Promover la actividad y actuar en consecuencia

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FORESTAL | editorial | en contexto | silvicultura | industria | economía | logística | ambiente | pasó y pasará |
por Diego Mora, presidente de la SPF
Promover la actividad
y actuar en consecuencia
La crisis en los países del primer mundo continúa sin resolverse,
incluso se podría estar agudizando, las señales son complejas. El
sector forestal vive inserto en esa realidad y acompaña esa
dinámica. Desde 2008 venimos sufriendo como sector. El país está
con mayor volumen de madera disponible pero las relaciones de
precios se han deteriorado e incluso algunos mercados
importantes, como el de los rolos para pulpa en Europa, han
desaparecido.
En nuestro país, la situación económica general es
contraria a la del primer mundo. Hay sectores productivos que vienen en crecimiento y aprovechan una
coyuntura internacional que para ellos es favorable.
Como corolario positivo, el ingreso de los hogares y
el consumo han aumentado, generando buenas y
mayores expectativas, aunque también son acompañadas por un aumento significativo de los costos.
El incremento de los costos directos e indirectos,
con mercados en baja, se vuelve una combinación
difícil de manejar para las empresas forestales. Esta
situación amerita agudizar el ingenio para mejorar la
eficiencia y aumentar la productividad. Es nuestra responsabilidad como sector, pero también tiene que
ser asumida por quienes indirectamente le agregan
ineficiencias a nuestra cadena. En esta revista nos referimos concretamente a los costos logísticos y a la
burocracia regulatoria.
Los dos temas son abordados en esta edición. Sobre los costos logísticos, el mensaje es positivo por la
aprobación y puesta en funcionamiento del bitren. Sobre la burocracia regulatoria, el mensaje es de una gran
preocupación, ya que en lugar de obtener un marco
regulatorio más claro y específico a nivel nacional, ahora, además, le agregamos 19 regulaciones departamentales diferentes.
La Ley de Ordenamiento Territorial de Desarrollo
Sostenible (Ley Nº 18.308) consagra la potestad de
que cada intendencia determine qué se puede hacer o
no en cada departamento. Probablemente los
legisladores no imaginaran el grado de responsabilidad transferido a los gobiernos departamentales, instrumento que bien utilizado podrá
resultar en un beneficio para la sociedad, pero
mal implementado puede dañar estructuras o
sectores productivos.
Coincidimos en la importancia de establecer mecanismos para preservar el ambiente,
mejorar las condiciones laborales y que la actividad forestal le deje a la sociedad un beneficio
en su conjunto. El problema y la preocupación
está en las formas que se buscan para lograrlo.
Parecer excesivo y poco razonable que para
sembrar 100 hectáreas de monte, un productor forestal deba presentar un proyecto de plantación a la Dirección Forestal (MGAP), otro a la
DINAMA para obtener la aprobación ambiental
y ahora también presentar uno adicional –que
dependerá de dónde estemos ubicados– para
obtener el beneplácito de la Intendencia y que
todos ellos nos den la autorización para desarrollar nuestra actividad productiva. Esto supone costos, demoras, ineficiencias de las que
hacemos responsables a quienes las gestionan
y con quienes estamos dispuestos a trabajar,
para buscar mecanismos más ágiles, con reglas de juego claras, que incentiven a seguir
apostando a nuestro país.
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