UNIVERSIDAD DE CHILE
FACULTAD DE ARQUITECTURA Y URBANISMO
DEPARTAMENTO DE URBANISMO
DOCUMENTO UR. N° 315
LA PROBLEMÁTICA DEL DISEÑO URBANO.
Martín Durán Andraca.
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Monografía
Diseño Urbano
General
Prof. Martín Durán A.
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Marzo de 1990
DOCUMENTO DE INTERÉS DOCENTE, SIN FINES DE LUCRO.
LA PROBLEMATICA DEL DISEÑO URBANO.
INTRODUCCIÓN.
La planificación urbana alcanza hoy día, sólo raras veces, la calidad intelectual que
se puede atribuir por ejemplo, a un juego de ajedrez por la corona mundial.
La comparación entre un buen juego de ajedrez y el proceso de decisión urbana
resulta normalmente desfavorable para esta última. Esto es lamentable porque las
consecuencias de una medida equivocada en la planificación urbana son de
diferente gravedad que la de una mala jugada sobre el tablero. La decisión urbana
equivocada afecta la vida cotidiana de muchas personas, a veces por generaciones.
La decisión final de realizar una determinada jugada sobre el tablero, moviendo una
pieza especifica, no se toma nunca antes de haber visualizado el efecto directo y los
indirectos que dicha jugada implica.
Aquí cabe preguntarse: ¿Cuándo es realmente examinada - desde todos los
ángulos imaginables - cada decisión urbana particular, en relación tanto a su efecto
directo como a los colaterales?
Cabe preguntarse también si aquel que es co – responsable por las decisiones
urbanas - no importa en que cargo - ¿sabe siempre lo que hace? Parece ser peor
todavía; parece ser que a menudo no puede saber nada.
Transeúntes que se pierden en el tráfico metropolitano, que serpentean a través de
un mar de vehículos, son las víctimas de decisiones urbanas que debían resolver
los problemas de tránsito pero, cuyos efectos secundarios fueron menospreciados o
se pasaron por alto.
Pobladores que fueron erradicados de sus entornos habitacionales para luego
reencontrarse en nuevos conjuntos habitacionales, despojados de todos los vínculos
funcionales y emocionales con sus antiguos medios ambientes, simbolizan –
involuntariamente - las consecuencias de decisiones urbanas que debían paliar la
urgencia de viviendas.
Es así como las decisiones que deben contribuir a la solución de determinados
problemas se toman sin la observación de otros factores, sin la observación de los
efectos colaterales, directos y sin la observación de las consecuencias a largo plazo.
El resultado: mediante la solución de antiguos problemas se produce, a menudo,
otros nuevos.
El aumento de la producción industrial conlleva deterioro ambiental; el aumento de
la producción agrícola conlleva - en muchos casos - el envenenamiento de los
alimentos; el intento por superar urbanísticamente los problemas de transporte
produce, con frecuencia, ciudades inhumanas.
La sociología denomina a estos efectos con el calificativo de efecto perverso.
Es posible que ustedes estén en antecedentes que algunos expertos europeos
atribuyen a los filtros instalados en las chimeneas de las grandes industrias el ser
una de las causas de la lluvia ácida, puesto que estos filtros provocan - entre otras
cosas- la gasificación de algunos compuestos que en ese estado forman ácidos con
la humedad atmosférica.
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Alvin Toffler en su Schock del futuro refiriéndose a la idea de domesticación de la
tecnología sostiene lo siguiente:
"Ante todo, la amarga experiencia tendría que habernos enseñado ya a observar
con mayor cuidado los posibles efectos físicos colaterales de toda nuestra
tecnología...debemos esforzarnos en determinar si ella alterará, y de que modo, el
delicado equilibrio ecológico del que depende nuestra supervivencia.
Además deberemos prever sus efectos indirectos a gran distancia, tanto en el
espacio como en el tiempo. Los desperdicios industriales vertidos en un río pueden
aparecer a cientos, incluso miles de millas mar adentro. El DDT puede surtir efecto
muchos años después de utilizarlo.
Tanto se ha escrito acerca de esto, que parece innecesario insistir en ello".
La causa de estos efectos perversos no es solamente miopía, negligencia o mala
voluntad. En muchos casos, aquellos que deben tomar las decisiones, así como
también aquellos que se verán afectadas por ellas, carecen de los conocimientos
acerca de los efectos de semejantes decisiones.
