Motivación hacia la práctica físico

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Moreno, J. A., Martínez Galindo, C., González-Cutre, D., y Cervelló, E. (2008). Motivación hacia la práctica físico-deportiva en
personas mayores. En E. H. Martín y R. Gomes de Sousa (Eds.), Atividade física e envelhecimento saudável (pp. 153-169). Rio
de Janeiro: Shape.
Motivación hacia la práctica físico-deportiva en personas mayores
Juan Antonio Moreno Murcia. Universidad de Murcia
Celestina Martínez Galindo. Unidad de Investigación en Educación Física y Deportes
David González-Cutre Coll. Universidad de Almería
Eduardo Cervelló Gimeno. Universidad Miguel Hernández de Elche
Resumen
Los estudios realizados nos indican que se está produciendo un aumento
considerable de la práctica físico-deportiva en la tercera edad, puesto que las personas
mayores están empezando a aceptar y valorar sus posibilidades y limitaciones físicas. Así
pues, estamos ante un importante cambio de mentalidad y pensamiento social a favor de
la actividad física y el deporte. No obstante, debemos ser todavía cautos al respecto, ya
que aún existe un porcentaje considerable de sedentarismo en esta población.
La motivación juega un papel muy importante en la adherencia a la práctica
deportiva, puesto que determina el inicio, mantenimiento y abandono de una conducta. De
ahí la importancia de analizar los intereses y motivaciones que impulsan a las personas
mayores a la práctica o al abandono de las actividades físicas, sobre todo, teniendo en
cuenta los importantes beneficios que conllevan para su salud bio-psico-social. Los
principales motivos aludidos por esta población para la práctica deportiva hacen
referencia a hacer ejercicio físico, mantener o mejorar la salud, divertirse y relacionarse
con gente. Además, existe un paralelismo bastante claro entre los motivos de práctica y
los motivos de abandono, de tal forma que la falta de competencia, el conflicto de
intereses, los problemas de tipo grupal y la falta de diversión suelen ser los motivos más
citados en el caso del abandono deportivo. Si no se satisfacen los motivos que les
llevaron a iniciarse en la práctica de un deporte, es lógico que cambien de actividad o
abandonen la misma.
El compromiso de las personas mayores con la actividad física vendrá determinado
por su motivación. Por ello, los responsables de promover y ejecutar programas
deportivos en la tercera edad deberán conocer los intereses y actitudes particulares de
esta población y desarrollar actividades que aumenten la motivación y la diversión entre
los practicantes. En este capítulo se proponen una serie de estrategias motivacionales
para fomentar la adherencia a la práctica deportiva en la población mayor. En primer
lugar, es fundamental concienciar a las personas mayores de los beneficios que lleva
asociados la práctica deportiva, intentando eliminar los prejuicios sobre las limitaciones
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físicas. Sería interesante desarrollar campañas de educación para la salud centradas en
la tercera edad, en las que se recalcara la necesidad de llevar un estilo de vida activo.
Esto supone el primer paso para incrementar su motivación y conseguir que acudan a los
centros físico-deportivos. Aún es necesaria la labor informativa y educativa, sobre todo en
la población de nivel cultural más bajo.
Una vez que la persona mayor acude al centro de actividad físico-deportiva, se
deben contemplar en la evaluación inicial diferentes aspectos para lograr que esta
persona esté motivada con la práctica deportiva que va a realizar: motivos de práctica,
expectativas respecto al programa y sobre su propia competencia, ansiedad social, apoyo
de la familia y amigos, su historia de actividad física, actividad física cotidiana,
preferencias y forma física. Tener en cuenta estos aspectos nos permitirá diseñar una
programación adaptada al individuo, que le motive para continuar practicando.
Además el técnico deportivo debe seguir una serie de pautas para fomentar la
motivación más positiva hacia la práctica. Debe explicar claramente el propósito de las
actividades, establecer objetivos de dificultad moderada y proporcionar un feedback
positivo. Se debe involucrar a la persona mayor en el proceso, permitiéndole la elección
en las actividades (objetivos, actividades, material, música, etc.). Resulta también
importante tratar de concienciar a la persona mayor de que siempre podrá mejorar en
algún aspecto.
En definitiva, es necesario transmitir un clima motivacional centrado en el proceso y
que implique a la tarea, en el que se prime el esfuerzo y la mejora personal, puesto que
los motivos competitivos han pasado a un segundo plano. En esta edad cobra especial
importancia el fomento de las relaciones sociales, el ambiente lúdico y recreativo y la
vivencia de experiencias óptimas como el flow.
