EVOLUCIÓN URBANA Y ACTIVIDAD ECONÓMICA EN LOS

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Jorge Juan EIROA GARCÍA
Ángel Luis MOLINA MOLINA
Jorge A. EIROA RODRÍGUEZ
José Luis ANDRÉS SARASA
Cayetano ESPEJO MARÍN
EVOLUCIÓN URBANA Y
ACTIVIDAD ECONÓMICA
EN LOS NÚCLEOS HISTÓRICOS
GRUPO DE INVESTIGACIÓN:
HISTORIA Y GEOGRAFÍA DEL URBANISMO
UNIVERSIDAD DE MURCIA
2002
Portada: Plaza del Arco (Caravaca de la Cruz)
© Jorge Juan EIROA GARCÍA
Ángel Luis MOLINA MOLINA
Jorge A. EIROA RODRÍGUEZ
José Luis ANDRÉS SARASA
Cayetano ESPEJO MARÍN
Servicio de Publicaciones de la Universidad de Murcia, 2002
I.S.B.N.: 84-8371-349-7
Depósito Legal: MU-2379-2002
Fotocomposición e impresión: Compobell, S.L. - Murcia
ÍNDICE
Sobre el origen del urbanismo y del modelo de vida urbana en el viejo y nuevo
mundo . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .
Jorge Juan Eiroa García
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Evolución urbana de Caravaca (siglo XIII-1850) . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .
Ángel Luis Molina Molina
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La fortaleza de Caravaca a finales de la Edad Media . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .
Jorge A. Eiroa Rodríguez
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Equipamiento comercial en pequeñas ciudades históricas. El caso del noroeste
murciano . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .
José Luis Andrés Sarasa
La industria en el noroeste de la Región de Murcia . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .
Cayetano Espejo Marín
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SOBRE EL ORIGEN DEL URBANISMO
Y DEL MODELO DE VIDA URBANA
EN EL VIEJO Y NUEVO MUNDO
JORGE JUAN EIROA GARCÍA
Universidad de Murcia
Cuando en 1989 publiqué «Urbanismo protohistórico de Murcia y el Sureste»
(EIROA: 1989), primer volumen de la serie «Urbanismo histórico del Sureste español»,
promovida por el Grupo de Investigación «Historia y geografía del urbanismo», de la
Universidad de Murcia, vertí en su capítulo introductorio «Urbanismo y vida urbana»,
algunos conceptos que, pasado el tiempo, se han ido sedimentando. La mayor parte
de las afirmaciones que hice entonces siguen manteniéndose, puesto que eran fruto
de reflexiones basadas en datos verificados que han experimentado pocas variaciones,
pero otras, especialmente las referidas al urbanismo americano, deben ser matizadas o
corregidas, a tenor de las experiencia de los últimos años, obtenidas en diversos viajes de
estudio y trabajo por diversos países de América Latina. Los trabajos realizados en Perú,
especialmente, me enfrentaron a múltiples y espléndidas evidencias de un urbanismo
prehispánico que hicieron cambiar drásticamente mis opiniones acerca del desarrollo
urbanístico de las sociedades protohistóricas americanas, inmersas desde finales del
Formativo en un dinámico proceso de urbanización de la sociedad que alcanzaría
su madurez con los Desarrollos Regionales y su apogeo a finales del período, con
la proliferación de verdaderas ciudades en plenitud del modelo urbano en la etapa
inmediatamente anterior a la conquista española, tanto en el ámbito maya y azteca de
México, como en las regiones ocupadas por mochicas, chinchas y chimues en Perú y
tiahuanacus y, por fin, incas, en Perú, norte de Chile, Bolivia y norte de Argentina
(EIROA, 1991, 1992 y 2002).
Debemos añadir a esto el hecho de que, en la última década, los descubrimientos de
nuevos yacimientos de todas las fases de la protohistoria del Sureste español analizadas
entonces, se han multiplicado de tal manera que hoy obligarían a redactar una nueva
visión del libro en su conjunto, matizando aspectos que afectarían a la comprensión del
urbanismo del Calcolítico, época argárica y, muy especialmente, Bronce final, donde los
hallazgos han sido muy importantes, con nuevos e impresionantes yacimientos indígenas,
como el gran poblado de Murviedro (Lorca), o el impresionante recinto semita amurallado
de La Fonteta (Guardamar de Segura), que ponen de manifiesto un poblamiento, indígena
y colonial, mucho más importante de lo que entonces éramos capaces de imaginar.
Con todo, la aparición y desarrollo de la vida urbana, como resultado de un brillante
proceso de evolución social que casi inmediatamente tuvo enormes consecuencias, sigue
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JORGE JUAN EIROA GARCÍA
apareciendo ante nosotros como uno de los momentos estelares de la historia humana, ya
que trajo consigo la configuración y posterior consolidación de un modelo de sociedad
capaz de concebir sus relaciones internas, y aún sus relaciones con el medio, desde un
punto de vista más racional y fructífero que supuso un gigantesco paso en la ascensión
de la cultura.
Los antecedentes de este proceso, a modo de paso previo al urbanismo y a la vida
urbana, hay que buscarlo en aquellos momentos y lugares en los que el hombre, bajo
el incentivo de sus necesidades y del medio, fue consciente de las ventajas que suponía
la vida en comunidad, una vez resuelto el problema de la subsistencia con la obtención
de los alimentos básicos.
Este parece ser, según la mayoría de los estudiosos del tema, la condición previa
a cualquier proceso de sedentarización duradera sobre el terreno, lo cual no implica
forzosamente agricultura y ganadería desarrolladas, sino unos medios estables y seguros
de obtención de alimentos que bien podían basarse en los recursos ofrecidos naturalmente
por el medio. De hecho, en algunas de las primeras aldeas no existen evidencias de una
economía de producción agropecuaria sino hasta una fase avanzada.
La sedentarización sobre un terreno bien elegido, en el que el grupo pudiera construir
sus cabañas, a veces defendidas con obras complementarias, cerca de las tierras de cultivo
y de los terrenos de caza, pesca y recolección, supuso un avance definitivo e indispensable
para el ulterior desarrollo de la comunidad. Este fenómeno ocurrió en diversas partes
de mundo, con las lógicas diferencias que imponían los condicionamientos geográficos,
climáticos y culturales, pero, en definitiva, con un resultado que guarda muchas
similitudes.
El crecimiento de estas primeras aldeas fue ampliando el intercambio de estímulos
y respuestas culturales entre el medio y los grupos humanos, en un proceso bastante
complejo en el que hubo etapas realmente críticas, pero pocos retrocesos, porque una
vez iniciado cualquier regresión habría significado, muy posiblemente, la desaparición
del grupo.
La vida en comunidad respondía a una necesidad humana y en ella había muchas
más ventajas que inconvenientes. La seguridad personal, el desarrollo de funciones
especializadas que cubrían diversas necesidades, la garantía de la defensa, la diversidad
de la vida en común, el reconocimiento de una autoridad, el control de un territorio...
etc. Aunque junto a esto existían también algunos inconvenientes, como: el incremento
de la población y, en consecuencia, la necesidad de mayor producción de alimentos, el
belicismo, la obligatoriedad de prestar determinados servicios públicos... etc.
Estos primeros núcleos de población aparecieron a lo largo del Neolítico en Asia
occidental, especialmente en el Creciente Fértil, y fueron propagándose, mediante
complejos procesos de difusión, hacia otras zonas del Viejo Mundo, incluida Europa,
adaptándose a las condiciones ambientales de cada área y a las necesidades específicas
de cada comunidad. Algo similar, aunque con notables diferencias, ocurrió en el Nuevo
Mundo.
De la aldea neolítica de carácter esencialmente agropecuario, en la que es prácticamente imposible apreciar las premisas fundamentales para que exista una verdadera vida
urbana, a las primeras ciudades en las que se centralizaban actividades de diversa índole
SOBRE EL ORIGEN DEL URBANISMO Y DEL MODELO DE VIDA URBANA EN EL VIEJO Y NUEVO MUNDO
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y en las que ya podemos ver un modelo de vida urbana desarrollado, hay sólo un
paso, pero tan difícil de definir que es precisamente aquí donde se centra el estudio del
proceso. Llegar a saber cuales fueron los motivos que provocaron tan rápidos cambios,
cuáles las condiciones previas, los mecanismos que promovieron las transformaciones
administrativas, cómo y por qué apareció el Estado y su complicada maquinaria de
control, cuándo las categorías sociales... en fin, cuándo la ciudad deja atrás a la aldea
neolítica y se convierte en «centro urbano», es el objetivo de nuestra atención. A veces es
difícil llegar a saber qué orden de sucesión tuvieron los acontecimientos: qué fue antes, la
escritura o la burocracia, o si es la escritura la que origina la burocracia, o la burocracia
la que, como elemento de control, inventa la escritura. Muchas preguntas como estas
permanecen aún sin respuestas definitivas (y quizás nunca las tengan), ya que a la
dificultad de su análisis debe añadirse la de que el proceso no fue igual en todas
partes ni aconteció en el mismo momento, y al ser un hecho plural y diacrónico, los
problemas adquieren a veces una particular complejidad que tiene mucho que ver con las
áreas geográficas, con la situación de los núcleos difusores y receptores y con factores
determinantes de todo tipo.
Aunque el conocimiento de este proceso ha suscitado el interés de los investigadores
desde hace años, deseosos de conocer este espectacular fenómeno histórico, la investigación se ha multiplicado desde la década de los setenta, centrándose sobre todo en aspectos
parciales como la demografía, los medios de producción, el desarrollo del comercio, la
expansión de los centros de población y el urbanismo físico... etc., con el fin de lograr
una mayor comprensión de los detalles que puedan conducir a una visión de conjunto
más amplia y esclarecedora.
Sin embargo, aún no ha concluido el debate sobre el concepto de vida urbana y
urbanismo, en el que están implicados la mayoría de los que hoy estudian el proceso de
urbanización de la sociedad. La polémica alcanza un elevado grado de interés cuando
se encentra en el momento histórico en el que aparecen sus primeras manifestaciones,
precisamente en ese período crítico en el que los grupos sociales están a punto de cruzar
el límite, a veces muy sutil, entre la vida preurbana y el urbanismo claramente perceptible,
casi siempre en la línea divisoria entre la Prehistoria y la Protohistoria.
En Europa y desde los estudios señeros de V. Gordon Childe, se ha ido acentuando el
interés por la aparición del urbanismo en la plenitud de los tiempos prehistóricos, hasta
el punto de que en los últimos años ha provocado no sólo un considerable aumento de
especialistas en el tema, sino una preocupación que afecta incluso a la planificación y
orientación de los trabajos arqueológicos de campo, en los que es frecuente encontrar el
estudio urbanístico como uno de los objetivos programados, dada su importancia para
explicar no pocos aspectos de las sociedades objeto de estudio.
En España, el interés por el fenómeno urbano histórico ha sido semejante y, tras
una primera etapa de estudios analíticos de los aspectos físicos del urbanismo, se ha
entrado recientemente en una fase en la que los investigadores pretenden penetrar
en el conocimiento, más pormenorizado y profundo, de aspectos conceptuales que,
desde el punto de vista del análisis de la cultura, puedan explicarnos el desarrollo
de un proceso ciertamente espectacular, pero no exento de ciertas dificultades de
interpretación.
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JORGE JUAN EIROA GARCÍA
Casi todos estos estudios han abordado la cuestión del urbanismo desde diferentes
posiciones conceptuales, ya que ésta puede ser analizada desde el punto de vista de la
historia, la política, la geografía, la economía... etc., puesto que la sociedad urbana es,
esencialmente, plural y ofrece tantas facetas como las que tiene la propia vida de los
seres humanos que la configuran. Chueca Goitia ha dicho que « todo aquello que al
hombre le afecta, afecta a la ciudad» (CHUECA, 1974,8) y esta afirmación encierra
una verdad axiomática.
En nuestro caso creemos necesario enfrentarnos al primer urbanismo de nuestra
historia desde dos puntos de vista que, aunque metodológicamente puedan parecer bien
diferenciados, resultan complementarios a la postre: en primer lugar, desde el punto de
vista conceptual, que requiere un análisis histórico de las condiciones que favorecieron
la implantación de la vida urbana en el ámbito peninsular; después, desde el análisis del
urbanismo físico, que define el espacio habitado de las sociedades e indica su adecuación
a determinada forma de vida. En ambos casos «lo urbano» se presenta como un fenómeno
histórico que nos indica una cierta forma de adscripción a determinados modelos vitales
y, en última instancia, revelará cómo los grupos humanos han ido configurando un
camino de perfeccionamiento en sus relaciones y en su forma de integración al medio,
utilizando sus recursos en beneficio propio.
De esta forma, debemos diferenciar con claridad, por un lado, lo que es el urbanismo
como forma de vida, a la que se accede desde fases previas bien definidas culturalmente
y una vez logrado cierto nivel de desarrollo que puede apreciarse en aspectos como la
especialización de funciones, división del trabajo, jerarquización social, existencia de
excedentes de producción, obras corporativas... etc.; y por otro, el urbanismo físico, es
decir, la estructura de la urbe como expresión material del modelo de vida urbano. Ambos
aspectos están estrechamente ligados, ya que no puede existir urbanismo material si no
se ha accedido previamente al adecuado nivel urbano. Y queda, por fin, otra cuestión
por aclarar: también denominamos «urbanismo» a una disciplina científica autónoma que
surge como fruto de un debate crítico a la construcción de la ciudad contemporánea,
desde finales del siglo XIX. El término lo usaremos aquí, normalmente, en sus dos
primeras acepciones.
A partir de los estudios de Childe, se han propuesto distintos modelos que tratan de
explicar el nacimiento de la vida urbana y, como consecuencia de ésta, el origen del
Estado. De entre los modelos más destacados, mencionaremos:
1. El modelo de V.G. Childe
La producción intensiva de alimentos y la existencia de excedentes de
producción concentrados generan una clase dominante y un Estado represivo.
2. El modelo hidráulico
K.Wittfogel: El urbanismo y el Estado aparecen como consecuencia de la
organización del riego a gran escala, bajo el control de una clase dominante.
SOBRE EL ORIGEN DEL URBANISMO Y DEL MODELO DE VIDA URBANA EN EL VIEJO Y NUEVO MUNDO
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3. Los modelos demográfico y bélico (o del conflicto)
Robert Carneiro: El aumento progresivo de la población provocó constantes
conflictos. La lucha y la conquista bélica establecieron relaciones de súbditos
y vasallos (de dominadores y dominados) y aumentó el grado de complejidad
social, propiciando la centralización del poder.
4. El modelo de la jerarquización administrativa
Wright y Johnson: El modelo urbano estatal nace de la aparición de instituciones gubernamentales centralizadas, con funciones administrativas especializadas, divididas en varios niveles jerárquicos.
5. El modelo multivariante
Robert M. Adams: El modelo urbano es el resultado de múltiples variantes que
interactúan, en medio de un proceso en el que el medio (el entorno) desempeña
un papel preponderante.
6. El modelo de intercambio
C. Renfrew: El intercambio y la redistribución de excedentes hacer surgir
módulos centrales donde se jerarquiza el poder, apoyándose en instituciones.
También actúa una retroalimentación entre los módulos centrales y los
secundarios.
7. El modelo del control de la producción y la redistribución
F. Hole: Los excedentes de producción y su redistribución hicieron nacer las
clases dominantes que controlaron los recursos y el poder. La organización de
la producción y la redistribución propició la aparición de un jefe o institución
para controlar el proceso.
8. El modelo (europeo) del comercio
P. Wells: El desarrollo del comercio, una vez superada la economía de
subsistencia, hizo nacer el modelo urbano y el Estado en la Europa bárbara.
1. EL MODELO DE GORDON CHILDE
A partir de la publicación de los trabajos de Gordon Childe, sobre todo entre 1930
y 1958, los prehistoriadores y arqueólogos se han apoyado con frecuencia en sus
rasgos diagnósticos para definir lo que era una ciudad en el origen de la historia y así
diferenciarla con claridad de una aldea, un pueblo u otro tipo de asentamiento (CHILDE,
1950). Para el arqueólogo australiano la «revolución urbana», entendida no tanto como
una transformación rápida y brutal, al estilo de la definición de Crane Brinton, sino como
una «culminación de cambios progresivos en la estructura económica y la organización
social de las comunidades, que producen o se ven acompañados de significativos
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JORGE JUAN EIROA GARCÍA
Lámina I. La formación económica y social, según las tesis marxistas.
SOBRE EL ORIGEN DEL URBANISMO Y DEL MODELO DE VIDA URBANA EN EL VIEJO Y NUEVO MUNDO
Lámina II. El Estado en el materialismo histórico.
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JORGE JUAN EIROA GARCÍA
Lámina III. La estructura interna de la sociedad, según C. Marx.
incrementos de población» era la entrada a la civilización y a su sombra se configuraban
otras características de importancia, de manera que de aquel proceso emanaban avances
decisivos para la sociedad. Entendía Childe que la producción intensiva de alimentos para
el grupo y la existencia de excedentes de producción concentrados generaban una clase
dominante y un Estado (que él entendía represivo, siguiendo la teoría marxista de la lucha
de clases expuesta por Morgan, Marx y Engels, aunque con importantes modificaciones)
para coordinarlo y controlarlo (CHILDE, 1936). Luego, la concentración de la población,
la existencia de artesanos especializados, el régimen tributario, los edificios públicos
monumentales, la escritura como instrumento al servicio de la burocracia y el gran
comercio, definían la esencia de la ciudad, paradigma de la vida urbana y exponente
del nuevo mundo civilizado. De esta forma quedaban superadas las fases de salvajismo
paleolítico, barbarie neolítica y barbarie superior de la Edad del Cobre (CHILDE,
1942). Childe subraya de forma especial el carácter social más que tecnológico, de la
revolución urbana. A las minorías gobernantes en las primeras ciudades de Mesopotamia,
las considera como los promotores de masivos sistemas de almacenamiento en los que se
acumulaban los excedentes de la producción agrícola, así como garantes de la paz interna,
minimizadores de la frecuencia de la guerra externa, propiciadores de la producción y,
por lo tanto, fomentadores del incremento de la población (CHILDE, 1942, 123). Pero el
autor advirtió que centraba estas características en los núcleos desarrollados del Próximo
Oriente, en el viejo mundo, y no eran extrapolables al resto.
Sin embargo, tal vez no sea conveniente deducir de las ideas de Childe que la
civilización es causa directa del proceso de urbanización, o de la «revolución urbana», ya
que en el discurso childeano la equiparación entre urbanización, Estado y estratificación
resulta más que discutible, como expuso E.Service (SERVICE, 1975, 304).
2. EL MODELO HIDRÁULICO
En una línea semejante se pronunciaba Karl Wittfogel cuando, también desde una
óptica marxista, justificaba la aparición de la vida urbana como consecuencia de la
práctica del riego a gran escala, mediante un sistema artificial construido por el conjunto
SOBRE EL ORIGEN DEL URBANISMO Y DEL MODELO DE VIDA URBANA EN EL VIEJO Y NUEVO MUNDO
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de la población bajo el control de la clase dominante. La «teoría del riego» valora el
carácter despótico del Estado centralizado, de acuerdo con las necesidades del sistema
de producción (WITTFOGEL, 1957). Pero diversos autores han hallado algunos motivos
para rechazar la teoría (WOODBURY, 1961).
Karl Wittfogel, Steward y otros estudiosos propusieron, desde 1949, que los sistemas
de riego a gran escala pudieran haber actuado como incentivos al impulso social de
cooperación, con la participación de gran número de individuos, propiciando, a su vez,
la complejidad social que terminaría desembocando en la formación de un sistema
estatal.
En 1968 Sanders aplicó esta tesis a ciertas áreas de Mesoamérica, modificando
parcialmente sus tesis anteriores. Sin embargo, se conocen diversos casos donde un
proceso semejante sobre el control centralizado sobre el riego no llevó a la organización
de instituciones estatales ni a la urbanización de la sociedad, como vemos en Bali,
por ejemplo.
La idea de Wittfogel parte del estudio de algunos períodos de la historia de China
y fueron sus discípulos y seguidores los que posteriormente la aplicaron a otras áreas
culturales del Viejo y del Nuevo Mundo. El concepto básico es el de «sociedad
hidráulica: es decir, una organización agraria en la que las obras de riego (con propósitos
productivos y de protección) y otras construcciones (de comunicación, defensa, servicio,
etc.) son administradas por un gobierno fuerte» (WITFFOGEL 1974), cuya eficacia
se sustenta en la capacidad de organizar y controlar una gran fuerza de trabajo para
la construcción y mantenimiento de las obras, así como la distribución de agua a las
tierras irrigadas.
La sociedad hidráulica, a través de recursos «despóticos» que afectarían tanto a los
aspectos ideológicos como a los físicos, presentaría pronto una tendencia a adoptar
una organización de tipo estatal, apareciendo el Estado como el sistema político más
eficaz para integrar los patrones formales de autoridad que requieren las tareas de la
organización del riego, de la producción agrícola y, en definitiva, de la estructuración
de un sistema de producción basado en estos aspectos (SANDERS Y PRICE 1968).
Esto no elimina la posibilidad de que en algunas áreas, muy especialmente en América
precolombina, emergieran también sociedades hidráulicas que nunca llegaron a tener
una organización estatal (por ejemplo, los cacicazgos) y no llegaran a desarrollar un
verdadero modelo urbano.
Esta propuesta fue inmediatamente criticada por un amplio sector de investigadores,
que vieron en ella la pretensión de presentar como indiscutible un esquema de dinámica
temporal en una forma claramente ahistórica. Estas críticas se centraron en varios aspectos
específicos, entre los que se resaltaban: las citas de áreas de las que no se precisaba la
cronología histórica de los hechos a los que se refería el argumento; o a no ser el proceso
diacrónico; o a una marcada tendencia a fragmentar la información, de tal manera que no
se podían conocer los detalles históricos precisos de cada caso.
Millon estudió en 1962 siete sistemas de riego a pequeña escala en grupos actuales,
llegando a la conclusión de que no existía una relación clara entre el grado de
centralización de la autoridad y su tendencia hacia la organización de tipo estatal y el
tamaño del sistema de irrigación o el de la población que sostenía.
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JORGE JUAN EIROA GARCÍA
En lo referente al «conflicto» desencadenado por el control de los recursos hidráulicos,
parece evidente que no siempre la competencia por el agua causa conflictos, ya que,
sabemos a través de numerosos paralelismos etnográficos, que sociedades que dependen
de un sistema común de riego tienen pueden evitar enfrentamientos o conflictos y, en
ocasiones, llegar a situaciones de cooperación para la producción de alimentos o para la
construcción de infraestructuras que ayuden a perfeccionar el sistema.
Witffogel y Steward vieron en los estados de Mesopotamia los ejemplos más claros
de «sociedades hidráulicas compactas, simples y estatales» (STEWARD 1952), mientras
algunos de sus seguidores se buscaron los rasgos diagnósticos que pudieran definir a
las sociedades hidráulicas por antonomasia, centrando la cuestión en la especificidad de
los canales de riego. Se desarrollaron entonces importantes proyectos de prospección
en superficie, especialmente en la llanura central y en el sur de Mesopotamia (Diyala,
Akkad, el centro de Sumer y el área de Uruk-Warka), con el propósito de analizar la
relación existente entre la presencia de vestigios hidráulicos y el momento de la aparición
del «Estado» y de los modelos de sociedades urbanas.
Después de años de investigación, Robert Adams llegó a la conclusión de que, en
Mesopotamia, el estado antecede en mucho (quizá en un milenio) a las grandes redes
hidráulicas que establecen estructuras políticas definidas por Wittfogel como hidráulicas
(ADAMS 1965:41), ya que las evidencias arqueológicas disponibles de elementos
hidráulicos anteriores a mediados del tercer milenio a. de J.C. son tan escasas y discutibles
que resultan irrelevantes.
Los registros administrativos de mediados del tercer milenio a. de J.C. indican que
la población dependía principalmente del cultivo extensivo bajo rotación, alternando
periodos de barbecho con cosechas de leguminosas. El riego a pequeña escala constituía
una parte subsidiaria de una red interdependiente de técnicas de subsistencia y relaciones
económicas y éste no puede aislarse como un agente causal.
En España las tesis hidráulicas han sido aplicadas por Robert Chapman, Gilman y
Thornes, sobre yacimientos del Calcolítico y la Edad del Bronce, con resultados muy
discutibles, debido, sobre todo, a la ausencia de evidencias arqueológicas claras que
puedan sostenerlo.
Estos autores creen que el clima era tan árido como en la actualidad, de manera que la
práctica de la agricultura de irrigación junto a los lechos de las ramblas habría constituido
una necesidad ineludible para la supervivencia de las comunidades. En cambio, desde
la consideración de un medio más húmedo que el actual (Lull, Ramos Millán, Lomba,
Eiroa), se ha sugerido la práctica de un régimen de secano con cosechas alternas de
cereales y leguminosas. Molina, basándose en datos faunísticos y palinológicos, entiende
que hubo un deterioro del clima y la cobertura vegetal, a partir del III milenio, hasta
abocar en la situación desértica actual (menos de 200 mm de lluvia anuales en las zonas
más bajas, inmediatas a la costa).
No obstante, a partir de las evidencias paleoecológicas disponibles no es posible
demostrar concluyentemente si el clima era similar al actual o si era más húmedo.
La importancia de esta polémica reside en el papel que llega a atribuirse al control
del agua como desencadenante de los cambios económicos y sociales atestiguados por
entonces en la zona.
SOBRE EL ORIGEN DEL URBANISMO Y DEL MODELO DE VIDA URBANA EN EL VIEJO Y NUEVO MUNDO
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Sin embargo, ambas propuestas no tienen porqué ser excluyentes, pues cabe imaginar
sistemas agrícolas que combinen regadío y secano, como ha propuesto Chapman. El
problema podrá aclararse con análisis paleoeconómicos y paleoecológicos sobre las
parcelas cultivadas y sobre la dieta de la población.
3. «LOS MODELOS DEMOGRÁFICO Y BÉLICO»
Ambos modelos se tratan en un mismo apartado, puesto que siempre aparecen
íntimamente relacionados, ya sea explícita o implícitamente. Uno de sus grandes
defensores es Robert Carneiro (1970), que propone que el aumento progresivo de la
población provocaría constantes conflictos debido a la competencia por terrenos aptos
para labores agrícolas, zonas de recolección, caza o pesca (creando así presión sobre los
recursos ya limitados). La consecuencia final, tras un período de constantes fricciones,
sería la conquista de unos grupos por otros, estableciéndose una relación de tipo tributario
entre vencedor y vencido. Estos mecanismos aumentarían progresivamente el tamaño de
las unidades políticas, así como el grado de complejidad y centralización, desembocando
finalmente en una organización de tipo estatal.
En Mesopotamia se han definido al menos tres ejemplos que pretenden apoyar esta
hipótesis. Cuyler Young (1972), basándose en los trabajos de Boserup (1965) y Carneiro
(1970) considera Mesopotamia como una unidad geográfica relativamente definida, que
Lámina IV. El origen del Estado, según R. Carneiro.
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JORGE JUAN EIROA GARCÍA
entre 6000 y 4500 a. de J.C. (con su punto álgido en la Fase de El Obeid II, hacia 4.900 a.
de J.C.) triplicaría su población, provocando una considerable presión demográfica sobre
los recursos, obligando a una intensificación del uso de la tierra y a la migración de una
parte de la población hacia zonas marginales. Posteriormente, durante el período Uruk
o período Protoliterario (3500 – 3100 a. de J.C.) se abandonarían las áreas marginales
creándose nuevos núcleos humanos de fácil defensa, que desempeñarían el papel de
«zonas de amortiguamiento, entre las áreas más intensamente pobladas. Así, el urbanismo
aparece como el medio de organización y control de esa creciente población, siendo el
móvil de la nueva estructura económica y política, así como de la mano de obra para el
trabajo, en el contexto de estructuras sociales fuertemente jerarquizadas.
McGuire Gibson (1973:458-460), tras sus estudios sobre Uruk, Nippur y Kish,
propone una variantes de este modelo. Considera que el aumento de la población depende,
en gran medida, de la capacidad productividad de la tierra. El crecimiento demográfico
constituye el índice principal, pero considera que el abandono del cauce oriental del
Eúfrates hace que la población se desplace hacia las tierras más occidentales situadas
en las proximidades del nuevo cauce, lo que se convierte en un factor determinante en
el proceso de urbanización de Mesopotamia. Este desplazamiento tiende a concentrar a
la población, lo que obligará a buscar mayores recursos y a intensificar la producción
agrícola, complicando la red económica y los recursos administrativos de la sociedad.
Sin embargo, los grandes núcleos de población terminan presentando complicaciones
para su gobierno e inician una clara tendencia a atomizarse en pequeñas aldeas de
carácter agropecuario, dispersas por el territorio, provocando un aumento demográfico,
la intensificación de los intercambios y el desarrollo de un artesanado especializado. La
competencia por tierra y los bienes se hace entonces cada vez mayor y los conflictos
armados aparecen, como una solución habitual para dirimir los litigios entre ciudades
estado, ya que no era posible perpetuar los movimientos migratorios, sobre todo tras
agotarse las posibilidades de disponer de nuevas tierras.
4. EL MODELO DE LA JERARQUÍA ADMINISTRATIVA
H.T. Wright y G.A. Johnson (1975) propusieron un esquema para explicar el origen
de la vida urbana y del Estado, basado en sus estudios en el Khuzistán. Según estos
autores, en el proceso estaría involucrado el surgimiento de instituciones gubernamentales
centralizadas, con funciones administrativas especializadas en la toma de decisiones,
lo cual implicaría la presencia de tres o más niveles en una jerarquía de control para
ser consideradas estatales. Los indicadores serían: 1.- la supremacía jerárquica de unos
asentamientos sobre otros y 2.- el uso de cierta tecnología en la administración.
También Robert Adams (1972:62-63) propuso un modelo particular basado en
la complejidad administrativa. Adams comparte el esquema básico de los modelos
anteriores, pero considera que los efectos de dicho proceso deben analizarse no
sólo a nivel intercomunal (como el creciente énfasis en hostilidades de tipo bélico,
que propiciarían la aparición de ciudades-estado amuralladas), sino también a nivel
intracomunal, es decir, modificando la estratificación social, que favorecería, con el
tiempo, la aparición de superestructuras estatales.
SOBRE EL ORIGEN DEL URBANISMO Y DEL MODELO DE VIDA URBANA EN EL VIEJO Y NUEVO MUNDO
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Frank Hole (1974:277) destaca que hay evidencias históricas de conflictos bélicos por
lo menos hasta 2500 a. C., es decir, varios siglos después de haber finalizado el proceso
de formación de los estados. E. Service (1975: 304-308) también ha destacado que las
evidencias de conflictos violentos están presentes, de forma más o menos esporádica,
durante todo el proceso, destacando que hay dos tipos de conflictos a lo largo del
período: por un lado, los enfrentamientos entre vecinos rivales, en los que una ciudad
vence a otra después de una disputa por fronteras; y por otro, los enfrentamientos entre
grupos sedentarios y nómadas. El militarismo sistemático de un estado expansionista se
contempla desde otra perspectiva diferente, ya que requiere modelos de organización
superiores y una infraestructura muy desarrollada, evidente sólo desde el Periodo Acadio
en adelante, cuando ya estaríamos ante un modelo plenamente estatal.
Desde la perspectiva de la demografía, el aspecto más complejo es el hallazgo de
evidencias arqueológicas que respalden las propuestas de sus promotores, ya que, por lo
general, éstos se han apoyado en prospecciones regionales de superficie y en el estudio
de los materiales arqueológicos hallados sobre el terreno, que ha servido para adscribir
los yacimientos a determinados períodos, apoyándose sobre todo en la tipología
de los materiales. Una vez definida la cronología del asentamiento, se calculó su
población estimada en relación con el área de distribución de los restos arqueológicos,
fundamentalmente la cerámica. Los posibles cambios en el «patrón de asentamiento»
se explicaban mediante el número de asentamientos adscritos a cada período. Pero
al no desarrollarse verdaderas excavaciones arqueológicas, la cronología resultaba
demasiado imprecisa y existían demasiados inconvenientes para demostrar la supuesta
contemporaneidad de los yacimientos asignados a un periodo concreto. Esto ha hecho
que diversos autores hayan considerado que la forma en que se ha tratado de ver la
correspondencia de este modelo con la información particular de Mesopotamia no es
la correcta.
5. EL MODELO MULTIVARIANTE
M. Fried, en un complejo y elaborado análisis, puso de manifiesto la importancia del
proceso de la estratificación social y de jerarquización de la población en la formación de
los grupos urbanizados y la aparición de los estados (FRIED, 1967).
En este mismo sentido incidió Adams, desde el principio de sus estudios, aunque
partiendo de la base de que las ciudades, para el autor británico, no son el resultado
de ninguna ley predecible y determinada, sino de varios factores confluyentes. Adams
pretende corregir algunos aspectos de la teoría de Childe (y, por añadidura, de Morgan)
y se apoya en el proceso del incremento de la estratificación social afirmando que los
derechos de propiedad sólo fueron una expresión de un sistema de relaciones sociales
estratificado, que es, en cierto modo, el fundamento de una sociedad política (ADAMS,
1966, 80). Entiende Adams que para explicar el nacimiento de la vida urbana no sólo
hay que contemplar la capacidad que una sociedad tiene para prever la producción de
alimento, sino el conjunto de innovaciones políticas y económicas que permitan al grupo,
especialmente a los artesanos que no producen alimentos, sobrevivir alimentándose de
los productos obtenidos por agricultores y ganaderos.
20
JORGE JUAN EIROA GARCÍA
Para Adams las clases sociales fueron «grados objetivamente diferenciados de acceso
a los medios de producción de la sociedad», aunque sin conciencia de clase (ADAMS,
1966, 79) y cree que las primeras entidades urbanas de Mesopotamia se organizaron
en «clanes cónicos» (en los que prevalece una cierta forma de parentesco), ofreciendo
un modelo de pirámide social en la que algunos esclavos y siervos, la gran masa de la
población y el campesinado aparecen en la base, superponiéndose a ellos los artesanos,
las familias aristocráticas y, por fin, la nobleza y los príncipes. No obstante, Adams no
ignora otros factores. Así, cuando afirma que «la aparición y desarrollo de la ciudad no
fue definido en Mesopotamia por la peculiar mentalidad del pueblo sumerio, sino por el
carácter físico de Summer», le está dando valor al entorno, es decir, al medio (ADAMS,
1966, 95 y ss.). Este mismo valor del medio aparece contemplado en otros investigadores
recientes, como C. Wissler, que cree que el entorno ejerce un determinado tipo de
influencias sobre el fenómeno cultural, sobre todo orientado hacia el desarrollo de la
producción de alimentos (WISSLER, 1931) y P. Wheattley, que ha valorado el ámbito
físico junto a otros aspectos, sobre todo de tipo económico y social (WHEATTLEY,
1971).
El punto de vista de Adams (1966) acerca de la formación temprana del estado es
un ejemplo de la teoría según la cual muchas variables se combinan para interactuar.
Adams compara a Mesoamérica con el Cercano Oriente y encuentra en ambos casos un
desarrollo muy similar, que se representaría como una sucesión de tres fases: teocrática,
militar y política. El gran número de diferencias parece conjuntarse en forma satisfactoria
si suponemos el siguiente proceso: Diversas formas de subsistencia (pastoreo, recolección,
riego y cultivo) llevaron al aumento en la redistribución, así como a grandes diferencias
en cuanto a riqueza, principalmente porque esta última forma resultaba en la aparición
de otros productos y altas concentraciones de la producción de las tierras fértiles. La
guerra produjo la génesis de los guerreros y proporcionó labor esclava. Parte de esta
labor aceleró la tendencia hacia la especialización artesanal, la cual requería mayor
redistribución y, por ende, administración. La creciente diferenciación en la riqueza, así
como entre los guerreros y la gente «común» llevó a la jerarquización social. Todos estos
procesos generaron la formación del estado.
Otros especialistas, como R. Carneiro, M. Webb y E. Boserup, se han apoyado en tesis
de tipo etnológico, poniendo énfasis en aspectos que pudieron ejercer diversas influencias
en el proceso de urbanización de la sociedad, como la circunscripción geográfica, la
guerra y la conquista, la expansión demográfica... etc.
Buenos ejemplos de lo anterior son los enfoques de Cohen y Claessen sobre
la formación temprana del estado». Estos investigadores delinean diversas etapas de
desarrollo social por las que deben pasar las sociedades con el fin de alcanzar el nivel de
«estado», pero se dejan abiertos los mecanismos que ocasionan los cambios en cuestión,
los cuales varían de caso a caso (COHEN 1978, 1981; CLAESSEN Y SKAINIK 1978,
ETC.). Este enfoque es una aplicación directa de los modelos evolucionistas multilineales
de Steward (1955), Service (1971, 1975) y Fried (1967).
SOBRE EL ORIGEN DEL URBANISMO Y DEL MODELO DE VIDA URBANA EN EL VIEJO Y NUEVO MUNDO
21
6. EL MODELO DEL INTERCAMBIO
Colin Renfrew (1975), basándose en sus estudios en las islas Cícladas entre el
Neolítico y los inicios de la Edad del Bronce, centrándose sobre todo en el Calcolítico,
propuso varios modelos que intentaban explicar el papel del intercambio (fase previa
al verdadero comercio) en el proceso de organización interna y complejidad social y
administrativa de una «civilización», hasta desembocar en el origen del estado. Partiendo
de un «lugar central», como punto principal desde donde se desarrolla el intercambio,
y manejando el concepto de «módulo estatal temprano» como una unidad territorial
autónoma, presenta los elementos organizativos que propiciarían la aparición de los
núcleos centrales, estableciendo una clara diferencia entre un cacicazgo y un estado
propiamente dicho, utilizando el criterio de continuidad y permanencia de las localidades
centrales. La aparición de estos núcleos centrales permanentes sería el primer paso en el
proceso de formación de los estados, base de las entidades históricas «civilizadas».
Renfrew establece tres niveles en el modelo de relaciones: el intercambio interno en
el seno de cada módulo, en el que la actividad predominante sería la de jugar un papel
como centro de redistribución; el intermedio, mediante una actuación de reciprocidad
destinada al mantenimiento de la uniformidad entre los módulos estatales, logrando un
cierto equilibrio entre ellos; y por fin, el intercambio a larga distancia entre los módulos y
otras entidades de áreas más alejadas, fuera del medio en el que ellos se desarrollan.
Renfrew aclara que varios subsistemas de un sistema cultural podían operar
independientemente de una manera más o menos estable, sin generar crecimiento alguno
en la complejidad de la escala a la que con frecuencia nos referimos cuando hablamos
de «estados tempranos». Él insiste en que el inicio «no es generado por la existencia
Lámina V. Tabla de subsistemas, de C. Renfrew.
Lámina VI. Yacimientos y lugares de Mesoppotamia y Próximo Oriente, citados en el texto.
