Título: Presentación al derecho internacional a. D. 2.000 en la

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Título: Presentación al derecho internacional a. D. 2.000 en la jurisprudencia de la Corte Suprema de Justicia de la
Nación Argentina derecho de las relaciones entre los ordenamientos jurídicos(*)
Autor: Boggiano, Antonio
Publicado en: LA LEY 2000-B, 1078
SUMARIO: I. Derecho Internacional (ius inter gentes) y derecho de las relaciones entre los ordenamientos
jurídicos (ius ruler iura). - II. Derechos internos sobre relaciones entre los ordenamientos jurídicos. - III.
Derecho de las relaciones entre los ordenamientos jurídicos. - IV. Hacia el nuevo milenio.
I. Derecho Internacional (ius inter gentes) y derecho de las relaciones entre los ordenamientos jurídicos (ius inter
iura)
El derecho internacional público, que aquí llamaremos a secas derecho internacional, rige las relaciones entre los
sujetos del derecho internacional. El derecho de las relaciones entre los ordenamientos jurídicos rige las relaciones
entre los ordenamientos jurídicos internos de los sujetos del derecho internacional. Sin embargo, esta distinción
está erizada de dificultades. En primer lugar esta distinción es convencional, esto es, la sugerimos nosotros, aunque
inspirados en Oppenheim's International Law, 9ª ed. editada por Sir Robert Jennings y Sir Artur Watts, vol. I p. 7 y
8: "... public international law arises out of the juxtaposition of states, private international law out of the
juxtaposition of legal systems". Que el derecho internacional rige las relaciones entre los sujetos del derecho
internacional es un concepto generalmente aceptado: ius inter gentes. Nosotros proponemos el nombre, a falta de
otro, Derecho de las relaciones entre los ordenamientos jurídicos internos de los sujetos del derecho internacional:
ius inter iura para regir todos los asuntos o relaciones que ponen en contacto varios ordenamientos jurídicos.
Hay normas de derecho internacional que rigen esas relaciones. Pero también hay normas de derecho interno de los
sujetos del derecho internacional que rigen las relaciones exteriores de esos ordenamientos, esto es, relaciones
entre un ordenamiento interno y otro. Todas estas reglas son unilaterales. No hay un derecho universal que rija
todas esas relaciones con una autoridad superior a cada uno de los ordenamientos internos o del ordenamiento
internacional. En rigor no existe un derecho positivo universal y supranacional sobre esas relaciones. Pero se
advierten ciertos criterios o principios. Hemos considerado estos principios en diversos estudios: Introducción al
Derecho Internacional. Relaciones Exteriores de los Ordenamientos Jurídicos, Buenos Aires, 1995, comentado por
Julio Oyhanarte, LA LEY, 1995-D 1606 y La Nación, junio 25, 1995 y prof. doctor Rainer Hofmann, Zeitschrift
für Ausländishes Öffenthiches Recht und Völkerrecht, 1995, p. 1246; Teoría del Derecho Internacional. Las
Relaciones entre los Ordenamientos Jurídicos. Ius Inter Iura, Buenos Aires 1996, ver Jayme, Rabels Z 61 (1997) 3
ps. 581-582, n° 4; Derecho Internacional y Derecho de las Relaciones entre los Ordenamientos Jurídicos, Buenos
Aires 1997 y Derecho Internacional Público y Privado y Derecho del Mercosur. En la Jurisprudencia de la Corte
Suprema de Justicia de la Nación Argentina, Buenos Aires 3 vols. 1998-1999; The Law of the Relations between
Legal systems. A methodological analysis, Liber Amicorum prof. doctor Kurt Siehr, ed. Asser Institute, The
Hague, 2000.
II. Derechos internos sobre relaciones entre los ordenamientos jurídicos
Existen normas positivas en los derechos internos de los sujetos del derecho internacional que se refieren a
materias, relaciones o casos que trascienden un ordenamiento interno y se relacionan o conectan con otro u otros.