Teniendo en cuenta estas pautas en las sesiones de actividad física con personas
mayores, es probable que incrementemos su motivación autodeterminada, de tal forma
que la práctica se realice por el propio placer y disfrute que les produce y por los
beneficios que aprecian sobre su salud y calidad de vida. Se sentirán competentes,
involucrados en el proceso y conectados con los demás. Todo esto les debería llevar a
comprometerse en mayor medida con su práctica y a acudir con asiduidad al centro
deportivo.
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1. Introducción: Evolución de la práctica físico-deportiva en las personas mayores
A partir de la década de los sesenta se han ido sucediendo una serie de cambios
culturales, tecnológicos, económicos e ideológicos que han afectado de manera desigual
a las sociedades económicamente avanzadas. A este nuevo período se le conoce como
posmodernidad y ha permitido el paso de los valores propios de la modernidad como
eran el trabajo, el esfuerzo, la ética, lo colectivo y lo deportivo, entre otros, a nuevos
valores y formas de pensar como son el ocio, el placer, la estética, el individualismo y lo
neodeportivo (Gervilla, 1993).
Así, en lo que se refiere al ámbito deportivo, ha surgido una nueva forma de
entender el deporte y la actividad física, considerándola como una fuente fundamental que
contribuye al desarrollo personal y social de los individuos, proporciona oportunidades
para disfrutar, aprender nuevas habilidades motoras y cooperar con los demás, y permite
aportar conocimientos sobre la necesidad e importancia de adoptar estilos de vida
saludables. Estas transformaciones surgidas en la concepción de la práctica físicodeportiva de la era posmoderna discurren paralelamente a los cambios sociodemográficos
que han tenido lugar en los países económicamente avanzados, como el avance del
proceso de urbanización, la disminución de la población infantil y juvenil y el crecimiento
de la población mayor. Posiblemente, de todas estas transformaciones, sea la referida al
cambio evolutivo (crecimiento de la población mayor o de tercera edad y disminución de la
población infantil o juvenil) la que haya ejercido un mayor impacto en el sistema social del
deporte, provocando muchos de los cambios o evoluciones que en los últimos tiempos se
están produciendo en torno a este ámbito, tales como la disminución del deporte
federado, debido a que su práctica se asocia con la población más joven, el aumento de
las prácticas físico-deportivas recreativas y saludables, así como el incremento de
práctica físico-deportiva en el sector femenino.
Así pues, se está produciendo un fenómeno relativamente nuevo que implica una
estrecha relación entre la actividad deportiva y la salud en las etapas avanzadas de la
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vida, esto es, en la tercera edad. Es por ello que estamos asistiendo a la aparición de una
“nueva edad”, la que le sigue al final de las constricciones productivas y que antecede a la
decadencia física, psíquica y social (Gaullier, 1988), que está generando uno de los
destinos de participación deportiva más demandados por varias razones:
 Mejora la capacidad para realizar tareas que impliquen motricidad, coordinación,
fuerza y resistencia.
 Produce diversos efectos sobre el organismo: reducción de peso, disminución de
la presión sanguínea, regula el pulso, disminuye la tensión neuromuscular,
mejora la fuerza y la flexibilidad, desarrolla la capacidad respiratoria, mejora la
estabilidad emocional y, en general, retarda el envejecimiento (Mazzeo et al.,
1998).
 Incide directamente en diversos aspectos psicológicos como la autoestima, el
optimismo, la vitalidad y la voluntad, contribuye a la integración social y, en
definitiva, mejora la calidad y el disfrute de la vida.
Aunque los estudios llevados a cabo en esta área nos indican que estamos
experimentando en la sociedad en general y en la tercera edad, en particular, un aumento
considerable de práctica físico-deportiva, debemos ser todavía cautos al respecto, ya que
aún existe un porcentaje considerable de sedentarismo en esta población. Entre las
causas que conllevan a esta actitud pasiva podemos distinguir las que son ajenas a la
propia actividad físico-deportiva, como son las nuevas tecnologías, el descenso de
actividad física requerida en los trabajos, así como una mayor disponibilidad de medios de
locomoción y un tipo de ocio que solo exige una actitud pasiva; y las que son propias y
derivadas de la actividad físico-deportiva, como es la falta de motivación experimentada
por los practicantes.
