Notas sobre la Sociología del Trabajo hoy en Chile
Santiago Aguiar
Licenciado en Ciencias Sociales y Humanidades- Universidad Nacional de
Quilmes, Argentina
Magisterando en Ciencias Sociales m/ Sociología de la ModernizaciónUniversidad de Chile
21 de mayo de 2008
La Sociología del Trabajo, y las Ciencias Sociales en general, se constituye y pone
en cuestión, gana o pierde influencia, de acuerdo a múltiples circunstancias. Entre
ellas, su propia historia con sus conquistas y sus fracasos, el espacio institucional
que logra, o no, hacerse, la incidencia de otras ciencias, y las demandas sociales.
En Chile muchos investigadores sociales realizan estudios del trabajo, como más
abajo podrá verse, en diversos ámbitos, con diversos enfoques.
Sin embargo, se trata de una producción que tiene una extraña particularidad: es
difícil encontrar alguna unidad entre éstos, sea de objetivos, de encuentros para
compartir los resultados o los procesos mismos de investigación y estudio, de
espacios institucionales que los reúnan como tales.
Hay otra observación que puede hacerse: la demanda social que generaba la
actual producción de investigaciones y estudios, comienza a modificarse.
Ambas especificidades, están planteando nuevas tareas a los Estudios del Trabajo
en Chile.
Antes de proponerlas, es necesario un rápido repaso del estado actual, que en
forma de notas provisionales permitan iluminar algunos aspectos fundamentales.
El contexto internacional y latinoamericano: nuevos enfoques
El doble proceso de multiplicación de enfoques teóricos, y con ésto, de
impugnación de las teorías predominantes tradicionales, por un lado, y de las
transformaciones y características del trabajo mismo, por el otro, determinan un
proceso en el que se movilizan nuevas discusiones, se producen nuevas y
crecientes investigaciones y estudios, se genera una fluidez del campo
enriquecedora.
Es sin embargo determinante en este proceso las transformaciones y
características del trabajo mismo:
“El futuro del trabajo delimita la evolución posible de su sociología.
A menos que se haga arqueología, futurismo tecnológico o
utopías: prescripción en lugar de descripción e interpretación.
Desde luego, podría afirmarse que a tal trabajo (tal concepción de
lo que sea considerado trabajo), tal sociología. Basta mirar a la
historia reciente de la disciplina para detectar cómo el objeto
material y teórico de la misma condiciona métodos, alcance,
técnicas de investigación. Así, basta ampliar el estudio del trabajo,
del trabajador colectivo, al proceso completo de producción de un
bien o servicio, para generar una concepción de la Sociología del
Trabajo con un particular perfil epistemológico” (CASTILLO, 2000).
Considerando tanto la determinación central de las transformaciones y
características del trabajo, así como teniendo que tener en cuenta su particular
perfile epistemológico, el destacado sociólogo Enrique de la Garza Toledo, da
cuenta del estado actual de los Estudios del Trabajo reuniéndolos en sendos
Tratados: el “Tratado Latinoamericano de Estudios del Trabajo”, y “Teorías
Sociales y Estudios del Trabajo: nuevos enfoques”.
Se podría decir que sintetiza, al menos la tendencia general de los nuevos
enfoques, en los conceptos de trabajo ampliado y sujeto laboral ampliado,
mostrando a su vez, al parecer, un interés por cubrir la dimensión tanto objetiva
como subjetiva del problema.
Para ésto, se separa de las teorías anteriormente predominantes:
“Las teorías de la dependencia no habían generado un cuerpo de
conceptos sobre estos problemas y en el mejor de los casos
subsumían los nuevos fenómenos en categorías generales como
explotación (plusvalía relativa o absoluta cuando eran de
inspiración marxista) o deterioro de los términos de intercambio
por importación de tecnología, cuando se inspiraban en el
estructuralismo de la CEPAL. La sola mención de la dependencia
con respecto de la tecnología de los países centrales o bien del
nuevo capital extranjero productivo no era suficiente para entender
sus efectos sobre el trabajo y los mercados de trabajo” (DE LA
GARZA, 2006).
Sobre ésto habrá que volver más adelante, mientras hay que consignar que sigue
puntualizando que los nuevos estudios del trabajo enfrentaron tres rivales: los
viejos estudios sobre el movimiento obrero, el dependentismo, la economía
neoclásica.
