31.862.- causa n° 29.269 LR s nulidad y

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Poder Judicial de la Nación
2010 - Año del Bicentenario
Sala II - Causa n° 29.269 “L. R. s/
nulidad y sobreseimiento”.
Juzg. Fed. n° 8 – Sec. n° 15.
Expte. n° 1883/2009/1
////////////////nos Aires, 2 de septiembre de 2010.
Y VISTOS Y CONSIDERANDO:
I- Este legajo arriba a estudio del Tribunal en virtud del recurso de
apelación interpuesto por el fiscal del caso, Dr. Patricio B. Evers, contra el auto obrante
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a fs. 9/10, que declaró la nulidad -parcial- de la denuncia que originó el legajo y de
todo lo obrado en consecuencia, sobreseyendo a R. L. en orden al hecho por el que fue
indagada.
II- Del relevo de las constancias de la causa surge:
- Que el 16 de febrero de 2009, E. S. G. P. se presentó ante la
Oficina de Violencia Doméstica de la Corte Suprema de Justicia de la Nación con la
finalidad de declarar.
Luego de ser informada de las prescripciones de la ley 24.417 y de
su decreto reglamentario 235/96 -entre otras normas-, denunció a su hija, R. L.; a su
yerno, M. A. N.; y al hermano de éste, L. N., por la eventual comisión de delitos contra
sus nietos menores de edad.
Concretamente,
dijo
que
la
primera
solía
golpearlos,
sometiéndolos a tratos sumamente agresivos (por ejemplo, dejaba que un ventilador
accione contra el cuerpo de una de las presuntas víctimas); y que los segundos habrían
abusado sexualmente de ellos. Agregó que una de las niñas -la mayor- “…no es hija
del Señor N., si bien fue reconocida por este…” (fs. 7/10 del ppal.).
- Ante ese relato, la Oficina de Violencia Doméstica tomó la
determinación de derivar a la denunciante a la Oficina de Sorteos de la Cámara Civil,
remitiendo copias al Juzgado que resultara sorteado. Por otra parte, se hizo lo propio
con el Consejo de Niños, Niñas y Adolescentes del Gobierno de la Ciudad de Buenos
Aires y, frente a los dichos vinculados a la posible alteración de la identidad de la
menor y a la falsedad ideológica de documentos públicos, se enviaron las constancias
correspondientes a este fuero para que se desinsacule el Juzgado que quedaría a cargo
de la investigación.
Además, se realizó un informe psico-social, donde se catalogó
al cuadro como “de violencia familiar” en los términos del art. 2 de la ley 24.417 y se
concluyó que los niños podrían encontrarse en una situación de “alto riesgo psicofísico” (fs. 11/2 del ppal.).
- En esta pesquisa, se avanzó sobre la supuesta comisión de los
hechos de competencia federal. Así, la denunciante prestó declaración testimonial
ratificando sus dichos (fs. 25 del ppal.); el fiscal requirió la instrucción (fs. 27/8 del
ppal.); se allanó el domicilio de los imputados con la finalidad de secuestrar elementos
necesarios para un examen de ADN -con resultado positivo- (fs. 77/8 del ppal.); se
efectivizó dicho estudio (fs. 88/94 y 97 del ppal.) constatándose que no existía vinculo
paterno entre M. N. y la menor L.; se indagó a N. y L. (fs. 105, 107 y 126/7 del ppal.);
y se procesó al primero en orden a los delitos previstos en los arts. 139 inciso 2° y 293
del Código Penal.
- Paralelamente, y según puede extraerse de las copias simples
acompañadas a fs. 99/104 del ppal., el Juzgado Criminal de Instrucción n° 15
sobreseyó a R. L., M. A. N. y L. N. con relación a los eventos de violencia y abuso
sexual relatados por G. P. Se concluyó allí que esos delitos no fueron cometidos,
habiéndose comprobado que la denunciante padecía de una enfermedad mental en la
forma de síndrome delirante.