Podríamos llamar a estos casos trascendentes porque trascienden un ordenamiento. En rigor, no son casos
internacionales, multinacionales ni transnacionales porque no son sólo casos entre derechos estatales. Tal vez se
podría usar abreviadamente el nombre de casos trans.
A los fines de acotar el objeto de estudio limitamos las relaciones a los derechos u ordenamientos internos de los
sujetos del derecho internacional. Los casos transordenamientos comprenden también los casos transnacionales o
multinacionales. Un caso que relaciona el ordenamiento canónico y un ordenamiento estatal es trascendente en el
sentido aquí expuesto como lo son los que ponen en relación ordenamientos de organizaciones internacionales o el
de una de éstas y un derecho estatal. Aquí equiparamos ordenamiento jurídico y derecho objetivo.
Los casos, asuntos, causas o relaciones que ponen en contacto una pluralidad de ordenamientos jurídicos da origen
al derecho de las relaciones entre los ordenamientos jurídicos.
La Constitución Nacional contiene disposiciones sobre las relaciones exteriores de la República, incluso relaciones
de integración y principios sobre relaciones internacionales entre personas privadas. De ahí que la Constitución
tenga incidencia sobre cuestiones de derecho internacional público, privado y derecho de la integración. Sería
apropiado iniciar estudios más detenidos de lo que podría llamarse el derecho constitucional de las relaciones
internacionales.
El derecho constitucional internacional trata del posible alcance extraterritorial de la constitución de un Estado o
de otro sujeto del derecho internacional, en otros ordenamientos jurídicos, sean estos estatales, de organizaciones
internacionales o el propio ordenamiento internacional. En cambio, el derecho internacional constitucional trata de
la constitución del ordenamiento internacional mismo, esto es, de la Carta de las Naciones Unidas y,
probablemente de sus relaciones con el tratado de la OTAN y su funcionamiento.
Se plantea el problema del alcance extraterritorial de los derechos humanos reconocidos y garantizados por las
constituciones nacionales. Y se suscita la cuestión de la eficacia de las cláusulas orgánicas de las constituciones en
otros ordenamientos jurídicos.
Por ejemplo, en nuestro país, el Presidente nombra y remueve a los embajadores, ministros plenipotenciarios y
encargados de negocios con acuerdo del Senado (art. 99 inc. 7°, Constitución Nacional). También recibe sus
ministros y admite sus cónsules (inc. 11).
El Presidente negocia y firma tratados y concordatos. El Congreso los aprueba o desecha. Su aprobación es un acto
por el cual el Congreso autoriza al Presidente a ratificar el tratado y ponerlo así en vigencia tanto en el orden
internacional como en el ámbito interno para la Nación. Cuando el tratado alcanza su vigencia internacional recién
es parte del derecho nacional (art. 31 y 75 inc. 22, Constitución Nacional). Con la ratificación o adhesión en la
esfera internacional los tratados y concordatos tienen jerarquía superior a las leyes. Aun firmado por el Presidente
y aprobado por el Congreso un tratado no es tal sin su puesta en vigencia en el orden internacional por el Presidente
en virtud de los actos de ratificación o adhesión. De ello se desprende que sin estos últimos actos internacionales el
tratado no es fuente de derecho internacional ni de derecho interno para la Nación. No puede tener jerarquía
superior a las leyes, pese a ser aprobado por el Congreso, sencillamente porque aún no es un tratado. Ni tampoco
ley, pues la aprobación del Congreso no es una ley en sentido material sino formal. Es un acto del Congreso que
podría caracterizarse como acto administrativo que autoriza al Presidente a ratificar o a adherir al tratado y así
ponerlo en vigencia. El Presidente, autorizado a hacerlo, no está obligado a hacerlo.
El Presidente también puede firmar negociaciones que suelen llamarse tratados ejecutivos sin autorización o
aprobación del Congreso (art. 99 inc. 11 y art. 75 inc. 22, Constitución Nacional) y sin ratificación o adhesión. La
Corte Suprema de los Estados Unidos ha reconocido a estos tratados ejecutivos la misma jerarquía normativa que
los tratados aprobados por el Senado. En la Argentina la cuestión no ha llegado a la Corte.
