Por el Camino de la Etica
El Deber de Buscar la Felicidad
Guillermo Malavassi
CXLVII
Existe en nuestra naturaleza un anhelo de felicidad. Nadie busca expresamente lo que sea opuesto a la felicidad. En sus
afanes las personas buscan bienes diversos, satisfacciones, acumular lo que estiman conveniente tener, librarse de
aquello que pueda significar una pena o desdicha.
La experiencia de la vida pronto nos va a enseñar varias cosas. Como que un bien por el que mucho suspiramos, una
vez poseído, no resultó tan importante como lo habíamos creído.
También aprendemos que la posesión de algunos bienes exige de nosotros muchos cuidados: para que no se dañen,
para que no se extravíen, para que no nos los roben.
Asimismo ocurre que algunos bienes nos suelen enfrentar con nuestros prójimos, lo que suele mermar con frecuencia su
disfrute: porque otros también quieren lo que nosotros obtuvimos y ellos no pueden tener; porque la envidia de otros nos
duele y
disminuye la satisfacción de lo que tenemos.
Por ello se afirma que estamos llamados, ciertamente, a la felicidad, pero que saber en qué consiste demanda indagar
sobre el particular.
¿Has reflexionado sobre tu anhelo de felicidad? ¿Qué crees
que constituye el objeto de la felicidad?
CXLVIII
Hablamos de la felicidad.
Como la naturaleza no hace nada en vano y naturalmente todo ser humano busca ser feliz, por fuerza debe existir el
objeto de la felicidad del ser humano.
Es un hecho, dada la unidad de la familia humana, que todas las personas tenemos específicamente la misma
naturaleza, por lo que el anhelo de felicidad es algo común en cada ser humano.
Considerar la cuestión de la felicidad humana comporta plantearse cuestiones sobre el fin de la propia vida y tratar de
indagar el origen y el destino de la persona y penetrar en profundidad en lo que bien se llama el ser del hombre, la
naturaleza humana.
Con frecuencia algunas personas suelen despachar tan importante asunto de una manera, por así decir, improvisada.
Porque experimentan, en verdad, el deseo de felicidad, mas recurren a cualquier bien que se les ponga por delante como
si ESE fuese el objeto de su felicidad, para comprender luego que no lo era y volver a intentar con otro, en lo que se les
va la vida, sin detenerse a examinar con atención tan honda incógnita.
¿Has contrastado tu grandeza en relación con los bienes
con los que pretendes alcanzar tu felicidad?
CXLIX
A propósito de la felicidad, de que venimos tratando, recoge la historia del pensamiento el modo cómo un hombre que
había experimentado muchas penas en la vida y había creído saber en qué consistía la felicidad, llegó a replantear toda
la cuestión, a partir de esta consideración:
"Después de haber aprendido de la experiencia que todo cuanto suele ocurrir en la vida ordinaria es insignificante y vano,
cuando advertí que las cosas que yo temía no son en sí buenas ni malas, sino en cuanto afectan al espíritu, decidí
finalmente avergiguar si existía algún bien verdadero, capaz de comunicar su bondad y mover el ánimo por sí solo, sin el
concurso de las demás cosas; es decir, si hay algo que, una vez hallado y después de haberlo alcanzado, permita gozar
eternamente de una alegría constante y suprema." (Spinoza).
¿Cuál puede ser el objeto de la felicidad de la persona?
¿Aprovechas bien las experiencias de tu vida para plantearte
esta elevada cuestión?
CL
El autor de que hablamos, al narrar las experiencias de su vida cuando buscó el bien mayor que podría darle la felicidad,
explica que "Los objetos comunes en la vida que los hombres estiman como el sumo bien, a juzgar por sus acciones, se
pueden reducir a tres: las riquezas, la reputación y el placer. Estas tres cosas se adueñan del alma de tal modo, que
apenas puede ésta concebir otro bien distinto. El placer, sobre todo, encadena al alma con tal fuerza que cree descansar
en él como en un bien auténtico, impidiéndole, mas que ninguna de las otras dos, pensar en una felicidad distinta; pero
detrás de su disfrute viene una profunda tristeza que, si no anula la mente, por lo menos la perturba y la embrutece."
(Spinoza)
¿También tú has sido alguna vez víctima de buscar el placer
como si fuese el sumo bien y te has quedado solo con la
tristeza del alma?
Por ello es importante reflexionar sobre la felicidad, para
tratar de hallar el bien auténtico que la constituye.
