La dimensión interna y la dimensión internacional

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La dimensión interna y la dimensión internacional en la migración y
en la inserción laboral en Tijuana (1990-2000).
Mtro. Carlos Ernesto Simonelli
Introducción
El presente trabajo consiste en un análisis exploratorio en base al procesamiento
estadístico de datos censales (INEGI, 1990; 2000), en el que se destacará la importancia
de los desplazamientos laborales en el espacio fronterizo del Norte de México y, más
específicamente, en el corredor de los municipios bajacalifornianos de Tijuana-Playas
de Rosarito, poniendo énfasis en los inmigrantes internos y los internacionales.
En este trabajo se considera a la migración como un proceso social que involucra los
desplazamientos de la población a través de las fronteras administrativas internas de un
país, o los que existen entre distintos países, y que suponen un cambio de residencia de
los participantes en dichos eventos.
En la primer parte del presente estudio se abordará el fenómeno migratorio de manera
comparada entre 1990 y 2000, a partir de las estadísticas censales acerca de la
residencia de las personas, tanto el flujo inmigratorio hacia Tijuana proveniente del
resto del país como el de las personas anteriormente residentes en los E.U. En este
trabajo intentará analizar los desplazamientos interfronterizos de personas en términos
de procesos combinados entre la migración interna y los desplazamientos binacionales
que se dan en un mismo territorio social.1
En la definición de "migrantes" que aquí se utiliza, se decidió tomar como base
empírica la residencia de las personas a una fecha fija; ello limita el alcance de las
inferencias que se pueden realizar.2 A pesar de ello, se optó por el análisis censal,
debido a que puede aportar una información directa, confiable, representativa y
desagregable sobre las características y la dinámica de los flujos migratorios internos a
la localidad de Tijuana, a la vez que ofrece cierta información básica sobre las
características laborales de la población, reuniéndola en un único instrumento empírico,
comparable temporalmente.
En tal sentido, hay que tener en cuenta la distinción del sociólogo Pierre Bourdie, pera el cual “el mapa no es el territorio”.
Por ejemplo, este tratamiento de los registros presenta dos niveles de información: uno que resulta dinámico y que capta la
condición migratoria de manera retrospectiva, mientras que otro nivel es estático y se refiere al momento del censo (las
características de la población, su actividad laboral, su inserción en el trabajo, etc.). (Partida, 32; 1989). Lo mismo ocurre, en parte,
con el nivel educativo, salvo en los niveles superiores ya completados.
1
2
Además, se expondrá la relación que tienen los procesos migratorios con los cambios
económicos e institucionales durante el período mencionado. En esta línea, se enfatizará
el análisis de la migración como expresión de los procesos de cambio en el modelo
económico ocurridos en la pasada década, básicamente consistente en la apertura
económica, en la incorporación de los países en vías de desarrollo al comercio
internacional, y en el debilitamiento del rol central del Estado a favor del mercado.
Dentro de este esquema se inscribe el Tratado de Libre Comercio de América del Norte
(en adelante TLCAN) entre Estados Unidos, México y Canadá, que entró en vigencia en
1994.
Este trabajo intentará dar orientaciones provisorias a una serie de interrogantes: ¿Cómo
se incorporan las características que presentó la migración en la década de los noventa
al análisis más global de la transformación de una parte importante de la fuerza de
trabajo mexicana? ¿Pueden incorporarse los hallazgos acerca de la inserción laboral
específica de los migrantes dentro de los análisis de la transformación de la fuerza de
trabajo durante la década anterior? ¿De qué manera las características laborales entre los
migrantes en Tijuana permiten corroborar o desmentir la constitución de un espacio
fronterizo social y económicamente homogéneo? A su vez, a partir de diferencias
laborales entre los migrantes internos y los migrantes que han residido previamente en
los E.U., ¿puede establecerse la hipótesis de “nichos” de inserción laboral específicos?
Las interrogantes anteriores seguramente no podrán ser dilucidadas por completo con la
escasa evidencia estadística que se presenta en este trabajo. No obstante, puede ponerse
en consideración en qué medida la situación específica de los mercados laborales
fronterizos responde a una dinámica propia, relacionada con su mayor integración con
la economía estadounidense, y en qué grado se debe a los procesos que experimenta
México, dentro de la internacionalización creciente de la economía. Además, aunque
sólo en un nivel de análisis conceptual, puede brindar evidencias acerca de la influencia
que tuvieron los cambios en el marco jurídico- normativo, que marcharon en paralelo
con el cambio en el modelo económico ocurrido en la década anterior.
1. La especialización económica en la franja fronteriza del norte de México
El proceso de reestructuración económica en México comenzó a mediados de los
ochenta, luego de la crisis de 1982 que puso fin al modelo de sustitución de
importaciones. La nueva orientación de la economía mexicana inauguró un modelo
inédito en lo económico y en lo social, cuyos objetivos de corto plazo eran alcanzar la
estabilidad macroeconómica y monetaria y, a mediano y largo plazo, una mayor
integración al comercio mundial. El nuevo modelo priorizó las exportaciones
manufactureras en detrimento de otras actividades destinadas al mercado interno, la
disminución de aranceles, y la eliminación de los permisos previos de importación.
Adicionalmente, se redujo la acción estatal tendiente a garantizar el desarrollo global de
la sociedad mediante mecanismos de promoción social y económica, otorgándole un rol
central al mercado como asignador eficiente de los recursos. Dentro del esquema de
apertura económica y de liberalización comercial, la zona fronteriza se convirtió en un
importante receptor de inversión extranjera directa (IED)3, especialmente durante la
década anterior.
La Frontera Norte de México (en adelante, FN) se distingue del resto del país debido a
su carácter de frontera internacional, que abarca más de 3,200 kilómetros compartidos
con los E.U., por el carácter predominantemente urbano de sus localidades más
importantes, y por ser un polo de atracción de importantes flujos de migrantes del resto
del país, todo lo cual ha contribuido de manera decisiva a su crecimiento.
Desde mediados de los 60´s, en la FN se implementó un programa de desarrollo
diferente al del resto del país, el Programa de Industrialización Fronteriza (PIF), el cual
tenía como objetivos la creación de empleos, el poblamiento de la franja fronteriza, y la
generación alternativa de divisas mediante la exportación de componentes industriales
extranjeros ensamblados en México.4 Esto la fue consolidando, a lo largo de las
sucesivas crisis económicas mexicanas, como uno de los más importantes "polos
productivos", tanto desde un punto de vista demográfico como económico y
socioproductivo. Si bien la IME surge con anterioridad a la crisis económica de 1982, la
forma peculiar de industrialización fronteriza fue una excelente plataforma de
lanzamiento para el nuevo modelo secundario exportador, cuyo "auge" se verificó en la
década de los noventa. Dentro de este proceso se distinguen ciertos fenómenos
específicos que resultan útiles para observar la particularidad de Tijuana en el marco
general del programa fronterizo.El crecimiento de la maquiladora refleja un acuerdo
3
Adoptamos la definición de la Subsecretaria de Normatividad, Inversión Extranjera y Prácticas Comerciales Internacionales, de la
Secretaría de Economía de México. La inversión extranjera se integra con los conceptos de nuevas inversiones, reinversión de
utilidades y cuentas entre compañías, que se han notificado al RNIE, más las importaciones de activo fijo realizadas por sociedades
maquiladoras. Cabe mencionar que esta información no incluye toda la inversión realizada en Baja California, debido a que no se
incluyen las inversiones realizadas a través de sociedades mexicanas cuya oficina principal se encuentra en otra entidad federativa,
toda vez que la entidad que recibe la inversión se clasifica con base en la oficina principal de cada empresa.