Por todos es sabido que la inmovilidad e inactividad es el mejor y mayor agravante
del envejecimiento y la incapacidad, de tal forma que, lo que se deja de realizar, pronto
será imposible realizarlo. En este punto, el ejercicio físico puede instaurarse en los hábitos
y estilos de vida de las personas mayores y, con ello, canalizar el ocio y contribuir a
recuperar, conservar y mejorar la salud y la calidad de vida. Pero para ello, es necesario
que los sujetos experimenten motivación y disfrute en la práctica físico-deportiva.
2. Motivos de práctica deportiva en las personas mayores
El papel de la motivación en la vida de los sujetos resulta de gran importancia al
permitir comprender una gran cantidad de conductas que aparecen en el entorno
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educativo y deportivo, así como en el resto de ámbitos de la vida de una persona (Allen,
2003), debido a que, en el mundo de la actividad física y el deporte, se considera a la
motivación como el producto de un conjunto de variables sociales, ambientales e
individuales que determinan la elección de una actividad física o deportiva, la intensidad
en la práctica de esa actividad, la persistencia en la tarea y, por último, el rendimiento
(Escartí y Cervelló, 1994). De ahí la importancia de analizar los intereses y motivaciones
que impulsan a las personas mayores a la práctica o al abandono de las actividades
físicas, sobre todo, teniendo en cuenta los importantes beneficios que conllevan para su
salud física y mental.
Diferentes estudios estadísticos han sido realizados en los últimos tiempos para
determinar la evolución deportiva de la población española (ver García Ferrando, 1998,
2001, 2006). Así, según los datos recogidos, el 70% de las personas mayores suelen dar
paseos y acudir al parque, una proporción similar realizan compras y recados y un 10%
manifiesta realizar deporte en un club o sociedad recreativa. Además, el 39% de las
personas que tienen entre 55-64 años consideran que su forma física es buena o
excelente. Lo que indica que no sólo está aumentando la esperanza de vida sino también
la calidad de ésta. En cuanto a la frecuencia de práctica, el 51% de las personas de 55-64
años y el 54% de los mayores de 65, realizan actividad física 3 o más días por semana.
En lo que respecta a los motivos que llevan a realizar práctica deportiva a los sujetos de
edades por encima de los 55 años destacan: hacer ejercicio físico, mantener o mejorar la
salud y la diversión, entre otros (Tabla 1).
Tabla 1. Motivos de práctica de la población mayor de 55 años.
Motivos
Población mayor de 55 años
Por hacer ejercicio físico
60%
Por mantener y/o mejorar la salud
51%
Por diversión y por pasa el tiempo
30%
Porque les gusta el deporte
21%
Por encontrarse con amigos
15%
Por mantener la línea
11%
Recientemente, Hellín, Moreno, y Rodríguez (2004) en su estudio sobre hábitos de
práctica físico-deportiva llevado a cabo con sujetos de 15 a 64 años de edad, revelaron
que los motivos de práctica de los sujetos de edad más avanzada eran lúdicos, relajantes
y de relación, disminuyendo en esta franja de edad los motivos centrados en la imagen
corporal y la estética. Estos aspectos de promoción de la salud y relaciones sociales ya
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fueron reseñados con anterioridad por Hirvensalo, Lampinen, y Rantanen (1998), en
programas orientados a la participación en actividades físicas con sujetos finlandeses de
65-84 años. En esta misma línea, se encuentran
otros estudios realizados sobre la
práctica físico-deportiva en personas mayores (López-Cózar y Rebollo, 2002; Martínez del
Castillo et al., 2002), determinando que la salud, además de la diversión y la posibilidad
de relacionarse con los demás, son los motivos más aludidos que llevan a la tercera edad
a practicar.
En definitiva, estos datos revelan por un lado que las personas mayores están
empezando a aceptar y valorar sus posibilidades y limitaciones físicas, y por otro, que la
sociedad está más receptiva a este tipo de situaciones. Así pues, estamos ante un
importante cambio de mentalidad y pensamiento social a favor de la actividad física y el
deporte.
3. Motivos de abandono deportivo en las personas mayores
Sin embargo, es necesario comprender que las motivaciones son conceptos
dinámicos que varían en función del momento de práctica de cada sujeto (Escartí y
Brustad, 2000; Wigfield y Eccles, 2000). Así, en el inicio aparecen diversas motivaciones,
en la fase de mantenimiento las motivaciones se centran en la competición, en la tarea y
en el esfuerzo, y en la etapa de cambio deportivo se buscan nuevas sensaciones o
conseguir objetivos hasta ese momento no logrados. Si esta etapa no se satisface es
cuando aparece el abandono deportivo, caracterizado generalmente por ausencia de
motivación. Llegados a este punto, tal y como indica Martín-Albo (2000), será fundamental
fomentar la idea de cambio de actividad deportiva frente a la opción de abandono. Opinión
que coincide con los trabajos de Miquel (1998) y Sánchez (2002), al afirmar que es
necesario una mejor comprensión de los distintos procesos (inicio, adopción,
mantenimiento, abandono) que se dan en la realización de actividades físicas, ya que,
para estos autores, un problema significativo en la adherencia al ejercicio es que las
necesidades personales cambian con el tiempo (Figura 1).
