PRINCIPIOS DE LA RESTAURACIÓN
De las ideas tradicionalistas anteriormente expuestas surgen los principios que fundan la obra
del Congreso de Viena. Son los siguientes:
a. Principio de legitimidad: En especial el legitimismo monárquico; supone la devolución del
trono a su legítimo poseedor, que no es otro que el rey que lo recibe de Dios (origen divino del poder),
y al que nadie ni ninguna institución (constituciones) le pueden arrebatar o limitar su poder (carácter
absoluto de la monarquía).
b. Principio de equilibrio y responsabilidad: Postula un nuevo orden internacional dirigido
por las grandes potencias, ya que existe una relación entre el poder de un país y la responsabilidad
internacional que le corresponde desempeñar.
c. Principio de intervención o solidaridad: Consiste en el derecho a intervenir en los asuntos
internos de un Estado cuando lo que sucede en él repercute en los demás o, simplemente, para restaurar,
por solidaridad, los derechos de un rey legítimo.
LA RESTAURACIÓN DE EUROPA: EL CONGRESO DE VIENA, LA SANTA
ALIANZA Y LA CUÁDRUPLE ALIANZA
La paz impuesta a Napoleón será paradójicamente templada. Parece que influyen en ello la
preocupación de cada uno de los Estados vencedores por formular sus respectivas reivindicaciones, la
habilidad diplomática del ministro de Asuntos Exteriores de Luis XVIII, Talleyrand, y el énfasis del
propio monarca en la culpabilidad exclusiva de la Revolución y en la intangibilidad de su patrimonio
familiar (el reino de Francia), al fin y al cabo recibido por derecho divino según la filosofía de los
propios vencedores de la Revolución.
De hecho, los aliados se conforman con reducir el territorio francés a los límites de 1792 -con
ligeros retoques- y a anunciar la reunión de un Congreso internacional para regular la reorganización
del mapa europeo y la paz continental. Lo primero, el mapa europeo, se realiza en el Congreso de
Viena, y lo segundo, la paz continental, por las Santa y Cuádruple Alianzas.
EL CONGRESO DE VIENA
La reestructuración del mapa de Europa, supuso un conflicto entre los propios aliados. Los
cuatro grandes estaban en plena disputa acerca de Polonia, de Alemania y de Italia y, desaparecida la
pesadilla napoleónica, resurgían las rivalidades entre Inglaterra y Rusia, porque Rusia desea el
predominio en el continente, e Inglaterra quiere un equilibrio en el continente para así conservar ella la
hegemonía en el mar, de ahí que apoye a Austria; entre Austria y Rusia, porque las dos pretenden
expansionarse por los Balcanes ante la descomposición del Imperio turco; y entre Austria y Prusia,
porque el crecimiento de ésta acabaría con la hegemonía austriaca; la rivalidad llegó hasta el punto de
firmar un pacto secreto de alianza entre Inglaterra, Austria y Francia en 1815. Europa parecía estar en
vísperas de otra guerra, pero el desembarco de Napoleón en Cannes, en el mes de marzo, produjo de
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nuevo la unión en bloque hasta su derrota definitiva en Waterloo (18 de junio de 1815) y su destierro a
la isla de Santa Elena.
Por lo tanto, estas potencias se dividen en dos bloques: Inglaterra y Austria por un lado, y Rusia
y Prusia por otro.
Aprovechando estas discordias, Talleyrand, representante francés, consigue que Francia sea
admitido en el grupo de los grandes en el Congreso.
La combinación de principios y ambiciones de las potencias dio como resultado la
configuración de un nuevo mapa europeo que favorecía a los cuatro grandes e ignoraba las realidades y
deseos nacionales de muchos pueblos.