4
El Programa de Industrialización Fronteriza (PIF) se inaugura en 1965 como una forma de desarrollar una zona industrial de
frontera, a partir de un tratamiento aduanal e impositivo preferente. Con ello se prenedía solucionar el problema del desempleo en
las ciudades fronterizas, debido a la finalización del Programa Bracero (1942-1964) por parte de los E.U.
tácito entre México y EE.UU. para incentivar el establecimiento de firmas extranjeras
en México, con base a arreglos de producción compartidos.5
El nuevo modelo económico modificó la lógica de funcionamiento del sector industrial,
afectando su estructura y organización, con el objetivo de insertar la base industrial
mexicana en la nueva división internacional del trabajo (Anima y Guerrero, 2004: 184).
Así, una vez alcanzada la estabilización monetaria, y dada la apertura económica
promovida por las llamadas "reformas estructurales", la protección efectiva a la
industria nacional se redujo notablemente, lo que ocasionó su depuración entre sectores
“competitivos” y “no competitivos”. En ese contexto, la mayor parte de la estructura
industrial heredada de la etapa de la sustitución de importaciones no pudo resistir los
embates de los planes de estabilización monetaria y las sucesivas devaluaciones del
peso mexicano, mientras los sectores de la industria ligados a la exportación resultaron
más competitivos.
Además, si bien México contaba con "ventajas" competitivas con respecto a otros países
de la región (los diferenciales salariales con respecto a los E.U., los recursos naturales
abundantes, y la cercanía con la mayor potencia económico-militar del mundo), el
cambio en la orientación del modelo socioproductivo vino acompañado de una serie de
reformas institucionales a las leyes y reglamentos para el fomento de la inversión
extranjera. A todo ello hay que añadir la subvaluación del tipo de cambio real, que hizo
más atractiva a la industria de exportación para los capitales extranjeros. Todos estos
factores permitieron que gran parte de las inversiones extranjeras en décadas anteriores
se canalizaran hacia la industria manufacturera y, específicamente, a la industria
maquiladora de exportación (en adelante, IME). Así, a partir de 1982 la industria
maquiladora fue el origen de más de la mitad de las exportaciones manufactureras
mexicanas (Anima y Guerrero, 2004). En un sentido restringido a la generación de
empleos y de divisas, la capacidad de la zona fronteriza para atraer flujos de IED puede
considerarse como el resultado de un modelo “exitoso” de industrialización fomentado
desde el estado (Weintraub, 1994). 6
5
Dentro de dichos incentivos puede mencionarse que, para el caso de las maquiladoras extranjeras,
México decidió no aplicar estipulaciones sobre el contenido doméstico de los componentes ensamblados,
reduciendo al mínimo el componente de valor agregado nacional, además de una serie de exenciones
impositivas a las exportaciones (Weintraub, 1994: 230 y 232).
6
Pero las características específicas de este modo de desempeño de un modelo de desarrollo económico y social, que conviertieron a
la zona fronteriza norte en un escenario ideal para sustentar al nuevo modelo económico y social, en concordancia con la creciente
internacionalización productiva, no puede generalizarse al resto de las regiones del país, lo que adicionalmente consolidó a la FN
como región de atracción de población (Chávez Galindo, 1998).
La importancia de la IED en la zona fronteriza y la magnitud de este proceso para el
caso de Baja California, radica no sólo en su volumen sino en la composición de origen
según países. Por su parte, en Tijuana se localizaba en 2000 el 59.3%, del total de las
empresas con IED en BC (1,295 empresas), mientras que en Playas de Rosarito
solamente se encontraba el 2.5% (54 empresas). Aunque se advierte un claro
predominio del sector manufacturero en el total de la IED en la entidad (que puede
relacionarse con la Industria Maquiladora de Exportación),7 también existe una
importante participación relativa en el comercio y los servicios. Aunque se ha puesto en
duda la importancia el factor geográfico, debido a los procesos de desterritorialización y
de reterritorialización en el marco de la globalización, la cercanía física con los E.U.
sigue siendo importante en determinados procesos de colaboración en el proceso
productivo (Hualde, 2002). Ello puede explicar, en parte, la situación favorable del
empleo maquilador en las ciudades fronterizas durante las décadas de los ochenta y
noventa, en comparación con un contexto nacional marcado por graves problemas de
subempleo y desempleo (Coubès, 2003).
El predominio relativo del sector de la industria manufacturera que se ha mantenido a lo
largo del tiempo es aún mayor si se considera que en 2004 la manufactura recibió 94.8%
del total de la IED en la entidad, mientras que los servicios captaron 2.9%; el comercio,
2.1%; y otros sectores, 0.2%. (Secretaría de Economía, 2004).
La importancia relativa que adquiere la frontera norte como atractor de IED reside
además, en la especialización productiva de cada ciudad fronteriza. En el caso de
Tijuana se deriva de la alta concentración de la manufactura de televisores, así como de
la de componentes estratégicos,8 mientras que en Ciudad Juárez, se observa gran
concentración en la manufactura de autopartes, la cual genera el 50% del empleo. Ello,
sin embargo, ha dado lugar a la consolidación de un sector exportador altamente
dependiente del mercado estadounidense (en cuanto a importaciones y destino de
exportaciones), lo que lo hace más vulnerable a las fluctuaciones de la economía
estadounidense (Vargas Leyva.2003).
2. Los cambios sociodemográficos y laborales recientes en la Frontera Norte
7
Para setiembre de 2004, las ramas relacionadas directa o indirectamente con el ensamblado, ocupan los mayores porcentajes de las
empresas con IED en la manufactiura. (Secretaría de Economía, 2004)
8
Para el caso de Baja California, en el año 2000 esta entidad concentró, de acuerdo al número de instalaciones, la mayor parte de la
inversión japonesa, coreana y taiwanesa, sumando 110 plantas, y empleando a más de 90 000 trabajadores y 10 000 técnicos e
ingenieros y produjo 23 millones de aparatos. Baja California aportó 44 % de la producción de televisores y Chihuahua el 37 %,
dirigidos mayoritariamente al mercado estadounidense (Vargas Leyva, 2003).
Hasta 1970 el patrón de migración tradicional en México, presentaba flujos que se
dirigían hacia las pocas ciudades grandes y zonas metropolitanas, y se fue ampliando
hacia las ciudades de tamaño medio, involucrando población de origen rural tanto como
urbana. Una buena parte de la migración desde las entidades se dirigía al Distrito
Federal o hacia la zona conurbada del estado de México, y de la gran metrópoli
provenía menos del 10 por ciento de los inmigrantes a todas las demás entidades. Esta
tendencia se revirtió para 1995 debido a que la Zona Metropolitana de la Ciudad de
México ha perdido el carácter atractivo para los migrantes internos. Por otra parte los
orígenes y destinos de los flujos migratorios se diversificaron (Benítez Zenteno: 2002).
Por su parte, la zona fronteriza del norte de México se ha distinguido por atraer grandes
volúmenes de población migrante; en la década anterior dichos flujos migratorios hacia
la FN siguieron incrementándose. Como ha sido señalado ampliamente, la explicación
fundamental de este fenómeno del crecimiento social de las ciudades fronterizas se
encuentra en las variables asociadas a la movilidad poblacional (Escobar Latapí, 1999).
Baja California se inscribe en dicho proceso como una entidad de atracción de la
migración interna de carácter laboral. En la explicación del los movimientos migratorios
hacia la FN, el aspecto laboral es de suma importancia, principalmente en aquellas
entidades en donde hay una fuerte presencia de la industria maquiladora (Chávez,
1998:207).