CLI
En relación con la búsqueda de lo que pueda ser el sumo bien, aquel autor (Spinoza) continúa su narración, en la que se
refiere a la búsqueda de la reputación y las riquezas como si pudiesen ser el sumo bien:
"La reputación distrae mucho más al alma, ya que se supone que es el bien en sí y al cual todos los demás se ordenan
como a su fin último; además, a la reputación y a las riquezas no sigue un arrepentimiento, como ocurre con el placer,
pues cuanto más se poseen, tanta mayor alegría causan y, por consiguiente, más queremos aumentarlas; pero si
fracasan en alguna circunstancia nuestras esperanzas, nos veremos sumidos en la más profunda de las aflicciones. En
especial, la reputación es un gran impedimento, ya que, para conseguirla, es preciso que amoldemos nuestra vida al
gusto de los demás, huyendo de lo que el vulgo huye y buscando lo que él busca".
Con tales reflexiones ¿Comprendes que no debemos poner
nuestro corazón en la reputación como si fuese el sumo
bien?
CLII
En relación con la aspiración a la felicidad y la búsqueda del bien que pueda fundamentarla, aquel autor (Spinoza)
continúa así sus consideraciones:
"Todos los bienes que vulgarmente se persiguen no solo no favorecen la conservación de nuestro ser, sino que la
dificultan e incluso son causa muchas veces de la muerte de aquellos que los poseen y la ocasionan siempre a aquellos
que están dominados por tales bienes. Abundan los ejemplos de hombres que sufrieron persecución hasta la muerte
misma, a causa de sus riquezas, y de otros que, por acumular tesoros, se expusieron a tantos peligros que acabaron
pagando con la vida su necia avaricia. Tampoco son escasos los que sufrieron las mayores miserias por labrarse o
defender una reputación. Innumerables son, en fin, los ejemplos de aquellos que precipitaron su muerte por un
desmedido amor a los placeres."
Con todo esto se trata de explicar que ni el placer ni las riquezas ni la reputación son el sumo bien en que hallará la
felicidad el ser humano.
¿Has puesto todo tu interés en las riquezas, en el placer o en
la reputación? Entonces tarde o temprano sufrirás la
decepción de comprender que no son el objeto de la
felicidad humana.
CLIII
Venimos tratando de la felicidad, a la que naturalmente se inclina el ser humano. Por ello cabe preguntarse ¿Qué es la
felicidad? ¿En qué consiste? Una manera de decirlo es que la felicidad es el estado perfecto por la presencia de todo
el bien o de todos los bienes. A ello debe agregarse que la felicidad postula la consecución o disfrute del bien perfecto
y suficiente para satisfacer el deseo de la persona.
Para que de veras pueda hablarse con pleno sentido de felicidad ha de comprenderse que la felicidad comporta: primero,
la exclusión de todos los males (porque sufrir penas, dolores o anhelos insatisfechos no son situaciones compatibles con
la felicidad). Por ello la felicidad, en segundo lugar, hace necesaria la posesión de todo el bien o de todos los bienes
(porque no constituye felicidad vivir deseando lo que no se tiene y se ansía tener). Por último, la felicidad se establece
sobre la perpetuidad de la posesión del bien pleno sin ninguna suerte de mal.
¿Te has conformado con bienes efímeros como si fuesen el
bien supremo? ¿Sabes escuchar lo que anhela tu ser desde
lo más hondo: una felicidad plena y sin fin?
CLIV
El hombre, entonces, está llamado a la felicidad. Pero alcanzarla de modo correcto y completo, significa comprender que
no es cualquier bien el que puede sustentar la felicidad de la persona. En particular, no es el placer -uno u otro- ni el
conjunto o suma de todos los placeres lo que puede dar la felicidad a la persona. Porque el placer no satisface, por una
parte, las necesidades más profundas de la persona, como la posesión del bien estable y el conocimiento de la verdad. Y
por otra parte, el placer siempre queda atrás. No se lo puede tomar y hacerlo posesión estable. Porque es efímero. Con
frecuencia el placer deja remordimiento, amargura y el tener que volver a buscar lo que dio placer una vez, para ver si
podemos lograrlo otra vez y así, como en el mito de Sísifo, quien vive para el placer tiene que recorrer de continuo el
mismo camino, realizar la misma búsqueda y siempre el placer queda atrás y el alma buscando y anhelando aquello que,
por caduco, es como si no fuera.
¿Comprendes que el placer no constituye la felicidad
humana?