Los tratados sobre derechos humanos referidos en el art. 75 inc. 22 de la Constitución Nacional aprobados por el
Congreso, si obtienen el voto de las dos terceras partes de la totalidad de los miembros de cada Cámara, gozarán de
jerarquía constitucional. Así es que, como las palabras lo dicen a las claras, estos tratados tienen la misma jerarquía
normativa que la Constitución.
El Congreso está facultado para aprobar tratados de integración en los términos del art. 75 inc. 24 de la
Constitución. Estos tratados son firmados y ratificados por el Presidente como los demás. Empero, los tratados de
integración requieren de la aprobación del Congreso y no pueden celebrarse en forma simplificada como los
tratados ejecutivos.
Las normas derivadas de los tratados de integración dictadas en su consecuencia tienen jerarquía superior a las
leyes (art. 75 inc. 24). La aprobación y denuncia de estos tratados de integración requerirá las mayorías
contempladas en el mismo inc. 24.
La especial previsión de los concordatos con la Santa Sede (art. 74 inc. 22) responde naturalmente al sostenimiento
por el gobierno federal del culto Católico Apostólico Romano (art. 2). De ahí que la Nunciatura Apostólica en la
Argentina pueda caracterizarse como una pequeña Curia Romana que ejerce una doble representación de la Santa
Sede: ante la Iglesia en la Argentina y ante el gobierno federal.
En cuanto al Congreso, éste autoriza al Presidente para declarar la guerra y hacer la paz, y ordenar represalias; fija
las fuerzas armadas en tiempo de paz y de guerra; permite la introducción de tropas extranjeras en el territorio de la
Nación y la salida de las fuerzas nacionales fuera de él; legisla en materia aduanera, establece los derechos de
importación y exportación con carácter uniforme para toda la Nación; crea o suprime aduanas; fija el valor de las
monedas extranjeras; reglamenta el comercio con las naciones extranjeras; arregla y establece los correos
generales de la Nación; arregla los límites del territorio nacional; provee a la seguridad de las fronteras; promueve
la inmigración, la introducción y establecimiento de nuevas industrias, la importación de capitales extranjeros;
legisla para garantizar el pleno goce y ejercicio de los derechos reconocidos por los tratados internacionales
vigentes sobre derechos humanos (art. 75, Constitución Nacional).
La Corte Suprema conoce y decide todas las causas que versen sobre puntos regidos por la Constitución en los
términos de su art. 116. De allí recibe su jurisdicción para decidir en causas que versen sobre relaciones
internacionales. Sobre la práctica de la Corte en esta materia desde su instalación hasta hoy puede verse nuestro
estudio, Derecho Internacional Público y Privado y Derecho del Mercosur en la Jurisprudencia de la Corte
Suprema de Justicia de la Nación, 3 vols., Ed. La Ley, 1998-9.
La violación manifiesta de una norma fundamental del derecho interno como lo sería una norma constitucional,
puede causar la nulidad de un acto en el derecho internacional (art. 46, Convención de Viena sobre el Derecho de
los Tratados -Adla, XXXII-D, 6412-).
Las provincias podrán celebrar convenios internacionales en tanto no sean incompatibles con la política exterior de
la Nación y no afecten las facultades delegadas al Gobierno Federal o el crédito público de la Nación; con
conocimiento del Congreso Nacional (art. 124, Constitución Nacional). No es fácil establecer si los convenios
internacionales que pueden celebrar las provincias son tratados internacionales regidos por el derecho
internacional, pues las provincias argentinas no son sujetos del derecho internacional. No son estrictamente
aplicables a tales convenios internacionales las normas de la Constitución Nacional sobre la formación de los
tratados internacionales, siquiera por analogía. Habrá que aguardar el desarrollo de la práctica en esta materia.