DISEÑO URBANO - ¿LUJO O NECESIDAD?
Lo anterior rige también para el urbanismo.
La planificación urbana descuidó durante largo tiempo el aspecto de los efectos
psíquicos que el medio ambiente urbano construido produce sobre el habitante
urbano.
Al respecto, aquí se ve el diseño urbano como parte de la planificací6n urbana que
observa la ciudad bajo el prisma de las expectativas, deseos y formas de conducta
del ser humano en el espacio urbano.
Dicho de otra manera, el diseño urbano representa las necesidades inmateriales del
hombre en la ciudad y, por ello, su tarea es reconocer estas exigencias psicológicas
y espirituales de los hombres en el medio ambiente construido, representarlas y
procurar su valoración junto a las exigencias sociales, económicas, políticas,
jurídicas, ecológicas, técnicas, etcétera, de la ciudad.
Pero, aquí cabe también preguntarse si esta tarea corresponde a un lujo que
pueden permitirse sociedades que tienen satisfechas sus necesidades materiales o,
por el contrario, es esta una tarea que responde verdaderamente a una exigencia
elemental del hombre a su entorno cotidiano.
Cabe preguntarse si la idea de la buena ciudad, de la buena forma puede
constituirse en un tema válido en vista de la magnitud de catástrofes ambientales,
carrera armamentista, terrorismo, criminalidad, drogadicción, divorcios, abortos,
soledad individual, cesantía, hambre endémica, etcétera. En otras palabras, cabe
preguntarse si el tema de la buena ciudad, de la ciudad hermosa encontrará espacio
para una discusión fructífera en todos los niveles.
Se sabe al menos que en el campo del diseño industrial, la buena forma, la cosa
hermosa, el diseño, adquiere un significado importante. Miles de personas laboran
en el ámbito de la industria de la publicidad o en el ámbito de la moda, viven del
llamado, del estímulo a la necesidad de belleza del consumidor.
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La industria destina enormes sumas de dinero para el diseño por ejemplo, del
mobiliario de oficinas, artefactos de cocina o, para el diseño de nuevos modelos de
automóviles.
Reconocemos, de esta manera, que el diseño de un producto tiene un significado
fundamental para la decisión de compra por parte del consumidor.
Esto no sería así, si la aspiración por belleza no fuese una necesidad inmemorial
fundamental de los seres humanos, no sería así si los hombres no reaccionaran a la
apariencia exterior de los productos y servicios que se les ofrecen.
Lo que rige para el comercio y la industria rige naturalmente en muy gran medida
para el urbanismo.
Hombre, Ciudad, Diseño.
La exigencia por un buen diseño en el medio ambiente urbano es, por lo menos, tan
grande cómo frente a un auto nuevo. Y con buenos motivos, ya que la forma del
entorno cotidiano, su diseño, influye sobre la disposición anímica de los hombres. E
influyen bastante más que la forma, el diseño de una plancha.
¡Y esto es así, a menudo, sin que el hombre esté consciente de ello!
La forma de la ciudad, sus atributos morfológicos, visuales, perceptuales, les
pueden posibilitar la orientación del hombre en el medio ambiente urbano y permitir
así seguridad psíquica. Lo contrario, el sentirse extraviado, el no saber dónde estoy
puede producir miedo, angustia, incluso pánico de muerte, una de las sensaciones
más aterradoras que puede sufrir un individuo.
La buena ciudad puede fomentar la identificación del hombre con su medio
ambiente y, con ello, procurar la sensación de identidad; puede ofrecer estímulos a
los sentidos y mediante ello provocar la propia creatividad del individuo. Lo
contrario, puede producir desinterés por el espacio urbano.
La buena ciudad puede hacer vivenciable la historia y dar así sentido al presente.
Lo contrario puede significar un futuro carente de raíces.
La ciudad vista así, no es sólo el lugar de procesos económicos, comunicativos,
constructivos, tecnológicos, no es sólo el lugar de la existencia material de los
hombres. La ciudad vista así es también el lugar de procesos emocionales, del
desarrollo psicológico del hombre, de procesos espirituales; es también el lugar de
la existencia inmaterial.
Y esto es así porque “no sólo de pan vive el hombre", sino que también tiene
necesidades anímicas y espirituales: frente a sí mismo, frente a otros hombres,
frente a su entorno cotidiano.
