“La negociación no fue un fracaso”: Alto Comisionado de Paz
Camilo Gómez fue alto comisionado de Paz durante los últimos tres años
del gobierno de Andrés Pastrana. Hasta que se rompió el proceso de paz,
en febrero de 2002, Gómez viajó al Caguán y al sur de Bolívar casi todas
las semanas para hablar con las Farc y el ELN, respectivamente. Sin
duda Gómez fue uno de los grandes protagonistas de este gobierno.
SEMANA lo entrevistó para conocer en detalle el balance que hace de
estos dos procesos de paz que, aunque fallidos, dejan importantes
lecciones.
SEMANA: ¿Cuál es su balance del proceso de paz?
Camilo Gómez: La paz está hoy en un punto muy diferente al que
estaba hace cuatro años. El nuevo gobierno tiene un camino recorrido y
la sociedad colombiana tenía que pasar por unas etapas para llegar a la
paz. La paz no llega de un día para otro y tres años de proceso no es un
tiempo muy largo si se compara con las negociaciones de otros países.
SEMANA: ¿Cuáles diría usted que son los tres principales avances que se
dieron durante este gobierno en ese campo?
C.G.: Al comienzo era impensable que la comunidad internacional
participara. Al final estaban sentados en la mesa como facilitadores. Las
Farc no veían posible un cese del fuego sino hasta que se negociara el 80
por ciento de la agenda, al final se dio en este campo un avance sin
igual.
El tercer avance fueron los acuerdos. Con el Acuerdo de San Francisco
las Farc se dieron cuenta de que tenían que negociar sin estar en medio
de la confrontación.
Por último, se dio una madurez en la conciencia del país. Hace cuatro
años nadie tenía conciencia de la dimensión del problema, hoy una gran
cantidad de colombianos son conscientes de la necesidad de la paz.
SEMANA: A juzgar por las encuestas parecen más conscientes de la
urgencia de una salida militar que de una negociación política para llegar
a la paz.
C.G.: No es eso lo que decía la encuesta de opinión que presentó Fescol
en una conferencia reciente en Estados Unidos, en la que el 60 por ciento
de la gente creía que la solución debía ser negociada.
Más que una encuesta era un opinómetro, que no es tan confiable como,
por decir algo, la elección de Uribe Vélez y su propuesta de mano dura.
Es evidente que se presentó un cansancio en la opinión pública. Se
confundió la causa de lo que sucedió en el conflicto con el proceso. El
proceso era la fórmula para que cesaran el secuestro y los ataques a la
población civil pero la política fallida de las Farc llevó a que la opinión le
achacara la violencia al proceso.
SEMANA: Teniendo en cuenta estos avances, ¿no fue un error terminar
el proceso?
C.G.: La decisión del Presidente fue acorde con el momento y las
circunstancias. Fueron las acciones de las Farc las que nos llevaron a eso.
Pero yo sigo y seguiré pensando que la negociación era la salida. Estoy
convencido de que la opción militar sola no es viable. Pero
desafortunadamente las últimas acciones de las Farc nos llevaron a esa
decisión.
SEMANA: ¿Por qué precisamente rompieron con el secuestro del senador
Gechem y no, por ejemplo, con el asesinato de Consuelo Araújo o
cualquiera de las otras graves infracciones al DIH cometidas antes por las
Farc? ¿Qué cambió?
C.G.: No fue sólo ese acto, fue una sucesión de hechos de la misma
guerrilla lo que condujo al rompimiento. Después del acuerdo de enero,
que buscaba disminuir la intensidad del conflicto, se dedicaron a volar
torres, puentes. Era un desafío. No fue sólo el secuestro del doctor
Gechem en el avión, era el abuso en la zona de distensión, el asesinato
de Consuelo. Era imposible pensar que en las Farc estaba ganando la
línea que quería la paz.
SEMANA: Esa es la responsabilidad que le atañe a las Farc. ¿Cree usted
que el gobierno se equivocó en el diseño del proceso? ¿Que usted, por
ejemplo, terminó actuando más como mediador entre la guerrilla y los
militares que como negociador?
C.G.: Nunca hice el papel de mediador. Por el contrario, si algo hice fue
negociar y ser firme en defender la democracia y los principios de la
Constitución. No estaba allá para ser el vendedor de la guerrilla ante
nadie. Una de las paradojas de este trabajo es que yo llegaba al Caguán
y los guerrilleros me decían que yo era el representante de los
militaristas, del Establecimiento, de los enemigos de la paz. Y aquí me
criticaban por ser componedor y por vender la idea de que la guerrilla era
buena. Pero mi posición siempre fue la de representar a los colombianos.
Desde el punto de vista del diseño, no hay manuales para negociar con
guerrillas como las colombianas. Hay fallas pero se logró mucho.
SEMANA: ¿Qué cambiaría si pudiera devolver estos tres años y arrancar
de nuevo?