III- El juez declaró la nulidad de la denuncia realizada por E. G. P.
contra su hija R. L., entendiendo que el caso encuadra en lo establecido por el art. 178
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del Código Procesal Penal de la Nación, según el cual “Nadie podrá denunciar a su
cónyuge, ascendiente, descendiente o hermano, a menos que el delito aparezca
ejecutado en perjuicio del denunciante o de un pariente suyo de grado igual o más
próximo que el que lo liga con el denunciado”.
En su apelación, el Ministerio Público Fiscal alegó que dicha
prohibición no puede comprender supuestos como el que se ha presentado en esta
causa. Sostuvo que la denunciante aparece actuando en representación de su nieta
menor de edad frente a hechos en cuya comisión estarían involucrados sus dos padres.
Frente a un panorama semejante -agregó- vedar la posibilidad de iniciar una pesquisa
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para verificar la verosimilitud de esos hechos, implicaría violar diferentes disposiciones
de la Convención sobre los Derechos del Niño -pacto internacional con jerarquía
constitucional (conf. art. 75 inciso 22 de la CN)-, entre las cuales se invocaron los arts.
3, 7 y 8.
IV- Este es el especial cuadro que muestra la discusión: por un
lado, se erige una prohibición procesal que, en abstracto, veda la posibilidad de que un
ascendiente denuncie y preste testimonio contra su descendiente -que a priori parecería
alcanzar a la declaración que originó el sumario-; y por otro, se alzan las particulares
circunstancias del caso, donde una abuela se ha presentado ante una dependencia
pública para relatar supuestos hechos ilícitos eventualmente cometidos por su hija
-entre otros- en perjuicio de derechos básicos de una de sus nietas (menor de edad),
iniciándose a consecuencia de ello una pesquisa judicial.
Frente a lo anterior, el Tribunal considera que la pretensión del
Ministerio Público Fiscal se ajusta a derecho, por lo que será receptada
favorablemente. Más de una razón conduce a ese temperamento.
i) Como primer punto, debe hacerse notar que la denuncia fue
remitida a sede judicial por la Oficina de Violencia Doméstica de la Corte Suprema de
Justicia de la Nación, donde G. P. había prestado declaración previamente.
Son varias las normas sancionadas por el Congreso de la Nación
que obligan a las dependencias públicas a denunciar hechos que puedan afectar
derechos de menores de edad, cuando tomen conocimiento de ellos.
Así, la ley 24.417 de Protección contra la Violencia Familiar
-expresamente invocada por la Oficina al iniciar las actuaciones- dice que “Cuando los
damnificados fuesen menores o incapaces…los hechos deberán ser denunciados por
sus representantes legales y/o el ministerio público. También estarán obligados a
efectuar la denuncia los servicios asistenciales social o educativos, públicos o
privados, los profesionales de la salud y todo funcionario público en razón de su
labor” (art. 2, el resaltado no corresponde al original). Esa obligación de denunciar
debe ser cumplida dentro de un plazo máximo de 72 horas -como se hizo en autos(art. 4 del Decreto Reglamentario n° 235/96).
En relación con lo anterior, la ley 26.061 de Protección Integral de
los Derechos de la Niñas, Niños y Adolescentes establece que “Los organismos del
Estado deberán adoptar todas las medidas administrativas, legislativas, judiciales y
de otra índole, para garantizar el efectivo cumplimiento de los derechos y garantías
reconocidos en esta ley” (art. 29, el resaltado no es del original) y que “El agente
público que sea requerido para recibir una denuncia de vulneración de los derechos
de los sujetos protegidos por esta ley, ya sea por la misma niña, niño o adolescente o
por cualquier otra persona, se encuentra obligado a recibir y tramitar tal denuncia
en forma gratuita, a fin de garantizar el respeto, la prevención y la reparación del
daño sufrido, bajo apercibimiento de considerarlo incurso en la figura grave de
incumplimiento de los Deberes del Funcionario Público” (art. 31, el resaltado no es del
original).
