Las normas formales –es decir la Ley– se refieren a aquellos

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Ética Judicial: De las reglas a las actuaciones
Las normas formales –es decir la Ley– se refieren a aquellos
preceptos dictados por la autoridad competente, mediante los cuales
se manda o prohíbe algo en consonancia con la justicia y para el bien
de los gobernados; por su lado, las normas informales corresponden,
por una parte, a las convenciones que la cultura tiene establecidas
a través de creencias, modelos mentales, significaciones, costumbres
y tradiciones para legitimar los comportamientos que se consideran
socialmente aceptables y repudiar los que no, y por otra parte a los
sistemas de valores y principios éticos que desde el fuero interno individual sirven a cada persona para evaluar las actuaciones propias y las
de los otros acerca de lo que significa vivir bien y habitar bien.
En este orden de ideas, la Ley cumple una función indispensable
en la generación de cambios sociales, al determinar con su fuerza
vinculante y coercitiva cuáles son los comportamientos que la sociedad
espera tengan sus miembros. La Ley define así cuáles son las conductas
que, en el caso del funcionamiento del Estado, los servidores públicos
deben tener, de manera que la norma específica el “deber ser” de sus
comportamientos, al indicarles cuáles conductas están obligadas a tener
y cuáles deben evitar. La norma define, asímismo, el tipo de sanciones
aplicables en los casos en que se violen los mandatos legales sobre el
comportamiento correcto en el desempeño de la función pública.
Reflexiones sobre ética judicial
Frente a cada funcionario, la norma se constituye en una regulación externa o heteroregulación, cuyo cumplimiento se asegura
en parte por la apelación al sentido de responsabilidad ciudadana y
amor patriótico de los servidores públicos, pero principalmente por los
dispositivos coercitivos y punitivos que la misma ley determina.
Cuando las normas jurídicas regulan las conductas de los servidores
públicos, dicha norma debe denominarse “Reglamento” o “Código de
conducta”, por cuanto especifican las reglas de comportamiento que
deben ser observadas en la actividad laboral y fuera de ella. En este
sentido es de vital importancia que las entidades tengan reglamentos
de conducta muy claros y coherentes, como base reguladora de la
cultura organizacional que deseen construir a su interior.
Ahora bien, como todos sabemos, los servidores públicos no
cumplen los reglamentos y las leyes ipso facto, por el solo hecho
de su vinculación laboral al Estado y/o de la promulgación y conocimiento de los mismos. Se requiere una disposición interna de cada
persona, una actitud para cumplir con las normas. La simple observación empírica nos enseña que cuando esta disposición no existe, y
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