22
JORGE JUAN EIROA GARCÍA
SOBRE EL ORIGEN DEL URBANISMO Y DEL MODELO DE VIDA URBANA EN EL VIEJO Y NUEVO MUNDO
23
de dichos subsistemas en sí, sino por una interacción positiva de retroalimentación entre
dos o más de los subsistemas en cuestión». El marco cultural en el que C. Renfrew
ha trabajado, el Egeo y las Cícladas, ofrecían especiales condiciones para este tipo
de estudio, tanto por la proximidad geográfica entre las distintas entidades estudiadas,
como por la relativa homogeneidad de evidencias arqueológicas que podían sostener
sus afirmaciones. En todo este proceso desempeñó un papel importante la explotación
sistemática de los productos agrícolas, especialmente la vid y el olivo, que incentivaron
el intercambio, promoviendo una auténtico proceso de «retroalimentación», que sirvió
para dinamizar el proceso.
7. «EL MODELO DE LA PRODUCCIÓN CONTROLADA Y LOS PROCESOS
DE REDISTRIBUCIÓN»
La propuesta de este modelo parte de las ideas de V. Gordon Childe y se basa en la
idea de que la ciudad surge a partir del crecimiento progresivo de los habitantes de una
comunidad, apoyado en la acumulación de un excedente social, fruto de un sistema de
producción controlado, así como de su redistribución, a partir de un centro desarrollado.
La población de los primeros centros urbanos representa una nueva forma de organización
social y económica, con la presencia de un grupo de especialistas de tiempo completo en
actividades diversas (CHILDE 1964: 29-30). Es en Mesopotamia donde se aprecia por
primera vez la existencia de un sistema de producción con excedentes que sobrepasan las
necesidades básicas de los habitantes de la urbe y de las aldeas subsidiarias circundantes.
Esta situación permitiría el mantenimiento de nuevas clases económicas, que muy pronto
se alzarían con prerrogativas especiales sobre los recursos productivos principales,
incentivando el proceso de estratificación social y la aparición de nuevas categorías
sociales que se dedicarían al intercambio de mercancías, así como a su redistribución
desde el lugar central, lo que, con el tiempo, generaría nuevas formas institucionalizadas
y mecanismos adecuados para concentrar y redistribuir los excedentes de producción,
controlando tanto los mecanismos económicos como las rutas a través de las cuales
se redistribuirían los excedentes. El inevitable paso siguiente sería la aparición de una
minoría dominante que se adueñaría de los resortes de la autoridad absoluta.
En sus estudios sobre el origen de la civilización en Mesopotamia, Frank Hole (1974)
también señala que con el sedentarismo los habitantes de la zona se centraron cada vez
más en asegurar una producción agropecuaria suficiente, a pesar de tener que renunciar
a la variedad dietética y la movilidad de su anterior carácter de bandas itinerantes. Esta
nueva situación les obligó también a intercambiar los bienes que producían por otros
que no podían producir localmente, con la consiguiente merma de su autosuficiencia.
Las características del territorio, variado y desigual en recursos, propiciaría una cierta
especialización de las comunidades, que producirían así bienes diversos, con lo que se
hacía imprescindible el intercambio. Así surgió la necesidad de una organización que
controlara la producción y la redistribución de los productos, así como el ascenso de
minorías que se alzaran con el poder a través de instituciones reconocidas, como los
templos o los palacios, que representan dos grados o niveles distintos de organización, en
dos etapas evolutivas en las que, por el momento, parece que tiene prioridad el templo.
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JORGE JUAN EIROA GARCÍA
H.T. Wright y G.A. Johnson (1975) aprecian en Mesopotamia un proceso de «diferenciación horizontal y de jerarquización vertical», como consecuencia del control de la
información y de los mecanismos de producción y redistribución. Estas diferencias
sociales pueden interpretarse dentro del proceso de complejidad social que entonces
experimentan las sociedades del próximo y medio Oriente.
8. EL MODELO (EUROPEO) DEL COMERCIO
Muchos investigadores han propuesto el comercio a grandes distancias, entre ellos
Sabloff y Lamberg-Karlovsky (1975). El control sobre artículos considerados indicadores
de prestigio o símbolos de poder, pudo ayudar al surgimiento de una clase gobernante,
mientras que las obligaciones administrativas concomitantes pudieran promover el
sistema administrativo como tal.
Wright, sin embargo, señala cuando menos un caso donde el comercio llegó después
de la formación del estado (1969, 1972).
Más recientemente Peter S. Wells ha estudiado el proceso de urbanización de las
sociedades protohistóricas europeas, centrándose sobre todo en el Bronce Final y la Edad
del Hierro de Europa centrooccidental, analizando, desde una perspectiva esencialmente
monocausal (la actividad comercial como factor determinante) el desarrollo de los grupos
humanos (WELLS, 1984). Para este profesor de Harvard parece evidente que en la
Europa central de la Edad de los Metales no son aplicables las explicaciones ofrecidas
para el Próximo Oriente. Aquí no tienen sentido las teorías sobre el riego, puesto que
el territorio es húmedo y fértil por naturaleza, ni poseemos datos para valorar un papel
preponderante de las instituciones teocráticas, ni es decisiva la aportación colonial desde
otros puntos más desarrollados de la Europa mediterránea, puesto que incide sobre
sociedades que ya están en vías de urbanización. Factores como: la estratificación social,
la guerra y la religión jugaron un papel muy restringido. Wells valora, sobre todo, el hecho
de que la economía, una vez desarrollada más allá de un nivel de pura subsistencia, pudo
soportar adecuadamente un número relativamente elevado de productores no dedicados a
la obtención de alimentos, repercutiendo ello en el incremento de la producción de bienes
comercializables y produciéndose un aumento de la actividad mercantil que repercutió
en diversos aspectos de la vida diaria, aumentando la población y los recursos humanos.
En este modelo, los factores determinantes («factores críticos» de Wells) fueron pues:
«el crecimiento del comercio a fines de la Edad del Bronce, la iniciativa individual
y la motivación de las comunidades a producir aquellos productos que pudieran ser
intercambiados por lujos deseados» (WELLS, 1988, 184). Algunas de estas ideas ya
fueron expuestas por M. Halbwachs en (1930), pero no cabe duda de que las teorías de
Wells, que tienen un precedente en la obra de Jane Jacobs «The Economy of Cities»
(1969) referente a las áreas de Turquía, están apoyadas en datos recientes y verificados y
aportan una nueva perspectiva al problema. Sin embargo, siendo evidente el importante
papel aportado por el comercio entre las sociedades europeas del I milenio a. de J.C.,
parece exagerado atribuirle un papel casi exclusivo en el proceso de urbanización
europeo, sobre todo si se tiene en cuenta que los beneficios comerciales afectaron, en
principio, a áreas bastante limitadas y que fuera de ellas existían comunidades en las
SOBRE EL ORIGEN DEL URBANISMO Y DEL MODELO DE VIDA URBANA EN EL VIEJO Y NUEVO MUNDO
25
que se aprecia un desarrollo urbano igualmente intenso, aunque quizás de diferentes
características. En la península Ibérica, mediado el I milenio a. de J.C., puede apreciarse
una incidencia comercial considerable sobre el área ibérica, pero los beneficios de estas
relaciones se centraban en núcleos muy concretos y llegaban al interior muy matizados.
Estudios recientes han puesto de manifiesto que la intensidad comercial disminuía a
medida que los centros receptores se situaban en zonas más al interior, y algunas áreas,
como la castreña del Noroeste, apenas se beneficiaron de esas relaciones comerciales
y, sin embargo, desarrollaron unos centros de población que en algunos casos, como
Coaña, Santa Tecla o Briteiros, llegaron a ser considerables, antes de iniciarse el proceso
de romanización.
Debemos añadir que el propio Wells advierte con prudencia de que su estudio ofrece
«una gran simplificación de una situación muy compleja» (WELLS, 1988, 184).
B.W. Cunliffe y R.T. Rowley abordaron también el tema centrándolo en los «oppida»
de la Europa bárbara, aunque desde un punto de vista bastante más amplio y generalizador
(CUNLIFFE y ROWLEY, 1967), siguiendo los pasos de J. Werner, que había estudiado
los «oppida» de la segunda Edad del Hierro intentando explicar sus detalles urbanísticos
treinta años antes (WERNER, 1939).
Para la Europa de la Edad de los Metales poseemos estudios que han abordado
diversos aspectos parciales, incluso intentos de visiones de conjunto, desde los trabajos de
Childe, que quiso explicar los cambios producidos en la sociedad europea poniéndolos en
relación con el auge alcanzado por los especialistas en metalurgia, para los que imaginaba
un especial status de privilegio de carácter intertribal, que fue, en cierto modo, el origen
del desarrollo de un artesanado que alcanzaría después una situación preponderante,
incentivada por la demanda de los comerciantes del Mediterráneo. Eso potenció la
aparición de núcleos urbanos que se desarrollaron a la sombra de un floreciente comercio
(CHILDE, 1952). En un sentido similar se pronuncia C. Hawkes (HAWKES, 1940).
Sin embargo, diversos estudios han ido matizando estas ideas desde la década de los
sesenta, fijando su atención en aspectos específicos de la economía y la sociedad (CLARK,
1952; FILIP, 1962; ROWLANDS, 1972; MILISAUSKAS, 1978; CLARKE, 1979).
En Europa es problemático hablar de urbanismo y vida urbana antes de la plenitud
de la Edad del Bronce. Aunque en el ámbito del Egeo, en los Balkanes y en la península
Ibérica surge «una clara tendencia hacia tipos de sociedad jerarquizada» (CHAMPION,
1984, 213), esta situación no tuvo grandes repercusiones inmediatas, sino que sirvió para
asentar las bases para los procesos de la Edad del Bronce. Y aunque en el Calcolítico
existen evidencias de concentraciones de población de cierto relieve en los grupos
culturales de: Vinça - Ploçnik (Yugoslavia), Gumelnitza (Rumanía - Bulgaria), Cernavoda
(Bulgaria), Vucedol (Yugoslavia), Boleraz (Moravia), Los Millares (España)... etc., en
los que se detectan algunos de los rasgos característicos como: obras públicas (murallas,
fosos, grandes edificios...), especialización de funciones, actividades artesanales, minorías
hegemónicas, concentración de poder y riqueza... etc., no parece posible interpretarlos
como evidencias de una plena vida urbana, sino más bien como una fase previa en la
que el modelo aún no está completamente impuesto y en la que, en todo caso, falta la
evidencia material de la urbe, aunque exista el germen de su idea. Tal vez por eso sea más
correcto referirse a ellos como sociedades pre, o a lo sumo, protourbanas.
26
JORGE JUAN EIROA GARCÍA
Es cierto que en Egeo existen desde el Bronce antiguo entidades a las que sí cabe
denominar protourbanas en sentido estricto (RENFREW, 1972), (Troya, Chalandriani,
Lerna, Thermi...), que muy pronto se verán sucedidas por las entidades palaciales de
Creta y los núcleos fortificados de Micenas en la Hélade, a los que ya sí parece adecuado
denominar ciudades, pero su influencia sobre el resto del continente fue bastante más
escasa de lo que se ha creído.
Será en la plenitud de la Edad del Bronce y sobre todo en el Bronce Final, cuando en
la Europa bárbara se desarrolle el modelo urbano, a partir de los poblados agropecuarios,
aunque ninguno de los núcleos formados en la Edad de los Metales llegó a igualar la
importancia de las ciudades orientales de un milenio antes.
Los recientes estudios de ROWLEY (1967), UCKO, TRINGHAN y DIMBLEBY
(1972), COLLIS (1975, 1982 y 1984), BÜCHSENSCHÜTZ (1978 y 1984), BRAUDEL
(1981), WELLS (1980, 1984 y 1988)...inciden sobre diversos aspectos del desarrollo
urbano continental, tanto desde el punto de vista socioeconómico como desde el físico,
haciendo hincapié en la importancia decisiva de fenómenos como: el comercio del metal
y de objetos elaborados, desarrollo de la producción agropecuaria, la concentración de
riqueza y poder, la tecnología... etc., que potenciaron la aparición y desarrollo de formas
de convivencia proclives al modelo urbano. Algunos coinciden en dar mayor relevancia
al factor comercial (ALEXANDER, 1972, CLARKE, 1979, WELLS, 1984), tal y como
había insinuado Childe en su obra póstuma de 1958; otros valoran más los aspectos
bélicos (COLLIS, 1982), sociales (NASH, 1976), o institucionales (SERVICE, 1962).
Pero parece claro que hoy resulta más adecuado pensar en una interacción múltiple de
factores que tuvieron como resultado la eclosión de la vida urbana desde la plenitud
de la Edad del Bronce, desembocando en una auténtica urbanización de la sociedad en
el apogeo de la Edad del Hierro, en la que, no obstante, hay que tener en cuenta las
diversidades regionales para comprender bien el proceso.
Sin embargo, hoy es posible apuntar que algunos factores como: el aumento demográfico, el perfeccionamiento de las técnicas de explotación del territorio, la actividad
comercial y el intercambio, las vías de comunicación que estos abrieron, la tendencia a
las actividades especializadas, las medidas de protección del grupo... etc., desempeñaron
un papel fundamental en el proceso, incidiendo en cada caso en aspectos específicos que, a
su vez, repercutían en otros, configurándose así una cadena de efectos multiplicadores que,
en definitiva, constituían un amplio conjunto de factores determinantes, estrechamente
unidos, que conducían a un resultado final casi inevitable: la beneficiosa vida en
comunidad.
Recientes tendencias en la investigación, que surgen sobre todo de la aplicación de
principios derivados de la concepción estructuralista de la arqueología, han intentado
penetrar en aspectos complementarios que, al menos teóricamente, pretenden encontrar
explicación para una valoración del territorio, concebido como espacio vital susceptible
de ser explotado y utilizado por el grupo humano, o para evaluar el aspecto demográfico
desde el estudio pormenorizado (aunque estadístico en muchos casos) de las necrópolis
y viviendas, o para acercarse más a la comprensión de los grupos de poblados en
determinadas regiones, poniendo en juego a veces teorías de medio alcance, según
las ideas de L.R. Binford, o aplicando teóricos «modelos de control» y conclusiones
SOBRE EL ORIGEN DEL URBANISMO Y DEL MODELO DE VIDA URBANA EN EL VIEJO Y NUEVO MUNDO
27
apoyadas en la estadística, que han ofrecido distintas, aunque complejas, posibilidades
para ampliar el conocimiento de la demografía, economía, áreas de captación de recursos,
explotación del territorio... etc. que son, desde luego, aspectos fundamentales para el
conocimiento de las sociedades afincadas en el suelo, para la comprensión del grado
de adaptación al mismo, así como para penetrar en la evolución biológica de las
comunidades, cuestiones todas de gran relieve para ampliar el conocimiento del proceso
de urbanización de la sociedad.
En España, los trabajos de García Bellido, Torres Balbas, Cervera Checa y Bidagor,
Maluquer, Arribas, Chueca Goitia, Balil y otros, han abierto el camino hacia el estudio
del proceso histórico de la urbanización de la sociedad hispánica, y repercutieron, a
modo de incentivo, sobre los estudiosos, iniciando una línea de investigación que hoy
está completamente definida. Un primer resultado de este interés fue el Symposion de
Ciudades Augusteas de Zaragoza, en octubre de 1976, que supuso una necesaria puesta
al día de los estudios sobre urbanismo histórico en el ámbito peninsular, incidiendo
especialmente en la época romana. En los trabajos arqueológicos sobre hábitats pre
y protohistóricos, antiguos y medievales, es frecuente hoy el análisis urbanístico,
como necesario complemento al conocimiento global de los yacimientos, de manera
que los datos han ido aumentando considerablemente y es cada vez más posible su
evaluación.
Aunque todos estos modelos teóricos que tratan de explicar, global o parcialmente,
la génesis del modelo de vida urbana fueron concebidos para el Próximo Oriente
Asiático, muy pronto se intentaron aplicar a los centros neurálgicos de las grandes
culturas americanas, con mayor o menor fortuna y no sin adecuarlos a las variantes
que el escenario exigía.
*
*
*
Durante mucho tiempo, los estudiosos del tema del origen y evolución de la vida
urbana y del urbanismo, sobre todo los europeos, creyeron que en la América prehispánica
no existió una verdadera vida urbana ni un urbanismo propiamente dicho hasta algo
después de la conquista europea, cuando los colonizadores trasladaron al Nuevo Mundo
los modelos urbanos imperantes en el Viejo. El propio V. Gordon Childe, en su «What
happened in History», inicia el capítulo V afirmando que: «La metalurgia, la rueda, el
carro tirado por bueyes, el asno de carga y el buque de vela constituyeron los cimientos de
una nueva organización económica». Y ninguno de estos logros estuvieron presentes en la
evolución interna de las culturas americanas, de forma que difícilmente podía imaginarse
una trayectoria cultural que desembocase, como en el Viejo Mundo, en un modelo de
vida urbana plenamente desarrollado. Tampoco los logros de la cultura americana habían
conducido a la creación de un sistema de escritura generalizado (incluso si consideramos
las impenetrables inscripciones jeroglíficas mayas, en las que sólo podían deducirse
fechas y cifras), interpretado tradicionalmente como el más espectacular logro de las
sociedades urbanizadas. Esto ha hizo que muchos investigadores partieran de supuestos
equívocos cuando se enfrentaban por primera vez al estudio del fenómeno urbano y
hacían referencia al caso americano.
28
JORGE JUAN EIROA GARCÍA
Sin embargo, para cualquier espectador que hoy pueda ver los conjuntos arqueológicos
de Teotihuacán, en México, de Chanchán o Pachacamac, en Perú, la duda acerca de la
existencia de vida urbana y urbanismo pre-hispánico en América no existiría.
Hacia el 500 d. de J.C. Teotihuacán era la sexta ciudad más grande del mundo,
con una población estimada en unos 100.000 habitantes y el centro de un imperio
que controlaba directamente unos 25.000 km². en México central. Su distribución en
cuadrículas planificadas cubría 20 km²., en torno a un centro ceremonial (la pirámide del
Sol, que regía la dispersión de los demás edificios). En su avenida central, de unos 5 km.
de largo, se alineaban 75 templos menores.
En Chanchán, la capital del reino Chimú, al norte de la costa peruana, en las afueras
de Trujillo, el trazado urbano ocupa unos 28 km². Es la ciudad de adobe más grande
del mundo. En su interior se alojan diez complejos reales o ciudadelas y su población
de calcula en más de 50.000 almas.
El aspecto de este tipo de entidades urbanas es impresionante. En ellas se encerraban
grandes recintos ceremoniales, complejos palaciales, centros administrativos, almacenes,
talleres, cisternas, barrios de especialistas...etc. que hablan por sí solos de las más
notables características con las que se han querido definir las entidades urbanas en
el Viejo Mundo.
Esta impresión del visitante no se aleja mucho de la que tuvieron los primeros
conquistadores del Nuevo Mundo: Gaspar de Carvajal, cronista del primer ascenso por
el Amazonas, describe verdaderas ciudades en el interior del país, igual que Cristóbal de
Acuña, cien años después; Vespucio expresa su admiración por la «Venecia» que descubre
en Venezuela y el padre Las Casas, en su «Apologética historia», ofrece una larga lista
de ciudades que embellecían la costa de Panamá. Podemos imaginar la impresión de
Hernando Pizarro entrando en Pachacamac, en 1533.
En la base del error subyace el ya largo debate entre los especialistas acerca de los
rasgos diagnósticos que definen a la vida urbana y a la ciudad, desde las ideas de Morgan,
Marx y Engels, Gordon Childe, Wittfogel, Spencer, Adams, Carneiro, Wissler... a las más
recientes de Redman, Service o Wells. Lo que hoy parece claro es que, como concluyó
Adams, «no existe un origen de las ciudades, sino tantos como tradiciones culturales
independientes con un modo de vida urbano», y que aunque podamos elaborar una lista
de rasgos diagnósticos, en la que podríamos incluir: la sociedad estratificada, número de
habitantes considerable, aparición del Estado y sus instituciones, estructuras religiosas
y políticas, formas de producción organizadas, tecnología, comercio, artesanado... etc.
ninguno de ellos, por sí sólo, definiría a la vida urbana, y todos ellos, por separado, sí
podrían entrar en la definición.
Hoy podemos afirmar que en América Hispana existía un urbanismo y un modelo
(o mejor, varios) de vida urbana bastante antes de la llegada de los conquistadores. La
formación de estos modelos siguió un proceso que hoy podemos analizar siguiendo varias
fases, tal y como podemos apreciar en el Área Andina:
SOBRE EL ORIGEN DEL URBANISMO Y DEL MODELO DE VIDA URBANA EN EL VIEJO Y NUEVO MUNDO
29
FASE DEL DESARROLLO URBANO EN EL ÁREA ANDINA
FASE I
Fase Arcaica (5000 – 1800 a. de J.C.)
Formación de grupos sedentarios.
Inicios y posterior desarrollo de la agricultura y la ganadería.
Primeras aldeas agrícolas.
FASE II
Fase Formativa (1800 – 500 a. de J.C.)
Chavín de Huántar, Guañape, Paracas, Salinar.
Primeros centros ceremoniales.
Tendencia a la concentración de poder.
Rasgos de estratificación social.
FASE III
Fase de los desarrollos regionales (500 a. de J.C. – 700 d. de J.C.)
Moche / Virú
Wari
Regionalización cultural: Fases de Gallinazo, Lima, Nazca,
Cajamarca, Recuay, Tiawanaku... etc.
FASE IV
Fase de los grandes estados regionales (700 – 1500 d. de J.C.)
Formaciones urbanas, señoriales e imperiales.
Consolidación y desarrollo del urbanismo pleno.
Chimú
Imperio Inka
1. Fase Arcaica (5000-1800 a. de J.C.)
Durante la Fase Arcaica, aparecieron los primeros asentamientos estables, sobre todo
a finales del periodo, a partir del 2000 a. J.C.
En esta fase vemos algo parecido a lo que Childe denominó «revolución agrícola»
para el mundo asiático próximo-oriental, en yacimientos del tipo de Valdivia y Real Alto,
en la península de Santa Elena, en Ecuador, y en otros del tipo de Huaca Prieta, en el
Norte de Perú. Es la aparición de las primeras aldeas estables, de carácter agropecuario,
que a veces suelen tener ya construcciones de tipo ceremonial (pirámides y plataformas)
y significan la aparición de las primeras obras de carácter colectivo.
Durante la primera parte del Arcaico, lo que se denomina «Precerámico sin algodón»
(Hasta 2500 a. J.C.) el proceso es lento y su evolución sugiere una fase de experimentación
sobre todo agrícola. La segunda parte («Precerámico algodonero») el proceso experimenta
una notable aceleración, que se aprecia en el crecimiento de los asentamientos y en el
aumento de la población, seguramente gracias al incentivo del aumento de posibilidades
en la dieta alimenticia.
Ejemplo de la primera etapa puede ser el asentamiento de Real Alto, en el valle
de Chanduy, del denominado «Grupo de Valdivia», en la península de Santa Elena, al
30
JORGE JUAN EIROA GARCÍA
norte de Guayaquil (Ecuador), recientemente excavado por Jorge Marcos. Se trata de
una aldea con plaza y recinto ceremonial que estuvo ocupada durante más de dos mil
años (MARCOS, 1988).
Real Alto ha dado la fecha más antigua de la fase Valdivia, 3545 ± 200 a. de J.C., para
una comunidad que ya cultivaba maíz, algodón, camote, achira, maní y alucinógenos. Es
el prototipo de aldea de Valdivia, con casas comunales alineadas en torno a una plaza o
espacio central. Sus materiales arqueológicos denotan intercambios a distancia, incluso
con los Andes interiores y se han detectado conchas spondilus y obsidiana importada
de Chorrera. Explotaban sistemáticamente tres ambientes distintos: costa marina, río y
sabana. Y en el contexto arqueológico hay rasgos que ofrecen datos de una jerarquización
social, una estructura religiosa básica, con presencia de chamanes y un calendario ritual
utilizado para controlar la producción agrícola. En Real Alto se aprecian importantes
cambios en los patrones de asentamiento entre las fases I y III (entre 3.500 y 2.750
a. de J.C.).
Hacia el II milenio a. J.C. las aldeas Valdivia tienen ya un edificio religioso en el que
se practicaban ritos agrícolas, como el de la lluvia.
Ejemplo de la segunda etapa es el magnífico centro de Huaca Prieta, en el valle de
Chicama, al norte de Trujillo (Perú), excavado por Junius Bird en 1946, que halló en el
montículo formado, sobre todo, por basuras, a lo largo de más de un milenio, con restos
de unas 100 viviendas, de hacia 2500 a J.C., construidas con cantos rodados ensamblados
con barro, asociadas a un gran muro de contención, posiblemente fruto de una acción
comunitaria. Su espléndida situación junto al mar, en la boca del valle, permitía la
explotación de los recursos marinos y terrestres. El notable avance tecnológico que se
aprecia en los materiales arqueológicos de la Huaca (textiles, cerámicas, arte...) nos habla
ya de una clara tendencia hacia la especialización de funciones y de la aparición de
una religión organizada, basada en un importante substrato mitológico. La técnica de
construcción de las viviendas ya estaban bastante desarrolladas: se edificaron pequeñas
casas subterráneas con uno o dos cuartos cuadrados u ovales, a las que se accedía por una
entrada pequeña y baja. En el interior no se encontraron hogares, por lo que Bird dedujo
que los trabajos de cocina se realizaban en el exterior (BONAVÍA, D. 1991).
La importancia de Huaca Prieta debió ser enorme: hoy se considera que, junto a
Valdivia y posiblemente otras corrientes procedentes de México, debió influir en la
iconografía de Chavín.
En Huaca Negra de Guañape, de aspecto muy parecido a la anterior, Salinas de Chao
(Los Morteros), que es un asentamiento aterrazado de grandes dimensiones con nueve
edificios de plataformas, recintos y una muralla delantera, en donde se aprecia un gran
patio central hundido (con una datación problemática); Alto Salaverry (valle de Moche),
donde hay un importante centro administrativo y plataformas asociadas a viviendas
formadas por pequeñas habitaciones; Las Aldas (Casma), que es un asentamiento
de finales del Precerámico situado en pleno desierto; Culebras (Valle de Culebras),
considerado por algunos como la más importante manifestación de la arquitectura
doméstica del período, así como en otros centros parecidos, estamos ante casos
semejantes. Es de aquí de donde debemos hacer partir el camino hacia el inicio del
urbanismo en América Andina.
SOBRE EL ORIGEN DEL URBANISMO Y DEL MODELO DE VIDA URBANA EN EL VIEJO Y NUEVO MUNDO
31
Lámina VII. Yacimientos y lugares de América Andina, citados en el texto.
En Aspero, en el valle del Supe, hay un desarrollo urbanístico temprano de gran
complejidad formal y también se levantó un gran centro. Su construcción se inició hacia
2.600 a. de J.C. y se completó en varias etapas, con seis grandes plataformas rectangulares
de hasta 10 m. de altura, colocándose en la parte superior estructuras de mampostería
decoradas con nichos y frisos de adobe. El asentamiento se expande sobre 13 ha. y en
él se aprecia una hábil planificación urbana, desarrollada en varias fases. Las huacas
32
JORGE JUAN EIROA GARCÍA
de Los Sacrificios, la de los Idolos (con tres fases constructivas) y Huaca Alta, son
las más notables del impresionante conjunto de la costa central peruana. Los edificios
se construyeron con bloques de piedra unidos con mortero de barro, o con bloques
irregulares entramados con barro.
En el Valle de Supe, el inédito asentamiento de Piedra Parada es de características
semejantes a Aspero.
En la península de Paracas, al sur de Lima, el grupo definido por Engel en «Cabezas
Largas» parece pertenecer a otro tipo de población diferente, asentada allí desde el 3000
a. de J.C.; tal vez grupos de agricultores que bajaron desde la sierra y alternaron sus
actividades agrícolas con la depredación de la costa. Sus asentamientos, sin embargo, no
llegaron a alcanzar el nivel de desarrollo que hemos visto en Huaca Prieta o Aspero.
En México asistimos a un proceso de sedentarización de comunidades de productores
desde, por lo menos, el VI milenio a. de J.C., a partir del foco de Tehuacán. Pero en
México central los primeros asentamientos estables sobre suelo fértil aparecen entre 3000
y 1000 a. de J.C., como vemos en la plataforma circular de Cuicuilco (El Pedregal). De
estos centros surgirán, antes de 500 a. de J.C., las primeras sociedades urbanas de México
central. No sabemos la influencia que este tipo de asentamientos pudo haber tenido más
al sur del lago Nicaragua (PREM, H.J. & DYCKERHOFF, V. 1986).
2. Fase Formativa (1800-500 a. J.C.)
Esta fase estuvo caracterizada en los Andes por un largo periodo de desarrollo de
las técnicas agropecuarias. Aumentó el número de especies cultivadas, se consolidó el
sedentarismo y aumentaron el tamaño y número de los asentamientos. Podemos decir
que, en torno a 1500 a J.C. ya estaba establecida una agricultura de aldea totalmente
sedentarizada, que se basaba sobre todo en el cultivo del maíz.
El panorama es especialmente interesante en Perú, donde se aprecia un repentino
florecimiento de las sociedades de jefatura teocrática, que se manifiesta, sobre todo, en
el desarrollo de los centros ceremoniales y en la población concentrada en sus entornos.
Los rasgos más característicos de este proceso son:
— Centros ceremoniales.
— Sociedades de jefaturas teocráticas estructuradas (poder político y religioso).
— Nueva forma de gobierno.
— Diferenciación social (enterramientos diferenciados y de «status»).
— Incremento de la producción agrícola y excedentes de producción.
— Especialización regional de la producción.
— Obras comunitarias con abundante mano de obra controlada.
— Sistemas de riego organizado.
— Especialización de funciones.
— Desarrollo artístico.
Las evidencias de una tendencia hacia la concentración de riqueza y poder en una
clase dominante de carácter teocrático son abundantes, hasta tal punto que Ford denominó
SOBRE EL ORIGEN DEL URBANISMO Y DEL MODELO DE VIDA URBANA EN EL VIEJO Y NUEVO MUNDO
33
a esta fase, en su momento pleno, como «Formativa teocrática» (Primera fase.- Formativa
colonial; Segunda fase.- Formativa teocrática). Los centros ceremoniales solían estar
rodeados de aldeas de entre 20-30 casas, de manera que formaban grupos de poblaciones
interdependientes, con su sede central.
Dos pautas culturales señala E. Service para este momento (SERVICE, 1984): Por
un lado, el gran desarrollo del cultivo del maíz, que permitió el aumento progresivo de
la población; y por otro, el perfeccionamiento de la organización religiosa (es decir, una
pauta ideológica), que con el tiempo, generó una organización política centralizada que
se convirtió en una fuerza material tremendamente productiva que, además, desarrolló
y expandió su propia ideología.
Hasta ahora, el paradigma de este tipo de sociedad teocrática de jefatura es la Cultura
de Chavín, con su centro mejor conocido (aunque quizás no el más importante) Chavín de
Huántar, donde se documenta la más antigua orfebrería de América.
Chavín de Huántar tuvo su apogeo entre 800 - 200 a. de J.C. y constituyó un
importante complejo religioso, con una monumental plataforma de piedra horadada por
pasillos y salas, que le dan un aspecto de panal de abejas.
Chavín no fue el único centro ceremonial de este tipo, ya que en la actualidad
se conocen otros, de desigual importancia arqueológica, en los que se inventaron y
desarrollaron formas de culto religioso que sirvieron para perpetuar el poder de las
teocracias dominantes, consolidándolo. Con ello, controlaban la mano de obra para
la construcción de sus monumentos y estimulaban y controlaban el comercio y la
distribución, sobre la base de la simbiosis regional y, posiblemente, la potenciación y
control de los sistemas de riego y del calendario agrícola.
Se ha dicho que Chavín recoge las ideas norteñas del mundo Olmeca mexicano,
aunque L.G. Lumbreras considera Chavín como «una cultura netamente andina»
(LUMBRERAS, 1989). Los paralelismos establecidos entre Chavín y Tlatilco (Tacuba),
situada al oeste de México D.F., siguen en plena discusión, sobre todo en lo que se
refiere a las similitudes entre las figurillas de Tlatilco denominadas del estilo olmeca
«cara de niño» y algunas estilizaciones de Chavín, así como los establecidos entre estas
estilizaciones Chavín y otras de Monte Albán, fases I y II, que recuerdan también la
escultura olmeca. Hoy, en una etapa de crisis del difusionismo, algunos autores prefieren
reconocer ciertos paralelismos sólo en algunos aspectos de la tecnología, el arte y los
productos y técnicas agrícolas, que luego se adaptaron a las necesidades y condiciones
locales, aunque las formas socio-políticas parecen estar más en relación con los problemas
locales y podrían ser originalmente andinas. También la arquitectura de Chavín se puede
comparar con la mexicana de Maxcanú (Yucatán) y Mitla (Oaxaca), con las que guarda
muchos paralelismos, sobre todo en la concepción de formas y soluciones técnicas. En
todo caso, no puede relegarse completamente la propuesta de H.J. Spinden al reconocer
un «Horizonte formativo interamericano», en el que estos paralelismos tendrían sentido.
La influencia Chavín hacia la periferia, que hace pocos años suscitaba las dudas de
los especialistas, aparece hoy claramente definida en diversos aspectos y lugares: tuvo
contactos con el mundo Olmeca y pre-zapoteca de Monte Albán (que han estudiado N.
Porter y M. Coe); con la cultura ecuatoriana de Chorrera, de la que pudo recibir algunas
influencias y se relacionó con Paracas, hacia 400 a. de J.C., influyendo en sus primeras
34
JORGE JUAN EIROA GARCÍA
fases (Fases de Paracas-Cavernas), para ser sustituida luego por la influencia Topará;
recientemente se estudia la influencia de Chavín en los valles de Pisco y Cañete,
seguramente a través de Paracas, ya que en Chincha aparecen textiles decorados con
motivos de estilo Chavín.
Hay asentimientos o impacto de Chavín en Batán Grande y Huaca Lucía (Valle de
la Leche), Huaca Prieta (Valle de Chicama), Pucurí y Cerro Blanco (Valle de Nepeña),
Mojeque (Valle de Casma), Sechin Alto (cuyos relieves, lo mismo que los de Moxeque y
Punkurí —Valle de Nepeña—, tienen también paralelismos con los danzantes de Monte
Albán, en México aunque tal vez sin contactos directos, sino a través de influencias
culturales ocasionales), Las Aldas, Ancón, Mina Perdida (Valle de Lurín)... y en territorios
serranos, como Pacopampa y La Copa (Cajamarca). Sin embargo, tanto Mojeque como
Sechin Alto tienen fases pre-Chavín.
También en el impresionante conjunto de Caballo Muerto (Valle de Moche) la Huaca
de los Reyes, situada en un lugar central, tiene un templo en forma de U que parece ser
otro de los grandes centros ceremoniales de la fase Formativa (BONAVÍA, D. 1991).
3. Fase de los desarrollos regionales (500 a. de J.C. - 700 d. J.C.)
Los desarrollos regionales se inician, de forma bastante uniforme en las distintas
áreas, a partir de un proceso de sedimentación de los logros iniciales de la fase anterior,
desde mediados del primer milenio a. de J.C., aunque debe señalarse que los grupos de
la costa sur peruana se presentan más propensos a las innovaciones, mientras que los de
la costa norte aparecen más aferrados a las tradiciones anteriores, evidenciando un cierto
conservadurismo cultural. Entre los distintas aspectos que, en general, favorecieron este
despegue regional, actuando a veces como motores del cambio, pueden destacarse:
— La mejora del nivel tecnológico, especialmente en las aplicaciones a la agricultura
y la metalurgia.
— El desarrollo de los sistemas de riego a gran escala.
— La mejoría climática y el inicio de una fase ambiental estable.
— El considerable aumento de la población.
— Los contactos, más frecuentes, entre los distintos grupos.
— El desarrollo de las artes y la aparición de estilos regionales.
— El aumento del número y tamaño de los asentamientos.
— Aparición de la ciudad, como evidencia física de la vida urbana.
— El desarrollo de las organizaciones militares.
— Los conflictos entre distintos grupos.
— La aparición de organizaciones estatales.
Algunos de estos aspectos pueden ser considerados, a la vez, causa y efecto, ya que no
resulta fácil dilucidar el origen y las consecuencias de los fenómenos culturales y mucho
menos con las notables diferencias regionales que se observan.
En el caso de la aparición del Estado, por ejemplo, la polémica continúa abierta, ya
que, aunque se ha dicho que Wari es la primera organización estatal verdadera en los
SOBRE EL ORIGEN DEL URBANISMO Y DEL MODELO DE VIDA URBANA EN EL VIEJO Y NUEVO MUNDO
35
Andes, hay quien afirma que los supuestos estatales Wari ya existían en Chavín y, por el
contrario, quienes afirman que Wari sigue siendo, en realidad, una sociedad de jefatura
teocrática. Tanto Service como Lanning ha sugerido la idea de que el Estado aparece en
el área andina como resultado de los avances tecnológicos que favorecieron la producción
de excedentes agrícolas y, en consecuencia, el desarrollo de un modelo de sociedad
estratificada, de manera que el primitivo Estado andino aparece como un verdadero
«aparato represivo», apoyado esencialmente en una clase social dominante que controla
los medios de producción, el calendario y los cultos religiosos, apoyada por un brazo
armado que se encarga del orden interno y de la expansión exterior. En este contexto,
tendría sentido la aparición de las verdaderas entidades urbanas. D. Bonavia ha sugerido
que en esta fase de los desarrollos regionales la ciudad «con estructura urbana» aparece
como expresión del urbanismo andino. Sin embargo, Canziani, que utiliza la expresión
«centros urbanos teocráticos», cree que los asentamientos son la «expresión física del
modo de producción de una particular sociedad», restando valor a los aspectos ideológicos
o tecnológicos y resaltando más los aspectos económicos (CANCIANI, J.; 1989).
La información que poseemos de esta etapa es impresionante, sobre todo la procedente
de la cerámica y los textiles, que ofrecen datos valiosísimos. Por ella sabemos que en
esta etapa los sistemas de riego alcanzan su plenitud en la mayoría de las regiones,
que las tecnologías básicas estaban establecidas y que la población se encontraba cerca
de su máximo.
Una de las entidades culturales más notables de la fase es la Civilización Moche o
Mochica, que consiguió rápidamente la hegemonía sobre los valles del norte de la costa
peruana, hacia 200 d. de J.C. Moche pudo ser el verdadero inicio del Estado en la costa
peruana, ya que su urbanismo y sus centros ceremoniales y de control parecen propios de
un Estado, aunque Service prefiere denominarla «sociedad de jefatura extensa». Es decir,
el desarrollo urbano paralelo al desarrollo institucional. Service, igual que antes lo hizo
Isbell, ha observado que en los enterramientos moche apenas se perciben diferencias
de estatus que puedan interpretarse como rasgos de una estratificación social y de la
presencia de una minoría de dirigentes, propias de una sociedad estatal. Sin embargo,
los trabajos arqueológicos posteriores a las excavaciones de Moche y Huaca del Sol han
puesto de manifiesto otra realidad bien distinta. Véase si no el impresionante hallazgo
de Sipán, donde W. Alva ha excavado un excepcional enterramiento de jefatura, en los
trabajos de 1985-88: el Señor de Sipán, en medio de un complejo de especial interés,
Pampa Grande, que es el más importante yacimiento moche (ALVA, 1992: 229-236).