En Europa se producen entonces los siguientes cambios geopolíticos:
El Reino Unido no tuvo apetencias territoriales pero el Tratado acabó convirtiéndolo en el
dueño del mar; unía a sus posesiones mediterráneas del XVIII (Gibraltar) el mantenimiento de Malta y
las islas Jónicas, con el consiguiente control mediterráneo. Hannover, británico ahora, junto a la entrega
de Noruega a Suecia frente a las aspiraciones danesas, le permiten controlar el Báltico; igualmente se
beneficiaba de la unión de Bélgica y Holanda, porque las desembocaduras del Rhin y del Escalda
estaban en manos de un Estado con problemas de identidad.
Rusia aparece como la potencia terrestre de mayor peso militar. Incorpora Finlandia y también
la Besarabia turca. Siguió controlando buena parte de Polonia, a pesar de que el Tratado contemplaba la
creación de la República independiente de Cracovia. El Estatuto Polaco concedido por el zar fue el
documento político por el que se van a regir los polacos hasta el proceso revolucionario de los años 30.
El imperio zarista se abre cada vez más a la influencia europea occidental debido a la marcha del
ejército ruso por Europa.
Francia muy bien tratada en la primera Paz de París, después del efímero Imperio de los Cien
días, el segundo Tratado de París endureció su postura respecto a Francia como demuestra el hecho de
que fuera rodeada de "Estado-tapones" para que no se repitiera la experiencia napoleónica. Prusia
controlaba el Sarre y tenía frontera con Francia, Saboya se incorporaba al reino del Piamonte frenando
una posible expansión hacia el sureste, el reino de los Países Bajos con la unión de Bélgica y Holanda
propiciaba un medio de contención al Norte. Por el Segundo Tratado de París se le impone una sanción
de 700 millones de francos y la ocupación del territorio por tropas extranjeras al mando de Wellington
durante tres años.
Austria renunció a Bélgica, demasiado lejana e indefinible, anexionó algunos territorios
alemanes, penetró en Italia (Lombardía y Véneto), y con prudencia, para no chocar con Rusia, en los
Balcanes (Dalmacia) y el Tirol, y en Polonia (Galitzia), y ejerce influencia en Módena, Parma y
Toscana, en manos de príncipes austriacos; Austria era la más interesada en mantener el orden dentro
de los Estados, pues se jugaba en ello su propia supervivencia.
Prusia toma una parte de Polonia (Danzig y el ducado de Pozen), la Pomerania sueca, parte de
Sajonia y la rica zona de Renania al oeste de Alemania. Pero queda separada en dos partes por
Hannover y Francfort.
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El Reino Unido de los Países Bajos, con un Orange de monarca y al que se incorporó Bélgica,
tenía la misión de estado-tapón.
Suiza consiguió que se respetara su neutralidad y estableció la Confederación de 22 cantones
con constituciones propias. Sus límites territoriales permanecerán hasta nuestros días.
Entre los Estados que no son grandes potencias tenemos que Suecia se anexionó Noruega,
Dinamarca obtuvo Holstein y Lauenburgo. España y Portugal no se vieron recompensadas por su
intervención en las luchas napoleónicas, porque las potencias conocían la debilidad que poseían ambos
reinos.
Se creó una Confederación Germánica de 39 Estados independientes que sólo tienen en común
una Dieta (Congreso permanente de delegados de los Estados) bajo la presidencia de Austria y con sede
en Francfort. En cuyo seno aumentaron su influencia el Imperio Austriaco y Prusia. Los círculos
patrióticos deseaban instaurar un Estado nacional alemán, pero la rivalidad austro-prusiana y las
pretensiones de soberanía de los príncipes impidieron la implantación del poder unitario. La misión
inmediata de la Confederación fue mantener a los pequeños Estados fuera de la órbita francesa. Entre
estos 39 Estados hay soberanos extra-alemanes: el rey de Inglaterra lo era también de Hannover, el de
Dinamarca representaba los ducados de Holstein y Schleswig y el rey de los Países Bajos a
Luxemburgo.
