en juego cómo hemos de representar al Dios al
que amamos frente a los perdidos. Está en juego cómo vamos a presentar nuestras amadas doctrinas de la gracia
frente a aquellos hermanos que nunca las han oído.
Quisiera terminar citando unas notas Nicolás Serrano sobre las consecuencias de negar el amor general de Dios
para con todos los hombres.
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“Negar este amor y deseo general en Dios por el bien de todo el mundo implica que todos los llamados a la
reconciliación que tenemos en la Biblia de parte de Dios el Padre, Cristo, y el Espíritu Santo junto todos los
hombres que hablaron de parte de Él, son falsos, impuros y crueles, ya que no serían sinceros; porque el fin del
llamado no sería lo que parece (alentar a los oyentes, en amor y por amor, a que se reconcilien), sino que la
mera intención sería dejarles sin excusa o aumentarles la condenación. Semejante declaración no puede ser
calificada menos que como una terrible blasfemia que deforma, tuerce y desacredita el carácter de Dios y la
veracidad de su Palabra.
¿Deseamos la infelicidad de las personas? ¿Nos gozamos cuando vemos a un enfermo desfallecer; cuando una
persona muere sin Cristo y va al infierno, aunque esto sea justo; nos alegramos y hacemos una fiesta? Si así
fuese, ¿no seriamos acusados por la ley moral de Dios grabada en nuestra mente y corazón? ¿De dónde viene
esa ley moral; quien la puso en nosotros? ¿No es amar a nuestro prójimo uno de los mandamientos de Dios?
¿Acaso no son sus mandamientos, Su voluntad y deseo? ¿Acaso Jesús no cumplió con el segundo mandamiento
más importante? ¿Somos más buenos que Dios? ¿Nos atrevemos a decir que esta ley grabada en nosotros no es
buena y que no viene de Dios y que Dios es diferente a su ley, siendo esta: santa justa y buena Rom 7:12?... Si
no existiera en Dios, en ningún sentido, un amor y deseo de salvación general por todos los hombres, ni
siquiera podríamos orar con fervor y compasión; porque, ¿Cómo sé si Dios ama y desea el bien de la persona
por la cual estoy orando? ¿No estaré perdiendo el tiempo orando fuera de la voluntad de Dios? ¿Cómo sé si no
estoy siendo más misericordioso que Dios? ¿De qué manera como discípulo imito al Gran Maestro?
En Efesios 5:1 se nos manda a ser imitadores de Dios. Pero si Dios no ama ni desea el bien de todos los
hombres, sino que más bien los odia y endurece Su corazón contra ellos sin mostrar amor (ni en Su paciencia,
misericordia y providencia), entonces nosotros también deberíamos amar sólo a los escogidos y odiar sin
misericordia a todos los demás; pero aun la ley moral de Dios grabada en nuestra mente nos redarguye de todo
lo contrario. Cristo y el cristianismo presentan la esencia opuesta a tal terrible deformación.
Spurgeon dice al respecto: “… Pero si él quiere que sea así, ¿por qué no los hace? Amado amigo, ¿alguna vez
has oído que un necio pueda hacer una pregunta que un sabio no pueda contestar? Y si así fuera, estoy seguro
de que una persona sabia como tú, puede hacerme muchísimas preguntas que yo, aunque soy necio, no soy lo
bastante necio como para tratar de contestarla… Es el deseo de Dios que muchos oprimidos sean libertados,
pero hay muchos oprimidos que no están libres. Es el deseo de Dios que los enfermos no sufran, dudas de ello,
¿no es tu propio deseo?...Nunca he sido alguien que explique todas las dificultades, y no tengo ningún deseo de
hacerlo… prefiero ser inconsistente conmigo mismo y no con la palabra de Dios… prefiero confiar en mi Dios.
Soy un pobre niño necio en el mejor de los casos; pero mi padre sabe mucho mejor que yo” [8]
Negar el amor general de Dios, es también restarle gloria a Dios por medio de deformar dramáticamente Su
imagen. Vemos la oración de Moisés y la respuesta de Dios en Ex 33:18 34:6-8 “El entonces dijo: Te ruego que
me muestres tu gloria… Y pasando Jehová por delante de él, proclamó: ¡Jehová! ¡Jehová! fuerte,
misericordioso y piadoso; tardo para la ira, y grande en misericordia y verdad; que guarda misericordia a
millares, que perdona la iniquidad, la rebelión y el pecado, y que de ningún modo tendrá por inocente al
malvado…Entonces Moisés, apresurándose, bajó la cabeza hacia el suelo y adoró”. Jehová le mostró Su gloria
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a Moisés por medio de enumerarle algunos de Sus atributos y las obras consecuentes que nacen de dichos
atributos; la misericordia (amor por lo miserable; no retribuir a Sus criaturas conforme a sus obras) es uno de
los más enfatizados.