¿Procuras no dejarte dominar por el placer como si fuera el
bien máximo?
CLV
Al considerar que el hombre busca ser feliz por naturaleza, hemos indagado cuál bien podrá constituir el fundamento de
la felicidad humana.
Vimos que el placer no puede serlo por su carácter efímero y otros apectos.
Hay quien ha dicho que lo que constituye el objeto de la felicidad humana es el progreso civil del género humano. En
esta idea, estiman que los asuntos de la medicina, de las comunicaciones, de la vida urbana, de la enseñanza, del
desarrollo de las instituciones, de las diversiones... todo ello en conjunto, constituye el fundamento de la felicidad de los
hombres.
Ha sido grande el progreso civil, sin duda, y suele constituir un motivo de admiración de los hombres y una forma de
hacer muy grata la vida humana en este planeta.
Pero tal progreso civil trae aparejados algunos males como la contaminación del ambiente, los peligros de accidentes;
también a la par del progreso suelen darse miserias espirituales y físicas muy notorias. Muchísimas personas no tienen
acceso a esos bienes del progreso civil. Es decir, que tal progreso ni excluye los males ni significa la posesión de todos
los bienes ni asegura una perpetuidad de felicidad. Por lo tanto, siendo algo bueno el progreso civil, no constituye, sin
embargo, el fundamento de la felicidad.
Es correcto que procures el progreso civil, pero no creas
que en sí mismo constituye el objeto de la felicidad de las
personas.
CLVI
En la indagación que hacemos sobre la felicidad humana, a que toda persona aspira, y el objeto de ella, algunas
personas han postulado la idea de que tal felicidad será dada por la aparición de algunos hombres superiores. De
manera que los seres humanos corrientes, por así decir, son incapaces de hallar la felicidad. De modo que será
necesario impulsar a la especie humana a deshacerse de los individuos corrientes y a procurar la aparición de
superhombres, de hijos de una raza superior, de una clase única, que por su carácter sublime serán quienes puedan
alcanzar la felicidad que los demás, que no sean ellos, no podrán lograr por ningún concepto.
La historia ya vio a quienes, por pretender una raza superior, cometieron crímenes incontables. Ni lograron la raza
superior, ni la felicidad y sí causaron infinitos males.
¿Tomas razón de cómo la búsqueda de la felicidad te
interpela para que aproveches tu tiempo en hallar solución
al enigma?
CLVII
Al indagar sobre el objeto de la felicidad humana, algunos pensadores, como los estoicos, pretendieron que la virtud
constituyera el objeto de la felicidad. Mas la virtud, tan importante en la vida de la persona que desarrolla sus
perfecciones, es camino para la felicidad, pero no la constituye.
Otros pensadores consideraron que la felicidad la constituye "la santidad" entendida por la perfecta conformidad con la
ley moral, como una perfección que estiman inaccesible, pero a la cual hay que aspirar de manera continua.
Sin duda es importante conformar la vida personal con la ley moral y ha de decirse que éste es un camino de perfección.
Pero no constituye el objeto de la felicidad, sino medio para alanzarla.
¿Comprendes cuán importante es indagar sobre el objeto de
la humana felicidad sin confundirlo con los medios para
llegar a ella?
CLVIII
A propósito de la indagación que hacemos en busca del objeto de la felicidad a que nuestra naturaleza nos impulsa, un
pensador como Schopenhauer, y con él otros pesimistas, afirman que la felicidad consiste en la liberación, en cuanto
pueda lograrse, de las miserias de esta vida, por lo que la felicidad viene a ser la aniquilación, el reducirse a la nada.
Tal manera de pensar más bien renuncia a hallar el objeto de la felicidad, porque si el ser humano pudiera aniquilarse, no
tendría sentido la búsqueda de la felicidad para quien ya no existiría.
Algunos proclamadores del suicidio, en el fondo, viven del mismo error: en vez de buscar la felicidad a que nos llama
nuestra naturaleza, renuncian no solo a hallarla, sino que desertan cobardemente de la vida.
Hay que alcanzar la liberación de las miserias de la vida
presente, pero no mediante la aniquilación, sino buscando el
objeto de nuestra felicidad.
CLIX
Como el tema de la felicidad humana ha sido importante para los seres humanos desde siempre, la historia recoge la
opinión de Aristóteles de que el objeto de la felicidad es el conjunto de los bienes de la naturaleza, tanto del alma como
del cuerpo, mas solamente considerados en la presente vida terrena.