El Gobierno Federal interviene en las provincias incluso para repeler las invasiones exteriores (art. 6°,
Constitución Nacional).
Las provincias, como la Nación, garantizan a los habitantes el derecho de entrar, permanecer, transitar y salir del
territorio argentino. En rigor, el gobierno federal interviene en el territorio de las provincias para garantizar los
derechos humanos reconocidos en la Constitución y los tratados internacionales, pues integran la forma
republicana de gobierno (art. 6º, Constitución Nacional). El art. 20 de la Constitución establece los principios
generales del derecho de extranjería, entre los que se mantiene el fomento de la inmigración europea (art. 25,
Constitución Nacional).
Es obligación del Gobierno Federal afianzar sus relaciones de paz y comercio con las potencias extranjeras por
medio de tratados que estén en conformidad con los principios de derecho público establecidos en esta
Constitución (art. 27).
Ahora bien, todas las relaciones internacionales públicas o privadas deben ser regidas por el derecho más
razonablemente conexo a ellas sin que puedan ser alteradas por sus leyes reglamentarias (art. 28, Constitución
Nacional). Este principio general de conexión razonable tiene tanto raíz constitucional como fundamento en el
derecho internacional. Así, debe haber conexión razonable tanto para asumir jurisdicción a fin de regular o decidir
acerca de esas relaciones internacionales, como para determinar el derecho aplicable a ellas, y para reconocer o
ejecutar sentencias extranjeras pronunciadas por jueces con contacto suficientemente próximo con el caso. Sobre
este fundamento debe sustentarse la reforma de las normas de derecho internacional privado argentino que habrá
de tomar en cuenta los tratados universales más recientes negociados en la Conferencia de La Haya de Derecho
Internacional Privado.
Puede entenderse por derecho eclesiástico la parte del derecho estatal que regula las relaciones del ordenamiento
estatal con las iglesias y los fenómenos religiosos en general. La Iglesia Católica tiene un ordenamiento interno
propio que es el derecho canónico. Es universal en su ámbito personal y material. El derecho canónico también
contiene cánones que regulan la relación del derecho canónico y los derechos estatales en algunas materias. Puede
contemplarse las relaciones entre el derecho de un Estado, por ejemplo, el Estado argentino con el derecho de la
Iglesia Católica.
Cabe advertir ante todo, que el Acuerdo entre la Santa Sede y la República Argentina tiene jerarquía superior a las
leyes, según la reforma constitucional de 1994 (art. 75 inc. 22, Constitución Nacional) por consiguiente, jerarquía
superior al Código Civil, con las múltiples implicancias que esto tiene.
El artículo I del Acuerdo contiene una norma de referencia al derecho canónico como sistema jurídico de la Iglesia
en las materias propias de su jurisdicción. De modo que las partes de aquel tratado internacional han convenido el
reconocimiento y la garantía "del libre y pleno ejercicio de su poder espiritual y público ejercicio de su culto, así
como de su jurisdicción en el ámbito de su competencia, para la realización de sus fines específicos".
Tanto está reconocida la jurisdicción interna de la Iglesia y su eficacia en el ordenamiento argentino cuanto la
jurisdicción internacional con eficacia en el territorio argentino. También habrán de reconocerse los actos obrados
en el ejercicio de su jurisdicción reconocidos en otros ordenamientos jurídicos. Las cuestiones de competencia de
la Iglesia se regirán por su derecho. No por el derecho argentino. Es difícil prever cuáles podrían ser los actos
regidos por el derecho canónico que susciten cuestión de orden público nacional consagrados por la Constitución
Nacional (voto de la mayoría de la Corte en la causa Rybar, Antonio c. García, Rómulo y/o Obispado de Mar del
Plata del 16 de junio de 1992 Fallos: 315:1294-DJ, 1993-1-874-).
Del art. 14 inc. 1° del Cód. Civil se desprende que el derecho de la Iglesia no es considerado simplemente como
derecho extranjero desde el punto de vista del orden público argentino.