Aunque el origen e inicios de Moche sigue planteando bastantes problemas, parece
que pudo estar en los valles de Moche y Chicama (departamento de La Libertad), al norte
de Perú, en un medio ambiente bastante propicio. Es, esencialmente una cultura costera
que apenas se extiende hacia territorios serranos, llegando por el sur hasta el valle de
Nepeña, desdibujándose a partir de allí. Su final se fecha hacia el siglo VI d. de J.C.,
con la penetración Wari (en la fase Moche V). El estado Moche culmina en esta fase
imperialista, a partir de 600 d. de J.C.
Esta situación costera favoreció sus contactos con otras entidades culturales. Se
admiten ciertos paralelismos entre los motivos decorativos entre la original cerámica
moche y la de México occidental de Colima y Nayarit, sobre todo en lo que se refiere a
36
JORGE JUAN EIROA GARCÍA
las técnicas del retrato y a las escenas de la vida diaria moldeadas en vasijas de carácter
funerario. También la escultura moche, que es de origen Chavín, guarda cierta relación
temática con la escultura olmeca mexicana.
En la costa norte de Perú existen al menos ocho valles contiguos que parecen
haber formado parte de lo que se ha definido como la «comunidad política mochica»,
que sería en definitiva una gran sociedad de jefatura, si no un verdadero Estado. La
población de esta comunidad se calcula en unos 250.000 habitantes, aunque también
en esto existen discrepancias.
En Moche las aldeas ya son mayores y la tendencia a la especialización de funciones
de sus habitantes parece estar definitivamente configurada y en el centro del control
de los valles, aparecen los grandes centros urbanos y ceremoniales, sobre todo en los
valles de Moche y Chicama, donde se define de un tipo de urbanismo estructurado por
clases, a partir de 400 a. de J.C.
Un ejemplo válido lo ofrece el conjunto de las huacas del Sol y de la Luna, en Moche,
a los pies del Cerro Blanco, cerca de la actual ciudad de Trujillo. La Huaca del Sol es una
impresionante plataforma rectangular, muy saqueada en época colonial y reducida hoy a
un tercio de su tamaño real, de unos 350 m. de largo, 160 de ancho y 30 de altura. Está
construida con unos 140 millones de adobes hechos con molde, lo que la convierte en
una obra comunitaria de características insólitas, construida, tal vez, como una obligación
impuesta, parecida a la «mita» inca. Su construcción tiene varias etapas, a lo largo de
dos siglos: seguramente una fase previa de Moche primitivo y después Moche medio
y tardío; su función fue la de un gran centro ceremonial que se prolongó hasta Moche
V, ya con un fuerte componente Wari. La Huaca de la Luna, a medio kilómetros de
la anterior, es de menor tamaño y parece haber desempeñado funciones de centro palacialadministrativo. Entre ambas, debió extenderse una gran población en Moche, con
residencias domésticas y barrios nobles, que denotan una complejidad social y económica
elevada (RODRÍGUEZ ALPUCHE, 1986 y KUBLER, G. 1986).
En el complejo de El Brujo (Valle de Chicama), un equipo de la Universidad de
Trujillo está excavando un centro semejante. Y en Pacatnamu, Galindo, Pañamarca, Cerro
Orejas... etc. hay también restos del urbanismo moche y de sus obras de irrigación.
Hay que destacar otras fases regionales, como las de: Gallinazo, Nasca, Recuay,
Lima y Cajamarca, donde el urbanismo se adapta al medio, con notables diferencias
regionales, pero con muchos elementos comunes, pero con una estructura urbana ya
plenamente desarrollada.
La fase Virú ofrece también asentamientos semejantes a Moche, pero con aldeas de
explotación agropecuaria de tipo «regular», planificadas y construidas simétricamente,
tal vez con un diseño previo del poder central. Estas aldeas son un poco más tardías
y suelen tener conjuntos residenciales adosados. Tampoco faltan los grandes centros
urbanos, como los del Valle de Virú. Recientes tendencias en la investigación empiezan a
considerar que los Mochicas son la continuidad cultural de los Virú o Gallinazo y por lo
tanto la idea de conquista queda en entredicho.
Cuando los Moche conquistan Virú no modificaron el modelo de estas aldeas.
El momento de apogeo de esta fase coincide, en términos generales, con la época
clásica en México, cuando se desarrollan los principales centros urbanos en el área
SOBRE EL ORIGEN DEL URBANISMO Y DEL MODELO DE VIDA URBANA EN EL VIEJO Y NUEVO MUNDO
37
(Monte Albán, fase IIIa o zapoteca, Teotihuacán, Cholula, Xochicalco... etc., que se
desarrollan, sobre todo, entre 100 a. de J.C. y 750 d. de J.C.). Entonces, Teotihuacán es
el principal centro urbano de toda América central, con unos 85.000 habitantes entre 450
y 650 d. de J.C., según Millon (MILLON, R. 1981), ejerciendo una notable influencia
hacia el sur, por Guatemala (Caminaljuyú), y penetrando en Colombia, Ecuador y norte
de Perú. Su influencia más inmediata se documenta en Cholula, que presenta la más larga
historia continuada de México central, rivalizando incluso con la propia Teotihuacán,
igual que Tajín.
El caso de Tiwanaku es distinto y espectacular. En pleno Horizonte Medio, Tiawanaku
es una populosa ciudad que se extendía en el altiplano desértico de Bolivia, a 3842 m.
de altitud, como centro de peregrinación de toda la zona andina, capaz de acoger a
unos 30.000 habitantes. Se trata del más importante fenómeno urbano del sur de los
Andes centrales, aunque en realidad desconozcamos en detalle su secuencia constructiva,
ya que las pocas excavaciones arqueológicas allí desarrolladas han sido, hasta ahora,
insuficientes y se han centrado, sobre todo, en los centros ceremoniales. El área urbana
ocupa unas 350 ha., organizada en grandes unidades de edificios, esencialmente de
piedra, aunque también se hicieron de barro. Sus complejos religiosos de Akapana y
Kalasasaya, tienen patios en declive y varios motivos de su impresionante arquitectura
de grandes bloques de piedra labrada, como las figuras aladas de felinos, aparecen
igualmente pintados en la cerámica y en los tejidos, lo que denota su importancia
religiosa (HYSKOPM, 1984). Sus precedentes podrían estar en Chavín de Huántar
(quizás, en última instancia, en el mundo olmeca mexicano) y tiene paralelismos con las
representaciones waris. La decoración de la portada monolítica denominada Puerta del
Sol de Tiwanaku, que se fecha entre 500 y 900 d. de J.C., presenta muchos paralelismos
conceptuales con Chavín. Este urbanismo de Tiwanaku, que en realidad es el primer
conjunto planificado de América del sur, se aparta del modelo costero peruano, ya que
el medio es muy distinto, y una de las preocupaciones de sus dirigentes fue el programa
de recuperación de tierras cultivables, en un medio adverso para la agricultura. Pero
Tiwanaku llegó a ser un gran centro político, religioso y administrativo, sobre todo por
su situación estratégica, más, quizás, que por su capacidad para intensificar su propia
producción, circunstancia esta que parece compartir con Wari. Su influencia, aunque
duró poco, pone por primera vez en relación a las tierras altas con los valles costeros,
que debieron ser políticas, además de económicas. Pero algunos aspectos de la posterior
organización inka parecen tener sus precedentes en el complejo mundo de Tiwanaku, al
que tal vez podríamos denominar ya «protoimperial».
El Estado Wari (o Huari) es también un modelo de tierras altas, como Tiwanaku,
aunque presenta una trayectoria bien diferente, única en los Andes centrales. Tal vez fue
Wari el primer centro político que combinó la centralización de la sociedad de jefatura
teocrática con el comercio, gracias a unas rutas comerciales permanentemente vigiladas
por su bien organizada potencia militar. Fue este militarismo de Wari, muy típico de las
tierras altas andinas, como vemos en Tiawanaku y veremos más tarde en los Inkas, el
que terminó con el Estado Moche, hacia el siglo VIII d. de J.C., aunque las recientes
fechas de Pampa Grande y Galindo, entre 650 y 750 d. de J.C., apuntan más hacia el
siglo VII d. de J.C. (BONAVÍA, D. 1991).
38
JORGE JUAN EIROA GARCÍA
El conocimiento de Wari se ha apoyado, sobre todo, en los datos aportados por dos
yacimientos: Conchopata y Wari (Ayacucho).
Wari es una entidad superior perfectamente organizada en un área con recursos
agrícolas muy limitados, pero con una marcada estratificación social. La evolución de
Wari hacia un aparato estatal bien estructurado, apoyado en una organización política
centralizada, desembocará en una fase a la que podemos denominar imperial. Isbell ha
definido a Wari como «el primer estado de los Andes centrales».
La ciudad wari fue uno de los instrumentos de conquista y prueba de poder, manejado
con gran habilidad. La tendencia urbanística de wari fue la secularización, mediante la
planificación estatal. Es entonces cuando se abandonan los viejos centros ceremoniales
y aparecen ciudades nuevas, construidas bajo el modelo Wari y concebidas desde
un minucioso plan urbanístico, como parecen evidenciar algunos centros del tipo de
Cuzco, Viracochapampa, Taipi, Incaraqay (Huanta), Jarganpata (Valle de San Miguel),
Jincamocco (Lucanas), incluso centros rurales, como el de Tunasniyoq (Valle de Totora)
y grandes ciudades, como Chan-Chan, en su fase inicial Wari, anterior a las fases
Moche e inka.
Sus centros urbanos están comunicados por una extensa red de caminos, que suponen
la base de la posterior y eficaz red de comunicaciones inka. De hecho, Wari desemboca en
una fase final de marcado signo imperialista, que alcanza su máxima expansión entre 680
- 770 d. de J.C., llegando hasta Cajamarca por el norte y Arequipa por el sur.
Es posible que el urbanismo Wari naciera en los Andes Centrales y no procediera de
Tiwanaku. El escaso conocimiento de Tiwanaku impide adoptar una posición definitiva
en este sentido.
4. Fase de los grandes estados regionales e imperiales (700 - 1.500 d. de J.C.)
El proceso de urbanización de la sociedad se ha ido consolidado en el área andina,
desde la fase de los desarrollos regionales. En el apogeo de éstos, cuando devienen
en grandes estados (paso previo a la época imperial inka), la civilización Chimú se
consolidó en las tierras de la costa norte de Perú, desde 700 d. de J.C. hasta su derrota
por los inkas, en 1476 d. de J.C.
El secreto de la eficacia del Estado Chimú está en una sólida estructura social, una
política colonial eficiente, una buena red de comunicaciones y una eficaz explotación de
los recursos naturales, todo ello controlado desde los grandes centros de poder, que eran
a la vez centros administrativos, cuyo paradigma urbano es Chan Chan, la capital chimú
del valle del Moche, antiguo centro Wari.
Hacia 1200 d. de J.C. Chan Chan era un gran centro urbano con más de 50.000
habitantes, que se extendía junto a la costa del Pacífico, a las afueras de la actual Trujillo,
sobre unos 24 kms². Su magnitud llamó la atención a los conquistadores españoles.
En Chan Chan se ha definido 10 grandes recintos ceremoniales, todos ellos de planta
rectangular orientada en dirección norte-sur; el mayor de ellos es el denominado recinto
Gran Chimú, que tiene 22,1 ha. Además, en torno a los recintos sagrados hay amplias
zonas administrativas y de población, con subdivisiones cuidadosamente tabicadas, con
depósitos para productos agrícolas, talleres de artesanos, jardines, cementerios y centros
SOBRE EL ORIGEN DEL URBANISMO Y DEL MODELO DE VIDA URBANA EN EL VIEJO Y NUEVO MUNDO
39
ceremoniales, protegidas por impresionantes lienzos de murallas. La técnica constructiva
más frecuente es la fábrica de adobe sobre cimiento pétreo (RAVINES, 1980).
Este modelo urbano de Chan Chan es el que vemos expandido por el resto del
territorio chimú, aunque con menos espectacularidad. La política desarrollada por los
gobernantes del Reino Chimor era la de construir ciudades en las zonas conquistadas, con
el fin de que actuaran como centros de control del Estado, tanto de los asuntos militares
como de los económicos. Gracias a este control, podían recaudar un elevado impuesto
sobre la producción agrícola y sobre los objetos elaborados, ya fueran los textiles, los
productos metálicos o la cerveza de maíz, tan popular entre los chimúes. Este tipo de
control fue luego imitado o adoptado por los conquistadores inkas, que, lejos de destruir
la infraestructura chimú, la conservaron y utilizaron.
La tendencia chimú al expansionismo, así como el incremento de los conflictos y el
aumento demográfico, hacen que las poblaciones evolucionen hacia un modelo defensivo
de mayor tamaño. Pero esta evolución también se justifica por la necesidad de proteger
muchos más territorios conquistados y una economía cada vez más complejo, ya que
había que alimentar a mayor número de habitantes y coordinar sus especialidades y
actividades. El carácter urbano de la sociedad chimú pudo haberse convertido en la fuerza
motriz del proceso de crecimiento.
El mundo Chimú fue absorbido por el Imperio Inka, surgido de un grupo andino del
que sabemos muy poco: únicamente que a mediados del siglo XIII había un grupo tribal
que ocupaba solamente una parte de la cuenca de Cuzco y que a partir del siglo XV
lograron una organización estatal.
Sin embargo, muy pronto se expandieron por todas partes, gracias a su creciente
militarismo, de forma que entre 1493-1525 ocuparon una superficie de 3.500 km. de
largo, extendiéndose hacia el interior en un promedio de 320 km. desde la costa del
Pacífico. Esta extensa área podía mantenerse como un estado sólidamente constituido
gracias a una eficiente infraestructura, a su perfecta organización militar y política, a su
espléndida red viaria (parcialmente heredada de Wari), que alcanzaba unos 40.000 km.
jalonados por más de 1000 tambos o posadas. Añádase a esto una diversificada técnica
de explotación del medio, que conseguía convertir en productivas zonas aparentemente
imposibles de cultivar (ROSTOROWSKI, 1988).
Las explotaciones agropecuarias o industriales se controlaban minuciosamente por
medio de centros administrativos distribuidos por todo el territorio, protegidos a veces
por fortalezas militares o destacamentos de soldados. Los centros de almacenamiento
y distribución se situaban cerca de las áreas de producción, como vemos en el de
Pampa Huanuco, que era un depósito regional capaz de almacenar 36 millones de
litros de cereal.
La fortaleza de Ungara, la ciudad de Incawasi y en poblado de Chontay pueden servir
de ejemplos para estos tipos de asentamientos.
Parece sorprendente que este aparato estatal no contase con la escritura como medio
de control administrativo.
La Capital del imperio fue Cuzco, convertida en metrópoli en 1438. Otros centros del
Imperio se situaron en ciudades conquistadas, Manchán, en el Valle de Casma y Túcume,
en Lambayeque; el caso de Chan Chan, al norte, es más problemático, pero, en todo
40
JORGE JUAN EIROA GARCÍA
caso, los inkas se expandieron hasta tierras ecuatorianas, como vemos en la Pucara de
Rumicucho, cerca de Quito.
Sin embargo, la conocida Machu Picchu, en el corazón de los Andes peruanos, no era
más que una pequeña ciudad situada sobre un espolón rodeado por el río Urubamba que,
aunque hoy nos impresiona, sobre todo por haber permanecido conservada gracias a su
recóndita situación, no debió tener excesiva importancia como centro de población, sino
más bien como ciudad sagrada. Pero en ella podemos rastrear muchos de los detalles del
urbanismo inka (BINGHAM, 1964).
Innumerables centros menores de población se distribuyeron por todas partes,
utilizando los recursos de los valles, allí donde estos ofrecían posibilidades de explotación,
o ideando ingeniosos sistemas para la explotación agrícola, allí donde el medio era
adverso y el agua escasa, como vemos en la Lomas de Malanche, cerca de Pachacamac,
en las que un grupo de asentamientos explotaban las laderas montañosas que eran
fertilizadas por la humedad de las nubes bajas (MUJICA, 1987).
Tras lo anteriormente expuesto, y seleccionando de entre ello algunos de los puntos de
reflexión a mi juicio más interesantes para un debate, podemos concluir afirmando:
1.
La tendencia a la urbanización de la sociedad en América Andina se aprecia
claramente desde el Periodo Formativo.
2. Este proceso sigue unas pautas semejantes a las desarrolladas en Mesoamérica
y especialmente en México, desde donde llegan algunas influencias que se
aprecian en la arquitectura y el arte.
3. El urbanismo fue un mecanismo de expansión y control de ideas religiosas,
políticas y económicas.
4. Hasta la época inka, la ciudad fue un centro administrativo que, desde su poder,
controlaba los recursos, pero existió también una población dispersa.
5. En América Andina el urbanismo desempeñó a veces el papel de instrumento
de conquista y prueba de poder, que se manejó con una política bien definida,
como vemos en Moche, Wari e Inka.
6. Fue siempre un urbanismo práctico, que comprendió los condicionamientos del
medio, en la sierra o en la costa, y se adaptó a él. En el proceso se puede observar
una utilización racional de los recursos del entorno.
7. En este sentido, el urbanismo andino, como el mesoamericano, es también la
expresión física de determinados modos de explotación del medio.
8. El urbanismo Wari puede proceder de los Andes Centrales y su tendencia fue
la de permanecer.
9. Desde la época Mochica, se aprecia una elevada planificación urbanística.
10. Este urbanismo se ajustó a las características regionales, produciéndose variantes
en sus modelos.
11. La conquista europea supuso un cambio drástico de estos modelos, con resultados
contradictorios y diversos.
*
*
*
SOBRE EL ORIGEN DEL URBANISMO Y DEL MODELO DE VIDA URBANA EN EL VIEJO Y NUEVO MUNDO
41
En 1983 A.S. Keene y J.A. Moore analizaron el desarrollo de los estudios sobre los
orígenes de la vida urbana y el Estado y han establecido la existencia de ciertas fases
que debemos distinguir en el periodo de vida de los modelos arqueológicos (KEENE
y MOORE, 1983).
Todos estos modelos han pasado por las siguientes fases: 1) el descubrimiento de un
nuevo modelo, 2) la rápida difusión del mismo, comprobando su validez en un número
de fenómenos y reas de investigación, 3) la comprensión de que se ajusta a un menor
número de casos de los esperados y de que es menos válido de lo pensado inicialmente,
4) el refinamiento del modelo y su enfoque hacia fenómenos para los que parece más
adecuado, 5) aceptación y uso del modelo, casi sin mayor duda, como un dogma para
el desarrollo de futuros modelos, 6) la creciente incertidumbre sobre si el modelo es
tan efectivo como se ha dicho, y 7) reemplazo del modelo por otro nuevo y, en teoría,
de mayor alcance y fiabilidad.
Tras manejar todas las ideas expuestas podemos concluir en que la vida urbana, esto
es, un modelo de vida basado en una forma colectiva de adaptación al medio mediante
un proceso de organización social, es un producto histórico fruto de la acumulación de
experiencias que se nos presenta como una forma de práctica social. Es decir, que lo
esencial es, como ha dicho Toynbee, «que los habitantes de la ciudad constituyan de
hecho una verdadera comunidad» (TOYNBEE, 1985, 32) y desarrollen, al menos, los
rudimentos de un alma ciudadana. Y no es posible reducir el concepto de urbanismo
ni a unos meros objetos urbanos, ni a una suma de funciones especializadas, ni a
un conjunto de instituciones aisladas, ya que la ciudad, por ser el resultado de «una
diversidad de conductas y actitudes» (RONCAYOLO, 1988, 49) requiere precisamente un
entendimiento desde la diversidad, contemplando múltiples factores que se nos presentan
como resultado de la plural conducta humana, en la que, si bien es posible definir
actitudes primordiales, éstas no son sino el resultado de necesidades ocasionales que
no siempre definen el factor humano. De hecho, muchos de los rasgos diagnósticos
mencionados pueden haber existido en las distintas sociedades urbanas históricas, pero
no necesariamente en todas ellas. La evolución interna de cada área geográfica marca una
peculiar trayectoria para cada una, de forma que, aunque puedan definirse paralelismos
frecuentes, la diversidad histórica produce, forzosamente, diversidad organizativa y cada
circunstancia propicia resultados específicos. De igual manera la mentalidad del habitante
urbano, conformada por creencias, costumbres y actitudes, configura determinadas formas
de entender la vida ciudadana, desde el poblado defensivo del Calcolítico, a la «civitas»
romana por excelencia o a la introvertida madîna islámica, en la que cada casa es
un santuario, según los preceptos coránicos. De esta forma, la ciudad o el poblado son en
buena medida reflejos materiales de la mentalidad de sus habitantes. No es el urbanismo
físico el que modela el carácter del hombre, sino el hombre el que, consciente o inconscientemente, configura un determinado tipo de hábitat, adecuándolo a sus necesidades, a
su economía, a su mundo de relaciones, incluso a sus creencias. Por eso el urbanismo y
la vida urbana adoptan tantas variantes como las diversas motivaciones que dan forma a las
culturas, de manera que no es posible referirse a un único modelo, ni siquiera a unos rasgos
definidos aunque estos se repitan en distintas partes del mundo, ya que la adecuación a las
propias necesidades produce resultados bien diferentes e incluso contradictorios.
42
JORGE JUAN EIROA GARCÍA
Pero sí parece claro que la ciudad requiere elementos básicos para su definición en
el tiempo y en el espacio, tales como la concentración de población, la comunidad de
asentamiento y la conjunción de actividades, la organización (es decir, la ordenación)
consciente de la sociedad, el establecimiento de normas compartidas, la ordenación del
territorio... etc., lo cual implica una tarea colectiva que compromete por igual a todos
los «ciudadanos» que habitan el lugar. Y de aquí surge, como resultado inmediato del
esfuerzo colectivo, un efecto multiplicador que, a la vez que potencia a la población,
la proyecta más allá de sus propios límites físicos poniéndola en relación directa con
el espacio que la rodea y reforzando un mundo de relaciones que afecta a todos los
aspectos de la vida urbana.
Así, las ciudades manifestarán una tendencia a crear una red circundante de
establecimientos subsidiarios, en un territorio relativamente próximo y de fácil control,
con el fin de asegurar su propio abastecimiento, al tiempo de garantiza el de los centros
periféricos, ya que la urbe terminará desempeñando el papel de núcleo principal de una
comunidad más amplia. Esto ha sido demostrado para la Edad del Hierro europea por
O. Büchsenschütz, que ha analizado los sistemas de explotación agraria de la época
céltica y ha constatado cómo las granjas aisladas, los caseríos y los pueblos coexisten y
se dividen el territorio, especializándose en determinadas formas de producción. De esa
manera el hábitat se dispersa en los lugares de producción, al tiempo que se reagrupa en
los lugares de intercambio (BÜCHSENSCHÜTZ, 1984, 210).
Esta sucesión de causa - efecto no parece que tenga que ser forzosamente consciente,
es decir planificada previamente. Basta con que el centro urbano desarrolle sus propios
mecanismos dinámicos y se establezca un comportamiento casi mecánico en el que
el abastecimiento, las actividades especializadas, el comercio, incluso las ideas y los
sentimientos, jueguen su papel como agentes de lo que L. Binford llamó «dinámica
organizada», proporcionándole al enclave una identidad, que a veces puede estar
caracterizada por una actividad específica, que lo definirá en su propio espacio.
La ciudad irá conformándose a través del tiempo como resultado natural de esa
dinámica organizada, tanto interna como externamente, definiendo espacios físicos como
elementos significativos de su configuración social, distribuyendo sus estructuras de
acuerdo con unas pautas de conducta establecidas por sus habitantes, teniendo en cuenta
diversos factores, impuestos generalmente por sus propias necesidades, por el medio y
por las formas de producción. En la mayoría de los casos esas circunstancias propician
un patrón específico de asentamiento que, en cierto modo, es consecuencia de un
determinado modelo social y no únicamente de una mera adaptación al territorio, como
cree E. Lampard (LAMPARD, 1965).
Sí es aceptable, sin embargo, que a determinados niveles del desarrollo de la sociedad,
o en territorios especialmente propicios a una modalidad concreta de explotación
(territorio y función), estas circunstancias favorezcan un patrón especializado que
conduzca a una determinada forma organizativa, reflejada en la expresión física de
la configuración urbana. La ciudad así, como expresión viva del modelo urbano, se
convierte en el fiel reflejo de la personalidad de sus moradores y su aspecto externo no
es más que el resultado del desarrollo de su organización, que tiene en el espacio y en el
tiempo su proyección de tamaño y permanencia, como cualidades definitorias.
SOBRE EL ORIGEN DEL URBANISMO Y DEL MODELO DE VIDA URBANA EN EL VIEJO Y NUEVO MUNDO
43
Los habitantes urbanos, conscientes de que este modelo social requiere cada vez
mayor organización y una progresiva especialización, se adaptan a un sistema de
continuas incitaciones que va aumentando el carácter de colectivización al mismo tiempo
que incrementa las diferencias entre la vida campesina y la vida ciudadana. Y aunque
esta creciente diferencia no supone, en modo alguno, la ruptura con el medio rural, ya
que existe un necesario vínculo de interdependencia, la urbe sobrepasa el nivel primario
de dependencia y con su diversidad de funciones se convierte en el más alto grado de
los sistemas de subsistencia, ya que aglutina en sí el interés de los grupos y núcleos
circundantes. Es éste un sistema de relaciones que aparece como fruto del desarrollo
urbano en diversas partes del mundo, incluida la Europa protohistórica de la Edad
del Bronce.
Al mismo tiempo, la urbe se adapta a la variedad humana que aglutina, pero no
mezcla a sus habitantes, sino que los divide en grupos atendiendo a los diversos orígenes,
trabajos y rangos, ofreciendo así su propio esquema de estructura social, en la que
existe una clara diferenciación «vertical», por la diversidad dentro de una misma clase,
y, a la vez, una estratificación «horizontal», por la diferencia entre clases distintas o
por el variado rango social.
La diversidad de las áreas urbanas, de las viviendas o de la situación con respecto a
los lugares de privilegio, así como la clara diferenciación de ajuares en las necrópolis, son
datos generalmente constatados desde el punto de vista arqueológico, en la protohistoria,
el mundo antiguo y la Edad Media. Y aún cabría hablar de otros factores de la
diversificación, tales como la religión, la condición política o el rango laboral, por
ejemplo, ya que no es una casualidad que cuanto más avanzado sea el grado de
urbanización de una sociedad más elevado es el grado de diferenciación y más variados
los factores que la producen, ya que el incremento de servicios y especialidades provoca
una demanda natural de «funcionarios» y artesanos que tienden a agruparse en categorías
sociales cada vez más estables, de acuerdo con su función en el ámbito urbano,
produciéndose entonces un nuevo efecto multiplicador que aumenta la demanda de bienes
de consumo y, en consecuencia, de dinamismo urbano, que redunda en todos los aspectos
de la vida del centro: economía, comercio, producción, incremento de la población,
asistencia, defensa... etc.
Como centro de atracción, la urbe ofrece además un elevado grado de seguridad a sus
habitantes y la posibilidad de hallar más facilidades para sus realizaciones personales. La
seguridad se ve reforzada por la creación de instituciones defensivas y de control, dentro
del proceso de formación de un sistema legal y un gobierno capaces de coordinar no
sólo a sus propios habitantes sino además a los núcleos circundantes que la proveen de
alimentos. Estas instituciones dirigirán también los grandes proyectos cooperativos: obras
públicas, saneamiento, almacenamiento de excedentes públicos, regadío... etc.
Sin embargo, pese a los factores comunes que se identifican en las primeras ciudades,
cada una pudo ofrecer elementos diferenciadores, ya que todas eran distintas y estaban
condicionadas por circunstancias locales que, de hecho, variaban de una a otra. Esto
quiere decir, a grandes rasgos, que los factores comunes pueden responder a una similitud
de respuestas culturales a problemas similares y, por añadidura, refuerza la idea de que el
origen del urbanismo no hay que buscarlo solamente en los antiguos núcleos del mundo
44
JORGE JUAN EIROA GARCÍA
oriental sobre los que numerosos investigadores han centrado su interés durante tantos
años, dada la espectacularidad de sus evidencias arqueológicas, dando por hecho que,
desde la óptica de las tesis difusionistas, la idea urbana se expandió desde allí a otros
lugares.
Tal vez hoy sea más adecuado pensar que la urbanización de la sociedad es un
fenómeno cultural que, al igual que la agricultura, la tecnología o la religión, apareció
en distintas partes del mundo, bajo diferentes formas secundarias, aunque en repuesta
a estímulos semejantes.
Este proceso, que generalmente suele ir estrechamente ligado al proceso tecnológico,
germinó en Europa, parejo al desarrollo de la metalurgia, en el cenit de la Edad del
Bronce, para alcanzar su fase de plenitud ya en la Edad del Hierro, con el estímulo de
grupos culturales más desarrollados. El mundo clásico supondrá un proceso de afirmación
y perfeccionamiento de la vida urbana, que se proyectará a lo largo del Medioevo,
superando la crisis de la Alta Edad Media, en la que la vida urbana se replegó sobre sí
misma y perdió una buena parte de los logros obtenidos, para renacer en la plenitud
del siglo XIII, de la mano de la «revolución mercantil» y del desarrollo del comercio,
tras varios siglos de letargo. Desde entonces, su progresión ha sido constante, aunque
pasando algunos momentos críticos.
Pero todavía no conocemos el final de este proceso histórico, ya que las sociedades
urbanas del mundo actual, en opinión de algunos, caminan hacia un estadio de «superurbanización», al que ya se refería K.E. Boulding con el nombre de «postcivilización»
en su obra «The Death of the City» (1961). Quizás entonces la propia ciudad, como
materialización de la idea de urbanismo, deje de tener significado y se convierta en
un «núcleo residual» dentro de un patrón diseminado que abarque suburbios y áreas
exurbanas, acortando la distancia entre vida rural y vida ciudadana (que cada vez es
menor), en un proceso inverso al desarrollado hasta ahora.
Tal vez convenga meditar sobre las palabras de E. Adamson Hoebel, cuando dice
que «un nuevo nivel de organización social está empezando a formarse. Muchas de las
viejas instituciones de la civilización están siendo derribadas» (HOEBEL, 1973, 533).
La ciudad podría ser una de ellas.
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EVOLUCIÓN URBANA DE CARAVACA
(SIGLO XIII-1850)
ÁNGEL LUIS MOLINA MOLINA
Apenas existen referencias de Caravaca en época musulmana. Al parecer, durante los
siglos X al XII, era un pequeño núcleo de población —qarya— dependiente del distrito
de Mula. El geógrafo Yaqut apunta que Caravaca es un hisn situado al norte de Murcia;
también se menciona el campo de Caravaca en un conocido texto que relata la asombrosa
campaña levantina de Alfonso I (Ibn Idari: Bayan al-Magrib). Una última mención está
recogida en la crónica de Ibn Sahib al-Salah (Al-Mann bi-l-Imama) en los pasajes que
narran la conquista almohade de los territorios del oriente de Al-Andalus bajo el dominio
del emir Muhammad b. Sa’d Mardanis, de este texto puede deducirse que en las sierras
de Baza, Segura, Galera y Caravaca había abundante ganadería. En la época islámica, la
población ocupaba el cerro del castillo, al amparo de sus fortificaciones y, posiblemente,
se dedicaba al cultivo de las huertas próximas y al pastoreo.
INCORPORACIÓN A LA CORONA DE CASTILLA
Tras los acuerdos de Alcaraz (1243) se inicia la época de protectorado castellano
en el reino de Murcia. Caravaca fue entregada ese mismo año, en régimen de tenencia,
a Berenguer de Entenza1. Durante los veinte años del protectorado, Caravaca mantuvo
su población islámica y apenas se introdujeron cambios respecto a la situación anterior,
salvo una emigración paulatina de la población musulmana hacia Granada y el norte
de África.
Tras la fracasada rebelión mudéjar (1264-1266) la situación cambia, los acuerdos
de 1243 quedarán sin efecto, los musulmanes que permanecieron fueron obligados a
abandonar el recinto amurallado, perdieron sus propiedades, pasando a ser arrendatarios
* Las fotografías que se incluyen en el presente trabajo proceden del archivo fotográfico del Excmo.
Ayuntamiento de Caravaca de la Cruz. Por otra parte, los planos, inspirados en los contenidos en la obra de José
María RÓDENAS CAÑADAS: La plaza en la ciudad histórica en la Región de Murcia, han sido elaborados por
el Lcdo. Jorge Eiroa Rodríguez. A todos ellos quiero expresarles mi agradecimiento.
1 Juan TORRES FONTES: Fueros y privilegios de Alfonso X el Sabio al Reino de Murcia, CODOM III,
Academia Alfonso X el Sabio, Murcia, 1973, doc. III, págs. 4-5.
50
ÁNGEL LUIS MOLINA MOLINA
de los nuevos pobladores cristianos. Caravaca, junto con Cehegín y Bullas, fue entregada
a la Orden Militar del Temple para su repoblación y defensa2.
Desde 1266 a 1285 los templarios mantienen su autoridad sobre Caravaca; una
incursión granadina asaltó y tomó el castillo de Bullas (1285), acontecimiento que,
aparentemente, indujo a Sancho IV a quitar a los templarios su bailía, pasando Caravaca
a ser realenga y se le otorga el fuero de Alcaraz. En esta situación permaneció hasta una
fecha incierta, pero antes de noviembre de 1304, de nuevo, volvería a los templarios que
la mantendrían hasta la disolución de la Orden, reintegrándose nuevamente a la Corona,
que la mantuvo hasta que Alfonso XI la concedió a Pedro López de Ayala3. A la muerte
de éste, el monarca donó el territorio a la Orden de Santiago (1344), integrándose en
la línea defensiva compuesta por Lorca y las villas santiaguistas de Moratalla y Yeste,
constituyendo uno de los baluartes principales de la frontera murciana frente al reino
nazarita de Granada.
Las tímidas medidas repobladoras iniciadas por la Orden, quedarían sin efecto por
la epidemia de peste de 1348-49. En 1352 Pedro I, a petición del concejo de Murcia,
ordenaba al maestre don Fadrique que restaurase y poblase los castillos de Caravaca y
Cehegín «que estan derribados e yermos en tal manera, que sy guerra ouiese serian a
grand peligro de se perder... porque vos ruego e mando, vista esta mi carta, que enbiedes
luego poner recabdo en los dichos castiellos en tal manera porque ellos esten aparejados
e poblados para mio seruiçio como cunple»4. Pasadas las secuelas de la peste, se toman
medidas encaminadas a la repoblación y fortalecimiento del concejo de la villa. El
maestre don Juan García concedió al concejo la mitad de las rentas del molino nuevo,
del horno y del montazgo, y las limosnas de la Vera Cruz5; pero habrá que esperar a
la segunda mitad del siglo XV para observar algunos indicios claros de crecimiento
demográfico y urbanístico. La situación fronteriza condicionó el desarrollo demográfico
y económico de Caravaca durante el periodo bajomedieval. A lo largo del siglo XIV la
Santa Sede otorga diversas bulas de indulgencias a todos aquellos que acudieran a poblar
y defender la frontera, entre los lugares que en ellas se citan se encuentra Caravaca. Ya
en el siglo XV, después de la primera conquista de Huéscar comienza un tímido avance
económico y poblacional en la zona que se incrementará notablemente en la segunda
mitad de la centuria. En 1488, tras la campaña de los Reyes Católicos en Huéscar y Baza
se aprecian claramente una serie de elementos que indican un proceso de crecimiento
en todos los sentidos6.
En pocos años el número de habitantes de la villa creció un 150%, pues pasó de
los 200 vecinos de 1468 a los 500 de 1507 —es decir, de 900 a 2.250 habitantes
2 Véase Agustín MARÍN ESPINOSA: Memorias para la historia de la ciudad de Caravaca, Caravaca,
1856, págs. 98-102.
3 Juan TORRES FONTES: «Relación murciana de los López de Ayala en los siglos XIII y XIV», en
Murgetana, 45, Murcia, 1976, pág. 13 (nota 20).
4 Ángel Luis MOLINA MOLINA: Documentos de Pedro I, CODOM VII, C.S.I.C.- Academia Alfonso
X el Sabio, Murcia, 1978, doc. 46, pág. 79.
5 Juan TORRES FONTES: «La repoblación de Caravaca en 1354 y el culto a la Vera Cruz», en Revista
de las Fiestas de la Cruz, Caravaca, 1990.
6 Véase Indalecio POZO MARTÍNEZ: «El desarrollo urbano de Caravaca: los barrios y el callejero (ss.
XIII-XIX)», en Murgetana, 101, Murcia, 1999, págs. 34-36.
EVOLUCIÓN URBANA DE CARAVACA (SIGLO XIII-1850)
51
aproximadamente—7. A fines del siglo XV se procedió a un reparto generalizado de
tierras en los campos de Caravaca, despoblados en su mayor parte desde la huida de
los musulmanes en el siglo XIII8. El aumento de población lleva consigo un paralelo
crecimiento urbano.
EL CRECIMIENTO URBANÍSTICO DE CARAVACA (FINALES DEL SIGLO
XV-XVII)
El arranque urbanístico de Caravaca tienen como punto de partida el primitivo núcleo
medieval, recinto amurallado, de origen musulmán que pudo nacer entre los siglos XI y
XII. La muralla está construida en tapial, con una longitud de 875 metros, que encerraba
un espacio de alrededor de 5 hectáreas, una serie de torreones almenados (al menos doce)
se distribuyen a lo largo del muro y lo refuerzan; y, finalmente, dos puertas constituían
los accesos a la villa: la principal o de Santa Ana, y la del Sol. La villa medieval
responde a su carácter puramente defensivo y militar, aglutinándose la población en
un entramado de callejuelas que bordean en todo su perímetro el cerro del castillo, y
concentrándose en su extremo noroeste junto a la plazuela de la Soledad, punto de acceso
a las rampas de la fortaleza.
Plaza de la Soledad.
7 Véase Ángel Luis MOLINA MOLINA: «Datos sobre sociodemografía murciana a fines de la Edad
Media (1475-1516)», en Anales, XXXVI, Universidad de Murcia, 1977-78, pág. 7 de la separata.
8 Véase Miguel RODRÍGUEZ LLOPIS: Señoríos y feudalismo en el Reino de Murcia. Los dominios de
la Orden de Santiago entre 1440-1515, Universidad de Murcia, 1986, pág. 212.
52
ÁNGEL LUIS MOLINA MOLINA
En los últimos años del siglo XV comienza la verdadera expansión; en primer lugar
en el propio Cerro del Castillo, edificando solares y trazando calles en espacios que hasta
entonces eran ejidos concejiles9. Sin embargo, el suelo intramuros era escaso para la
creciente demanda y, además, las murallas constreñían el crecimiento. Las viviendas se
adosaban a la iglesia mayor y a los muros de la villa. En 1494 se ordena la apertura de
una nueva puerta en el muro junto a un cantón, la llamada Puerta del Sol10; en ese mismo
año consta una tienda en La Corredera, dos tiendas en la Plaza y el denominado Corral
del Concejo —arrendado a unos particulares—, que después dará nombre a la calle del
Corral del Concejo —actual calle del Teatro—11.