A este tipo de necesidad pertenece también, sin duda, la normalmente inconsciente
necesidad de belleza, tal como ella se expresa en la vida cotidiana: por el vestido
elegante, por la comida visualmente apetitosa, por el auto último modelo, por la
fachada de la casa propia, por la forma urbana atractiva.
Sin duda que quien conoce el proceso de gestación de los proyectos de muchos
conjuntos habitacionales, no se asombra al comprobar que normalmente la calidad
del medio ambiente dista mucho de haber sido realmente reflexionada.
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¿O es que, hasta aquí, no se han decidido la mayoría de los concursos urbanos
mediante perspectivas aéreas? ¿No faltan acaso, no solamente los criterios para
poder juzgar - ya en los bosquejos - el camino, el itinerario cotidiano ulterior de los
futuros habitantes sino que, generalmente la voluntad de hacerlo?
Pero, lo que es peor todavía, es la carencia de conciencia pública acerca del
significado psíquico del medio ambiente, como lo demuestra, por ejemplo, el cambio
incontrolado de la imagen urbana, mediante edificación en altura, de una ciudad de
importancia mundial como París.
Mucho más raras son, todavía, las ciudades que sostengan la opinión de que, la
modificación de la imagen urbana no puede ser entregada unilateralmente a los
intereses privados.
¿Qué comunidad examina y comprueba realmente en forma sistemática el efecto de
distancia de edificios altos o, la consecuencia visual del complicado entrelazamiento
de vías elevadas?
¿Dónde tiene ya la forma urbana, como tarea de política comunal, tanto peso que
pueda ser puesta al mismo nivel qué las tareas económicas o de transporte?
Si en este plano también ha comenzado a perfilarse un viraje en la conciencia
político - comunal, no se debe necesariamente sólo a aquello, porque el creciente
concurso de las ciudades en el ámbito de la imagen urbana ha mostrado cual es el
rol que juegan los efectos psíquicos de la forma urbana, en relación con la
atractividad de la ciudad. Dicho con otras palabras, si no se hubiera demostrado la
relevancia económica de la forma urbana.
Así, se deja ver hoy, cuan a menudo - al tomar decisiones urbanas - se pensó sólo
en factores aislados y en sus efectos directos pero, no en sus efectos como
totalidad. Con la participación en la formulación de objetivos de desarrollo urbano, el
planificador afecta las tareas que una ciudad se ha propuesto; con la distribución de
los usos urbanos y el desarrollo de sistemas de transporte determina él tanto el
ambiente físico como el psíquico de los ciudadanos; con la determinación detallada
del tipo, proporción, situación y forma tridimensional de todos los usos posibles, el
planificador determina, fija, el medio ambiente que posteriormente será ejecutado
por arquitectos y cuya relevancia psíquica es tan real como la física.
Así, las decisiones urbanas - en todos los niveles de planificación - tienen
consecuencias no sólo materiales sino que también inmateriales, las que han sido
ignoradas o menospreciadas por la conciencia pública, por la práctica urbana y por
la investigación, a menudo incluso, bajo el ropaje de neutralidad y formal consciente.
Sin embargo, en tanto que se tomen decisiones urbanas - y este fue, es y será el
caso - se modificará la forma del medio ambiente, se alcanzaron nuevos logros, se
destruirá lo antiguo. Entonces, parece ser que las modificaciones del ambiente
formalmente neutrales también producen forma, gestalt; sólo que irreflexiva.
Cada lugar, cada ciudad, tiene su carácter propio e inconfundible. Este carácter está
impreso por la situación geográfica, definido por el pasado y presente social,
económico y cultural, conformado por la arquitectura de sus edificaciones y por su
arquitectura urbana. Santiago sin la cordillera, sin el río Mapocho, no sería Santiago.
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Pero, en muchos lugares, en muchas ciudades, esta forma urbana de la que
hablamos, este carácter inconfundible, ha sido descuidado desde hace décadas.
Muchas veces por razones comprensibles: muchas ciudades han debido solucionar
lo urgente, lo material de la vida de sus ciudadanos quedando así los aspectos
inmateriales citados, un poco en segundo lugar.
Se olvidó que la ciudad es vivenciada por sus ciudadanos como un todo inseparable
y que no existe sólo una arquitectura de la vivienda, del edificio comercial,
financiero, administrativo, etcétera, sino que también una arquitectura del todo, una
arquitectura urbana.
