1 TOMADO DE Díaz Osorio José Jaime Y Guerra Montoya Jorge

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TOMADO DE Díaz Osorio José Jaime Y Guerra Montoya Jorge William. Modulo Evaluación. Medellín,
Fundación Universitaria Luis Amigó.2004 pág. 180 - 198
EVALUACIÓN, PROMOCIÓN Y CERTIFICACIÓN
NUEVAS MIRADAS SOBRE LA EVALUACIÓN EDUCATIVA
Cuando el objeto de estudio y de evaluación, es el ser humano, se debe tener en
cuenta que éste es un ser complejo en su constitución y manifestaciones. El ser
humano se mueve y se comporta, personal y colectivamente, en un espacio y un
ambiente social, económico, político y pluricultural que le es propio. Por tanto, la
evaluación de los seres humanos exige para el evaluador tener en cuenta sus
distintas dimensiones de desarrollo, los aprendizajes previos obtenidos, las
condiciones del contexto en que vive y las múltiples posibilidades y
potencialidades de su realización personal.
Para generar claridades, empecemos por reconocer las nuevas miradas sobre la
evaluación, por parte de algunos autores que últimamente la están reflexionando.
Por estrategia vamos a plantear preguntas referidas a la evaluación con
respuestas puntuales y luego a partir de ellas haremos algunos comentarios. Las
preguntas son las siguientes:
¿Qué entendemos por evaluar?
Gimeno Sacristán plantea que “en el lenguaje cotidiano se otorga al verbo evaluar
el significado de estimar, calcular, justipreciar, valorar, apreciar o señalar el valor,
atribuir valor a algo”.1
¿Qué se evalúa?
Marta Lorena Salinas2 dice que se evalúa “La realidad”, realidad entendida como
construcción intelectual del sujeto; proceso de objetivación que se expresa como
construcción socio-cultural.
¿Qué es la cultura?
Sergio de Zubiría expresa que ella hace referencia a “procesos de comprensión,
expresión, representación, interpretación y valoración del mundo y el hombre,
mediante lo imaginario, lo simbólico y la inagotabilidad del deseo”3.
1
Op cit. SACRISTAN, Gimeno y PÉREZ, A.I. (1996)
SALINAS, Marta Lorena (1999) Algunas Consideraciones sobre la problemática de la evaluación
educativa. Ponencia. al Simposio sobre panorama de la evaluación educativa. Mimeo. U. de A.
2
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Rafael Campo y Maryluz Restrepo, al referirse a la relación educación cultura
expresan: “El mundo cultural es el mundo humano, la cultura es el desarrollo de la
segunda naturaleza, la naturaleza humana, elaborada por el mismo y la única en
que puede vivir”. Y en referencia con la educación, apoyados en Hans Gadamer,
expresan: “La educación es inherente a la realización humana, al proceso de
adquirir forma y mantenerse en ella, como ser no terminado. La educación como
ascenso4 a la generalidad es una tarea humana. En síntesis, la educación es un
proceso de formación y desarrollo humano”.
También, éstos mismos autores, Rafael Campo y Mariluz Restrepo, retoman a
Gadamer, para quién la formación es un “proceso por el que se adquiere cultura:
Como el modo específicamente humano, de dar forma a las disposiciones y
capacidades naturales del hombre”.
Es pues, desde estas perspectivas teóricas que se presenta la reflexión sobre la
evaluación, teniendo en cuenta las dimensiones que propone Nevo (1983) basado
en Stufflebeam, para hablar sobre evaluación. Las dimensiones responderían a las
siguientes preguntas:
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¿Cómo definir la evaluación?
¿Cuáles son sus funciones?
¿Qué son objetos de evaluación?
¿Qué tipo de información exige la evaluación de algo en particular?
¿Qué criterios tenemos para decidir el mérito o la importancia de lo que es
evaluado?
¿A quién debe servir o a quiénes son útiles los juicios de la evaluación?
¿Qué proceso hay que seguir para realizarla?
¿Qué métodos de indagación han de seguirse al evaluar?
¿Quién debe realizarla?
¿Con qué criterios ha de juzgarse la evaluación?
Las anteriores dimensiones se interrelacionan entre sí y no es posible mirarlas
aisladamente, todas ellas dan pistas para la construcción de un “modelo” de
evaluación. Sin embargo, es importante recordar que un maestro en el proceso
educativo asume el reto de valorar no solo a las personas que participan en el
proceso educativo sino también los mismos procesos pedagógicos, didácticos y
socio-culturales que en el se siguen. Al mismo tiempo, al evaluar hay que tener en
3
DE ZUBIRÏA SAMPER, Sergio (1994) La Cultura de la Condición Postmoderna. En: Conferencia:
Postmodernidad y Cultura en América Latina. Foro Educación con Calidad, Medellín, SEDUCA.