Se fueron desarrollando sobre estas bases nuevós temas y hallazgos (DE LA
GARZA, 2006): la implantación de nuevas tecnologías en empresas de América
Latina; las nuevas formas de organización del trabajo; el gran tema de la
flexibilidad del trabajo; el estudio de los clusters; de las estrategias empresariales;
de las culturas empresariales, sindicales y obreras; de los mercados de trabajo; de
los modelos de producción. Y especifica, en el segundo de sus textos,
comparándolo con el primero:
“El presente texto se justifica porque temas importantes no fueron
incluidos en su momento, como es el trabajo en la agricultura, la
relación entre trabajo y educación, las reformas laborales en
América Latina, el aprendizaje tecnológico y los estudios sobre
empresarios como sujetos al frente de las empresas que ahora
abordamos en este libro. A su vez , la velocidad de renovación de
algunas teorías como las de organizaciones, el Regulacionismo, la
informalidad, la relación entre migración y trabajo, la construcción
social del mercado, las redes entre empresas y la subcontratación,
las nuevas relaciones industriales, la relación entre familia y
trabajo, la relación entre género y flexibilidad, así como la síntesis
de la investigación empírica sobre sindicatos, implicaron nuevos
capítulos en la presente obra” (DE LA GARZA, 2006).
Se llega así a la definición que realiza del concepto de trabajo ampliado:
“implica un objeto de trabajo que puede ser material o inmaterial,
en particular la revalorización de objetos simbólicos de trabajo;
una actividad laboral que no sólo implica lo físico y lo intelectual
sino mas analíticamente las caras objetiva y subjetiva de dicha
actividad, esta es finalista, supone que el producto existe, como
decía Marx, dos veces, una en la subjetividad y otra objetivada,
aunque
las
objetivaciones
pueden
serlo
también
de
los
significados y en significados. La conexión entre medios y fines en
el Trabajo pone en juego a todos los campos de la subjetividad y
no sólo los de carácter cognitivo o bien científicos, en particular
porque trabajar es relación con objetos que pueden provenir de la
naturaleza, pero específicamente interacción social de manera
inmediata o mediata, con sus componentes físicos y subjetivos.
Pero la especificidad de cada trabajo no proviene de las
características del objeto, ni de las actividades mismas, ni del tipo
de producto sino de la articulación de este proceso de producir con
determinadas relaciones sociales amplias, con relaciones de
poder, de interés, de influencia, culturales. Finalmente, los límites
entre trabajo y no trabajo no son naturales o universales, sino
dependen de las propias concepciones sociales dominantes en
este respecto” (DE LA GARZA, 20006).
Del mismo modo, concluirá con una definición del sujeto laboral ampliado:
“Las identidades y acciones colectivas pueden tener una relación
intensa o débil con la vida del trabajo, además los mundos del
consumo, del esparcimiento, en la familia pueden reconocer
traslapes con las actividades productivas. Es decir, a un concepto
de trabajo ampliado debe seguir otro de sujetos laborales
ampliados. Los sujetos laborales ampliados no son aquellos cuya
acción colectiva depende fundamentalmente de la experiencia,
organización, demandas laborales, específicamente en torno de la
relación capital- trabajo, esta es la concepción estrecha de trabajo
y de sujeto laboral. La ampliada implica que puede haber
eficiencia identitaria también en los trabajos no capitalistas, con
sus demandas y formas de lucha y organización, pero también que
los sujetos se pueden constituir en territorios y tiempos no
laborales, aunque teniendo un pie, o una uña de vinculación con
los laboral ampliado” (DE LA GARZA, 2006)
Las
más
recientes
publicaciones,
dan
cuenta
del
dinamismo
de
las
transformaciones y características del trabajo. Un problema central necesita un
tratamiento especial. La precariedad del trabajo se presenta como preocupación
principal, y la Revista Latinoamericana de Estudios del Trabajo se dedica a ello,
desde un enfoque general centrado en la relevancia de lo político:
“Cada uno de los artículos de este número va mucho más allá de
los aspectos aquí señalados pero lo que se quiere destacar es que
todas
estas
flexibilización
contribuciones
y
muestran
precarización
diversas
laboral,
formas
reforzamiento
de
de
inequidades y surgimiento de otras, así como los grandes desafíos
que supone transformar el panorama actual, pero así mismo dan
prueba de que es aventurado sostener que se está en presencia
de un proceso definitivo e irreversible. Todos sabemos que las
relaciones de poder definen las reglas de los mercados de trabajo
y nada permite augurar que el actual predominio del capital sea
inmodificable” (IRANZO C., LUCENA H., 2008).