El crecimiento urbanístico fuera de las murallas se inicia ya en las últimas décadas
del siglo XV, como lo demuestra la existencia de algunas casas que hubieron de ser
derribadas para la construcción de la Iglesia de El Salvador, o la existencia en 1507,
de las ermitas de San Sebastián y San Bartolomé en el «arrabal de la dicha villa»12.
También existían algunos molinos, una almazara y un batán de la Orden de Santiago,
pero todos fuera de la villa, por lo que no formaban parte de la trama urbana, aunque
en el futuro influyeran en ella. Según la terminología medieval, villa sería «todo aquel
lugar que es cerrado de los muros con los arrabales et los edificios que se tiene con
ellos»13, este concepto sigue vigente en los inicios del siglo XVI como se demuestra en
1507 cuando los visitadores santiaguistas describen sus muros «... e luego los dichos
visitadores visitaron los muros de la dicha villa e començaron de la puerta principal
della e de ally fueron fasta la torre que dizen de Alonso Veas...»14. E incluso conservó
su importancia como área fortificada, puesto que los visitadores ordenaron reparar torres,
muros y almenas y conservar las puertas: «... e de ally fueron fasta la puerta del
Sol donde los visitadores pasados avyan mandado poner unas puertas, e hallaronse
puestas»15.
Así pues, será a partir de las primeras décadas del siglo XVI cuando la expansión
urbana adquiera cierto auge, y no lo hará al azar, sino siguiendo unas líneas concretas que
coinciden con las vías de comunicación, que tienen su punto de partida desde la Puerta de
Santa Ana, tales vías son: 1) Camino de Moratalla; 2) Campo de Béjar, Nerpio y Santiago
de la Espada; 3) Lorca y Huéscar; 4) Murcia y Calasparra. De esta manera surge la calle
Puentecilla, en la confluencia de los caminos de Cehegín y Calasparra; la calle de San
Bartolomé, en el camino de Moratalla; y las calles Mayor y Herrerías, en el camino de
Lorca y Huéscar. Siguiendo estas cuatro vías se materializa el crecimiento urbanístico en
el siglo XVI, dando lugar a las cuatro principales calles de la época: Melgares, Mayrena,
Mayor y Plaza Mayor-Puentecilla, que se corresponden respectivamente con las vías
señaladas. Al mismo tiempo, y en dirección a esas arterias, comienzan a nacer otras.
9 Diego MARÍN RUIZ DE ASSÍN: «Las Visitas de la Orden de Santiago a Caravaca (1468-1507)»,
en Estudios de Historia de Caravaca: Homenaje al Prof. Emilio Sáez, Real Academia Alfonso X el Sabio,
Murcia, 1998, pág. 286.
10 Diego MARÍN RUIZ DE ASSÍN: ob. cit., págs. 236 y 279-280.
11 Diego MARÍN RUIZ DE ASSÍN: ob. cit., págs. 246-247.
12 A.H.N. Órdenes Militares, Uclés. Visitación de 1507. Caravaca, fols. 222-223.
13 Part. VII, tit. XXXIII, ley VI.
14 A.H.N. Órdenes Militares, Uclés. Visitación de 1507. Caravaca, fol. 228.
15 A.H.N. Órdenes Militares. Uclés. Visitación de 1507. Caravaca, fol. 230.
53
EVOLUCIÓN URBANA DE CARAVACA (SIGLO XIII-1850)
Paralelamente empieza a poblarse tímidamente el Arrabal de las Eras (Los Cabezos),
se traza la calle Nueva, se desarrollan nuevas edificaciones en la Plaza y se ordena
la construcción de un Hospital y una Casa de Diezmos para la Orden de Santiago,
junto al Pilar de la villa16.
Hacia 1526 se ordenó ensanchar y alargar la iglesia mayor «porques obra antigua e
vieja e pequeña», acordándose la adquisición y demolición de diversas casas y tiendas,
planteándose la posibilidad de alargarla hasta la muralla; pero, algunos años después se
abandona este proyecto, iniciándose la edificación de una nueva iglesia mayor en un
lugar próximo, pero distinto.
Las obras se inician en 1536, según consta en la Visitación de ese año, precisamente
en el principal punto de convergencia de las cuatro vías de comunicación antes señaladas,
convirtiéndose en el núcleo de irradiación urbanística. A partir de la Iglesia, y sus
alrededores, comienzan a fraguarse construcciones que se alinean en torno a las vías y
que comienzan un tímido crecimiento en dirección a las mismas, iniciándose las calles
Mayor, Melgares y Plaza Mayor.
El crecimiento demográfico de Caravaca fue muy importante en los inicios de la Edad
Moderna, como puede comprobarse en el siguiente cuadro:
EVOLUCIÓN DE LA POBLACIÓN (1468-1620)
AÑO
VECINOS
1468
1495
1498
1507
1526
1536
1558
1620
200
339
400
500
600
814
1.246
1.202
HABITANTES*
900
1.526
1.800
2.250
2.700
3.663
5.607
5.409
* Para pasar de vecinos a habitantes hemos utilizado el coeficiente 4,5.
Según hemos podido constatar a través de los Libros de Actas Capitulares del concejo,
hacia mediados de la centuria, en torno a la calle Mayor ya existe la calle del Pilar,
y se habla de la «Puente del Molino». En 1571 hay referencias a la calle Nueva y en
1577 se prevé el trazado de la calle de San Sebastián «...al lado de San Sebastian,
ermita desta villa...». En 1578 encontramos la llamada Corredera de la Concepción
«...extramuros desta villa»17.
En el siglo XVII se va completando la red de calles y callejuelas, que ocupan la
empinada topografía de la villa. Robles Corvalán en 1615 describía Caravaca diciendo
16 Diego MARÍN RUIZ DE ASSÍN: ob. cit., págs. 200, 215 y 239.
17 Véase Gregorio SÁNCHEZ ROMERO: «El influjo de lo religioso en el urbanismo caravaqueño de la
Edad Moderna», en El culto a la Santísima y Vera Cruz y el urbanismo en Caravaca y su término municipal,
Universidad de Murcia, 1999, págs 182-183.
54
ÁNGEL LUIS MOLINA MOLINA
Plaza del Ayuntamiento o del Arco.
Plaza Nueva, hoy del Obispo Frutos.
EVOLUCIÓN URBANA DE CARAVACA (SIGLO XIII-1850)
Placeta del Santo.
Plaza de Santa Teresa.
55
56
ÁNGEL LUIS MOLINA MOLINA
que estaba fundada en medio de una vega de legua y media de larga y más de media de
ancha, «... entre las faldas de cinco collados»18, lo que significa que a comienzos del siglo
XVII las cimas de esos cabezos aún no se encontraban urbanizadas.
Muy interesante para el estudio urbanístico de la Caravaca de los siglos XVI y XVII
es la ubicación de las plazas. A mediados de la centuria del quinientos se organiza la
Plaza Mayor, en la que se ubicará el edificio del Concejo, cuyo cuerpo principal se
dispone cerrando el espacio sobre la calle abovedada. Como afirma Ródenas Cañada,
el ayuntamiento expresa así su pleno dominio del espacio, reforzado además por la
convergencia hacia el mismo de las fachadas laterales de la plaza. «El resultado es,
por la singularidad de su disposición, magnífico y, por suerte, escasamente alterado.
Probablemente, aunque no se ha podido constatar, el trazado original no corresponda
al actual por el recorte en el extremo opuesto de la plaza, con la supuesta intención
de comunicarla con la iglesia del Salvador que resultaba excesivamente agobiada por
las edificaciones circundantes»19.
Quizá para obviar esta situación se dispondría el ensanchamiento, en embudo, de la
llamada Plaza Nueva, que permitiría una visión con cierta perspectiva de la alta torre del
Salvador, la única en esos años de la ciudad. El espacio se completaría con edificaciones
posteriores de los siglos XVIII y XIX, como el Teatro Tullier.
El trazado renacentista de las calles de la villa dará lugar a algún otro espacio, de
carácter residual e incluso casual, exigido por la excesiva angostura de las calles. Son
ejemplo de esto la placeta del Santo, junto a la antigua ermita de San Sebastián, o la
Plaza de Santa Teresa, recodo de la calle Mayor, o la placeta conformada frente a la Casa
de la Encomienda, en la misma calle20.
Las numerosas fundaciones conventuales de las órdenes religiosas, establecidas en
Caravaca en las últimas décadas del siglo XVI —Jesuitas, Jerónimos, Carmelitas, Clarisas,
Franciscanos, etc.— tuvieron una gran influencia en la estructuración urbanística, como
ha estudiado ampliamente Sánchez Romero21.
La Compañía de Jesús en 1570 se establece junto al camino de Moratalla, en el lugar
en que se ubicaba la ermita de San Bartolomé, convirtiéndose a su vez en núcleo de
urbanización, y dando nombre, ya en 1588, a la Calle de la Compañía. Posteriormente,
en 1595, se trasladaría de lugar, estableciéndose en el camino de Lorca —Calle Mayor—;
el amplio espacio que ocuparía este hermoso conjunto urbanístico denota la existencia
de un gran solar sin urbanizar que iría tomando connotaciones urbanas durante el siglo
XVII y XVIII, convirtiéndose a su vez en núcleo de crecimiento de la ciudad y de
prolongación de la calle Mayor.
Los franciscanos, en 1574, se establecerán en los alrededores del camino de Moratalla.
El P. Manuel Ortega en 1740 nos dice que el convento se localizó «fuera de la Villa, al
Norte, aunque con tan corta distancia, como estar algunas casas a menos de ochenta
18 J. de ROBLES CORVALÁN: Historia del Mysterioso Aparecimiento de la Santísima Cruz de
Carabaca, Madrid, 1615, pág. 81 (Cit. por Gregorio SÁNCHEZ ROMERO: «El influjo...», pág. 183).
19 José María RÓDENAS CAÑADA: La plaza en la ciudad histórica en la Región de Murcia, Tesis de
Doctorado (inédita), Universidad Politécnica de Valencia, 1994, págs. 68-69.
20 Véase José María RÓDENAS CAÑADA: ob. cit., pág. 70.
21 Véase G. SÁNCHEZ ROMERO: «El influjo...», págs. 185-189.
EVOLUCIÓN URBANA DE CARAVACA (SIGLO XIII-1850)
57
pasos»22. Esto significa que la zona estaba todavía bastante despoblada, y aún en 1600
se habla de que «la puente que está camino de San Francisco, tiene necesidad de
repararse»23 lo que confirma que el tramo entre la calle Melgares y el convento de los
franciscanos era considerado como camino. Durante el siglo XVII iría poblándose el
entorno del convento —Melgares, calle Larga, Torrentera— que se convertiría de este
modo en núcleo urbanizador.
En la misma vía, en el siglo XVII, ese establece otro monasterio, más cercano al
núcleo principal de la villa, tal vez en la zona dejada por los jesuitas: es el convento
de las monjas franciscanas de Santa Clara. Esta fundación, según el P. Ortega, fue
concedida en 1586, pero por falta de medios económicos no se llevó a cabo hasta
1609. La andadura constructiva del convento fue progresiva, creciendo en función de
sus necesidades.
En la vía de Lorca, surgió el convento de Madres Carmelitas en 1576, fue fundación
de Santa Teresa de Jesús24. Ocupó el solar de una casa ya existente sufriendo sucesivas
reformas y ampliaciones en siglos posteriores. Así, en 1692, construyeron el coro y la
sacristía, lo que demuestra que el entorno estaba sin edificar, se dota al convento de huerto
y, posteriormente, ya en el siglo XVIII se construye la actual iglesia.
En los aledaños de esta misma vía nacerá otro convento: el de los Padres Carmelitas
Descalzos (1586), fundación directa de San Juan de la Cruz. Las obras comenzaron
inmediatamente, en el lugar que ocupa en la actualidad, en las afueras de la villa, junto
a la Corredera de la Concepción, en una zona que, por la amplitud del mismo, estaba sin
edificar, pero con vistas a la expansión, ya iniciada, de la población, como lo demuestra
el mandato del Ayuntamiento de 4 de enero de 1588, referente al callejón y calle que
existían desde la Corredera para salir al camino de Lorca, al referirse a la edificación del
convento y a la calle dice: «es calle muy angosta, de manera que los carros no pueden
pasar con anchura.... Acordóse que el edificio de dicho conbento se meta lo que pareciere
que este bien para dar anchura y lo mismo se haga a la otra parte cuando se obiere
de edificar»25. A lo largo de los siglos XVII y XVIII el monasterio iría tomando su
actual configuración.
Otro convento, en la misma área, sería el de los Jerónimos, que en 1610 se trasladó
desde su primitiva ubicación en el llamado «trascastillo», hasta las cercanías del bañadero
de la Vera Cruz, si bien se instalaría en una casa solariega existente en el lugar, y cuyo
entorno debió estar ya bastante urbanizado.
Por otra parte, cabe hacer referencia a la influencia que las ermitas pudieron tener
sobre el urbanismo. Las primeras fueron las de San Bartolomé y San Sebastián. Ellas
fueron, sin duda, los primeros templos que salen fuera del recinto amurallado. La de San
22 Fr. P. Manuel ORTEGA: Chronica de la Santa Provincia de Cartagena de la regular observancia de
N. S. P. San Francisco, Murcia, 1740, pág. 325.
23 A.M. Ca. A.C. 1600, fol. 199 (Cit. por G. SÁNCHEZ ROMERO: «El influjo...», pág. 186).
24 En el Archivo Histórico de Caravaca se conserva la carta autógrafa de Santa Teresa, dirigida a
Sor Ana de San Alberto, para la fundación del convento. Comienza así: «Memoria de lo que se a de açer
en Caravaca».
25 A.M.Ca. A.C. 1585-88, sesión de 4 de enero de 1588 (cit. por G. SÁNCHEZ ROMERO: «El
influjo...», pág. 188).
58
ÁNGEL LUIS MOLINA MOLINA
Bartolomé debió construirse entre 1480 y 149426. Se ubicaba en el camino de Moratalla,
y en su dirección se trazaría la futura calle de los Melgares. Esta ermita sirvió de
base al primer emplazamiento de la Compañía de Jesús en 1570, y tal vez también al
posterior convento de clarisas.
La ermita de San Sebastián se edificó entre 1498 y 150727. Desde su construcción en
uno de los collados, se abre un nuevo camino al crecimiento de la villa extramuros del
recinto medieval, repoblándose sus alrededores a partir de los inicios del siglo XVI. En
1577 se inicia una calle que llevaría su nombre y se iría completando todo un barrio
en torno al espacio abierto frente a la misma, configurando una de las plazas de la
nueva villa (Placeta del Santo), y dando pie al nacimiento de una serie de calles que
convergerían en ella.
Otras dos ermitas, posteriores a estas, sirven a su vez de punto de referencia
urbanística y dieron su nombre a su entorno: la Concepción y San Jorge. La primera
destaca por su sencillez arquitectónica, de carácter renacentista y, sobre todo, por su
artesonado mudéjar. Su construcción es anterior a 1578, situada entre la Corredera y el
lugar donde anualmente se realiza el ritual del Baño de la Vera Cruz en Agua. La de
San Jorge tuvo su origen a finales del siglo XVI y se concluyó en los primeros años
del siglo XVII, en el cabezo que preside el barrio que lleva su nombre. Esta ermita
pasó por diversas vicisitudes y en el siglo XVIII estuvo expuesta a la ruina, teniendo
que ser reparada, en lo que colaboró el concejo. En 1793 todavía estaba en uso, siendo
atendida por los franciscanos28.
Finalmente, nos referiremos a otras dos ermitas: la de Santa Elena o de Jesús Nazareno
y la del Buen Suceso. La primera, edificada a finales del siglo XVII sería ampliada a lo
largo de la centuria siguiente en la que adquiere su forma actual, se encuentra situada
en uno de los barrios de mayor expansión urbanística durante el primer tercio del siglo
XVIII, el Barrio del Hoyo o de Santa Elena. La ermita del Buen Suceso también data del
siglo XVII, es la más cercana a las murallas medievales, pero su influencia urbanística
fue escasa; no obstante, prestaría importante servicio religioso hasta finales del siglo
XVIII a los habitantes del antiguo Corral del Concejo y del Carril, zona habitada por
los más pobres de la época.
26 Se cita por primera vez en la Visitación de 1494: «... visitaron la hermita y casa de San Bartolome, la
qual esta fuera de la dicha villa, entre los huertos... la qual hermita esta sobre tres arcos de yeso e cubierta
de buena madera e teja» (A.H.N. Órdenes Militares. Uclés. Ms. Santiago 1066 C, fol. 181 —publ. por Diego
MARÍN RUIZ DE ASSÍN: «Las Visitas de la Orden...», pág. 218—).
27 Se cita por primera vez en la Visitación de 1507: «...visytaron la hermita del señor San Sebastian,
que es junto con el arrabal de la dicha villa. Es una casa grande que nuevamente se haze, e estan las
paredes hechas e algo en una parte della cubierta de madera, labra contino en ella, es buena casa» (A.H.N.
Órdenes Militares. Uclés. Ms. Santiago 1072 C, fol. 222 —cit. por Diego MARÍN RUIZ DE ASSÍN: «Las
Visitas de la Orden...», pág. 311—).
28 Véase Gregorio SÁNCHEZ ROMERO: «El influjo...» págs. 190-191.
EVOLUCIÓN URBANA DE CARAVACA (SIGLO XIII-1850)
59
Evolución urbana de Caravaca (Edad Media-Siglo XIX, según Indalecio Pozo Martínez).
60
ÁNGEL LUIS MOLINA MOLINA
LA EXPANSIÓN DE LOS SIGLOS XVIII Y XIX
Durante el siglo XVIII, afirma Pozo Martínez, se consolida definitivamente la
expansión urbana iniciada en el siglo XVI. Se concluyen la gran mayoría de las
construcciones religiosas, se acometen nuevas obras civiles de envergadura y se ocupa
prácticamente la totalidad del suelo urbano que había sido proyectado en los siglos
precedentes. En esta época se derriban muchas casas ruinosas y se inicia un proceso
de reedificación de viviendas «a la moderna» que explica, en gran medida, el aspecto
que hoy ofrece el casco antiguo29.
A lo largo de los siglos XVIII y XIX el incremento demográfico es continuo. Para
1720, el P. Cuenca afirma que «la vecindad de Caravaca será de hasta mil y quinientos
vecinos, entrando en este número los referidos labradores de los cortijos y caseríos del
campo»30, es decir, unos 6.750 habitantes. Por su parte, el censo de Floridablanca de
1787 nos arroja la cifra de 10.861 habitantes31, superior a la que nos proporciona Espinalt
García en 1778: 2.180 vecinos, o lo que es lo mismo 9.810 habitantes32. Marín Espinosa,
para 1850, da un total de 12.829 habitantes, de los que 6.583 vivían en el casco urbano y el
resto en el campo y huerta33; y el Censo de 1857 arroja, para el municipio, una población
de 14.326 habitantes34, cifra que estaría en contradicción con la que nos proporciona, para
unos años antes, Pascual Madoz: 6.643 vecinos, es decir, 26.572 almas35.
Paralelamente al desarrollo demográfico correrá el urbano, propiciado por las
transformaciones económicas del siglo, fundamentalmente en el sector agrario con
ampliación de la superficie cultivada a base de constantes talas y roturaciones en terrenos
hasta entonces dedicados a monte o pastizal36, con el consiguiente aumento de beneficios
para los agricultores, que constituían la mayor parte de la sociedad caravaqueña.
A lo largo de la centuria del setecientos en la región de Murcia se afrontan reformas
de consideración y se buscan nuevos efectos urbanísticos. Es un periodo de grandes obras
en la arquitectura civil privada, manifestación de un holgado nivel económico, con una
nobleza y una burguesía acomodada muy vinculadas a la ciudad, y que aún es evidente
en ciertas zonas de Lorca, Murcia, Caravaca, Cehegín o Mula. Con materiales modestos,
29 Indalecio POZO MARTÍNEZ: ob. cit., pág. 52.
30 Véase M. CUENCA FERNÁNDEZ: Historia Sagrada de la Stma. Cruz de Caravaca, Caravaca,
1722, pág. 15, ap. 9.
31 Véase Francisco CHACÓN JIMÉNEZ y José Luis GONZÁLEZ ORTIZ: «Bases para el estudio del
comportamiento demográfico de Cehegín, Caravaca y Moratalla en la larga duración (1468-1930)», en Anales
de la Universidad de Murcia, XXXVII, 1-2, 1980, pág. 78.
32 Bernardo ESPINALT Y GARCÍA: Atlante español, o descripción general de todo el reyno de
España. Reyno de Murcia, Academia Alfonso X el Sabio, Murcia, 1981, pág. 120 [edición facsímil de la
de Madrid de 1778].
33 Véase Agustín MARÍN ESPINOSA: ob. cit., págs. 214-215.
34 Véase Gregorio SÁNCHEZ ROMERO: «Aproximación a la historia urbana de Caravaca (Murcia)», en
Argos, 1, Caravaca de la Cruz, 1981, pág. 10.
35 Pascual MADOZ: Diccionario geográfico-estadístico-histórico de España y sus posesiones de
ultramar. Región de Murcia, Comunidad Autónoma de la Región de Murcia, Murcia, 1989, pág. 71 [edición
facsímil de la de Madrid de 1845-1850].
36 Véase Gregorio SÁNCHEZ ROMERO: Caravaca de la Cruz (Murcia) en el siglo XVIII. Las
Ordenanzas de 1765, Caravaca, 1982, pág. 11.
EVOLUCIÓN URBANA DE CARAVACA (SIGLO XIII-1850)
61
Plaza de los Caballos del Vino.
ladrillos principalmente, con encintados de yeso moldurando los huecos, a veces con
elegante diseño quebrado, incorporando en esquinas y portadas motivos heráldicos
finamente esculpidos, con airosas cornisas a veces interrumpidas con ojos de buey ovales,
y utilizando ampliamente una rica rejería de forja de movidos perfiles en balcones y
ventanas y las notas coloristas de la cerámica vidriada en pavimentos y tejadillos, puede
hablarse de un peculiar estilo de arquitectura murciana, no popular, sino ciudadana
y burguesa. En zonas donde es más fácil obtener piedra se encuentran caserones de
más solidez, aunque los esquemas son los mismos. Cehegín y Caravaca, por ejemplo,
presentan vistosas fachadas con los mármoles jaspeados de la región, de tonos rojizos
o pardos37.
Será también ahora cuando, definido y aceptado el concepto barroco de la arquitectura
y el urbanismo, se tracen los mejores ejemplos de plazas con carácter propio. La Plaza
de los Caballos del Vino —anteriormente denominada Plaza del Hoyo—, referencia a la
tradición popular, se abre en la encrucijada de dos calles, conformando un espacio casi
cuadrado con una rinconada cerrada y acogedora para el desarrollo de los festejos38.
37 Véase Alfonso PÉREZ SÁNCHEZ: «Arte», en Murcia, Fundación Juan March, Madrid, 1976, págs.
263-265.
38 José María RÓDENAS CAÑADA: ob. cit., pág. 71.
62
ÁNGEL LUIS MOLINA MOLINA
Plaza de la Constitución o del Arco.
Se remodela totalmente la Plaza del Arco, en donde se construye el nuevo
Ayuntamiento (1762) y una serie de edificios: alhóndiga, cárceles, etc. Pascual Madoz
describía así la Plaza del Arco o de Isabel II: «... forma un paralelogramo, tiene 6.600
pies cuadrados superficiales, y en uno de sus frentes se halla la casa consistorial de
mucho mérito. Todo el edificio es de piedra sillería, con hermosa fachada, un balcon de
hierro en toda la estension y 4 de lo mismo a la parte opuesta: en el centro hay un arco
muy bien trabajado donde descansa el edificio, y sirve para dar entrada a la plaza por
aquella parte, comunicando por una calle principal que sale al camino que conduce a
Cehegin y Murcia. Entrando por dicho arco, esta sobre la derecha la Alhondiga con
5 grandes puertas ovaladas, y al lado otros edificios de 40 pies sobre la superficie,
que guardando con aquellas perfecta simetría, altura, fachada y balcones, forman una
vistosa galería. A la izquierda se hallan las cárceles nacionales, de piedra sillería; la
casa de Gobernación y una posada pública de grande estension, cuyos 3 edificios estan
perfectamente alineados; y por último, otras casas en el mismo estado, algo mas salidas
al centro y otras que dan frente a la de Ayuntamiento, dejando el espacio correspondiente
a una de las calles que comunican con lo restante de la población»39.
No obstante, «la más espectacular ejecución del barroco caravaqueño, y uno de los
conjuntos espaciales más interesantes de la región, es el Paseo de la Glorieta, rematado
con el Templete de la Cruz»40.
39 Pascual MADOZ: ob. cit., pág. 68.
40 José María RÓDENAS CAÑADA: ob. cit., pág. 71.
EVOLUCIÓN URBANA DE CARAVACA (SIGLO XIII-1850)
Glorieta o Corredera.
Plaza del Templete.
63
64
ÁNGEL LUIS MOLINA MOLINA
Plaza del Templete.
EVOLUCIÓN URBANA DE CARAVACA (SIGLO XIII-1850)
65
El amplio paseo, de unos 275 metros de longitud y 30 de anchura se configura en
las afueras de la población, sobre el Camino Real de Granada, donde ya existían con
anterioridad el Hospital de San Juan, el Convento de Carmelitas Descalzos y la Iglesia
de la Concepción. A mediados del siglo XIX Madoz describía el conjunto de la siguiente
manera: «Al E. de la población y al N. de la Corredera, o sea plaza alargada, hay
casas bien alineadas, la ermita de la Concepción y el hospital: y a la parte opuesta el
estinguido convento del Carmen, otras casas y un molino harinero de nueva invención: la
glorieta que está en el centro tiene cuatro puertas formadas con pilastras, y sus remates
correspondientes; y los lados con pilastrillas y verjas de madera pintadas al óleo, con
las cuales se cierra el paseo, quedando fuera dos calles laterales. Tiene de longitud 223
varas y 16 de latitud la calle forma un arrecife con 10 asientos a cada lado en forma de
confidentes, y en los estremos hay dos canalones para dar riego a los árboles y demás
arbustos. La obra se ejecutó en 1843 de los fondos públicos...»41.
El Templete barroco será el elemento más significativo de la plaza, de planta circular
envolviendo las seis columnas que sostienen la cúpula bajo la cual se efectúa el Baño de
la Cruz. A su alrededor se organiza un espacio irregular de forma estrellada, encrucijada
de caminos en el extremo occidental del conjunto histórico. «Al final de la glorieta hacia
la parte O., existe un templete que sirve para el baño de la Sta. Cruz en 3 de mayo:
se principió en 1780, y sus lineas esteriores forman un circulo perfecto de 55 pies de
diametro. Está circundado bajo las mismas lineas por un foso de piedra sillería cubierto
con agua de la acequia principal que se halla inmediata, la cual sirve para surtido del
vecindario... la parte esterior del foso es un asiento en toda su estension y en derredor
una fila de álamos. La obra del Templete sobre el foso, o sea el pavimento tiene 8
pies de elevación y forma un exágono con 6 entradas que hacen unos arcos abocinados
sobre pilastras de órden dórico: dividen los lados por la parte esterior varias columnas
de jaspe negro: los lados en lo interior están marcados con dobles pilastras de jaspe
encarnado, y sus capiteles del negro por el órden dórico. La altura hasta los capiteles es
de 35 pies y su obra hasta este punto de piedra sillería; mas la cúpula que lo concluye,
es de yeso y se halla destruido todo el cornisamento. Encima de cada arco se ven
medallones con las armas de España y con las de Caravaca»42.
A lo largo del siglo XVIII se poblará totalmente el Cerro de la Cruz y aparecerán,
entre otras, las calles Galera, Planchas, Iglesias, Arvizu, Hoyo, Primera Traviesa, Segunda
Traviesa, etc., que muestran ya un trazado racional; también en esta época se proyecta la
calle Larga y las que la circundan: Aranjuez, Ramblica, Verónica, Ejido, Torrentera, etc.
La mayoría de las calles estaban sin empedrar y las lluvias hacían constantes surcos en
ellas, transformando las de las zonas más bajas en lodazales; sólo algunas, las principales,
eran pavimentadas; de todas formas casi todas se hallaban en constante mal estado. En
este sentido es ilustrativo el acuerdo municipal de 27 de abril de 1765, en el que se libraba
cierta cantidad de dinero «... para que cuiden la composición de las calles por donde
baja la procesión del baño por hallarse muy penosas, y por este motivo ser contingente el
41 Pascual MADOZ: ob. cit., pág. 69.
42 Pascual MADOZ: ob. cit., pág. 70.
66
ÁNGEL LUIS MOLINA MOLINA
que suceda la desgracia de caer con las hachas y suzeder otros quebrantos...»43. Todavía
durante esta época la documentación sigue haciendo referencia a la muralla que rodeaba
la villa y a las puertas de la misma, pero a las tres tradicionales: la de Huéscar o de
Granada, junto al Bañadero; la de Murcia a la entrada de la Puentecilla desde la huerta, en
la confluencia con San Jorge, y la de Moratalla o San Francisco; se añade la de Mayrena,
a través de la cual se daría salida hacia Béjar, Campo de San Juan y Nerpio. Tal muralla,
probablemente, desaparecería a lo largo del último tercio del siglo, pero en 1800, con
motivo de la epidemia de fiebre amarilla procedente de Andalucía, se construyó de
nuevo el muro, restableciéndose las puertas en su sitio, esta cerca permanecería hasta
finales del siglo XIX44.
A mediados del siglo, Marín Espinosa nos describe Caravaca de esta manera: «... en
la actualidad forma el todo de la ciudad una figura circular irregular de unas cuatro
mil varas de circunferencia. Se halla además dividida por el norte por un barranco
bastante profundo, sobre el cual hay construido un puente de sillería45, que facilita la
comunicación con el barrio de San Francisco... las principales [calles] son llanas, casi
de veinte palmos de latitud, empedradas, con baldosas en sus aceras, y alumbradas con
más de cien farolas... Hay cinco plazas públicas y varias plazuelas: la primera llamada
de Isabel II46... otra plaza denominada del Hoyo... la tercera San Francisco... la cuarta
llamada de San Sebastián47 y la quinta situada a la entrada de la Corredera... Otra
plaza se está construyendo en el sitio que ocupaban varias casas ruinosas48... servirá
para vender ciertos artículos; está inmediata al teatro»49. Y Pascual Madoz nos dirá,
con respecto a las viviendas que «... son en el dia 1.640 de las cuales 30 o 40 se hallan
cerradas: la mayor parte son de tres cuerpos de bastante capacidad, con habitaciones
cómodas y hermosas fachadas y un numero considerable de balcones y rejas de hierro»,
y a continuación nos dice que «las calles en numero de 60 no esta a cartagon; mas las
principales son llanas, de unos 20 palmos de anchura, bien empedradas y baldosadas
y con hermosos faroles de reverberos, de los cuales van colocandose tambien en las
menos públicas o de segundo órden, que estan en los estremos de la población»50. Pozo
43 A.M.Ca. A.C. 1763-65, sesión de 27 de abril de 1765 (cit. por Gregorio SÁNCHEZ ROMERO:
«Aspectos urbanísticos y monumentales de Caravaca de la Cruz (en el siglo XVIII)», en Viñales, II, Caravaca,
1983, pág. 13).
44 Véase Gregorio SÁNCHEZ ROMERO: «El aislamiento de Caravaca ante la epidemia andaluza de
1800», en Argos, nº 0, Caravaca, 1980, págs. 36-37.
45 Se refiere al Puente Uribe, que ya existía desde el siglo XVI (A.M.Ca. A.M. 1600, fol. 199, se dice:
«la puente que esta camino de San Francisco tiene necesidad de repararse...»; cit. por Gregorio SÁNCHEZ
ROMERO: «Aproximación...», pág. 14 —nota 37—).
46 Esta plaza a lo largo del tiempo ha recibido diversos nombres: del Arco, Ayuntamiento, Mayor,
Constitución, Isabel II, José Antonio Primo de Rivera.
47 A.M.Ca. A.C. 1800, sesión de 28 de marzo, hay una reseña sobre esta plaza y su acondicionamiento
para poner en ella establecimiento de venta de carnes, pescados y verduras (cit. por G. SÁNCHEZ ROMERO:
«Aproximación...», pág. 14 —nota 40—).
48 Se refiere a la Plaza del Progreso que, según consta en la inscripción en mármol que existe en
ella, se inauguró en 1855.
49 Véase Agustín MARÍN ESPINOSA: ob. cit., págs. 207-210.
50 Pascual MADOZ: ob. cit., pág. 68.
EVOLUCIÓN URBANA DE CARAVACA (SIGLO XIII-1850)
Calle del Hoyo.
67
68
ÁNGEL LUIS MOLINA MOLINA
Vista panorámica de Caravaca.
Martínez analiza la incidencia positiva que, en lo que se refiere a la reconstrucción de
casas antiguas, tuvieron las Reales Órdenes que, promulgadas en los años finales del siglo
XVIII, propiciaron la desvinculación de inmuebles y la venta de bienes de la Cofradías,
Obras Pías, Capellanías, Pías Memorias, etc.51.
Finalmente, debemos señalar, entre las obras públicas más destacadas del siglo XIX, el
Teatro, levantado sobre una antigua Casa de Comedias, y que fue inaugurado el 3 de mayo
de 184752, y la Plaza de Toros, obra de finales del siglo, edificada parcialmente sobre la
gran iglesia de los desamortizados franciscanos. El fenómeno de la Desamortización dio
origen a la desaparición de algunos conventos como el de San Antonio y los Jerónimos.
Los carmelitas también fueron exclaustrados, pero gracias a ciertos particulares que
aportaron el dinero necesario para comprarlo al Estado, podrían regresar en 1903. Los
conventos de monjas corrieron mejor suerte y se han conservado en su integridad.
Anteriormente, en 1767, los jesuitas fueron expulsados y sus bienes pasaron a manos
del Estado. Poco a poco se irían vendiendo a particulares53. Un manuscrito inédito,
compuesto por Antonio Béjar (1913), señala que en el último tercio del siglo XIX se
51 Véase Indalecio POZO MARTÍNEZ: ob. cit., págs. 56-58.
52 Pascual Madoz escribía al respecto: «... y por todo este mes de diciembre (1846), debe quedar
concluido un teatro de nueva planta que podría competir con el de la capital de la provincia, y se gradua que
costará su construcción mas de 60.000 reales» (ob. cit., pág. 68).
53 La suerte que corrieron las propiedades de la Compañía de Jesús en Caravaca puede seguirse en
Indalecio POZO MARTÍNEZ: ob. cit., pág. 59.
EVOLUCIÓN URBANA DE CARAVACA (SIGLO XIII-1850)
69
inicia la construcción de cuevas y viviendas modestas en el entorno del Calvario y
Cementerio Viejo, y comienza una tímida ocupación del Barrio Nuevo en la primera
década del siglo XX. Pero, el hecho más importante desde el punto de vista urbanístico
será, sin duda, el trazado y apertura de la Gran Vía en torno a 1920, a partir de la cual se
producirá el gran ensanche de Caravaca durante el resto del pasado siglo.
70
ÁNGEL LUIS MOLINA MOLINA
LA FORTALEZA DE CARAVACA
A FINALES DE LA EDAD MEDIA
JORGE A. EIROA RODRÍGUEZ1
En este breve estudio se analizan las características estructurales y funcionales del
castillo de Caravaca en los años finales la Edad Media a través de la información aportada
por los Libros de Visitas de la Orden de Santiago y de los restos materiales conservados.
Si bien se han publicado algunas breves aproximaciones al complejo fortificado medieval
de Caravaca en el marco de análisis más amplios2, hasta el momento no existe ningún
trabajo monográfico que analice las cuestiones que aquí planteamos, algo que sorprende
si tenemos en cuenta que la fortaleza constituye un referente simbólico3 e histórico, no
sólo de Caravaca, sino de toda la comarca murciana del Noroeste.
Las fuentes árabes recogen tres menciones expresas a Caravaca, que han dado lugar
a diversas interpretaciones. Según se desprende del Ar-Rawƒ al-Mi’†ār de Al-H.imyarı, en
los siglos X-XII Caravaca era una qarya, un pequeño núcleo de población dependiente
del iqlım o distrito de Mula4. Ya$qu$t, en su Mu’ŷam al-bulda$n, indica el ™ißn de Caravaca
como el lugar de origen del poeta Abu$ l-H.asan al-‘Abba$s al-Qaraba$qı̄ 5. Por su parte,
el valenciano Ibn al-Abba$r sitúa a Caravaca en las décadas anteriores a la conquista
castellana como cabeza o población principal de un ‘amal o distrito administrativo
1 Becario de Investigación del Subprograma de Formación del Profesorado Universitario del M.E.C. y
D., Departamento de Prehistoria, Arqueología, Historia Antigua, Historia Medieval y CC. y TT. HH. Facultad
de Letras, Universidad de Murcia, c/ Santo Cristo, 1. C.P. 30001, Murcia.
2 MELGARES GUERRERO, J.A.; MARTÍNEZ CUADRADO, M.A.: Historia de Caravaca a través de
sus monumentos, Murcia, 1981, pp. 35-47. ALONSO NAVARRO, S.: Libro de los castillos y fortalezas de la
región de Murcia, Murcia, 1990, pp. 108-111. NAVARRO SUÁREZ, F.J.: Castillos de Murcia, Madrid, 1994,
pp. 26-29. MARÍN RUIZ DE ASSÍN, D.: «Las visitas de la Orden de Santiago a Caravaca, 1468-1507», en
Estudios de Historia de Caravaca. Homenaje al Profesor Emilio Sáez, Murcia, 1998, pp. 149-154. BROTÓNS
YAGÜE, F.: «La cerca medieval de Caravaca de la Cruz. Actuaciones en la puerta de Santa Ana», en Memorias
de Arqueología, 8 (1993), 1999, pp. 358-362.
3 La fortaleza es un símbolo de la villa al menos desde el siglo XIII, cuando estaba presente en su
escudo, según se desprende de un traslado de 1345 de una carta del concejo de Caravaca dirigida al obispo
de Cartagena fechada en 1285, en la que se indica que iba «seellada con su seello de tablas de çera, colgado
en cuerda de seda amariella, en el qual seello del vn cabo ay figura de una vaca con vn becerro et vna crus
ençima de la vaca, et del otro cabo vn poyo con vna flor et ençima de la flor vn castiello», TORRES FONTES,
J.: «El escudo de Caravaca», Murcia, 5, 1976, pp. 38-39.
4 LÉVI-PROVENÇAL, E. (ed. y trad.): La Péninsule Iberique au Moyen Age d’après le Kita$b alRawƒ al-Mi’†a$r, Leiden, 1938, p. 150.
5 RODRÍGUEZ LOZANO, J.A.: «Nuevos topónimos relativos a al-Andalus», Cuadernos de Historia
del Islam, 8, 1977, p. 78.