Ahora bien, el artículo I del Acuerdo supera a mi juicio enteramente la doctrina de la jurisprudencia sentada en el
caso Correa por la Corte el 29 de julio de 1893 (Fallos: 53:207).
La Corte, por mayoría, consideró en el caso Correa que es insostenible que la Iglesia Católica constituya un poder
político en nuestra organización, con potestad de declarar leyes de carácter civil como son las que estatuyen el
"régimen del matrimonio" (consid. 1° y 2°). La Corte se creyó en la necesidad de decir que la Iglesia no tiene
jurisdicción legislativa en la Argentina.
El artículo I del Acuerdo garantiza a la Iglesia el reconocimiento de su jurisdicción que no produce ni podría
producir una invasión de jurisdicción en la esfera de competencia del Estado argentino.
La gran diferencia después del Acuerdo es que existe una relación de referencia o remisión al derecho canónico de
la Iglesia establecida por un tratado internacional y un reconocimiento de su actividad jurisdiccional. Esta es una
relación particular que coloca al Acuerdo por sobre las leyes argentinas, lo cual no significa que todas las normas
del derecho canónico, como derecho referido, tengan jerarquía superior a las leyes argentinas (art. 75 inc. 22,
Constitución Nacional).
En el caso Rybar el actor adujo que el celibato viola el orden público del derecho argentino. La mayoría de la Corte
juzgó que no corresponde la intervención o tutela por parte del Poder Judicial si no aparece lesionado el orden
público. En rigor este modo de ver las relaciones entre ambos ordenamientos es contradictoria, porque para ver si
el celibato lesiona el orden público, en realidad la Corte ejerció el control jurisdiccional, implícitamente la mayoría
y explícitamente la minoría.
Fue especialmente en el caso Lastra v. Obispado de Venado Tuerto donde la Corte estableció la tesis de la
referencia al ordenamiento canónico. Y consideró el artículo I del Acuerdo como la norma de referencia. Esta
norma, que reenvía al derecho canónico, permite el reconocimiento de las personas, actos o bienes del derecho
canónico salvo el orden público o la invasión de la jurisdicción argentina.
La estructura de la norma de referencia contiene una reserva de orden público que puede funcionar contra ciertas
normas del derecho canónico. Así vgr. el art. 230 del Cód. Civil contiene un principio del orden público que niega
la indisolubilidad del matrimonio canónico (ver nuestra disidencia en el caso Sisto del 5 de febrero de 1998, Fallos:
321:92).
Las relaciones personales con las instituciones propias del derecho canónico han de ser calificadas, caracterizadas
y regidas por las normas atinentes a los vínculos sagrados y no puede desconocerse esa calificación canónica para
subsumirlas en las relaciones laborales del derecho estatal argentino (véase el precedente de ED, 127-306).
Algún eminente tratadista parece calificar "los bienes de la Iglesia afectados al culto con bienes privados de la
misma pero sujetos al régimen diferencial propio de todo bien o cosa afectada a la prestación de un servicio
público"; (Marienhoff, "Tratado de Derecho Administrativo", t. V, ed. 2ª p. 87). También sostiene que "el culto
católico, atendido por la Iglesia, desde el punto de vista jurídico implica la prestación de un servicio público" (p.
87, nota 84, con cita de Bielsa y de un fallo de la Corte, de Fallos: 7:329 en el que se trataba de una ejecución de
sentencia por cobro de pesos sobre "las habitaciones adheridas al templo destinado al servicio público como
oficinas del curato (!)" p. 329 fallo 13 julio 1869).
Parece del todo inapropiado calificar el culto católico como servicio público. Basta advertir que todos los actos de
culto se rigen por el derecho de la Iglesia y jamás podría el Estado interferir en ellos bajo la exorbitante noción del
servicio público. A menos que se piense en el concepto de un servicio público canónico que, si existiese, sería
ajeno al derecho estatal y, por ende, administrativo.