Figura 1. Las escalas individuales de cambio en la actividad física (modificado de Miquel, 1998).
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PRECONTEMPLACIÓN
CONTEMPLACIÓN
ABANDONO
MANTENIMIENTO
ACCIÓN
PREPARACIÓN
Según Cervelló (2000), existe un paralelismo bastante claro entre los motivos de
práctica y los motivos de abandono, de tal forma que la falta de competencia, el conflicto
de intereses, los problemas de tipo grupal y la falta de diversión suelen ser los motivos
más citados en el caso del abandono deportivo. Estos resultados parecen bastante
lógicos, ya que cuando un deportista no satisface los motivos que le llevaron a iniciarse en
la práctica de un deporte, es coherente que cambie de actividad o abandone la misma.
Así, el éxito de los programas de actividad física en la población mayor dependerá
de la motivación de los practicantes, debido a que sentimientos de aburrimiento y
experiencias humillantes contribuirán a desarrollar actitudes negativas hacia la misma.
Por ello, resulta lógico afirmar que los programas de actividad física en el tiempo de ocio y
recreación repercutirán positivamente en los sujetos cuando sean motivados a participar
en las clases, así como cuando experimenten resultados cognitivos y afectivos positivos
como consecuencia de su participación (Coakley y White, 1992). Por ello, los
responsables de promover y ejecutar programas deportivos en la tercera edad deberán
conocer los intereses y actitudes particulares de esta población y desarrollar actividades
que aumenten la motivación y la diversión entre los practicantes.
4. Estrategias motivacionales para fomentar la adherencia a la práctica deportiva en
las personas mayores
Como hemos visto en los apartados introductorios, la motivación juega un papel muy
importante para lograr el compromiso de las personas mayores con la práctica deportiva.
En este punto vamos a tratar de exponer diferentes aspectos a tener en cuenta para
fomentar dicha motivación (Tabla 2), con el objetivo de conseguir una mayor adherencia a
la práctica, que repercuta positivamente en la salud bio-psico-social de la persona mayor,
mejorando su calidad de vida.
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4.1. Promoción social
En primer lugar, es necesario que desde los diferentes niveles de la administración
se trate de concienciar a la población mayor de los beneficios que lleva asociados la
práctica deportiva, intentando eliminar los prejuicios sobre las limitaciones físicas que
pueda tener este colectivo. Sería interesante desarrollar campañas de educación para la
salud centradas en la tercera edad, en las que se recalcara la necesidad de llevar un
estilo de vida activo. Educar a este colectivo y hacerles ver que pueden practicar deporte
y que van a obtener una serie de beneficios de esta práctica, supone el primer paso para
incrementar su motivación y conseguir que acudan a los centros físico-deportivos. Aunque
se está produciendo en las personas mayores un cambio de actitud hacia la práctica
físico-deportiva, y ya empiezan a tomar conciencia de que pueden practicar actividades
deportivas adaptadas a sus posibilidades, todavía es necesaria la labor informativa y
educativa, sobre todo en la población de nivel cultural más bajo.
4.2. Evaluación inicial
Una vez que la persona mayor acude al centro de actividad físico-deportiva, se
deben contemplar en la evaluación inicial diferentes aspectos para lograr que esta
persona esté motivada con la práctica deportiva que va a realizar. Dicha evaluación debe
tener en cuenta todas las circunstancias personales y ambientales que pueden influir
positiva o negativamente en la adquisición y mantenimiento del hábito. La evaluación no
debe limitarse al inicio del programa, sino que se deben realizar diferentes evaluaciones
periódicamente para valorar la eficacia y orientar posibles modificaciones. Los principales
aspectos que se han de evaluar serían los siguientes (Buceta, Gutiérrez, Castejón, y
Bueno, 1996):
 Motivos de práctica: Es importante conocer cuál o cuáles son los motivos por los
que la persona mayor quiere realizar ejercicio (salud, reducir peso, diversión,
relaciones sociales, etc.) y por qué surge en ese preciso momento la decisión de
hacerlo, y no antes. En este sentido, puede haber determinantes personales o
ambientales que sirvan como detonante inicial: sufrir un infarto, dolores,
recomendación del médico, soledad. Es conveniente fortalecer esa motivación
acompañándola de otras, o sustituirla llegado el momento.
