nuestra cordillera Penibética, continuación al lado acá del Estre

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ESTUDIOS GEOLÓGICOS E N E L R I F ORIENTAL
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nuestra cordillera Penibética, continuación al lado acá del E s t r e cho, de los haces montañosos rífenos. Las condiciones de suelo
y las climatológicas son, p u e s , m u y análogas en la costa n o r t e
de Marruecos y en las zonas litorales meridional y levantina de
nuestra Península. De la misma m a n e r a , las producciones naturales serán m u y parecidas en uno y otro litoral.
El suelo, en efecto, en las porciones bajas del Rif es ardiente,
estepario y de aspecto misérrimo cuando carece de agua, p e r o
donde existe h u m e d a d suficiente es fecundo y susceptible d e
convertirse en un vergel. No a r g u m e n t a m o s de memoria; sabido
es que en las huertas de Nador, d e Segangan, de Barraka y aun
de Frajana, la presencia de algunos pozos ó de un-hilillo de agua
corriente, con un cultivo rudimentario, han originado risueños
oasis en medio de la planicie desolada. Las húmedas llanuras d e
A r k e m a n son de una fecundidad proverbial entre los indígenas y
producen cebada, no sólo para las tribus i n m e d i a t a s , sino para
otras lejanas que vienen á cultivar los terrenos sobrantes. Los
campos profundos y jugosos, apenas o n d u l a d o s , d e Lehdara
y Laahdara serán, seguramente, de una considerable riqueza si
se les pone en racional cultivo.
La naturaleza y profundidad del suelo es la misma en estos
puntos que en el resto de los terrenos incultos q u e los rodean.
La diferencia con los h o y productivos estriba tan sólo en que
carecen del agua que á éstos fecundiza. T o d o el problema del
cultivo en el Rif consiste en suministrar al suelo ese agua q u e necesita y que hay que ir á buscar en el subsuelo, ya que como anteriormente decíamos, es casi segura la existencia de grandes caudales artesianos que p u e d e n suplir en buenas condiciones la carencia de corrientes superficiales. P o r eso llamamos la atención
una y otra vez. sobre la importancia que tiene el artesianismo en
la región que nos ocupa. Con agua y un cultivo inteligente, todos
los productos que hacen ricas á nuestras zonas s u d - o r i e n t a l e s
podrían darse con abundancia y facilidad en las vegas rifeñas.
E n las zonas esteparias que existen, sobre todo hacia Cabo d e
A g u a , h a y una fuente de riqueza sin explotar y susceptible d e
dar grandes rendimientos. Nos referimos al esparto, que crece
a b u n d a n t e p o r todas partes, alcanzando un desarrollo e x t r a o r d i Memoriaa de la Real Sociedad española de Historia natural, tomo VIII, 1911.
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