INSTITUTO DE CIENCIA MARY BAKER EDDY Presenta

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INSTITUTO DE CIENCIA MARY BAKER EDDY Presenta:
(Traducción Libre)
Marzo 2016
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“SIN PARÁBOLAS, ÉL NO LES HABLABA”
____________CLIFFORD Y DAISEY STAMP______________
VOLUMEN NO. 2
EL RICO INSENSATO – (LUCAS 12:16-21)
"También les refirió una parábola, diciendo: La heredad de un hombre rico había producido
mucho. Y él pensaba dentro de sí, diciendo: ¿Qué haré? – Porque no tengo dónde guardar
mis frutos. Y se dijo: Esto haré – derribaré mis graneros, y los edificaré mayores; y allí
guardaré todos mis frutos y mis bienes. Y entonces diré a mi alma: ‘Alma, muchos bienes
tienes guardados para muchos años; repósate, come, bebe y regocíjate’. Pero Dios le dijo:
‘Necio, esta noche vienen a pedirte tu alma; entonces, lo que has provisto, ¿de quién será?’
Así acontece al que hace para sí tesoros, y no es rico para con Dios.”
Jesús está tratando aquí con algo mucho más que el obvio sentido
de confianza en las riquezas materiales. Él está exponiendo algo mucho
más sutil – una forma de materialismo que es “maldad espiritual en las
regiones celestes” – la enfermedad del intelectualismo con su
almacenamiento sin fin. El Maestro podía tratar con los llamados
‘materialistas’ tales como las prostitutas (como María Magdalena) y los
recaudadores de impuestos, debido a que ellos no almacenaban nada, y lo
poco que tenían lo despilfarraban como si fuera inservible – esto los
colocaba en un estado mental en el cual se encontraban preparados para
recibir las impresiones del Alma.
Pero un sentido falso de intelectualidad, jamás reconoce al Espíritu
ni a la Verdad. De hecho, ese sentido aumenta la creencia en la materia –
por ejemplo, adorando el historial material – en tanto que al mismo
tiempo se felicita por haber descartado un burdo concepto de la materia.
Todo cuanto dicho sentido construye, está basado en el conocimiento y en
la memoria, obtenidos de los sentidos.
Al utilizar el término ‘intelectualismo’, debiéramos reconocer que el
verdadero intelectualismo es esencial, e impulsa la comprensión detallada
de Dios como Todo‐en‐todo, así como del hombre como parte integrante
de ese Todo‐en‐todo. El intelectualismo falso agranda el egotismo – se
extiende desde las formas de creencias físicas altamente desarrolladas y
altamente sofisticadas, hasta las obstinadas creencias físicas más bajas,
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persistentemente mantenidas. Pero independientemente del nivel, se
trata de la misma base falsa que cree en la realidad de la materia y de sus
supuestas leyes, a pesar de que no hay nada en cuanto a la materia
excepto lo que la mente mortal cree. Y los procesos son los mismos –
una continua destrucción de los almacenes de convicciones previas, así
como una constante edificación de nuevos almacenes de convicciones
frescas, los cuales parecieran ser ‘más adelantados’ que los anteriores –
todo en un intento de prescindir de lo espiritual, y de hallar seguridad
personal al tratar con aquello que la vida presenta. El objetivo del falso
intelectualismo es “comer, beber y ser feliz” con sus propias necias opiniones.
Jesús está ejemplificando en esta parábola, la enfermedad con la
cual el hábil intelectualismo de un hombre lo atrapa e inflama su egotismo
al grado en que no desea nada más que expandir continuamente esa
capacidad y potencial intelectual, incluso al grado de empujarlo hacia los
viejos almacenes de su conocimiento acumulado para llevarlo a una
especulación más alta y fructífera (según los estándares de ese mundo),
para seguir acumulando…
El Alma está siempre expresada en el hombre como su deseo por
respuestas, por definiciones, por certeza… pero el individuo puede ser
conducido o llevado erróneamente en su elección de los canales a través
de los cuales es dirigida su capacidad intelectual. Si elige material
engañoso para el ejercicio de la energía intelectual, quedará insatisfecho
en su búsqueda a pesar de continuar con el desarrollo de su egotismo a
través de los productos del razonamiento de la mente mortal, y a pesar de
hacer todo cuanto pueda para reafirmar sus teorías falaces. Jesús está
mostrando que esto resulta necio, pues se intenta edificar aquello que
carece de substancia, tratando de llevarlo a cabo por métodos que
continuamente hacen que el hombre fracase. Pero debido a que se trata de una identidad‐Alma que
inevitablemente tiene que ‘habitar’ con Principio, su verdadera identidad
finalmente se hace cargo y lo lleva hacia aquello que él realmente es.