 Expectativas respecto al programa de actividad física: Es necesario inspeccionar
qué espera el sujeto del programa, para poder establecer objetivos y buscar los
aspectos más motivantes del deporte para esa persona, adaptando el programa
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a dichas expectativas. Se deben explorar tanto las expectativas sobre beneficios
como las expectativas de costes en términos de tiempo, sacrificio y esfuerzo.
Con ello detectaremos posibles desajustes con la realidad, así como los
aspectos que son más reforzantes y aversivos para la persona mayor.
 Expectativas sobre su propia competencia: Se trata de conocer qué grado de
estrés le provoca la práctica de ejercicio físico a la persona y analizar si está
convencida de llevar a cabo el programa. Es posible que perciba la situación
como algo amenazante y crea que no posee las habilidades necesarias para
manejar la amenaza, lo que aumentaría la probabilidad de abandono. Debemos
tratar de convencer al sujeto de que la actividad que va a realizar estará
adaptada a sus posibilidades, evitando así el sentimiento de incompetencia.
 Ansiedad social: Este punto esta muy relacionado con el anterior, ya que es
posible que las personas sientan que son evaluadas negativamente por su
entorno social. El miedo a que les vean en baja forma o torpes puede
incrementar su ansiedad social. Por ello, es fundamental adecuar la actividad a
las habilidades del sujeto y no introducirle en un grupo donde los demás posean
un dominio superior.
 Apoyo de la familia y amigos: Resulta muy interesante conocer el apoyo del que
dispone el individuo. Se trata de averiguar si su entorno social le refuerza para
que practique deporte o por el contrario le proporciona estimulación aversiva.
Poseer un buen apoyo social contribuye a la adherencia al programa,
disminuyendo a su vez la probabilidad de abandono. En este sentido será
beneficioso buscar la colaboración de familia y amigos, participando activamente
en el programa de actividad física, ayudando a planificar, reforzando, etc.
 Su historia de actividad física: Se trata de una información muy valiosa para el
diseño de la intervención, anticipando posibles dificultades. Se debe indagar si la
persona ha realizado actividades físicas en otras ocasiones, con qué regularidad
las realizaba, por qué empezó, por qué abandonó y si hubo otros intentos de
recuperar la actividad. Si no hubiera practicado nunca habrá que explorar los
motivos, si hubo intentos en alguna ocasión y por qué fracasaron. Así
conoceremos qué elementos evitar para fomentar el compromiso con la práctica.
 Actividad física cotidiana: Es preciso conocer el nivel de actividad física que
implica su vida cotidiana (subir escaleras, desplazamientos andando o en
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bicicleta, trabajos del hogar, etc.), valorando las posibilidades de mejora de la
misma.
 Preferencias: Es necesario tener en cuenta qué actividades prefiere realizar el
individuo, pues, en principio, serán las que más le refuercen. Además de preferir
una actividad u otra, el sujeto también puede preferir un determinado horario, un
lugar (al aire libre o a cubierto), un nivel de competitividad y una práctica
individual o grupal.
 Forma física: Resulta fundamental evaluar el nivel de condición física, la
presencia de patologías y la capacidad motriz del individuo para ajustar la
programación de actividad física (frecuencia, intensidad, duración, tipo de
actividad) a sus características. De esta manera podremos establecer objetivos
realistas, cuyo logro irá motivando al sujeto, y garantizar el sentimiento de
competencia.
4.3. Estrategias en la práctica
Una vez llevada a cabo la evaluación inicial, la persona mayor iniciará su
participación en el programa de actividad física. Partiendo de una amplia revisión de las
principales teorías motivacionales que se han utilizado en psicología del deporte, vamos
a proponer una serie de pautas a tener en cuenta por parte de los técnicos para
incrementar la motivación hacia la práctica en la tercera edad y lograr una mayor
adherencia.