Se olvidó que para el ser humano él todo es más que la suma de las partes, que
para el ciudadano su lugar es más que la simple adición azarosa de edificios y/o
elementos urbanos.
Hoy se comprueba que para el ciudadano común la imagen urbana considerada
como un todo es igualmente importante que un edificio individual y que no debería
construirse un edificio sin reflexionar antes sobre la imagen urbana. Al respecto,
permítanme indicarles a ustedes el artículo 3° de la Ordenanza de Construcción del
Estado de Baden – Württemberg, en la República Federal de Alemania. "Los
edificios deben ser edificados, agrupados y mantenidos de forma tal que ellos no
deben provocar deformaciones, afeamiento y no afeen su entorno...".
Los artículos 16 y 17 de la misma ordenanza se refieren a que ellos deben ser
concatenados con su entorno de forma tal que no destruyan la imagen de la calle,
del lugar o del paisaje. Frente a este tipo de afirmaciones hay muchos que creen ver
en ello una fórmula peligrosa que podría significar el no desarrollo formal de la
ciudad. Estos son algunos ejemplos que a mí - al menos - me alegran mucho.
La imagen propia de una ciudad ha venido transformándose lentamente en una
importante tarea en muchas comunidades urbanas: para los ciudadanos, para el
consejo municipal, para el alcalde.
Hay buenos motivos para ello: los ciudadanos le otorgan un gran valor a la imagen
urbana como símbolo legible de su lugar de origen; comerciantes e industriales
reconocen que para el comprador el negocio no comienza en la puerta del local, que
para los trabajadores, la empresa no comienza en el reloj control.
Claro que, mientras cada hotelero sabe exactamente que para los distintos
huéspedes la atractividad de su local depende en gran parte del alhajamiento de sus
espacios, la planificación urbana ha descuidado el espacio público durante
decenios.
Cada uno de ustedes, podría comparar las salas de estar de vuestras propias
casas, con seguridad primorosamente amobladas, con las calles que deben recorrer
diariamente, incluso con los espacios urbanos en que esos espacios - estares
privados se ubican.
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¿COSMÉTICA URBANA?
Muchos políticos comunales reconocen hoy cada vez más que la atractividad de su
ciudad, de su comuna, no depende ya solo de sus plazas de trabajo, negocios, sitios
para construir y equipamiento para el ocio, sino que también de la herencia, del
legado cultural en arquitectura urbana, de la imagen urbana existente y de su futuro
formal.
Permítanme indicarles algunos resultados de encuestas realizadas en Europa
central a inicios de esta década. Ellas indican que el 50 % de los inmigrados a una
ciudad determinada tenían para elegir entre otros lugares con parecido o igual valor
como oferta de trabajo. Pero eligieron esa ciudad particular por tener ella un
ambiente vital más grato.
Se confirma pues, que no sólo de pan vive el hombre.
Consecuentemente, es posible entonces pensar que la imagen urbana es un tema
que incluso puede ser considerado al tratar sobre políticas de localización, al tratar
sobre el ajuste o control del desarrollo urbano - regional.
Así, allí también donde se lamenta la pérdida de identidad urbana, el tema de la
imagen puede ser incorporado como factor de recuperación de individualidad. Allí,
donde las ciudades pierden diariamente su aspecto propio y hacen crecientes
esfuerzos por mejorar su atractividad, o donde las ciudades se encuentran a la
búsqueda de lo especial de su imagen, allí se trata en definitiva de una pregunta
económica concreta.
Estas son facetas de la imagen urbana hoy en día. Por que el diseño urbano, tal
como aquí se entiende, se enfrenta a estos y a otros problemas semejantes.
A menudo, claro, sin las escalas que se le podría dar, sin criterios que corresponde
a nuestro tiempo, sin los valores que puedan representar a nuestra sociedad.
Cristalizar esos valores en una discusión político - social y tenerlos presente en la
planificación urbana, es la real tarea del diseño urbano.
Así entendido, el diseño urbano es algo más que, por así decirlo, escenografía,
decoración o cosmética urbana. Y esta es, desgraciadamente todavía, la forma en
que algunos entienden el diseño urbano.
LA REALIDAD EXTRAVIADA.