De conjunto, e hilvanando con los períodos anteriores, podría decirse que si la
característica central general de la década de 1960 fue el del “optimismo de las
fuerzas productivas” (CASTILLO, 2000), el determinismo tecnológico; de la década
de 1970, la concentración en el triple problema de los procesos de trabajo, la
degradación del trabajo, las relaciones de clase, con un cuestionamiento al
determinismo tecnológico; de la década de 1980 las reingenierías del proceso de
trabajo; que en la década de 1990 se desarrollarían en el doble problema de la reestructuración productiva y el trabajo en estado fluido; la década del 2000
mantiene una continuidad con la del ’90, e intensifica las investigaciones y
estudios sobre segmentos específicos (el trabajo infantil, el trabajo de la mujer, el
trabajo de los jóvenes, la misma precariedad como problema de trabajos atípicos),
así como una preocupación específica sobre los mercados de trabajo, y el
problema de la regulación del desempleo-precariedad, ganando terreno la
discusión sobre la flexiseguridad.
Las características centrales y generales de este último proceso, pueden reunirse
y denominarse, aquí en este articulo, como la común preocupación por la
humanización del trabajo ante las grietas cada vez más profundas que evidencia
el neoliberalismo.
En este contexto es que se insertan los estudios del trabajo en Chile, pero antes
de revisarlos, es necesario repasar a su vez sus más recientes antecedentes.
La Sociología del Trabajo en Chile hacia principios de la década del 2000
Hacia principios de la década del 2000, la Sociología del Trabajo en Chile, se
concentraba en tres grandes temas: los actores (sindicatos y empresarios), los
estudios sobre la mujer, los estudios sobre los cambios y los procesos de trabajo
(ARAVENA CARRASCO A., 2000 –base de todo este apartado).
Entre algunos de los principales investigadores destacaban: Javier Martínez,
Eugenio Tirón, Cecilia Montero, Guillermo Campero, Jaime Ruiz Tagle, Mario
Albuquerque, Rodolfo Fortunatti, Malva Espinoza, Patricio Frias, Enzo Faletto,
Rosalba Todaro, Thelma Gálvez, Sonia Yánez, Ximena Díaz, Helia Henríquez,
Teresita Selamé, María Elena Valenzuela. Podríamos agregar a Gonzalo
Falabella, Rafael Agacino, Magdalena Echeverría, Jaime Ensignia, Víctor Tokman,
entre otros.
Entre las revistas, instituciones y publicaciones principales en las que actuaban, se
puede mencionar, la revista Proposiciones, la revista Economía & Trabajo, el
Programa de Economía del Trabajo-PET, el Centro de Estudios de la Mujer- CEM,
la Fundación Friedrich Ebert Stiftung- FES. Y con ellas, los trabajos que formaban
parte de los programas de investigación de, entre otras, FLACSO, OIT, Dirección
del Trabajo. Es notoria la ausencia de instituciones universitarias dedicadas a la
Sociología del Trabajo.
Entre los conceptos y áreas principales de estudio se pueden consignar: la
reducción de la clase obrera; la crisis del sindicalismo y su nuevo carácter, de
empresa, corporativo; la revalorización de la democracia; las estrategias de
concertación social y el diálogo social; el empresariado como actor social, su
nueva morfología, su relación con el Estado, las nuevas formas de gestión
empresarial; la modernización productiva, los cambios en la organización y gestión
del trabajo, la incorporación de tecnología, con fuerte énfasis en la definición de
estar en la base de un proceso de “racionalización autoritaria”, y el problema de la
flexibilidad y los efectos perversos como se considera la precariedad; el
crecimiento del empleo femenino, los problemas de segregación, de sus
condiciones de trabajo, los horizontes nuevos pero también las tensiones de la
incorporación de la mujer al mercado de trabajo, la relación conflictiva trabajofamilia, la mujer y el sindicalismo; las trayectorias laborales.
Quedaban fuera algunos problemas, procesos y conceptos no menores, entre
ellos, el del conflicto social, las percepciones de los trabajadores ante las grandes
transformaciones, los encadenamientos productivos, organización del trabajo y
tecnología, capacitación y formación profesional, pero es notoria la amplia
variedad de temas y enfoques.