72
JORGE A. EIROA RODRÍGUEZ
que llevaba su nombre6. Dejando a un lado otras referencias más generales al campo
circundante7, las tres denominaciones que recibe Caravaca en las fuentes han dado lugar
a distintas interpretaciones y podrían marcar el desarrollo progresivo de un núcleo de
población de reducidas dimensiones que terminaría por convertirse en una cabeza de
distrito en el siglo XIII8. En cualquier caso, debía tratarse de un asentamiento poco
relevante, orientado hacia la ganadería y el cultivo de una zona específica de huerta y del
que dependerían administrativamente distintos núcleos rurales autosuficientes ubicados
en sus proximidades9. De la fortificación islámica, que sin lugar a dudas se disponía
sobre el cerro del castillo, no quedan apenas restos. Algunos autores identifican como
propias de este momento las bases de las torres principales, especialmente la de la Torre
Chacona (Lámina I), y algún lienzo de muralla en función de su forma y trazado10, si
bien podríamos estar ante un simple recinto fortificado no habitado, un albacar al modo
clásico, que sirviese de refugio colectivo o protección de la comunidad rural que habitaba
a sus pies en caso de peligro11.
En julio de 1243 el infante don Alfonso confirma a la Orden de Santiago la donación
de Segura que les había hecho Fernando III. En su carta incluye a los principales
componentes de su hueste, indicando la tenencia de las fortalezas que se les habían
entregado, y en ella se registra la entrega de Caravaca a Berenguer de Entenza12. No
obstante, Caravaca perteneció a la Orden del Temple desde, al menos, 1271 (la concesión
debió realizarse en 1266, junto con la concesión de Cehegín y Bullas13) y permaneció
a su cargo hasta la extinción de la Orden en 1310, salvando un breve paréntesis que
debe situarse en 1286 en que la bailía volvió temporalmente a realengo14 por un período
aproximado de diez años15. Tradicionalmente se había entendido que entre 1310 y 1344
los santiaguistas se hicieron cargo de la bailía y la mantuvieron hasta que el infante don
Fadrique la obtuvo con carácter oficial para la Orden por concesión paterna, si bien Torres
Fontes, ante la ausencia de menciones expresas a Caravaca en algunos privilegios de los
maestres santiaguistas, planteó acertadamente la posibilidad de que Caravaca pasase a
6 CODERA, F. (ed.): «Al-Mu’¥am fi as™a$
. b... as-Sadafı̄ de Ibn al-Abba$r», Madrid, 1886, p. 284.
7 HUICI MIRANDA, A. (trad.): «Bayan al-Mugrib, de Ibn Idari», Valencia, 1963, p. 167. ABDALĀDĪ
», Beirut, 1987, pp. 203-204.
AT-TĀZī (ed.): «Al-Mann bi-l-Ima$ma de ‘Abdalmalik Ibn fia$™ib as-fiala$
.
8 Vid. CARMONA GONZÁLEZ, A.: «El noroeste murciano en época árabe», Miscelánea Medieval
Murciana, 21-22, 1997-1998, pp. 63-65.
9 POZO MARTÍNEZ, I.: «El desarrollo urbano de Caravaca: los barrios y el callejero (ss. XIII-XIX)»,
Murgetana, 101, 1999, p. 34.
10 MARÍN RUIZ DE ASSÍN, D.: «Las visitas..., p. 149.
11 Para un desarrollo de esta hipótesis, véase el ya clásico trabajo BAZZANA, A.: «Les structures:
fortification et habitat», en Habitats fortifiés et organisation de l’espace en Mediterranée Médiévale, Lyon,
1983, pp. 161-172.
12 En el documento se señala: «Don Berenguell de Entença, Carauaca tenens», A.H.N., Uclés, caja 311,
nº 1, TORRES FONTES, J.: Fueros y privilegios de Alfonso X el Sabio al Reino de Murcia, CODOM 3, Murcia,
1973, p. 5. TORRES FONTES, J.: «Caravaca en la ocupación castellana (1243-1266)» en Estudios de Historia
de Caravaca. Homenaje al Profesor Emilio Sáez, Murcia, 1998, p. 130.
13 TORRES FONTES, J.: «Caravaca en la ocupación..., p. 129.
14 TORRES FONTES, J.: «Los comendadores de la Orden del Temple en Caravaca» en Estudios de
Historia de Caravaca. Homenaje al Profesor Emilio Sáez, Murcia, 1998, pp. 81-82.
15 TORRES FONTES, J.: «Caravaca en la ocupación castellana (1243-1266)» en Estudios de Historia de
Caravaca. Homenaje al Profesor Emilio Sáez, Murcia, 1998, p. 139.
LA FORTALEZA DE CARAVACA A FINALES DE LA EDAD MEDIA
Lámina I. Alzado exterior de la Torre Chacona.
73
74
JORGE A. EIROA RODRÍGUEZ
Mapa 1. Territorios y principales fortalezas de la Orden de Santiago en el reino
de Murcia.
LA FORTALEZA DE CARAVACA A FINALES DE LA EDAD MEDIA
75
depender directamente del monarca sin perder su condición de encomienda hasta que el 9
de mayo de 1327 Alfonso XI hiciese donación de por vida de la encomienda de Caravaca
a Pedro López de Ayala16, que la mantuvo bajo su poder al menos hasta 1340, fecha de
la última referencia documental que nos permite situarlo al frente de esa parte del sector
fronterizo17. A su muerte, probablemente en una escaramuza, y dada la importancia de
Caravaca en la defensa del reino de Murcia, se produciría la concesión de Caravaca
a la Orden de Santiago en 1344 por Alfonso XI, alentada además por la mencionada
solicitud del infante don Fadrique.
Caravaca pasaba, de este modo, a formar parte del entramado de asentamientos
santiaguistas en el reino de Murcia, que se extendía dominando todo el valle del Segura
desde su nacimiento hasta prácticamente la capital, integrándose en la línea defensiva de
la Orden en la frontera con Granada (Mapa 1). Esta situación de proximidad con respecto
al reino nazarí condicionó el desarrollo de Caravaca en la Baja Edad Media, cuyo entorno
adquirió, como el resto de los territorios del reino de Murcia, las características propias
de las zonas fronterizas medievales hispánicas, a la manera de «marca»: proceso de
despoblación, abandono de los ámbitos rurales, militarización del territorio, permeabilidad
de los grupos sociales por servicios de guerra, importancia de la economía ganadera,
etc.18. El evidente silencio documental con respecto a lo que sucedía en el noroeste
murciano es roto por las numerosas noticias relativas a la inseguridad y el peligro,
la solicitud de ayuda militar, el robo de ganados, la falta de cereales, los cautiverios,
etc.19. El peligro derivado de esta condición fronteriza llevó incluso a que la Santa Sede
concediese, mediante una bula de 1386, la posibilidad de elegir confesor que absolviese
in articulo mortis a los fieles que durante tres años defendiesen esos territorios20. No
obstante, tenemos alguna referencia de la documentación: en 1352 se menciona el castillo
de Caravaca en los documentos; al recoger la lamentable situación en que se encontraba
la población como consecuencia de la Peste Negra, al igual que otros lugares del reino,
Pedro I afirma que el lugar, como Cehegín, estaba derribado, yermas sus tierras y el
castillo se hallaba en peligro de ser ocupado por los granadinos, por lo que ruega «poner
recabdo en los dichos castiellos en tal manera porque ellos esten aparejados e poblados
para mio seruiçio como cumple»21. Posteriormente, avanzado el siglo XV, Caravaca
16 TORRES FONTES, J.: «Pedro López de Ayala, comendador de Caravaca», en Estudios de Historia de
Caravaca. Homenaje al prof. Emilio Sáez, Murcia, 1998, pp. 70-71. TORRES FONTES, J.: «Los comendadores
santiaguistas de Caravaca en la Edad Media», en Estudios de Historia de Caravaca. Homenaje al Profesor
Emilio Sáez, Murcia, 1998, p. 86.
17 TORRES FONTES, J.: «Pedro López…, p. 76.
18 Vid. MOLINA MOLINA, A.L.; JIMÉNEZ ALCÁZAR, J.F.: «La frontera enquistada: el reino de
Murcia a fines de la Edad Media», Meridies, 3, 1996, pp. 51-60.
19 TORRES FONTES, J.: «Cabalgada y apellido», en Estudios de Historia de Caravaca. Homenaje
al prof. Emilio Sáez, Murcia, 1998, pp. 43-58. TORRES FONTES, J.: «Eco de la frontera con Granada en
Caravaca (1404)», en Estudios de Historia de Caravaca. Homenaje al prof. Emilio Sáez, Murcia, 1998, pp.
59-62. TORRES FONTES, J.: «Secuencias fronterizas en Caravaca», en Estudios de Historia de Caravaca.
Homenaje al prof. Emilio Sáez, Murcia, 1998, pp. 63-67.
20 TORRES FONTES, J.: «Los castillos santiaguistas del reino de Murcia en el siglo XV», Anales de la
Universidad de Murcia, 24, 1965-1966, p. 329.
21 TORRES FONTES, J.: Documentos para la historia medieval de Cehegín, Murcia, 1982, p. 150.
TORRES FONTES, J.: «La repoblación de Caravaca en 1354 y el culto a la Vera Cruz», en Estudios de Historia
de Caravaca. Homenaje al Profesor Emilio Sáez, Murcia, 1998, p. 95.
76
JORGE A. EIROA RODRÍGUEZ
adquiriría importancia por ser uno de los centros de acción de Alfonso Fajardo «el
Bravo», caso paradigmático de caudillo que halla en las plazas fronterizas sus bases de
intervención política, que recibió en 1450 la encomienda de Caravaca como señorío (no
se integró personalmente en la Orden) y la mantuvo bajo su poder hasta el 7 de diciembre
de 146122, implicándola en las agrias disputas que protagonizó.
Dejando a un lado la evolución histórica de la villa y su encomienda y centrándonos en
la fortaleza, el empleo simultáneo de las fuentes documentales y las fuentes estrictamente
materiales, tal y como se ha venido reivindicando en los últimos años, puede ayudarnos a
conocer sus principales características en los años finales de la Edad Media.
Los Libros de Visita de la Orden de Santiago se conservan en la Sección de Órdenes
Militares del Archivo Histórico Nacional de Madrid desde 1872. Aunque sólo nos han
llegado 23 de estos tipos documentales, debieron ser bastante numerosos, ya que las
visitas debían realizarse, teóricamente, con una periodicidad estricta23. En ellas, los
visitadores, que eran nombrados en el capítulo o cabildo de la Orden y seleccionados entre
aquellos que demostraban una intachable integridad moral y un perfecto conocimiento
de la institución, inspeccionaban los bienes y propiedades santiaguistas desde diferentes
perspectivas y en distintos aspectos: no sólo se examinaba la gestión económica del
comendador en cada una de las encomiendas, sino que, además, se recogía el estado de
las iglesias, se comprobaba el correcto funcionamiento de la Mesa Maestral, se dirimía
en los pleitos entre pueblos y se preservaba la correcta administración de los concejos y
sus bienes. No es extraño, por tanto, que estos documentos sean de extraordinaria utilidad
para la investigación histórica, ya que a partir de ellos se puede obtener información
sobre los aspectos sociales, económicos, administrativos o demográficos de los territorios
visitados. En nuestro caso, las visitas santiaguistas son entendidas como una fuente de
inestimable valor para reconstruir las características estructurales y funcionales de una
fortaleza y su sistema defensivo24.
Los Libros de Visita de la Orden de Santiago presentan una estructura documental
particular y se deben situar en el marco de un amplio y variado tipo eclesiástico
documental denominado «descriptivo»25. Redactadas en forma de acta, en su sección
central se incluye el examen de la fortaleza, nuestro verdadero objeto de interés, que
también responde a un esquema predeterminado que registra no sólo la descripción del
edificio, sino también una serie de tasaciones y mandatos que los visitadores establecen
a fin de reparar los desperfectos en las estructuras de la fortificación y subsanar las
carencias que fueron descritas en anteriores visitas y permanecen sin ser corregidas, con
un apartado especial llamado «obras del Rey» en el que se hacen constar las reparaciones
o nuevas construcciones que corresponde pagar a la Corona.
22 TORRES FONTES, J.: «Alonso Fajardo y su señorío de Caravaca», en Estudios de Historia de
Caravaca. Homenaje al Profesor Emilio Sáez, Murcia, 1998, p. 115.
23 En la práctica sólo se hicieron con cierta regularidad entre 1494 y 1515, período de tranquilidad en el
que se pueden documentar hasta siete visitas.
24 EIROA RODRÍGUEZ, J.A.: «El empleo de los Libros de Visita de la Orden de Santiago para el
conocimiento de la arquitectura defensiva bajomedieval: límites y posibilidades», en Lorca 2002. I Simposio
de Jóvenes Medievalistas, Murcia, en prensa.
25 RIESCO TERRERO, A.: Diplomática eclesiástica del reino de León hasta 1300, León, 1995, pp.
414- 415.
LA FORTALEZA DE CARAVACA A FINALES DE LA EDAD MEDIA
77
Figura 1. Planta actual del castillo de Caravaca y la Iglesia de la Santa Cruz (Autores:
J. López, P.A. Robles y J.F. Navarro, publ. en Pozo Martínez, I.; Fernández García, F.;
Marín Ruiz de Assín, D., La Santa Vera Cruz de Caravaca. Textos y documentos para su
historia (1285-1918), Caravaca, 2000, s.p.
Aún teniendo en cuenta que nos enfrentamos a dos registros que no siempre son
complementarios26 y que la lectura arqueológica de los textos presenta ciertas dificultades
metodológicas (polisemia y ambigüedad de los términos, inequívoca subjetividad, etc.)
los datos que ofrecen los documentos escritos de carácter descriptivo pueden resultar
esenciales si son debidamente enfrentados a la información extraible de las propias
estructuras y de sus materiales arqueológicos. De esta forma, el empleo simultáneo
de las fuentes documentales y las fuentes estrictamente materiales, tal y como se ha
venido reivindicando en los últimos años27, es el mejor sistema para aproximarnos
al conocimiento de las fortificaciones de las Órdenes Militares en la Edad Media y
la base metodológica que justifica el presente trabajo. A partir de una interpretación
«arqueológica» de las visitas santiaguistas a Caravaca y su comparación con las
26 BARCELÓ, M.: Arqueología Medieval. En las afueras del medievalismo, Barcelona, 1988.
27 CARRERO PÉREZ, L.M.: «El empleo de fondos documentales en el análisis arqueológico de la
arquitectura militar. Método y consideraciones principales», Actas del III Congreso de Arqueología Medieval
Española, Oviedo, 1992, vol. 3, pp. 13-19. PALACIOS ONTALVA, S.: «Los Libros de Visita de la Orden de
Santiago: fuente para una historia de la arquitectura militar», Actas del III Congreso Nacional de Historia de
la Construcción, Madrid, 2000, pp. 751-760.
78
JORGE A. EIROA RODRÍGUEZ
Figura 2. Esquema del complejo fortificado medieval de Caravaca.
fuentes estrictamente materiales, en este caso los restos conservados y mayoritariamente
reformados de la fortificación en sí (Figura 1) (ante la inexistencia de trabajos
arqueológicos realizados en la propia fortaleza y publicados), podemos esbozar las
características aproximadas de la fortaleza de Caravaca en los años finales de la Edad
Media (Figura 2).
El castillo de Caravaca estaría constituido por dos espacios o, como dicen las fuentes,
dos «apartamientos»: un recinto externo, erróneamente definido por algún autor como
«albacar bajomedieval»28 y un recinto interno (que es denominado en los documentos
«fortaleza y castillo de dentro»). No obstante, ambos recintos irían precedidos en la línea
jerárquica de defensa por una antemuralla y un foso en el sector de la fortaleza que enlaza
con la zona habitada de la villa. La barrera antemural debió levantarse entre 1468 y 1480,
ya que, si bien en la visita de 1468 se indica que «esta fortaleza no tiene barrera fazia la
parte de la villa e seria muy necesaria, y fazia la parte del canpo tiene vna barrera de
piedra seca que comiença a fazer el alcayde»29, más tarde, en la visita de 1480, se afirma
que «fallaron de fuera de la fortaleza vna barrera»30, confirmando su existencia. Por
su parte el foso debió realizarse mediante el rebajamiento de la base rocosa del macizo
sobre el que se levanta la fortaleza, ya que el documento de 1494 indica que «visytaron
la caua todo alrrededor, la qual es toda de piedra»31 y, más claramente, el de 1498
28 BROTÓNS YAGÜE, F.: «La cerca medieval...», pp. 360-361.
29 A.H.N., OO.MM., Uclés, Mss. Santiago, 1233 C, fol. 23 r. Publicado por TORRES FONTES, J.:
«Los castillos santiaguistas..., p. 339.
30 A.H.N., OO.MM., Uclés, Mss. Santiago, 1065 C, fol. 50 r. Publ. MARÍN RUIZ DE ASSÍN, D.:
«Las visitas ..., p. 186.
31 A.H.N., OO.MM., Uclés, Mss. Santiago, 1066 C, fol. 93 v. Publ. MARÍN RUIZ DE ASSÍN, D.:
«Las visitas ..., p. 224.
LA FORTALEZA DE CARAVACA A FINALES DE LA EDAD MEDIA
79
Lámina II. Torres cuadrangulares y circular del recinto externo.
dice que «visytaron toda la cava, la qual fallaron buena e bien reparada, e es toda
de peña tajada»32.
Y aún así, deberíamos entender como primera defensa los propios muros de la villa,
que conocemos bastante bien gracias a los datos ofrecidos por las inspecciones de la cerca
que se recogen en los libros de visita de la Orden33 y a algunos trabajos arqueológicos, de
los que sólo uno, que se ha desarrollado en el tramo de la Puerta de Santa Ana, el acceso
principal del conjunto34, ha sido publicado35.
El recinto externo, «vna barrera que çerca la fortaleza de dentro con su cava»36,
estaría compuesto por una muralla construida mediante la combinación de las técnicas
de tapiería simple con una potente capa exterior de argamasa37 (de los recubrimientos
32 A.H.N., OO.MM., Uclés, Mss. Santiago, 1069 C, fol. 157 r. Publ. MARÍN RUIZ DE ASSÍN, D.:
«Las visitas..., p. 270.
33 Vid. MARÍN RUIZ DE ASSÍN, D.: «Las visitas..., pp. 152-154.
34 BROTÓNS YAGÜE, F.: «La cerca medieval..., pp. 363-364.
35 Permanecen inéditos los resultados de las excavaciones arqueológicas desarrolladas en la cerca urbana
por Manuel Jorge Aragoneses y Miguel San Nicolás del Toro.
36 A.H.N., OO.MM., Uclés, Mss. Santiago, 1065 C, fol. 50 r. Publ. MARÍN RUIZ DE ASSÍN, D.:
«Las visitas..., p. 186.
37 PALACIOS ONTALVA, S.: «El medio natural y la construcción de fortificaciones de la Orden de
Santiago», en J. Clemente Ramos (ed.), El medio natural en la España medieval. Actas del I Congreso sobre
ecohistoria e historia medieval, Cáceres, 2001, p. 445, nota 79.
80
JORGE A. EIROA RODRÍGUEZ
dependía en gran medida la consistencia global de unas tapias de baja calidad38) y tapiería
de cal y canto39. Este recinto murado contaría con catorce torres, de las que once tendrían
una planta rectangular y tres planta circular (Lámina II). De esos catorce torreones
destacarían cuatro, que estarían construidos con tapias simples hormigonadas de cal y
canto, mientras que el resto serían de tapias simples ordinarias o de tierra muerta; todos
ellos estarían coronados por pretil y almenas. Las torres de este recinto murado reciben
en las fuentes distintas denominaciones. En la visita de 1480 se mencionan las torres
denominadas «Torre del Çenteno», «Torre de las Canpanas», «Torre del Gallego», «Torre
de Diego Lopez», «Torre de las Toçcas», «Torre de la Puerta», «Torre de la Respuesta»,
así como «otra torre al cabo buena puesta en la esquina de la fortaleza» y «vna
torre desmochada, cayda»40. No obstante, es en documentos posteriores, como en la
descripción de 1625, donde podemos encontrar una relación completa de las torres,
incluyendo las del recinto interno que formaban también parte del recinto externo, a
saber: la torre del Centeno, la torre Nueva, la torre de la Vera Cruz, la torre del Mirador,
la torre Chacona, una torre sin nombre, la torre del Amasador, la torre de Juan Negrete,
otra torre sin denominación propia, la torre de la Esquina, la Torre de las Toscas, la torre
de la Puerta, la torre del Cabo, la torre del Gallego, otra torre sin nombre, la torre de las
campanas y tres torres más sin denominación (Figura 3).
Sabemos por las fuentes que tanto la llamada «Torre de las Toçcas» como la
denominada «Torre de la Puerta» contenían distintas dependencias (una sala grande
con una chimenea, un corredor cubierto, una torrecilla incorporada y un pasadizo que
comunicaba con el adarve de la muralla41) y en sus proximidades se localizaban, en
el ángulo noroeste del recinto, dos sencillas edificaciones42. Incluso la visita de 1507,
que describe meticulosamente esta zona (quizás porque acababa de ser reformada43)
38 IGLESIAS MARTÍNEZ, M.C.: «Análisis del doble papel de los morteros tradicionales de cal utilizados
en los muros de fábrica tradicionales: su función decorativa y su función protectiva», en Actas del I Congreso
Nacional de Historia de la Construcción, Madrid, 1966, p. 281.
39 En la visita de 1468 se indica que se trata de «vn muro echo a partes de tapias con su azera de cal y
a partes de cal y canto», A.H.N., OO.MM., Uclés, Mss. Santiago, 1233 C, fol. 22 r. Publicado por TORRES
FONTES, J.: «Los castillos santiaguistas..., p. 339.
40 A.H.N., OO.MM., Uclés, Mss. Santiago, 1065 C, fol. 50 r. Publ. MARÍN RUIZ DE ASSÍN, D.:
«Las visitas ..., p. 186.
41 A.H.N., OO.MM., Uclés, Mss. Santiago, 1072 C, fol. 118 r. Publ. MARÍN RUIZ DE ASSÍN, D.:
«Las visitas ..., p. 327.
42 La visita de 1480 indica: «Fallaron pegado a la torre de las toçcas dos casas de aposentamiento e, en
lo baxo, en la misma torre, vna buena sala e luego sube vna escalera que está vna sala con vn retrete bueno e
vna camara ençima de la torre de la puerta», A.H.N., OO.MM., Uclés, Mss. Santiago, 1065 C, fol. 50 r. Publ.
MARÍN RUIZ DE ASSÍN, D.: «Las visitas ..., p. 186. Por su parte, la visita de 1494 confirma estos datos:
«fueron visytando fasta la Torre de la Tosca e junto con ella fallaron vna sala con vn retraymiento onde está
vna chimenea [...] e luego fueron adelante onde fallaron dos palaçios juntos con el lienço del adarue que en
está entre la Torre de la Tosca e la Torre del Esquina», A.H.N., OO.MM., Uclés, Mss. Santiago, 1066 C, fols.
93 v- 94 r. Publ. MARÍN RUIZ DE ASSÍN, D.: «Las visitas ..., pp. 224-225.
43 Las edificaciones situadas en la torre tosca y en sus proximidades fueron reformadas en los primeros
años del siglo XVI, según se desprende de la visita de 1507, que dice que «está todo muy bien obrado
nuevamente fecho de los maravedis de la vacaçion de la encomienda, lo qual ha hecho labrar Hernando de
Xerez, vezino de la dicha villa de Caravaca por virtud de vna comision de su alteza», A.H.N., OO.MM., Uclés,
Mss. Santiago, 1072 C, fol. 118 r. Publ. MARÍN RUIZ DE ASSÍN, D.: «Las visitas ..., pp. 327-328. Todo
el recinto fue objeto de poderosas reformas, que raras veces podemos datar, aunque existan excepciones. Por
LA FORTALEZA DE CARAVACA A FINALES DE LA EDAD MEDIA
81
Figura 3. Detalle del castillo de Caravaca en un plano de la villa de cc. 1880, A.H.M.
de Caravaca de la Cruz.
se constata que en esta zona de edificación «tyene vn aposentamiento el alcayde»44.
En la «Torre del Esquina» también existía una dependencia interna con una bóveda
de yeso45.
Por su parte, en el espacio que se encuentra entre el recinto externo y el núcleo
fortificado del recinto interno se deben situar diversas estructuras, a juzgar por los
documentos. Allí se levantaría la ermita de Santa María del Castillo, que contaba con
«un buen altar con su frontal e sauanas»46 y distintas esculturas47. Si bien en 1468
ejemplo, la torre situada a la derecha de la puerta de acceso al castillo presenta en uno de los muros una
zona enyesada de unos 50 cm2 con cuatro capas de enlucido con un grafito que se puede transcribir como «de
Carabaqua año 1530» y que nos permite fechar esta torre a principios del siglo XVI. Vid. POZO MARTÍNEZ,
I.; FERNÁNDEZ GARCÍA, F.; MARÍN RUIZ DE ASSÍN, D.: «Introducción al estudio epigráfico de Caravaca
(1)», Argos, 0, 1980, p. 47.
44 A.H.N., OO.MM., Uclés, Mss. Santiago, 1072 C, fol. 118 r. Publ. MARÍN RUIZ DE ASSÍN, D.:
«Las visitas ..., pp. 326-327.
45 A.H.N., OO.MM., Uclés, Mss. Santiago, 1066 C, fol. 94 r. Publ. MARÍN RUIZ DE ASSÍN, D.:
«Las visitas ..., p. 225.
46 A.H.N., OO.MM., Uclés, Mss. Santiago, 1065 C, fol. 50 r. Publ. MARÍN RUIZ DE ASSÍN, D.:
«Las visitas ..., p. 187.
47 En la visita de 1494 se mencionan «vna ymajen de Nuestra Señora con su fijo en los braços» y otra
«imagen de Nuestra Sennora», A.H.N., OO.MM., Uclés, Mss. Santiago, 1066 C, fol. 90 v. Publ. MARÍN RUIZ
DE ASSÍN, D.: «Las visitas ..., pp. 215-216.
82
JORGE A. EIROA RODRÍGUEZ
estaba semiderruida48, en la visita de 1494 ya se indica que estaba «bien reparada
con buena madera e con sus puertas buenas e las paredes enluzidas con yeso»49. La
tradición popular la considera la primera parroquia de la villa, sin documentos que
lo certifiquen.
En el área norte de este espacio situado entre las barreras de ambos recintos se
emplazarían distintas dependencias de variada funcionalidad: pese a que en la visita de
1468 sólo se recoge la existencia de una mazmorra y un «trabuco mal reparado»50,
en la visita de 1480 ya se hace referencia a la presencia de «dos casas de prouision»
junto a las citadas «casas de aposentamiento» de la torre «de las Toçcas»51. Bajo la
iglesia, ya mencionada, de Santa María del Castillo se emplazarían tres lagares para el
almacenamiento y tratamiento de la uva52 y junto a ella, una cocina53. En este área se
levantaba asimismo una caballeriza de dos naves54.
Allí también debemos ubicar dos aljibes, actualmente conservados, si bien en la visita
de 1468 sólo se menciona uno. En la visita de 1480 se indica que ambos estaban situados
junto a «otra torre que dizen la torre del gallego»55, es decir, en las proximidades del
acceso principal en la zona Oeste del recinto externo (Lámina III) y en la vista de
1494 se dedica bastante espacio a la descripción de uno de ellos, el mayor, que estaba
situado frente a la salida del recinto interno y junto a la Torre de las Campanas; estaba
abovedado y tenía nueve lumbreras56.
48 A.H.N., OO.MM., Uclés, Mss. Santiago, 1233 C, fol. 22 v. Publicado por TORRES FONTES, J.:
«Los castillos santiaguistas..., p. 339.
49 A.H.N., OO.MM., Uclés, Mss. Santiago, 1066 C, fol. 90 v. Publ. MARÍN RUIZ DE ASSÍN, D.:
«Las visitas ..., p. 215.
50 A.H.N., OO.MM., Uclés, Mss. Santiago, 1233 C, fol. 22 v. Publicado por TORRES FONTES, J.:
«Los castillos santiaguistas..., p. 339.
51 A.H.N., OO.MM., Uclés, Mss. Santiago, 1065 C, fol. 50 r. Publ. MARÍN RUIZ DE ASSÍN, D.:
«Las visitas ..., p. 186.
52 «Delante la yglesia de Santa Maria [...] y debaxo della estan tres xarahizes donde resçiben la deçima
de la uva», A.H.N., OO.MM., Uclés, Mss. Santiago, 1066 C, fol. 94 r. Publ. MARÍN RUIZ DE ASSÍN, D.:
«Las visitas ..., p. 225. «Vajo de la yglesia de Santa Maria del Castillo ay tres garayzes en que se resçiben
el diezmo de la vba, estan bien reparados», A.H.N., OO.MM., Uclés, Mss. Santiago, 1072 C, fol. 118 r. Publ.
MARÍN RUIZ DE ASSÍN, D.: «Las visitas ..., p. 328.
53 «Fallaron junto con la dicha yglesia vna cozina con su chimenea cayda con parte de la dicha
cozina», A.H.N., OO.MM., Uclés, Mss. Santiago, 1066 C, fol. 94 r. Publ. MARÍN RUIZ DE ASSÍN, D.:
«Las visitas ..., p. 225.
54 «Fallaron vna caualleriza con dos naues, la vna estaua çerca cayda e la otra mal reparada», A.H.N.,
OO.MM., Uclés, Mss. Santiago, 1066 C, fol. 94 r. Publ. MARÍN RUIZ DE ASSÍN, D.: «Las visitas ..., p. 226.
«e de alli fueron los dichos visytadores adelante a vna caballeriza, la qual fallaron mucha parte della caydo
e lo otro mal reparado, que es de dos naves», A.H.N., OO.MM., Uclés, Mss. Santiago, 1069 C, fol. 157 v.
Publ. MARÍN RUIZ DE ASSÍN, D.: «Las visitas ..., p. 272. «Junto a la dicha cozina está vna caballeriza
fecha a dos naves», A.H.N., OO.MM., Uclés, Mss. Santiago, 1072 C, fol. 118 r. Publ. MARÍN RUIZ DE
ASSÍN, D.: «Las visitas ..., p. 328.
55 A.H.N., OO.MM., Uclés, Mss. Santiago, 1065 C, fol. 50 r. Publ. MARÍN RUIZ DE ASSÍN, D.:
«Las visitas ..., p. 186.
56 «Fallaron muy real algibe e grande e thenía nueue lunbreras en las bouedas que tiene, e está dentro,
en vn apartamiento fecho de tapias, está caydo en algunas partes e abierto», A.H.N., OO.MM., Uclés, Mss.
Santiago, 1066 C, fol. 93 v. Publ. MARÍN RUIZ DE ASSÍN, D.: «Las visitas ..., p. 224. Debe ser el mismo
aljibe registrado en 1507: «en el albacar de la dicha fortaleza está vn aljibe grande y muy bien reparado
y con mucho agua», A.H.N., OO.MM., Uclés, Mss. Santiago, 1072 C, fol. 117 v. Publ. MARÍN RUIZ DE
ASSÍN, D.: «Las visitas ..., p. 326.
LA FORTALEZA DE CARAVACA A FINALES DE LA EDAD MEDIA
83
Lámina III. Acceso actual a la fortaleza.
El recinto interno del complejo fortificado, que aparece denominado en las visitas
como «segundo apartamiento», «segundo retraimiento», «segundo çercoyto» o, más
claramente como «fortaleza y castillo de dentro», sería un recinto de planta rectangular
destinado, según las fuentes, a ser el «el aposentamiento del alcayde»57. Estaría protegido
por un foso y una antemuralla, tal y como indican un testimonio de 176658 y distintos
pasajes confusos de los libros de visitas medievales.
Este recinto interno rectangular estaba levantado en «tapias con su azera de cal», es
decir, en tapial calicastrado con una potente capa exterior de argamasa para aumentar
la consistencia de la obra. Contaría con cuatro torres de grandes dimensiones en las
esquinas, las conocidas «Torre Chacona» y «Torre de la Vera Cruz» en los ángulos
exteriores del recinto, que hacia el Este aprovechaba el muro del recinto externo, y
las denominadas «Torre del Palomar» y «Torre de la Tribuna» delimitando los vértices
interiores. Otras torres secundarias se dispondrían en el conjunto: en concreto la llamada
«Torre del Mirador», situada entre la «Torre Chacona» y la «Torre de la Vera Cruz»;
una torre en el paño oeste del recinto entre la «Torre de la Tribuna» y la «Torre del
Palomar»; y una pequeña torrecilla en el tramo de la barrera que iba desde la «Torre
57 A.H.N., OO.MM., Uclés, Mss. Santiago, 1233 C, fol. 22 v. Publicado por TORRES FONTES, J.:
«Los castillos santiaguistas..., p. 339.
58 El documento indica que «prosiguiendo hazia la Real Capilla donde está colocada la santísima cruz
se reconoció una muralla que alparezer hera contrafoso en lo antiguo», A.H.N., Consejos, Uclés, Leg. 7715,
publ. BROTÓNS YAGÜE, F.: «La cerca medieval..., p. 359.
84
JORGE A. EIROA RODRÍGUEZ
Chacona» hasta la «Torre del Palomar» que aparece designada como «la Torrezilla que
dizen denmedio».
Las visitas nos permiten conocer mejor todavía las características estructurales y
funcionales de este recinto interno. El acceso, con «una puerta de vn arco de yeso»59,
estaría emplazado en el flanco oeste, aproximadamente en el punto central del muro
que enlazaba la «Torre del Palomar» y la «Torre de la Tribuna», frente a la «Torre del
Mirador»60. Para franquearlo habría que cruzar un puente que permitía salvar el foso
previo existente61. Aún así, debía existir, al menos, una puerta falsa que podría estar
situada entre la Torre del Mirador y la Torre Chacona62 o entre la Torre Chacona y
la Torre del Palomar63.
La «Torre Chacona» haría las funciones de torre del homenaje64 dado su privilegiado
emplazamiento, frente al campo y a espaldas de la villa. La técnica constructiva sería la
misma que en el resto del conjunto, la mencionada obra de tapiería «de tapias con su
azera de cal», y sería maciza en su base hasta una altura de unos 10 metros, ya que la
visita de 1468 indica que «fasta las diez tapias en alto es ciega»65 y la de 1494 afirma
que «es fasta la meytad de su altura de argamasa e lo otro de ençima de tapias»66. Sobre
esta base maciza «de anchura de diez pies»67 (unos 3 metros) se levantarían tres pisos
59 A.H.N., OO.MM., Uclés, Mss. Santiago, 1066 C, fol. 88 r. Publ. MARÍN RUIZ DE ASSÍN, D.:
«Las visitas ..., p. 208.
60 «Mas delante de la dicha torre el palomar va vn lienço a la sala larga susodicha, e ay junto ésta la
puerta que sale del cuerpo de la dicha fortaleza y castillo de dentro», A.H.N., OO.MM., Uclés, Mss. Santiago,
1065 C, fol. 49 v. Publ. MARÍN RUIZ DE ASSÍN, D.: «Las visitas ..., p. 185
61 «Primeramente entraron por la puerta que está junto con la camara, onde está vna puente en la
qual estan vnas buenas puertas de madera», A.H.N., OO.MM., Uclés, Mss. Santiago, 1066 C, fol. 92 r. Publ.
MARÍN RUIZ DE ASSÍN, D.: «Las visitas ..., p. 219. «E entraron por vna puerta que está en el alvacara e
de ay fueron a la mano derecha a otra puerta questa debaxo de la sala de la tribuna donde esta la Santa Vera
Cruz, donde está vna puente ençima de la cava», A.H.N., OO.MM., Uclés, Mss. Santiago, 1069 C, fol. 153 v.
Publ. MARÍN RUIZ DE ASSÍN, D.: «Las visitas ..., p. 263.
62 A.H.N., OO.MM., Uclés, Mss. Santiago, 1066 C, fol. 92 v. Publ. MARÍN RUIZ DE ASSÍN, D.: «Las
visitas ..., p. 221. Tanbién, A.H.N., OO.MM., Uclés, Mss. Santiago, 1069 C, fol. 154 v. Publ. MARÍN RUIZ
DE ASSÍN, D.: «Las visitas ..., p. 265.
63 «En vna puerta que está junto con la torre que está en medio de la Torre Chacona e la del
Palomar...», A.H.N., OO.MM, Uclés, Mss. Santiago, 1072 C, fol. 120 r. Publ. MARÍN RUIZ DE ASSÍN,
D.: «Las visitas ..., p. 334.
64 Un pasaje de la visita de 1507 da lugar a confusión a este respecto: «en esta torre está en medio
della otra torrezylla que se dize el omenaje», A.H.N., OO.MM, Uclés, Mss. Santiago, 1072 C, fol. 118 v. Publ.
MARÍN RUIZ DE ASSÍN, D.: «Las visitas ..., p. 329. Podemos deducir que la torre chacona iría perdiendo en
grosor conforme se elevase o, dicho de otro modo, se podrían diferenciar en esta torre dos cuerpos distintos,
uno de grandes dimensiones que sostendría a otro, que tendría una planta de menor extensión. La denominación
de «torre del homenaje» se aplicaría a esta segunda torre menor superpuesta.
65 A.H.N., OO.MM., Uclés, Mss. Santiago, 1233 C, fol. 22 v. Publicado por TORRES FONTES, J.:
«Los castillos santiaguistas..., p. 339.
66 A.H.N., OO.MM., Uclés, Mss. Santiago, 1066 C, fol. 93 r. Publ. MARÍN RUIZ DE ASSÍN, D.:
«Las visitas ..., p. 223.
67 A.H.N., OO.MM., Uclés, Mss. Santiago, 1066 C, fol. 93 r. Publ. MARÍN RUIZ DE ASSÍN, D.:
«Las visitas ..., p. 223, A.H.N., OO.MM., Uclés, Mss. Santiago, 1069 C, fol. 155 r. Publ. MARÍN RUIZ
DE ASSÍN, D.: «Las visitas ..., p. 266.
LA FORTALEZA DE CARAVACA A FINALES DE LA EDAD MEDIA
85
coronados por «vn terrado almenado e petrilado»68 (que fue mandado tejar sucesivas
veces sin éxito69), el último de los cuales desempeñaría las funciones de capilla de la
Vera Cruz. Igualmente, a juzgar por el testimonio de 1468, también podría presentar en el
tercer cuerpo de la torre un cadahalso, elemento característico de la arquitectura defensiva
bajomedieval, como sucedía en la torre del castillo de Taibilla70 (si bien en esta ocasión
sería de tapiería y no de madera71).
La Torre del Mirador, que se comunicaba con la Torre Chacona mediante un adarve
que recorría todo el tramo de muralla72, contenía una dependencia abovedada en su
interior sobre la cual se levantaría el mirador que le daba nombre, que estaría «armado
sobre la dicha boueda sobre vnos pilares de yeso» y descubierto73.