La ciudad de Tijuana se diferencia de otras localidades fronterizas entre otros
elementos, por haber sido tradicionalmente receptora de la migración interestatal; hasta
la década de los noventa, presentaba la peculiaridad de recibir migrantes de grandes
zonas urbanas. Otra característica que resulta relevante de los desplazamientos es que se
caracterizaron por una mayor distancia recorrida para arribar a esta ciudad. (C. Piñeiro,
1992: 52; Estrella, 1998). Adicionalmente, Tijuana es una ciudad receptora de migrantes
provenientes de otros países, predominantemente de los Estados Unidos.
En este sentido, las cifras obtenidas para el año 2000 en este estudio, también permiten
confirmar otro de los rasgos de la especificidad de Tijuana, acerca del lugar de
procedencia de los migrantes, pues además de atraer población laboral desde entidades
geográficamente lejanas (como Veracruz, Chiapas y Oaxaca) (Simonelli, 2003),
también ha sido el escenario de un flujo trasnacional de trabajadores migrantes, que
cruzan la frontera en ambas direcciones, y que originan una buen parte de los
intercambios comerciales de la población que trabaja o reside indistintamente en ambos
lados de la frontera binacional (Santibañez y C. Piñeiro, 2001).
Los datos censales para el año 2000 confirman estas tendencias para el caso de Tijuana,
a lo que se agrega el cambio en los lugares de origen, que ha transformado la dinámica
de estos movimientos en la década reciente, y que acompañan sin duda las
modificaciones más generales que se han dado a lo largo del país (véase ANEXO,
Gráfica 1). Al respecto, los datos censales permiten realizar una comparación entre las
entidades que concentran el mayor volumen relativo del flujo migratorio total hacia
Tijuana entre 1990 y 2000, pudiendo observar que en 1990 participaban en el 64.7% del
flujo total, seis entidades federativas (Sinaloa, Jalisco, D. Federal, Sonora, Nayarit y
Michoacán), mientras que en 2000 participaban siete entidades en el 64.4% del flujo
migratorio (Sinaloa, Veracruz, Jalisco, Sonora, Michoacán, D. Federal y Chiapas). Esto
confirma la idea de que el principal flujo migratorio hacia Tijuana se ha diversificado.
Adicionalmente, se observa un efecto de desplazamiento entre entidades federativas en
su orden de importancia relativa: Veracruz ha desplazado a Jalisco, y el Distrito Federal
ha sido desplazado a su vez por Michoacán. Por otra parte, se incorpora Chiapas, que
anteriormente no registraba un flujo sustantivo hacia Tijuana. (Véase Anexo, Gráfica 1).
De esta forma, entre los años 1990 y 2000 Tijuana consolidó su lugar histórico de
atracción de migrantes internos interestatales. A la vez, esta ciudad es parte de un
proceso en donde se ve involucrada la migración en la frontera binacional México-E.U..
En términos demográficos, el proceso de cambio y reforma estructural de la economía
mexicana incrementó el número de migrantes laborales provenientes de otras entidades
federativas hacia la FN; pero tuvo efectos disímiles a nivel regional, incrementando los
desplazamientos de población desde nuevas entidades y regiones de origen. Por su
parte, las mayores restricciones para renovar la estancia de mexicanos en los Estados
Unidos, debido al endurecimiento de la política migratoria en ese país, pueden haber
contribuido a incrementar el número de personas de origen mexicano, residentes en los
Estados Unidos, y que decidieron regresar definitivamente al país. Además, hay que
tener en cuenta el fenómeno de los “commuters” o “transmigrantes”, que contribuyó a
incrementar la residencia binacional de una parte importante de la población fronteriza.
(Santibánez y Cruz Piñeiro). La integración comercial con las localidades fronterizas
vecinas en el lado estadounidense a su vez, pudo haber incentivado la radicación de
ciudadanos estadounidenses en el corredor Tijuana-Rosarito en la útima década, dadas
las condiciones especiales que ofrece la zona fronteriza, sobre todo en B.C.
Esta situación localizada en Tijuana, expresa en parte, lo que ha ocurrido en el resto del
país, y contrasta con la aspiración de lograr un mayor equilibrio en la distribución de la
población entre estados y regiones, como se esperaba del cambio de las orientaciones
económicas de las décadas recientes. Los datos censales también pueden cuestionar la
imagen constituida a través del tiempo de la frontera noroccidental mexicana solamente
como una “plataforma” para pasar del lado de los E.U., poniendo de relevancia el hecho
de que el proceso migratorio es de doble vía, atrayendo en menor medida, a migrantes
residentes del otro lado de la frontera. Con esto se pretende señalar que tanto los
procesos migratorios internos, como los que involucran a los llamados "trabajadores
transfronterizos", son procesos sociales de larga duración, y con una tradición propia en
el tiempo, los cuales ciertamente se han visto modificados por los mayores niveles de
inequidad social y económica entre las regiones y subregiones (Chávez, 1998), y a partir
de la dinámica propia que adquirió la economía fronteriza.
Las tendencias generales que se presentan en este estudio, acerca de la población en
edades laborales, pueden mostrar una parte de los efectos de los cambios en el modelo
socio`productivo, la consolidación de la FN como “polo de atracción”, y el
sostenimiento del rezago socioproductivo de las zonas tradicionalmente expulsoras de
población, como Oaxaca (Chávez, 1998).
En efecto, los tresultados obtenidos indican que las siguientes tendencias: sigue
predominando el flujo de la región Pacífico/Centro, pero entre 1990 y 2000 las regiones
del Golfo/Centro y Pacífico/Sur desplazan a las del Centro y Centro Sur. A su vez,
llama la atención la incorporación de Veracruz y Chiapas dentro del flujo hacia Tijuana,
lo que contribuye a la diversificación y hetereogeneidad de las corrientes migratorias
internas a esta ciudad. Por otra parte, continúa la tradicional corriente proveniente de
Sinaloa; pero los migrantes de Jalisco descienden en su participación relativa. La
importancia de la región del Pacífico/Sur, que se incorporó en el año 2000, radica no
sólo en que los migrantes desplazan en el orden de importancia relativa a otras regiones
tradicionalmente relevantes en el flujo a Tijuana, como son las entidades del Noroeste,
sino en la incoporación de un flujo importante de mujeres, que son ecasi el 12% del
flujo a la ciudad. En este sentido, los cambios en la migración en las edades laborales
hacia Tijuana, muestran que la distancia pierde relevancia como principal factor
asociado a la migración, y se ve claramente que desde Oaxaca y Chiapas las mujeres se
incorporan al flujo migratorio a pesar de la enorme distancia entre el lugar de residencia
anterior y el lugar de destino (Véase Anexo, Cuadro 1)
Según nuestro análisis de la composición del flujo migratorio proveniente de otras
entidades federativas del país, según región y sexo, los hombres de la zona del
Pacífico/Centro, del Centro/Sur y del Centro disminuyeron su importancia relativa
dentro del flujo general, mientras que los hombres de la región del Golfo/Centro
aumentan su participación, debido sobre todo al aumento considerable de migrantes
desde Veracruz. Es destacable el desplazamiento en orden de importancia relativo de las
entidades vecinas a B.C. en el Noroeste, y la incorporación de las entidades más lejanas
de Pacífico y del Sur, como Oaxaca y Chiapas.