Italia queda dividida en siete Estados: el reino de Piamonte-Cerdeña, el lombardo-véneto, los
Estados Pontificios, el reino de las Dos Sicilias (Nápoles y Sicilia) y los ducados Parma, Módena y
Toscana.
Por todo lo anteriormente expuesto, podemos comprobar como el deseo de los restauradores de
retornar a la Europa de 1789 no se realizó en el aspecto territorial, como tampoco en este sentido se
practicó una política de equilibrio. Unos estados salieron claramente beneficiados: Rusia, Prusia y
Austria en el continente, Gran Bretaña en su posición marítima; de este modo se anunciaba la rivalidad
que marcaría la marcha de las relaciones internacionales en los próximos años: la disputa entre Austria
y Prusia por su predominio en la Confederación Germánica, el choque entre Austria y Rusia en torno a
los Balcanes relacionado con la hostilidad entre Rusia, que emprendía la búsqueda de una salida al mar
Mediterráneo y Gran Bretaña, que controlaba las rutas marítimas y vigilaba celosamente la situación de
los Estrechos Turcos. Al mismo tiempo, las nuevas fronteras, que habían establecido en nombre de la
Restauración, respondían sobre todo a los conceptos de ganancia merecida o de barrera precavida, de
modo que acentuaron un problema ya iniciado en la Revolución y aumentado con el Imperio
napoleónico: el nacionalismo. Tempranamente los hombres de letras jugaron un papel de primer orden
en avivar este sentimiento. Con su recogida de leyendas y canciones, que el pueblo conservaba vivas,
con el cuidado de expresarse bien en la lengua de origen y con la exaltación de los tiempos remotos en
que realizaron grandes hazañas, mostraron su empeño en resaltar la peculiaridad de un pueblo respecto
a otro. La separación de este pueblo, o su obligación de convivir con otra comunidad ajena a él por la
distribución de las fronteras, no haría más que exaltar la propia singularidad.
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REVOLUCIONES DE 1848
Características
a) El valor relativo de la fecha 1848 como inicio, por la importancia que los conflictos revisten
ya en algunos países en fechas anteriores (1847 sobre todo, y en especial en Suiza e Italia).
b) Su carácter minoritario, pese al triunfo parcial.
c) La decisiva falta de líderes que den coherencia a los movimientos.
d) El mantenimiento del liberalismo y el nacionalismo como motivos, pero ahora con una leve
complicación del socialismo.
e) El mantenimiento de los grupos sociales acomodados (nobleza, burguesía) como
suministradores de insurrectos, con cierto reforzamiento de la participación popular (aunque ésta ya se
daba en las fases de 1820 y 1830, en cierta medida).
f) La dependencia de la situación internacional, cuyo precario equilibrio explica el relativo
éxito.
g) La propia limitación de ese éxito en el terreno formal, que en rigor se reduce a la
proclamación de la república -efímera por demás- en Francia, a la introducción y mantenimiento de
regímenes constitucionales en Piamonte y Prusia, a la abolición del régimen señorial en Austria y
Hungría y a la consolidación de los nacionalismos.
Causas
- Debilitación del equilibrio internacional: hemos visto como la pasividad de la Quíntuple
Alianza ante la emancipación americana y su acción antilegitimista en el conflicto griego implican el
fracaso del sistema de seguridad del Antiguo Régimen restaurado; cómo de hecho esa ruptura permite
la entronización de Luis Felipe de Orleans en el trono francés y provoca inmediatamente el esbozo de
un nuevo modo de equilibrio europeo ante la cuestión belga: la formación del bloque liberal
francobritánico (1831) frente a la persistencia contrarrevolucionaria de Prusia, Rusia y Austria.
- Crisis económica de 1847: Junto a las motivaciones ideológicas y a las condiciones políticas
de las revoluciones de 1848 se insiste en la importancia que reviste la situación económica en algunos
de los países afectados por el movimiento revolucionario.