En cuanto a las calificaciones, cabe tener presente que las distinciones de bienes eclesiásticos, sagrados y demás
bienes de la Iglesia sólo pueden desprenderse del derecho canónico, que rige en todos sus aspectos esos bienes,
incluso el régimen de la nulidad de los actos jurídicos relativos a ellos.
Por lo demás, según la doctrina del fallo de la Corte en la causa Lastra el vínculo que relaciona a los fieles católicos
con la Iglesia se rige exclusivamente por el ordenamiento canónico y, eventualmente, por el derecho particular de
las instituciones a las que pertenezcan.
Según el ordenamiento canónico, cabe a su vez distinguir el ámbito de aplicación espacial y temporal de sus
normas. No siempre rige el principio territorial en aquel ordenamiento. Cabe pues la referencia más plena al todo
sistemático del derecho canónico tal como lo aplicarán probablemente sus autoridades y jueces competentes. No se
aplicará como lo entiendan las autoridades del Estado sino las de la Iglesia, especialmente la Comisión de
Interpretación.
Lo propio ocurre con las decisiones de las Conferencias Episcopales, los Ordinariatos militares, las Prelaturas
personales. Todas las normas emanadas de estas fuentes se derivan de las normas canónicas que les atribuyen
competencia.
Las normas de derecho administrativo de un ordenamiento interno que regulan casos trans son normas de derecho
interno. Por ejemplo, las normas internas sobre pasaportes, entre muchas otras. En cambio, puede haber normas de
derecho internacional de índole administrativa. Por ejemplo, un tratado sobre sanidad, o un tratado de cooperación
administrativa internacional, por ejemplo, el Convenio de la INTERPOL.
Existen normas estatales sobre casos fiscales trans y existen tratados internacionales sobre doble imposición.
Puede también haber normas estatales sobre doble imposición.
Existen normas de derecho estatal interno sobre extradición, por ejemplo, y tratados internacionales sobre
extradición o sobre delitos de derecho internacional. Existen normas de derecho interno sobre casos de derecho
privado y normas de derecho internacional sobre esos casos. Aquí seguimos el nombre de derecho internacional
privado para tratar ambas fuentes. Hay tratados internacionales que unifican normas de jurisdicción internacional,
normas de conflicto, normas materiales, normas de policía, de cooperación judicial internacional, de
reconocimiento y ejecución de sentencias extranjeras en materias civiles y comerciales. Cabe destacar la labor de
la Conferencia de La Haya de Derecho Internacional de índole universal y las Conferencias Especializadas
InterAmericanas de Derecho Internacional Privado realizadas en el ámbito de la Organización de Estados
Americanos.
También existen tratados internacionales que unifican normas materiales de derecho privado, por ejemplo la
Convención de Viena sobre los contratos de compraventa internacional de mercaderías de 1980 y las convenciones
que se originan en el Instituto Internacional para la Unificación del Derecho Privado, UNIDROIT y la Comisión de
las Naciones Unidas para el dercho mercantil internacional, CNUDMI.
III. Derecho de las relaciones entre los ordenamientos jurídicos
Existen normas de derecho internacionales sobre estas relaciones; por ejemplo, las causas de nulidad de los
tratados por violación de normas de derecho interno (Convención de Viena sobre el Derecho de los Tratados, art.
46).
Existen normas constitucionales de derecho estatal sobre las relaciones entre ordenamientos especialmente con el
derecho internacional.
Es dable esclarecer algunos criterios y principios generales del derecho de las relaciones entre los ordenamientos
jurídicos que pueden inferirse de los derechos internos y del derecho internacional (1).
IV. Hacia el nuevo milenio.
Esta obra contiene los fallos que van del caso Dotti (321:1226 -La Ley, 1999-A, 199-) hasta el caso Manauta
(2/12/1999). Los índices de nuestro Derecho Internacional Público y Privado y Derecho del Mercosur en la
Jurisprudencia de la Corte Suprema de Justicia de la Nación Argentina, La Ley, 1998-1999 se han incorporado
también en esta obra para facilitar el uso de aquellos tres volúmenes.