La reglamentación que rige la actuación de la Oficina de Violencia
Doméstica recepta estos principios, cuando prescribe que, si del relato del denunciante
-respecto del cual no se fija prohibición alguna- surge la posible comisión de un delito
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de acción pública, se dará intervención al juez penal competente (art. 23 de la
Acordada CSJN n° 40/2006).
De acuerdo a lo desarrollado hasta aquí, se observa que la
prohibición del art. 178 del Código Procesal de la Nación no es aplicable a supuestos
como el de autos, donde la denuncia fue presentada ante la justicia por una
dependencia pública que previamente tomó conocimiento de hechos que afectarían
derechos elementales de una menor de edad, y que, en razón de ello, procedió del
modo exigido por el conjunto de las normas enunciadas (ver también art. 177 del
C.P.P.N.).
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ii) Aún cuando las circunstancias mencionadas en el punto anterior
son suficientes para revocar la decisión de nulificar la denuncia, existen argumentos
adicionales que conducen a adoptar igual solución con respecto a la invalidez de otros
actos, como la declaración testimonial que prestó E. G. P. en la causa (fs. 25 del ppal),
la cual -a priori- parecería también estar prohibida por el C.P.P.N. (art. 242).
En relación a este aspecto, las particularidades del caso se erigen,
nuevamente, como un factor dirimente para definir la cuestión.
Sucede que la prohibición procesal, aplicada con el alcance que
sugiere el a quo, traería aparejada como principal consecuencia que la justicia se halle
impedida de conocer e intervenir respecto de supuestos hechos cometidos en perjuicio
de los derechos constitucionales de una menor de edad, con la eventual participación
de sus padres, quienes son sus representantes y guardianes legales.
No puede interpretarse que el código de formas impide a una
familiar directa de la víctima -como su abuela- relatar sucesos de esas características
ante la autoridad competente -aún cuando involucren a su hija-, máxime cuando, por su
propia naturaleza, tales eventos son ejecutados en la intimidad del seno familiar. Una
inteligencia así dejaría a la menor en un estado de indefensión, y por ello, confrontaría
directamente con diversas cláusulas de la Convención sobre los Derechos del Niño así
como de normas sancionadas -con posterioridad al código de procedimientos- por el
propio Congreso de la Nación.
Ello, amén de lo que resulte en definitiva de la investigación,
donde podrá confirmarse o descartarse el relato de la testigo (adviértase, por ejemplo,
que L. y N. fueron sobreseídos por la justicia criminal de instrucción por cuestiones de
hecho y prueba, y que en este legajo se ha resuelto, en el día de la fecha, revocar el
procesamiento del segundo -incidente n° 29.254-).
Pues bien, esta Sala entiende que los siguientes principios
conducen al criterio anticipado:
En primer lugar, merece recordarse que la Convención sobre los
Derechos del Niño consagra su derecho a la identidad (arts. 7 y 8) e impone el deber de
protegerlo contra toda forma de abuso físico o mental (art. 19). Por otra parte, obliga a
los Estados Parte a dar efectividad a todos los derechos reconocidos por el tratado (art.
4); y más específicamente, a los tribunales a atender el interés superior del niño en
todas las medidas que los conciernan (art. 3.1), ofreciéndole la oportunidad de ser
escuchado en todo procedimiento judicial que lo afecte (art. 12.2).