Se trata de la crisis de 1847, en la que coinciden factores agrícolas y factores financieros.
Los primeros comienzan con las malas cosechas de 1845 (la enfermedad de la patata, gravosa en
particular en Irlanda, Bélgica, Provincias Unidas y Alemania) y de 1846 (la sequía y el calor excesivos,
que esquilman las cosechas de cereales).
En cuanto a los factores financieros, la euforia inversora de los años treinta da paso en los
cuarenta a una larga onda de especulación, que, en un momento de necesidad de liquidez, arroja sobre
el mercado una masa de títulos que provoca a su vez el hundimiento de sus valores y, con él, la
contracción de las actividades y la multiplicación de las quiebras.
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La situación (que se halla en la base de la gran emigración irlandesa del siglo XIX) contribuyó a
sensibilizar la población afectada; aunque la revolución del 48 se iniciará ya en plena fase de
recuperación económica, comenzada ésta en el año 1847, y, de otra parte, los ámbitos geográficos más
sensibles a la crisis no siempre coinciden con los que sufren alteraciones políticas. (El caso de Irlanda,
Bélgica y las Provincias Unidas son la mejor ilustración).
- Causas políticas: inestabilidad política provocada por la debilitación del equilibrio
internacional antes comentado; acentuación de las medidas de censura y control en los países
autoritarios y tensión interna en los países liberales (en Francia la monarquía de julio había defraudado
por el giro conservador de Luis Felipe de Orleans). Por eso ahora no basta el liberalismo, se reivindica
la democracia.
- Causas sociales: A causa de la industrialización la sociedad está cambiando: crece la población
urbana, donde predomina la burguesía y el proletariado. Y al tradicional antagonismo burguesíanobleza se une ahora otro nuevo: proletariado-burguesía; pues los obreros acusan a ésta última de sus
deficientes condiciones de vida. Todo ello crea tensiones que se añaden a las producidas por la crisis
económica.
NACIONALISMO
Nacionalismo italiano
Desde los años treinta los patriotas italianos dudaban entre tres programas:
- El neogüelfismo de Gioberti, que defendía una Confederación de estados italianos presididos
por el Papa, quedó desprestigiado ante los nacionalistas italianos por el cambio de actitud de Pío IX
respecto al liberalismo tras la revolución de 1848.
- El proyecto de república unitaria, defendido por Mazzini, se oponía tanto a la solución federal
como a la monárquica y representaba la herencia del nacionalismo democrático del proceso
revolucionario de 1848, pero los mazzinianos, encuadrados en la organización "Joven Italia", nunca
lograron los éxitos del astuto Cavour, cabeza del "Risorgimiento".
- La unidad en torno a la casa de Saboya. Es el "Risorgimiento" que defiende Cavour en su
aspecto político.
Las dos primeras fórmulas se habían demostrado ya inviables. Sólo quedaba, pues, la tercera.
Este "Risorgimiento" de Italia fue apoyado por fuerzas ideológicas, políticas y económicas muy
distintas. Por un lado aquellos grupos comprometidos con la revolución (en escalada desde 1815 los
Carbonarios, la Joven Italia, la joven Europa); por otro, comerciantes y nuevos industriales que
deseaban eliminar las barreras interiores (había 22 aduanas a lo largo del río Po), tener un sistema de
comunicaciones entrelazado y un solo patrón de medidas y moneda que permitiera la realización y
pujanza de sus negocios, postura que también apoyaban algunos propietarios avanzados; aunque
minoritario, también el elemento popular, urbano o rural, confluía con los grupos más avanzados
(demócratas) en un intento de mejorar su suerte; y por último, también en minoría, apoyaba el
movimiento cultural que exaltaba un idioma literario común y un pasado glorioso. Todos estos
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elementos que exigían un cambio contribuyeron a la transformación administrativa, política, social y
económica que acompañó a la creación de la nación italiana.