Es cierto que el conjunto de bienes de la naturaleza nos son de gran utilidad y sirven para satisfacer muchas
necesidades humanas. Pero no constituyen el objeto de la felicidad. Ello por cuanto los bienes corporales son inestables,
mezclados con muchos males. Además su mayor valor es que están subordinados al alma, a la parte superior del ser
humano, por lo que resultan útiles, es decir, solo buenos para otra cosa, no son, por lo tanto, en sí mismos el objeto de
la felicidad. Los bienes del alma y el alma misma necesitan completarse, perfeccionarse. Es el alma misma la que debe
ser feliz, por lo que ella misma no puede ser el objeto de la felicidad.
Muy sabio fue Aristóteles, pero no dio con el verdadero
objeto de la felicidad.
CLX
En relación con el objeto de la felicidad humana, otro gran pensador griego, Platón, afirmaba que la felicidad consistía en
la contemplación de la idea del bien y de las cosas divinas.
Dentro del sistema platónico se supone que el alma preexiste al cuerpo, que cayó por accidente en un cuerpo que es
como una cárcel para el alma; que gracias al conocimiento y a un ascenso del alma mediante el saber, el ser humano
recuerda lo que conoció antes de venir a este mundo y esa elevación del alma la lleva a contemplar la idea más perfecta,
que es la del bien, junto con el resto de la jerarquía de las ideas que son los seres perfectos que nunca cambian,
mientras que en este mundo sensible todo es inestable.
Es hermoso y elevado el pensamiento platónico, pero la sola contemplación intelectual de la idea del bien y de las otras
ideas no es el objeto de la felicidad del ser humano.
¿Aprecias cuán importante es para cada persona reflexionar
sobre el objeto de la felicidad a que nos apremia nuestra
propia naturaleza?
CLXI
Nuestro siglo ha visto a los modernos totalitarios: comunistas, fascistas, nazis y algunos socialistas... todos los cuales, de
un modo o de otro, ubican la felicidad humana en la cooperación al triunfo de la clase o en el esplendor de la nación o en
la pureza de la raza o en la prosperidad económica o en la potencia militar de la clase, del Estado o de la raza. Todo ello,
en el fondo, no es sino falta de reflexión sobre la grandeza de la persona humana, la que puede, ciertamente, trabajar por
su nación y su esplendor o por la cooperación en la prosperidad económica. Pero como que alguna de esas cosas dichas
constituya el objeto de la felicidad humana, no es posible.
Es nuestro propio siglo el que ha visto surgir y caer todos esos equivocados planteamientos. Se buscó el objeto de la
felicidad donde no estaba y ello causó gran decepción a los que tomaron ese equivocado camino.
¿Captas ahora cómo la reflexión sobre el objeto de la
felicidad de las personas es materia de la mayor
importancia?
CLXII
Una primera conclusión del recorrido sobre los criterios que algunos han tenido sobre el objeto de la felicidad humana es
que, en esta vida transitoria, terrestre, importantísima pero pasajera, no existe ningún objeto que pueda dar la felicidad a
los seres humanos.
Ciertamente hay muchos bienes, bienes del cuerpo y bienes del alma, como lo hemos visto, pero tales bienes ni excluyen
todos los males, ni pueden ser poseídos por todas las personas ni admiten una posesión perpetua.
Esto lleva a una conclusión que es profunda: el hombre está llamado a la felicidad, su corazón la busca, su alma la
anhela, pero entre los bienes de este mundo, algunos por cierto muy dignos de aprecio, no existe, sin embargo,
ninguno capaz de colmar en forma permanente el ansia humana de felicidad.
¿Comprendes ahora cuán grave sea el tema de la felicidad
humana?
CLXIII
En el recorrido que hemos hecho sobre la gran cuestión de la felicidad humana, podemos considerar estos factores: 1) El
ser humano está destinado sin duda alguna a la felicidad; 2) Debe existir el objeto de la felicidad humana, porque la
naturaleza no hace nada en vano y de manera natural, siguiendo las más hondas exigencias de su ser, cada ser humano
aspira a la felicidad; 3) Los más grandes pensadores se han ocupado del tema de la felicidad humana y hemos podido
conocer, de manera resumida, la manera como unos y otros se han referido a la gran cuestión de cuál ha de ser ese
objeto, ese bien mayor, que constituye el objeto de la felicidad humana; 4) Los seres humanos, movidos por el atractivo
que los bienes en general ejercen sobre la voluntad, han buscado en el placer, en las riquezas, en el poder, en la
dignidad y en la fama, ese objeto. Pero como no lo es, han cosechado la frustración de pretender hallar la felicidad en la
posesión de bienes que son transitorios, que están mezclados con males, cuando la felicidad es el estado perfecto por el
conjunto de todo el bien o de todos los bienes, sin males y de manera permanente.