Dentro de este recinto interno se situaría un complejo arquitectónico dedicado a la
Vera Cruz, compuesto por una iglesia y la torre del mismo nombre a la que se adosaba
siguiendo el tramo de muro que unía esa torre con la «Torre de la Tribuna». La iglesia,
que denotaba unas excelentes condiciones de conservación que debían contrastar con el
estado en el que se encontraban el resto de las estructuras del complejo fortificado, estaba
constituida por una amplia nave alargada con un altar situado en uno de sus laterales74.
Por su parte, la «Torre de la Vera Cruz» contaría con tres cuerpos enteramente dedicados
a usos religiosos. El primero de estos cuerpos, situado al nivel del suelo, era una estrecha
capilla profusamente decorada en la que se custodiaba la reliquia, en una arqueta de plata
68 La visita de 1468 indica que «ençima della (de la torre del homenaje) está la puerta que va desde
el muro a entrar por ella y luego está vna camara que toma el gueco de la torre y ençima della otra que
es boveda, y ençima desta boveda en lo alto desta torre está vn terrado petrilado e almenado», A.H.N.,
OO.MM., Uclés, Mss. Santiago, 1233 C, fol. 22 v-23 r. Publicado por TORRES FONTES, J.: «Los castillos
santiaguistas..., p. 339.
69 En la visita de 1498 se indica que «como quier que los visytadores pasados mandaron fazer los tejados
de la dicha torre chacona, non estauan fechos, mandaronlo apreçiar», A.H.N., OO.MM., Uclés, Mss. Santiago,
1069 C, fol. 155 r. Publ. MARÍN RUIZ DE ASSÍN, D.: «Las visitas ..., p. 266. En 1507 se ordena igualmente
el cubrimiento y la reparación del adarve, el almenado, las saeteras y la escalera, A.H.N., OO.MM., Uclés, Mss.
Santiago, 1072 C, fol. 118 v. Publ. MARÍN RUIZ DE ASSÍN, D.: «Las visitas ..., p. 329.
70 En ambos casos este elemento que identificamos con un cadahalso aparece designado con el término
guirnalda. En el caso de Taibilla se indica que «esta torre tenia vna guirnalda de madera, que era muy
neçesaria y está derrocada», A.H.N., OO.MM., Uclés, Mss. Santiago, 1233 C, fol. 17 v. Publicado por TORRES
FONTES, J.: «Los castillos santiaguistas..., p. 334. Con respecto a la Torre Chacona de Caravaca, la misma
visita afirma que «debaxo a la par de la camara de la boveda, en esta torre está vna guirnalda en lo macizo
del muro, petrilada e almenada», A.H.N., OO.MM., Uclés, Mss. Santiago, 1233 C, fol. 23 r. Publicado por
TORRES FONTES, J.: «Los castillos santiaguistas..., p. 339.
71 «E tyene vna guirnalda todo de tapia el pretil e almenas», A.H.N., OO.MM., Uclés, Mss. Santiago,
1066 C, fol. 93 r. Publ. MARÍN RUIZ DE ASSÍN, D.: «Las visitas ..., p. 223.
72 «E asy fueron por el adarue adelante que va a dar a la Torre Chacona», A.H.N., OO.MM., Uclés, Mss.
Santiago, 1066 C, fol. 93 r. Publ. MARÍN RUIZ DE ASSÍN, D.: «Las visitas ..., pp. 222-223.
73 A.H.N., OO.MM., Uclés, Mss. Santiago, 1066 C, fol. 92 v. Publ. MARÍN RUIZ DE ASSÍN, D.: «Las
visitas ..., p. 221. «Donde está otro palaçete en lo hueco de la torre que dizen del mirador, la qual tyene vna
boueda y ençima della está el dicho mirador, el qual está descubierto», A.H.N., OO.MM., Uclés, Mss. Santiago,
1069 C, fol. 154 v. Publ. MARÍN RUIZ DE ASSÍN, D.: «Las visitas ..., p. 265.
74 «Vysitaron vna yglesia que está dentro, en el cuerpo de la fortaleza, la qual fallaron con su buena
cobertura pyntada e muy buena, e la puerta della bien çerrada e, a la entrada della a la mano derecha,
está vna buena sala larga muy bien cubierta e, commo entramos por la dicha puerta a la mano yzquierda
está vn altar», A.H.N., OO.MM., Uclés, Mss. Santiago, 1065 C, fol. 49 r. Publ. MARÍN RUIZ DE ASSÍN,
D.: «Las visitas ..., pp. 183-184.
86
JORGE A. EIROA RODRÍGUEZ
del siglo XIV que aún se conserva75 e insertada en un tabernáculo de la pared76, junto
con otros objetos destinados al culto77. Sobre esta capilla se levantaba un piso superior en
el que se situaba la denominada «capilla de la Aparición»78: una capilla con bóvedas de
crucería79, de la que sólo se ha conservado el rosetón gótico que actualmente se encuentra
incrustado en el santuario, que había sido poderosamente reformada en 149480 y que
presentaba un acceso con escalera independiente que permitía entrar en la capilla sin
pasar por el resto del conjunto arquitectónico. El tercer y último cuerpo de la torre, que
estaba «bien cubierta de teja e madera e su pretil e ventanas bien fecho»81, contenía una
sala que hacía las funciones de conjuratorio y a la que se accedía por una escalera de
caracol: se trataba de una dependencia cubierta y enyesada, rodeada de ventanas «por
75 Esta arqueta de plata fue donada en los años finales del siglo XIV por el Maestre Lorenzo Suárez de
Figueroa. En la visita de 1494 se inica que se trata de «una caxa de plata dorada y esmaltada e con las armas
del maestre Don Lorenço Xuarez de Figueroa», A.H.N., OO.MM., Uclés, Mss. Santiago, 1066 C, fol. 88 r.
Publ. MARÍN RUIZ DE ASSÍN, D.: «Las visitas ..., p. 209. Una descripción más detallada se recoge en la
visita de 1498: «una caxa de plata dorada por de fuera y esmaltada y aquella metida en vn cofre de marfil bien
obrado con ymagenes a la redonda e tenia la dicha caxa por los lados letras de plata fechas e su çerradura e
llaue, todo de plata e el dicho cofre asymismo su çerradura e todo alrededor fecho el estoria del nasçimiento
e pasyon de Nuestro Señor Jhesuchristo», A.H.N., OO.MM., Uclés, Mss. Santiago, 1069 C, fol. 150 v. Publ.
MARÍN RUIZ DE ASSÍN, D.: «Las visitas ..., p. 256.
76 «Está vn altar ençima del qual está la Santa Vera Cruz de Caravaca puesta en un tau de plata dorado
y esmaltado que pesa quatro marcos, e en el dicho tao estan las armas del maestre don Lorenço Suarez, de
gloriosa memoria, e está el dicho tao puesto en vna arqueta pintada y en aquella puesto el tao e puesta en vn
arca grande» A.H.N., OO.MM., Uclés, Mss. Santiago, 1065 C, fol. 49 r. Publ. MARÍN RUIZ DE ASSÍN, D.:
«Las visitas ..., p. 184. «E el dicho cofre puesto en vn tabernaculo en la pared ençima del altar con el canpo
pyntado de azul lleno de estrellas doradas», A.H.N., OO.MM., Uclés, Mss. Santiago, 1069 C, fol. 150 v. Publ.
MARÍN RUIZ DE ASSÍN, D.: «Las visitas ..., p. 256.
77 Según el libro de la visita de 1480 estas otros objetos serían «vna Veronica de bulto e Jhesus de bulto»,
«vn paño de çendal verde con las orillas coloradas e vnos lomos dorados», «vn paño de damasco con vna
Vera Cruz en filo de oro en él figurada», «vn retablo dorado pequeño», «vn frontal de damasco azul con
la Vera Cruz e vnos angeles en él figurados de filo de oro», «dos palias», «vn hara e corporales» y «vna
lanpara de plata», A.H.N., OO.MM., Uclés, Mss. Santiago, 1065 C, fols. 49 r- 49 v. Publ. MARÍN RUIZ
DE ASSÍN, D.: «Las visitas ..., pp. 184-185.
78 «E luego vysytaron la capilla que está fecha en lo vueco de la torre que desçiende de la Vera Cruz,
en el segundo suelo, honde dizen que Ella se aparesçio e está agora», A.H.N., OO.MM., Uclés, Mss. Santiago,
1066 C, fol. 88 v. Publ. MARÍN RUIZ DE ASSÍN, D.: «Las visitas ..., p. 210.
79 «E la boueda de la dicha capilla esta fecha con muchos cruzeros», A.H.N., OO.MM., Uclés, Mss.
Santiago, 1066 C, fol. 88 v. Publ. MARÍN RUIZ DE ASSÍN, D.: «Las visitas ..., p. 211.
80 «La qual dicha capilla, de poco tiempo a esta parte, Diego Chacon, vicario, fallaron que la avya
reedificado porque estaua muy mal tractada, en que paresçio estar fecho de nueuo todo e pintado de muchas
estorias», A.H.N., OO.MM., Uclés, Mss. Santiago, 1066 C, fol. 88 v. Publ. MARÍN RUIZ DE ASSÍN, D.:
«Las visitas ..., p. 210.
81 A.H.N., OO.MM., Uclés, Mss. Santiago, 1069 C, fol. 151 r. Publ. MARÍN RUIZ DE ASSÍN, D.:
«Las visitas ..., p. 257.
LA FORTALEZA DE CARAVACA A FINALES DE LA EDAD MEDIA
87
donde muestran la Vera Cruz quando alguna tempestad viene»82, que fue reedificada
entre 1494 y 149883.
Finalmente, todo el conjunto arquitectónico se situaba en torno a un patio central, en
el que se ubicaban dos aljibes84 que posteriormente se convertirían en uno solo a juzgar
por los testimonios de 1498 y 150785. En torno a este patio que gestionaba los espacios
de este recinto interno o «castillo de dentro» se disponían una serie de dependencias de
distinta funcionalidad, en su mayor parte en las áreas oeste y norte del conjunto. Así, bajo
la sala larga que hacía las funciones de iglesia destinada al culto de la Vera Cruz se situaba,
según la visita de 1480, una bodega con una cámara de abastecimiento y almacenaje en
la que se documenta un tonel con capacidad para contener aproximadamente 2.500 litros
de vino86; muy próximas a esta bodega se debían emplazar una casa de servicio, dos
caballerizas y, más adelante, una cocina con un pajar87. En las visitas posteriores de
1494 y de 1498 se sitúan igualmente en esta área una caballeriza, una chimenea, una
sala grande de funcionalidad imprecisa, una estructura exenta que haría las funciones de
despensa, la bodega antes mencionada (con veinte tinajas de treinta arrobas de capacidad
cada una), una casa de abastecimiento, una sala en alto «que se dize la de la estoria de la
Cruz», dos estructuras imprecisas destinadas a las tareas de abastecimiento, un corral para
aves y una cocina88. En la visita de 1507 se precisa un poco más y aparecen mencionados
82 A.H.N., OO.MM., Uclés, Mss. Santiago, 1066 C, fol. 89 r. Publ. MARÍN RUIZ DE ASSÍN, D.: «Las
visitas ..., p. 212. En la visita de 1507 se recoge un testimonio parecido: «por la dicha sala esta vna escalera
de caracol por donse suben a vna torre que está en lo alto de la dicha capilla, esta bien cubierta de madera
e teja, tiene quatro ventanas por donde en tiempo de tenpestad sacan la Santa Vera Cruz, está en lo alto
vna canpana mediana», A.H.N., OO.MM., Uclés, Mss. Santiago, 1072 C, fol. 101 r. Publ. MARÍN RUIZ
DE ASSÍN, D.: «Las visitas ..., p. 301.
83 «Lo qual todo a reydificado con las dichas salas e capilla e torre el dicho vicario de las limosnas quel
adelantado Don Juan Chacon e otros caualleros han fecho a la dicha casa», A.H.N., OO.MM., Uclés, Mss.
Santiago, 1069 C, fol. 151 r. Publ. MARÍN RUIZ DE ASSÍN, D.: «Las visitas ..., p. 257.
84 «E en medio del dicho cuerpo del dicho castillo de dentro están dos algibes buenos», A.H.N., OO.MM.,
Uclés, Mss. Santiago, 1065 C, fol. 49 v. Publ. MARÍN RUIZ DE ASSÍN, D.: «Las visitas ..., p. 185
85 «En medio del dicho patio está vn algibe bueno con su brocal e cubierto», A.H.N., OO.MM., Uclés,
Mss. Santiago, 1069 C, fol. 154 v. Publ. MARÍN RUIZ DE ASSÍN, D.: «Las visitas ..., p. 265. «En medio del
patio está vn aljibe junto con la Torre del mirador. Esta bien aderesçado, coje agua», A.H.N., OO.MM., Uclés,
Mss. Santiago, 1072 C, fol. 117 v. Publ. MARÍN RUIZ DE ASSÍN, D.: «Las visitas ..., p. 3256
86 «Debaxo de la sala larga susodicha está vna buena bodega con vna buena camara de bastimento e
ençima de la dicha bodega e en ella, vna carral que cabe dozientas arrouas de vino», A.H.N., OO.MM., Uclés,
Mss. Santiago, 1065 C, fol. 49 v. Publ. MARÍN RUIZ DE ASSÍN, D.: «Las visitas ..., p. 185.
87 «Yten mas adelante vna casa de seruiçio debaxo de la dicha salida del cuerpo de la dicha fortaleza
de dentro a la mano derecha e en saliendo está vna cavalleriza buena e otra a la par de aquella que ha
fecho el dicho Pedro Davalos, las quales amas y dos estan buenas e bien reparadas. Yten, mas adelante a
la mano derecha, está vna buena cozina y en ella vn pajar bueno y vn portal delante de la puerta de la
dicha cozina», A.H.N., OO.MM., Uclés, Mss. Santiago, 1065 C, fol. 49 v. Publ. MARÍN RUIZ DE ASSÍN,
D.: «Las visitas ..., p. 185.
88 A.H.N., OO.MM., Uclés, Mss. Santiago, 1066 C, fol. 92 r.- 93 r. Publ. MARÍN RUIZ DE ASSÍN, D.:
«Las visitas ..., pp. 219-222. , A.H.N., OO.MM., Uclés, Mss. Santiago, 1069 C, fols. 154 r.-154 v. Publ. MARÍN
RUIZ DE ASSÍN, D.: «Las visitas ..., pp. 254-265. En 1507 la bodega con veinte tinajas sólo contendrá catorce:
«e junto con ella vna bodega con sus puertas e red de madera, en la qual bodega ay catorze tinajas para vyno,
las quales son de la entrega de la fortaleza», A.H.N., OO.MM., Uclés, Mss. Santiago, 1072 C, fol. 117 v. Publ.
MARÍN RUIZ DE ASSÍN, D.: «Las visitas ..., p. 325.
88
JORGE A. EIROA RODRÍGUEZ
además otros espacios individualizados: «vna casilla para paja»89, «otro bastimento»
abovedado sobre la bodega en el que se conservaban distintos útiles (poleas, tinajas de
aceite y harina) y algunas piezas de armamento ligero (ballestas, espingardas, cerbatanas,
pasavolantes, etc. con su munición y complementos)90.
89 A.H.N., OO.MM., Uclés, Mss. Santiago, 1072 C, fol. 117 r. Publ. MARÍN RUIZ DE ASSÍN, D.:
«Las visitas ..., p. 325.
90 «E de alli subieron por vna escalera de yieso a vna casa de bastimento questá ençima de la dicha
bodega, devajo de la sala grande de la Santa Vera Cruz e, al cabo, otro bastimento en que ay dos tinajas para
açeyte e dos espingardas e vn tacador edos çebretanas con sus seruidores e vn pasabolante con su seruidore
cureña e quatro ballestas de azero, vn carnao, vna garrucha, dos vallestas de palo, seys tinajas para harina
[...] Es todo de boueda e está muy bueno», A.H.N., OO.MM., Uclés, Mss. Santiago, 1072 C, fol. 117 v. Publ.
MARÍN RUIZ DE ASSÍN, D.: «Las visitas ..., pp. 325-326.
EQUIPAMIENTO COMERCIAL EN PEQUEÑAS CIUDADES
HISTÓRICAS. EL CASO DEL NOROESTE MURCIANO
JOSÉ LUIS ANDRÉS SARASA
Las ciudades del Noroeste murciano han jugado un papel muy significativo en la
historia de la Región. Sin duda alguna, la necesidad de responder con eficacia al papel
que la historia les encomienda condiciona su particular situación y emplazamiento. Estos
factores, positivos en los momentos álgidos de su función fronterizo/militar y más tarde
hostiles en la compleja interacción de agentes económicos, políticos, sociales y culturales,
son responsables de la actual morfología urbana.
La morfología urbana de las ciudades históricas del Noroeste murciano son insustituibles textos que permiten descubrir el contexto que las ha configurado. Unos contextos
que hablan de esplendores, de ruinas, de estancamientos, pero que definen con claridad
la originalidad y distinción de cada una de ellas. Originalidad y distinción que en el
paisaje urbano se manifiesta por la yuxtaposición de tramas, combinación de calles que
confunden al visitante, pero que encierran las razones últimas de una particular forma
de entender la vida cotidiana.
Las ciudades históricas del Noroeste murciano pertenecen a la categoría que definimos
como no urbanizantes, por contraposición con aquellas otras que han soportado bruscos
cambios en su funcionalidad, como la industrialización y posterior desindustrialización,
pero siempre subordinando el espacio urbano a las necesidades de la nueva función, por
lo que ha sido preciso modificar la trama urbana. En este sentido, la economía agrícola
y artesanal que caracteriza al Noroeste murciano hace que hoy sus ciudades presenten
un casco antiguo en el que es fácil leer el argumento que lo origina, no está oscurecido
por la superposición de textos. Unos cascos antiguos que no sufren serias remodelaciones
porque el entorno de la ciudad dispone de espacio para acoger las obligadas expansiones,
tanto por su dinámica urbana como por el deseo de abandonar una topografía poco
favorable para la vida moderna.
Las razones últimas de la vida cotidiana en las ciudades históricas transmiten una
doble impresión, por una parte, parece que se desenvuelve como ignorando la falta de
articulación entre calles de diferentes tramas urbanas que dibujan el paisaje urbano, por
otra, se tiene la falsa sensación de que la fragmentación espacial que existe entre casco
histórico y los posteriores ensanches tampoco generan rupturas en las prácticas urbanas.
Esto es así porque las prácticas urbanas de cualquier ciudad están determinadas por su
equipamiento comercial y de servicios que se localizan ordenadamente en su paisaje
urbano, pero más todavía por la capacidad de atracción que ejerce el equipamiento
comercial, administrativo y de servicios.
90
JOSÉ LUIS ANDRÉS SARASA
La estructura del aparato comercial está estrechamente ligada al paisaje urbano, pero
la dinámica u obsolescencia de este paisaje lo está a los perfiles que explican dicha
estructura. Hasta tal punto llega esta interacción, esta estrecha interrelación, que con
bastante frecuencia se afirma que la crisis de la ciudad, y más concretamente de sus
cascos históricos, es la crisis de su equipamiento comercial.
En este sentido, en el marco de un trabajo de investigación acerca de la recuperación
de los núcleos urbanos de las ciudades del Noroeste murciano, parece oportuno
plantearse un doble objetivo, en primer lugar, descubrir los rasgos definidores del
equipamiento comercial de las ciudades de Calasparra, Caravaca, Cehegín y Moratalla,
como estructuradores de sus prácticas urbanas. Unas prácticas urbanas que derivan de la
capacidad de este equipamiento para movilizar a una población cada vez más exigente
en calidad del producto pero también del establecimiento que lo sirve. En segundo
lugar, poner de relieve la interrelación que existe entre la localización del equipamiento
comercial y la estructura del paisaje urbano, tratar de ver en qué medida lo uno influye
sobre lo otro, dejar constancia de la importancia del equipamiento comercial no sólo
por ser estructurador de las prácticas urbanas, sino porque es responsable del sentido
del crecimiento urbano. Aspecto que se advierte son claridad cuando se localiza sobre el
plano de la ciudad los ejes comerciales dinámicos y se comprueba que coinciden con los
polos y líneas del desarrollo urbano, al mismo tiempo que la morfología accidentada en
la que se asienta el origen de la ciudad hoy se convierte en barrera para la funcionalidad
comercial y residencial. Los polos de crecimiento del ayer hoy son límites o barreras,
nuevos polos y líneas aparecen en un trazado que nada tiene que ver con el que ofrecen
los cascos antiguos y donde la vida cotidiana resulta más fácil o al menos más acorde
con las nuevas necesidades.
1. RASGOS DEFINIDORES DEL EQUIPAMIENTO COMERCIAL
La finalidad de este apartado se centra en poner de relieve la estructura de la oferta
comercial de las ciudades que componen el Noroeste murciano, pero siempre recurriendo
a la comparación, puesto que una ciudad no es algo aislado sino que está en íntima
conexión con el entorno en el que alimenta continuos flujos. Para llevar a cabo este
análisis se recurre a fuentes de carácter fiscal como es el IAE, facilitado por la Cámara
de Comercio, Industria y Navegación de Murcia a cuyo ámbito pertenecen las ciudades
elegidas. En base a estos datos se presentan los rasgos definidores del equipamiento
comercial, pero también cuál ha sido la naturaleza de su evolución. Estos rasgos se
concretan en la diversificación comercial; las tasas de equipamiento; los índices de
estructura y especialización; la tipología comercial; el tamaño de los establecimientos.
1.1. Diversificación del equipamiento comercial
El papel que juega el equipamiento comercial, como estructurador de las prácticas
urbanas, está en función de la capacidad de atracción y dinamización que tiene sobre su
potencial clientela, tanto la residente en la ciudad como en el ámbito territorial en que
se halla localizada. Por esta razón, el equipamiento comercial ahora se clasifica
EQUIPAMIENTO COMERCIAL EN PEQUEÑAS CIUDADES HISTÓRICAS. EL CASO DEL NOROESTE MURCIANO
GRAFICOS N1⁄4 1: Distribuci—n segœn la capacidad de atracci—n
Graficos nº 1: Distribución según la capacidad de atracción.
CALASPARRA
CORRIENTES
IRREGULAR
EXCEPCIONAL
CARAVACA
CORRIENTES
IRREGULAR
EXCEPCIONAL
CEHEGIN
CORRIENTES
IRREGULAR
EXCEPCIONAL
MORATALLA
CORRIENTES
IRREGULAR
EXCEPCIONAL
91
92
JOSÉ LUIS ANDRÉS SARASA
en tres categorías, conforme a la frecuencia de relación entre la oferta y demanda
de productos: compras corrientes; compras irregulares; compras excepcionales. En
la categoría de compras corrientes se incluyen alimentación, productos de farmacia,
droguería, perfumería, carburantes, librerías, juguetes, deportes y restaurantes, todos ellos
caracterizados por plantear una necesidad de frecuentación cotidiana o semanal, en ciertos
casos puede llegar a quincenal. La frecuentación irregular hace referencia a artículos
de temporada o de alguna vez al cabo del año, tales como calzado, textil, ferretería,
artículos diversos para el hogar, accesorios, joyería, relojería, talleres de reparación y
alojamientos. Por último, los artículos que integran la categoría de excepcionales son
muebles, electrodomésticos, materiales de construcción, instrumentos musicales, aparatos
médicos y ortopédicos, maquinaria en general y vehículos.
Conforme a esta tipología la diversidad del equipamiento de cada una de las ciudades
es la que se advierte en el gráfico nº 1. Las cuatro ciudades presentan un claro predominio
en establecimientos de compras corrientes, las de frecuentación cotidiana, semanal o
quincenal. Aunque el menor porcentaje es el de Caravaca (53,10 por 100) y el mayor
está en Moratalla (69,52 por 100), la ciudad menos dinámica y con mayores problemas
estructurales.
En la tipología del comercio de frecuentación irregular Caravaca inscribe algo más de
la cuarta parte de sus establecimientos comerciales, índice del que quedan muy por debajo
el resto de las ciudades analizadas. En Calasparra suponen la cuarta parte y en Moratalla
apenas llegan a esta cuota. Lógicamente, el comercio con menos representatividad es
el incluido en la categoría de excepcional, en Caravaca simboliza el 12, 86 por 100,
aunque en esta ocasión no logra destacarse del resto, puesto que Calasparra y Cehegín
arrojan unos valores muy similares, por lo que se desprende que la pretendida capitalidad
comercial está empezando a ser contestada por sus vecinas, una por el aislamiento y la
otra por el fuerte tirón experimentado en su economía.
Tres razones justifican la situación en la diversidad comercial que se acaba de
presentar para Caravaca, respecto de la capacidad de movilización en las ciudades del
entorno. En primer lugar, porque sólo en comercios muy especializados hay una clara
orientación hacia el exterior; en segundo lugar, las ciudades de su entorno inmediato
también han diversificado su equipamiento comercial; en tercer lugar, la más importante y
que recientemente cobra más trascendencia, la capacidad de atracción del comercio de la
capital regional es un duro competidor que ahora juega con ventaja por la extraordinaria
mejora de las comunicaciones, esta circunstancia hace que las compras de carácter
excepcional se realicen en la capital regional, dotada con un comercio que dispone de
importantes ventajas publicitarias.
Resulta muy interesante en este análisis comprobar que la evolución de la diversidad
comercial de estas ciudades no ha hecho más que ampliar el abanico de ofertas. A
título de ejemplo, cabe decir que a mediados del siglo pasado la oferta comercial de
Caravaca escasamente llegaba a un centenar de establecimientos, cuando en la actualidad
se multiplica por siete, pero además, participa en todas las ramas que establece el IAE.
En aquellas fechas casi las tres cuartas partes de la oferta quedaba incluida en la categoría
de frecuentación diaria, en buena parte determinada por el deficiente equipamiento de
los hogares y las pautas de comportamiento en las compras. Así se comprueba que
EQUIPAMIENTO COMERCIAL EN PEQUEÑAS CIUDADES HISTÓRICAS. EL CASO DEL NOROESTE MURCIANO
93
más del 50 por 100 de sus establecimientos se catalogaban como abacerías (comestibles
en general). Igualmente su diversificación comercial estaba lejos de abarcar todas las
tipologías comerciales, tan sólo reunía dos tercios del total de ramas censadas en el
registro de actividades comerciales, cuando hoy, como se acaba de señalar, participa en la
totalidad, aunque, como se verá más adelante, con importante peso en alimentación, pero
ya con establecimientos especializados.
1.2. Evolución de los índices de estructura
Con el propósito de poner de manifiesto, en toda su magnitud, la acomodación del
comercio a las nuevas exigencias de una demanda que antepone la calidad a la cantidad,
a la vez que los hogares adoptan modernas pautas de comportamiento y de equipamiento,
todo ello con fuerte incidencia en la naturaleza y frecuencia de las compras, se plantea
la necesidad de buscar una metodología que permita distinguir entre la evolución
experimentada por el comercio de alimentación, definido como de frecuentación cotidiana
o semanal, por más que hoy por la presencia de los almacenes populares pueda convertirse
en quincenal, y el resto, comercio de no alimentación.
En realidad se trata de presentar las diferencias sustanciales que se advierten en
la evolución mantenida por un comercio que está, en buena medida, supeditado a la
población residente en la ciudad durante todo el año, y aquél otro que justifica su
presencia por su capacidad de atracción entre las poblaciones del entorno comarcal e
incluso extracomarcal para artículos relacionados con las tradiciones populares.
En este sentido, para poner de relieve el papel que juega el equipamiento comercial en
cada una de las ciudades, se averiguan los índices de estructura. Unos índices que arrojan
los resultados que se observan en el cuadro nº 1.
CUADRO Nº 1. EVOLUCIÓN DE LOS ÍNDICES DE ESTRUCTURA
(1975-2002)
AÑO 1975
Alimentación/Total
Alimentación x 100/Total
Alimentación/No alimentación
Calasparra
Caravaca
Cehegín
Moratalla
0,56
56,46
1,29
0,54
54,25
1,18
0,60
60,00
1,50
0,60
60,28
1,51
Calasparra
Caravaca
Cehegín
Moratalla
0,25
25,67
0,34
0,20
19,94
0,25
0,27
27,47
0,38
0,32
31,90
0,47
AÑO 2002
Alimentación/Total
Alimentación x 100/Total
Alimentación/No alimentación
La primera conclusión que se obtiene del citado cuadro nº 1 es que a lo largo del
último cuarto de siglo ha mejorado ostensiblemente el equipamiento comercial de las
94
JOSÉ LUIS ANDRÉS SARASA
cuatro ciudades debido a la diversificación de la oferta y el consiguiente retroceso de
cierto comercio de alimentación que era inviable por su calidad, técnicas de venta e
incapacidad de competir en la nuevas exigencias de la demanda. Un comercio que, como
se pone de manifiesto, era dominante en las cuatro ciudades.
Sin embargo, donde mayores y más cualitativos avances se advierten es en la ciudad
de Caravaca, consecuencia lógica del papel que pretende jugar en el territorio, pero
también porque es la que cuenta con mayor número de habitantes, supera con claridad al
resto y de modo concluyente a Calasparra y Moratalla, ambas en la definición estadística
de ciudad quedarían fuera de la categoría.
El descenso del peso cuantitativo de los establecimientos de alimentación a favor
de la diversificación en el resto de ramas comerciales, debe interpretarse como signo
inequívoco de modernidad, es beneficioso para la demanda e indica diáfanamente su
capacidad para atender el incremento de necesidades que una sociedad moderna se
plantea. Esta apertura del abanico de oportunidades de compra se traduce en la elevación
de la categoría de la ciudad, como más adelante se verá al analizar la evolución de las
tipologías comerciales en las que se incluyen a cada una de las ciudades.
Sin duda alguna, en el interesante avance experimentado en la diversificación
comercial de estas ciudades tiene mucho que ver el brusco proceso de urbanización que
afecta al conjunto de la Región, fenómeno del que participan estas ciudades que habían
quedado como ausentes del proceso industrializador que transformó la fisonomía urbana
de otras ciudades regionales. Un proceso que ha beneficiado por entero a Caravaca donde
se advierten los signos inequívocos de las modernas pautas de comportamiento de una
nueva clientela que, como ya se ha apuntado, prefiere calidad a cantidad.
1.3. Evolución de las tasas de equipamiento
La evolución de las tasas de equipamiento, en el conjunto de rasgos que en este
trabajo se analizan, son las que más íntima relación guardan con el apuntado proceso
de urbanización. Una íntima relación que se justifica por una doble circunstancia, por
una parte, porque el incremento y la diversificación del equipamiento comercial mantiene
estrecha relación con el crecimiento de la demanda derivada de la presencia de mayor
número de hogares; por otra parte, porque las tasas de equipamiento se calculan en
función del número de habitantes de la ciudad.
Estas tasas permiten descubrir tanto el sobredimensionamiento como el déficit del
equipamiento comercial de una ciudad, ambos factores están en conexión con el papel
que juega la ciudad en su entorno, además indican si su equipamiento le permite tener
un espacio de dominación o por el contrario caer en la influencia de otra ciudad mejor
y más diversificada.
Las tasas de equipamiento se averiguan en una doble dimensión, respecto del comercio
total que hay en la ciudad y para cada una de las ramas que lo integran. Sin embargo, en
este trabajo se analizan en razón de la estructura establecida para detectar la capacidad
de atracción que es quien define el papel que juega la ciudad en su entorno. Con este
propósito se confecciona el cuadro nº 2, que recoge las tasas de las cuatro ciudades.
EQUIPAMIENTO COMERCIAL EN PEQUEÑAS CIUDADES HISTÓRICAS. EL CASO DEL NOROESTE MURCIANO
95
CUADRO Nº 2. TASAS DE EQUIPAMIENTO EN 2002
Ciudad
TOTAL
Corrientes
Irregulares
Excepcional
Calasparra
Caravaca
Cehegín
Moratalla
24,80
29,90
26,60
24,00
15,10
15,80
15,30
16,90
6,90
10,30
8,00
5,50
2,70
3,80
3,10
1,50
Se advierte, en primer lugar, que la ciudad de Caravaca, para el total de establecimientos, arroja la mayor tasa, dato que debe interpretarse como que estamos ante un
equipamiento en cierta medida sobredimensionado, porque no sólo atiende a la población
de la ciudad sino también a otra potencial que la visita por motivos de compra y
otras razones, pero que son aprovechadas para realizar compras de artículos que no
encuentran en su lugar de residencia. Sobredimensionamiento que habrá de aumentar
como consecuencia del desarrollo de la nueva funcionalidad turístico/religiosa. En
cambio, el resto de las ciudades reducen su significado, excepto Cehegín que entra en
competencia de proximidad con Caravaca.
Se trata de unas tasas que han registrado notables mejoras en las últimas décadas,
con el consiguiente beneficio para la demanda, se han elevado en diez puntos para
Calasparra y Cehegín, en doce para Moratalla y en quince para Caravaca. Indudablemente
que el incremento de la oferta significa ventajas para la demanda y más todavía si este
incremento se ve acompañado de la diversificación. Por otra parte, el hecho de que
Caravaca presente la mayor tasa y también el mayor incremento debe explicarse como
una apuesta por el papel que pretende jugar en el conjunto de la comarca.
Sin embargo, cuando se desciende al análisis por ramas comerciales se descubre que
el peso de las compras corrientes son las que mayor oferta proporcionan, en parte porque
son las que más demanda tienen pero también porque es la tipología con mayor tradición
y significado en el conjunto de las cuatro ciudades. Razón por la que prácticamente todas
las ciudades arrojan tasas muy similares. Se trata de establecimientos con escasa o nula
capacidad de atracción a población no residente en la ciudad. Moratalla es la que tiene
el valor más elevado y se justifica porque también es la mas deprimida y donde siempre
ha predominado este tipo de comercio.
Cuanto se afirma hasta ahora encuentra su confirmación en las tasas que se registran
en los establecimientos de frecuentación irregular y excepcional. Caravaca adquiere
cierto rango de capitalidad comercial, Moratalla es la mas retraida y Cehegín entra en
competencia por la centralidad con Caravaca, aunque su volumen de población todavía
está lejos para apoyar tal competitividad, no ocurre lo mismo en cuanto a la nueva
dinámica adquirida por su economía urbana, aspecto que se refleja en el equipamiento
comercial.
96
JOSÉ LUIS ANDRÉS SARASA
1.4. Índices de concentración
El índice de concentración expresa el peso que cada una de las categorías establecidas
tiene en el conjunto del equipamiento comercial. Aunque en este apartado para ganar
en expresividad, también se analiza el peso de las ramas más significativas en el
conjunto de la ciudad.
CUADRO Nº 3. ÍNDICES DE CONCENTRACIÓN EN LAS CIUDADES
DEL NOROESTE MURCIANO EN 2002
Ciudad
Calasparra
Caravaca
Cehegín
Moratalla
Corriente
Irregular
Excepcional
60,81
52,77
56,25
69,71
27,93
34,33
32,03
24,52
11,26
12,89
11,72
5,77
En el cuadro nº 3 se presenta la concentración que alcanza cada una de las categorías
para las distintas ciudades. Se advierte con claridad como los establecimientos de
frecuentación cotidiana o semanal son los que mayor peso tienen, además lo hacen con
índices muy significativos, pues en todas ellas suponen más de la mitad del equipamiento.
Naturalmente, este índice es un fiel reflejo del papel que cada ciudad juega en el conjunto
territorial. Caravaca es la ciudad con el índice más bajo por la razón tantas veces aludida,
es la que cuenta con el equipamiento más diversificado porque tiene que atender a mayor
número de clientes no residentes en la ciudad. En el polo opuesto se sitúa Moratalla,
registra el índice más elevado porque es la de mayor atraso estructural, menor número de
habitantes y nulo poder de atracción en su equipamiento. Asimismo se pone de relieve
la ya aludida dinámica económica de Cehegín, pues su índice se aproxima mucho al de
Caravaca, aproximación que debe entenderse como resultado de la competitividad que
se establece entre ambas ciudades.
Idéntico comentario cabe hacerse para las categorías de compras irregulares o
excepcionales, aunque introduciendo una ligera matización a favor de Calasparra en
cuanto se refiere a compras excepcionales, prácticamente se iguala con Cehegín y se
aproxima mucho a Caravaca, las dos ciudades que pugnan por ejercer cierta centralidad.
Este dato refleja la respuesta de un aislamiento respecto de dicha centralidad que le
obliga a diversificar su equipamiento.
Este análisis cobra particular significado cuando se presta atención a la situación por
ramas comerciales. En primer lugar se descubre que la oferta dominante en Calasparra
(25,67 por 100), Cehegín (27,47 por 100) y Moratalla (31,90 por 100) es la rama de
alimentación, cuando en Caravaca tan solo se alcanza al 20 por 100 y es claramente
superada por restaurantes, bares y cafeterías, que casi suponen la cuarta parte del total
de establecimientos de esta ciudad. Rama que para el resto de las ciudades se sitúa
en segunda posición. De sorprendente debe calificarse la situación que se produce en
Moratalla, donde alimentación y restaurantes, bares y cafeterías son los dos tercios de su
equipamiento, aunque con ligerísima ventaja para los establecimientos de alimentación.
EQUIPAMIENTO COMERCIAL EN PEQUEÑAS CIUDADES HISTÓRICAS. EL CASO DEL NOROESTE MURCIANO
97
Equipamiento de las personas configura en las cuatro ciudades la tercera rama
comercial en consideración por su número de establecimientos, aunque de forma
destacada en Caravaca, donde consigue el 15 por 100 del total de establecimientos.
Asimismo, merece destacarse en esta ciudad el importante peso que obtiene la rama de
joyería y relojería, son el 12 por 100 del total de establecimientos, índice que contrasta
con la reducida representación que logra en el resto de las ciudades, es Calasparra la de
menor equipamiento, con el significado que ello tiene en una rama que expresa cierta
especialización comercial. Sin duda, la fuerte presencia de este tipo de establecimientos
en Caravaca se debe a la nueva funcionalidad derivada de su categoría de Ciudad Santa,
con lo que supone de puesta a la venta de numerosos objetos relacionados con esta
condición y que se venden en establecimientos de esta naturaleza.
1.5. Índices de especialización
En el cálculo de estos índices adquiere peculiar interés el hecho de comparar la
situación de las diferentes ciudades que integran el conjunto referenciado. Este índice
se averigua relacionando el porcentaje de comercios de cada una de las ramas que se
registran en el listado del IAE en cada ciudad, con el porcentaje de esas mismas ramas
en el conjunto de ciudades del espacio definido. Se considera que hay especialización
cuando el índice es superior a uno.
Caravaca está especializada en el 64 por 100 de los establecimientos inscritos en
el listado del IAE. Pero con particularidades muy interesantes a favor de su pretendida
posición de centralidad comarcal, es la única de las cuatro ciudades que no registra
especialización en alimentación, primera nota muy favorable hacia una diversificación
que pretende atender a una población superior a la residente en la ciudad. En segundo
lugar, destaca el hecho de que la máxima especialización la ofrece en la categoría de
otros artículos del hogar, rama en la que el resto de ciudades carece de establecimientos.