Política exterior
Al contrario que Mazzini, que creía que Italia podía hacerse a sí misma, Cavour sabía que era
necesaria la ayuda de un gran país europeo para expulsar a los austriacos. Este país resulta ser Francia,
por varias razones:
- los sentimientos personales del emperador, que había sido carbonario en su juventud y
participado en varios motines italianos;
- la esperanza de obtener, a cambio, Niza y Saboya, de lengua francesa y que ya pertenecieron a
Francia bajo la Revolución y el Imperio.
Ahora bien, Cavour sabía que Italia era una creación del Congreso de Viena y desea plantear por
eso la cuestión de la Italia dividida en el marco de la política internacional. Ésa es la razón de que
intervenga en la guerra de Crimea y de que, por ello, sea admitido en el Congreso de París, donde
presentó un Memorial con la situación de una Italia prerrevolucionaria a causa de la presión austriaca, y
pedía ayuda para resolverla conforme al derecho de gentes. Allí se granjeó la simpatía de Inglaterra y el
apoyo de Napoleón III.
Napoleón III y Cavour se reúnen en Plombiéres (Vosgos) y acuerdan:
- Austria deberá declarar la guerra y Francia acudiría a ayudar a Piamonte;
- vencida Austria, se construiría un reino de Italia del norte en torno a Piamonte y se formaría
una Confederación de Cuatro Estados (Italia del norte, Italia central, Roma y sus alrededores, y el reino
de las Dos Sicilias). Napoleón III, pues, quería la independencia, pero no la unidad, porque pensaba que
una Italia libre de Austria pero no unida caería fácilmente bajo la influencia de Francia;
- en compensación Francia recibiría Saboya y Niza;
- el príncipe Napoleón casaría con Clotilde, hija de Víctor Manuel II, y recibirían un reino en
Toscana.
La Unidad
Las provocaciones dan fruto y el 27 de abril de 1859 Austria invade Piamonte, lo que aprovecha
Cavour para presentarse ante la opinión pública como víctima de las apetencias imperialistas de
Austria. La guerra dura poco, de mayo a julio. El ejército franco-sardo venció en Magenta y Solferino,
donde la crueldad fue tan grande que sugirió a Henry Dunant la idea de la Cruz Roja.
Pero inesperadamente Napoleón III firma los preliminares de paz con Austria en Villafranca,
porque Prusia empezaba a movilizar en las fronteras del Rhin las fuerzas de la Confederación
Germánica para ayudar a Austria. La paz definitiva se firmó en Zurich, y por ella Piamonte recibe
Lombardía pero no Venecia; Francia no obtiene ningún territorio porque no había cumplido todas las
promesas, y los soberanos de Italia central son repuestos. La unidad parecía aplazarse "sine die", lo que
provocó la dimisión de Cavour y una primera oleada de animadversión italiana hacia Francia.
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La reposición de los soberanos de Italia central no se va a llevar a efecto. Cavour vuelve a ser
llamado al Gobierno y ahora ensaya la vía revolucionaria: la fórmula sería fomentar agitación en los
Estados para que luego Piamonte acudiera a pacificar los ánimos. Entonces los pueblos, mediante
plebiscitos, acordarían unirse a Piamonte. Así sucede en Parma, Módena, Toscana y Romagna.
Napoleón III no se atreve a oponerse a un movimiento que él había desencadenado con la guerra y
acepta la incorporación de Italia central a cambio de Saboya y Niza por el acuerdo de 24 de marzo de
1860. Este hecho desencadena una segunda oleada de odio italiano y la desconfianza de Inglaterra y los
pequeños Estados vecinos de Francia, que pensaban que el Imperio reclamaría las fronteras naturales.