Entre las mujeres se mantienen los mismos patrones anteriormente mencionados,
aunque la región del Centro/Sur del país disminuye en menor medida, en relación con lo
que ocurre con los hombres, y la región del Centro disminuye en mayor medida que en
el flujo masculino. La zona del Golfo/Centro aumenta levemente más entre las mujeres
que en entre los hombres, y ello se debe a la migración desde la zona de Veracruz,
posiblemente debido a la atracción de las maquiladoras (Zamudio, 2001). También
desaparece en orden de importancia relativa la región Noroeste, y se incorpora la región
del Pacífico y del Sur, pero en menor medida en relación al flujo masculino. Esto último
puede explicarse por el hecho de que el flujo de personas procedentes de Oaxaca y
Chiapas hacia Tijuana es más reciente, y esto puede incidir en que en esta etapa el flujo
esté más masculinizado.
Con la incorporación de nuevas corrientes migratorias que se integran en el flujo
general a Tijuana, no sólo se incrementó la migración consolidando de esta forma a la
ciudad como “polo” de atracción, sino que a la vez aumentó la heterogeneidad de los
lugares de origen de los mismos, con posibles efectos en los mercados laborales. Pero
por otra parte, se pone de relevancia la participación de los migrantes que en 1985 y
1995 habían residido en los E.U.; este subgrupo de migrantes debe ser considerado
aparte de los migrantes internos, y si bien su volúmen resulta sin duda de de menor
importancia relativa, es un hecho destacable su activa participación en el mercado
laboral. Además, en la actualidad los porcenatjes de actividad laboral que presentan los
migrantes de E.U. parecen ser más similares a la participación de los residentes no
migrantes en el mercado laboral. Sin embargo, entre los activos laborales, los migrantes
que habían residido en los E.U. en 1995 tienden a presentar niveles de asalarización
mayores que los residentes no migrantes, hecho que confirma la heterogeneidad de la
población laboral según sus características migratorias, en el período 1995-2000. No
obstante, hay que señalar que puede ser diferente la inserción de estos migrantes
residentes anteriormente en los E.U. en Tijuana y Rosarito, debdio a las características
específicas
que
presentan
los
mercados
laborales
de
ambos
municipios.
Lamentablemente no es posible establecer comparaciones más rigurosas para el año
1990, debido a que Tijuana agrupaba a lo que actualmente es el municipio de Rosarito.
Los cambios observados parecen reflejar la “lógica” del mercado laboral de Tijuana
durante los noventa, dada la gran heterogeneidad en las modalidades de inserción
laboral en comparación con otras localidades fronterizas; esto significó consolidar a la
ciudad como un lugar de atracción frente a la crisis e inestabilidad de los mercados
laborales que se presenta en México, como se venía manifestando desde mediados de
los ochenta. Debido a que el mercado laboral en Tijuana, no se limita a la industria
manufacturera y a la maquiladdora, la diversificación de actividades pudo crear
condiciones favorables en primer lugar, para mantener bajas tasas de desempleo abierto,
y en segundo lugar, para sostener una segmentación laboral que se venía manifestando
con anterioridad. En efecto, según estudio recientes, los trabajadores no migrantes no
migrantes en Tijuana tienen condiciones excepcionales para hallar otro tipo de empleo
distinto al que ofrece la maquiladora, en virtud del desarrollo del comercio y los
servicios transfronterizos, e inclusive, de hallar la manera de autoempearse. En
contraste, los migrantes se insertan en menor medida en actividades comerciales y de
servicios, y por tanto, su inserción laboral se produce en condiciones más precarias, y
con menos oportunidades de mejorar su nivel de vida Al respecto, Coubès (2001: 215)
señala que las maquiladoras constituyen un “empleo refugio” para los trabajadores
migratorios en Tijuana (citado en Kopinak, 2003)
Con respecto a los cambios recientes en la inserción laboral de los migrantes en Tijuana,
de manera general puede afirmarse que predominan las relaciones asalariadas,
atrayendo a un gran volumen de migrantes de todo el país, aunque el flujo se han venido
diversificando en el tiempo. Este mayor componente de asalariados se relaciona con la
expansión de la industria manufacturera, especialmente la maquiladora. No obstante,
cabe destacar la importancia creciente de otros sectores, como el comercio, los servicios
y el turismo. Esto coincide, en parte, con los altos niveles de participación activa en el
mercado laboral de los migrantes en Tijuana, que también responden a la mencionada
mayor diversificación sectorial de su mercado laboral, como un hecho que posibilita la
inserción de la población no migrante en actividades no manufactureras, como el
comercio y los servicios.
En efecto, como señala Coubès (2003), en Tijuana se verifica la existencia de dos tipos
de demanda a la que responden los mercados laborales fronterizos: la de los residentes
mexicanos, cuyo poder adquisitivo aumenta cuando se incrementa el empleo y la masa
salarial, y la de los transmigrantes, que trabajan en Estados Unidos, cuyo poder
adquisitivo es mayor que el promedio y crean una fuerte demanda para los comercios y
servicios de las ciudades mexicanas. Por otro lado, existe una demanda de algunos
residentes de las ciudades fronterizas estadounidenses que se efectúa en el lado
mexicano de la frontera, y que se relaciona con sectores no manufactureros como el
turismo (restaurantes, bares, algunos comercios especializados como farmacias, y
supermercados), el sector de servicios de reparación y personales (talleres automotrices,
salones de belleza, etcétera), y de la salud (médicos, dentistas, entre otros). Esta puede
ser la razón de una inserción laboral diferenciada entre los trabajadores de Tijuana y
Rosarito, debido al desarrollo de las actividades relacionadas con el turismo en este
último municipio.
En general, se registra un aumento importante de la participación económica, tanto
femenina como masculina en Tijuana entre 1990 y 2000; sin embargo, ello se debe en
gran medida a la incorporación de los migrantes internos en el mercado laboral a lo
largo de la década. De forma paralela al aumento generalizado de la participación
económica en Tijuana en la década de los noventa, los datos censales confirman la
importancia de la condición migratoria de los trabajadores. No sólo se registra un
incremento generalizado de la participación económica en ambos sexos, sino también
un proceso de segmentación de la fuerza laboral. Aunque no se hallaron diferencias
significativas entre los dos grupos que se consideran migrantes para los fines del
presente trabajo (los que residían en otras entidades federativas y los que residían en los
E.U.), los cuales siguen la tendencia general de crecimiento que registra la PEA, se
deben considerar, sin embargo, las característica específicas de estos grupos de
migrantes.
A pesar de que entre 1990 y 2000 el crecimiento de la participación económica es un
fenómeno generalizado en toda población de Tijuana, al parecer no alcanzó a los
migrantes masculinos entre provenientes de los E.U.; es decir, la parte más importante
de este crecimiento se debe a la incorporación de los migrantes internos de ambos sexos
entre 1990 y 2000. En síntesis, entre 1990 y 2000 la tendencia general parece indicar
que los migrantes residentes anteriormente en los E.U. se diferencian de los migrantes
internos en cuanto a su participación activa en el mercado laboral. Además, aunque los
no migrantes y los migrantes de E.U. aumentan su participación, lo hacen en términos
relativos mucho menos que los migrantes internos (Véase Anexo, Gráficas 2 y 3).
La información censal también brinda una aproximación que permite constatar un
proceso de asalarización creciente, el cual se verifica de forma predominante entre los
migrantes internos masculinos y, en menor medida, entre los migrantes residentes
anteriormente en los E.U. En efecto, entre 1990 y 2000, aunque entre los migrantes
internos de ambos sexos aumenta la proporción de asalariados, es entre los hombres
migrantes donde aumenta más dicha condición.
