Tres finales tres! La donna scimmia

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¡Tres finales tres!
La donna scimmia / La mari de la femme à barbe (Se acabó el negocio,
Marco Ferreri, 1963)
Santiago Aguilar
Rafael Azcona era poeta y aspirante a torero en su Logroño natal. Cuando llegó a
Madrid a principios de la década de los cincuenta dejó los versos y se metió a
humorista. Trabajaba en “La Codorniz”, la escuela del humor. De los artículos pasó a
las novelas y un avispado representante de productos cinematográficos italiano, Marco
Ferreri, decidió que aquellas podían convertirse en películas. Intentaron primero “Los
muertos no se tocan, nene” y terminaron haciendo juntos El pisito (1959) y El cochecito
(1960), dos títulos emblemáticos del esperpento en la España del predesarrollismo.
Cuando los redactores de “Film Ideal” proponen una lectura de El cochecito en clave de
vejez, comparándola con el Umberto D (1952), de Vittorio de Sica, Ferreri responde
tajante parafraseando a Flaubert: “No. Isbert soy yo”. La comunión con Azcona es
absoluta, pero su camino en España se agota. Decide regresar a Italia, donde la industria
del cine ofrece mejores posibilidades. El director se lleva consigo a su compañero de
andanzas: “yo sé que el verá en Italia las cosas que veo yo”. Sus planes inmediatos son
dos coproducciones. La primera debe de rodarse inmediatamente, con Monica Vitti
como protagonista. Se trata de un guión que está escribiendo con Goffredo Parise,
probablemente una primera versión de L’ape regina / Le lit conjugal (1963). En L’ape
regina, subtitulada “Una historia moderna”, confluyen la vena satírica de Ferreri y la
surreal-grotesca de Buñuel. Tanto que Forqué no duda en afirmar que tanto esta cinta
como La grande bouffe / La grande abbuffata (La gran comilona, 1973) son películas
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netamente españolas “porque su estética y su plástica es española, con un estilo
bronco, mesetario, carpetovetónico, que constituye como una versión del mundo
extremeña o vallisoletana”.
Luego Azcona y Ferreri regresan a España para poner en marcha una adaptación de El
castillo en la que llevan trabajando dos años. En el reparto previsto están Charles
Aznavour, Simone Signoret, Peppino De Filippo y Annie Girardot. Pero la película no
se rodará hasta 1971 bajo el título de L’udienza / L’audience (La audiencia, 1971), en
una versión ambientada en el Vaticano y deudora del espíritu pero no de la letra de la
obra de Kafka. Algo que no será exclusivo de esta cinta: el poso es evidente en tantas
cintas de Azcona protagonizadas por personajes obligados a enfrentarse a instituciones
que los apabullan. La admiración del guionista por el escritor checo encuentra su
materialización más inmediata en esa adaptación de “América” que Azcona siempre
aspiró a concretar algún día.
La
idea
común
sigue
desarrollándose con un tono
esta visión al aguafuerte del
mundo,
que
llevan
progresivamente
al
paroxismo, con un juego de
espejos entre deformidades
físicas
y
morales
multiplicado grotescamente que da lugar a La donna scimmia / Le mari de la femme à
barbe (Se acabó el negocio, 1963). Algunos han querido buscar el origen de la película
en un relato del humorista francés Cami en el que se narra la truculenta historia de un
árabe que, devorado por los celos, termina mutilando a su mujer, que finalmente escapa
con el dueño de una barraca
de feria que la exhibe por
los pueblos su cuerpo sin
brazos, piernas, ojos, ni tan
siquiera dientes. Lo cierto
es que hay un modelo
histórico y, por ello, mucho
más
truculento:
la
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mexicana Julia Pastrana, que sufría una enfermedad conocida como hipertricosis. Como
el “científico” de la película, los médicos de la época diagnostican que tal fenómeno
sólo era posible por el cruce contra natura entre un ser humano y un orangután. Julia
viaja a Estados Unidos en 1854 donde la exhiben como la “Mujer Oso”. Abolida la
esclavitud, el empresario Theodore Lent sólo encuentra una solución para hacerse con el
fenómeno… casarse con ella. Comienza así la explotación de Julia en una doble
vertiente: para públicos populares, la exhibición pura y dura en la que la mujer pasa por
un ser agreste y analfabeto; para la buena sociedad, tertulias en su casa, donde brilla con
sus conocimientos de idiomas y su interés por la literatura. El mayor empresario del
circo de su tiempo, P. T. Barnum, asegura que aquello es “demasiado para el circo”.
