Legislar sin prisa, pero sin pausa En contadas ocasiones de nuestra

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Legislar sin prisa, pero sin pausa
Dra. María del Carmen Platas Pacheco
9 de febrero de 2014
Legislar sin prisa, pero sin pausa
En contadas ocasiones de nuestra historia nacional se ha congestionado, como
ahora, el trabajo legislativo del Congreso. Hoy están en proceso muchas leyes,
que deberán ser estudiadas, debatidas y, en su caso, aprobadas por los
legisladores para dar respuesta a las urgentes necesidades de paz y desarrollo
que requiere México, no solo para superar el desorden, el atraso, la injusticia,
la inacción y la impunidad en que vivimos, sino para enviar cuanto antes un
claro mensaje al mundo respecto a la manera expedita de como, finalmente,
estamos superando nuestros graves y añejos problemas nacionales,
convirtiéndonos en destinatarios confiables de inversiones extranjeras.
La trascendencia de las reformas ya en curso legislativo no dejan lugar a
dudas, su impacto cambiará a México; necesitamos ser un país que en verdad
funcione, donde: el Estado lo sea a cabalidad, esto es de Derecho, los jueces
sean profesionales realmente preparados y honestos, que juzguen de modo
imparcial y objetivo; las fuerzas del orden, esto es las policías, controlen la
delincuencia, eviten la impunidad y mantengan la paz social; los niños y
jóvenes en verdad sean formados y educados por maestros auténticos y
comprometidos; la población disponga de servicios de salud y urbanos para
vivir con dignidad; los trabajadores realmente trabajen y reciban un sueldo
remunerador; los empresarios produzcan bienes y servicios de auténtica
calidad y compitan con equidad y transparencia por los mercados; los políticos
entiendan su función como gestores de representación, capaces de construir
acuerdos que en verdad concreten el bien común; los gobernadores y sus
gabinetes gobiernen para todos, administrando los presupuestos con
trasparencia y eficacia, de manera que mejore sustancialmente la realidad
nacional, a fin de que la vida de los mexicanos se identifique, o al menos se
parezca, a la que describe nuestra Constitución recientemente celebrada en su
97 aniversario.
A nadie escapa que la calidad de vida de los mexicanos ha experimentado
durante las últimas décadas estancamiento y deterioros significativos. Es
evidente la disfunción social que se concreta en el irregular y deficiente
desempeño institucional, al extremo de hacer necesarias y urgentes estas
grandes “reformas estructurales”, marcando un antes y un después
radicalmente diferentes; con ese objetivo están ya en proceso: la Ley de
Telecomunicaciones, su objetivo es poner a México al día en la materia,
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9 de febrero de 2014
liberando los cauces para poder ofrecer mayores y mejores servicios de
telefonía y radiodifusión; la Ley de Competencia Económica, ésta se propone
abrir a México para que entren en juego los grandes capitales mundiales, que
hagan posible los desarrollos empresariales que potencien el empleo y con ello
se mejore la calidad de vida; las Leyes Electorales cuya finalidad es regular de
mejor manera la operación, el ser y hacer de los partidos políticos en su
disputa por el poder, para fortalecer la democracia y la participación
ciudadana; las Leyes Energéticas para abrir a la inversión privada nacional y
extranjera las posibilidades de explotación y producción de petróleo, gas y
energía eléctrica; la Ley de Medios Públicos, su propósito es abrir y operar de
manera eficiente nuevas opciones de televisión y radio que hasta hoy maneja
el Estado. Todo lo anterior, sin dejar de mencionar el Código Federal de
Procedimientos Penales Único, que, desde luego, espera ser armonizado en
cada estado y con la federación, respecto de las leyes sustantivas que
necesariamente serán impactadas.
Así las cosas, en los próximos meses nuestro país vivirá una verdadera ola de
reformas, y los políticos legisladores y reformadores serán protagonistas de
esos grandes cambios que ya están anunciados como el camino trazado por el
gobierno para superar el retraso acumulado y ponernos en marcha rumbo al
progreso.
La abultada agenda legislativa que habrá de ser desahogada por los integrantes
del Honorable Congreso de la Unión, debe evitar el riesgo de anteponer la
urgencia política de sacar las leyes rápidamente, al vapor, sin el estudio, la
reflexión y la confrontación de posturas sobre los delicados temas referidos;
sus impactos económicos y sus consecuencias jurídicas y sociales exigen
serenidad de ánimo y prudencia en las decisiones.
Por el bien de México y de los mexicanos, es indispensable que los
legisladores-reformadores hagan el trabajo parlamentario que consigna esta
gran agenda nacional con seriedad y eficacia. Ojalá se evite el multimillonario
y absurdo gasto llenando los espacios de los medios de comunicación con
mensajes vanos y auto-elogiosos que exaltan y glorifican el trabajo legislativo,
pero que la ciudadanía no cree. Los ciudadanos no necesitamos que nos
aturdan hasta el fastidio con promesas de un mejor futuro, simplemente
requerimos que en el presente, hagan bien su trabajo, esto es, que legislen con
seriedad, madurez y honradez.
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Dra. María del Carmen Platas Pacheco
9 de febrero de 2014
Es indispensable que esta vez, los legisladores-reformadores y sus equipos de
asesores se concentren y redacten bien, con precisión y claridad esos
documentos, evitando los errores y las pifias que tantas veces han hecho de los
textos legislativos monstruos incomprensibles, plagados de lagunas y
contradicciones, propicios para la corrupción, y, desde luego, para nuevas
reformas.
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