PAZ, RECONCILIACIÓN Y PERDÓN

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TALLER DE REGIONALIZACIÓN
Bogotá - Junio 4 y 5 de 2015
PAZ, RECONCILIACIÓN Y PERDÓN
ALGUNAS NOTAS DE SÍNTESIS
Wilin Buitrago, S.J.
Introducción:
La continuidad entre el Evangelio y la misión
de la Compañía de Jesús en Colombia.
El conjunto de seis documentos que se nos presenta a continuación, representa el esfuerzo de
pensar, como Compañía de Jesús, nuestra comprensión sobre la paz, el perdón y la
reconciliación. Por supuesto, lo primero que llama la atención en los documentos es el enorme
contenido evangélico de los conceptos en juego y su pertinente continuidad con la misión
apostólica de la Compañía de Jesús. Hermann Rodríguez nos recuerda el carácter hondamente
cristiano de las categorías paz, perdón y reconciliación, advirtiendo que en el contexto de la
última cena, Jesús dice a sus discípulos algo que debemos recordar siempre: “Les dejo la
paz. Les doy mi paz, pero no se la doy como la dan los que son del mundo. No se angustien ni
tengan miedo” (Juan 14, 27).
Para Hermann Rodríguez es claro que, en el marco de las acciones que desarrollamos como
Provincia, el motor se halla en la persona concreta de Jesús que declara "Pues si perdonan sus
culpas a los demás, también su Padre del cielo les perdonará a ustedes. Pero si no perdonan
a los demás, tampoco su Padre perdonará sus culpas" (Mt 6,14-15). Pues yo les digo: Amen
a sus enemigos y recen por los que los persigan, para ser hijos de su Padre del cielo" (Mt
5,43).
En este sentido, Alejandro Ángulo reconoce que la fuerza de las palabras del Dios encarnado
y su carácter vinculante respecto de la misión de la Compañía aparecen ya desde el origen
mismo del Instituto (documento fundacional de la Compañía de Jesús en 1540) como
horizonte que obliga, a los miembros de la Provincia Colombiana de la Compañía de Jesús a
comprometerse de manera especial e intensa en el cumplimiento de su misión pacificadora
tradicional y típica, como aparece en la fórmula del Instituto aprobada por el Papa Julio III
en 1550: “Y también manifiéstese preparado para reconciliar a los desavenidos”.
De forma complementaria, Mauricio García advierte que hay que tener en cuenta que aunque
nuestra experiencia de fe nos exige una comprensión teológica de los mismos (conceptos de
paz, reconciliación y perdón), nuestra misión en las fronteras y periferias geográficas y
existenciales (como dice el Papa Francisco), en diálogo con el mundo, nos demanda contar
con una definición socio-política que nos permita tener claro cuál puede ser nuestra
contribución a la construcción de una sociedad que como comunidad civil va más allá de los
límites de la comunidad creyente.
En consecuencia, la lectura que hagamos de cada aporte habrá de tener en cuenta la tensión y
el reto permanente de identificar estos dos planos siempre interrelacionados que, lejos de
negarse mutuamente, permiten elaborar una comprensión “intermedia” y más integral de cada
categoría tanto desde el alcance teológico y espiritual, como del espectro sociopolítico y de
las relaciones humanas.
Sobre la Paz
Desde una óptica teórica, es lógico reconocer que la apuesta conceptual de los aportes oscila
entre el maximalismo extremo y el minimalismo moderado, encontrando importantes
elementos de conexión y síntesis en el acotado aporte de Mauricio García cuando distingue la
paz negativa de la positiva, entendida esta última como “una situación, un orden, un estado
de cosas, caracterizado por un elevado grado de justicia y una expresión mínima de
violencia… que implica la ausencia de violencia directa y estructural, lo que supone la
realización de la supervivencia, el bienestar, la identidad y la libertad para todos. De acuerdo
con el aporte de García, es importante adicionalmente, entender la paz como proceso, lo que
significa que la construcción sostenida de paz es una tarea de corto, mediano y largo plazo.
Aparece pues, un primer y muy fino delineado conceptual de la paz que la describe en la lógica
de una comprensión dinámica y compleja que conlleva, de acuerdo con Luis Guillermo
Guerrero a, por lo menos, tres momentos que no ocurren de manera lineal sino de manera
simultánea en medio de los conflictos de una sociedad determinada, a saber: peacemaking
(hacer las paces), peacebuilding (construir la paz), peacekeeping (mantener la paz).
El primer momento parece ser el que mayor atención concentra en las comprensiones de la
gente sobre paz, tiene que ver con desactivar la violencia armada, es decir, “hacer las paces”
con el opositor, contradictor o enemigo y que los estudios internacionales de paz definen
como la “peacemaking”. Pero, como señala Carlo Nasi en su texto “Cuando los fusiles
callan”, allí no se agota la paz, ni en el desarme, ni en el acallamiento de los fusiles. De todas
maneras, la “peacemaking” es el punto de partida para avanzar hacia los otros dos momentos
de la paz.
La mayor movilidad y, por ello, complejidad del concepto de paz, se establece cuando los
autores empiezan a hacer interactuar este concepto con reconciliación y con perdón. Hermann
Rodríguez, considera de manera taxativa que No habrá paz sin justicia y verdad. Por tanto,
la paz exige memoria y compasión. La paz es más grande que la suscripción de un acuerdo,
a pesar de su importancia obvia. La reconciliación presupone el perdón y la reparación.
