Tomo 6-Folio 277-Resolución 266

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Resolución N° 266 – F° 277 – T° 6
En la ciudad de Santa Fe, a los 24 días del mes de Noviembre del año dos mil ocho,
se reunió en Acuerdo Ordinario la Sala Primera de la Cámara de Apelación en lo
Civil y Comercial de Santa Fe, integrada por los Dres. Raúl J. Cordini, Edgardo I.
Saux y Juan Carlos M. Genesio para resolver los recursos de nulidad y apelación
interpuestos por el apoderado de la parte demandada y de la citada en garantía (fs.
407) y recurso de apelación deducido por la parte actora (fs. 410) y concedidos por
el A quo (fs. 411) contra la resolución de fecha 9 de abril de 2008 (fs. 396/404 vta.)
dictada por el Juzgado de Primera Instancia de Distrito N° 11 en lo Civil, Comercial
y del Trabajo de la ciudad San Jorge en los autos caratulados “VAGLIENTE,
GERARDO RADY Y OTRA C/ GUIZZO, HERALDO OSCAR Y/U OTRO S/
ORDINARIO” (Expte. Sala I N° 144 – Año 2008). Acto seguido el Tribunal
estableció el orden de votación conforme con el estudio de los autos -Dres. Cordini,
Saux, Genesio- y se planteó para resolver las siguientes cuestiones:
1era.: ¿Es nula la resolución recurrida?
2da. : ¿Es ella justa?
3era.: ¿Qué resolución corresponde dictarse?
Determinado el orden de votación en cuya virtud éstos pasan a estudio, a la
primera cuestión, el Dr. Cordini dijo:
El recurso de nulidad que interpuso la parte demandada no se sostiene en esta
instancia, por lo cual, no surgiendo de lo actuado o del fallo deficiencias de forma
que impongan una declaración oficiosa, a este primer interrogante, voto por la
negativa.
El Dr. Saux expresó, a su vez, iguales razones en parecidos términos y votó,
por lo tanto, negativamente.
A la primera cuestión, el Dr. Genesio dijo:
Habiendo tomado conocimiento de estos autos y existiendo votos totalmente
concordantes de dos jueces, de conformidad al art. 26 de la Ley 10.160 y a la
jurisprudencia de la Corte Suprema de Justicia de la Provincia, me abstengo de
emitir opinión.
Propuesta la segunda cuestión, el Dr. Cordini dijo:
Previa instrumentación de medidas de aseguramiento de pruebas, Gerardo
Rady Vagliente y Noris T. Spirolazzi, promueven demanda ordinaria por
indemnización de daños y perjuicios contra Heraldo Oscar Guizzo y/o el propietario
del automóvil Peugeot 504 dominio RPM 870.
Sustentan en hechos la demanda diciendo que el día 15 de septiembre de
2001, a las 15 horas, en circunstancias en que el hijo menor de edad de los actores,
Ezequiel Gerardo Vagliente, de 13 años, conduciendo un ciclomotor de baja
cilindrada a una velocidad de 15 km, mientras circulaba por calle Alberdi en el
sentido Norte – Sur, cuando transponía el cruce entre la mencionada arteria y calle
Moreno, de la localidad de Piamonte, colisionó con un vehículo Peugeot 504
conducido por el demandado Heraldo Guizzo, quién circulaba por Moreno de Oeste
a Este y a una velocidad excesiva, resultando el menor con heridas graves por cuya
consecuencias fallece.
Afirma la demanda que la víctima había tomado la moto sin autorización
paterna y critica la actuación del juzgado prevencional, afirmando que el accionado
tuvo la plena responsabilidad y culpa en producción del accidente, insistiendo
respecto de la excesiva velocidad de circulación sin que el conductor Guizzo tomara
previsiones ante la posibilidad cierta de que alguien cruce la bocacalle, habiendo
visto al menor que conducía la motocicleta antes de dicho cruce sin poder controlar
debidamente el vehículo a fin de evitar el choque entre ambos rodados involucrados.
Solicita la demanda indemnización como daño emergente reclamando el pago
de los gastos de sepelio. Agrega como daño indemnizable, dejando librado al criterio
del juzgado, la pérdida de chance, daño moral y daño psíquico. Agrega también la
solicitud de resarcimiento por lo que denomina “frustración del proyecto de vida
familiar”.
