capitalismo y modelos nacionales de empleo: el caso español

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XI Jornadas de Economía Crítica
CAPITALISMO Y MODELOS NACIONALES DE EMPLEO: EL
CASO ESPAÑOL
Albert Recio Andreu
Dep, Economía Aplicada UAB
Fac Economiques, UAB
1 Introducción
Desde hace muchos años los análisis comparativos de los mercados laborales de diferentes
países, incluso en el caso de estados con niveles parecidos de desarrollo económico, han
mostrado la existencia de importantes diferencias en cuanto a sus formas de funcionamiento y
regulación. Estas diferencias son visibles incluso con datos estadísticos convencionales que
permiten visualizar claramente diferencias notables en muy diversos aspectos: desigualdades
salariales, tasas de empleo por género, importancia del empleo temporal y del empleo a tiempo
parcial, etc. Todo ello ha llevado ha impulsado el análisis institucionalista de los mercados
laborales y ha producido una buena cantidad de estudios comparativos.
La corriente institucionalista en los mercados laborales se ha enfrentado claramente a los
presupuestos del análisis neoclásico dominante, para el cual el mercado es una especie de
“locus natural” y las instituciones deben reformarse sólo para reducir la intervención de agentes
y mecanismos extramercantiles. Pero también ha tenido que hacer frente a críticas por parte de
economistas marxistas que consideran que el capitalismo es un sistema social regido por leyes
inmutables que hacen innecesario explorar las variedades “secundarias” del modelo. Las
diferencias con uno u otro enfoque son, a nuestro entender, de nivel completamente diferente.
La economía neoclásica tiene una ambición teórica, totalmente ahistórica y normativa.
Ahistórica porque ignora las mutaciones institucionales que ha experimentado la humanidad y
naturaliza “derechos de propiedad” y relaciones sociales. Por el contrario el análisis marxista,
desde sus orígenes ha tenido una pretensión historicista que permitió a autores como Marx
desarrollar al mismo tiempo análisis abstractos del capitalismo con estudios específicos de sus
procesos concretos. Consideramos que una buena parte de la tradición institucionalista
moderna no es en absoluto incompatible con los análisis téoricos más generales del
capitalismo, sino que permiten enriquecerlo y comprender sus múltiples variantes. Necesarias
no sólo para el conocimiento de sus formas concretas, sino también para promover su
transformación. Una transformación que siempre nace de procesos históricos concretos.
En las líneas que siguen pretendemos dar cuenta de dos cuestiones. En primer lugar presentar
el tipo de análisis institucionalista en términos de modelos nacionales de empleo. Puesto que
nos parece que es una vía útil para el análisis de los procesos laborales en cada país para una
reflexión sistemática sobre la realidad y las vías de transformación. Para hacer frente también
al tipo de ofensiva neoliberal que, como ha señalado acertadamente Jill Rubery, trata de
promover reformas en base a recetas que se postulan como “lo que están haciendo los países
con éxito”. Y que se trata en la mayoría de casos de “mantras” carentes de sentido (pero útiles
para hacer avanzar los intereses dominantes. En segundo lugar tratamos de exponer nuestra
aplicación del enfoque al caso español, destacando sus diversas líneas de contradicción. Y
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vale la pena subrayar que en los últimos años el caso español empieza a ser presentado como
un modelo de éxito, por la mayor creación de empleo que ha generado en la última década.
2 Modelos nacionales de empleo: Capitalismo, patriarcado, estado y sociedad
El análisis de los modelos nacionales de empleo se puede considerar un desarrollo en el que
confluyen diferentes tradiciones de análisis. Entre estas corrientes destacaríamos la ya
reseñada tradición institucionalista, a la que deberíamos sumar los análisis del capitalismo
inspirados por el marxismo y otras corrientes heréticas. Pero también se ha beneficiado
enormemente de la crítica feminista y su insistencia en destacar que las desigualdades de
género no se pueden reducir a la crítica del capitalismo, sino que obecen a un orden
institucional que atraviesa diferentes sociedades, el patriarcado. Está crítica ha servido
asimismo para mostrar la necesidad de ampliar la visión de la economía a los procesos que se
producen fuera del espacio mercantil, en las unidades domésticas y la economía comunitaria.