Le sigue en importancia el valor alcanzado por juguetes y deportes, donde Cehegín llega
apuradamente a la especialización, pero no así las otras dos ciudades. Circunstancia que se
repite en calzado y piel. Asimismo, hay una serie de ramas comerciales donde únicamente
tiene especialización la ciudad de Caravaca, se trata de las integrantes de los comercios de
frecuentación excepcional, como electrodomésticos, vehículos, instrumentos musicales,
librerías y la ya citada joyería y relojería.
Por último, un dato curioso, Caravaca no tiene especialización en restaurantes, bares
y cafeterías, registra valores muy similares a Calasparra y Cehegín y se ve muy superada
por Moratalla, donde esta categoría si que obtiene especialización. Precisamente, como ya
se ha dicho, Moratalla tan sólo tiene esta especialización y la de alimentación.
1.6. Evolución de las tipologías comerciales
En este punto se pretende catalogar a cada una de las ciudades en razón a su estructura
comercial. Para ello se parte del índice de estructura que expresa la razón que existe entre
alimentación y no alimentación y se establecen tres categorías. En la primera se insertan
las ciudades cuyos índices están comprendidos entre 0,1 y 0,40, son aquellas en las que
98
JOSÉ LUIS ANDRÉS SARASA
domina el equipamiento no alimentario, es decir, el encargado de abastecer de diferentes
bienes a una demanda potencial constituida por la población residente y la que acudirá
atraída por las ofertas excepcionales, las ciudades que se incluyen en estos parámetros
se las denomina como desarrolladas. La segunda categoría engloba a las ciudades cuyos
índices se encuentran entre 0,41 y 0,50, se trata de un equipamiento comercial cuyo
abanico de ofertas entre alimentación y no alimentación presenta cierta igualdad, por esta
razón se las conoce como equilibradas. Por último, en la tercera tipología se incluyen
a las ciudades cuyos índices oscilan entre 0,51 y 1, valores que se derivan de la fuerte
presencia de establecimientos de alimentación, a estas ciudades se las cataloga como
subequipadas.
Según los datos manejados, correspondientes al IAE de 2002, Caravaca y Calasparra
aparecen como ciudades desarrolladas. En cambio, Cehegín, por muy poco, aparece
como equilibrada y Moratalla se aproxima mucho a la situación de subequipada. Estos
resultados deben tomarse como conclusiones a todos los comentarios que anteceden
respecto de los distintos índices.
Como aspecto positivo señalar que hace veinticinco años las cuatro ciudades se
incluían en la categoría de subequipadas. Evolución que refleja una dinámica interesante
en el conjunto del territorio.
1.7. Tamaño de los establecimientos
El tamaño de los establecimientos constituye uno de los factores más importantes
a la hora de caracterizar tanto al aparato comercial como al espacio urbano en el
que se localiza.
Con el fin de evitar erróneas interpretaciones de los datos que se acompañan más
adelante, es preciso recordar que la morfología urbana del casco antiguo de las cuatro
ciudades presenta más inconvenientes que ventajas para la actividad comercial. Entre los
inconvenientes con mayor incidencia en la tipología comercial destacan los siguientes:
— Dificultad a la edificación, si se observa cualquiera de los cuatro planos se descubre
que el dédalo de callejuelas que dibujan los cascos antiguos hace que la superficie de
las manzanas disminuya paulatinamente a medida que nos aproximamos al centro nodal
de la ciudad. Se descubre una mezcla de figuras geométricas, rectángulos, cuadrados,
polígonos de indeterminados número de lados, que las convierten en poco atractivas
para la implantación de ciertos comercios. El comercio que se instala en estos bajos
comerciales no puede tener grandes dimensiones y además tiene que hacer fuertes
desembolsos como consecuencia de las ventajas de localización respecto del centro
neurálgico de la ciudad.
— Dificultad para la movilidad, este es el segundo gran inconveniente que plantean
los callejeros de estas ciudades, una dificultad que el paso del tiempo se encarga de
agudizar por la falta de aparcamientos. Un factor clave pues es bien sabido que los
hábitos de compra hoy se ven condicionados por la posibilidad de utilizar el automóvil
para llegar al establecimiento.
— Incapacidad para flexibilizar el sistema, porque la morfología urbana de las
ciudades históricas pasa a convertirse en un elemento más del patrimonio que debe
EQUIPAMIENTO COMERCIAL EN PEQUEÑAS CIUDADES HISTÓRICAS. EL CASO DEL NOROESTE MURCIANO
99
conservarse, por ello no cabe la posibilidad de remodelaciones al estilo de las llevadas a
cabo por el urbanismo operativo en otros tiempos. Además, debe tenerse en cuenta
que estos cascos antiguos están condicionados por la topografía en la que se originan
y los ejes de comunicación que facilitan la expansión urbana. No hay posibilidad de
modificar el trazado urbano y por ello de asentar otra tipología de comercio que no
sea el de pequeñas dimensiones.
— Estratificación económico/social, simplificada por los factores aludidos, hace que
la población residente en el casco antiguo sea la de mayor edad y también la de menores
posibilidades económicas, salvo contadas excepciones que habitan en buenas y espaciosas
casas. Sin duda, se ha producido una fuerte emigración hacia las partes más llanas,
más anchas y con trazados más adecuados a las exigencias de la vida moderna. Esta
circunstancia influye en que los comercios de mayor capacidad de atracción se ubican en
las partes nuevas y en los márgenes de las vías de penetración hacia el casco antiguo, que
han sido los ejes de crecimiento de la ciudad.
— Las partes nuevas o ensanches presentan unas manzanas más amplias, con
trazado geométrico más aprovechable y es donde se instalan los comercios de mayores
dimensiones, mejor equipados y de mayor capacidad de atracción. Una localización que
ejerce gran influencia a través de las denominadas economías de escala, por lo que los
pequeños comercios también se ven obligados a abandonar el casco antiguo en busca de
mayor movilidad y con ella de una clientela más diversificada.
En este punto, el análisis del tamaño del comercio se aborda desde una doble
perspectiva, según el número de empleos que origina y por la superficie de venta. Esta
doble óptica permite deducir con mayor claridad el papel que juega el comercio en
cada uno de los espacios, las potencialidades de evolución cuantitativa y cualitativa y
la capacidad de respuesta a las exigencias, tanto de las nuevas tecnologías y técnicas de
venta como a las modernas pautas que caracterizan a la demanda.
Para examinar el tamaño del equipamiento comercial según el empleo que genera
se recurre al listado de la Seguridad Social facilitado por la CROEM, cuyos valores
aparecen recogidos en el cuadro nº 4.
CUADRO Nº 4. TAMAÑO DEL COMERCIO SEGÚN EL NÚMERO
DE EMPLEADOS
Ciudad
Calasparra
Caravaca
Cehegín
Moratalla
menos de 2
2a4
5a9
10 a 19
20 a 49
66,45
62,92
72,48
84,35
29,11
29,50
24,42
13,91
3,16
3,65
2,33
1,74
1,26
2,61
0,39
-
1,30
0,31
-
Al examinar el cuadro nº 4 se descubre con absoluta claridad que en todas las
ciudades domina el pequeño comercio, aquél que ocupa a menos de dos empleados. Pero
adviértase que con menos de cinco empleados, tamaño que viene a considerarse a la hora
de definir una pequeña empresa, en todas las ciudades más del 90 por 100 de las empresas
100
JOSÉ LUIS ANDRÉS SARASA
comerciales se catalogan como pequeñas, el menor índice corresponde a Caravaca (92,42
por 100) y el mayor a Moratalla (98,26 por 100).
Este absoluto predominio de la pequeña empresa comercial, generalmente familiar,
tiene un doble impacto negativo/positivo para la ciudad y sus prácticas urbanas. De una
parte, se muestra incapaz de competir con las denominadas grandes superficies que
han empezado a ubicarse en el entorno de estas ciudades, así como las medianas que
aparecen incrustadas en la malla urbana, esta incapacidad desemboca en la desaparición
de un comercio tradicional que llenaba de vida las calles, de modo muy concreto el
de alimentación, esta pérdida de funcionalidad genera la crisis de los cascos antiguos.
Pero, de otra, la presencia de estas pequeñas empresas familiares, con largo arraigo en
la ciudad, significa una gran potencialidad para el desarrollo y el mantenimiento de las
prácticas urbanas, sus beneficios son invertidos en la ciudad mediante ampliaciones o
creaciones de nuevos establecimientos para sus hijos, son empresarios que con el apoyo
institucional están dispuestos a resistir la competencia de la gran empresa que ejerce un
papel bien distinto al que se le supone al comercio local. Ante esta doble circunstancia
es urgente que las autoridades municipales y regionales reaccionen con algo más que
«inaugurar» un centro comercial abierto, deben responder con la puesta en valor de
una figura que países de nuestro entorno hace décadas han llevado a la práctica, «el
urbanismo comercial», entendido como el diálogo entre planificación urbana, intereses
del equipamiento comercial y necesidades de las prácticas urbanas. El urbanismo
comercial es la fórmula idónea para proteger al comercio familiar sobre el que recae el
mantenimiento del casco antiguo, función suficiente para justificar toda acción a favor
de la pequeña empresa comercial ubicada en la compleja trama urbana de las ciudades
históricas.
Para el análisis de la superficie comercial minorista se recurre a los datos publicados
en el Anuario 2001 de la CAIXA, relativos al 1 de enero de 2000, que desglosa las
superficies en tres grupos, alimentación, no alimentación y otros. La superficie en metros
cuadrados que ofrece esta fuente es la denominada «superficie computable», la utilizada
a efectos de recaudación del IAE, aunque ha sido depurada a partir de otras fuentes.
Con esta información se confecciona el cuadro nº 5, que recoge el peso de cada una
de las tres categorías establecidas, tanto para el número de comercios como para la
superficie que ocupan.
CUADRO Nº 5. SUPERFICIE DEL COMERCIO MINORISTA
EN EL AÑO 2000
Ciudad
Calasparra
Caravaca
Cehegín
Moratalla
Alimentación
No alimentación
Mixto
%
Superf.
%
Superf.
%
Superf.
Total
Media
Total
Media
Total
Media
47,33
19,97
19,69
30,83
109,28
64,50
52,12
48,06
48,08
77,32
77,10
68,37
72,53
169,53
136,95
142,10
4,59
2,71
3,21
0,78
58,25
51,50
48,31
11,62
Fuente: Anuario Económico de España. 2001. CAIXA.
EQUIPAMIENTO COMERCIAL EN PEQUEÑAS CIUDADES HISTÓRICAS. EL CASO DEL NOROESTE MURCIANO
101
Todo cuanto se lleva dicho hasta ahora, unido a la dinámica urbana y espacial
mantenida por cada una de las ciudades, justifica plenamente la distribución según la
superficie que se advierte en el cuadro nº 5. Caravaca y Cehegín, las dos ciudades que
en su expansión urbana han huido de la accidentada morfología, son las que arrojan
menor porcentaje de superficie dedicada a alimentación. Aunque en la información de
la fuente que ahora se maneja, es Calasparra la que menos porcentaje de comercios de
alimentación tiene, ligeramente inferior a Caravaca y Cehegín, pero las tres dedican a
esta rama algo más de un tercio del total de establecimientos. A pesar de ser Calasparra la
que menos porcentaje de establecimientos dedica a alimentación son, precisamente, éstos
los que mayor superficie ocupan, prácticamente la mitad de la superficie comercial de
esta ciudad está ocupada por alimentación. Circunstancia que se ve reflejada en que es
también la que mayor superficie media por establecimiento tiene. Moratalla es la que
mayor peso tiene en comercios de alimentación pero la que menor superficie media
presenta por establecimiento. Los valores que arrojan cada una de las ciudades en
no alimentación viene a corroborar cuanto se ha dicho, Caravaca y Cehegín registran
altos valores en la superficie dedicada a estos establecimientos porque son los que
pretenden disputar la competitividad comarcal, pero ahora se une Moratalla, que supera
ampliamente a Calasparra, tanto en el peso de la superficie dedicada a esta categoría
como la superficie media. Una superficie media que justifica plenamente su capacidad
de competitividad y que estén instalados en espacios fuera de los condicionantes de la
topografía. Por último, en cuanto a los establecimientos mixtos es Calasparra la que por
su posición de aislamiento respecto del eje comarcal se equipa en mayor medida, es la
ciudad donde mayor superficie se dedica a esta categoría y también la de mayor superficie
media, en ambos valores supera con claridad a Caravaca.
2. LOS CENTROS COMERCIALES
En este apartado se pretende poner de manifiesto la interrelación que existe entre
paisaje urbano y estructura comercial para cada una de las ciudades. Todo cuanto antecede,
en mayor o menor medida, queda plasmado en el análisis espacial de la localización
comercial. Un análisis espacial que permite demostrar como el equipamiento comercial
estructura la prácticas urbanas pero también es un elemento determinante en la expansión
urbana, tanto si ejerce de polo de atracción como si consolida la dirección del crecimiento.
Alcanzar tan atrayente objetivo exige poner en práctica una compleja metodología
relativa tanto al análisis del plano como a la estructura del equipamiento comercial. En
primer lugar, se seleccionan las calles que tienen como mínimo nueve establecimientos,
de esta manera se definen los ejes que sustentan el centro comercial de la ciudad. En
segundo lugar, se averiguan los índices de especialización de cada una de las calles
seleccionadas. Este índice se calcula relacionando el porcentaje de comercios de una
categoría en cada una de las calles con el porcentaje que la misma categoría tiene en el
conjunto del centro comercial configurado, habrá especialización cuando este índice sea
mayor de uno. Con este propósito, los establecimientos comerciales se agrupan en las
siguientes tipologías: alimentación; equipamiento para las personas; equipamiento para el
hogar y profesional; ocio, deporte y cultura; diverso; restaurantes, bares y cafeterías.
102
JOSÉ LUIS ANDRÉS SARASA
2.1. El centro comercial de Calasparra: estructura y especialización
Como se advierte en el plano nº 1, el centro comercial de Calasparra está conformado
por seis calles o ejes comerciales con muy desigual peso, diversificación y especialización.
Estos ejes comerciales coinciden con los elementos reguladores del crecimiento urbano,
esto es, los caminos, hoy convertidos en carreteras, que enlazan a la ciudad con su espacio
de relación. El nodo central de esta estructura se localiza en la Plaza de la Corredera, en
pleno casco antiguo, de ella parte, en primer lugar, la carretera que se dirige a Caravaca
y Moratalla para trazar el eje comercial más activo, la Avenida de Juan Ramón Jiménez;
le siguen en importancia dos ejes transversales al primero pero confluyentes en la misma
Plaza de la Corredera, son el camino que lleva a Mula, para dibujar la calle comercial
de 1º de Mayo, y el que conduce hacia Jumilla y Yecla, para trazar la Calle Teniente
Flomesta. Completan este entramado comercial la Calle Mayor, con la que se entra en el
casco antiguo, y la Calle del Lavador, que en prolongación con la anterior contribuye a
cerrar el centro comercial pero al que añade la funcionalidad administrativa y cultural
de la ciudad. El nodo de la Plaza de la Corredera es, además, el punto de referencia de
la ciudad cuando se accede a ella por cualquiera de las sendas citadas, puesto que son
sustentadoras de la expansión urbana.
La importancia de cada una de las calles que se integran en el centro comercial de
Calasparra, según su equipamiento comercial, queda reflejada en el gráfico nº 2, donde se
Gr‡fico
Significado
por calles
delJiménez
Centro Comercial.
Calasparra
advierte
quen1⁄4la2:Avenida
de Juan
Ramón
absorbe más
de la tercera parte del total
de establecimientos. El resto de las calles presentan un peso muy similar pero siempre
a considerable distancia de la principal vía de crecimiento de la ciudad. Señalar que la
En resumen, el centro comercial de Calasparra presenta una estructura muy
Plaza de la Corredera, en pleno casco antiguo, ofrece un equipamiento igual a la de
responde
a la circunstancia
tipolog’a propia
los espacios en
de su
campos
otrossimple,
ejes de
expansión,
quedel
le poblamiento
otorga dobledeprotagonismo
papel
de centro
de tipolog’a
la ciudad.que est‡ en el origen de la ciudad. Estamos ante un centro comercial
abiertos,
TENIENTE
FLOMESTA
CORREDERA
PRIMERO DE
MAYO
MAYOR
LAVADOR
JUAN RAMON
JIMENEZ
dibujado por el cruce de caminos convertidos hoy en l’neas de crecimiento, cruce de
Gráfico
2: Significado
por callesl—gico,
del Centro
Comercial.
Calasparra.
caminos
que hanºsufrido
el desplazamiento
impuesto
por la moderna
movilidad.
EQUIPAMIENTO COMERCIAL EN PEQUEÑAS CIUDADES HISTÓRICAS. EL CASO DEL NOROESTE MURCIANO
Plano nº 1: Centro comercial de Calasparra.
103
104
JOSÉ LUIS ANDRÉS SARASA
En resumen, el centro comercial de Calasparra presenta una estructura muy simple,
responde a la tipología propia del poblamiento de los espacios de campos abiertos,
tipología que está en el origen de la ciudad. Estamos ante un centro comercial dibujado
por el cruce de caminos convertidos hoy en líneas de crecimiento, cruce de caminos que
ha sufrido el desplazamiento lógico, impuesto por la moderna movilidad.
Para determinar la especialización de cada una de las calles se confecciona el cuadro
nº 6, en el que se recogen las seis calles que componen este centro comercial y la
especialización de cada una de ellas según las tipologías indicadas.
CUADRO Nº 6. ÍNDICES DE ESPECIALIZACIÓN DEL CENTRO
COMERCIAL DE CALASPARRA
Calles
Corredera
Juan R. Jiménez
Lavador
Mayor
1º de Mayo
Tte. Flomesta
Alimentación
Equipamiento
de personas
Equipamiento
hogar y
profesional
Ocio
Deporte
Cultura
Diverso
Restaurantes
Bares
Cafeterías
0,58
0,74
1,66
1,66
1,38
0,93
1,79
0,80
1,34
1,19
1,19
0,33
1,19
1,28
0,44
2,39
0,29
--
-0,89
1,66
-1,11
2,50
0,86
1,54
--0,28
0,97
0,59
0,64
1,34
-1,79
2,35
Se advierte en el citado cuadro el desigual comportamiento de los ejes respecto a
obtener la especialización en alguna de las ramas presentes en su equipamiento. En
primer lugar, destaca el hecho de que la calle con menor equipamiento y diversificación
logra especialización en todas las categorías de establecimientos que se ubican en ella, se
trata de la Calle Mayor, localizada en pleno corazón del casco antiguo, con una función
de vía fundamental en las prácticas urbanas de la ciudad, puesto que enlaza la Corredera
con la Plaza de la Constitución. En ella se encuentran importantes hitos de la ciudad,
como son la Torre del Reloj, la Casa Granero con la Escuela de Música y el Museo
Etnológico, próximo a la Plaza de la Constitución aparece el edificio de la Encomienda.
Centralidad, presencia de hitos y nodos, tales como la Universidad Popular y la Oficina
de Turismo, la convierten en la vía de referencia de la ciudad, hechos que juegan a favor
de la especialización, puesto que las tres categorías presentes se definen porque demandan
fuerte presencia de gentes a todas horas, este el caso de alimentación, equipamiento de
personas y del hogar y de tiendas para profesionales.
En el polo opuesto están las calles Juan Ramón Jiménez y 1º de Mayo, dos ejes
básicos tanto para la expansión como para la accesibilidad de la ciudad. Circunstancias
ambas que influyen en la diversificación por el importante tránsito que en ellas se genera,
tránsito que tiene una desigual importancia a la hora de potenciar la especialización de
sus comercios. Sin duda alguna, que estas particularidades definen plenamente a la
Avda. Juan Ramón Jiménez, amplitud, trazado rectilíneo, eje de primer orden en la
movilidad mecanizada y buena parte de esta avenida queda fuera de la delimitación de
EQUIPAMIENTO COMERCIAL EN PEQUEÑAS CIUDADES HISTÓRICAS. EL CASO DEL NOROESTE MURCIANO
105
casco antiguo, razones para que haya disponibilidad de suelo suficiente para acoger a
un comercio que precisa de amplias superficies, cosa que resulta casi imposible en
el casco antiguo. En definitiva, todos estos factores contribuyen a que sea la única
calle con especialización en la categoría de diverso, tipología que aglutina a venta
de automóviles, accesorios, maquinaria, construcción, etc., todas ellas exigentes en
locales amplios. Idénticas circunstancias se repiten para la categoría de equipamiento
del hogar, en la que también está especializada, son establecimientos de muebles y
electrodomésticos que aprovechan las manzanas mejor trazadas y localizadas en los ejes
de expansión de la ciudad.
La calle con mayor diversificación y especialización es la Avenida 1º de Mayo, que
también ejerce el importante papel de línea de expansión y penetración en la ciudad, pero
que a su vez disfruta de una posición privilegiada porque participa tanto de la parte
nueva de la ciudad como del casco antiguo. En similares circunstancias se encuentra
la Calle Teniente Flomesta, que actúa a modo de prolongación de la anterior hasta la
salida por la carretera de Jumilla y Cieza, aunque su diversificación y especialización
dista bastante.
Por último, señalar que esta especialización comercial conecta perfectamente con
cuanto se ha apuntado para esta ciudad en los rasgos definidores de su equipamiento
comercial, prácticamente cuatro de sus seis calles aparecen especializadas en alimentación
y otras cuatro en equipamiento de las personas. Las razones se deben a la necesidad de
satisfacer a una demanda que está aislada de un importante centro comercial.
2.2. El centro comercial de Caravaca: estructura y especialización
El centro comercial de Caravaca se define por un elevado número de calles, como se
advierte en el plano nº 2, debido al considerable tamaño de la ciudad y a la expansión
que ha registrado respecto del núcleo originario de la misma. Su casco antiguo tiene un
débil peso en el conjunto de la ciudad, tanto por la superficie que ocupa como por la
población que reside en el mismo.
La mayor parte del casco antiguo constituye la zona de actuación de un Plan Especial
de Protección y Reforma Interior, que abarca, por el norte, los límites del Cerro del
Castillo/Santuario de la Santa Cruz, calles Carril y Adanes, continua por Alfonso García,
pasa por el Puente Uribe y llega por la Calle Larga hasta la Carretera de Moratalla,
que constituye el límite oeste hasta el Bañadero. Por el sur este Plan incluye la Calle
Corredera, por Rafael Tejeo atraviesa la Gran Vía para acceder al Castillo por la Calle
de Puentecillas.
El casco antiguo, con las sucesivas expansiones de la ciudad, se apoya en tres ejes
básicos de comunicación, las carreteras de Granada, Murcia y Moratalla, convertidas en
líneas de crecimiento que a lo largo del siglo veinte dibujan un plano en el que predomina
el trazado a cordel, cuyo nodo central es la Plaza del Templete, de donde parte o a donde
confluyen los citados ejes. Esta circunstancia la convierten en polo de crecimiento de la
ciudad, del espacio intersticial que aparece como limitado por el amplio ángulo recto
que dibujan las carreteras de Granada y Murcia, aprovechando el tramo ocupado por
la Calle Maruja Garrido. Un ángulo recto que se divide en dos partes por la Gran
106
JOSÉ LUIS ANDRÉS SARASA
Plano nº 2: Centro comercial de Caravaca.
EQUIPAMIENTO COMERCIAL EN PEQUEÑAS CIUDADES HISTÓRICAS. EL CASO DEL NOROESTE MURCIANO
SIMANCAS
ARCHIVEL ASTURIAS
107
BARRANDA
PIZARRO
CARTAGENA
MURCIA
CERVANTES
ESTACION
TRAFALGAR
MAYOR
GRAN VIA
JUAN CARLOS I
GRANADA
MARUJA
MIGUEL
GARRIDO
ESPINOSA
Gráfico nº 3: Significado por calles del Centro Comercial. Caravaca.
Gr‡fico n1⁄4 3: Significado por calles del Centro Comercial. Caravaca
Vía, para formar un eje alternativo de salida a la carretera de Granada tras atravesar
la carretera de Murcia.
En el gráfico nº 3 se pone de manifiesto que la actividad comercial, en sus dos
La mayor parte del casco antiguo constituye la zona de actuaci—n de un Plan
terceras partes, encuentra asiento entre la Gran Vía, que recibe la tercera parte del total
Especial
de Protecci—ndel
y Reforma
Interior, que
abarca, por
norte, los l’mites
del Cerro
de establecimientos
centro comercial,
la Carretera
deelMurcia-Maruja
Garrido
y unas
pequeñas
transversales,
que
absorben
otra
tercera
parte.
El
resto
se
distribuye
entre
del Castillo/Santuario de la Santa Cruz, calles Carril y Adanes, continua por Alfonso las
calles paralelas a la línea divisoria del casco antiguo y la parte nueva, son las calles
Garc’a,
pasaJuan
por Carlos
el Puente
Uribe
llega por
la CalleArgentina,
Larga hasta
de
Cartagena,
I, Avda.
de yAlmería,
República
quelaenCarretera
una disposición
a modo deque
arcos
que unen
los citados
ejes el
fundamentales,
marcando
espacios
Moratalla,
constituye
el l’mite
oeste hasta
Ba–adero. Porvan
el sur
este Planlos
incluye
de las sucesivas expansiones urbanas.
la Calle Corredera, por Rafael Tejeo atraviesa la Gran V’a para acceder al Castillo por la
En el citado plano se descubre con absoluta claridad que la Gran Vía es el nodo
Calle
de Puentecillas.
comercial,
el centro lúdico y de relación de la ciudad. Es foco neurálgico, eje de
referencia
y
participa
todos
los festejos
que se organizan
en laseciudad.
Enlaza
El casco
antiguo,encon
las sucesivas
expansiones
de la ciudad,
apoya en
tres la
parte nueva con el nodo, hito y punto de dependencia del casco antiguo en que se ha
ejes
b‡sicosel de
comunicaci—n,
las carreteras
de Granada,
Moratalla,
convertido
Santuario
de la Santísima
y Vera Cruz.
Calle queMurcia
logrará ymayores
índices
de especialización
esté en plena
religioso
que un
ha plano
de derivarse
convertidas
en l’neascuando
de crecimiento
que aactividad
lo largo el
delturismo
siglo veinte
dibujan
en
del Año Jubilar. Su amplio equipamiento e importante diversificación y especialización
conocerá una profunda transformación en positivo. Transformación que afectará al
conjunto del centro comercial que ahora se define. El importante papel que juega en la
configuración del centro comercial deriva de dos aspectos importantes en la morfología
urbana, de una parte, que estamos ante una calle relativamente nueva puesto que aparece
en los años veinte del siglo pasado, como consecuencia de la remodelación que sufre el
108
JOSÉ LUIS ANDRÉS SARASA
casco antiguo de la ciudad, y, de otra, por las ventajas que supone para el equipamiento
comercial el efecto de proximidad a los nodos o hitos más singulares de la ciudad, así
en esta calle se encuentra la Iglesia Parroquial de El Salvador, convertida en nodo
de correlación respecto del papel que juega el Alcazar/Santuario, además, entra en
contacto con el núcleo originario de la ciudad, cuyas calles de trazado medieval son
poco propicias para el equipamiento comercial, por varias razones, débil población,
compleja accesibilidad, un trazado que ofrece escasas manzanas aptas para las exigencias
del comercio moderno.
La diversificación y especialización de este centro comercial quedan reflejadas en el
cuadro nº 7. Se advierte como tan sólo en la cuarta parte de sus calles se encuentran
todas las categorías comerciales citadas, son las calles mejor localizadas respecto al eje
central que constituye la Gran Vía.
CUADRO Nº 7. ÍNDICES DE ESPECIALIZACIÓN DEL CENTRO
COMERCIAL DE CARAVACA
CALLES
Andenes
Asturias
Cartagena
Cervantes
Estación
Gran Vía
Granada
Juan Carlos I
Maruja Garrido
Mayor
Miguel Espinosa
Murcia
Pizarro
Puentecilla
Salón Supremo
Simancas
Trafalgar
Alimentación
Equipamiento
Personas
Equipamiento
Hogar y
Profesional
Ocio,
Deporte,
Cultura
Diverso
Restaurantes
Bares,
Cafeterías
1,53
1.91
1,33
1,70
0,76
1,35
0,56
0,52
--0,69
0,69
0,30
3,06
1,09
3,06
1,64
--
0,43
0,71
0,93
1,43
1,72
1,26
0,47
1,03
2,15
1,82
--0,17
--1,84
0,86
0,92
---
0,75
1,25
1,95
0,83
0,75
1,10
1,11
1,29
0,68
1,59
0,68
0,15
0,75
1,07
1,50
1,07
---
----1,33
----1,65
--2,11
0,69
2,32
1,39
--------1,09
---
1,84
0,92
0,80
1,22
1,47
0,32
2,31
0,25
1,00
0,33
0,33
2,94
0,73
1,05
--0,52
---
0,59
0,99
0,28
----1,11
0,22
1,85
0,54
0,18
3,80
0,59
1,79
--1,19
1,28
5,98
Estamos ante un cuadro de especializaciones que ofrece abundantes peculiaridades,
en primer lugar, que la Calle Puentecilla, en plena trama medieval, aunque no registra la
diversificación establecida si que presenta especialización en todas sus tipologías. Se trata
de una calle convertida en eje administrativo, se beneficia de las ventajas de proximidad a
la administración municipal y de justicia, ello hace que sea muy transitada por toda clase
de personas y muy adecuada para la localización de las cuatro tipologías en las que
se ve especializada. Su singularidad radica en que a su débil equipamiento contrapone
EQUIPAMIENTO COMERCIAL EN PEQUEÑAS CIUDADES HISTÓRICAS. EL CASO DEL NOROESTE MURCIANO
109
una alta especialización en tipologías que no es habitual encontrar en una misma calle
por las exigencias espaciales de cada una y las ofertas de la morfología de la calle, así
encontramos que está especializada en diverso y equipamiento del hogar pero también
en alimentación y equipamiento para las personas. Sin duda alguna, que las ventajas de
proximidad ya citadas juegan a favor de esta especialización tan compleja.
La Gran Vía responde en su equipamiento a los factores con los que se ha definido
más arriba, junto a la total diversificación es también el eje comercial que mayores
especializaciones concentra. Aunque la estructura de la calle y su localización no la hacen
muy apta para acoger comercios de diverso por las exigencias de espacio de este tipo
de establecimientos. En el punto opuesto, respecto de esta categoría comercial, merecen
citarse las carreteras a Murcia y Granada, registran altos índices en comercios de venta
de vehículos, maquinaria y accesorios, además, en la segunda carretera aparece la
especialización en equipamiento del hogar.
El caso de En
mayor
irregularidad
descubre
encentro
la Avenida
Carlos
el plano
n1⁄4 3 se puedeseobservar
que el
comercialdedeJuan
Ceheg’n
se I, está en
contacto sustenta
con los
principales
ejes
de
expansión
de
la
ciudad
y
con
el
eje
en dos polos de crecimiento de la ciudad, la Plaza de las Fuerzas Armadas y la nodal de la
Gran Vía,
dibuja
una diagonal
en delaestos
rigidez
plano
en cuadrícula
quedelcaracteriza a
Plaza de Espa–a.
De cada uno
polosdel
salen
dos l’neas
de crecimiento,
la expansión
urbana
del
siglo
XX.
Alcanza
toda
la
diversificación
pero
registra débiles
primero nacen la Gran V’a y la Carretera de Murcia, de desigual equipamiento, como
índices de especialización en establecimientos que reclaman esta tipología de calles. Su
corresponde al dispar papel que juegan en la estructura urbana. La Carretera de Murcia
mayor especialización se da en ocio, deporte y cultura.
se ha convertido en la senda de accesibilidad fundamental para la ciudad. Ambas est‡n
fuera delcomercial
casco antiguo.
la Plaza deestructura
Espa–a, atravesada
por la Carretera de Murcia,
2.3. El centro
deDe
Cehegín:
y especialización
salen la Calle Begastri, segunda en importancia por el nœmero de comercios, y la Calle
de Sancomecial
Agust’n, condelo Cehegín
que el planorevela
modernolas
se sustenta
sobre tres ejes
con centro
nodal
El centro
características
propias
de las
ciudades que
abandonan
original
emplazamiento
descendiendo
hacial’nea
espacios
dondelala orografía
en lasuPlaza
de Espa–a.
Entre ambos nodos
aparece una nueva
de crecimiento,
deja de ser
un de
impedimento
serio.
Se asienta
en los ejes o líneas de crecimiento de
Avenida
la Libertad con un
equipamiento
muy representativo.
una ciudad que busca espacios menos accidentados y más amplios, donde las calles
Gr‡fico n1⁄4 4: Significado por calles del Centro Comercial. Ceheg’n
SAN AGUSTIN
BEGASTRI
CARMEN CONDE
CONVENTO
MURCIA
GRAN VIA
LIBERTAD
Gráfico nº 4: Significado por calles del Centro Comercial. Cehegín.
110
JOSÉ LUIS ANDRÉS SARASA
Plano nº 3: Centro comercial de Cehegín.
EQUIPAMIENTO COMERCIAL EN PEQUEÑAS CIUDADES HISTÓRICAS. EL CASO DEL NOROESTE MURCIANO
111
toman unos trazados más rectilíneos para ofertar manzanas más amplias y con figuras
geométricas capaces de albergar a un comercio más especializado.
En el plano nº 3 se puede observar que el centro comercial de Cehegín se sustenta
en dos polos de crecimiento de la ciudad, la Plaza de las Fuerzas Armadas y la Plaza de
España. De cada uno de estos polos salen dos líneas de crecimiento, del primero nacen la
Gran Vía y la Carretera de Murcia, de desigual equipamiento, como corresponde al dispar
papel que juegan en la estructura urbana. La Carretera de Murcia se ha convertido en la
senda de accesibilidad fundamental para la ciudad. Ambas están fuera del casco antiguo.
De la Plaza de España, atravesada por la Carretera de Murcia, salen la Calle Begastri,
segunda en importancia por el número de comercios, y la Calle de San Agustín, con lo
que el plano moderno se sustenta sobre tres ejes con centro nodal en la Plaza de España.
Entre ambos nodos aparece una nueva línea de crecimiento, la Avenida de la Libertad con
un equipamiento muy representativo.
El hecho de que Cehegín tenga la estructura urbana típica de las ciudades migrantes
respecto de su primitivo emplazamiento, da lugar a que el centro comercial aparezca
huérfano de hitos y nodos delatores de la función administrativa y cultural, con el
importante papel que juegan en el efecto proximidad.
La importancia comercial de cada uno de los ejes aparece marcada en el gráfico nº 3,
donde, como ya se ha advertido, la Carretera de Murcia alberga, prácticamente, a la mitad
del equipamiento que conforma el centro comercial. Casi la mitad del resto se asienta en
las calles Gran Vía y Begastri. El centro comercial se completa con pequeños ejes que
articulan el espacio intersticial de los grandes ejes Gran Vía y Calle Begastri, este es el
caso de la Calle Carmen Conde y, en menor medida, Juan Ramón Jiménez. A estas calles
se unen pequeñas líneas de expansión urbana y colmatación que parten del nodo de la
Plaza de España, un buen ejemplo es la Calle Convento. Como dato curioso señalar que el
nodo de la Plaza Fuerzas Armadas está impulsando un interesante eje de penetración hacia
el casco antiguo, la Calle Ginés de Paco y de Gea, pero todavía con débil equipamiento
comercial, se trata de un eje que se beneficia de la posición de proximidad respecto de la
oficina de correos, administración que genera intenso tráfico de personas.
CUADRO Nº 8. ÍNDICES DE ESPECIALIZACIÓN DEL CENTRO
COMERCIAL DE CEHEGÍN
CALLES
Begastri
Carmen Conde
Convento
Ginés de Paco
Gran Vía
Libertad
Murcia
San Agustín
Alimentación
Equipamiento
Personas
Equipamiento
Hogar y
Profesional
Ocio,
Deporte,
Cultura
Diverso
Restaurantes
Bares,
Cafeterías
1,29
0,78
0,78
--0,85
1,38
0,75
2,38
1,47
1,43
2,15
2,71
0,19
0,38
0,88
---
0,74
0,84
2,10
0,79
0,23
1,79
1,03
1,10
0,79
2,71
-2,56
2,23
-0,60
--
0,56
0,23
0,48
0,45
0,78
1,01
1,66
0,62
0,75
1,60
0,32
1,21
2,47
0,68
0,57
0,84
112
JOSÉ LUIS ANDRÉS SARASA
La diversificación y especialización de este centro comercial, con un trazado tan
simple y a su vez singular, respecto del origen de la ciudad, quedan reflejadas en el
cuadro nº 8. Se advierte, en primer lugar, que tan sólo la mitad de sus calles tienen
representación de todas las tipologías establecidas, es decir, la mitad carece de plena
diversificación.
En el conjunto de calles que simbolizan el crecimiento urbano, la menos diversificada
es la de San Agustín. En cambio, desde el punto de vista del equipamiento comercial,
adquiere interesante protagonismo uno de los ejes transversales a dos líneas básicas, la
Calle de Carmen Conde. Sin embargo, la prolongación de la citada Calle de San Agustín
hacia el nodo de la Plaza de España incrementa de modo considerable su diversificación
a través de la Calle Convento, cosa bastante lógica puesto que supone un acercamiento a
la centralidad urbana y empieza a beneficiarse de la proximidad a nodos administrativos.
Circunstancia bastante similar se repite en el eje secundario que dibuja la Avenida
de la Libertad.
Esta configuración de centro comercial asentado en grandes vías fuera del casco
antiguo, pero convertidas en líneas de crecimiento de la ciudad a través de un espacio
donde la topografía deja de ser adversa al trazado amplio y rectilíneo, da lugar a
una especialización comercial bastante heterogénea y que no responde a las pautas
metodológicas que con tanta frecuencia son citadas en este trabajo. Así, por ejemplo, la
Carretera de Murcia está especializada en diverso, como sería lógico pensar para una
senda de comunicación tan importante, con un trazado amplio y moderno que origina
manzanas que, por su geometría y superficie, son aptas para ubicar establecimientos
de vehículos y equipamientos del hogar, donde muebles y electrodomésticos tienen
exigencias en superficie y localización. En cambio, para el resto de las tipologías
muestra la esperada debilidad. Pero es la Gran Vía la que rompe todos los esquemas,
su especialización en ocio y deportes así como en bares, cafeterías y restaurantes,
la convierten más que en un eje propiamente comercial en un centro de relaciones.
Precisamente, por esta circunstancia de centro de relación y ocio, es por lo que sorprende
que los índices de especialización para los establecimientos de equipamiento para
personas y para el hogar sean los más bajos en estas tipologías para el conjunto del
centro comercial.
Probablemente, uno de los aspectos más positivos del conjunto del centro comercial
de Cehegín se encuentre en la Calle Carmen Conde, enlace de ejes y ubicada hacia
el exterior de la influencia de los dos nodos que sustentan a este centro, como puede
verse aparece con plena diversificación y con especializaciones muy significativas en
equipamientos para las personas y en ocio, deporte y cultura. Especialización que se
justifica por su papel de enlace con fuerte movilidad de personas y la ausencia de estas
tipologías en los grandes ejes centrales.
