Valores Universales y tiranías

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Valores Universales y tiranías
Las grandes ideas son aceptadas en el mundo cuando reflejan aspiraciones
comunes. Los valores que recogen una experiencia histórica generalizada, también
acaban por triunfar y constituirse en espejo, en el cual se reconoce la mayoría de la
humanidad. Ideas y valores serian algo así como la base mínima de convivencia, que se
va ampliando a medida que la inevitable tendencia histórica hacia la unidad humana,
gradualmente se impone.
Pero la cultura universal no reposa únicamente en esos valores generalmente
aceptados, sino que también la constituyen los que tienen un ámbito de aceptación mas
restringido. Las manifestaciones culturales propias de naciones y pueblos, o incluso de
regiones, y de nivel local, enriquecen a la cultura universal, que no debe, ni puede
formarse solo sobre esas ideas de ámbito universal. En realidad, la circulación de las
ideas y valores responde a circunstancias históricas muy complejas. Generalmente son
productos cuya difusión e imposición reflejan la situación de hegemonía de una
determinada civilización, porque como los valores culturales suelen ser un reflejo de cierta
forma de civilización, será la que alcanza una posición hegemónica la que tiene mas éxito
en imponerlos. No seria inútil! discutir si es bueno o es malo . Yo mas bien me inclinaría a
pensar que la segunda interpretación es la correcta, pero hemos de reconocer dos cosas:
a) que independientemente del juicio que se emita sobre la bondad o maldad de ello, hay
que reconocer que se trata de un hecho; b) que la explicación no se encuentra sólo en
razones de intereses económicos o de poder político, sino en que como cada civilización
origina determinadas formas culturales, que responden a ella, así también tiene cierta
lógica que la civilización hegemónica sea la que ofrezca las formas culturales
predominantes.
Pero la unidad cultural empobrece, pues se necesita la dialéctica enriquecedora,
del choque de formas culturales distintas, que lleva a una mejor comprensión de otros
pueblos y propicia el acercamiento, además de convertir en universales las formas
propias de un pueblo particular.
Si el proceso unificador sigue un curso normal, hay poco que se pueda hacer para
impedirlo, pero si se requiere una acción decidida para impedir la imposición abierta o
insidiosa, de formas que no responden a ningún interés general, sino que con el recurso a
los medios que ofrecen la tecnología y la economía modernas ciertos intereses concretos
tratan de hacerlos aceptar practicas consumistas, valores culturales, ideas políticas, etc.
Hasta aquí, me interesaba fijar la posición en torno a la necesidad de mantener la
diversidad e impedir la absurda y esterilizante uniformización. Trataba con ello de explicar
y
defender la diversidad, pero a donde realmente quiero llegar es a otra cosa, que puede
parecer contradictoria, pero que no lo es. A lo que quiero llegar es a la refutación de
afirmaciones que con frecuencia se hacen en todo el mundo, y que son tanto o mas
peligrosas que las de la imposición uniformizadora. Me refiero a las invocaciones que
muchos hacen a formas culturales y valores exclusivos de ciertos conjuntos humanos
(utilizo este cómodo termino para incluir tanto a naciones como pueblos, tribus y otros
grupos de individuos) para defender concepciones que a veces chocan frontalmente con
las universales Se que es muy difícil llegar a una definición precisa, ni siquiera
aproximada, de lo que serian valores universales, indiscutibles y su diferenciación de los
particulares; también seria muy difícil señalar limites entre los valores limitados que deber
ser aceptados y los que son totalmente inaceptables, pero lo que hay que señalar es el
hecho de que parece innegable que si hemos de aceptar la diversidad y rechazar la
uniformización cultural y de valores a que antes me refería, también es cierto que la
simple invocación a los valores culturales propios no puede servir en todos los casos de
justificación a un rechazo de valores y criterios universalmente aceptados
Puede observarse una peligrosa tendencia, nada nueva desde luego, pero que se
ha ido generalizando en los últimos tiempos, en el sentido de que hemos de aceptar en
nombre del respeto a formas culturales ajenas a las nuestras, todas las practicas de otros
pueblos, por mucho que choquen con lo que nosotros consideramos apropiado. Por
ejemplo. se pretende obligarnos a aceptar que la democracia es una fórmula que
funciona, bien o mal, en ciertos países occidentales, pero que en países del llamado
tercer mundo no sirve, y que se deben tomar por buenas las fórmulas políticas que allí se
dan; igualmente, en nombre del respeto a creencias religiosas, que desde luego merecen
todo el respeto, en la medida en que se limiten al ámbito religioso, se nos pide aceptar
acríticamente los bárbaros y anacrónicos castigos del código penal islámico, o ciertas
costumbres que imponen crueles practicas a las mujeres en el continente africano. Los
ejemplos podrían continuar ad infinitum, pero no es necesario, ya que son bien conocidos
La invocación de las particularidades propias, de naciones o de otros grupos, son
un recurso muy elemental al que han acudido en todos los tiempos los dictadores de
turno, para justificar la destrucción de los valores universales que se encontraban en el
camino de su ambición. Hay muchos valores cuya aplicabilidad universal puede ser
discutida, pero otros no, y eso no quiere decir que no haya quien desee discutirlo, sino
que si se conserva un poco de sentido común y de decencia, un mínimo de respeto por el
ser humano, debe llegarse a la aceptación de valores que no puede sufrir excepción,
cualquiera que sea el criterio que se utilice.
¿En nombre de que, por ejemplo, podría justificarse la exterminación de un ser
humano, por razones distintas a la legitima defensa, individual o colectiva? ¿Cómo podría
defenderse la esclavitud en nuestros tiempos? Se puede discutir acerca de la monarquía
o la República, del estado federal o unitario, de los sistemas electorales, de las
prioridades presupuestarias, de las formas de propiedad, etc. Pero al final ha de llegarse a
una afirmación no negociable: que la libre elección del individuo debe respetarse, en
armonía con la de los demás individuos del conjunto social, entendiendo que la voluntad
social no la decide ningún individuo u organización privilegiados, sino que resulta de la
suma de las voluntades individuales manifestadas a través de órganos representativos,
del tipo que sean.
Los grupos humanos, que en nombre del derecho de libre determinación, exigen
respeto a sus propias formas, deben tener la consecuencia de aceptar que ese principio
llega también a nivel individual. que es donde se origina. pues su justificación a nivel
colectivo sólo se explica porque las colectividades agrupan a individuos.
Aceptar este principio tan simple o rechazarlo con cualquier pretexto puede ser el
criterio de diferenciación entre la civilización y la barbarie, entre la libertad y la tiranía.
Los valores universales son el resultado de una experiencia histórica, y responden
a las mas legitimas aspiraciones humanas; y nadie tiene derecho, a cuadricular el mundo,
para crear su propio feudo de tiranía y oscurantismo.
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