Seis años después, de gira por Rusia, Julia queda embarazada, pero el parto se complica
y la madre y el hijo –cubierto de pelo, como su madre- fallecen en poco tiempo. Lent
agota los últimos cartuchos y vende entradas para presenciar la agonía de Julia. Luego,
hace embalsamar los cuerpos y los vende a la Universidad de Moscú, pero al enterarse
de que las momias son exhibidas públicamente, reclama los cuerpos y vuelve a poner el
negocio en marcha. En este último tramo, Azcona y Ferreri se atienen a la realidad
histórica casi punto por punto.
La donna scimmia es una de las cintas menos valoradas de la pareja y, sin embargo,
desde el punto de vista de construcción del guión, opinamos que es uno de los trabajos
más precisos de Azcona; de un rigor cartesiano pero, al mismo tiempo, con una
capacidad fascinante para conducirnos de la mano hacia los círculos más profundos del
infierno. Haciendo gala de una economía narrativa magistral, Azcona escaleta la
película en apenas diecisiete escenas. Sólo un par de ellas están compuestas por más de
una secuencia; el resto se reduce a diálogos a dos o tres bandas. La simplicidad aparente
del método deja a la vista un mecanismo de relojería en el que cada nueva elipsis
supone un salto en el vacío
en
la
Antonio
degradación
Focaccia
de
(Ugo
Tognazzi) en su afán por
explotar
(Annie
al
fenómeno
Girardot).
Nada
sobra; acaso la crueldad
innecesaria de la marcha
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nupcial en la que María canta aquello de “blanca y radiante va la novia…” asediada por
la gente. Sin caer nunca en la babosería, María va ganando a nuestros ojos en dignidad
al tiempo que Antonio claudica.
En Italia La donna scimmia se estrenó sin las dos últimas secuencias. El corte de este
tramo final –se quejaba Ferreri- convertía la fábula moral que él y Azcona habían
concebido en un folletón romántico con muerte de la heroína incluida. El productor
italiano pretendía así dar gato por liebre, porque la muerte de María y su bebé podía ser
leída en clave de redención de Antonio. Ya estaban hechos el guionista español y el
director italiano a estos apaños. El cochecito, su última película española, sufrió
también los embates censoriales y sólo llegó a las pantallas después de que rodasen una
escena más en la que don Anselmo (Pepe Isbert) llama arrepentido a su familia para
decirles que la sopa tiene más matarratas que fideos.
La escena del Museo, cuando Antonio va a recuperar los dos cadáveres, es brutal en su
abulia burocrática. Para la última, la exhibición de los fenómenos embalsamados en una
barraca, no hay adjetivos. Desoladora sabe a poco. La aberración ha tocado fondo pero,
como siempre en Azcona, es perfectamente lógica. La lógica de los personajes, no la del
cine. Auténtico hombre de espectáculo, Antonio asume la máxima norteamericana:
“The show must go on”. La historia del cine ofrece curiosas simetrías. En su gira
europea Julia Pastrana imita a Lola Montes. ¿No existen, salvando las distancias,
parecidos razonables entre este final de La donna scimmia y el de la película postrera de
Max Ophuls?
Durante la negociación para
que María haga striptease en
un
club
empresario
l’argent!
parisino
insiste:
L’argent!”.
el
“Ah,
He
aquí el quid, el meollo, el
intríngulis. Al contrario de
lo que afirma el título
español, el negocio no se acaba. Azcona y Ferreri exponen claramente a lo largo del
relato que todas las relaciones son económicas. Antonio pide a María el dinero que
esconde bajo el colchón para poder pagar el árbol donde ella tendrá que hace de mujermona; la urge a realizar su papel porque cuanto antes empiecen, antes recuperará su
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inversión; la supuesta investigación científica –que no busca otra cosa que la
desfloración de un monstruo- se trata en términos de compensación empresarial; cuando
María se marcha quiere recuperar su maleta y su cartilla de ahorros; y cuando Antonio
pretende recuperarla, lleva un donativo a las monjas; el sacristán de la capilla a la que
van a rezar por la salud de su futuro hijo exige un nuevo óbolo.