Tramitado el juicio con participación de la parte demandada y la compañía
aseguradora citada en garantía, en fecha 9 de abril de 2008 el juez de primera
instancia dicta sentencia de mérito, haciendo lugar a la acción resarcitoria
distribuyendo la culpa por partes iguales entre ambos litigantes y condena al pago
del daño material (pérdida de chance) otorgando la suma de $ 50.000 a cada
progenitor; por daño moral concede $ 175.000 a la madre y $ 150.000 al padre.;
admite al suma de $3.500 como gastos de sepelio y $5.760 por daño psíquico en
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proporción que determina.
Considera el A quo que no existe controversia respecto del día y hora en que
tuvo lugar el accidente y la identidad de los protagonistas, vehículos involucrados y
consecuencias del evento, existiendo si divergencias en relación al modo en que éste
se desarrolló.
Atribuye responsabilidad objetiva al demandado y a su cargo la demostración
de la ausencia de culpa y agrega que si la víctima era un menor de trece años, no
autorizado al uso ni habilitado para la conducción de la motocicleta que colisionó,
presentándose en la encrucijada por la izquierda del automotor al que embiste,
circulando además sin casco protector, en principio pareciera que existiría liberación
total de responsabilidad para el conductor del automóvil.
Seguidamente menciona el fallo que esa ausencia de culpabilidad debe ser
sólo parcial en la comprensión que de los elementos existentes no surge que la culpa
de la víctima haya sido de tal magnitud que neutralice el nexo causal en forma total.
Explica que la moto no circulaba de contramano, no se comprueba la alta
velocidad que menciona el demandado y respecto de la prioridad de paso señala que
no prevalece sobre el derecho que tiene el vehículo que está trasponiendo la
bocacalle, no quedando exento el conductor que goza de esa preferencia, de
extremar la prudencia reduciendo la velocidad de marcho al enfrentar el cruce.
Respecto del hecho de ser embistente lo relativiza aduciendo que cuando hay dos
vehículos en movimiento, en ciertos supuestos la colisión pude producirse por
imprudencia del embestido.
Tilda de imprudente y negligente la conducta del demandado porque
circulaba con exceso de velocidad, habiendo estimado la pericia que alcanzaba los
45 kilómetros por hora,y bien pudo ser mayor si se tiene en cuenta que acudía en
socorro de otro siniestro por su condición de bombero.
Concluye entonces que ambos conductores contribuyeron para la gestación
del evento dañoso, en una proporción que considera del cincuenta por ciento, ya que
si cualquiera de los protagonistas hubiera obrado como correspondía, adoptando las
precauciones necesarias, el impacto no hubiera tenido lugar.
Conforme el fallo, justificado el hecho generador del daño y la relación
causal, siendo responsable el demandado por esas consecuencias disvaliosas,
corresponde analizar la procedencia de los rubros reclamados por lo que en primer
lugar refiere al daño material. Transcribiendo citas doctrinarias y de jurisprudencia
dice que cuando se trata de la muerte de un niño lo que debe ser analizado es la
pérdida de chance, ya que produce un daño futuro cierto que corresponde a una
esperanza de contenido económico, a la oportunidad de los padres de que en su
vejez podrá contar con la ayuda de sus hijos en las enfermedades y material si llega
el momento en que carezcan de recursos, monto indemnizatorio que debe ser
establecido prudencialmente por los jueces.
Respecto del daño psíquico, el fallo menciona evaluando el informe médico
que obra a fs. 176/185 de autos, que implica la necesidad de tratamiento, debiendo
cubrir su costo participando de la naturaleza del daño patrimonial.
Aludiendo a la presencia cierta de daño moral y la necesidad de indemnizar
este rubro, así como el referido a gastos de sepelio y gastos no documentados
culmina concediendo los valores mencionados anteriormente.
Este pronunciamiento es recurrido por ambas partes, expresando agravios los
actores a fs, 420 y a fs. 425 la compañía aseguradora que asumiera la defensa.
La disconformidad de los accionantes se centraliza en la proporción que
asigna la sentencia a la concurrencia de culpas (cincuenta por ciento a cada
litigante), requiriendo que se distribuya en el porcentaje del 80% a cargo del
demandado y el 20 % restante asumido por quienes reclaman el pago.