¿Aprecias cuán importante es el tema de la felicidad?
CLXIV
A propósito del tema de la felicidad, escribió Jean Finot:
"... hay algo muy curioso en el hecho de que, entre tantas ciencias de que la humanidad se enorgullece, ninguna esté
dedicada a la FELICIDAD ¿Cómo es posible tal cosa?".
La verdad es que al estudiarse la moral, desde antiguo forma parte de esta disciplina filosófica lo referente a la felicidad,
en relación con la pregunta sobre el sentido de la vida humana.
Debe tenerse presente que una adecuada concepción del ser humano contribuye mucho a poder plantear bien las
grandes cuestiones. Concepciones superficiales del ser humano o limitadas o reducidas, dificultan el correcto
planteamiento de los grandes asuntos humanos.
También ocurre que algunos pensadores y hasta ciertas culturas, decepcionados frente a las manifestaciones de lo
contigente y limitado de las cosas y de algunas dimensiones muy obvias del ser humano, han caído en el pesimismo, por
lo que prefieren negar que el ser humano pueda llegar a alcanzar una felicidad de plenitud; consideran que es mejor no
desear nada, para no sufrir. Están equivocados.
¿Comprendes porqué ha de continuarse en la búsqueda del
objeto de la felicidad humana, sin desmayar ni conformarse
con cualquier cosa?
CLXV
Examinados, pues, como lo hemos hecho, los bienes externos (materiales y sociales), lo mismo que los llamados bienes
del cuerpo y los bienes del alma, no queda sino llegar a la conclusión de que todos esos bienes sufren de algún defecto
por el cual no pueden constituir el objeto de la felicidad (no son alcanzables por todos los hombres, están mezclados con
diversos males, no pueden ser poseídos por siempre... ).
El ansia de felicidad del ser humano reclama, así, el bien perfecto, estable, que excluye todo mal. Tal bien sólo puede ser
Dios mismo, el bien sin tacha, la perfección misma.
Esta conclusión, a su vez, permite decir como lo expresó San Agustín cuando descubrió esta verdad:
"Señor, nos hiciste para ti y muy inquieto estará nuestro corazón hasta que no descanse en ti".
Considera, una vez más, cómo la reflexión sobre la felicidad
humana va abriendo horizontes amplísimos que, de nuevo,
reclaman preguntas y respuestas.
CLXVI
Comenzamos la reflexión sobre la felicidad humana considerando que es tan vigoroso el anhelo de felicidad en cada ser
humano que hay que reconocer un deseo innato de felicidad en cada persona.
A partir de ese dato examinamos que debe existir el objeto de la felicidad humana, porque la naturaleza no hace nada en
vano y por naturaleza todo ser humano busca ser feliz. Atraído por el bien que lo rodea, cada ser humano tiende a esos
bienes que halla a mano, muchas veces sin reflexionar sobre todo cuanto exige dar sentido a la vida y aspirar al bien que
constituye el objeto de la felicidad humana. Tales bienes, siendo buenos, sin embargo suelen ser tan efímeros,
cambiantes; o están mezclados con males como penas, pérdidas, extravíos, falsas expectativas... que no tienen la
categoría, digamos, ontológica para poder constituir el objeto de la felicidad humana. Con todo, su frecuentación suele
crearnos hábitos que más bien nos producen pérdida de la libertad, sujeción a bienes mucho menores que nosotros
mismos.
Le es vital a cada persona, por ello, tomar a tiempo razón de
la importancia de tender hacia su bien estable, de buscar
aquel bien mayor, Dios mismo, que es el único que llena el
ansia de felicidad del ser humano.
CLXVII
El hombre está dotado de la capacidad de trascender, esto es, de ir más allá de sí mismo, tanto para conocer como
para alcanzar la meta a que lo invita su naturaleza: la felicidad.
Al reconocer que solo el bien absoluto, Dios mismo, la perfección misma, puede colmar el ansia profunda de felicidad de
la persona, ello a su vez plantea algunas cuestiones:
¿Quién es realmente el ser humano? ¿Cómo puede cada persona alcanzar la correcta y definitiva relación con ese bien
perfecto que es Dios?