C.G.: Las circunstancias de la intensidad del conflicto complicaron las
discusiones en la mesa. El día a día del conflicto no debería afectar tanto
el proceso.
SEMANA: ¿Sería entonces mejor negociar afuera?
C.G.: Comparado con el proceso del ELN, la presión era mucho menor
porque la negociación era afuera.
SEMANA: ¿Quizás un mediador hubiera ayudado?
C.G.: Cada instrumento de negociación tiene su momento. En el
momento en que negociamos no era necesario un mediador. Este se
requiere cuando las partes no pueden hablar entre sí y este no era el
caso nuestro. No me refiero en todo caso a la propuesta del Presidente
electo. Sólo digo que nosotros no requeríamos un mediador porque
teníamos conversaciones directas.
SEMANA: Sin embargo la mesa parecía tener una incapacidad real para
producir acuerdos. El acuerdo de Los Notables o la liberación de los
soldados y policías, que fueron los dos logros más grandes del proceso,
no se alcanzaron en la mesa de negociación.
C.G.: Eso no es verdad. Desde julio de 2000 la mesa propuso un cese del
fuego y de hostilidades. La mesa discutió todo el Acuerdo de los Pozos, la
participación de la comunidad internacional, los acuerdos metodológicos,
se discutieron problemas importantes del proceso. La mesa sí operó.
El acuerdo para liberar a los soldados no era de la mesa y no se quiso
discutir allí precisamente para no entorpecer su trabajo. En una
negociación se dan conversaciones de distintos niveles pero la mesa sí
discutió temas de la agenda como el del empleo.
Al principio en la mesa estaban representados los partidos, la Iglesia, los
gremios. Luego, cuando avanzó el proceso, se vio que se requería una
mayor presencia de técnicos del Estado y por eso se cambió el equipo
negociador.
SEMANA: ¿No cree que el presidente Pastrana sobredimensionó la
confianza que había entre él y ‘Marulanda’ y que quizá hizo falta una
estrategia de mayor alcance?
C.G.: No, el proceso siempre tuvo una estrategia clara. La quiero resumir
porque la paz no estaba sólo en la negociación en el Caguán. La
estrategia de paz integral estaba basada en cinco puntos. El primero era
la inversión social, basada en el desarrollo del Plan Colombia como el
plan de inversión social más ambicioso que ha habido.
Segundo, la lucha contra el narcotráfico, que sin duda es el mayor
generador de violencia en Colombia. Para eso logramos toda la parte de
lucha contra el narcotráfico del Plan Colombia, todo lo que se hizo
internacionalmente para que se aceptara el principio de la
corresponsabilidad en la lucha contra el problema de las drogas y todo lo
que se intensificó en el tema de la lucha contra los cultivos ilícitos,
industriales y no industriales.
Tercero, la paz pasaba también por el tema internacional. Nadie en
Colombia puede dudar que la diplomacia para la paz no haya sido un
acierto importante del gobierno.
Cuarto, uno de los puntos más importantes que iba de la mano con el
proceso de paz ha sido el fortalecimiento de las Fuerzas Militares. Esto no
es una contradicción. Si uno quiere un Estado fuerte quiere que el
monopolio de las armas regrese a sus Fuerzas Militares. Para ello tienen
que estar más capacitadas y mucho más fuertes, como en efecto lo
logramos.
Y, por último, estaba la negociación, que era uno de los cinco puntos de
la estrategia de paz. Y que ese sí no dependía solamente de nosotros,
dependía también de la guerrilla y la guerrilla le falló al país.
Creo que de los cinco puntos de la estrategia cuatro se cumplieron muy
bien y hoy nadie puede dudar que el Plan Colombia y la inversión social,
la lucha contra el narcotráfico, la diplomacia por la paz y el
fortalecimiento de las Fuerzas Militares son un éxito. Y en la parte de la
negociación también hubo cosas importantes, como ya lo he mencionado.
No fue un fracaso la negociación. Sentamos a los dos grupos guerrilleros
durante tres años a una mesa. Ese solo hecho ya es muy significativo.
SEMANA: Algunos críticos anotan que a las Farc igual les convenía
sentarse a la mesa a hablar, como una estrategia para ganar tiempo y
fortalecerse militarmente. Tres años después la guerrilla tiene más
combatientes, más dinero y una capacidad de intimidación bastante
grande. Entonces es posible que el solo hecho de sentarlos sólo los
beneficie a ellos.
C.G.: La visión simplista de analistas que desde los clubes de Bogotá
analizan el proceso de paz indicaría que si no se firmó la paz el fracaso
del proceso fue todo. Pero es bastante equivocado ser así de superficial
en los análisis. Las páginas del libro de la paz que se escribieron sin duda
muestran que el país avanzó en esa materia. No se alcanzó la paz pero
eso no significa que lo que se haya hecho haya sido perdido. Por el
contrario, creo que lo que se logró es y va a ser para el país de gran
importancia hacia el futuro. El nuevo presidente recibe muchas mejores
condiciones para avanzar en la paz, ojalá lo logre además. De corazón,
creo que todos los colombianos lo queremos.