Principio, por medio del sentido del Alma, requiere que el hombre, ya sea
aquí o en el más allá, emplee su habilidad intelectual en la dirección
correcta, y llegue a la conciencia de lo espiritual por medio de la aplicación
de materiales y de métodos que son intrínsecamente espirituales y que no
están contaminados por ninguna creencia en la materia. El sentido del
Alma con sus verdaderas certezas, penetra finalmente su experiencia
debido a que él ha estado en congruencia buscando certeza activamente,
aunque a través de buscar en direcciones que por su misma naturaleza
jamás podrían satisfacerlo. Jesús nos está diciendo por deducción, que no
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debemos consentir en el derroche de energía intelectual, sino que
debemos tener la sabiduría necesaria para buscar progreso y certeza a
través de aceptar los recursos de la misma Alma. Un ejemplo excepcional de esto se ve en el caso de Saulo de Tarso,
quien fue preeminentemente intelectual de acuerdo a las normas del
mundo, pero fue llevado a convertirse en un verdadero ser intelectual
capaz de propagar el cristianismo, apelando totalmente al sentido común
y a la razón. La lección debe ser el comenzar correctamente y por ello
proceder en conformidad con una senda que sea justa, más que comenzar
erróneamente por medio del egotismo, solo para eventualmente ser
expulsados del razonamiento dogmático ya sea por medio del sufrimiento
o por la iluminación repentina de la Ciencia (tal como fue la experiencia de
Saulo cuando asumió la nueva identidad de Pablo).
Cuando se consciente que el intelectualismo domine, entonces el
individuo siempre se sentirá auto/satisfecho y ciego ante el progreso
futuro; o será conducido por un camino que jamás lo llevará a la
revelación de la Verdad, manteniéndose siempre anhelante de alguna otra
oportunidad que él espera lo llevará a alguna conclusión – aunque jamás
llegará. En la Ciencia primero se admite la conclusión y después sigue la
prueba. El intelectualismo construye y construye, y alcanza una
conclusión para después desecharla y volver a construir, repitiendo todo
el proceso una y otra vez. Se produce una agitación continua, lo cual es
señal de que aquello que se está buscando no es verdadera substancia,
por lo cual los hombres descartan una cosa e intentan otra, siempre
insatisfechos. Las verdaderas riquezas de la entrega del Ama se edifican
firmemente en convicciones cada vez más profundas. Nada relacionado
con Alma es jamás disminuido ni destruido, porque todo está
correctamente fundamentado e inamovible en Principio. Uno pudiera
crecer tan auto/complacido por medio del intelectualismo, como para
quedar ciego ante la pura y por consiguiente aparente simple verdad.
Ésta es la forma de enterrar el alma, el tacto y la sensación de la Ciencia
“en las vendas de su letra” (C&S 367:2-3).