Hemos asignado un lugar importante a la sentencia de la House of Lords en el caso Pinochet , con un enfoque
doctrinal nuestro del asunto de carácter muy provisional. Está cambiando la faz del derecho internacional merced a
fuertes rasgo, trazados por tribunales nacionales. La enorme contribución de esta sentencia al derecho
internacional hace que se la estudie y discuta en la Universidad, los medios de comunicación, los círculos políticos,
diplomáticos, judiciales. Se ha convertido en asunto del hombre de la calle. Todo el mundo habla del caso
Pinochet. Y por supuesto de casos presumiblemente análogos. Parece que el caso Pinochet y el caso Kosovo serán
hitos del derecho internacional. La tensión entre el derecho, digamos, clásico y el que parece gestarse se advierte
con la intervención de Rusia en Chechenia apoyada recientemente por China y censurada por Estados Unidos. Si el
asunto checheno es un caso de jurisdicción interna o la trasciende, deja ver el movimiento de transformación y los
factores que lo impulsan o frenan. No es posible distinguir claramente el derecho que es del que debe ser y
probablemente pronto será o está siendo.
Otro hito fundamental del año 2000 será la futura Convención sobre Jurisdicción y Reconocimiento de Sentencias
Extranjeras que se ha proyectado en el seno de la Conferencia de La Haya de Derecho Internacional Privado por
una comisión que trabajó desde 1992 a 1999, en la que se establecerán criterios universales de jurisdicción
racionales y de jurisdicción prohibidas en materia civil y comercial (ver ps. ss.).
Según me parece, los grandes desarrollos del derecho internacional se producirán por un estrechamiento inusitado
de las relaciones entre los ordenamientos jurídicos incluso el ordenamiento internacional.
(*) Corresponde a la presentación del libro del Autor editado por La Ley: "Derecho Internacional A. D 2.000".
Especial para La Ley. Derechos reservados (ley 11.723).
(1) Ver nuestros estudios antes citados en la p. 1.
Podría compararse el estudio del derecho de las relaciones entre los ordenamientos jurídicos con las nuevas
ciencias de la mente (ver por ejemplo, "From Braims to consciousness? Essays on the New Sciences of the Mind",
Ed. por Steven Rose, Penguin Books, 1999). El número de neuronas que componen el cerebro humano es del orden
de los 100 billones. Las neuronas tienen un cuerpo (soma) y diversas fibras. El cuerpo con algunas fibras
constituyen el área de recepción de señales de llegada, y otras fibras, axones, se extienden lejos del cuerpo de la
neurona y transmiten las señales de salida hacia regiones más o menos distantes del cerebro, cuyo funcionamiento
implica el flujo de informaciones a través de circuitos de redes de neuronas. La información se transfiere entre las
neuronas en especiales puntos de contacto o de conexión: la synapsis. Cada una de las 100 billones de neuronas
puede tener de unos miles a cien mil synapsis a través de las cuales pueden recibir información de cientos o miles
de otras neuronas. El cerebro contiene alrededor de 100 trillones de synapsis que constituyen el complejísimo
sistema de computación con que vivimos. Las informaciones se trasmiten a través de synapsis químicas, en forma
de moléculas llamadas neurotrasmisores. También hay conexiones eléctricas de trasmisores no sólo entre neuronas
sino entre glia, otras células nerviosas, y entre neuronas y glia. Para comprender el rol de los neurotrasmisores
puede verse Trevor Robbins, "The Pharmacology of Thought and Emotion", 1997 en op. cit., p. 33 y sigtes.
Como indicación para futuros estudiosos sugiero pensar comparativamente entre este sistema y el derecho de las
relaciones entre los ordenamientos jurídicos. Podría ser apropiado imaginar los millones de puntos de conexión y
synapsis entre los ordenamientos del mundo jurídico como un vasto sistema de redes de comunicación en el que se
insertan una creciente multitud de relaciones jurídicas trans.
© La Ley S.A.
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