¿DE QUÉ SON RESPONSABLES LAS EMPRESAS?

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¿DE QUÉ SON RESPONSABLES LAS EMPRESAS?
Antonio Argandoña
Comentarios de la Cátedra “la Caixa”
Octubre de 2012
con un conjunto de capitales que se unen en un régimen de responsabilidad limitada para maximizar sus
resultados económicos, desde luego la empresa no tiene por qué preocuparse de otra cosa. Pero me parece
que la empresa no es solo un conjunto de capitales.
Cuando yo era pequeño, mi madre se guardaba las
cabezas del pescado para ella. No le gustaban, pero
se las comía. Y nunca le oí protestar: ¿por qué me toca
siempre a mí comerme lo que no me gusta?
A muchas empresas no les gusta que les recordemos
que tienen una responsabilidad en la sociedad en que
viven. Pero la tienen. Todos la tenemos, en mayor o
menor medida, pero las empresas y, en particular, sus
directivos la tienen mayor, porque disponen de más
medios y, sobre todo, porque saben más, porque están particularmente preparadas para solucionar problemas complejos, que afectan a muchas personas y
que tienen grandes repercusiones en el bienestar de
los ciudadanos.
Una empresa, me parece a mí, es una comunidad
de personas, con diferentes objetivos y motivaciones
personales, que ponen sus esfuerzos en común para
conseguir un propósito común, con eficiencia y para
asegurar su continuidad, en la medida en que esta
sea posible. Son una comunidad de personas dentro
de otra comunidad más amplia, la sociedad en general, y en relación con otras comunidades. Y son responsables de los impactos que puedan tener en ellas,
al menos de acuerdo con la definición de Responsabilidad Social que dio hace unos meses la Comisión
Europea: la responsabilidad que tiene la empresa por
sus impactos en la sociedad.
Es verdad que el hecho de que una empresa sea capaz
de hacer algo no implica que tenga obligación de hacerlo, del mismo modo que el hecho de que yo sea capaz
de cantar ópera (una utopía por mi parte) no implica
que deba convertirme en un cantante profesional. Pero
si la empresa tiene un cierto deber con la sociedad, el
hecho de que tenga medios y conocimientos implica
una mayor obligación. Pensemos, por ejemplo, en los
formidables proyectos que las corporaciones ponen en
marcha, desde construir un puente entre islas distantes
hasta inventar y fabricar un satélite artificial o descubrir
medicamentos que curan enfermedades raras, y nos
daremos cuenta de que pueden.
El lector quizás argumente que me he sacado de la
manga esa definición. Bueno, no más que la que
identifica la empresa con un conjunto de capitales. En
todo caso, me parece que es más descriptiva de la realidad. En la Global Alumni Reunion del IESE celebrada
en Sao Paulo los días 2 y 3 de noviembre presenté mi
argumento con un ejemplo cinematográfico. Desde su
estreno en 1941, Citizen Kane está reconocida como
una de las mejores películas de la historia del cine.
Fue dirigida y protagonizada por Orson Welles, que
fue también un coautor del guión. Es la historia de un
empresario, Charles Foster Kane, que trata de resuci-
Bien, pero, ¿deben? Depende, me parece, de lo que
consideremos que es una empresa. Si la identificamos
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Comentarios de la Cátedra “la Caixa”
Octubre de 2012
var a cabo. ¿Cuál es nuestra misión externa, es decir,
qué necesidades de qué personas vamos a satisfacer?
¿Y nuestra misión interna, o sea, qué necesidades de
nuestros propietarios, directivos y empleados vamos a
satisfacer, a través del proceso por el que ellos participan en aquella misión externa de la empresa? Porque
todo eso son impactos de la empresa en la sociedad.
tar en 1892 un periódico en dificultades, el New York
Daily Inquirer.
Aquí no me interesan las aventuras de Kane, sino una
escena breve, secundaria en la película, en la que
los colaboradores de Kane miran una fotografía del
excepcional equipo de periodistas del Chronicle, el
periódico competidor del Inquirer, comentando que
se tardaron veinte años en formar ese equipo. En la
siguiente escena, esos mismos periodistas posan para
una fotografía en el Inquirer: Kane los ha contratado,
o mejor, los ha comprado en bloque.
¿Cómo debe llevarse eso a cabo? Dando prioridad a
las personas, claro. Con sentido de solidaridad, que
no significa dar dinero a obras de caridad, sino contribuir positivamente, cada uno según sus posibilidades, al bien común. Con inteligencia y sentido común,
que son cualidades muy propias de un buen directivo.
Con imparcialidad, es decir, no dando una prioridad
indebida a las propias necesidades –a menudo, caprichos- ante las necesidades de la sociedad. Con eficiencia, porque la empresa es el instrumento principal
que tiene la sociedad para el uso eficiente de sus recursos escasos. Cumpliendo la ley y promoviendo un
mejor marco institucional y legal en las sociedades en
que actúa –empezando por luchar activamente contra la corrupción. Sin paternalismos, porque hay que
respetar la dignidad de las personas. Con sentido de
compromiso, es decir, no como una actividad ocasional, que se lleva a cabo si viene bien y se omite si es
engorrosa.
¿Qué es una empresa? ¿Qué era el Chronicle al día
siguiente de la deserción de sus periodistas? Un edificio, unas máquinas, stocks de papel y tinta, una cabecera,… nada. Con otras palabras: una empresa es una
comunidad de personas; los capitales son medios.
Si esto es así, la tarea de dirigir la empresa es, con
palabras de mi colega del IESE Juan Antonio Pérez
López, que falleció hace unos años, dirigir un equipo humano para la acción, para cambiar la realidad,
obteniendo resultados. Dirigir es coordinar personas,
dentro y fuera de la empresa, incluyendo clientes, proveedores y comunidad local, para cambiar la realidad.
Nada es igual después de que una empresa ha pasado por un lugar, también porque habrán cambiado las
personas. Por eso, me parece, podemos decir que la
empresa tiene unas responsabilidades hacia la sociedad en la que se mueve, empezando por los de dentro
(propietarios, directivos y empleados), y siguiendo por
los de fuera (clientes, proveedores, comunidad local,
sociedad en general). Y son los directivos los que ejercen esa responsabilidad.
Si esto es así, ¿podemos elaborar un listado de acciones concretas que materialicen esa responsabilidad
de las empresas ante la sociedad? No. Lo que hemos
dicho antes debe ser la base para una reflexión que los
propietarios y los directivos de las empresas deben lle-
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