Tales asuntos sin duda alguna están entre los más importantes que puedan plantearse los seres humanos. Los llamados
grandes pensadores suelen plantearse estas altas cuestiones, porque afectan profundamente la vida de cada persona.
¿Has ocupado un poco de tu tiempo en investigar estas
grandes cuestiones de las que depende tu felicidad?
CLXVIII
Hay la apariencia y la realidad; lo que pasa y lo que queda; lo transitorio y lo permanente. En medio de estas cuestiones,
cada ser humano ha de apreciar el valor y dignidad que le son propios; que cada persona constituye el valor más elevado
del universo.
Vimos antes que el ser humano trasciende, porque tiene una inteligencia que todo lo puede conocer, unas cosas hoy,
otras mañana; con facilidad unas, con empeño y venciendo dificultades otras; y el anhelo de conocer, llegar a ser de
algún modo todas las cosas, no tiene límite.
También el ser humano, cuando apartándose un poco de las cosas que, siendo buenas, valen menos que él, se pregunta
por sí mismo, debe aprender a descubrir la gran verdad de que cada persona es y vale mucho más de lo que cada una
pueda saber, apreciar de sí misma.
Ello requiere reflexión, consideración atenta de lo que significa ser persona. Entonces paulatinamente podrá llegarse a
comprender el alto valor de cada ser humano.
¿Aprecias realmente que no hay en el universo creado nada
más precioso que ser persona?
CLXIX
El ser humano descubre que hay en él, junto a la inteligencia, junto a la voluntad libre, al carácter único e irrepetible de
cada persona, un anhelo de ser, de ser siempre, de ser feliz de modo pleno, colmado...
En esta reflexión puede captar la persona que hay hondura en su ser, que lo externo siendo grande y hermoso, sin
embargo puede resultar casi limitado comparado con la profundidad del espíritu humano.
Descubre, así, el ser humano que puede ejercer una sostenida reflexión sobre sí mismo, mediante la llamada conciencia
refleja, que es un voltearse del espíritu sobre sí mismo para conocerse.
Tal forma de ser del intelecto humano lo que pone de manifiesto es el carácter espiritual, precisamente, de esta
manifestación superior de la persona.
De ello han sacado conclusiones los pensadores: siendo como es el espíritu humano capaz de reflexionar sobre sí
mismo, ello denota que es espiritual; si es espiritual, es por lo tanto inmortal.
La conclusión es que hay en las personas una dimensión que no puede ser terminada, destruida con la muerte, sino que
por su propia manera de ser, se mantiene aunque el cuerpo se destruya. Entonces ese espíritu humano está llamado a
alcanzar su meta, la felicidad, con la posesión del bien absoluto que es Dios.
Aquí se abren vías que se llenan de esperanza y que
comportan un sabio uso de la libertad: elegir de manera
conforme con esa dimensión de la persona.
CLXX
Puestos en la inteligencia de que el ser humano trasciende, nuevas interrogantes suelen acompañar al hombre.
¿Cómo debe vivirse para dar sentido a la vida, de conformidad con el carácter trascendente propio de la persona?
Todas aquellas consideraciones sobre el carácter limitado, finito y transitorio de los bienes contingentes ayudan a contar
con criterios para no darles más importancia que la que merecen y a buscar el bien último, el absoluto, con un vivir que
así oriente nuestra vida de manera integral.
En esta vida transitoria no puede alcanzarse la felicidad plena, sino que lo mejor de ella es valorarla como algo
ciertamente precioso, pero transitorio al fin, y convertirla, por tanto, en medio, en ocasión, en oportunidad, mediante la
ordenada realización de todas las acciones, para poseer aquel bien último, sin el cual la persona no puede alcanzar la
felicidad que tanto anhela: Dios mismo.
¿Aprecias cuántas importantes cuestiones se derivan del
tema de la felicidad y cómo te afectan entrañablemente?
CLXXI
Al tratar el tema de la felicidad, se nos han abierto dos interrogantes: el primero, ¿Quién es realmente el ser humano?,
que ha sido brevemente contestado haciendo referencia al carácter trascendente de la persona, que busca conocer, ser
siempre, ser feliz. Esto hace que descubra y cultive su ligamen con el ser necesario, absoluto, ya que el ser humano
descubre que el suyo es contingente, relativo y que no tiene en sí mismo la razón de su propia existencia.