Desde un principio, el egotismo hace que un hombre sienta que
puede llegar al punto donde puede recargarse sobre la acumulación de
conocimiento intelectual, y “saberlo todo” – pero dicha actitud aparta el
corazón y el alma de la Ciencia. Si el hombre siente que él ‘sabe mucho’,
entonces podrá comer, beber y alegrarse con ello todo el día; es decir, estar
inmerso en la complacencia – pero el daño de dicha actitud está
claramente revelado en esta parábola. Esto es “carecer de la unción de la
Ciencia divina” (C&S 164:13), y por ello de nada aprovecha. Si alguna vez un
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hombre siente esa curación espiritual – por ejemplo, es cuestión de rutina
y de fórmula, puesto que a causa de todo cuanto conoce, ahí ha perdido
toda el alma. “Esta noche se te requerirá tu alma”. En la “noche” llena de temores con
los errores de realidad aparente, ya sean de pecado, enfermedad o
muerte, no se requiere de nosotros, únicamente conocimiento intelectual,
sino tan solo nuestra “alma” – nuestro sentido espiritual – consciente de
las certezas de la misma Alma, sintonizadas a la verdadera atmósfera de lo
divino – nada más aprovecha… Cuando mirando el testimonio de los sentidos
por ejemplo decimos: “Ese pobre hombre está enfermo; debo ayudarlo”,
entonces la noche cae demasiado rápido, porque únicamente Alma puede
conferir la tranquila convicción de que: “Él piensa que está enfermo, pero
eso no puede ser cierto; y el Alma me da las ideas con las cuales yo puedo
probar para mí mismo y para él, que no hay enfermedad alguna que
experimentar”. El intelectualismo no puede admitir los sentidos de Alma
– toda su cualidad y sensación es ajena al sentido de Alma tan
magníficamente trazado, por ejemplo, en las Beatitudes. Únicamente el
Alma puede producir el estado de ánimo, así como el estado espiritual, ahí
descrito. “Alma cuenta con recursos infinitos con los cuales bendecir a la humanidad”
(C&S 60:29). Esos recursos infinitos se enfocan cuando deponemos “todo lo
terrenal ante el altar de la Ciencia divina” (C&S 55:23-24); cuando entramos a la
presencia de Dios por medio de una devoción y amor sinceros por todo
cuanto la Ciencia enseña; y cuando afirmamos el hecho de que somos la
presencia específica de Dios en esa situación particular. El proceso que
exigen los sentidos es del todo contrario a las revelaciones del Alma. El
sentido tiene que almacenar; carece de toda habilidad que no sea la de
apropiarse de algo, tratar de contenerlo y guardarlo. – Alma es lo
opuesto. Por ello, por sobre todo aquello que necesitemos, existe un
estado de pensamiento sintonizado y preparado para las impresiones del
Alma – y esto llega a nuestro estado de conciencia al dar la espalda a los
sentidos y al morar con las cosas del Espíritu. Tiene que haber “una
hambruna de sensaciones” para tener “una fiesta del Alma” (My. 263:6-7).
Justo antes de exponer esta parábola, Jesús dijo: “La vida de un
hombre no consiste de la abundancia de las cosas que posea”, ya que el hombre –
siendo el reflejo de Dios, el Principio – carece de la capacidad de
‘posesión’. Lo que el hombre sí puede poseer, es un gozo ilimitado de
reflexión, lo cual no implica el almacenamiento de conocimientos, sino el
uso de todas sus capacidades intelectuales para mantenerlo flexible y
dispuesto para permitir que el maná de ayer se vaya, para recoger por
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medio de la reflexión, las nuevas ideas que están siendo eternamente
expresadas por Principio, disfrutando de la novedad perpetua que estas
ideas traen a su vida. Los llamados ‘intelectuales’ se sienten incapaces de soltar y de
permitir que Dios brille a través de ellos con el gozo de la inspiración,
basada únicamente en Principio. Pero casi todo el mundo ha tenido una
experiencia en la cual la preparación para hablar o para actuar, ha
producido algo que probó ser del todo inadecuada para la ocasión que se
presentó. Cada instante trae consigo su propio fresco desafío y nuevas
exigencias, por lo que jamás podemos confiar en aquello que ya habíamos
‘almacenado’. Si así lo intentáramos, entonces cerraríamos la puerta a la
inspiración que de otra manera habría fluido directamente desde
Principio. Por eso es que Jesús dijo: “Vosotros series llevados ante
gobernadores y reyes (ante las creencias que tratan de dominarnos con su
llamada autoridad), por causa de mí… pero cuando os hayan entregado, no os
preocupéis de cómo o de qué hablaréis – porque en ese mismo instante os será dado
aquello que habéis de hablar. Porque no sois vosotros los que habláis, sino el Espíritu
de vuestro Padre, que habla en vosotros”.