La teoría de la autodeterminación (Deci y Ryan, 1985, 1991, 2000; Ryan y Deci,
2000) considera que para que las personas tengan una motivación autodeterminada que
les lleve a comprometerse con la práctica, es necesario satisfacer sus necesidades
psicológicas básicas de competencia, autonomía y relación con los demás. Es decir,
debemos conseguir que la persona mayor sea capaz de controlar el resultado y
experimente eficacia, sienta que tiene libertad de elección y capacidad para decidir y
participar activamente en el proceso, y experimente satisfacción con el mundo social,
sintiéndose aceptada e intimando con los demás. Para lograr esta satisfacción de las
necesidades psicológicas básicas, diferentes autores (Kilpatrick, Hebert, y Jacobsen,
2002; Moreno y González-Cutre, 2006a,b) han recopilado una serie de estrategias que
exponemos a continuación, ampliando su descripción y adaptándolas al colectivo de la
tercera edad:
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 Proporcionar feedback positivo. Siempre se debe dar un feedback positivo con el
objetivo de promover las sensaciones de competencia y autoconfianza, aspecto
especialmente importante en la tercera edad, ya que la persona mayor tiende a
percibir que no tiene la habilidad de cuando era joven y se puede sentir torpe. Se
le debe decir lo que está haciendo bien, lo que puede mejorar y al final darle una
frase de ánimo, por ejemplo: “Estás siguiendo muy bien el ritmo de la música,
pero intenta coordinar un poco mejor el movimiento de los brazos y las piernas,
que seguro que lo puedes conseguir”.
 Establecer objetivos de dificultad moderada. Hay que establecer objetivos a corto
y medio plazo, cuya consecución desarrollará un sentimiento de competencia
que les reforzará y les estimulará para continuar con la práctica. Si se establecen
objetivos difíciles de alcanzar o muy alejados en el tiempo, disminuirá la
motivación y aumentará la probabilidad de abandono, porque el sujeto ve que no
consigue nada. Está claro que para lograr determinados objetivos es necesario
cierto tiempo, pero debemos ser capaces de parcelar esos objetivos a largo
plazo en otros que se puedan conseguir más pronto. En este sentido cobra
especial importancia el planteamiento de progresiones adecuadas. Por ejemplo,
el objetivo final a conseguir con este colectivo puede ser mejorar su nivel de
condición física de tal forma que puedan realizar las actividades de la vida
cotidiana cómodamente y sin fatigarse. Pues bien, como primer subobjetivo
podemos plantearle que se va a cansar menos y va a recuperar tono muscular y
movilidad. Después, buscar que no se canse y se perciba con más fuerza y
mayor rango de movimiento, para finalmente lograr esa mejora de calidad de
vida que planteábamos como objetivo final.
 Posibilitar la elección en las actividades. Así el sujeto se sentirá involucrado en el
proceso y se incrementará su percepción de autonomía. Se puede plantear la
elección de actividades, de materiales, de normas, de intensidad, de la música a
utilizar, etc. Esto no se puede hacer de forma libre, sino que el responsable de la
práctica deportiva establecerá unas posibilidades entre las que los participantes
pueden elegir. Por ejemplo, para mejorar la capacidad cardiorrespiratoria pueden
elegir entre actividades aeróbicas en sala o fitness acuático, o para trabajar la
relajación entre una sesión con balones de fitball o yoga. Pueden decidir a qué
intensidad realizar los movimientos en función de su percepción de fatiga e
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incluso colaborar para establecer reglas en las formas jugadas que plantee el
técnico. También resulta interesante implicar a las personas mayores en la
elección de objetivos, de manera que éstos se adapten a sus características y
particularidades.
 Explicar claramente el propósito u objetivo de la actividad. Es necesario describir
qué es lo que se persigue con cada actividad, para aumentar la percepción
positiva de la misma y el sentido de autonomía. Así, el sujeto entenderá el
sentido de lo que está haciendo y para qué sirve, incrementándose su
motivación. Por poner un ejemplo, si planteamos una sesión de flexibilidad al aire
libre para la tercera edad, es necesario explicarles que este tipo de trabajo va
encaminado a que mejore la movilidad de las diferentes articulaciones y de esta
manera poco a poco tendrán menos limitación de movimiento. Además, las
personas mayores tienen una gran motivación por saber el cómo y porqué de las
cosas.
 Promover el desarrollo de relaciones sociales entre los participantes. No
podemos olvidar que uno de los motivos citados por este colectivo para la
participación en actividades deportivas es el de relación social. Por ello debemos
tratar de fomentar estas relaciones, planteando actividades cooperativas,
resolución de problemas y toma de decisiones conjunta y puesta en común de
ideas. También es muy importante esforzarse para que la relación técnicopersona mayor sea fluida, empática y cordial. Al principio del programa se deben
plantear actividades de presentación para que los sujetos se conozcan, como
juegos en los que haya que decir los nombres. Otras estrategias a utilizar serían
los agrupamientos arbitrarios, tener en cuenta la opinión de todos los
practicantes tratándolos por igual y realizar cambios de grupos con frecuencia. Al
final de la sesión se debe permitir a los practicantes comentar las tareas y
dialogar sobre ellas para establecer un punto en común entre todos.