En apoyo de esa postura se alega que Guizzo ha tenido una responsabilidad
mayor en la producción del accidente, surgiendo de las constancias de autos que
observó la presencia de la motocicleta unos diez metros antes del lugar donde
comienzan las huellas de frenado, transcribiendo un párrafo de la pericia mecánica
en el sentido que desde que el conductor del Peugeot observa la presencia del otro
vehículo hasta que se detiene recorre aproximadamente 22 metros, de lo que extrae
que el demandado ha sido principal responsable, afirmando que cualquier otro
rodado o persona que hubiera cruzado la bocacalle en esa oportunidad hubiera sido
embestido.
Menciona además como agravio que la omisión de conductas reglamentarias
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por parte de la víctima no puede considerarse como condición indispensable para
que el perjuicio se produzca.
Por otra parte, los agravios emitidos por la parte demandada tienden a obtener
la liberación total de responsabilidad, adjudicando a la víctima una conducta culposa
que exime totalmente al conductor del automóvil.
Se menciona en apoyo de esa postura que la persona que sufrió las lesiones y
posteriormente fallece, era menor de edad inhabilitado por ello para conducir
motocicleta; que circulaba sin casco protector y que al otro vehículo le correspondía
la prioridad de paso.
Afirma que el A quo no tuvo en cuenta la responsabilidad paterna en el
hecho, como tampoco que el menor circulaba con excesiva velocidad, sin control del
rodado ya que embiste al automóvil que tenía preferencia de paso.
Por último se agravia diciendo que los montos acordados en concepto de
indemnización por el daño material y moral resultan excesivos.
En síntesis, los litigantes se agravian en relación con la asignación de culpa
en la producción del accidente, requiriendo los actores una distribución distinta de
concurrencia asignando el 80% al demandado, y este último la liberación total de
responsabilidad por presentarse un caso en el cual la conducta de la víctima, de
absoluta responsabilidad por las razones ya apuntadas, así lo aconsejan.
Resulta evidente, según las constancias que surgen de las pruebas con que se
cuenta, escasas por cierto, que el conductor del vehículo de mayor porte circulaba a
una velocidad superior a la legalmente permitida, comenzando a trasponer la
encrucijada a unos 45 kilómetros , no pudiendo evitar ser impactado deteniendo el
Peugeot con suficiente antelación. Por otra parte resulta acreditado en forma
contundente, aun cuando se omitió periciar si la motocicleta intentó frenar, nadie
menciona marcas o huellas que así lo indiquen ni se observan en las fotos traídas
como prueba, que el accionado circulaba por la mano derecha de la víctima, lo que
en principio indica prioridad de paso, que la moto embiste al automotor, la ausencia
de casco protector que pudo haber disminuido la gravedad de las heridas craneanas y
por último que el fallecido era menor de edad, sin habilitación alguna para conducir
vehículos motorizados.
Lo señalado indica que la sentencia impugnada establece la responsabilidad
de los demandados concluyendo que la víctima concurrió causalmente a la
producción del hecho dañoso, y si bien puede no compartirse la proporción o medida
que adjudica el Aquo a esta atribución de culpabilidad compartida, la pretensión de
la parte actora recurrente de que se imponga el 80% de ésta al conductor del
automóvil no se corresponde con lo que surge de las pruebas y demás circunstancias
anotadas precedentemente.
Por ello, el recurso de apelación deducido por los progenitores del menor
fallecido, debe ser desestimado.
Lo expuesto en párrafos anteriores, son válidamente aplicables respecto del
recurso promovido por la parte demandada, que persigue la liberación total de su
responsabilidad invocando la culpa exclusiva de la víctima y con ello la ruptura del
vínculo obligacional, sin pretender con ello un cambio en la proporcionalidad de
adjudicación de la culpa decidida por el A quo.