Deformar la gloria de Dios es deformar la gloria de Cristo, Quien es la mayor y perfecta revelación de Su
gloria y la plenitud de Su Persona. Esto nos impide verle como Él realmente es y por consecuencia se restringe
nuestro crecimiento y transformación a Su imagen. Nunca seremos transformados a la imagen de aquel a quien
no podemos apreciar. Nunca imitaremos a quien no entendemos ni conocemos. “Por tanto, nosotros todos,
mirando a cara descubierta como en un espejo la gloria del Señor, somos transformados de gloria en gloria en
la misma imagen, como por el Espíritu del Señor” 2ª Corintios 3:18
Una solemne advertencia: Cuidado con el reaccionismo: el diablo se propone sembrar en la iglesia de Cristo:
temor, prejuicios, y reacción extrema hacia verdades bíblicas en cuanto al carácter de Dios, el evangelio y
todas las doctrinas más importantes, para así robarnos la palabra de Dios. Y lo hace (el diablo) por medio de
crear grupos heréticos que, al dar con ellos, nos provocan el temor de caer en sus mismos errores doctrinales;
y nosotros al reaccionar inmaduramente contra tales extremismos heréticos, terminamos corriendo hacia el
otro extremo de la verdad, un extremo que también es herético . ¡No caigamos en la trampa!
El amor de Dios es central en las escrituras y para nosotros: porque es uno de Sus atributos, y uno de los más
destacados en el Evangelio. El Evangelio, es el Evangelio de la gracia de Dios (Hechos 20:24); es el Evangelio
de las riquezas de su gracia (Efesios 1:7); y es el Evangelio de las inescrutables riquezas de Cristo (Efesios
3:8); entonces el Evangelios, es el Evangelio de las inescrutables riquezas de la gracia de Dios manifestadas
en Cristo.
El evangelio entonces trata de la Gracia, y esta fluye de su Amor, y es revelada plenamente en y por medio de
Cristo. El evangelio revela la justicia de Dios, y revela como Dios en su justicia vence todos los obstáculos (ley,
pecado, corrupción, mundo, la muerte, Satanás) para justificarse justamente a sí mismo de justificarnos.
Amor: es lo que Dios tiene y Es en esencia, es la pasión (profundísimo e inherente afecto, que impulsa todo lo
que Él piensa, siente y hace) interna que Él tiene por la gloria de Su nombre y por el bien de Sus criaturas.
Gracia: es la acción de Su amor, la manifestación tangible y practica de su corazón.”
Que Dios nos libre del terrible pecado de querer defender más un sistema y nuestras conjeturas, que a su
Palabra, Persona, y carácter.
------------------------------------------------NOTAS AL PIE:
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[1] Sermón Titulado, “De tal manera amó Dios al mundo-Parte
http://es.desiringgod.org/resource-library/sermons/god-so-loved-the-world-part-2
2”,
puede
leerse
aquí
[2] El único Dios Verdadero, Lección Diez: ‘Dios es amor’; págs. 71 al 79.
[3] Argumentar sobre cómo Dios puede desear algo en un sentido y en otro no podría llevar bastante espacio, y
no es ese el fin de esta nota. Aconsejo leer al respecto en el libro de John Piper, “Los deleites de Dios”, en el
capítulo 2, 5, y en el anexo final ‘¿Existen dos voluntades en Dios?’, Piper trata ampliamente sobre el tema. El
libro está disponible en pdf en la web.
[4] La verdad acerca del hombre, Capítulo 7.
[5] De paso, nada bendice más mi vida que leer y releer los viejos sermones calvinistas, a Murray McCheyne,
Spurgeon, Whitefield, mi querido Lloyd Jones, y el propio Juan Calvino. Si quieren encontrar un calvinismo
hermoso y lleno de gracia, ¡vayan a esos sermones y dejen los blogs de internet!
[6] Doctrinas de la gracia, serie
http://www.graciaaudio.com/doctrina.html
de
estudios
en
Mp3.
Parte
V,
disponible
en
[7] Recomiendo leer el capítulo 2 del libro “Los Deleites de Dios”, el capítulo se titula “El deleite de Dios en
todo lo que hace”, es una buena explicación bíblica sobre el asunto, más profunda que el texto de Machen, y –
según mi entender – sumamente acertada.
[8] Cita del libro “Spurgeon y el Hiper-Calvinismo”, por Iain Murray.
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