En cuanto a las mujeres, aunque es cierto que la proporción de asalariadas decrece entre
las migrantes internas en 2000, lo hace en menor medida que entre las migrantes
residentes en E.U.; incluso, el descenso en el porcentaje relativo de asalariadas entre las
mujeres no migrantes es menor que entre estas últimas (Véase Anexo, Gráfica 4). Ello
puede relacionarse con los efectos agregados del censo de 1990, que registra al
municipio de Rosarito dentro de la totalidad de Tijuana. Aun así, no es descartable el
hecho que refleje la contracción en la demanda de mano de obra femenina por parte de
las maquiladoras; de corroborarse esta hipótesis, al descenso generalizado entre las
mujeres asalariadas en la maquiladora debería corresponder un proceso de
“masculinización” en el sector.9 De manera indirecta, la hipótesis de una mayor
incorporación masculina a las actividades manufactureras (maquiladoras y no
maquiladoras) puede ser confirmada con el incremento de la participación de los
migrantes internos masculinos en el sector de las manufacturas (Véase Anexo, Gráficas
6 y 7)
Así, mientras que entre las mujeres migrantes se incrementan levemente los porcentajes
de participación en la manufactura, entre las no migrantes hay un leve descenso. Sin
embargo, en el año 2000 la proporción de mujeres migrantes de los E.U. que trabajan en
la manufactura es menor con respecto a las que residían en otros estados de la república
(Véase Anexo, Gráficas 8 y 9). Esto puede indirectamente significar que las mujeres
migrantes internas se mantienen como el principal grupo laboral dentro de la
manufactura. Pero el hecho más interesante es el aumento de la proporción de hombres
migrantes y no migrantes en la misma, aunque en estos últimos el incremento es menor
que entre los primeros. A su vez, en 2000 la proporción de hombres migrantes de los
E.U. que trabajan en la manufactura es menor con respecto a los migrantes que residían
en otros estados de la república y a los no migrantes.
En definitiva, el predominio de las actividades en el sector manufacturero entre los
migrantes internos puede estar expresando un comportamiento sectorialmente
9
Una aproximación a la industria maquiladora específicamente en el caso de Tijuana es la industria manufacturera.
diferenciado entre las categorías migratorias analizadas en este trabajo. Los resultados
obtenidos indican un aumento relativo en la participación de los hombres migrantes
internos empleados en la industria manufacturera entre 1990 y 2000. De esta manera,
puede establecerse que la tendencia general conduce a una mayor participación de la
mano de obra migrante interna en la IME Tijuana, con un crecimiento de los hombres
migrantes internos (Véase Anexo, Gráficas 8 y 9). Esto coincide con los estudios acerca
del cambio en las características predominantes en el mercado laboral de la Industria
Maquiladora y la "desfemeinización" del sector (Fleck, 2000) y, en parte, con los
análisis que plantean una especialización del conjunto de la industria manufacturera en
Tijuana (Carrillo y Hualde, 2002). Con respecto al análisis del mercado laboral interno
de las maquiladoras, se debe señalar quizás que la contratación de mujeres no constituye
una característica estática de esa industria, sino que puede haber sido una respuesta
coyuntural que ha cambiado con el tiempo y con los procesos de "maduración" de la
industria (Cruz Piñeiro, 1992). Por otra parte, es posible que la característica de mayor
diversificación sectorial en Tijuana haya permitido absorber la mayor oferta laboral de
las mujeres (en comparación con otras ciudades fronterizas) y, en general, el
desplazamiento de personal femenino del empleo en las maquiladoras puede haber sido
compensado con otro tipo de actividades, como los servicios y el comercio.10 Además,
no se puede descartar, como en los casos anteriores, un efecto agregado del instrumento
censal, y que no esté distinguiendo un descenso en la PEA asalariada femenina para el
caso de las residentes en el municipio de Rosarito, como resultado de su incorporación
en otras actividades. De la misma manera, es posible que en este municipio la
incorporación de mujeres al mercado laboral sea diferente de la que se verifica en
Tijuana.
El análisis anterior acerca de los cambios en la procedencia regional de la migración
interna, puede tener relación con las transformaciones en la inserción laboral, y resultar
útil para generar hipótesis alternativas. Por ejemplo, los estudios sobre los migrantes
veracruzanos coinciden en parte con los datos exploratorios que se presentan: se ha
constatado desde tiempo atrás que otras ciudades importantes de la FN, como Ciudad
Juárez y Chihuahua, se han convertido en una fuente de atracción debido a la actividad
de la industria maquiladora. Lo mismo ocurre en Reynosa, Tamaulipas, donde una parte
10
No obstante, es razonable mostrarse prevenido acerca de los resultados, que pueden estar sesgados al haber agrupado la
información censal de Tijuana y Rosarito en el año 2000, como una unidad geográfica agregada.
importante de los migrantes veracruzanos trabaja en las maquiladoras de esa ciudad.
(Zamudio, 2001).
Para el caso de Tijuana, paralelamente o casi simultáneamente, podemos observar cómo
los patrones de inserción laboral de los migrantes en general se han distanciado y han
tomado una fisonomía propia. La propensión generalizada hacia un aumento en la
participación económica, como ha sido señalado anteriormente, no fue acompañada
entre 1990 y 2000 por los hombres que residían anteriormente en los E.U., cuya
tendencia parece ser hacia el descenso en los niveles de participación masculina y el
aumento de las tasas de actividad femeninas de este grupo migratorio (Véase Anexo,
Gráficas 2 y 3). Pero si bien esto puede indicar una diferencia interesante, ello no
implica afirmar una mejoría absoluta en su inserción laboral, sobre todo tomando en
cuenta el aumento del segmento de los asalariados masculinos provenientes de los E.U.
entre 1990 y 2000, mientras que las mujeres de la misma condición han descendido.
Aunque en general todo indica un predominio relativo en las actividades asalariadas de
los hombres migrantes internos frente a los demás subgrupos, es posible observar una
posición relativamente subordinada de los migrantes residentes en E.U. (Véase Anexo,
Gráfica 5). Nuevamente hay que advertir acerca de los sesgos que pueden introducirse
al considerar a Tijuana y Rosarito de manera conjunta.
De cualquier manera, los resultados obtenidos generan nuevas interrogantes: ¿qué
cambios se han operado en la industria manufacturera en Tijuana? ¿tienen relación con
un cambio en el tipo de demanda laboral de la industria maquiladora? ¿qué
transformaciones han operado en los sectores no industriales que puedan explicar una
inserción laboral diferenciada entre migrantes y no migrantes? ¿siguen los mismos
patrones de inserción los migrantes internos y los interfronterizos? ¿existen grandes
diferencias entre Tijuana y Rosarito?
Se pueden ofrecer alguna hipótesis provisorias sobre algunos de los factores asociados
con estos cambios. La participación laboral en los E.U. puede haber modificado tanto la
experiencia laboral de estos trabajadores, incidiendo en sus pautas y modalidades de
inserción económica, como en sus niveles de vida, debido al acceso a un diferencial
salarial que puede haber sido invertido en territorio mexicano de diversas maneras. Pero
esas modalidades no están exentas de las influencias del “medio ambiente” económico
más general y de los cambios coyunturales que se han producido entre las economías de
México y Estados Unidos, especialmente los relacionados con las sucesivas
devaluaciones del peso mexicano, que constituyen un dato muy sensible en la franja
fronteriza. Por ejemplo, en la zona costera de Baja California, la expansión de servicios
de turismo coincidió con la devaluación del peso mexicano en 1982, porque incentivó a
algunos propietarios de inmuebles de la costa a invertir en sus terrenos y mejorar los
servicios que ofrecían ya que, debido a lo precario de muchas de estas construcciones,
los inmuebles se alquilaban a precios muy bajos. La devaluación jugó un papel
fundamental en el revalúo del gran potencial turístico de la zona costera. Esto coincide
en el tiempo con la expansión de las grandes compañías de bienes raíces en la zona. El
valor de muchos terrenos e inmuebles se incrementó considerablemente, y ello propició
la especulación en bienes raíces, lo que a su vez marca el comienzo de la segregación
espacial actual en el desarrollo turístico costero, que margina a aquéllos que no tienen
los recursos para invertir en su tierra (Bringas, 2002).