Confeccionar colectivamente materiales para utilizar en la sesión, fomentar la
relación fuera del centro deportivo (aconsejar el paseo diario, informar de charlas
de interés), participar como grupo en eventos locales, compartir la actividad con
otros grupos que trabajan en el mismo programa, también contribuye a
cohesionar el grupo y a que lleguen a sentirse como en familia.
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Además, Moreno y González-Cutre (2006b), partiendo de una amplia revisión de la
bibliografía especializada, propusieron otras estrategias interesantes para fomentar la
adherencia a la práctica. Su aplicación con personas mayores sería la siguiente:
 Fomentar la aparición del estado de flow. Jackson y Csikszentmihalyi (1999)
definen el flow como un estado de conciencia en el que la persona llega a estar
totalmente absorbida por lo que está haciendo, con una eliminación de cualquier
otro pensamiento y emoción. Además es una experiencia armoniosa en donde
mente y cuerpo trabajan juntos fácilmente, dejando al final al sujeto la sensación
de que algo especial ha ocurrido. El flow eleva la experiencia de ordinaria a
óptima, de forma que el sujeto se siente verdaderamente activo y conectado con
lo que está haciendo. Quien consiga alcanzar el estado de flow durante la
práctica físico-deportiva obtendrá grandes niveles de disfrute, siendo esta
experiencia tan valiosa el origen de la motivación de muchos individuos que
intenten comprometerse con la actividad física (Jackson, 1996). Aunque
frecuentemente el concepto de flow se ha aplicado al deporte de competición,
existen estudios en la actividad física no competitiva, como el de Karageorghis,
Vlachopoulos, y Terry (2000), realizado con personas adultas de entre 18 y 70
años, en el que se halló que el estado de flow estaba positivamente relacionado
con la revitalización, la tranquilidad y el compromiso positivo después del
ejercicio. Esto demuestra que si las personas mayores experimentan flow
durante la práctica deportiva también aumentará la probabilidad de que sigan
practicando. Para lograr este estado hay que procurar que las tareas estén
adaptadas al nivel del sujeto, que los objetivos y el feedback sean claros,
fomentar el sentimiento de control y la diversión (Mandigo y Thompson, 1998).
 Concienciar a la persona mayor de que puede mejorar a través de la práctica. Es
fundamental convencer al sujeto de que si acude con regularidad y se esfuerza
conseguirá alcanzar los objetivos que se planteen, ya sean de capacidad
cardiorrespiratoria, movilidad, fuerza, mejora de una patología, coordinación o
equilibrio. Siempre existe posibilidad de mejora, pero hay que trabajar para ello.
Los estudios muestran que la creencia de que se puede mejorar, incrementa la
motivación autodeterminada (Li, Lee, y Solmon, 2005). Se debe comentar con el
sujeto cómo se encuentra, si va percibiendo mejoras e insistirle en que poco a
poco se irán viendo los efectos del programa.
Moreno, J. A., Martínez Galindo, C., González-Cutre, D., y Cervelló, E. (2008). Motivación hacia la práctica físico-deportiva en
personas mayores. En E. H. Martín y R. Gomes de Sousa (Eds.), Atividade física e envelhecimento saudável (pp. 153-169). Rio
de Janeiro: Shape.
 Transmitir un clima motivacional que se centre en el proceso e implique a la
tarea. Otra de las teorías motivacionales ampliamente utilizadas como base para
el análisis del compromiso deportivo ha sido la teoría de las metas de logro
(Nichols, 1989). Esta teoría, entre otras cosas, se centra en analizar el clima
motivacional que perciben los sujetos. La investigación muestra la importancia de
que el técnico transmita climas tarea, en los que prime el esfuerzo y la mejora
personal, evitando la comparación social. Es más probable que de esta forma el
individuo continué practicando, especialmente en la tercera edad, puesto que los
motivos competitivos han pasado a un segundo plano. Algunas de las pautas
para fomentar el clima tarea (Ames, 1992; Valentini, Rudisill, y Goodway, 1999)
han sido comentadas ya a lo largo de este capítulo, por lo que sólo citaremos
aquí las que aún no han aparecido: diseñar actividades basadas en la variedad y
la novedad, individualizadas en la medida de lo posible, proporcionar múltiples
oportunidades de éxito, reconocer el progreso individual y la mejora y posibilitar
el tiempo suficiente para lograr ese progreso. También es interesante incidir a
través del diálogo en valores centrados en la orientación a la tarea, aplicar
técnicas de entrenamiento psicológico como la utilización de auto-instrucciones,
la práctica imaginada y la relajación, que están positivamente relacionadas con la
percepción de un clima tarea,
y concienciar al sujeto de los beneficios del
deporte para la salud, tanto físicos, como psicológicos y sociales (Digelidis,
Papaioannou, Laparidis, y Christodoulidis, 2003).