Aunque hay que reconocer que la sintésis está lejos de alcanzarse, existe también la
posibilidad de conectar este enfoque con el de la economía ecológica. Por un lado la creciente
conciencia, aunque sea en el mero plano discursivo, de la crisis ecológica. De otro la creciente
constatación de que también en la gestión ambiental cada economía tiene unas características
específicas, lo que permite considerar también el modelo ambiental como una parte del propio
modelo nacional.
Ello no contradice la existencia de elementos comunes a gran parte de las economía mundiales
en general, y las más desarrolladas en particular. El capitalismo es, sin duda, un sistema
universal. Más universal tras el hundimiento de los modelos de gestión burocrática y el
desarrollo de nuevas fórmulas de globalización. Y es al mismo tiempo un modelo industrialista
y de elevado despilfarro ecológico con efectos generales a escala planetaria. Y atravesado o
combinado con una casi universal persistencia del patriarcado. Pero ello no impide también
reconocer las particularidades y diferencias que son en parte resultado, también, de las luchas
de hombres y mujeres para sacudirse las diferentes formas de explotación, dominio e
irracionalidad que predomina en nuestra vida social. Y de procesos históricos que tienen sus
márgenes de autonomía y variabilidad.
¿Cuáles son los elementos diferenciadores de los modelos nacionales de empleo? Podemos
establecer esta diferenciación considerando tres grandes espacios: el de las empresas y el
mercado (el espacio mercantil), el de estado, las políticas públicas y la acción colectiva, y el de
la familia y el sistema de género. Entre estos espacios se producen complejas interrelaciones
que son las perfilan los diferentes modelos nacionales.
En el espacio de la empresa y el mercado se sitúa la estructura productiva de cada país. En el
se encuentra sin duda el núcleo central del empleo y sus características. Entre las básicas
incluiríamos el tipo de especialización productiva de cada país- en gran medida resultado de su
inserción en el sistema capitalista mundial, pero también refleja las decisiones adoptadas a lo
largo del tiempo por las clases dominantes de cada país- , la estructura empresarial (reparto
del poder económico a escala local), formas de organización productiva y de “gestión” de la
fuerza de trabajo. Sin duda es en esta esfera donde se generan enormes consecuencias en
materia de estructura ocupacional, distribución de la renta, gestión ambiental, etc . Y su
influencia sobre los otros espacios es innegable.
El espacio del poder político tiene asimismo una cierta autonomía y sus características
obedecen a una trayectoria histórica en la que tienen influencia tanto las demandas y presiones
empresariales, como las ideológias de las élties político-técnicas, la propia historia de lucha de
clases y participación política de las clases dominadas y la misma estructura de las diferentes
organizaciones públicas. También podemos ubicar en este espacio la acción de los
movimientos sociales por razones diversas. En primer lugar la acción de los movimientos
sociales se traduce, cuando tiene éxito, en acciones políticas o, por vía directa (por ejemplo la
acción sindical) trata de regular la acción de las empresas. En segundo lugar porque la propia
existencia y características de los movimientos sociales está influida por las políticas públicas,
como muestran el caso extremo de las dictaduras en las que esta prohibida cualquier acción
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alternativa. Y en tercer lugar por que esta acción social influye también en la propia
organización y modalidad del espacio público.
El espacio doméstico comunitario ha sido el gran olvidado de la economía convencional (y
también de muchas tradiciones heréticas), pero constituye sin duda un espacio importante en el
que se producen, al mismo tiempo a) bienes y servicios b) procesos de socialización primaria c)
diferenciación social basada en el género. Si bien en todas las sociedades modernas el
espacio es relevante y la persistencia del patriarcado visible, es asimismo patente que existen
diferencias notables en lo que afecta a la organización, peso y dinámica de estas estructuras. Y
de su interrelación con las otras dos esferas: los modelos de acción pública están claramente
influidos por su relación con el espacio familiar-doméstico, como ha puesto de manifiesto el
debate sobre los modelos de estado de bienestar. De otra la relación entre la estructura
mercantil y familiar es patente y se produce en ambas direcciones. Los procesos de
segmentación laboral que caracterizan nuestras sociedades tienen en la interrelación entre las
políticas empresariales y las dinámicas familiares una de sus áreas más relevantes. .