La alianza de Cavour con los republicanos va a dar sus frutos. Al establecer en Sicilia una
revolución, preparada por Cavour, contra el rey Francisco II, Garibaldi, con su ejército de "Camisas
rojas", parte de Génova, toma Sicilia y salta a Nápoles. Parece que su intención era llegar a Roma y
proclamar la República. Entonces Cavour aprovechando que la revolución ha estallado en las Marcas y
Umbría, envía un ejército al encuentro de Garibaldi para controlar la situación. En octubre de 1860,
mediante un plebiscito, el reino de las Dos Sicilias, las Marcas y Umbría se incorporan a Piamonte. En
febrero de 1861 un Parlamento de todos los Estados, reunido en Turín, proclamó la existencia del reino
de Italia, con Víctor Manuel Ii como rey y Roma como futura capital, aceptando como provisional la
capitalidad de Florencia.
Faltaban Venecia y Roma. Venecia significaba la definitiva expulsión de los austriacos; Roma
era la cabeza ideal e histórica de Italia. Pero no va a ser Cavour quien culmine la unidad, porque muere
en junio de 1861, sino el proceso de la unidad alemana el que la haga posible.
- Venecia: en la cuestión alemana Italia se alía con Prusia, mientras que Austria pacta con
Francia la entrega de Venecia a cambio de su neutralidad. El recién creado ejército italiano es vencido
en Custoza y Lisa, pero, con la distracción de una parte de las tropas austriacas, contribuye a la victoria
de Prusia en Sadowa, Francia recibe Venecia y se la entrega a Italia.
- Roma: En relación a la anexión de Roma había dos dificultades: una, que es la capital de la
cristiandad y el Papa no la quiere dejar; otra, que Napoleón III tiene en ella un ejército desde 1848 con
el pretexto de contentar a los católicos franceses ayudando al Papa. en realidad Napoleón III es el único
obstáculo para la unidad, pues el Papa apenas si tiene unos cuantos soldados a su servicio. Sólo cuando
el emperador retire sus tropas porque son necesarias en la guerra franco-prusiana, Víctor Manuel II
podrá entrar en Roma y terminar la unidad italiana. El Papa se encierra, cautivo, en el Vaticano y
excomulga al rey, rechaza la ley de Garantías, por la que se reconocía su autoridad e independencia
espiritual. La cuestión del pontificado se mantendría abierta, hasta que en 1929 los Tratados de Letrán
normalizasen las relaciones entre la Santa Sede y el Reino de Italia, por entonces gobernado por el
fascismo.
Queda por incorporar el Trentino, el Tirol e Istria, la Italia "irredenta".
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Unidad alemana
La guerra de los ducados
Así las cosas, en el otoño de 1863 volvió a plantearse el problema de los ducados de Schleswig
y Holstein, cuyo título ostentaba el rey de Dinamarca. Holstein estaba habitado casi enteramente por
alemanes y pertenecía a la Confederación Germánica, mientras que en Schleswig había una
considerable población campesina danesa. Ya en 1848, Dinamarca había pretendido anexionarse este
último ducado sin éxito, y en el otoño de 1863 el rey danés lo intentó de nuevo, muriendo poco después
y dejando abierta además la cuestión de la sucesión en ambos Estados, al morir sin descendencia
masculina, debían pasar a príncipes alemanes según la ley de los ducados y al danés según la danesa. La
Dieta Federal tenía como candidato al príncipe de Augustenburg que contaba con el apoyo de Prusia.
Tras varios intentos frustrados de negociación entre Prusia, Austria y Dinamarca, en diciembre de 1863
tropas federales entraron en Holstein, y el 16 de enero de 1864 lo hicieron también las tropas prusianas.
Tras firmar una alianza oficial con Austria (17 de enero de 1864), el 1 de febrero fuerzas austroprusianas penetraron en Schleswig y comenzó la guerra con Dinamarca. En agosto la contienda había
finalizado con la derrota danesa. El convenio de Gastein estableció la división provisional de los
ducados: Austria gobernaría Holstein, y Prusia Schleswig.