La planificación urbana ha estado, en gran medida, impresa por la importancia
política de factores económicos, legales, técnicos, así como también, en los mejores
casos, por factores sociales. Los factores psíquicos, digamos, la estética
socialmente relevante, quedaron - cuando quedaron - en el último lugar. Ustedes
han de saber que en el desarrollo del Plan Regulador de una importante comuna
capitalina - de la ciudad de Santiago - se ha considerado a la actividad atómica digamos la operación de una central nuclear - como la actividad más incompatible
con la actividad residencial mientras que al efecto estético se le asigna la
incompatibilidad más baja.
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¡Como si alguien en su sano juicio se le pudiera ocurrir instalar un reactor atómico
en el centro de Santiago o en la misma Providencia!
Los planificadores olvidaron aquí que la calidad visual del medio ambiente afecta
diariamente al individuo urbano y que las fallas nucleares urbanas ocurren solo de
tarde en tarde. ¡Y en otras latitudes!
Por otra parte, la complejidad de las tareas urbanas dio lugar a que la planificación
del futuro de barrios y ciudades enteras se realizara mediante un sistema de
signatura simbólica y que este futuro fuese fijado en planes de desarrollo, planes de
uso del suelo, planes de urbanización.
Pero, con ello, la realidad fue a parar - a menudo - desgraciadamente, en el olvido
que estos sistemas de signatura simbólica conlleva. Y, por cierto, estamos hablando
aquí de una realidad compleja.
Allí, sobre el plano, donde se encuentra el símbolo de una cruz, se encuentra quizás
un cruce de calles flanqueado por edificación de cuatro pisos de altura, un paradero
de locomoción colectiva urbana, una cartelera, un kiosco de diarios, tres árboles y
un perrito que juguetea entre los transeúntes.
Y en realidad, simultáneamente, en este mismo lugar, una adolescente sueña,
alguien muere atropellado, se congela una anciana, un vendedor ambulante huye,
un médico coloca una inyección, alguien hace un buen negocio, un colegial medita
sobre sus tareas, nace un niño y canta un canario.
Así, planificación urbana significará entonces, planificar para todos aquellos
momentos, para todos aquellos destinos, para posibilitarlos, para facilitarlos.
ARQUITECTURA Y ARQUITECTURA URBANA.
Las ciudades no son un cuadro estático sino que "organismos urbanos vivos”. No
son sistemas mecánicos. Las ciudades están sometidas a un permanente cambio
que requiere de guía, de orientación, ya sea estimulando el cambio deseado o
contrariando el cambio considerado negativo.
Así, la imagen no será la configuración resultante de una arbitraria agregación de
edificios individuales, árboles y superficies libres en las superficies restantes de las
destinadas a vías de comunicación y transporte.
Como tarea, la imagen urbana es mucho más que eso: es una tarea duradera,
voluntariosa, y específica de cada comunidad urbana.
Así, como cada edificio tiene o exige un propietario o mandante y un arquitecto que
lo diseñe, así también cada ciudad, como un todo, exige de un mandante - la
comunidad - y un diseñador: el alcalde, el asesor urbanista o el equipo de
planificación y diseño a quien la ciudad haya contratado.
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También las tareas son comparables:
A la planta urbana se corresponde la planta de un edificio; al contorno de él se
corresponde la silueta urbana;
Los espacios interiores del edificio representan las calles y plazas de la ciudad,
etcétera.
Podríamos hacer muchas otras analogías, digamos por ejemplo, con relación al
mobiliario, iluminación, jardines, pavimentos, etcétera.
Pero, más importante que la analogía misma es el hecho de constatar de que nada
de ello sería dejado el azar por el propietario o el arquitecto de una construcción
nueva o de una existente que vaya a ser transformada.
Así tampoco debería ser dejado de lado por la ciudad, los más importantes aspectos
de la forma de ella.
Sin duda que hay diferencias entre arquitectura de un edificio individual y la
arquitectura de la ciudad.
La arquitectura de un edificio puede corresponder – justificadamente - a imágenes
formales contemporáneos. Estas, sin embargo, están sujetas a un continuo cambio
mientras que la arquitectura de la ciudad supone una idea directriz de largo aliento,
que se basa en una clara representación o idea que la comunidad tiene acerca de la
imagen urbana a la cual se aspira.
Dentro de esta idea, que tiene como objetivo él todo y que debe asegurar la
continuidad de la imagen, debería establecerse un marco de acción para el interés
individual, privado, tan grande como fuese posible.