La dinámica de las sociedades modernas está dominada por la lógica de la acumulación de
capital. Pero esta no ocurre en el vacío ni sin resistencias ni modificaciones. La acumulación
requiere de un marco natural y social que no es capaz de producir por sí mismo, y estos
marcos determinan en parte procesos que pueden resultar variados y hasta contradictorios. Y
en todo caso dan lugar a procesos históricos específicos que cristalizan, aunque sea por un
determinado período de tiempo, en instituciones públicas, sociales, en modelos diferenciados
de organización empresarial, en culturas y movimientos sociales,
Reconocer la existencia de modelos nacionales de empleo permite desarrollar el análisis de las
dinámicas del capitalismo en dos planos diferentes. El plano del análisis general, más
abstracto, permite reconocer los elementos fundamentales del funcionamiento social y los
cambios en lo que podríamos llamar macrodinámicas. El plano nacional permite estudiar como
estas macrodinámicas combinan con el funcionamiento específico de contextos concretos,
como estos actúan como dinamizadores, amplificadores o frenos a dinámicas más generales.
Estos dos planos de análisis son especialmente relevantes en el momento actual, cuando
estamos asistiendo a una nueva fase de globalización capitalista en la que se advierten tanto
cambios sustanciales en los modos de funcionamiento del sistema global, como
transformaciones en las propias instituciones públicas a escala planetaria. Por lo que el análisis
a escala nacional afecta ello conduce a estudiar en que medida los cambios generales influyen
o transforman las dinámicas nacionales.
Nuestro análisis parte de considerar los procesos globales que afectan a todas las economías,
aunque su impacto es diferente en función de cada una de ellas. Por ejemplo los procesos
migratorios internacionales constituyen un elemento de este nuevo marco económico global,
pero su incidencia es diferente en países receptores o emisores de migraciones, y también en
función de las pautas locales de regulación del proceso.
El impacto de la globalización se deja sentir en diferentes niveles: cambios en las pautas de
especialización productiva (desindustrialización en unos países, industrialización en otros,
crisis agrícolas, etc.), en la financiarización (que afecta a todos los países por doquier), a las
privatizaciones y los cambios en la provisión de servicios públicos (desiguales en sus
características por la historia específica de cada país), a las nuevas formas de organización
del trabajo y la actividad productiva desarrollada por los grandes grupos empresariales y al ya
comentado proceso migratorio. Cooperando con estos cambios en el núcleo de la economía
capitalista, el neoliberalismo, en sus formas diversas, se ha impuesto como referencia esencial
para la política económica. Tanto porque se trata de una perspectiva atractiva para los grupos
dominantes, como por estar muy enraizada en la ideología de los tecnócratas económicos
(educados en muchos casos en los centros educativos del centro del imperio). A este nivel, el
de las políticas neoliberales es evidente que el Estado y las estructuras políticas juegan un
importante papel. Y se trata,, en este caso de una intervención que tiene muchos planos y
elementos. Por un lado están los grandes organismos internacionales (F.M.I., Banco Mundial.
O.E.C.D.) que actúan, cuando menos, de “orientadores” de las políticas y cuya impronta se
deja sentir más directamente en los países pobres con problemas. Por otro los diferentes
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procesos de integración económica y las instituciones que los generan. Especialmente en el
caso europeo, es evidente que la C.E. juega un papel activo en la imposición de reglas e
instituciones neoliberales. Pero es también cierto que esta situación está en otras partes
sustituida por otros mecanismos menos visibles, como puede ser todo el juego de cláusulas
que introducen los diferentes tratados internacionales (como el NAFTA o el ALCA).
En el caso de España, sin duda es la C.E.E. la que marca el terreno principal del las políticas
económicas y por, extensión el proceso de integración europea constituye un elemento central
en las dinámicas de las economías de los países europeos.
3 El modelo nacional de empleo español en el franquismo tardío
El actual modelo español no parte de la nada. Mantiene en parte el legado del antiguo modelo
y es en parte una adaptación a las fuerzas que antes hemos señalado. Conviene por tanto
hacer una sucinta consideración del “viejo” modelo que nos permitirá situar las líneas de
1
continuidad y de cambio.