La guerra austro-prusiana
Prusia estaba claramente decidida a hacerse con la posesión de Schleswig-Holstein y a alcanzar
la supremacía en Alemania. Para ello necesitaba una situación europea favorable y el apoyo popular
dentro de Alemania. Francia ofreció su neutralidad a cambio de la cesión de Venecia a Italia por parte
de Austria si ésta salía victoriosa. Italia firmó, el 8 de abril de 1866, una alianza ofensiva-defensiva con
Prusia en caso de conflicto bélico con Austria en los siguientes tres meses. La neutralidad rusa estaba
asegurada desde 1863.
Hubo intentos de mediación a última hora por parte de Napoleón III, que propuso una
conferencia europea. También los hubo por parte de Austria. El primero no tuvo éxito, y el rey
austriaco Francisco José pensaba que había llegado al límite de sus concesiones y que si estallaba la
guerra derrotaría a Prusia, opinión que compartía casi toda Europa.
El 15 de junio de 1866 la guerra era un hecho, y el 3 de julio los austriacos fueron
definitivamente derrotados en Sadowa. La Paz de Praga del 23 de agosto estableció el siguiente
acuerdo:
- Baviera, Württemberg, Baden y Hesse-Darmstadt, que habían apoyado a Austria, pagaron
indemnizaciones pero no perdieron territorio y firmaron alianzas con Prusia, según las cuales sus
ejércitos quedarían bajo el mando prusiano en caso de conflicto con el exterior.
- Los monarcas de Hannover y Hesse-Kassel fueron desposeídos, y sus territorios, junto con los
de Schleswig-Holstein y la ciudad libre de Frankfurt, anexionados a Prusia.
- Los otros Estados, situados al Norte al río de Main y Sajonia, se unieron a la nueva
Confederación Alemana del Norte.
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- Austria perdió Venecia, pagó una indemnización y su voz quedó oficialmente excluida en los
asuntos alemanes.
La Confederación Alemana del Norte con su parlamento elegido por sufragio universal y la ley
de indemnización (pedida por Bismarck por los años en los que el gobierno había funcionado sin el
apoyo parlamentario) granjearon a Bismarck la crítica de los conservadores, pero le atrajeron a los
liberales de dentro y fuera de Prusia que constituirían el partido Nacional Liberal.
La guerra franco-prusiana
Un aumento del poder prusiano requería, en opinión de la diplomacia y de la opinión pública
francesas, un incremento de la potencia de Francia. Napoleón III, a cambio del reconocimiento de la
nueva Confederación, exigió ampliaciones del territorio francés en el Palatinado a expensas de Baviera,
Luxemburgo y la misma Prusia. Pero no consiguió más que la hostilidad de Prusia, la indiferencia de
Rusia, la alarma de Gran Bretaña por Bélgica y el desinterés de Austria e Italia. Desde entonces la paz
fue inestable.
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Restauración
CIDEAD
En este ambiente de tensión franco-prusiana irrumpe el problema sucesorio español. Bismarck
había suscitado la candidatura del príncipe prusiano Leopoldo de Hohenzollern al trono español,
vacante por la caída de los Borbones en la revolución de 1868. Ante la protesta de Francia que teme la
resurrección del imperio de Carlos V, el príncipe renuncia pero Napoleón III quiere más, quiere que el
rey de Prusia garantice que jamás apoyará una candidatura semejante. La negativa de Guillermo I es
cortés, pero Bismarck redactó para la prensa un resumen tendencioso y humillante para Francia, que se
conoce con el nombre de "telegrama de Ems". El 19 de julio de 1870 Francia declaraba la guerra a
Alemania.
Como en todas las guerras, los contendientes afirmaron que ninguno la deseaba y su
responsabilidad quedaba, pues, en manos de la Historia. Pero estaba claro que el afán de poder y
prestigio por parte de Bismarck y Napoleón III habían tenido una influencia decisiva. El ejército francés
fue aplastado en Sedán (2 de septiembre), y la noticia de que el emperador había sido vencido y hecho
prisionero provocó la caída del régimen. El poder temporal del Papa, una vez retirada la guarnición
francesa, sobrevivió 16 días al Imperio: el 20 de septiembre de 1870 las tropas italianos entraron en
Roma.