De conjunto, se podría decir que las características centrales y generales de este
período fueron las investigaciones y estudios que dieran cuenta y marcaran las
tendencias de las grandes transformaciones políticas, y de las grandes
transformaciones estructurales a nivel social y a nivel de las empresas, y su
impacto objetivo en los trabajadores.
La Sociología del Trabajo en Chile durante la década del 2000
La presente década trajo algunos cambios y algunas continuidades. Desde el
punto de vista de las instituciones, entre las continuidades, la ausencia de las
Universidades. Y la producción del CEM, o FES.
Entre los cambios, una activa e importante publicación, la revista Economía &
Trabajo, dejó de publicarse. Aunque nuevos focos de elaboración se
desarrollarían. Es notorio y destacable el caso del Departamento de Estudios de la
Dirección del Trabajo. En éste, se viene desarrollando, junto con las
investigaciones y estudios, un instrumento novedoso e importante: la Encuesta
Laboral- Encla, con cinco versiones (1998, 1999, 2002, 2004, 2006)
También el Departamento de Estudios del Servicio Nacional de la Mujer- Sernam,
y el Ministerio de Planificación-Mideplan. Debe mencionarse asímismo la
publicación electrónica, aunque intermitente, del Observatorio Laboral de la CUT,
con su Boletín electrónico y sus Documentos. También, aunque con una menor
producción, la Revista Laboral del Ical. Junto con éstos, se han seguido
produciendo investigaciones, aunque más aisladas, integradas a los procesos y
objetivos de CEPAL y OIT.
Desde el punto de vista de los investigadores, a los ya mencionados, se pueden
agregar otros, como ser Verónica Uribe-Echeverría, Verónica Riquelme, Eduardo
Acuña, Ernesto Pérez, Consuelo Gazmuri, Diego López, Pablo Baltera, Omar
Aguilar, Juan P. Dussert, Jorge Salinero, Elías Apud, Silvia Lagos, Fabiola
Maureira, Celina Carrasco, Patricia Vega, Lorena Godoy, Antonio Stecher, Ana
Cárdenas, Sandra Leiva, Alexis Guardia, Daniel Núñez, Antonio Aravena, Patricio
Malatrassi, Rolando Alvarez, Jurgen Weller, Marcelo Charlin, Carmen Luz
Campuzano, Carolina de la Lastra, Leandro Sepúlveda, Paulina Fernández,
Francesca Camelio.
Se podrían identificar cinco grandes ejes (que no agotan el amplio espectro de la
producción del campo) en los estudios e investigaciones de la presente década:
La problemática del sindicalismo; la problemática de los nuevos trabajos o del
empleo atípico; la problemática del mercado de trabajo y sus segmentos
específicos; la problemática de los clusters; el impacto de la globalización.
Dentro del primer eje, destacan los siguientes temas de investigaciones y
estudios: la afiliación sindical, la situación del sindicalismo en las grandes
empresas y en las pequeñas empresas, las denuncias de las prácticas
antisindicales, el problema de la justicia laboral, de la negociación colectiva, el
impacto de las reformas laborales
Dentro del segundo eje, destacan los siguientes temas de investigaciones y
estudios: la flexibilidad laboral, la subcontratación, el suministro de trabajadores, el
trabajo a domicilio, la desprotección social y laboral, las relaciones entre trabajo
asalariado y empleo independiente, el trabajo temporal, el trabajo a tiempo parcial,
los estudios de trayectorias laborales
Dentro del tercer eje, destacan los siguientes temas de investigaciones y estudios:
los problemas específicos de las barreras de acceso al mercado de trabajo, y el
tema del capital humano y capital social, los instrumentos para abordar el
problema (como por ejemplo la mediación laboral) y las políticas estratégicas
(como la flexiseguridad), el mercado de trabajo de la mujer, el mercado de trabajo
de los jóvenes, el problema del trabajo infantil
Dentro del cuarto eje, destacan los siguientes temas de investigaciones y estudios:
los estudios de cluster en la industria minera, del salmón, del vino.
Dentro del quinto eje, destacan los siguientes temas de investigaciones y estudios:
los impactos de los muchos Tratados de Libre Comercio que ha firmado Chile en
todo el mundo.
Siguen ausentes grandes temas como el del conflicto social de clases, o la
relación entre tecnología y organización del trabajo.