4 Ver, HOLGUÏN, Andrés (1988). El Origen del Hombre ¿Caída o Ascenso? y las definiciones del hombre.
En: La Pregunta por el Hombre. Bogotá. Planeta. (Pág. 23-43)
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cuenta tanto la intencionalidad de la evaluación como el contexto en el cual se
realiza: Estado del planteamiento y desarrollo de las políticas de las instituciones,
del currículo, del proceso pedagógico, de los logros o dificultades vividas por las
personas en su proceso de formación y, en relación con lo anterior, las
manifestaciones del contexto comunitario en que se desarrolla la evaluación. La
evaluación, en esta concepción, servirá para determinar el impacto y pertinencia
sociocultural de los procesos de formación llevados a cabo en una comunidad
específica, en interrelación con otras, siempre en el ámbito del perfeccionamiento
humano y del mejoramiento de los procesos formativos.
De ahí que la complejidad del ser humano, y de la evaluación en las instituciones
u organizaciones sociales con fines educativos, exige que la evaluación sea
tratada desde dos grandes perspectivas que se interrelacionan entre sí: una, como
función pedagógico-didáctica que realizan los docentes fundamentada en una
forma de entender la educación, el aprendizaje y la enseñanza y, dos, como
función crítica para desentrañar el significado de las prácticas de evaluación en el
marco institucional.
En palabras de Gimeno Sacristán “la evaluación a los profesores no sólo les debe
interesar planteársela como un problema técnico-pedagógico que han de resolver
en su enseñanza, sino que han de concebirla como un camino para entender el
currículo real del alumno, algo que es un problema práctico previo que desborda
incluso su voluntad, que forma toda una mentalidad”.
Ahora bien, la evaluación con función pedagógico-didáctica hay que entenderla a
su vez, desde dos componentes: uno, como acción para controlar los
comportamientos y el rendimiento de los estudiantes, con la intención de valorar
sus logros o resultados obtenidos en el proceso de formación y, dos, como
investigación sistemática del proceso educativo global, es decir, como proyecto
investigativo y cultural, desde un enfoque integral, en la óptica de interpretar para
mejorar las propuestas y los procesos educativos y las condiciones del entorno.
El primer componente apunta a lo que tradicionalmente se ha hecho para calificar
y promover al estudiante, con acciones instrumentales mecánicas, acríticas y
autocráticas, cuyo único objetivo es lo que se conoce como evaluación de
resultados. Hoy desde una concepción de evaluación de proceso, la evaluación de
resultados constituye sólo una fase de la enseñanza y, por tanto, se exige pensar
y planificar la práctica pedagógico-didáctica como proceso continuo de acción,
reflexión, retroalimentación y renovación permanente de todo lo que sucede en el
proceso educativo, desde la planeación hasta la obtención de resultados.
El segundo componente de la evaluación, como función pedagógico-didáctica, va
mucho más allá de la evaluación de resultados e implica: reflexión, diversidad
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metodológica, participación, comprensión e interpretación de todos los fenómenos
socioculturales y sicológicos que intervienen en la práctica educativa misma y en
el desarrollo de una propuesta formativa; es decir, implica todo un proceso de
reflexión y acción en la práctica misma, desde las concepciones que se manejan
en el desarrollo de un proyecto curricular. Este segundo componente de la
evaluación constituye, por tanto, una acción investigativa.
En este último componente, la evaluación se concibe como un proceso que
observa, describe, analiza, interpreta y comprende una realidad concreta, para
develar sentidos, significados e interacciones que se dan entre los sujetos,
instituciones y medios que intervienen en la acción educativa. Se configura, por
tanto, en un proceso comunicativo, mediado por la cultura, cuyo fin es obtener
mejores procesos y resultados en una educación que busca ser de calidad.
Estas nuevas miradas sobre la evaluación educativa nos sirven para plantear que
la evaluación no podemos reducirla a una o varias dimensiones del ser humano, a
uno o varios componentes del proceso educativo, a una o varias políticas de los
planes de desarrollo, ella por donde se analice, reclama una mirada más integral,
sistemática y de trabajo interdisciplinario.
Dicho planteamiento, con respecto a la intencionalidad de la tercera unidad: La
evaluación académica, nos sirve para plantear otra reflexión: ¿Qué función
desempeña la evaluación con respecto al aprendizaje?