2.4. El centro comercial de Moratalla: estructura y especialización
El centro comercial de Moratalla se asienta fuera del ámbito dominado por el gran
nodo de la ciudad que se extiende por una trama medieval en torno a su Castillo. La
ciudad de Moratalla es otro claro ejemplo de evolución espacial de las ciudades asentadas
EQUIPAMIENTO COMERCIAL EN PEQUEÑAS CIUDADES HISTÓRICAS. EL CASO DEL NOROESTE MURCIANO
Plano nº 4: Centro Comercial de Moratalla.
113
114
Gr‡fico n1⁄4 5: Significado por calles del Centro Comercial. Moratalla
JOSÉ LUIS ANDRÉS SARASA
ANTONIO
TOMAS EL CURA
GUIRAO
MAYOR
CALASPARRA
CONSTITUCION
CAMPO DE SAN
JUAN
CARAVACA
Gráfico nº 5: Significado por calles del Centro Comercial. Moratalla.
en un promontorio. La accidentada topografía, que en su momento tan extraordinario
papel juega a favor de la función defensivo-militar, hoy se muestra hostil a la vida
moderna y la ciudad evoluciona en función de unos ejes hacia espacios donde la
adversidad topográfica queda minorada. Por esta razón, el casco antiguo se abandona
porque la gente prefiere vivir en un morfología más sencilla y que ahora se estructura en
torno a un verdadero
crecimiento,
la plaza
en laeste
que polo
se localiza
el Ayuntamiento,
El planopolo
n1⁄4 4depermite
comprobar
como
de crecimiento
inicia su
centro administrativo y punto de referencia de su amplio término municipal. El resultado
medio de
tres ejes
claramentecomo
definidos
por sucomercial
carta de naturaleza
se haceexpansi—n
patente alpor
observar
el plano
y comprobar
el centro
se articulaen
enla
funci—n
de la ciudad,
losmoderna
antiguos ha
caminos
que en pero
una estructura
campos
abiertos
el cruce
de caminos
que lason
vida
desplazado,
que en sudedía
justificaron
la presencia
en
un
promontorio
de
una
ciudad
controladora
de
los
mismos,
convertida
y de reconquista por —rdenes militares resultan fundamentales para llegar a todos los
en ciudad fronteriza. Desaparecida la función de vigilancia y control, la ciudad saca de
la trama medieval sus sendas y vías de penetración y detrás de ella se va la vida de
relación y el equipamiento comercial.
El plano nº 4 permite comprobar como este polo de crecimiento inicia su expansión
por medio de tres ejes claramente definidos por su carta de naturaleza en la función
de la ciudad, son los antiguos caminos que en una estructura de campos abiertos y
de reconquista por órdenes militares resultan fundamentales para llegar a todos los
pagos bajo el dominio de la ciudad. Estos caminos hoy se han convertido en líneas
de crecimiento de la ciudad al pasar a la consideración de carreteras. Unas líneas de
crecimiento que la movilidad y accesibilidad transforman en ejes comerciales básicos de
la expansión de la ciudad. Estas circunstancias justifican que del centro administrativo y
de relación partan tres sendas en dirección a otros tantos puntos de interés del entorno de
la ciudad, la Carretera del Campo de San Juan, la Carretera de Caravaca y la Carretera de
Calasparra. Estas tres sendas absorben la mitad de los establecimientos que encuentran
EQUIPAMIENTO COMERCIAL EN PEQUEÑAS CIUDADES HISTÓRICAS. EL CASO DEL NOROESTE MURCIANO
115
asiento en el centro comercial. Se completa el trazado de este centro comercial con un
eje que partiendo del nodo central asciende hacia el interior del casco antiguo, hacia el
hito y punto de referencia en que se ha convertido el Castillo, por la apuesta turística
que se hace recientemente. Este eje llega hasta la Plaza de la Iglesia, está equipado muy
débilmente y lo configura la Calle Tomás el Cura.
Por último conviene señalar que en pleno casco antiguo se localiza un nodo comercial
aislado que aprovecha las ventajas de localización y proximidad frente a la posterior
expansión de la ciudad. Es la Calle Mayor que, por las razones aludidas, se convierte en
uno de los mejores equipados, pues reúne casi la cuarta parte de los establecimientos de
todo el centro comercial y, si el desarrollo del turismo cultural logra las cotas deseadas, ha
de ser fundamental en la satisfacción de las demandas que presentan los turistas.
En resumen, el centro comercial se localiza en la parte nueva de la ciudad por las
ventajas que presenta respecto de un accidentado casco antiguo, condenado a fuertes
rehabilitaciones en la mayoría de sus edificios pero con calles donde el automóvil
no puede penetrar. Razones más que suficientes para que vaya perdiendo no solo la
funcionalidad comercial sino también la residencial. Aquí se descubre un claro ejemplo
de cómo la crisis del aparato comercial es la crisis de la ciudad. Las prácticas de la vida
urbana se desarrollan en torno a las sendas ya citadas. Se da una situación muy poco
propicia para la recuperación de uno de los más entrañables cascos medievales con los
que cuenta la Región de Murcia.
En el gráfico nº 5 se muestra la significación por el número de establecimientos que
tiene cada una de las calles que dibujan el centro comercial de Moratalla. Se pone de
relieve como el nodo aislado de la Calle Mayor disputa la primacía al rectilíneo y amplio
eje que marca la Carretera del Campo de San Juan.
La diversificación y especialización de este centro comercial quedan recogidas en
el cuadro nº 9. En dicho cuadro se advierte que tan sólo uno de los ejes participa en
todas las tipologías comerciales establecidas, la Carretera de Calasparra, precisamente
en cuatro de ellas alcanza la especialización. Una especialización que está en íntima
relación con las características del eje, puesto que destaca en diverso, categoría que,
como ya es sabido, incluye los establecimientos de automóviles, pero también lo está
en equipamiento del hogar. Le sigue en importancia por la diversificación la Avenida
Antonio Guirao, que tiene la funcionalidad de enlazar las dos importantes carreteras,
se trata de un espacio de colmatación nuevo, densamente habitado, en el que se hallan
representadas cinco de las tipologías comerciales establecidas y que en cuatro de ellas
logra especialización. Una especialización que concuerda plenamente con la naturaleza
del espacio urbano al que sirve, calle bien trazada, apta por el comercio diverso y con
fuerte frecuentación de personas que la optimizan para la localización de establecimientos
de equipamiento para las personas.
La Calle Mayor, en pleno casco antiguo, responde a las mismas características
expuestas en las otras ciudades, no tiene representación en todas las tipologías pero
en las que aparecen se da especialización, con una particularidad muy interesante, los
mayores índices los tiene en equipamiento de personas y del hogar. Circunstancia que
no se da en el eje de penetración al casco antiguo, la Calle Tomás el Cura, que actúa
más como centro de relación social.
116
JOSÉ LUIS ANDRÉS SARASA
Llama la atención que —de los tres ejes— el Campo de San Juan es el peor equipado,
no está suficientemente diversificado y tan sólo tiene especialización en alimentación, por
ello ejerce un sencillo papel de camino de servicio al término municipal.
CUADRO Nº 9. ÍNDICES DE ESPECIALIZACIÓN DEL CENTRO COMERCIAL
DE MORATALLA
Calles
Alimentación
Equipamiento
de personas
Equipamiento
hogar y
profesional
Ocio
Deporte
Cultura
Diverso
Restaurantes
Bares
Cafeterías
1,11
0,20
2,14
0,50
1,46
1,09
0,89
1,11
0,51
-0,83
2,44
1,22
0,74
0,71
1,31
0,85
0,53
--1,94
0,94
-2,41
--2,84
-3,48
1,20
2,22
0,72
2,71
----
0,92
1,69
-1,38
-1,00
1,84
Antº Guirao
Calasparra
Campo S. Juan
Caravaca
Constitución
Mayor
Tomás el Cura
Por último, reiterar como en el análisis de la distribución espacial del equipamiento
de esta ciudad aparecen reflejadas todas las conclusiones que se han apuntado en
la descripción de los rasgos definidores. Su atraso estructural, su débil expansión
urbana justifican un equipamiento poco diversificado y escasamente especializado.
Precisamente, en la única tipología en la que aparecen especializadas todas las calles que
sustentan el centro comercial es en restaurantes, bares y cafeterías, en una actividad más
de relación y entretenimiento que comercial. Pero se trata de una tipología de escasa
capacidad de atracción hacia el turismo, es el bar tradicional donde el paro en las faenas
agrícolas permite pasar el día. El turista encuentra serias dificultades para satisfacer
sus demandas, hay una relación calidad/precio que rechaza esta nueva demanda, se
trata de establecimientos de oferta tradicional, donde se juega la partida y se atienden
costumbres muy locales. Otro reflejo de su debilidad económica puede verse en el
hecho de que excepto las dos carreteras, a Calasparra y Caravaca, en el resto de los
ejes es la rama de alimentación la mejor posicionada. En definitiva, reúne todas las
características propias de un equipamiento destinado a atender la demanda local con
economía retraída.
CONCLUSIONES:
La primera y principal conclusión que se obtiene, tanto de los análisis cuantitativo
y cualitativo como del espacial, es la fuerte interacción que existe entre equipamiento
comercial, funciones urbanas, localización de las ciudades y paisaje urbano. Esta
conclusión resume ampliamente todo cuanto se desprende del examen de las prácticas
urbanas de las cuatro ciudades históricas analizadas.
EQUIPAMIENTO COMERCIAL EN PEQUEÑAS CIUDADES HISTÓRICAS. EL CASO DEL NOROESTE MURCIANO
117
Unas prácticas urbanas que adquieren su mayor significado fuera del espacio
denominado como casco antiguo, se producen en torno a los ejes de comunicación hoy
convertidos en líneas del crecimiento urbano y de traslado de la vida cotidiana desde
el nodo originario de la ciudad, un nodo que responde a las exigencias de un momento
histórico pero que hoy presenta más inconvenientes que ventajas.
La nueva funcionalidad, derivada de la vida moderna, para la que el entramado del
casco antiguo no está concebido, obliga a abandonar el espacio donde la topografía se
convierte en un imponderable muy serio para la vida de relación, en la que el automóvil
marca las pautas. Conviene recordar que los desniveles de algunas calles tan sólo se
pueden resolver por la presencia de escalerillas, configuran un paisaje muy romántico
pero poco práctico para una actividad comercial donde la demanda es bastante más
exigente. Por ejemplo, tiene verdadera inclinación a ir de compras en automóvil, desea
aparcar en la misma puerta del comercio, factores que inducen al abandono de los cascos
antiguos que presentan por su topografía serios obstáculos a estas tendencias.
El análisis espacial pone de relieve la existencia de dos partes claramente diferenciadas, hasta el punto que podría hablarse de dos ciudades yuxtapuestas, diferentes por su
morfología, funciones e historia. La originaria, asentada en el casco antiguo, en todas las
ciudades está sometida a alguna de las figuras que propugna el planeamiento oficial para
la recuperación de las ciudades históricas, pero sin que llegue a conseguirse. El
fracaso deriva de los procedimientos aplicados, ignoran que la verdadera recuperación
de estos cascos antiguos tan sólo es posible dotándolos de funcionalidad mediante
acciones de intraurbanización, todo lo demás son simples buenos propósitos, medidas
de entretenimiento muy útiles para recuperar algún hito del casco antiguo, pero jamás
para devolverle la función residencial y con ella la comercial. En definitiva, se muestran
incapaces de originar la necesaria gentrificación.
Por último, señalar que en las cuatro ciudades se ignora cuanto significa «urbanismo
comercial», con los riesgos que ello supone para la pervivencia de la ciudad y su vida
cotidiana, la presencia de las llamadas grandes superficies son como el golpe de gracia para
los cascos antiguos donde su escaso, débil y poco diversificado equipamiento comercial
tiende a desaparecer, proceso que da origen al círculo cerrado de crisis del comercio igual
a crisis de la ciudad. Los cuatro cascos antiguos tan sólo tienen vida urbana en ciertas
horas de la mañana porque la administración municipal se ubica en ellos, el resto del día
recuerdan a las áreas vacías de funcionalidad que caminan hacia la malformación de su
estructura arquitectónica y obsolescencia del equipamiento comercial.
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LA INDUSTRIA EN EL NOROESTE
DE LA REGIÓN DE MURCIA
CAYETANO ESPEJO MARÍN
La comarca del Noroeste de la Región de Murcia cuenta con una tradición artesanal
e industrial que se remonta al siglo XVIII. La disponibilidad de materia primas como
esparto, cáñamo, lino, cereales, pieles, aceitunas, etc. ha permitido la creación de talleres
artesanales y la instalación de molinos para el abastecimiento de productos básicos
como harina, aceite y arroz.
El objetivo de esta contribución es doble. Por un lado pretendemos una aproximación
a la historia de la actividad fabril a lo largo de los tres últimos siglos. En segundo lugar
se realiza un análisis de la situación actual.
1. ANTECENTES HISTÓRICOS DE LA INDUSTRIA EN EL NOROESTE
La disponibilidad de fuentes estadísticas permiten una aproximación a la realidad
industrial de este ámbito territorial en distintas etapas de su historia. Para mediados del
siglo XVIII contamos con el «Catastro del Marqués de la Ensenada» (1755), un siglo
más tarde, en 1850 se publica el «Diccionario Geográfico-Estadístico de España y sus
Posesiones de Ultramar», del que es autor Pascual Madoz. La «Reseña Estadística de la
Provincia de Murcia» editada por el Instituto Nacional de Estadística en 1950 facilita
algunos datos de industrias por municipios referidos al año 1947. El «Censo Electoral
Sindical», referido a 30 de diciembre de 1970, recoge la situación fabril del Noroeste
en unos años de importante desarrollo industrial en el conjunto de la provincia de
Murcia.
1.1. El siglo XVIII
A mediados del siglo XVIII la industria en las tierras altas del Noroeste de Murcia
se manifiesta a través de la artesanía y algunos ingenios de origen medieval como
molinos y batanes. Caravaca de la Cruz poseía todo lo necesario para conseguir cierto
auge manufacturero: abundancia de materias primas textiles y fuentes de energía (agua y
carbón), existencia de una aglomeración relativamente importante, incipiente aceleración
de la circulación de mercancías, etc. Pese a ello, el sector en cuestión no recibe ese
impulso que hubiera sido necesario para hacer aparecer una actividad textil pujante del
estilo de las surgidas en Elda, Alcoy o Béjar. Dicha actividad permaneció anclada en un
tipo de tecnología intensiva en trabajo y firmemente encuadrada dentro de las estructuras
gremiales, no dándose en su seno el salto cualitativo que se observa en las citadas
120
CAYETANO ESPEJO MARÍN
poblaciones. Los trabajadores del sector textil, con distintas especialidades (tejedores,
tintoreros, bataneros, alpargateros, etc.) suponían una cuarta parte del total de activos
integrados en el sector secundario según las Respuestas Generales del Catastro del
Marqués de la Ensenada. El textil mantiene una posición dominante a medida que avanza
la centuria. La pañería y el tejido del cáñamo alcanzan un peso tan considerable en
Caravaca de la Cruz que la convierten en el centro manufacturero más importante del
Noroeste murciano. Se trata de producciones orientadas al consumo popular, de calidades
bastas y duraderas: paños catordenos (estameñas, sayales, bayetas, bayetones, etc.),
saquerío, alpalgatas, etc. La elaboración de los paños se verificaba en el seno de talleres
de tipo gremial, dirigidos por maestros y sometidos a la normativa que regulaba el
sistema (Pérez Picazo, M.T., 1993).
G. Sánchez Romero (1982) en su estudio sobre Caravaca de la Cruz en el siglo XVIII
señala las ramas industriales que ha podido documentar en 1756: veinticuatro fabricantes
de paños, tres de papel de estraza, una de pólvora, cuatro de cueros y cordobanes, una
de chocolate, una de armas, una de yeso, tres cerrajerías, una cuchillería, dos latonerías,
dos alfarerías, siete tejeras, dieciocho sastrerías, nueve fabricantes de alpargatas, siete de
costales, cinco de aperos, uno de enjalmas, tres de cordones y flecos, uno de pellejos para
vino, nueve carpinterías y siete zapaterías.
Según las Respuestas Generales habían en este término 18 molinos harineros de agua,
dos molinos de aceite de agua, dos tenerías, dos molinos de papel y cuatro batanes.
Las Ordenanzas de Caravaca de la Cruz, publicadas en 1765, además de regular
determinadas actividades, permiten conocer el papel de las mismas en la vida local. El
término de Caravaca de la Cruz, al igual que el resto de los de este territorio de Murcia,
tienen en el cultivo de los cereales una de sus principales actividades económicas (Pérez
Picazo, M.T., 1992). Para el abastecimiento de la población es necesaria la presencia
de molinos, cuyo funcionamiento queda bien reglamentado en seis Ordenanzas. Su buen
hacer es vital para una sociedad que tiene en la harina una de las bases de su alimentación.
El interés de las autoridades locales se refleja claramente en las Ordenanzas en dos
hechos: la seguridad del abastecimiento y calidad de la molienda, mediante el buen
funcionamiento de los mismos, tanto en su utillaje como en las condiciones higiénicas
de trabajo. Las Ordenanzas de los molineros abarcan desde la 51 a la 57. Se ocupan
de molineros y bataneros de la villa. Tal y como señala G. Sánchez Romero (1982)
en ellas se contempla:
— La preferencia, a la hora de moler granos, que los molineros habían de dar a los
vecinos de Caravaca sobre los forasteros provenientes de otros municipios.
— La obligación a los molineros propietarios de manejar directamente sus molinos.
No les era permitido más empleados que los necesarios para acarrear el grano
y la harina.
— La prohibición de que las mujeres de los molineros se ocuparan de algún trabajo
en el molino, así como la de tener animales en él: cerdos gallinas, borregos
o palomas.
— Estaban obligados a tener en regla sus molinos con el objeto de que la molienda
fuera buena y de ella se derivara el menor número de pérdidas. Las tarifas por
moler grano eran impuestas a los molineros por el Ayuntamiento.
LA INDUSTRIA EN EL NOROESTE DE LA REGIÓN DE MURCIA
121
— Por último, la exigencia a los molineros de que tuvieran acarreadores fieles, ya que
en caso de faltar grano o harina, los responsables de las pérdidas serían ellos.
En Cehegín, según las Respuestas Generales, había nueve molinos harineros de agua,
un molino de fabricar papel de estraza, cuatro almazaras, una fábrica de hacer tinajas, una
fábrica de hacer teja y ladrillo, y treinta y seis calderas de aguardiente.
La presencia de «molinos» de papel en las localidades de Caravaca de la Cruz y
Cehegín se debe a que en estos años se incrementa la demanda regional de productos de
cobre. Ya no se trata de batirlo sólo para el Estado sino de fabricar piezas de quincallería
y «calderas» para la elaboración de salitre, en pleno auge contemporáneo en Lorca (Pérez
Picazo, M.T., 1993).
Las Respuestas Generales, en el término de Calasparra, recogen un total de trece
molinos harineros y dos almazaras o molinos de aceite como en ellas se denominan.
1.2. El siglo XIX
A comienzos del siglo XIX el «Interrogatorio de 1803», en el caso de la región
murciana, transcrito y analizado por M.T. Pérez Picazo (1985) recopila una interesante
información de las superficies dedicas a cultivos para manipulado industrial. En la
pregunta 23 se plantea «¿Cuántas tierras se emplean en el cultivo de producciones propias
para manufacturas, o materias primeras, como lino, cáñamo, algodón, barrilla, zumaque
alazor?». Las respuestas obtenidas son:
— Bullas. Se regulan 36 fanegas para cáñamos y lino que es lo único que se
acostumbra sembrar en lo referido.
— Cehegín. Las de cáñamo, 335.
— Moratalla. 20 fanegas de cáñamo.
Estas producciones tienen como objetivo aportar materia prima para los abundantes
talleres que se emplazan en la Comarca durante la primera mitad del siglo XIX.
Una relación detallada de las industrias con que cuenta cada término del Noroeste
murciano a mediados del siglo XIX queda recogida en el «Diccionario GeográficoEstadístico-Histórico de España y sus posesiones de Ultramar» publicado por Pascual
Madoz en 1850. En el siglo transcurrido desde el «Catastro de Ensenada» la comarca el
Noroeste experimenta un importante desarrollo de su sector artesanal y fabril. De ello da
buena cuenta el aludido Diccionario, tal y como se recopila para cada término:
— Bullas: seis molinos harineros impulsados por el río Mula, uno de aceite, nueve
hornos de pan de cocer, cuatro fábricas de aguardiente, una de teja, varios telares
de lienzos de cáñamo y otros géneros servidos por mujeres.
— Calasparra: dos telares de lienzos comunes, tres molinos harineros, cuatro de
aceite, dos para el blanqueo de arroz.
— Caravaca de la Cruz: dos fábricas de toda clase de alquimia, dos martinetes
de zaras para el aceite, tres batanes, dos fábricas de curtidos, tres de destilar
122
CAYETANO ESPEJO MARÍN
aguardiente, tres para fabricar jabón, una de hilados de lana, dos tahonas, catorce
molinos harineros, once hornos públicos, doce telares para fabricar paños, cien o
más para tejer lienzos de lino o cáñamo, tres para toda clase de mantelería fina,
trece para costalería, dos alfarerías, una imprenta. Además existen varios pintores,
relojeros, plateros y otros oficios indispensables para el vecindario.
— Cehegín: nueve fábricas para destilar el aguardiente, tres molinos de papel de
estraza, uno de papel blanco, un batán de paños, once molinos harineros, ocho de
aceite de los que uno muele con agua, once hornos y dos fábricas de jabón.
— Moratalla: un batán, tres fábricas de aguardiente, dos de jabón blando, diecisiete
molinos harineros y nueve molinos de aceite.
A comienzos de la segunda mitad del siglo XIX han desaparecido prácticamente
las antiguas especialidades artesanas; pañería (sobre todo en Caravaca y Moratalla),
martinetes, tejidos de lienzos, etc. Sólo sobrevive el trabajo del cáñamo y el del
esparto. Como se puede ver la actividad fabril está representada casi exclusivamente por
los establecimientos dedicados a la manipulación de productos alimentarios: molinos,
almazaras y destilación de vinos y aguardientes. Todos ellos son de pequeño tamaño,
servidos por uno o dos trabajadores y, en el caso de la molienda de harina y aceite,
utilizan una tecnología arcaica (Pérez Picazo, M.T., 1990).
1.3. La industria en el siglo XX
En 1922 existían en la provincia de Murcia 110 establecimientos dedicados a la
elaboración del esparto. A ellos se añaden 113 que fabrican alpargatas, concentrados en
Caravaca de la Cruz-Cehegín y Lorca. En Murcia el calzado usado tradicionalmente por
las clases menos acomodadas han sido las esparteñas y alpargatas realizadas con cáñamo
y esparto, y cuyos precios serán sensiblemente inferiores a cualquier otro tipo de calzado
elaborado en piel. Las primeras esparteñas se confeccionaban con esparto natural, pero
con posterioridad se picaba el esparto con el fin de hacerlas más confortables. Se
incorporó el cáñamo y se sustituyó la cordeta, con la que se sujetaban al pie, por cintas
negras y en menor medida blancas. Con posterioridad aparecieron los alpargates cintaos,
llamados así por las largas cintas con que se sujetaban. La suela era de cáñamo y la
cara de lona blanca, siendo su forma de idénticas características que las esparteñas.
La demanda de este nuevo tipo de calzado dio lugar a una industria artesanal de larga
tradición en nuestra región, destacando algunas localidades como Caravaca de la Cruz y
Cehegín. La producción de alpargatas logró conquistar el mercado nacional, sobre todo
después del invento del cosido a bigotera 1.
La competencia del yute y el empleo de las suelas de goma llevaron a la crisis
a la mayor parte de estas industrias en la década de 1930. Sin embargo tanto las
dificultades inherentes a la situación bélica como el prolongado aislamiento económico
1 El cosido a bigotera consistía en unir la lana a la suela de cáñamo o yute a punto de cadeneta. Este
cosido permite hacer una imitación del zapato de piel, al poder ser trabajado con horma
LA INDUSTRIA EN EL NOROESTE DE LA REGIÓN DE MURCIA
123
Fuente: Cámara Oficial de Comercio e Industria de Murcia. «Guía Turística y Comercial de Murcia». XIII Feria
Internacional de Muestras de Barcelona. Año 1945.
124
CAYETANO ESPEJO MARÍN
de la postguerra, unido al bajo nivel de vida rural, dieron nueva vida al sector (Pérez
Picazo, M.T., 1990).
A finales de los años cuarenta, tal y como se recoge en la «Reseña Estadística de la
Provincia de Murcia» publicada en 1950, había trece fábricas de alpargatas en Cehegín y
once en Caravaca de la Cruz, más de dos tercios del total provincial, cuyo número era de
treinta y cinco. No menos importante es la presencia de talleres de alpargatas, repartidos:
treinta y uno en Caravaca de la Cruz, dieciséis en Cehegín, ocho en Calasparra y en
Moratalla, y cinco en Bullas; en total sesenta y ocho, esto es más de una cuarta parte
del conjunto de la provincia de Murcia, que suma doscientos cincuenta. La liberalización
económica de 1959 provocó la desaparición de todas.
Después de la Guerra Civil la vida económica española evolucionó desde el
aislamiento y la tendencia a la autarquía hacia una apertura progresiva. Las producciones
dedicadas en mayor medida al autoconsumo, como sucede con la elaboración de
harinas y de aceite de oliva, conocieron una relativa prosperidad mientras predominó
la política restrictiva, para después hundirse casi totalmente. En la provincia de Murcia
durante las décadas de los años 1940-1960 se produce un considerable desarrollo
de los establecimientos destinados a la obtención de harina y aceite. El avance del
autoabastecimiento permitió la supervivencia de los viejos y dispersos artefactos de
molinería y estimuló la apertura de alguno más, mientras que las fábricas seguían siendo
minoritarias (Pérez Picazo, M.T. et al., 1990).
La «Reseña Estadística de 1950» recopila las industrias que de ambos tipos se
localizan en los municipios del Noroeste. De las veinte y tres fábricas de harina
contabilizadas en la provincia, tres se localizan en Caravaca de la Cruz y dos en
Calasparra. La presencia de molinos harineros es mucho mayor: treinta y dos en
Moratalla, veinte y tres en Calasparra, dieciséis en Cehegín, siete en Calasparra y dos en
Bullas; el total comarcal suma ochenta, lo que supone cerca de una cuarta parte de los
contabilizados en el conjunto provincial.
A comienzos de los años setenta la comarca del Noroeste no queda al margen del
desarrollo industrial que se da en el conjunto de la provincia. Todos los municipios
cuentan con distintos tipos de actividades industriales (Cuadro 1), aunque prevalece el
de la alimentación y bebidas, que absorbe más del 85 por 100 de los empleados en el
sector industrial (Cuadro 2).
La presencia de industrias conserveras en este ámbito provincial es muy importante.
De las 177 fábricas que contabiliza el Censo Electoral Sindical Provincial de fecha 31 de
diciembre de 1970, Cehegín contabiliza nueve, Bullas, Caravaca de la Cruz y Moratalla
cinco en cada término, y cuatro en Calasparra.
El resto de industrias, como se puede ver, en muchos casos tiene un carácter
testimonial, dado el escaso empleo que generan. Se trata de talleres o instalaciones que
dan trabajo nada más que a sus dueños, permaneciendo por tanto el carácter artesanal que
siempre ha caracterizado la estructura industrial del la comarca del Noroeste.
Fuente: Gómez Fayrén, J. (1973-1974): Localización en la provincia de Murcia.
DISTRIBUCIÓN DE LAS INDUSTRIAS EN LOS MUNICIPIOS DEL NOROESTE SEGÚN ACTIVIDAD
PRODUCTIVA. AÑO 1970
Cuadro 1
LA INDUSTRIA EN EL NOROESTE DE LA REGIÓN DE MURCIA
125
Fuente: Gómez Fayrén, J. (1973-1974): Localización industrial en la provincia de Murcia.
NÚMERO DE EMPLEADOS EN LAS INDUSTRIAS DE LOS MUNICIPIOS DEL NOROESTE SEGÚN
ACTIVIDAD PRODUCTIVA. AÑO 1970
Cuadro 2
126
CAYETANO ESPEJO MARÍN
LA INDUSTRIA EN EL NOROESTE DE LA REGIÓN DE MURCIA
127
2. ESTRUCTURA INDUSTRIAL EN LA ACTUALIDAD
El sistema industrial del Noroeste murciano, como sucede en el conjunto regional,
se caracteriza por contar con un sector empresarial donde predominan las estructuras
familiares, con una organización gerencial elemental, sustentado en el empleo de
tecnologías fácilmente accesibles, incluso para los propios trabajadores. Esta circunstancia
ha posibilitado el salto frecuente de empleados a empresarios, normalmente entre
trabajadores cualificados, empleados en puestos estratégicos, hasta crear un elevado censo
de pequeñas unidades de producción. El tejido productivo se fundamenta en gran medida
en la pequeña y mediana empresa, organización cuyas características han sido definidas
como un sistema productivo local, caracterizado por sobresalir una rama productiva,
tal y como sucede con el calzado en Caravaca de la Cruz y la de la piedra natural en
Cehegín, mano de obra cualificada en determinadas tareas, y un encomiable dinamismo
empresarial (Climent, E., 1997).
En general las empresas del Noroeste tienen un tamaño medio reducido. Existen pocas
grandes empresas, caracterizándose el tejido industrial comarcal por el predominio de
las pequeñas. Esta escasa capacidad se convierte a veces en ventaja, ya que otorga a las
empresas una flexibilidad que les permite adaptarse con mayor rapidez a los cambios en
la demanda, variaciones en los gustos, etc.
El ochenta y dos por cien de las industrias cuentan con menos de diez trabajadores,
las de diez a diecinueve empleados son el ocho por cien, las que tienen de veinte a
cuarenta y nueve suponen el siete por cien, y superan el medio centenar sólo el tres por
cien. Esta situación, referida al conjunto comarcal, se da de un modo parecido en cada
uno de los municipios (Figura 1).
En cambio, la distribución de los empleados según el tamaño de las industrias sí refleja
importantes contrastes municipales (Figura 2). En Bullas y Cehegín, con importantes
industrias conserveras y extractivas respectivamente, la mayoría de los trabajadores están
en industrias con más de cincuenta empleados. En cambio, en Caravaca de la Cruz y
Calasparra el mayor número de activos trabajan en empresas que no llegan a la decena de
empleados, dado el predominio de pequeñas empresas familiares.
2.1. Los sectores industriales
La actividad industrial está presente en los cinco municipios del Noroeste, aunque
se dan situaciones muy contrastadas entre ellos, tanto en lo referente al número de
instalaciones como a la actividad desarrollada. Para ver con detalle ambos aspectos
se han elaborado el cuadro 3 en el que se cuantifican las industrias censadas en cada
municipio según sector de actividad, y el peso de éstos en el conjunto municipal y
comarcal. Idéntica información, pero referida al número de empleos generados, se expone
en el cuadro 4.
Tres son los tipos de industrias que predominan: extractivas, alimentarias y del
calzado.
128
CAYETANO ESPEJO MARÍN
Figura 1
DISTRIBUCIÓN PORCENTUAL DE LAS INDUSTRIAS SEGÚN
NÚMERO DE TRABAJADORES AL QUE DAN EMPLEO. 2000
Fuente: C.R.O.E.M. Listado de Industrias de la Región de Murcia.
Figura 2
DISTRIBUCIÓN PORCENTUAL DE LOS TRABAJADORES SEGÚN EL
TAMAÑO DE LA INDUSTRIA (NÚMERO DE EMPLEADOS). 2000
Fuente: C.R.O.E.M. Listado de Industrias de la Región de Murcia.
Fuente: C.R.O.E.M. Listado de Industrias de la Región de Murcia.
DISTRIBUCIÓN DE LAS INDUSTRIAS EN LOS MUNICIPIOS DEL NOROESTE SEGÚN ACTIVIDAD
PRODUCTIVA. AÑO 2000
Cuadro 3
LA INDUSTRIA EN EL NOROESTE DE LA REGIÓN DE MURCIA
129
Fuente: C.R.O.E.M. Listado de Industrias de la Región de Murcia.
NÚMERO DE EMPLEADOS EN LAS INDUSTRIAS DE LOS MUNICIPIOS DEL NOROESTE SEGÚN
ACTIVIDAD PRODUCTIVA. AÑO 2000
Cuadro 4
130
CAYETANO ESPEJO MARÍN
LA INDUSTRIA EN EL NOROESTE DE LA REGIÓN DE MURCIA
131
2.1.1. Industrias extractivas
Entre la minería no metálica destaca en la Región de Murcia la explotación de la
caliza marmórea recristalizada (conocida como mármol o roca ornamental), piedra natural
cuya producción goza de gran repercusión nacional e internacional debido a su buena
calidad y variedad de colores. En la Región se contabilizan más de cien explotaciones y
unas cuarenta variedades de rocas. Las explotaciones se localizan mayoritariamente en
la comarca del Noroeste que concentra más de un tercio del total regional. En Cehegín
tienen su sede de la Asociación de Empresarios del Mármol y de la Piedra de la Región
de Murcia (MARSA) y el Centro Tecnológico del Mármol.
MARSA se crea en 1986 para apoyar al sector del mármol y la piedra ornamental
de la Región de Murcia. Las empresas que forman parte de la asociación aglutinan dos
tipos de actividades: las industrias extractivas, dedicadas a la extracción en las canteras,
y los fabricantes, que en muchos casos, además de trabajar y elaborar la piedra, también
realizan labores de extracción. El número de empresas asociadas supera la treintena y la
mayor parte de ellas que tienen su canteras e instalaciones en la comarca del Noroeste:
— Caravaca de la Cruz: Areniscas Rosal, Difel Mármol, Los Bolillas, Marcosán,
Mármoles Mam, Mármoles Sandoval, Occidental de Canteras, Plaquetas Torsán,
Torregrosa Iniesta, y Triturados Reyllo.
— Cehegín: Best Stone, Canteras Ana Belén, Hijos de Miguel Muñoz Durán,
Mármoles San Marino, Mármoles Torremar, Triturados Romeral, Ceheginera de
Mármoles, Hermanos Marín Núñez, Mármoles el Plantón, y Susico Sociedad
Cooperativa.
— Moratalla: Francisco Abellán Ecija y Mármoles Peñamora.
2.1.2. Industrias alimenticias
Las industrias dedicadas a la producción de alimentos tienen un papel destacado
en la estructura industrial del Noroeste. Dentro de ellas cabe señalar las conserveras,
vitivinícolas y las cárnicas.
La industria vitivinícola tiene en Bullas su principal centro de actividad, hasta el
punto de haber conseguido la Declaración de «Denominación de Origen». La zona
de producción de la Denominación de Origen Bullas comprende los municipios de
Bullas, Cehegín, Mula, Ricote y parte de los de Calasparra, Caravaca de la Cruz,
Moratalla y Lorca.
En la actualidad embotellan con Denominación de Origen las bodegas: Cooperativa
Nuestra Señora del Rosario, Cooperativa Vinícola Agraria San Isidro, Bodega Balcona,
Bodega Carrascalejo, Mundo Enológico Q&M, Bodega Fernando Carreño Peñalver y
Bodega Madroñal, todas ellas ubicadas en el municipio de Bullas; y Bodega los Ceperos
en el de Cehegín.
La Denominación de Origen supone el reconocimiento a una tradición que se remonta
a mediados del siglo XIX cuando se funda la bodega del Carrascalejo. A comienzos de los
años cincuenta de la centuria pasada con la constitución de la Bodegas de la Cooperativa
132
CAYETANO ESPEJO MARÍN
Agrovinícola Nuestra Señora del Rosario y de la Cooperativa Vinícola Agraria San Isidro
se da un paso fundamental en el desarrollo de la producción vitivinícola de la Comarca.
De la pujanza del sector dan cuenta tres hechos: la reciente construcción de bodegas,
la introducción de nuevas variedades de uva, y la elaboración de vinos de gran calidad
destinados a mercados cada vez más exigentes.
En cuanto a otras industrias agroalimentarias, la crisis que ha afectado al sector
conservero murciano durante las dos últimas décadas del siglo XX tiene su repercusión
clara en la comarca del noroeste murciano. En 1970 se dedican a esta actividad un total
de veintiocho industrias: nueve en Cehegín, cinco en Bullas, Caravaca de la Cruz y
Moratalla, y cuatro en Calasparra. Tres décadas más tarde esta cifra se reduce a siete:
Conservas Fernández-La Diosa y Mensajero Alimentación en Bullas, Marín Giménez
Hermanos en Caravaca de la Cruz, Conservas Moratalla en Moratalla, Cofrutos y La
Verja en Cehegín, y Productos Bionaturales de Calasparra S.A. (Probicasa) en Calasparra.
De todas las aludidas las de mayor volumen de producción y de generación de empleo
son Conservas Fernández-La Diosa y El Mensajero, ambas en período de campaña dan
trabajo a más de 600 empleados.
Otro grupo de empresas que tienen significativa presencia en el Noroeste son las
industrias cárnicas. Entre mataderos, salas de despiece y fábricas de embutidos la cifra
supera la veintena, repartidas por los cinco municipios: once en Caravaca, cinco en
Cehegín, tres en Calasparra, y dos en Bullas y en Moratalla. Se trata de pequeñas
empresas, en muchos casos de carácter familiar, pero todas ellas cuentan con los controles
sanitarios que les autorizan para los intercambios intracomunitarios.
2.1.3. La industria del calzado
La breve reseña histórica de la industria en el Noroeste murciano nos sitúa en los
antecedentes de la actual industria del calzado, localizada preferentemente en Caravaca
de la Cruz, donde se ubican setenta empresas, cifra muy superior a la media docena
emplazadas en Cehegín, mientras que Bullas y Moratalla sólo cuentan con una.
La tradición industrial en la fabricación de calzado en el Noroeste tiene su máximo
esplendor después de la Guerra Civil, ya que en todas las localidades había fábricas y
talleres de alpargatas, como antecedentes a su posterior conversión en fábricas y talleres
artesanos dedicados a la elaboración de calzado.
3. CONCLUSIÓN
La tradición manufacturera de las altas tierras del Noroeste murciano ha pervivido
con el transcurso de los siglos. La disponibilidad de materias primas y de equipamiento
industrial hacen que esta Comarca sea un referente a tener en cuenta dentro de la
estructura industrial regional.
A pesar de ello, durante décadas sus gentes han tenido que emigrar buscando otros
lugares con más posibilidades de desarrollo. Hoy en día, en cambio, los productos que
de este ámbito se extraen, manipulan y transforman tienen como destino los lugares
más remotos del Planeta.
LA INDUSTRIA EN EL NOROESTE DE LA REGIÓN DE MURCIA
133
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Los trabajos que integran este volumen han sido financiados a través del
Proyecto 00679/CV/99 de la Fundación Séneca, de la Comunidad Autónoma
de la Región de Murcia.
Los trabajos que integran este volumen han sido financiados a través del
Proyecto PB 98/0382 del Programa Sectorial de Promoción General del
Conocimiento del Ministerio de Educación y Cultura.
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