SEMANA: ¿Y qué opina de que la guerrilla se haya fortalecido
militarmente con la zona de distensión, como dicen los militares?
C.G.: La guerrilla hoy está derrotada políticamente, está derrotada
internacionalmente, e incluso militarmente hoy nuestra situación es
totalmente distinta a la de hace cuatro años. Sería un poco tonto pensar
que si no hubiera habido proceso de paz la guerrilla no hubiese crecido.
La guerrilla ha venido creciendo desde que nació. Cuando nacen las Farc
eran 30 hombres y sin proceso de paz crecieron. Después del proceso
Betancur no hubo proceso con las Farc y crecieron muchísimo más que
ahora.
Durante estos tres años del proceso de paz las Farc sufrieron las más
grandes derrotas. Internacionalmente, políticamente, militarmente. Es
que acordémonos que cuando empezó el proceso veníamos de las más
grandes derrotas militares que nos había propinado la guerrilla:
Patascoy, El Billar, las Delicias, etc. Nunca se ha vuelto a ver eso porque
hoy tenemos unas Fuerzas Militares mucho más preparadas y porque
parte de la estrategia de paz significaba eso.
Vuelvo y repito: el proceso no es el causante de la violencia, el proceso
era una fórmula para acabar la violencia, y se equivocan los analistas
cuando le achacan la responsabilidad al proceso por la violencia actual.
SEMANA: Usted destaca como otro logro del proceso la participación de
la comunidad internacional. Pero algunas personas consideran que con el
fracaso de la intervención de James Lemoyne al final del proceso la ONU
se quemó.
C.G.: Yo no creo eso. Creo que la participación internacional tuvo distintas
instancias, útiles todas. Tanto con las Farc como con el ELN se
conformaron grupos de países amigos y facilitadores. No era solamente
Naciones Unidas, eran varios Estados participando. En el caso de las Farc
cerca de 30 y 10 en el caso del ELN.
Naciones Unidas actuó dentro de un marco determinado para este caso,
no era ni cumplía funciones de mediación, cumplía funciones de
facilitación, y el hecho de que en un punto específico del proceso eso no
hubiera tenido un desarrollo adicional no significa que se haya quemado
esa instancia. Naciones Unidas cumplió un papel importante en la labor
que estaba desarrollando. Uno no puede pretender que cumpla una labor
para la cual no fue pensada en el proceso. Naciones Unidas cumplía la
labor de facilitación y esa labor la cumplió.
En el futuro, en Colombia, no creo que haya un solo proceso de paz sin la
participación de la comunidad internacional, bien sea a través
directamente de los Estados o bien sea a través de Naciones Unidas.
SEMANA: Respecto a lo que dice que el proceso no dependía solamente
de la mesa de negociación o del gobierno, en retrospectiva ¿cómo analiza
el papel que desempeñaron la sociedad civil y las ONG en el proceso?
C.G.: Hubo una participación más amplia de lo que se cree. Cerca de
38.000 personas fueron al Caguán a las audiencias. Nadie me puede
decir que esos 38.000 colombianos eran todos llevados por la guerrilla,
eso sería un poco fantasioso pensarlo. Las ONG participaron, tanto con
las Farc como con el ELN. Los sindicatos participaron. Los gremios
estuvieron sentados en la mesa desde el primer momento. La Iglesia
participó.
Yo no me aparto, sin embargo, de que en la sociedad colombiana hace
falta un mayor consenso sobre cuál es la paz que queremos. Creo que
una de las lecciones hacia el futuro es que la sociedad debe encontrar un
mayor consenso, si se puede llamar así, sobre qué tipo de paz se quiere
y qué está dispuesta la sociedad a aportar en esa materia. Ahí hay
todavía contradicciones en eso.
SEMANA: ¿Y no cree que en ese campo le faltó liderazgo al gobierno
para lograr una negociación con el Establecimiento sobre cuál era la
oferta que se le podía hacer a la guerrilla?
C.G.: No, el gobierno estuvo siempre abierto y siempre oyendo a muchos
sectores. Tal vez no se hacía mucha publicidad de eso pero no sólo el
Comisionado, sino el Presidente directamente, oían constantemente en el
tema de la paz a todos los sectores con los que estaba.
El tema de la paz ha sido, y creo que seguirá siendo, el tema por fortuna
en Colombia durante mucho tiempo. Lo que creo es que no es un
problema de liderazgo del gobierno.
Había un problema de conciencia sobre el problema que teníamos y creo
que en eso el proceso ayudó mucho. Había un desconocimiento sobre a
qué tipo de guerrilla nos enfrentábamos en la negociación. El proceso
mostró qué guerrilla teníamos. El proceso le puso a los colombianos de
frente, de manera abierta por los mismos medios del Estado, el proceso y
la guerrilla que tenemos. Eso creo que generó un cambio importante en
la concepción general de la paz en Colombia y de esa participación a
futuro que debe tener la sociedad.