La evaluación como mediación y acompañamiento del aprendizaje
La evaluación es el elemento básico para lograr calidad educativa. Se evalúa para
diagnosticar el estado de la formación integral del sujeto y para mejorar su
proceso de aprendizaje. Pero, en evaluación hay una brecha entre el discurso, lo
que se predica y se teoriza, y la acción, lo que se hace en la práctica. Decimos,
por ejemplo, que educamos y formamos para la participación y la autonomía y en
la práctica los estudiantes ni participan ni son autónomos. Las vivencias en la
escuela son las más antidemocráticas. Hablamos de formación integral pero
tenemos en cuenta elementos aislados.
La autonomía debe llevar a desarrollar la responsabilidad y la identidad, en el
contexto de la comunidad en la cual la persona debe ser competente, por medio
de su desarrollo personal y la posesión del conocimiento. Cuando el docente
evalúa, lo que debe hacer es comprender e interpretar al estudiante en su
identidad y en su relación con los demás. Lo que ocurre se comprende y se
interpreta para mejorar, pero no se mide ni se promedia. La cuantificación es un
proceso independiente de la evaluación. Para evaluar se requiere comprensión del
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contexto, acompañamiento constante, mejoramiento de los ambientes de
aprendizaje y consolidación del proyecto de vida.
La evaluación implica cambio. Este es inherente a ella, es su dinámica porque su
intencionalidad es el mejoramiento continuo. Para lograr el cambio es necesario
hacer rupturas, difíciles en la mayoría de los casos. Entre otras rupturas
necesarias tenemos las siguientes:
o El centro del universo pedagógico no es el programa de estudios, ni
mucho menos el maestro sino el estudiante como persona en
desarrollo.
o El desempeño de la persona, como comportamiento humano que es,
no se mide ni se promedia; se ubica en un contexto, se comprende,
se interpreta y se acompaña para el crecimiento continuo.
o El conocimiento lo construye el estudiante en un proceso de
acercamientos, de errores y de aciertos; no es un paquete definitivo
que se entrega para el consumo del estudiante. Esto tiene que ver
con la producción o la reproducción del saber, con la relatividad del
conocimiento y con el valor de lo particular y de lo cotidiano.
o Se educa y se forma para la singularidad, para la diversidad, para la
heterogeneidad, no para la homogeneidad ni la uniformidad. La
homogeneidad en la educación y en la evaluación conduce a la falta
de identidad, de autonomía, de compromiso y a la injusticia, a través
de formas encubiertas de violencia y de exclusión.
o La educación se centra en la persona y en su capacidad de ser, de
pensar de conocer, de sentir, de hacer, de convivir, de participar, de
trascender y no en contenidos temáticos.
o El maestro es un mediador, un animador y un acompañante del
aprendizaje, no un transmisor de contenidos. La evaluación es, a su
vez, una mediación y no una medición.
o Se evalúan todas las dimensiones del ser humano y de su desarrollo,
no solo lo cognitivo.
o La evaluación no es solo heteroevaluación por parte del maestro,
debe hacerse en equipo: autoevaluación y coevaluación.
En el contexto del aprendizaje, ¿qué implican los procesos de autoevaluación,
coevaluación, heteroevaluación y metaevaluación?
Auto-evaluación, co-evaluación, hetero-evaluación y meta-evaluación.
Hoy en día son necesarios cambios en la aplicación de procedimientos evaluativos
que no sólo tengan en cuenta la hetero-evaluación (valoración externa) sino
también auto-evaluación (valoración del mismo sujeto en procesos de formación)
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co-evaluación (evaluación, de pares) y meta-evaluación (evaluación de los
procesos seguidos en la misma evaluación) Es decir evaluación interna, externa,
horizontal y del proceso evaluativo. Es un cambio que implica el reconocimiento
del otro como ser humano autónomo y con diferencias individuales, con distintas
perspectivas y puntos de vista para formarse y para conocer y enfrentarse a la
realidad. Cambio que implica el diálogo, el disenso, la crítica con argumentos y el
respeto profundo por las personas, al establecer acuerdos en lo básico, para
mantener la conversación y la búsqueda de intereses comunes. Es un cambio en
el que el error no es motivo de señalamientos y negación de las oportunidades de
crecimiento sino una oportunidad de mejoramiento y desarrollo de las personas, lo
cual implica valores y actitudes como: Autonomía, libertad, trabajo en equipo,
construcción social del conocimiento, aceptación de la valoración externa,
planeación de propósitos y logros, planes de mejoramiento continuo. Sin embargo,
¿es lo mismo hablar de evaluación de promoción y de certificación?
Confusión entre evaluación, promoción y certificación
Es muy común que los actores de las comunidades educativas confundan la
evaluación con la promoción y la certificación. Un análisis de los anteriores
términos nos hace ver las diferencias entre ellos, aunque todos ellos están
relacionados en un proceso educativo. Por lo general se atribuye a estos términos
el concepto de calificación y para éste, el de nota, y la nota casi siempre se
concibe desde una concepción cuantitativa.