En el plano del espacio productivo y empresarial la economía del tardofranquismo, era en gran
parte un modelo “introvertido”, aunque más que una etiqueta conviene caracterizar sus
aspectos esenciales:
-
una economía basada en un elevado nivel de proteccionismo mercantil y un sistema
productivo orientado, fundamentalmente al mercado interno. Ello no suponía una
economía en absoluto autárquica. De hecho siempre se ha tratado de un modelo
productivo que ha dependido de los suministros exteriores: materias primas y bienes de
equipo sofisticados, y el crecimiento de la década de los sesenta aumentaba su
dependencia. También su ponía la presencia creciente de multinacionales foráneas en
el país, pero en su mayoría llegaron orientadas al control de un mercado local en
expansión.
-
un elevado grado de oligopolización, fundamentado no sólo en la estrechez de los
mercados locales, sino especialmente en la estrecha relación entre el poder económico
y el poder político. Por ejemplo en la cúspide de estos oligopolios se encontraban los
grandes grupos bancarios, beneficiados por las normas proteccionistas que a favor de
los mismos había aprobado la dictadura al final de la guerra civil. Estos oligopolios
siempre tenían una pata en las múltiples regulaciones con que el sistema político les
protegía.
-
Un bajo nivel de desarrollo tecnológico alimentado por la existencia de un mercado
cautivo, de la carencia nacional de un verdadero sistema de ciencia y tecnología y por
las facilidades de beneficios rápidos que el régimen político y la expansión productiva
permitía. De hecho ya en la década de los sesenta se produjo una primera eclosión del
negocio inmobiliario al calor del proceso de urbanización acelerada y los inicios del
desarrollo turístico
-
Un importante peso de la empresa pública en sectores industriales básicos, generada
por los intentos industrializadotes del régimen (siderurgia, construcción naval,
automoción, refino de petróleo
-
Un sistema laboral basado en las condiciones de explotación que permitía el régimen:
ausencia de derechos laborales, largas jornadas de trabajo, bajos salarios, ausencia de
condiciones aceptables de higiene y seguridad, escaso desarrollo profesional,,,,
En el plano del sistema público, el elemento central es que se trataba de una verdadera
dictadura de clase, que negaba derechos básicos a la mayoría de la población, pero que
contaba además con otra serie de características específicas:
-
Un bajo nivel del peso del estado en la economía, lo que se traducía en un peso
limitado de los impuestos y el gasto público. Los primeros eran mayoritariamente
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impuestos indirectos y el bajo nivel de gasto público se traducía en una casi inexistente
red de servicios públicos: educación, sanidad, servicios sociales. Quizás la excepción
lo constituye la creación de un servicio público de sanidad, fundamentalmente como un
mecanismo de búsqueda de legitimidad social. Pero su implantación se hizo de forma
que en la práctica se generaba un sistema dual de cobertura sanitaria: un sistema
general, pero orientado a la clase obrera, y un sistema privado orientado a las capas
medias. Por ejemplo uno de los hechos sobresalientes del modelo, que ha persistido a
lo largo del tiempo, es el trato diferencial para el funcionariado (en la dictadura
básicamente un espació para adictos al régimen, actualmente clases medias
asalariadas) de la política de pensiones y cuidados sanitarios (pueden elegir acudir al
sistema privado a cuenta de las financiación pública).
-
Una fuerte intervencionismo en muchos aspectos de la vida económica. Se trataba de
un modelo donde proliferaban las normas, aunque estas no siempre se cumplieran a
rajatabla (el aparato de control no siempre ha estado a la altura de las pretensiones
reguladoras), pero en todo caso estas siempre sirvieron para favorecer los intereses de
grupos específicos de empresarios cercanos al poder.
En teoría está misma rigidez y regulación se daba también en el plano laboral, aunque
en la práctica este sistema regulativo era más legitimador que efectivo. O, incluía,
como en el caso de los despidos, mecanismos que daban gran libertad de acción a los
empresarios
-
La ausencia total de libertades estaba básicamente dirigida contra la clase obrera.
Mientras algunas entidades empresariales (Cámaras de Comercio,
gremios…)
siempre fueron legales lo que realmente estaba prohibido eran los sindicatos y las
organizaciones de izquierda. Ello generaba una completa desregulación efectiva de los
derechos laborales, excepto en algunos grandes centros productivos donde empezó a
florecer un incipiente movimiento obrero clandestino
En el plano de las estructuras familiares, la sociedad española entraba de lleno en el llamado
modelo mediterráneo:
- Una sociedad donde la familia jugaba un papel central en la organización de la vida
cotidiana. Con la presencia persistente de estructuras patriarcales que promovían una
detallada división sexual de trabajo y limitaban los derechos de las mujeres. Una estructura
familiar atravesada por la contradictoria dinámica del poder y la solidaridad. Con redes
familiares que se extendían en círculo. El franquismo reforzó este modelo como lo muestra la
existencia de normas que preveían la exclusión de las mujeres casadas de la actividad
económica independiente y, en determinados sectores, del empleo.