De esa manera, veíamos, descubre la persona la necesidad de Dios hacia quien tiende. Al mismo tiempo, por la
reflexión, halla el carácter espiritual, por ende simple y en consecuencia inmortal de su propio espíritu.
La otra gran cuestión es ésta:
¿Cómo alcanzar a Dios, en quien se halla toda perfección?
Así vamos acercándonos al tema más elevado del
pensamiento humano y al ser más digno de ser amado.
CLXXII
A lo largo de los siglos podemos enterarnos de las formas en que muchas personas se han relacionado con Dios, objeto
de la felicidad humana.
Le han rendido culto al Ser Supremo los pueblos, de diversas maneras: en forma pública y privada; con sacrificios
diversos y con oraciones; con la práctica de la virtud y con el cumplimiento de normas de vida fundadas en lo que
consideraban que ha de ser agradable a Dios.
Otros seres humanos, a la par de actos como los mencionados, han indagado sobre Dios con más dedicación, con el
objeto de saber más de EL y el de conocer cuál ha sido en el origen, es al presente y será en lo futuro la relación con El.
¿Has reflexionado sobre tan elevada cuestión, sin duda
alguna la más digna de la persona humana?
CLXXIII
En estas reflexiones sobre Dios, único objeto auténtico de la felicidad humana, podemos enterarnos de lo que decía un
pensador tan antiguo como Cicerón (años 106 al 43 antes de Cristo):
"Ninguna nación, por atrasada y salvaje que haya sido, ha negado la existencia de los dioses, aun cuando tenga un
concepto equivocado de su naturaleza".
Otro pensador antiguo llamado Plutarco (años 46 a l20) llegó a escribir:
"Recorriendo la tierra, vosotros podréis encontrar ciudades privadas de muros, de palacios, de escuelas, de teatros, de
leyes, de arte y de monedas... pero una ciudad sin templos, una nación sin dioses, un pueblo que no ore... nadie lo ha
visto jamás."
Estos testimonios constituyen la expresión de un consenso del género humano que ha tenido y tiene una constancia a lo
largo de los siglos. Muestra la relación de los hombres con Dios y la importancia que para dar sentido a su vida tiene tal
relación.
¿Cuál es tu actitud sobre este particular? ¿Guardas con
Dios la debida relación?
CLXXIV
Así como tratar el tema de la felicidad y el ser Dios el único objeto idóneo de ella para los seres humanos, nos llevó a
recordar testimonios del pasado sobre el consenso del género humano en relacionarse con Dios, manifiesta, por su
parte, sobre los pueblos modernos un autor, siempre en relación con la felicidad, Dios y el hombre:
"Obligado por mi enseñanza a pasar revista de todas las razas humanas, busqué el ateísmo tanto en los pueblos más
bárbaros como en los más cultos. No lo encontré en ninguno, sino sólo en uno que otro individuo". (De Quatrefages.
Citado por Dezza, Introducción a la Filosofía). Porque siempre la muchedumbre de las poblaciones es esquiva al ateísmo
y aun llega a rechazarlo con violencia si tratan de imponérselo.
La propaganda atea, acompañada de incentivos, puede hacer aumentar en una nación el número aparente de los ateos y
hasta dar la impresión externa de un pueblo ateo. Pero apenas cesa la violencia, reflorecen las manifestaciones
religiosas, lo que demuestra cómo la muchedumbre es contraria al ateísmo.
Lo que acontece al presente en los países donde ha desaparecido la imposición oficial del comunismo ateo, es revelador
de esa verdad.
No debe negarse a la persona la relación con Dios ni su
búsqueda.
¿Comprendes la importancia de Dios en tu vida, sobre todo
en tu porvenir?
CLXXV
Los sabios que han reflexionado sobre la condición humana, la felicidad que necesita la persona y Dios como el ser más
principal, constituyen un impresionante y elocuente testimonio de la importancia del asunto.
Hay consenso entre los grandes hombres de todos los tiempos sobre el reconocimiento y creencia en el Ser Supremo
que es Dios y su importancia inconmensurable en la vida de los hombres. En la antigüedad puede recordarse a
Sócrates, Platón, Aristóteles y Cicerón, cuyas páginas sobre la divinidad son verdaderamente inmortales.
En la era cristiana, todos los Padres de la Iglesia, todos los Doctores, todos los filósofos y teólogos cristianos,
genios sublimes por su vida recta y por sus estudios profundos, no concebían el sentido de la vida humana sin Dios.