El problema de la precarización del trabajo atraviesa gran parte de estos estudios
e investigaciones, aunque no se constituye en un tema de investigación como tal.
Inclusive no hay consenso con que ese sea el efecto principal que generan las
nuevas formas de organización del trabajo, como la subcontratación o la
flexibilización.
De conjunto, se pueden señalar cuatro elementos centrales y generales. Uno de
ellos, que se mantienen las grandes tendencias de los estudios que llegan hacia
principios de la década del 2000, y donde mejor se ve es en el estudio de los
encadenamientos productivos. Un segundo elemento es lo que podría llamarse un
cambio de tono: de las posibilidades que la democracia abría a la crisis del
sindicalismo, a la continuidad de esa crisis y las responsabilidades del modelo
económico y las limitantes de la transición. Un tercer elemento es el énfasis en la
heterogeneización y fragmentación del trabajo y los trabajadores, como objeto de
estudio y como atribución de característica específica en la actualidad. Un cuarto
elemento es una inclinación mayor al estudio de los efectos, los virtuosos pero en
particular los perversos, de aquellas grandes transformaciones en el trabajo y
entre los trabajadores.
Se podría decir que lo que une todo ésto, como característica central y general (no
única y exhaustiva) es una preocupación por la humanización del trabajo ante las
grietas cada vez más profundas que evidencia el neoliberalismo.
Se expresa en dos grandes preocupaciones concretas: la equidad en el trabajo
(que cobra fuerza teórica y política en el marco de la definición de “trabajo
decente” de la OIT, y de “cohesión social” de la CEPAL), y la simetrización de las
relaciones entre empresarios y trabajadores. Y con estas dos grandes
preocupaciones, dos grandes soluciones: una mayor protección social y laboral, y
la promoción del diálogo social y el fortalecimiento del sindicalismo (“moderno”).
Las distintas instituciones e investigadores lo expresan de acuerdo a sus énfasis
propios, con sus propios enfoques teóricos y metodológicos, pero coinciden en
estas preocupaciones.
El Consejo Asesor Presidencial Trabajo y Equidad, afirma el objetivo de la equidad
en el trabajo:
“El Consejo Asesor tiene como objetivo principal discutir y
proponer propuestas que contribuyan a una mayor equidad en el
mundo del trabajo, en un plazo de siete meses, para lo cual se
adoptaran medidas abocadas principalmente en las áreas de
institucionalidad laboral, políticas para promover la equidad y el
mercado laboral y políticas laborales.
Sobre esta base, el gobierno buscará la forma de alcanzar la
confluencia de voluntad de los diversos sectores con el propósito
de dar origen a un Pacto Social por el Desarrollo”.
La Revista Laboral Ical, afirma también el objetivo de la equidad:
“Existe coincidencia en el hecho que en nuestra sociedad
persisten
profundas
inequidades
y
la
cultura
empresarial
autoritaria y antisindical es un obstáculo para mejorar las
relaciones laborales y las condiciones de trabajo (...) La discusión
del salario ético ha llevado a dar una nueva mirada a los niveles
de equidad y justicia social predominantes en nuestra sociedad”
(ARAVENA, 2007).
Cada institución promueve diferentes salidas, soluciones, políticas para
alcanzar estos objetivos.
El fortalecimiento del actor sindical, es un objetivo que declara FES:
“Diversos documentos, estudios y programas presentados en los
años recientes, como insumos para el diseño de una política
laboral para los gobiernos de la Concertación, subrayan la
importancia de avanzar hacia una nueva cultura del trabajo y de
cooperación en las relaciones laborales a todo nivel. Entre otros
aspectos, se destaca la necesidad de cumplir y fiscalizar las
directrices centrales de la última Reforma Laboral (Ley 19759 que
entró en vigencia el 1° de diciembre de 2001), que representa
evidentemente un paso importante hacia relaciones laborales más
simétricas entre los actores sociales involucrados en este sensible
ámbito de la realidad social del país” (ENSIGNIA, 2005).