Si como se dijo anteriormente, la víctima contribuyó en gran medida para que
el siniestro se produzca, también debe evaluarse que el demandado acometió el
cruce entre las arterias Moreno y Alberdi de la localidad de Piamonte a una
velocidad que le impidió dominar suficientemente el automóvil, siendo así
colisionado por la motocicleta; de no haber sucedido de esa manera, es decir
habiendo observado Guizzo las normas de tránsito, demostrando prudencia y control
de la velocidad del vehículo que conducía no hubiera acontecido el accidente. Ya ha
dicho esta Sala que “la velocidad adecuada no es un concepto matemático, sino que
debe vincularse con aquella que permite la detención del móvil en el momento
oportuno, manteniendo el dominio y control, de acuerdo con las particularidades del
caso (C.C. y Com, Paraná, S.1, Zeus 58-R-8”. Además “todo conductor debe tener
siempre presente que la velocidad que imprime a su vehículo no debe importar
peligro para sí o para terceros, debiendo por ello ajustarla al ancho del camino,
densidad del tránsito, señalamiento, visibilidad, etc. (Zeus R-9, pág. 40)” La
presencia de un peatón distraído y aún imprudente configura una contingencia
cotidiana del tránsito, poniendo a cargo del conductor el deber de velar aun por la
imprudencia de terceros (Zeus R-8, pág. 50).
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Frente a la teoría del riesgo emergente del artículo 1113 del Código Civil,
para eximirse de responsabilidad por el daño causado, la inversión de la carga
aprobatoria impone, en el caso particular de autos donde en principio la culpabilidad
del demandado se revela en cierto grado de proporcionalidad, el aporte de pruebas
contundentes y un análisis riguroso de la misma, no bastando para asignar la
totalidad de la culpa a la víctima el cruce distraído pero previsible y la ausencia
paterna en el hecho. (Conf. esta Sala en “Diaz c/ Kaufman”, Fallos 47-93, del
26/11/99).
Todo evento de esta naturaleza resulta consecuencia de una serie de factores y
circunstancias que finalmente desembocan en un resultado desgraciado. No puede
ignorarse que el hecho reconocido por el demandado consistente en que su traslado
respondía a una situación de urgencia al ser convocado en su carácter de bombero
para controlar otro tipo de siniestro, que era precisamente respecto de lo cual dice
era motivo de conversación con quién lo acompañaba en ese momento, también
bombero, quien presta testimonio a fs 117., está dando pauta con alto grado de
certeza, que existía una razón de urgencia y estrés que impulsaron a desplazarse con
más apuro, de allí la velocidad excesiva comprobada.
En consecuencia, la presencia de culpa en la víctima no es suficiente para
liberar totalmente al demandado de su propia responsabilidad en la producción del
accidente, como lo pretende dicha parte en sus agravios, razón por la cual
corresponde rechazar el recurso de apelación deducido por la demandada.
Por lo expuesto, así voto.
El Dr. Saux expresó, a su vez, iguales razones en términos semejantes y votó,
por consiguiente, en igual sentido.
A la segunda cuestión, el Dr. Genesio dijo:
Conforme al criterio sustentado al tratar la cuestión anterior, me abstengo de
emitir opinión.
Respecto a la tercera cuestión, los Dres. Cordini y Saux manifestaron,
sucesivamente, que de acuerdo a lo que antecede corresponde rechazar los recursos
de nulidad y apelación interpuestos por la parte demandada, con costas a su cargo
(art. 251 CPCyC). Rechazar el recurso de apelación deducido por los actores, con
costas a su cargo (art. 251 CPCyC) y en consecuencia confirmar el fallo alzado.
A la tercera cuestión, el Dr. Genesio dijo:
Por similares razones a las expresadas al tratar la cuestión primera, me
abstengo de emitir opinión.
Por los fundamentos del acuerdo precedente, la SALA PRIMERA DE LA
CÁMARA DE APELACIÓN EN LO CIVIL Y COMERCIAL DE SANTA FE,
RESOLVIÓ: Rechazar los recursos de nulidad y apelación interpuestos por la parte
demandada, con costas a su cargo (art. 251 CPCyC). Rechazar el recurso de
apelación deducido por los actores, con costas a su cargo (art. 251 CPCyC) y en
consecuencia confirmar el fallo alzado. Los honorarios de alzada se liquidarán en la
proporción establecida en el artículo 19 de la ley 6767, oportunidad en que se
correrá vista a la Caja Forense.
Insértese, hágase saber, bajen.
CORDINI
SAUX
GENESIO
AMANDA B. de BULLRICH
(Secretaria)
Recurrentes: Dr. Roberto Cravero por la parte actora y Dr. Carlos A. Rabazzi por la
parte demandada y la citada en garantía.
Origen: Juzgado de Prim. Inst. de Distrito N° 11, en lo Civil, Comercial y del
Trabajo de la ciudad de San Jorge.
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