La indiferencia, sobre todo en muchas de las etapas del proceso y frente
a algunos fenómenos como el secuestro, es un enemigo muy grande en
los avances que uno pueda tener.
SEMANA: ¿En qué caso en particular siente que si la sociedad hubiera
actuado de otra forma se hubiera logrado algo más rápido?
C.G.: Le doy un ejemplo positivo. Cuando desarrollamos el acuerdo para
la liberación de los soldados y los policías todo el Estado se metió en él,
los distintos poderes y diferentes sectores de la sociedad, y se logró, y
fue un hecho positivo. En otros aspectos lamentablemente no se logró
eso. Uno oía voces encontradas que hacían que las cosas fueran un poco
más complejas. Uno debe ver ese asunto desde el otro lado, desde el
punto de vista de la guerrilla. La guerrilla se sentaba y veía a una
sociedad con contradicciones, y la sociedad muchas veces cayó en las
contradicciones que ellos mismos buscaban que tuvieran. Para nadie es
desconocido que ese tipo de izquierda, el marxismo leninismo, ha usado
lo que ellos llaman “ahondar las contradicciones de la burguesía”. Es una
metodología que les encanta usar y aquí la sociedad caía en ese juego
con mucha frecuencia. Hablaba ‘Marulanda’ y se formaba una tormenta,
aún se forma a veces, y seguimos cayendo en el juego de las Farc. Creo
que ahí falta unidad para no caer en los juegos de la guerrilla.
SEMANA: Es interesante lo que dice sobre cómo el país desconocía quién
era la guerrilla. ¿Qué se aprendió sobre ella?
C.G.: Yo creo que aprendimos muchas cosas, no sólo los colombianos sino
el mundo entero. Primero, que las Farc no son el Robin Hood que muchos
pensaban; segundo, que si uno va a ver los planteamientos concretos de
las Farc tampoco los encuentra tan fácilmente; tercero, que ahí hay un
problema de pronto más grande de lo que pensábamos en cuanto a que
la solución militar es compleja o es prácticamente imposible y que
naturalmente la negociación política con la guerrilla es también compleja
y no es de un día para otro.
Ahí uno se enfrenta a un enemigo muy complicado, que es el tiempo de
la democracia y el tiempo de los totalitarismos. Nosotros, por fortuna,
tenemos los límites de tiempo que la democracia impone. Ellos, en su
totalitarismo, no están limitados a ningún tiempo y eso dificulta muchas
veces la negociación. Pero con los medios del Estado y con los medios de
comunicación, que tuvieron la más amplia libertad de prensa, el país vio
en vivo y en directo a esa guerrilla, la palpó y fue a la zona de distensión
y le dijo lo que quiso. Eso le deja enseñanzas a los colombianos.
SEMANA: ¿Frente a el ELN tiene una percepción diferente?
C.G.: Frente al ELN se hicieron de pronto en ocasiones más esfuerzos que
con las Farc y logramos avances importantes. Lamentablemente siempre
en el último momento el ELN se echaba para atrás. Ojalá el nuevo
gobierno avance rápido con el ELN ya tiene un enorme camino recorrido.
El ELN no se había sentado nunca a la mesa y se sentó con este
gobierno, y discutió y avanzó.. Creo que el ELN también tiene dudas
sobre cómo avanzar o hacia dónde avanzar y ojalá tomen la decisión de
hacerlo para que el Presidente electo pueda lograr avances importantes
con ellos. Como lo dije, tiene un camino recorrido que ojalá lo aproveche.
SEMANA: En la opinión pública quedaron muchas dudas sobre qué fue lo
que pasó con ese proceso. La gente tenía la percepción que iba andando
y que el ELN tenía la voluntad de llegar a un acuerdo.
C.G.: El ELN siempre se ha encargado de generar unas expectativas muy
grandes frente a la opinión pública, pero en la negociación no tomaron
las decisiones de fondo. Por ejemplo, no quisieron avanzar más en el
tema del cese de fuego y hostilidades porque llegaron a puntos
imposibles de aceptar, como el tema de la ubicación, el tema de la
financiación, del sostenimiento de la guerrilla; y finalmente, cuando
logramos redactar un acuerdo, hecho por el vocero que nos habían dicho
que tenía plenas facultades, los demás miembros del comando central
que estaban en Colombia lo desautorizaron. El proceso, entre otras
cosas, no se rompió, se suspendió, dejando abierta la puerta para que el
presidente Uribe lo retome si lo quiere, y como colombiano espero de
corazón que lo pueda hacer.
SEMANA: Mirado en retrospectiva, ¿cree que la zona de distensión fue
un error?