La Dirección del Trabajo declara la importancia de la búsqueda del diálogo social:
“El diálogo social es un imperativo en nuestro país. No sólo a nivel
dela generación de las normas que regulan el trabajo, sino que
también como mecanismo
principal de establecimiento de
acuerdos en los sectores y en las empresas. El aporte que esta
ENCLA pretende hacer a dicho desafío es el de proporcionar
información rigurosa, adecuada y vigente, con el fin de favorecer
en dicho diálogo, un debate que se apoye más en el exámen de la
realidad y pueda superar, de esta forma, los prejuicios que
muchas lo atan” (SILVA, 2007)
El problema de la protección social y laboral, se ha ido extendiendo, puede verse
en diferentes investigadores e instituciones:
“De esta manera, un crecimiento económico elevado y estable es
una condición necesaria para la generación de empleo productivo.
Sin
embargo,
en
el
contexto
de
una
alta
y
creciente
heterogeneidad de las estructuras productiva y ocupacional, el
crecimiento económico por sí solo no es suficiente para solucionar
los problemas laborales. Por medio de las políticas laborales y del
mercado de trabajo, hay que apoyar estos esfuerzos, para superar
cuatro retos, a saber: i) mejorar la productividad laboral; ii) generar
empleo productivo; iii) desarrollar mecanismos de protección
coherentes con el nuevo contexto económico, y iv) fomentar la
inserción laboral de grupos con problemas específicos de acceso
al empleo productivo” (WELLER, 2005).
“El deterioro indesmentible de las condiciones de trabajo se
atribuye a la fuerte gravitación que ha tenido el mercado en la
fijación de éstas. Sobre este juicio, resurge la expectativa de que
la política pública pueda garantizar mejor un nivel aceptable de
calidad para el trabajo. ¿Sobre qué bases proponer un sistema de
protección que guarde sintonía con los requerimientos que hace la
economía en la actualidad? Esta es una interrogante que ha
estado permanentemente interpelando a la investigación sobre el
trabajo en América Latina” (HENRIQUEZ H., RIQUELME V.,
2006).
“Es evidente, hoy en día, la necesidad de contar con datos que
muestren el desarrollo longitudinal del empleo; a ello obedece el
nuevo brío que han tomado los estudios de trayectorias laborales,
en varios países. La visión que con ellos se logra es útil, sin duda,
a las diversas decisiones que buscan adecuar las instituciones de
protección social al actual orden productivo. Y es útil, sobre todo, a
la reflexión orientada a generar propuestas más integrales que,
por sobre las coyunturas que exigen medidas urgentes, se hagan
cargo de la crisis de protección en que hoy se desempeña el
trabajo” (HENRIQUEZ H., URIBE-ECHEVERRIA V., 2004)
Así planteado el actual escenario de los estudios del trabajo por parte
principalmente de sociólogos, y también de economistas, abogados, historiadores,
es de importancia, acercándose el final de la década abrir una reflexión sobre los
mismos.
Nuevas demandas sociales, interrogantes y perspectivas
Hacia la mitad de la presente década, emergen nuevas demandas sociales. Entre
éstas, es novedosa la que plantean nuevos sectores de trabajadores, los
trabajadores precarios, y sus luchas, con huelgas, movilizaciones en las calles,
tomas de lugares de trabajo, cuestionamientos a las políticas nacionales, y a las
políticas sindicales predominantes.
La Sociología del Trabajo, debe responder a esta nueva demanda social. Esto, sin
embargo, debe abrirnos algunas interrogantes. Porque el mayor énfasis en los
problemas de la protección social y laboral, va en esta dirección, de todos modos
¿basta con este enfoque teórico y de políticas públicas, con lo que aquí se
sintetizó como preocupación por la humanización del trabajo ante las grietas cada
vez más profundas que evidencia el neoliberalismo, para responder a esta
demanda social?
La pregunta tiene alguna importancia. Hay al menos tres grandes núcleos de
perspectivas que involucran. En primer lugar: un problema de enfoques teóricos.
En segundo lugar: el problema del conflicto social de clases. En tercer lugar: el
problema del desarrollo, entendido desde el punto de vista de la reapertura de la
cuestión de qué tipo de sociedad queremos vivir.
Considerado desde la perspectiva de los enfoques teóricos involucrados, con las
categorías actuales, como quedó dicho más arriba, el problema de la
precarización del trabajo atraviesa gran parte de los estudios e investigaciones,
pero no se constituye en un tema de investigación como tal. Inclusive no hay
consenso con que ese sea el efecto principal que generan las nuevas formas de
organización del trabajo, como la subcontratación o la flexibilización.
Esto en parte se explica, en lo principal, al establecerse una relación entre
precariedad y protección social. La respuesta de política de la flexiseguridad ilustra
bien ésto: se naturaliza el carácter inestable del trabajo, a cambio de una relativa
protección social.