Por último, es fundamental que en la sesión reine un ambiente distendido y amable,
en el que los participantes puedan trabajar con naturalidad y espontaneidad, ensayando
sus respuestas sin temor al ridículo, la comparación o la valoración negativa por parte del
animador o de sus compañeros. La vivencia de la sesión cobra especial importancia
puesto que uno de los principales motivos de práctica en la tercera edad es la diversión.
Por tanto, el técnico debe tratar de generar un ambiente lúdico, recreativo y participativo.
Teniendo en cuenta todas estas pautas en las sesiones de actividad física con
personas mayores, es probable que incrementemos su motivación autodeterminada, de
tal forma que la práctica se realice por el propio placer y disfrute que les produce y por los
beneficios que aprecian sobre su salud y calidad de vida. Se sentirán competentes,
involucrados en el proceso y conectados con los demás. Todo esto les debería llevar a
Moreno, J. A., Martínez Galindo, C., González-Cutre, D., y Cervelló, E. (2008). Motivación hacia la práctica físico-deportiva en
personas mayores. En E. H. Martín y R. Gomes de Sousa (Eds.), Atividade física e envelhecimento saudável (pp. 153-169). Rio
de Janeiro: Shape.
comprometerse en mayor medida con su práctica y a acudir con asiduidad al centro
deportivo.
Tabla 2. Resumen de las estrategias motivacionales para fomentar la adherencia a la práctica en las
personas mayores.
Estrategia
1. Promoción Social
2. Evaluación inicial
Motivos de práctica
Expectativas respecto al programa
Expectativas sobre su propia competencia
Ansiedad social
Apoyo de la familia y amigos
Su historia de actividad física
Actividad física cotidiana
Preferencias
Forma física
3. Estrategias en la práctica
Proporcionar feedback positivo
Establecer objetivos de dificultad moderada
Posibilitar la elección en las actividades
Explicar claramente el objetivo de la actividad
Promover el desarrollo de relaciones sociales
Fomentar la aparición del estado de flow
Concienciar de que se puede mejorar
Transmitir un clima motivacional tarea
Generar un ambiente lúdico y recreativo
Descripción
Desarrollar campañas de educación para la
salud centradas en la tercera edad
Conocer los motivos para tratar de fortalecerlos
Adaptar los objetivos del programa a dichas
expectativas
Convencer al sujeto de que la actividad estará
adaptada a sus posibilidades
Adecuar la actividad a sus habilidades para
evitar esta ansiedad
Buscar la colaboración de familia y amigos
Conocer qué elementos evitar para fomentar el
compromiso
Mejorar las posibilidades de actividad física
cotidiana
Adaptar la actividad a sus preferencias
Establecer objetivos realistas, cuyo logro irá
motivando al sujeto, y garantizar el sentimiento
de competencia
Promover las sensaciones de competencia y
autoconfianza
Plantear objetivos realistas a corto y medio
plazo. Progresión
Elegir actividades, objetivos, normas, material,
intensidad, música, con unos límites
Describir lo que se persigue, aumentando la
percepción positiva de la actividad y el sentido
de autonomía
Plantear actividades cooperativas, toma de
decisiones conjunta y puesta en común de
ideas. Relación técnico-persona mayor fluida,
empática y cordial
Conseguir esta experiencia óptima para que el
sujeto se sienta activo y conectado con lo que
está haciendo
Convencer al sujeto de que si acude con
regularidad y se esfuerza conseguirá alcanzar
los objetivos que se planteen
Primar el esfuerzo y la mejora personal, evitando
la comparación social
Fomentar la diversión. Importancia de la vivencia
Moreno, J. A., Martínez Galindo, C., González-Cutre, D., y Cervelló, E. (2008). Motivación hacia la práctica físico-deportiva en
personas mayores. En E. H. Martín y R. Gomes de Sousa (Eds.), Atividade física e envelhecimento saudável (pp. 153-169). Rio
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