C.G.: La zona de distensión por sí sola no era un error. El error fue el
abuso de las Farc en la zona de distensión. Pero la zona de distensión
también permitió que fuéramos muchos los que asistimos al Caguán;
permitió que la guerrilla entrara en contacto con los medios, con la
sociedad, con la comunidad internacional; que entrara en contacto con
las poblaciones en una forma distinta a como lo había hecho siempre
porque lo hacía públicamente; permitió que la guerrilla conociera la vida
urbana; permitió que allí tuviéramos unas discusiones amplias sobre
todos los temas. El instrumento no es el error, el error fue el abuso que
cometieron las Farc.
SEMANA: Quizás el error fue no haber establecido los controles desde un
principio en forma estricta como lo hicieron después.
C.G.: Desde el primer momento había parámetros de control a la zona y
el problema, vuelvo y lo repito, más que de sólo reglamentaciones era de
voluntad de las Farc de no abusar de la zona.
SEMANA: Pero esos controles estaban sólo en el papel porque cuando
realmente se pusieron en la práctica ellos decidieron romper, ¿no?
C.G.: Pues tan había controles que, por ejemplo, cuando ingresaron los
irlandeses, se capturaron a la salida. Controles siempre los hubo.
SEMANA: ¿Entonces por qué duraron tres meses discutiendo lo de los
controles si existían desde el principio?
C.G.: Eso fue una disculpa que sacaron las Farc después del Acuerdo de
San Francisco. Yo no creo que ese fuera el problema de fondo. El
problema de fondo estaba en que con el Acuerdo de San Francisco, con
el documento de Los Notables, se le estaba dando un giro al proceso y a
las Farc les costó trabajo asimilarlo.
SEMANA: ¿Después de hablar con ellos durante dos años qué cree que
quieren las Farc o qué sería necesario ofrecerles para que negocien?
C.G.: Pues las Farc hicieron sus planteamientos durante el proceso. Ellos
indudablemente piensan en ser parte de la vida política del país y yo creo
que eso acaba siendo viable en la medida en que sea sin armas y dentro
de la democracia, que es un principio no negociable. Lo que no se puede
pensar es que un esquema totalitario como existe en las Farc se implante
en el país porque los colombianos no lo aceptarían jamás.
Yo creo que hoy ‘Marulanda’ debe estar dándose cuenta de la enorme
oportunidad que botó a la caneca. Si ‘Marulanda’ hubiese avanzado hacia
la paz hoy sería un protagonista de la vida política colombiana. Las Farc
dejaron de lado la posibilidad de ser el gran nuevo actor político y
optaron por ser el gran protagonista del terrorismo en el país.
SEMANA: ¿Qué oferta concreta le hizo el Establecimiento a las Farc en la
mesa de negociaciones?
C.G.: Se discutió el tema del desempleo que era un tema muy complejo.
Es que ahí por bien que nos fuera no nos iba a ir bien. Me explico: si por
medio de cualquier acuerdo se lograba disminuir el desempleo en 2 ó 3
puntos era emplear a 500 o a un millón de colombianos y seguía siendo
el desempleo alto, porque esa es una variable que no depende
directamente de una u otra decisión. Eso fue una insistencia muy grande
de las Farc que nosotros contrarrestamos mucho. Creo que debiéramos
haber empezado por el tema político o por el tema agrario que puede ser
un poco más específico. Sin embargo se analizaron muchísimas
posibilidades en el tema de empleo, combinándolo con otros temas.
SEMANA: ¿Esa fue la oferta que se le terminó haciendo? ¿Bajar unos
puntos de empleo por el cese de hostilidades?
C.G.: No. Un problema que hubo obviamente es que las Farc se empeñó
en el tema del desempleo. Cuando logramos pasar a otros temas ya se
iban concretando las alternativas. Existen los documentos, las posiciones
por ejemplo, que surgían de las mismas audiencias, unas un poco
absurdas pero también había ideas concretas y proyectos concretos que
se podían llegar a realizar. Pero las Farc siempre ven un país que ya no
es el que hay y es parte de su problema, ven un país que no es como
ellos se lo imaginan y por eso la negociación también se hacía muy difícil.
Las Farc se han metido en sí mismas y se encontraron en este proceso
con una país muy distinto al que se imaginaban.
SEMANA: Desde afuera se tiene la percepción de que el proceso tenía un
nudo gordiano en la medida en que el Establecimiento sentía que si les
hacían alguna concesión a las Farc sin que éstas dieran pruebas de su
voluntad de paz jamás dejarían las armas porque sentirían su poder. Y
las Farc, por su parte, pensaban que mientras el Establecimiento no
hiciera reformas profundas ellos no mermarían sus ataques. ¿Cómo se
podría evitar caer otra vez en esa trampa?