Pero, este tema y el conflicto entre el interés privado y el interés colectivo es algo
que supera el alcance de este documento y que debería discutirse en otra
oportunidad.
A pesar de ello haré algunas referencias en los próximos párrafos.
BASES DE LA FORMA O GESTALT URBANA.
La arquitectura local se fundamenta en aquellos aspectos que le otorgan al lugar su
carácter individual, su propiedad especial, inconfundible, frente a otros lugares. Se
basa en aquellos aspectos que imprimen la forma urbana en el todo y en las partes.
La más de las veces son unos pocos elementos que otorgan carácter a través de su
especial combinación.
Estos elementos formadores, configuradores del carácter de la ciudad, no serán
necesariamente los mismos en cualquier otra ciudad, ni siquiera para los distintos
sectores o partes que la compongan.
El verdadero secreto está en cómo se combinan estos elementos.
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Estos elementos son:





Situación natural,
Forma local, en la cual habría que destacar la planta, la silueta,
Espacio urbano,
Espacios libres vegetación,
Edificación.
¡Se pueden contar con los dedos de una mano!
Ahora bien, el hecho de que se combinen en forma particular de ciudad en ciudad
(¿Qué hace diferente a Santiago, de Concepción, de Valparaíso?) y que a su vez,
se combinen también en forma especial de sector en sector. (¿Qué hace diferente a
la Comuna de San Ramón, de Maipú, de La Reina Alta?). Sugiere que la
preocupación por la imagen no debe ser solamente a nivel del todo sino que se
debe diferenciar las distintas partes y procurar también en ellas mejorar la calidad
del medio ambiente.
Los principios señalados no son válidos solamente para el centro de la ciudad, sino
que también para sectores mixtos, para los sectores residenciales, para los
industriales. Todos ellos son ambientes vitales para el ser humano, quien en su vida
activa habita en un sector residencial o mixto, trabaja en un sector industrial,
comercial o de servicio, va a comprar en sectores comerciales y por las tardes
abandona el centro urbano.
LOS PRINCIPIOS DE DISEÑO DE LA GESTALT URBANA. O LA VIVACIDAD DE
LA IMAGEN.
Con estos elementos que he señalado todavía no se alcanza una arquitectura
urbana como un todo, ni se logra que la imagen sea vivaz, punto este de gran
importancia pues las ciudades que nos preocupen son “organismos“ y no máquinas.
Esto significa que la imagen debe ser viva, debe ser vivaz.
La vivacidad de una imagen urbana se basa en algunos principios de diseño que, a
menudo, son válidos desde hace siglos en una determinada imagen. Son reglas
inmemoriales que hacen a una imagen vivaz y hermosa.
Son principios de acuerdo a los cuales, por ejemplo, las edificaciones individuales
en un lugar pueden ser armonizados unas con otras de forma tal que desarrollen
sus propias características, como también que se adapten a los demás. Estos
principios son algo así como el denominador común de un largo cálculo, reglas de
juego urbanísticas que reúnen la arquitectura del edificio individual con la
arquitectura urbana.
Sin el desarrollo de principios de diseño claros, comprensibles y utilizables no es
posible una arquitectura urbana global, común para la comunidad. Para ello sirven
las metodologías de Análisis y Planificación de la Imagen Urbana, tema que está
enfocado en otros documentos.
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Cada disposición, ordenanza de diseño urbano, muestra el conflicto propio de una
contradicción que parece insalvable. Esta contradicción se presenta entre el
derecho individual a un diseño libre, por ejemplo, de la casa particular y el justificado
derecho del público en general por el ensamble de la calle en que se ubica dicha
casa.
Puesto que cada decisión arquitectónica sobre el predio propio genera también
efectos visuales sobre el espacio público, este antagonismo, esta contradicción
aparece permanentemente.
Normalmente el diseño de edificios es visto solo como tarea y compromiso del
individuo frente a sí mismo y al objeto. Las concepciones e interpretaciones
personales así como los sentimientos estéticos deben poder ser desarrollados por
cada uno con libertad ilimitada, en la forma que más le convenga ... en la medida
que no afecte al entorno, desfigurándolo, afeándolo.
En consecuencia, existen regulaciones determinadas legalmente que restringen
esta libertad individual de diseño. Esto quiere decir, la restricción mediante
disposiciones legales.
MDA/mda
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la problemática del diseño urbano.