Onza de oro

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Soberana Señora y Madre Nuestra.
Me postro ante Tí, en esta mañana de Viernes de Dolores, la fecha más
entrañable para los cartageneros, representando al pueblo de Cartagena, el
que te venera, el que espera tu guía, tu amor, tu consuelo y la fuerza con la
que nos diste ejemplo de humanidad, sacrificio y esperanza.
Lo esperamos con la humildad con la que este insignificante alcalde te habla,
Madre de todos los hombres, arrodillado ante tí, sintiéndome minúsculo en tu
presencia, pero reconfortado al tiempo por tu infinito amor y misericordia.
Cartagena, tu hija, la ciudad que te venera en esta basílica que defendieron a
la largo de la historia personas de todo nivel, incluso las más denostadas
socialmente, aquellas que pusieron su vida en peligro para defender el amor
que te tienen, te acoge hoy en este abrazo multitudinario.
Tú, Virgen de la Caridad, nos esperas con la paciencia de una madre, con la
misma ilusión que cualquiera de nosotros esperamos a que llegue el fin de
semana para que nuestros hijos vengan a visitarnos, a hacernos sentir vivos
con su cariño, sus alegrías y sus tristezas.
Tristezas sí, porque la vida está llena de ellas, las que nos hacen más fuertes y
nos enseñan a valorar los dones que recibimos.
El acero se hace fuerte entre el fuego y el hielo, entre el frío y el calor.
Entre la alegría y la tristeza se hace fuerte el corazón del ser humano.
Hoy vengo aquí para agradecerte en mi nombre y en el de los que así lo
sienten, los momentos de felicidad que nos has concedido, la compañía de
nuestros familiares, de nuestros hijos, de nuestros padres, de nuestros amigos
de siempre, aquellos con los que compartimos recuerdos y este trayecto por la
vida en el que hemos coincidido, como antaño lo hicieron otros.
También venimos a pedir por quienes son menos afortunados que nosotros,
por los que aún siendo hijos de Dios portan sobre sus hombros una carga más
pesada, de la que nos gustaría liberarles.
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La salvación solo es posible si es para todas las almas, encarnadas en hombres
y mujeres, ricos y pobres, bondadosos y malvados, creyentes o ateos; todos
son, al fin y al cabo, seres humanos iguales a nosotros, hermanos de mundo,
de tierra, de patria, de alegrías y tristezas, de sol y luna, de paz y guerra.
Hermanos y, con eso, está todo dicho.
Por eso hoy te pedimos que intercedas por nosotros, por conseguir la
prosperidad que nos merezcamos con nuestro esfuerzo, no una prosperidad
regalada, efímera y tramposa como la que ya hemos sufrido, en la que unos
hermanos se aprovechaban de otros, conduciendo al mundo a un periodo de
sufrimiento, a una desigualdad social que ofende a Dios, a su Santa Madre y a
cualquier persona de bien.
Te pido que nos ilumines para crecer con decoro, con principios y no ideales,
con orgullo de ser cartageneros, con deseo de dejar un futuro digno a nuestros
hijos y nietos, que serán los que un día no muy lejano, se postren ante tí para
venerarte y agradecerte, como hago yo hoy.
Otórganos Madre Nuestra la fuerza, la inteligencia, la astucia, la constancia y la
determinación, que nos permitan servir a nuestros conciudadanos con
honradez, inteligencia y humildad, porque en servir al prójimo está la llave de
la salvación personal y espiritual, permítenos mirarnos en tus ojos y encontrar
en ellos la caridad que necesita el mundo.
José López Martínez
Alcalde de Cartagena
Cartagena, 18 de Marzo de 2016
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