C.G.: Eso, en otros términos se llama unos enormes niveles de
desconfianza entre la sociedad y la guerrilla, generada por muchos
motivos. Por ejemplo, para la guerrilla es difícil pensar en hacer política,
que sería lo ideal, después de que aquí se mató a una buena parte de la
UP. Entonces la guerrilla cree que si hace política la matan y nosotros
creemos que la guerrilla debe hacer política para que las cosas funcionen
mejor. Entonces ahí entra en juego un tema de confianza, no entre los
equipos de negociación sino de confianza en general, de si la guerrilla
quería la paz o no la quería.
Creo que ahí las Farc se equivocaron tremendamente no dando señales
más claras de la paz que ellos estaban buscando. Si las Farc hubiesen
dado señales de paz concretas la sociedad les hubiera creído que eso era
posible y con seguridad tendría una posición de más acercamiento hacia
las posibilidades de paz.
SEMANA: ¿Pero después de conocerlos durante cuatro años cree que por
lo menos hay un sector mayoritario de la guerrilla que sí quisiera algún
día dejar las armas? ¿O cree que en el fondo la negociación lo que hace
es crear un ambiente propicio para seguir con el narcotráfico?
C.G.: Me parece que sí hay sectores de las Farc que quisieran avanzar en
la paz, pero hay otros sectores que prefieren la guerra y el narcotráfico y
desafortunadamente esos fueron los que se impusieron. Yo tengo la
seguridad de que dentro de las Farc debe haber un debate enorme en
este momento sobre lo que desaprovecharon y perdieron por cuenta de
sus acciones que fueron las que llevaron a romper el proceso.
SEMANA: ¿Qué tanto influyó la aprobación del Plan Colombia en la
evolución del proceso?
C.G.: El Plan Colombia es visto hoy en una dimensión más real, que es su
dimensión social. Lamentablemente se quedaron las primeras imágenes
que surgieron para el Plan Colombia, que fueron los helicópteros, la lucha
contra el narcotráfico. Pero el 70 por ciento del Plan Colombia es de
aspectos sociales.
La guerrilla debió haber aprovechado más bien el Plan Colombia y no ver
en él un coco que no era el real. Indudablemente la guerrilla hubiese
podido aprovechar el Plan Colombia que era una especie de Plan
Marshall, como lo dijo el Presidente en su campaña, para darle a los
pueblos y a las veredas posibilidades de nuevas obras no solamente
físicas sino de inversión en el capital humano que tenemos, y así se está
haciendo en educación para los niños, en capacitación para los jóvenes.
SEMANA: ¿Pero no cree que el que Plan Colombia también signifique un
fortalecimiento militar que hizo que las Farc se metieran en un
escalamiento militar para contrarrestarlo?
C.G.: No. Obviamente la lectura de las Farc tendrían que darla las Farc,
ellos siempre se opusieron al Plan Colombia. Desde mi punto de vista lo
que quiero significar es que fue un error de las Farc haberlo visto así.
SEMANA: ¿No cree que el Establecimiento también se ilusionó con la
posibilidad de una victoria militar y le dejó de meter la ficha al proceso
de paz?
C.G.: Colombia en eso es muy curioso, pues uno ve historia de encuestas
desde hace 10 años y en los momentos en que el país está en una
confrontación más fuerte la opinión busca la salida negociada y cuando
estamos avanzando en la salida negociada el país ve con más ansias la
salida militar. Me parece que eso pudo haber pasado y a la gente se le
olvidó que veníamos de una manifestación democrática muy clara con
esos 10 millones de votos que en el año 97 le dijeron al Presidente que
saliera electo, el que fuera, que su misión era buscar la solución política.
Fue ese mandato por la paz precisamente que el actual vicepresidente
electo impulsó.
SEMANA: Mucha gente criticó la deslizada de Juan Gabriel Uribe y de
Luis Guillermo Giraldo hacia la campaña de Uribe como evidencia de su
falta de convicción en la salida negociada. ¿Si hubiera tenido la
posibilidad usted también optaría ahorita por una salida más militar?
C.G.: En lo personal siempre he creído y seguiré creyendo en la solución
negociada.
SEMANA: ¿Para usted también fue una sorpresa esa deslizada teniendo
en cuenta que por lo menos Juan Gabriel Uribe era su llave en la
negociación?
C.G.: Me consta que Juan Gabriel se dedicó con la mayor dedicación al
tema de la paz. Otra cosa son los elementos electorales que creo que no
tienen que ver con las convicciones. No me corresponde a mí hacer
ninguna clase de juicios al respecto, lo que sí puedo afirmar es que Juan
Gabriel fue una persona que trabajó de la manera más comprometida y
seria con la paz de este país. Es más, el presidente Uribe también está
hablando de la salida negociada. En eso tampoco uno puede tapar el sol
con las manos. En su discurso del día de la elección el presidente Uribe
habló de la salida negociada y me parece que es un camino muy
acertado.
SEMANA: ¿Qué tan lejos estamos de llegar a un acuerdo de paz con la
guerrilla? ¿Por lo menos de reanudar un proceso?