Inclusive, el desconcertante descenso en los niveles de actividad económica entre 1990
y 2000 entre los migrantes masculinos provenientes de los E.U. en comparación con
todos los demás subgrupos, puede hallar alguna explicación si se diferencia entre
Tijuana y Rosarito. Esto contrasta, además, con el aumento de la actividad económica
femenina proveniente de los E.U., por lo que no se puede afirmar un comportamiento o
un patrón de actividad generalizado para este grupo de migrantes interfronterizos. Como
se ha señalado anteriormente, ello puede deberse a diferencias en las características de
los migrantes que residen en Tijuana y en Playas de Rosarito. A su vez, se puede
plantear la hipótesis de que la zona costera se está diferenciando cada vez más de
Tijuana, y convirtiéndose en zona de descanso o residencial, atrayendo a personas de
grupos de edad más avanzados, provenientes predominantemente de los E.U., mientras
que en el caso de los migrantes internos la zona deviene fuente de empleos en el sector
servicio y en la construcción.
En el caso de Tijuana y Playas de Rosarito la expansión de las actividades turísticas se
desarrolló por dos vías: por el flujo de turistas, que se ha adaptado gradualmente a los
cambios que se han llevado a cabo a lo largo de su historia y, al mismo tiempo, porque
dicho flujo continúa teniendo una marcada influencia en la vida del corredor costero,
afectando la configuración del espacio. El turismo en esta zona ha producido cambios
en las atracciones naturales, los alojamientos, los servicios, la infraestructura, las vías de
acceso y los diferentes tipos de transporte, y puede decirse que, en general, ha jugado un
interesante papel en el desarrollo. Esto se debe, en parte, a la situación geográfica
privilegiada del corredor costero Tijuana-Ensenada con respecto a California y los
Estados Unidos. En ese sentido, se advierte un proceso de relación entre dos regiones a
ambos lados de la frontera: la franja Tijuana-Ensenada actúa como una especie de
periferia de la zona turística californiana; en ello radica su peculiaridad y los posibles
factores que explican su desarrollo (Bringas, 2002).
A partir de los datos del censo de 2000 se insinúa una tendencia hacia la diferenciación
en las pautas de inserción laboral entre un grupo y otro de migrantes, y entre los
respectivos “perfiles” productivos. En efecto, los migrantes residentes en 1985 en los
E.U. y los migrantes internos parecen presentar características isomórficas, mientras que
los migrantes residentes en 1995 en los E.U. se asemejan relativamente más a los casos
de los no migrantes que a los migrantes provenientes de otras entidades del país. Esto
puede estar sugiriendo la consolidación de un proceso de largo tiempo que estaría
constituyendo una población con pautas laborales y económicas marcadamente distintas
a la de los migrantes provenientes de las otras entidades federativas del país (sobre todo
si tenemos en cuenta las características más recientes de los nuevos flujos de migrantes,
para el año 2000).
Aunque nada obliga a pensar que no hay diferencias entre los no migrantes y los
migrantes de E.U., resulta significativo el hecho de que entre ambos grupos casi se
mantiene la misma proporción de no asalariados que en 1990, aunque con un leve
incremento (Véase Anexo, Gráfica 5). Estudios posteriores podrían confirmar de forma
más rigurosa qué grupo ocupacional es predominante dentro de los trabajadores no
asalariados. Una explicación alternativa al leve aumento registrado en los segmentos
asalariados de migrantes residentes en 1995 en los E.U., es que puede deberse a las
personas vinculadas de alguna manera con la industria maquiladora, o que sean
empleadas directamente por estas empresas, como es el caso de los técnicos calificados
y los ingenieros. Aunque vale la aclaración del hecho de que, si bien éstos han crecido
en términos absolutos dentro de las maquiladoras de Tijuana, no mejoraron
sustancialmente sus posiciones relativas con respecto a los trabajadores directos en tales
empresas en el período 1995-2000 (BIE-INEGI: 2002).
Los datos de este análisis exploratorio coorboran, por otra parte, algunas hipótesis de
estudios recientes, en el sentido de que la mayoría de los residentes no migrantes tratan
de evitar el trabajo en las maquiladoras, que juegan el papel un “empleo refugio” para
trabajadores migratorios que llegan a Tijuana. mientras que los no migrantes evitan
trabajar en las maquiladoras. En efecto, a partir de las diferencias entre las trayectorias
laborales entre distintos grupos de trabajadores en el mercado laboral de Tijuana,
Coubès (2001: 215) plantea que en las maquiladoras se emplean predominantemente
trabajadores migratorios de extracción rural con bajos niveles de educación que
trabajaron exclusivamente en maquiladoras, y que en otros sectores lo hacen los
trabajadores nativos con mejores niveles de educación que pudieron evitar el trabajo en
las maquiladoras y que habían trabajado solamente en los servicios. Probablemente es
relativamente más fácil entre éste último grupo de trabajadores obtener un salario
urbano de reserva y ser capaces de usar sus redes familiares para conseguir trabajos en
el sector de los servicios. Esto se refirma cuando se considerando que los trabajadores
migratorios habían encontrado su empleo en las maquiladoras respondiendo a un
anuncio en el periódico, o a partir de la búsqueda de trabajo en los anuncios de las
mismas fábricas. A pesar de ello, en los datos presentados en este estudio no se
confirma esta hipótesis en la inserción laboral de acuerdo al sexo, ya que el descenso en
el porcentaje de trabajadores en la manufactura es mucho mayor entre los hombres
residentes previamente en los E.U: que entre las mujeres de la misma condición. De esta
forma, se confirma la importancia de analizar en cada caso, las características entre
distintos grupos migratorios (interno e internacional) de acuerdo a las diferencias entre
sexos. No obstante, y reconociendo el hecho de que las limitaciones de los datos
censales para indagar acerca los motivos de la migración, ya sean laborales, familiares o
de otro tipo, pueden quedar planteadas diferentes pautas entre los grupos de migrantes
en el espacio fronterizo, lo que impulsa a realizar estudios comparativos cada vez más
específicos.
De esta manera, para el caso de los migrantes residentes anteriormente en los E.U.,
pueden ser útiles algunas hipótesis alternativas, basadas en el supuesto de la
constitución de un espacio binacional, en donde intervienen factores no estrictamente
productivos, sino además sociales y culturales, quedando involucrados ciertos aspectos
como los de la "cultura del consumidor" y de la "cultura laboral". La migración en tal
sentido, estaría abarcando además, situaciones motivadas por una parte por razones
laborales, pero por otra parte por razones de índole personal, como la reunificación de
familias transfronterizas, el estudio, o los matrimonios.
Esto puede ser, en efecto, la razòn de una inserción laboral diferenciada entre los
trabajaodores de Tijuana y Rosarito, debido sobre todo al desarrollo de las actividades
relacionadas con el turismo en este último municipio.
3. Conclusiones
El trabajo exploratorio presentado confirma que en el período 1990-2000 Tijuana sigue
siendo una región atractiva para los flujos migratorios laborales, a los cuales se
incorporan otras entidades y regiones que presentan mayores niveles de rezago
socioproductivo. lo cual ha incrementado y diversificado la corriente migratoria.