No fue este corte la única modificación que sufrió la película. Ferreri y Azcona se
vieron obligados a rodar un
final alternativo, que es el
que ofrece, aún hoy, la
versión francesa: Le mari
de la femme à barbe. El
desarrollo es idéntico hasta
la llegada del doctor, que
pretende que María aborte.
Esta
escena
se
ha
suprimido, probablemente por su dureza. Se mantienen la de la visita a la capilla de los
ex votos y la conversación en la terraza con las revistas ilustradas que muestran niños
sanos y lampiños, pero el desarrollo de la secuencia del hospital cambia radicalmente.
El bebé nace sin pelo y María empieza a perderlo a consecuencia del parto. Se siente
como desnuda. Antonio argumenta que rascando bien –“¿con piedra pómez?”- en breve
estará como siempre. Pero no. Tanto en el convento donde viven de caridad como
cuando intenta denunciar al hospital recibe el mismo consejo:
-Trabaje usted.
Antonio se indigna. Lleva treinta años trabajando. Pero cuando un conocido le ofrece
volver al negocio con una familia de enanos no se decide.
-¿Qué saben hacer?
-Nada. Son fenómenos.
Le mari de la femme à
barbe termina en el puerto
de Marsella. Antonio tiene
un
trabajo
estibador
digno
con
el
como
que
mantiene a su mujer y a su
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hijo. De vez en cuando echa una ojeada a la sección de espectáculos del “France Soir”
pero en París ya nadie se acuerda de ellos.
El estreno en España de esta versión edulcorada en fecha tardía -1969, seis años después
de su realización- permitía al crítico del diario “La Vanguardia Española” (7 de mayo de
1970, pág. 49) el comentario condescendiente: “La trama toma, hacia las secuencias
finales, un giro imprevisto, entre divertido y sentimental, que hace desarrugar el
entrecejo a los espectadores a quienes el humor gris no complace del todo. Porque por
fortuna, todo acaba bien, en medio de un sorprendente desenlace de tono muy
humano”.
En la conclusión original la explotación del hombre por el hombre es expuesta en toda
su crudeza. En un proceso paralelo al de Chumy como dibujante, Azcona ha
evolucionado desde un humor que nunca fue de “saloncito rococó” al humorismo
“agresivo” en la línea de Jonathan Swift, al que no en vano señala Breton como
precursor del humour noir entendido al modo surrealista. Al fin y al cabo el relato ¿Se
pueden aprovechar los niños enfermos graves? no deja de ser una variante del panfleto
swiftiano Una modesta proposición para evitar que los hijos de los pobres de Irlanda
sean una molesta carga para sus padres y para su país, y hacerlos útiles al público.
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Ficha técnico-artística:
La donna scimmia / Le mari de la femme à barbe (Se acabó el negocio, 1963)
Producción: Champion (IT) / Les Films Marceau-Cocinor (FR)
Director: Marco Ferreri.
Guión: Rafael Azcona y Marco Ferreri.
Fotografía: Aldo Tonti. Música: Teo Usuelli. Montaje: Mario Serandrei. Diseño de
Producción: Mario Garbuglia.
Intérpretes: Ugo Tognazzi (Antonio Focaccia), Annie Girardot (María), Achille
Majeroni (Majoroni), Filippo Pompa Marcelli (Bruno), Ermelinda De Felice (la
hermana Furgonicino), Antonio Altovoti (Antonio), Elvira Paolini, Eva Belami, Ugo
Rossi.
Ediciones en DVD:
Italia: Cecchi Gori Home Video | DVD 9 | 1,85:1 | 16/9 | Idioma: Italiano (original) 2.0 |
Subtítulos: italiano para sordos | Blanco y negro | 92 min. | Extras: Fichas, filmografías
y fotos.
Francia: LJC Editions | DVD 5 | 1,85:1 | 4/3 | Idioma: Francés (doblaje) 2.0 | Sin
subtítulos | Blanco y negro | 89 min. | Extras: Fichas, filmografías y fotos.
Bibliografía:
Esteve Riambau (coord.): Antes del Apocalipsis: El cine de Marco Ferreri. Madrid,
Cátedra / Mostra de Cinema del Mediterrani, 1990.
Jan Bondeson: A Cabinet of Medical Curiosities. New York, Cornell University Press,
1997
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