C.G.: No quiero desde mi cargo hacer predicciones a futuro. Sí puedo
decir con certeza que hacia adelante quien quiera avanzar en la paz tiene
un camino recorrido, no tiene que empezar de ceros, no tiene que
empezar en las circunstancias que tuvimos que empezar nosotros. La paz
es un rompecabezas que se va armando poco a poco y parte de ese
rompecabezas está armado, antes no lo estaba. Creo que el país no
puede desaprovechar lo que pasó.
SEMANA: ¿Qué lecciones de este proceso debería recoger el próximo
gobierno?
C.G.: Hay varias. Muchos confundieron la persistencia del Presidente con
debilidad, lo cual no es así; la persistencia es un elemento clave para
hacer la paz. La paciencia que tuvo el Presidente es un elemento que no
se puede perder, la audacia que tuvo el Presidente, el liderazgo que tuvo
el Presidente, esos elementos son importantes para el futuro, uno en la
paz tiene que ser persistente, paciente, audaz y llevar un liderazgo. Ya
he mencionado a lo largo de la entrevista otros factores que sin duda le
quedan al país de mucha utilidad.
SEMANA: Frente a los paramilitares, ¿cree que fue un error no haberse
sentado a negociar con ellos en la medida en que en muchas ocasiones
torpedearon los avances del proceso?
C.G.: El problema de los grupos de autodefensa y paramilitares hacia el
futuro de Colombia es muy delicado, es tal vez el problema más grande
que va a tener que enfrentar en el futuro el país. Esto no solamente lo he
dicho yo sino que lo han dicho los propios militares. Las posibilidades
existentes con las autodefensas estaban vinculadas no a procesos de
negociación política sino a procesos de sometimiento a la justicia y
reincorporación a la vida civil.
SEMANA: En retrospectiva, ¿cree que el gobierno los ha debido tratar
diferente para que no fueran un obstáculo?
C.G.: Es imposible seguir pensando que los paramilitares son el obstáculo
para la paz de Colombia. Me parece que la óptica ahí sí se debe cambiar
un poco. La paz debe avanzar a pesar de ellos porque ese es un anhelo
que está definitivamente por encima de ese tipo de grupos vinculados al
narcotráfico hoy en día y con los problemas que todos hemos visto, están
dedicados también al secuestro. Es sin duda un problema y hay que darle
un tratamiento, pero no quisiera yo meterme a hacer sugerencias en
terrenos del próximo gobierno.
SEMANA: ¿Hay algún otro obstáculo que se tendría que neutralizar para
avanzar en la paz?
C.G.: El gran enemigo de la paz es el narcotráfico. El gran perdedor de
un acuerdo de paz en Colombia sería el narcotráfico. Por eso una de
nuestras estrategias fue aumentar la lucha contra el narcotráfico, ese es
un lío para la paz enorme.
SEMANA: ¿Qué tanto afectó la evolución del proceso el 11 de
septiembre?
C.G.: El gobierno norteamericano siempre apoyó, y lo dijo públicamente,
la política de paz del presidente Pastrana. Sin duda, los hechos del 11 de
septiembre sí generan un cambio, pero no solamente por Estados Unidos
sino porque el mundo entero dejó de ver el problema del terrorismo
como lo venía haciendo, con tonos grises, y empezó a verlo en blanco y
negro. Colombia es uno de los países que más ha sufrido el terrorismo en
el mundo, y creo que lo que el 11 de septiembre obligó a los grupos
guerrilleros a definirse entre esa salida política que se les estaba
ofreciendo o la vía del terrorismo, y optaron por la vía del terrorismo. Eso
es una definición que no es ni de Estados Unidos ni de Europa ni de
nosotros, esa es una definición que era de los grupos guerrilleros.
Tal vez la guerrilla aún no haya asimilado todo lo que implicó el 11 de
septiembre, pero tendrá que darse cuenta de que no es con terrorismo
como se logra una solución al conflicto.
SEMANA: ¿Y la muerte de los indigenistas? Algunos piensan que ese fue
el día en que realmente se murió el proceso.
C.G.: La muerte de los indigenistas fue un problema grande y es tal vez
una de las pocas veces que las Farc reconocieron y pidieron perdón por lo
hecho. Fue un error grande de las Farc.
SEMANA: ¿O sea que sí afectó la negociación?
C.G.: Claro. No solamente ese hecho. Hubo hechos puntuales del
conflicto que afectaron la negociación, hechos cometidos por las Farc.
SEMANA: ¿En un nuevo proceso redefiniría la relación con los medios de
comunicación?
C.G.: Creo que en los medios hubo también un proceso de maduración.