Es posible otro enfoque. Aunque se le declare perimido, puede aquí mostrar su
vigencia y necesidad. Es el enfoque que está en la base teórica general de esta
publicación: la categoría constituyente de relación social de explotación -y su
despliegue-, estructurando la sociedad de clases en el capitalismo, y su
determinación en la centralidad del conflicto social de clases, en la tradición
teórica de Marx. Categoría constituyente que exige reconocer su imbricación con
la de división sexual del trabajo, asumiendo que la clase trabajadora tiene dos
sexos. Esto, a su vez, se relaciona con el rol que debe jugar el intelectual,
tomando partido y asumiendo un punto de vista de la clase trabajadora. Enfoque
que permite la combinación de miradas, desde el mercado de trabajo para captar
la heterogeneización, y desde allí al proceso de trabajo para captar la
homogeneidad que la constituye en la relación capital-trabajo; desde la
organización del trabajo y la disputa política y sindical en que resulta y que la
modela; de diferentes metodologías, desde los actuales estudios de trayectorias
laborales, hasta las viejas elaboraciones de encuestas obreras.
Considerado desde el problema del conflicto social de clases, la preocupación por
la humanización del trabajo, considera a aquel como conducta anómica (y celebra
este carácter):
“Sin la presencia del mundo de la informalidad, las tendencias ya
existentes hacia el aumento de la anomia, delincuencia, violencia y
desarticulación social –todavía en escala reducida, básicamente
en
la
periferia
multiplicarían,
de
con
el
las
megalópolis
consiguiente
latinoamericanas-
impacto
en
todas
se
las
instituciones y en la calidad y seguridad de la vida urbana (...) A
pesar de la baja calidad de los empleos informales, el sector ha
sido factor de estabilidad. Ha constituido un mecanismo para
obtener ingresos y ‘ocultar’ el desempleo. Ha servido también,
particularmente en las épocas en que prevalecían posiciones
ideológicas más antagónicas, para ‘contener’ el conflicto social y
político. Su ocupación durante largas jornadas, su difícil
identificación con las clases sociales, su carácter individualista
generado por la necesidad de competir, en la mayoría de las
veces, de manera salvaje, se tradujo en anomia más que en
activismo y participación. Los puntos de conflicto no se ubicaron
en la propiedad de los medios de producción, ni en la relación
laboral subordinada, sino más bien en el reclamo contra el
gobierno local por seguridad y uso del espacio público. De hecho,
fue una ‘válvula de escape’ y permitió moderar las presiones
sociales, en especial durante el período de ajuste”. (TOKMAN,
2004)
La figura del trabajo precario que viene conformándose, en el corazón de los
procesos productivos de todas las ramas de la producción, su expansión a
cantidades crecientes de trabajadores, su estabilización en el tiempo, entre otras
características, está produciendo que el carácter de conflicto social y política
recomience a abrirse paso. Este hecho de la realidad, no puede ser captado por el
enfoque de conducta anómica que corresponde a un enfoque de humanización del
trabajo. El conflicto social de clases, desde el enfoque que aquí se menciona,
recupera la categoría de contradicción, y ésto a su vez, conduce al último
problema que interesa dejar mencionado aquí.
Considerado desde el problema del desarrollo, es desde este enfoque y estas
perspectivas, que puede entenderse desde el punto de vista de la reapertura de la
cuestión de qué tipo de sociedad queremos vivir, volviendo a abrirse la crítica a la
naturalización de lo existente.
Finalmente, todo esto -las nuevas demandas sociales de las cuales aquí
mencionamos una, central pero por lo general ignorada o disimulada, las
discusiones sobre los diferentes enfoques, categorías, temas de estudios e
investigaciones-, estimulará la necesidad de abrir nuevos espacios – en las
universidades, publicaciones, como ésta y otras, centros de estudios-, que
permitan agrupar y reunir a los investigadores y sus trabajos, a estudiantes
interesados en esta área de las ciencias sociales, para potenciar las actuales
producciones, para la difusión de sus investigaciones y estudios, para la
posibilidad de pronunciamiento ante los problemas de la actualidad, para abrir
canales directos con los trabajadores y sus organizaciones.
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40. CEPAL. Santiago de Chile
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Cuadernos de Estudios del Trabajo Nº 7

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