A los migrantes internos se agrega una corriente menor, pero importante en Tijuana, de
personas que anteriormente residían en los E.U., los cuales parecen tener patrones de
inserción laboral bastante más similares a los residentes no migrantes.
Con respecto a las características específicas que imprime la Industria Maquiladora en
Tijuana, aunque las mujeres migrantes siguen predominando en este sector, los hombres
migrantes han incrementado su participación entre 1990 y 2000. Por otra parte, mientras
que el predominio de las mujeres migrantes en la manufactura puede ser explicado por
el peso de la industria maquiladora, el incremento de los hombres también puede
deberse a la tendencia de esta industria a contratar cada vez más hombres.
Pero no se ha incrementado significativamente la proporción de los trabajadores no
migrantes empleados en la manufactura, y por el contrario, parece un sector poco
atractivo para los hombres que residieron anteriormente en los Estados Unidos.
Las condiciones que ofrece la la manufactura, especialmente la Industria Maquiladora
de Exportación (IME) en Tijuana permite absorber en mayor medida a una población
migrante, generalmente sin experiencia anterior en las tareas que se realizan. Esto puede
reflejarse en el aumento entre las mujeres migrantes internas asalariadas, pero es
destacable el descenso de las asalariadas residentes en los E.U. entre 1990 y 2000, lo
que puede deberse tanto a condiciones específicas en Tijuana, como a la inserción
laboral diferente que existe en Playas de Rosarito.
A su vez, las altas tasas de participación económica podrían indicar condiciones
favorables de inserción laboral para los no migrantes y los migrantes de E.U., debido a
la mayor heterogeneidad de la estructura del mercado laboral en Tijuana.
De manera general, tanto en sus orígenes históricos como en sus componentes sociales,
perfiles productivos y en sus patrones demográficos, Tijuana presenta características
peculiares que han sido positivamente aprovechadas en el contexto del cambio en la
orientación socioproductiva de México en las décadas pasadas. Estas cualidades pueden
convertirse en un contexto de internacionalización creciente de la producción en una
“ventaja” local, que es asimilada rápidamente gracias a condiciones excepcionales, entre
las que resaltamos la abundancia de una fuerza de trabajo migrante proveniente de otras
zonas y regiones del país económicamente deprimidas o estancadas. Sin embargo, las
ventajas territoriales en Tijuana en el contexto del cambio socioproductivo y la apertura
económica en México, se verifican sobre todo en el aspecto de la generación de empleo,
lo que depende de las decisiones estratégicas de las empresas, y de las fluctuaciones de
los flujos de IED.
La incorporación de nuevas entidades y regiones a los flujos migratorios en esta ciudad,
podría relacionarse también con los efectos a largo plazo generados por los contextos de
crisis y reestructuración económica. Estos nuevos procesos pueden estar incidiendo en
los cambios registrados en el mercado de trabajo local. Por otro lado, la contracción de
la demanda de mano de obra femenina en la industria maquiladora, y el aumento de la
misma en el caso de los hombres, es un fenómeno que deberá ser profundizado en
posteriores investigaciones acerca de las características que asume la especialización
productiva en esta industria en Tijuana. Similares transformaciones en los mercados de
trabajo locales pueden haber generado pautas diferenciadas entre los migrantes que
residían en los E.U., de acuerdo al sexo.
De manera general, la mayor disponibilidad de mano de obra proveniente de los flujos
migratorios, y sus características específicas, invitan a reflexionar acerca de cómo los
fenómenos demográficos se relacionan con otros factores -como la oferta y la demanda
laboral- que se presentan de manera dinámica, a diferencia de lo que puede prever un
enfoque economicista. Las variaciones en el patrón de la migración hacia Tijuana
pueden ser así vinculadas, por una parte, con la reestructuración y el cambio
socioproductivo que atraviesa México; y por otra parte, con las transformaciones en la
demanda de trabajo, las cuales expresan modificaciones en el mercado laboral local.
La incorporación en los análisis de la dimensión binacional, luego de analizar la
literatura sobre el tema, y a través de algunos de los resultados comparativos
preliminares de este trabajo, permite ampliar la gama de hipótesis de trabajo, y
consolidar la idea de que dichos fenómenos no obedecen a un factor monocausal, sino
que deben ser explicados en los contextos y coyunturas locales específicas.
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Paquetería utilizada en el procesamiento de datos para el presente trabajo:
Paquete Estadístico para Ciencias Sociales - SPSS, versión 10.
Anexo
Las entidades federativas donde las personas migrantes declaran haber residido 5 años
antes del momento censal y anteriormente a su residencia en Tijuana, se agruparon en
regiones según un criterio que unificara los cambios que se observan en los datos
censales entre 1990 y 2000. Las entidades de procedencia de los migrantes no son las
mismas en dicho período, y que en algunos casos el porcentaje relativo de las personas
según las entidades de residencia anterior cambiaron las posiciones relativas entre
estados. De acuerdo con los proecesamientos que se realizaron a tal fin, la
regionalización siguió un criterio basado en la cercanía geográfica; pero esto dejaba sin
considerar las carcaterísticas sociodemográficas de las entidades que intervienen en este
proceso. Por tal motivo, se combinó esta modalidad con un criterio que resultara
relativamente coherente con un análisis sociológico. Para ello, se tomó en cuenta grados
de marginación de CONAPO para el año 1995.11 En el caso del estado de
Aguascalientes, que presenta grado de marginación muy bajo, la entidad quedó
agrupada con otras dos entidades que en el grado de marginación de 1995 presentan
grado de marginación alto.12 El resto de las entidades no presenta este inconveniente, y
en la gran mayoría de los casos hay relativa concordancia entre los grados bajo-muy
bajo o alto-muy alto entre las regiones, por lo que se decidió agruparlas de dicha
manera.
11
CONAPO, "Metodología para el cálculo del índice de marginación por localidad, 1995". Internet.
http://www.conapo. Consultado el 15 de marzo de 2002.
12 . En el caso mencionado de Aguascalientes no creemos que ello afecte demasiado las conclusiones que pudiera
extraerse, ya que la entidad presenta un muy bajo porcentaje de participación relativa entre los migrantes que
cambiaron su lugar de residencia.
Comparación entre la regionalización del presente estudio y el grado de
marginación para 1995 (CONAPO)
REGION
Noroeste
Centro/Norte
Norte
Centro
Centro / Sur
Golfo / Centro
Pacífico /
Centro
Sur Oeste
Pacífico / Sur
ENTIDAD
Baja California
Baja California Sur
Sonora.
San Luis Potosí
Zacatecas
Aguas Calientes.
Chihuahua
Nuevo León
Tamaulipas
Coahuila.
Guanajuato
Michoacán
Querétaro.
México
Morelos
D.F.
Hidalgo
Puebla
Tlaxcala
Veracruz.
Durango
Nayarit
Sinaloa
Colima
Grado de
Marginación
1995
Muy Bajo
Bajo
Bajo
Alto
Alto
Muy Bajo
Bajo
Muy Bajo
Bajo
Muy Bajo
Medio
Alto
Medio
Bajo
Bajo
Muy Bajo
Alto
Alto
Medio
Muy Alto
Medio
Medio
Medio
Bajo
Jalisco.
Campeche
Quintana Roo
Tabasco
Yucatán
Chiapas
Guerrero
Oaxaca.
Bajo
Alto
Medio
Alto
Alto
Muy Alto
Muy Alto
Muy Alto
Cabe aclarar que no es intención del presente trabajo inferir de manera directa e
inmediata, una asociación entre características colectivas inherentes a la comunidad de
la que declaran proceder los migrantes, con características personales de los mismos.