La evaluación en la educación formal y no formal es un proceso sistemático que
tiene inicio, ejecución de acciones de formación o mejoramiento y valoración de
logros o resultados obtenidos, durante el desarrollo del proceso. Ello nos permite
plantear que la evaluación es continua e integral. Es decir, tiene que ver con el
diagnóstico, con los procesos de formación y con los resultados finales. Con el
diagnóstico porque trata de establecer el estado en que se encuentra el estudiante
en relación con su aprendizaje y su formación, para detectar saberes previos,
problemas educativos de todo tipo y las causas o factores que están incidiendo
positiva o negativamente en la educación del estudiante. Con el proceso formativo
porque durante se trata de orientar, asesorar, acompañar e ir superando
dificultades para el logro de los propósitos de formación establecidos. Con la
valoración de resultados obtenidos porque permiten establecer el nivel de logro de
los propósitos de formación y así poder tomar decisiones con respecto a su
promoción a otros niveles o grados educativos.
Por otra parte, la promoción del estudiante hacia un nivel o grado de la educación
formal tiene que ver con la valoración del nivel o grado de cumplimiento de los
propósitos de formación previstos para el curso o el grado académico. La
normatividad vigente determina cuando un estudiante puede ser promovido al
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grado siguiente (Decreto 230 de 2002 para los niveles de la educación preescolar,
básica y media) o matricular nuevos cursos de un programa académico de la
educación superior (Proyecto Educativo Institucional y estructura curricular del
programa académico con Registro calificado o acreditación de calidad, según el
Consejo Nacional de Acreditación) En otras palabras, la promoción es una
decisión de los docentes con respecto a los logros obtenidos por un estudiante en
un área o en un curso académico. Lo cual implica que el docente haya pactado y
dado a conocer a los estudiantes los criterios para decidir la promoción.
La promoción de un estudiante se realiza de acuerdo con los criterios establecidos
por la normatividad y por la institución, para certificar socialmente el grado de
formación obtenida. Esto es lo que conocemos como certificación social, que
generalmente es hecha mediante la llamada calificación o nota. Sin embargo la
calificación es una consecuencia del proceso de evaluación seguido y la
representación sígnica, en letras o en números de la decisión de promoción que
se ha hecho del estudiante. Esta certificación tiene la finalidad de clasificar al
estudiante en unas categorías de carácter cultural, administrativo e institucional,
para efectos de reconocimiento social, pero que se puede dar, y de hecho se da,
sin previa evaluación.
Como puede verse, la calificación o certificación social es más un proceso
administrativo que un proceso evaluativo, en la medida que da cuenta del proceso
educativo desarrollado; la certificación no puede confundirse con el proceso
evaluativo mismo, aunque a partir de ella se pueda interpretar los procesos de
formación que ha tenido una persona, ya que la evaluación tiene como función la
certificación social de logros obtenidos por una persona en un proceso educativo.
Repitamos que la certificación no reemplaza el proceso de la evaluación, lo que
hace es dar cuenta que se vivió el proceso.
Lo anterior significa que toda institución educativa debe dar cuenta de los criterios
para la evaluación y la promoción de los estudiantes, la normatividad vigente es
clara al respecto. Por ejemplo, cada institución y Centro Educativo, de los niveles
de la educación preescolar, básica y media, deben tener claridad sobre los
criterios que determina el Decreto 230 de 2002 para la evaluación y la promoción
de los estudiantes. ¿Qué significan para la comunidad educativa de la institución
tal, los criterios de Excelente (E), Sobresaliente (S), Aceptable (A), Insuficiente (I)
y Deficiente (D)? ¿Qué logros, competencias o metas se determinan en la
institución para que los estudiantes puedan ser aprobados o reprobados en cada
una de las áreas académicas? ¿Cómo se van a dar a conocer los resultados del
proceso formativo de los estudiantes? Estas son decisiones que demandan trabajo
compartido de las comunidades educativas para obtener las claridades necesarias
que eviten tropiezos en los procesos de certificación social de los estudiantes.
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En la educación superior debe ocurrir otro tanto, en la medida que en los
reglamentos estudiantiles se establezcan normas claras acerca de la concepción,
características, finalidades, aspectos a evaluar y medios para la evaluación de los
estudiantes, tales como: estrategias, técnicas, instrumentos y procedimientos.
Como puede verse este capítulo tenía como intencionalidad hacer claridades con
respecto a los nuevos cambios en evaluación, cambios que conllevan a diferenciar
entre lo que vamos a entender por evaluación, promoción y certificación, en el
contexto de la educación integral, del aprendizaje y de los actores que intervienen
en el proceso evaluativo.
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