En un principio los medios se engolosinaron con la guerrilla pero después
tal vez se dieron cuenta y se engolosinaron en contra de la guerrilla. Por
otra parte, creo que los medios no pueden seguir pensando que son
neutrales en el conflicto colombiano. El conflicto pone de un lado de la
mesa a la guerrilla y del otro lado a todos los demás colombianos que
defendemos a nuestras instituciones y a nuestra democracia y nuestra
libertad de prensa. Adicionalmente los medios muchas veces crecieron
hechos que no eran tan significativos y menospreciaron hechos que sí lo
eran.
SEMANA: ¿Algunos ejemplos?
C.G.: La lista es larga. Por ejemplo, ataques que en momentos nunca
eran objeto siquiera de registro por parte de los medios cuando había
una circunstancia especial del proceso los crecían, pero también a veces
dejaban de lado cosas positivas que pasaban.
Ahora, desde otro punto de vista, reconozco que los medios sirvieron y
fueron un instrumento para que el país conociera transparentemente
todo lo que pasaba. Los medios tuvieron acceso a todo lo del proceso,
fueron cuantas veces quisieron al Caguán, entrevistaron cuantas veces
quisieron a los guerrilleros y la negociación se hizo con las cámaras en
frente.
SEMANA: ¿Y eso le parece positivo?
C.G.: A mí me parece que le dio transparencia al proceso. Los medios del
Estado transmitieron las audiencias para que muchas veces insultaran
incluso al Presidente desde allí. Más libertad de prensa era
absolutamente imposible y eso permitió que los colombianos palparan de
cerca esa guerrilla y se convencieran de la guerrilla que tenían. Hay
cosas positivas y negativas de los medios.
SEMANA: Hablando de las audiencias, pareciera como si la estrategia
inicial del gobierno fuera crear un ambiente para que las Farc se
politizaran y pudieran en las audiencias tener una cercanía con la gente,
exponerlos al mundo, pero sobre todo querían como rescatar la línea más
política de la guerrilla, y me parece que la segunda fase del proceso fue,
por el contrario, como a desenmascararlos como terroristas, como
narcotraficantes y un poco como que el resultado que tu ves de la
guerrilla es como que la gente se dio cuenta de que no eran políticos,
que fue realmente lo contrario de lo que se intentó al principio. ¿Tú crees
que eso fue algo deliberado o fue simplemente como el producto del
proceso?
C.G.: Uno de los puntos de la estrategia del proceso obviamente era que
la guerrilla fuera política, disminuir el elemento militar y aumentar el
político. El fin de todo proceso de paz es ese: que quien está alzado en
armas vuelva a la política, que cambien las balas por propuestas y por
eso se le dio toda la oportunidad posible para que la guerrilla mostrara su
cara política. Naturalmente ellos no quisieron hacerlo o lo hicieron a
medias, porque le daban más realce a veces a sus propios actos
militares. Pero la idea sí era claramente abrir la ventana política para ir
cerrando la ventana militar.
SEMANA: ¿Pero no es triste que el gran fruto del proceso haya sido
exactamente lo contrario a lo que se propusieron en un inicio ya que al
final los colombianos quedaron convencidos de que las Farc tienen poco
de político?
C.G.: Pero eso no es un resultado de la estrategia, es un resultado de lo
que son las Farc. La estrategia era mostrarlos, que el mundo los
conociera. El señor ‘Manuel Marulanda’ llevaba no sé cuántos años sin
aparecer en público, los demás también. ‘Jojoy’ no había aparecido en su
vida en televisión. Todos dieron entrevistas, todos hablaron, todos
propusieron. Que en el interior de ellos haya ganado la línea guerrerista
no es una consecuencia de nuestra estrategia sino un error de la
guerrilla.
SEMANA: ¿Cree que de alguna manera si usted hubiera tenido una
mayor experiencia en procesos le habría ido mejor?
C.G.: Este es un proceso de paz sobre el cual no se dictan cursos ni hay
manuales. Hoy se cuenta con una experiencia que era imposible antes.
En todo caso hablamos con todas las personas involucradas en procesos
anteriores. La guerrilla de hoy no es como la de hace 15 años. Yo duré
más de tres años hablando con la guerrilla y los conocí. Fue un gran
esfuerzo y no sólo físico. Como todo lo humano, siempre hay fallas pero
tuvimos un muy buen equipo de gente. Hice buen equipo con el gobierno
y con los militares. Este proceso fue un asunto de muchos que ayudaron
en el tema.
SEMANA: ¿Le queda el recuerdo de buenos momentos?
C.G.: Hubo momentos muy buenos. Cuando lográbamos acuerdos como
el de San Francisco de la Sombra, el de Los Pozos, cuando se iniciaron
las negociaciones, cuando se definió la metodología. Pero los más
emocionantes fueron cuando logramos que muchos colombianos
retornaran a la libertad. Ver la cara de los liberados, pero sobre todo la
de sus familiares, fue muy satisfactorio. Aunque aún me queda la tristeza
de no haber logrado que todos los secuestrados volvieran a la libertad.
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Algunos críticos anotan que a las Farc igual les convenía

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