Bien podría decirse que todo el almacén de conocimiento es la
cabeza de la muerte, por su falta de utilidad – en tanto que el desarrollo
de las capacidades propias para hacernos conscientes de Principio a través
de sus expresiones simbólicas, constituye el desarrollo de la verdadera
intelectualidad, en contraste con esa forma de intelectualismo que está
basado en la materia, en el conocimiento material y en la historia
material. El almacén de conocimiento puede convertirse en algo inútil; en
tanto que la práctica diaria de la comprensión espiritual (por pequeña o
grande que sea), jamás será inútil. El almacén de conocimiento en los escribas y fariseos había
obstruido sus capacidades mentales a tal grado, que ellos no pudieron
aceptar la Verdad en su expresión pura tal como el Maestro se las
presentaba. El criterio del verdadero intelectualismo siempre será la
simplicidad con la que expresa la Verdad, y ahí es donde percibimos la
diferencia entre Jesús, y los ‘intelectuales’ de su época. Si intentáramos almacenar la luz del día, tendríamos que cerrar
todas las ventanas para mantenerla dentro, y entonces tan solo
obtendríamos obscuridad. No podemos almacenar la luz, la vida, ni nada
de índole espiritual. Podemos expresarla, reflejarla, ser… pero siempre
estará en el movimiento de la vida. Lo espiritual es un fluir de ideas y no
puede detenerse para ser almacenado. Es, como dijera San Juan: “Un río
puro de las aguas de vida, claro como el cristal, que procede o emana del trono de
Dios y del Cordero”, y jamás puede ser contenido ni almacenado.
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Las indicaciones del Maestro no solo fueron el no afanarse por el futuro
en cuanto a comida y vestido, sino también no afanarse en cuanto a nuestra
habilidad para enfrentar alguna situación que pudiera surgir – porque
resulta obvio que únicamente Principio es quien pudo poner al hombre en
dicha posición, por lo que Principio es quien ha dotado al hombre, por
medio del reflejar, con los medios para el cumplimiento de aquello que
corresponde a Principio, en dicha posición. Si el agua encuentra su propio
nivel, entonces también el hombre siempre se encontrará en el nivel igual
a su capacidad para mantenerse a sí mismo en él, reflejando las ideas que
le son dadas por Mente. Jesús fue “el hombre más científico que jamás anduvo
por la tierra. Él penetraba por debajo de la superficie material de las cosas, y
encontraba la causa espiritual” (C&S 313:23-26).
Si un hombre utilizara su llamada ‘habilidad intelectual’ como una
herramienta con el propósito anterior, y después depone esa herramienta
en adoración ante lo que le ha sido mostrado por “el Único adorable”
(C&S16:29), entonces jamás será egotista – a pesar de que haya sido
altamente dotado – y nunca perderá de vista el hecho de que dicha
herramienta es tan solo a lo mucho ‘una herramienta’; y que nos ha sido
conferida para la finalidad a la cual sirve. El propósito o finalidad, es
mover la conciencia hacia el sentido espiritual del ser, para hablarle de
Alma. Así que lo que requerimos es admitir que más allá de la letra, está
la presencia de Alma; y eso es lo que vamos a disfrutar. Todo cuanto
Principio “requiere” de nosotros es que desaparezca el lenguaje simbólico
utilizado por la Mente de Cristo, para dejarnos únicamente “Aquello” que
está simbolizado. “Alma tiene que ser Dios, puesto que conocemos a Alma
únicamente tal como conocemos a Dios – por espiritualización… Todo aquello que la
mente mortal no puede conocer por medio de la reflexión, el razonamiento o la
creencia humanos, tiene que ser Mente insondable, la cual ‘ojo no vio ni oído oyó’ ”
(Un. 28:17-22). Ciertamente el Maestro fue un intelectual, puesto que conocía las
Escrituras, así como la historia de su raza, pero todo aspecto de las
Mismas no era para él, sino la historia de Principio, expresándose a través
del hombre y por ello mostrándole cómo mejorar su propio desempeño
en dicha expresión. Pero su capacidad intelectual – en relación con las
Escrituras, así como en cuanto a las llamadas leyes judías – iba mucho más
allá de la de aquéllos que habían acumulado dicha capacidad hasta el
grado de obstruir sus habilidades para discernir su propósito e impulso,
espirituales. También la Sra. Eddy fue sin lugar a dudas, alguien cuya visión y
alcance, espirituales, eran de la más alta calidad. No podemos leer sus
obras sin darnos cuenta de ello, y sin embargo todo esto yace a los pies
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del Principio divino, al cual ella descubrió y adoró de manera tan científica.