En atención al criterio de lectura multinivel, habrá siempre que entender esta declaración en
el marco de los límites y realidades humanas que tanto valora Jorge Julio Mejía al advertir
que a pesar de la ideal de convergencia entre paz, perdón y reconciliación, La paz se construye
y se concreta por medio de negociaciones. Pero la paz es un clima, una calidad de relaciones
inspiradas en el amor y la aceptación de los demás, recuperada por el perdón y la
reconciliación.
Sobre la Reconciliación
Si se tienen en cuenta estos límites y realidades humanas, podemos validar el hecho de que al
hablar de reconciliación siempre hemos querido partir, más bien, de la amplia perspectiva de
Francisco de Roux, entendiendo que el perdón debe ser algo discrecional de las víctimas y no
condición inequívoca para avanzar hacia la reconciliación. Una posición que nos recuerda
Mauricio García citando a Dywer cuando señala que “Cualquier concepción (…) que haga
depender la reconciliación del perdón, o que enfatice la armonía interpersonal y el
sentimiento positivo de fraternidad, no será un modelo realista de reconciliación para la
mayoría de las personas como nosotros. Si nos importa la reconciliación, aboguemos por ella
en términos que la hagan creíble para las partes relevantes”i. Por último, esto no niega, que
la reconciliación pide un sustrato social que la haga sostenible; de ahí la necesidad de
trabajar por una cultura de paz, reconciliación y perdón que haga este horizonte una apuesta
real en la vida cotidiana de la sociedad.
La reconciliación pues, como advierte Guerrero, ya sea con o sin el perdón maximalista, es
no sólo una meta, sino y ante todo un proceso y una dimensión interpersonal, es decir, esto
que John Paul Lederach, entiende como los “procesos dinámicos y adaptables encaminados
a la construcción y la sanación” (2001, 842), y como “un proceso de cambio y redefinición
de relaciones” (Ibid. 847).
En el plano teológico, José Roberto Arango, ubica la reconciliación, además, como una
categoría interpretativa que utiliza el apóstol Pablo para interpretar y expresar aún más
profundamente la experiencia vivida por él de transformación radical en su vida y la
experiencia de fe sentida en las comunidades que acompaña. La reconciliación, en cuanto
acto permanente de Dios en el hombre, que lo transforma en instrumento transparente de esa
misma acción para los demás, es una tendencia dinámica de Dios, creador continuo, en el ser
humano que lo hace ser, existir y actuar en la misma direccionalidad de esa dinámica de
Dios: hacia fuera de sí mismo, hacia el otro y con el propósito de suscitar en el otro esa
misma dinámica transcendente. En este sentido, sobre la reconciliación habrá que decir lo
mismo que sobre el perdón: no se puede imponer, es falsa una reconciliación así entendida.
Ahora bien, tal acción es totalmente gratuita: “no tomando en cuenta nuestras
transgresiones” (2Cor 5,19). Dios se ofrece en su propia creación como lo más íntimo de la
misma, por puro amor.
Sobre el Perdón
Mauricio García nos ubica ante el reto de reconocer que aunque el perdón nace en el ámbito
religioso, el gran reto que tenemos es sacarlo “del reducido campo religioso en el que se usa
y acreditarlo como una importante virtud política” ii para que sea útil para procesos de
reconciliación que buscan superar un pasado traumático. En términos negativosiii, perdón no
es el olvido de los abusos cometidos, no es una obligación que se puede imponer a las
víctimas, no es el mero restablecimiento de la situación previa a la ofensa, no es la renuncia
a un derecho, no es expresión de superioridad moral que pueda traducirse en voluntad de
poder. En términos positivos, y como lo dice Galo Bilbao, “perdonar es ante todo un acto de
amor de la víctima hacia su victimario”.
Una vez más, volvemos al marco en donde parece jugarse el quid de este asunto, el de las
relaciones humanas y allí Jorge Julio nos recuerda que el perdón es una necesidad interior
indispensable para recuperar la dignidad perdida por la ofensa y por el rencor o el deseo de
venganza. El perdón devuelve también la dignidad a quien se le perdona. Sin embargo, no
siempre se tiene delante al ofensor pidiendo perdón. Por ese motivo la reconciliación no
siempre es posible.
Finalmente, Alejandro Ángulo aporta algo más a la línea desarrollada hasta aquí, subrayando
que nuestra reconciliación con Dios en Cristo exige la doble reconciliación, personal con
nosotros mismos y colectiva con los hombres y mujeres con quienes compartimos nuestra
historia…En efecto, reconciliarnos es humano, pero perdonarnos es divino.
Susan Dwyer, “Reconciliation for Realists” (2003, p. 108), citado por David Bloomfield (2006) On Good
Terms: Clarifying Reconciliation, p. 24.
ii Rafael Aguirre (1999), “Perspectiva Teológica del perdón”, en Galo Bilbao y otros, El Perdón en la Vida
Pública. Bilbao: Universidad de Deusto, p. 202.
iii Estos elementos de una definición negativa y positiva del perdón son tomados de Galo Bilbao,
“Perspectiva filosófica del perdón”, en Galo Bilbao y otros, El Perdón en la Vida Pública. Bilbao:
Universidad de Deusto, pp. 20-31.
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