Así pues, las fuerzas prusianas y alemanas penetraron en Francia y pusieron sitio a París, donde
el día 4 de septiembre había sido instaurada la Tercera República. La ciudad se negaba a capitular. El
día 18 de enero de 1871, en el Salón de los Espejos del Palacio de Versalles fue proclamado el Imperio
Alemán. Diez días después, el 28 de enero, París, agotada, abrió sus puertas a los alemanes, pero el país
se hallaba sin un gobierno que pudiera firmar la paz.
El nuevo régimen francés habría firmado inmediatamente si las condiciones impuestas por
Bismarck no hubieran exigido unas compensaciones tan duras por una guerra de la que el gobierno de
Defensa Nacional no se sentía responsable. Pero el prusiano insistía en una indemnización de guerra de
cinco millones de francos oro y la cesión de Alsacia y Lorena, además de insistir en la convocatoria de
elecciones por sufragio universal para una Asamblea Constituyente que permitiera la formación de un
gobierno representativo para establecer el acuerdo. En febrero de 1871 Thiers, presidente del gobierno
elegido por la Asamblea Nacional francesa, firmaba la paz preliminar de Versalles cuyas bases,
dictadas por Bismarck, se incorporaron el 10 de mayo de 1871 al tratado de Frankfurt.
Conclusiones
El nuevo Imperio Alemán tuvo por base la constitución de la Confederación Alemana del Norte.
Todavía Prusia podía impedir cualquier reforma constitucional, porque la administración era muy fuerte
frente al parlamento y la autoridad federal frente a los Estados componentes. Los asuntos militares
continuaban en manos del monarca y el jefe del poder ejecutivo civil, el canciller imperial -Bismarckera "responsable". Pero la nueva constitución, como la antigua, no decía ante quién.
Prusia controlaba un conjunto de 25 Estados, y se reservaba las decisiones en materia de fuerzas
armadas, aduanas comercio y comunicaciones. Cualquier reticencia a esta organización -como la
mostrada por la monarquía de Baviera- se verá oscurecida por la decisión de los gobernantes de Berlín,
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Restauración
CIDEAD
que, encabezados por Bismarck, están lanzados a la tarea de implantar la hegemonía alemana sobre el
conjunto europeo.
Comparación entre Italia-Alemania
Rasgos comunes:
- En los dos procesos hay un Estado que sirve de eje en torno al cual se hace la unidad:
Piamonte y Prusia.
- Un hombre clave: Cavour y Bismarck.
- Una nación que obstaculiza la unidad: en el caso de Italia, Austria y Francia; en el de
Alemania, Austria.
Diferencias:
- En Alemania tiene más influencia el nacionalismo que el liberalismo y, en vez de
razones políticas y liberales, son más bien económicas, militares y culturales las que impulsan la
unificación.
- La unidad se hace por plebiscitos en Italia y por los príncipes en Alemania.
- Alemania está más dividida que Italia, pero no tiene reyes extranjeros.
- Prusia logra la unidad por su propia fuerza, Piamonte debe apoyarse en la ayuda
externa (Francia).
El resultado en ambos casos va a ser distinto: mientras en Italia se llega a la unificación
territorial y política bajo la forma de un reino, en Alemania se crea una Confederación.
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PRINCIPIOS DE LA RESTAURACIÓN

Segundo Imperio de Luis Napoleón Bonaparte

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Unificación italiana y alemana

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Formación de los estados italiano y alemán

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Liberalismo y Absolutismo en el marco del orden internacional

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PRIMER PARCIAL DE HISTORIA ¿Qué es la historia? •

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Otto von Bismark

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Unificación alemana

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Europa en el siglo XIX

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