Tenemos que estar alertas para evitar ser arrastrados hacia los
laberintos de la mente mortal por medio del egotismo. El siguiente
párrafo de CIENCIA Y SALUD revela algunos de los senderos de los cuales
tenemos que estar alertas para no seguirlos y para de plano rechazarlos,
ya que, en la Ciencia, la instrucción de Jesús resulta esencial: “Que vuestro
hablar sea: Sí; sí. No; no. Porque lo que excede de esto, de mal procede ”. “Las
sustancias materiales o formaciones mundanas, los cálculos astronómicos y todo lo
ostentoso de las teorías especulativas basadas en la hipótesis de la ley material o en la
vida e inteligencia que reside en la materia, finalmente desaparecerá absorbido por el
cálculo infinito del Espíritu” (209:25-30).
Si esto es así – y por supuesto que lo es – entonces el
discernimiento o el resultado de este cálculo espiritual es lo que tenemos
siempre que seguir. Existe un alcance infinito en la Ciencia para el
estudiante que persigue una senda continuamente llena con
reconocimiento espiritual, la mayoría del cual pudiera ser completamente
nuevo para él; y esto se hará más y más espontáneo en proporción directa
al grado en que dicho estudiante se haga más consciente de la presencia
de Dios en todas las cosas – principalmente en las ideas que le son dadas.
La parábola finaliza así: “Así acontece al que hace para sí tesoros, y no es
rico para con Dios”. Ser “rico para con Dios” es ser rico en comprensión de lo
que Dios es y de lo que Dios hace. Por tanto, la lección implica
mantenernos constantemente ricos en el reconocimiento de lo que
Principio es y de lo que hace, así como en nuestra relación con Principio y
con Su expresión. Esto de inmediato nos va a disuadir de cualquier
sentido de tener que ‘acumular conocimiento’ para volvernos ricos. Si
nosotros cultivamos la habilidad de tener siempre un aprecio y
entendimiento, ricos, de lo que Dios es y de lo que Dios hace, así como de
nuestra relación con Principio, entonces tendremos verdaderas riquezas
disponibles para cualquier llamado que se haga al respecto. El hombre más rico sobre la tierra se mantuvo decididamente pobre
tanto en capacidad como en responsabilidad, personales – pero siempre
“rico para con Dios”. Él dijo: “El Hijo nada puede hacer por sí mismo [obsérvese
la palabra ‘nada’], sino aquello que ve que el Padre hace; porque todo cuanto ve que
Él hace, esto también lo hace el Hijo de igual manera”. Debido a lo que Jesús
compartiera en otra ocasión: “El Padre que mora en mí, Él hace las obras”, es
que estamos seguros cuando utilizamos nuestra capacidad intelectual
para afirmar y reafirmar nuestra convicción por medio de todo canal
fresco, de que Dios es la única Mente, y que toda verdadera conciencia
surge de dicha Mente – sobre todo cuando estamos tan seguros como
Jesús lo estuvo, de que nosotros nada podemos hacer por nosotros mismos, así
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como de que ‘nosotros podemos llevar a cabo todo cuanto Principio
establece que hagamos’.
Por supuesto que el memorizar pasajes Bíblicos así como pasajes de
la obra de la Sra. Eddy, no puede ser considerado como acumulación de
conocimiento basado en la teoría egotista ni en suposiciones carentes de
Principio, porque cuando nos referimos a las ideas desplegadas de dichos
pasajes – pasajes que claramente no fueron elaboradas por nosotros sino
que constituyen la fuente desde la cual obtuvimos inspiración – esto
provoca una gratitud continua conforme nos conducen hacia un
reconocimiento de que su origen tiene que ser Dios. Por ello es que
dichos pasajes nos conducen más allá del ego hacia el Principio que inspiró
que dichos pasajes fueran expresados o escritos para el beneficio de la
humanidad. Nuestra actitud es tan solo la de compartir aquello que tiene
que decirse; y esta actitud es justo lo que nos protege de teorías egotistas
carentes de Principio. Ya sea que leamos, que memoricemos o que
expresemos dichas ideas, estaremos a salvo si nos mantenemos en la
senda que la Sra. Eddy siguiera, y de la cual nos habla en su poema: "Tu voz es la que voy a escuchar
Porque de lo contrario mis pasos se extraviarán;
Y continúo, regocijándome,
Por todo el escabroso caminar” (Mis.398:1-4).
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