Estas reglas particulares para las víctimas menores de edad
realizan el principio de protección especial a la niñez establecido por el amplio corpus
juris de protección de derechos humanos de la niñez integrado por la propia
Convención de Derechos del Niño y otras normas de derechos humanos universales y
regionales construido a partir de la idea de que los niños son considerados en todo el
mundo como las personas más vulnerables de sufrir violaciones a sus derechos
humanos, razón que justifica una protección específica y más intensa de esos derechos
(en ese sentido, ver de la Corte Interamericana de Derechos Humanos, caso “Villagrán
Morales”, sentencia del 19/11/99; y OC n° 17 “Condición Jurídica y Derechos
Humanos del Niño”, del 28/8/02; ambas citadas en Res. PGN n° 8/09 del 24/2/09). Al
respecto, cabe recordar que los tribunales locales tienen el deber de adoptar las
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medidas necesarias para evitar que el Estado incurra en responsabilidad internacional
por incumplimiento de un tratado (ver de esta Sala, causa n° 22.821 “L.;Y.A.”, reg. n°
24.676 del 28/12/05, con cita de CSJN, Fallos 318:514 y causa E.224.XXXIX.
“Espósito”, 23/12/04, voto del Dr. Antonio Boggiano).
El legislador nacional ha hecho eco de estas reglas. Ello puede
extraerse con facilidad de la letra de la ley 26.061, cuya finalidad es la protección
integral de los derechos de las niñas, niños y adolescentes.
Allí se establece que “Cuando exista conflicto entre los derechos e
intereses de las niñas, niños y adolescentes frente a otros derechos e intereses
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igualmente legítimos, prevalecerán los primeros” (art. 3); que los organismos del
Estado deben garantizar prioridad en la exigibilidad de la protección jurídica de los
niños cuando sus derechos colisionen con los intereses de los adultos (art. 5); que “Las
niñas, niños y adolescentes tienen derecho a la dignidad como sujetos de derechos y de
personas en desarrollo, a no ser sometidos a trato violento, discriminatorio, vejatorio,
humillante, intimidatorio; a no ser sometidos a ninguna forma de explotación
económica, torturas, abusos o negligencias, explotación sexual…tienen derecho a su
integridad física, sexual, psíquica y moral. La persona que tome conocimiento de
malos tratos, o de situaciones que atenten contra la integridad psíquica, física o sexual
o moral de un niño, niña o adolescente, o cualquier otra violación a sus derechos,
debe comunicar a la autoridad local de aplicación de la presente ley” (art. 9); que
tienen derecho a la identidad (art. 11); y que debe garantizárseles el derecho a ser oídos
en todo procedimiento judicial que los afecte (art. 27).
Esas disposiciones aportan claras pautas hermenéuticas, dirimente
para definir este debate. Cabe entonces concluir, en base a aquellas, que las previsiones
de los artículos 178 y 242 del Código Procesal Penal de la Nación -que tienden a
proteger valores sin dudas legítimos como la integridad y cohesión de los vínculos
familiares (ver de esta Sala, causa n° 12.120 “Lavaysse”, reg. n° 13.074 del 30/4/96)-,
ceden frente al supuesto del caso, donde debe darse preeminencia al interés superior
del niño y a su derecho a ser oído, en consonancia con lo exigido por normas con
jerarquía constitucional y de rango inferior sancionadas por el legislador nacional.
Ello es así, pues no puede observarse inconsecuencia entre las
regulaciones en juego, toda vez que las leyes deben interpretarse en forma conjunta y
teniendo en cuenta la totalidad del ordenamiento jurídico, siempre evitando otorgarles
un sentido que ponga en pugna sus disposiciones destruyendo las unas por las otras, y
adoptando como verdadero el sentido que las concilie y deje a todas con valor y efecto
(CSJN, Fallos: 301:461; 315:38, entre muchos otros).
Por todo lo expuesto, SE RESUELVE:
REVOCAR el auto en crisis en todo cuanto decide y fuera materia
de apelación.
Regístrese, hágase saber al Sr. Fiscal General y devuélvase a la
anterior instancia, donde deberán efectuarse las restantes notificaciones que
correspondan.
Fdo: Horacio Rolando Cattani- Martín Irurzun- Eduardo G.
Farah.Ante mi: Pablo J. Herbón. Secretario de Cámara.-
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