Más adelante, hacia los tiempos modernos, lo mismo estimaron Copérnico, Galileo, Descartes, Kepler, Newton,
Laplace, Ampere, Faraday, Pasteur, Marconi y muchos otros.
Si tantos y tan geniales personajes así consideraron las
cosas ¿Cómo te has planteado tú tan importante cuestión?
¿Le dedicas el tiempo y la atención que merece?
CLXXVI
En la reflexión que hacemos sobre Dios, objeto propio de la felicidad humana, es necesario poner la debida atención
a la importancia que tiene para cada persona su relación con Dios. Diciéndolo en forma resumida, en gracia de la
brevedad, considerando los hechos reales que caen bajo nuestra experiencia sensible, veremos que no existe modo de
interpretarlos racionalmente sin admitir a Dios, porque:
1) La naturaleza de las cosas que constituyen el mundo, exige un Dios Creador.
2) El orden que reina en todo el universo exige un Dios Sabio Ordenador.
3) La voz de la conciencia, junto con la de todos los pueblos, proclama unánimemente un Dios, Supremo Señor.
Estos argumentos, estudiados y desarrollados en el curso de los siglos, han convencido a las mentes más selectas de la
humanidad sobre la existencia y grandeza de Dios, en quien han visto, asimismo, el objeto de la felicidad de las
personas.
¿Has reflexionado con seriedad sobre tan alta cuestión?
CLXXVII
Puestos en el camino de considerar el anhelo de felicidad de cada persona y el poder ser sólo Dios el objeto adecuado
de tal ansia de felicidad, ya podemos comprender en las siguientes expresiones de los sabios muchas cosas.
Escribió el gran naturalista Linneo: "El Dios eterno, el Dios inmenso, sapientísimo y omnipotente ha pasado delante de
mí. Yo no lo he visto de bulto, pero el brillo de su luz ha llenado de estupor mi alma. Yo he observado que están allí las
huellas de su paso en las creaturas y en todas sus obras, aun en las más pequeñas, las más imperceptibles; ¡Qué
fuerza, qué sabiduría, qué inmensa perfección!"
Y Newton manifestó: "La astronomía encuentra a cada paso la huella de los actos de Dios".
Fácil es decir, a la luz de esas expresiones, que si tales sabios se maravillaron de las obras de Dios, con toda razón,
¿Qué no debemos decir del autor mismo de ellas?
Hacia El, en consecuencia, debe la persona encaminarse,
como a la fuente de la felicidad.
CLXXVIII
En relación con el tema de la felicidad humana, después de reflexionar sobre la persona humana y sobre Dios como
objeto idóneo de la felicidad del hombre, vimos textos de sabios que se maravillaban de las obras de Dios. Veamos
uno más, esta vez del gran astrónomo y matemático Kepler. Así termina su obra este insigne descubridor del movimiento
de los planetas:
"Te agradezco, Creador y Señor mío, todas las alegrías que me has hecho gustar en el éxtasis, hacia el cual me
ha arrebatado la contemplación de las obras de tu mano. La grandeza de éstas he procurado proclamarla delante
de los hombres, y he puesto cuidado de hacer conocer cuánta es tu sabiduría, tu potencia y tu bondad".
Si tanta admiración y hasta éxtasis puede producir la contemplación de las obras de Dios vistas con la mirada del sabio,
¿Cuánto más no significará para el hombre poder ver, conocer, contemplar a Dios mismo?
Por ello la felicidad de los seres humanos solo puede hallar
su satisfacción en una estrecha relación con Dios mismo.
Esto debe llevar a organizar, a vivir la vida entera en razón
de tan alto fin, para que adquiera desde ahora el sentido
pleno que se hará patente al venir la muerte terrena como
puerta de esperanza que se abre a la eternidad feliz.
Centro de Intermediación para el Desarrollo de las Personas en el Trabajo
OTIC-ALIANZA
Organismo Técnico Intermedio de Capacitación-OTICReconocido por el Servicio Nacional de Capacitación y Empleo –SENCE- Registro Nº 105.
Personalidad Jurídica del 5 de Julio del año 1999.
Una alianza para servir a la formación de la Empresa y de la Educación Chilena.
Teléfonos: 671.7569 - 688.5751
Fax: 688.8001 . Cienfuegos 51. Santiago de Chile.
Consultas al correo electrónico: consultas@alianza.cl
Sitio Internet: www.otic.alianza.cl
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