Nos interesa en todo caso contar con un marco contextual que permita un análisis de los
desplazamiento interregionales a Tijuana.
Gráfica 1: Región de procedencia de los migrantes a la ciudad de Tijuana, B.C.,
provenientes del resto del país, 1990 y 2000 13
Otras Entidades
13,1%
Otras Entidades
12,0%
Golfo Centro
6,5%
Centro
9,1%
Pacífico Centro
37,4%
Pacífico Centro
43,5%
Noroeste
8,5%
Centro Sur
11,6%
Centro
11,3%
Pacífico Sur
12,7%
Centro Sur
18,2%
Golfo Centro
16,1%
Cuadro 1: Composición del flujo migratorio proveniente de otras
entidades federativas del país, según región y sexo.
Tijuana, BC, 1990-200014
Lugar
Relativo
1
2
3
4
5
Región
Hombres Mujeres
Pacífico/Centro
42.3
44.8
Centro Sur
20
16.4
Centro
10.3
12.3
Noroeste
8.3
8.7
Golfo/Centro
7.8
5.2
Otras
Entidades
11.3
12.6
Total
100
100
Lugar
Relativo
1
2
3
4
5
Región
Hombres Mujeres
Pacífico/Centro
35.2
39.7
Golfo/Centro
16.9
15.3
Pacífico/Sur
13.7
11.7
Centro/Sur
12.2
10.9
Centro
9.1
9.2
Otras
Entidades
12.9
13.2
Total
100
100
Gráfica 2:
Condición de actividad de las mujeres de 12 a 65 años
residentes en Tijuana15
13
Fuente: INEGI. Datos propios con base en la muestra al 1% del XI Censo de Población y Vivienda de 1990,
información para B.C. Para la condición de migración se adoptó el criterio de la residencia en una entidad distinta a
Baja California en 1985. No se considera en este caso los residentes en otro país.
14
Fuente: INEGI. Datos propios con base al Xl Censo de Población y Vivienda. Muestra al 1%; y al XII Censo de
Población y Vivienda, muestra al 10 %. Información para B.C. Para la condición de migración se adoptó el criterio de
la residencia en una entidad distinta a Baja California en 1995. No se considera en este caso los residentes en otro
país.
100
90
80
52
70
64,8
77,8
60
62,2
68,9
72,3
50
40
30
48
20
35,2
10
37,8
31,1
27,7
22,3
15
ig
r.
00
0
ig
ra
nt
es
20
20
0
A
EU
M
de
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N
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Activos
Inactivos
M
M
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s
M
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es
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s
19
20
00
90
0
19
9
N
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M
M
ig
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s
es
de
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A
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do
s
19
90
0
Datos propios en base al XI Censo de Población y Vivienda. BC. Muestra al 1%; y al XII Censo de Población y
Vivienda. BC. Muestra al 10 %. INEGI.
Gráfica 3 :
Condición de actividad de los hombres de 12 a 65 años residentes en Tijuana16
100
90
18,8
17,8
81,2
82,2
12,4
28,1
22
23
78
77
80
70
60
50
40
87,6
71,9
30
20
10
0
M
16
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os
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s
do
a
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90
19
M
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19
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90
19
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00
20
M
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EU
A
00
20
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M
s
te
n
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ig
Activos
00
20
Inactivos
Datos propios en base al XI Censo de Población y Vivienda. BC. Muestra al 1%; y al XII Censo de Población y
Vivienda. BC. Muestra al 10 %. INEGI.
Gráfica 4:
Situación en el trabajo de las mujeres de 12 a 65 años
residentes en Tijuana17
100
4,5
90
No
asalariadas
15,5
16,7
84,5
83,3
9,6
24,4
20,2
75,6
79,8
80
70
60
50
Asalariadas
95,5
40
90,4
30
20
10
17
00
20
es
N
o
M
ig
ra
nt
EU
A
M
ig
r.
de
es
ta
do
s
20
00
20
00
90
nt
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M
ig
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N
M
ig
r.
ot
ro
s
es
19
19
90
EU
A
M
ig
r.
de
M
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r.
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ro
s
es
ta
do
s
19
90
0
Datos propios en base al XI Censo de Población y Vivienda. BC. Muestra al 1%; y al XII Censo de Población y
Vivienda. BC. Muestra al 10 %. INEGI.
Gráfica 5:
Situación en el trabajo de los hombres de 12 a 65 años
residentes en Tijuana18
100
No
asalariados
10,8
15,8
90
24,4
27,8
22,4
25,3
77,6
74,7
80
70
60
50
Asalariados
89,2
84,3
40
75,6
72,2
30
20
10
18
20
00
20
00
es
N
o
M
ig
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nt
EU
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de
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M
M
ta
do
s
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M
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A
20
00
90
19
es
A
EU
ig
r.
de
M
M
ig
r.
ot
r
os
es
ta
do
s
19
90
19
90
0
Datos propios en base al XI Censo de Población y Vivienda. BC. Muestra al 1%; y al XII Censo de Población y
Vivienda. BC. Muestra al 10 %. INEGI.
Gráfica 6:
Participación femenina en la manufactura.
Tijuana, BC, 1990-200019
100
90
80
44,2
45,8
No manufact.
70
66,6
67,7
Manufacturas
60
50
40
30
55,8
54,2
20
33,4
32,3
10
0
Migrantes
1990
No Migrantes
1990
Migrantes
2000
No Migrantes
2000
Gráfica 7: Participación masculina en la manufactura. Tijuana, BC, 1990-200020
100
90
80
70
52,7
67,7
60
No manufact.
72,7
74,7
Manufacturas
50
40
30
20
10
47,3
32,3
25,3
27,3
0
Migr. Internos No Migrantes Migr. Internos No Migrantes
1990
1990
2000
2000
19
Datos propios en base al XI Censo de Población y Vivienda. BC. Muestra al 1%; y al XII Censo de Población y
Vivienda. BC. Muestra al 10 %. INEGI. No se considera a la población migrante de EU
20 Datos propios en base al XI Censo de Población y Vivienda. BC. Muestra al 1%; y al XII Censo de Población y
Vivienda. BC. Muestra al 10 %. INEGI. No se considera a la población migrante de EU
Gráfica 8: Participación femenina en la manufactura según condición de migración.
Tijuana, BC, 200021
100
90
80
44,2
70
No manufact.
54,4
67,7
Manufacturas
60
50
40
30
20
55,8
45,5
32,3
10
0
Migr. Internos 2000Migrantes E.U. 2000 No Migrantes 2000
21
Datos propios en base al XI Censo de Población y Vivienda. BC. Muestra al 1%; y al XII Censo de
Población y Vivienda. BC. Muestra al 10 %. INEGI. (Población Economicamente Activa de 12 a 65 años).
Los datos para el año 2000 incluyen el municipio de Rosarito.
Gráfica 9: Participación masculina en la manufactura, según condición de migración.
Tijuana, BC, 200022
100
90
80
70
No manufact.
52,7
60
76,2
72,7
23,8
27,3
Manufacturas
50
40
30
20
10
47,3
0
Migr. Internos 2000Migrantes E.U. 2000 No Migrantes 2000
22
Datos propios en base al XI Censo de Población y Vivienda. BC. Muestra al 1%; y al XII Censo de
Población y Vivienda. BC. Muestra al 10 %. INEGI. (Población Población Economicamente Activa de 12 a
65 años). Los datos para el año 2000 incluyen el municipio de Rosarito.
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