Constituyó un régimen de dictadura católica en la que los amplios poderes de la Iglesia hicieron
especialmente visible su papel de institución del patriarcado.
-
El reforzamiento de esta estructura patriarcal-familiar tiene un notable impacto sobre
dos aspectos del modelo de empleo
Por una parte refuerza los mecanismos de segmentación laboral de la fuerza de trabajo
y explica las enormes discrepancias por género en casi todos los aspectos del mercado
laboral
De otra determina el modelo de reproducción de la fuerza de trabajo y los cuidados a
las estructuras familiares, en especial a las mujeres. Ello explica el bajo nivel de
desarrollo de las instituciones del estado de bienestar y de los servicios de cuidados. Y
resulta coherente con un sistema de bajos salarios y largas jornadas laborales, en el
que el trabajo invisible de las mujeres permitía cubrir las necesidades familiares y
“alargar” los modestos ingresos.
L.Toharia (1986) y Lipietz (1997) han caracterizado este modelo de fordismo periférico. Algo
hay en común entre el modelo de desarrollo español de la década de los 60s y las dinámicas
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de acumulación de la “edad de oro”. También aquí se produjo un fuerte crecimiento de la
producción y el consumo a lo largo de la década, y un cierto papel de impulso del sector
público. Pero nunca se desarrolló un estado del bienestar como el del Norte de Europa, ni un
esfuerzo por mejorar sistemáticamente la productividad empresarial. Y la sociedad siguió
descansando en gran medida en la solidez de la institución familiar para garantizar la cobertura
de necesidades básicas. Y tampoco existió una marco cultural que generara unas referencias
igualitarias como las que predominaron en otros países. La fuerte segmentación de las
condiciones laborales y la persistencia de numerosos mecanismos que propiciaban la
existencia de privilegios siguieron constituyendo una realidad vivía.
4 La crisis de los 70: el camino hacia el neoliberalismo a la española
La crisis económica de la década de los setentas constituye un verdadero punto de inflexión de
los modelos de capitalismo (Reagan y Thatcher simplemente pusieron el punto final a un
proceso que se gestó con anterioridad). Fue el fin del keynsianismo y de la esperanza de la
transformación gradual del capitalismo en un tipo de sociedad más civilizada y tolerable. Pero
si esta fue la línea general en todas las grandes economías, en cada una de ellas adoptó
características diferentes.
En el caso español coinciden en este proceso dos líneas de fuerza hasta cierto punto
contradictorias y que muestran la complejidad de nuestra situación.
El avance del
neoliberalismo tenía algunas posibilidades dadas las características del sistema español:
-
En primer lugar la insostenibilidad del modelo de economía cerrada que había
permitido el crecimiento anterior. Esta insostenibilidad era, a la vez producto de
problemas macroeconómicos insolubles – especialmente los déficits recurrentes de la
balanza de pagos, la pérdida de los ingresos por remesas y la necesidad de favorecer
otras formas de financiación- y de opciones políticas internas: la integración a la Unión
Europea era tanto una perspectiva interesante para los poderes económicos como un
referente ideológico que posibilitaba una transición democrática
-
En segundo lugar la referencia al “estado mínimo” (excepto en materia de orden) que
preconiza el credo neoliberal cuadra bien con una tradición de bajos impuestos y sector
público subdesarrollado. Y es fácilmente defendible ante una sociedad que no había
pasado por la experiencia del welfarismo social de finales de la Segunda Guerra
Mundial
-
En tercer lugar las ideas neoliberales también se plantean en clave antisindical, de
eliminación de obstáculos a la “gestión privada” de la fuerza de trabajo. Este y no otro
es el contenido de la ofensiva por la “flexibilidad” laboral. Algo que resultaba
particularmente útil en un momento en el que el mundo empresarial se veía
confrontado con la legalización de los sindicatos y la imposibilidad de seguir
apoyándose en el viejo sistema de represión directa.
El que hubiera factores favorables al modelo no significa que el cambio no implicara
dificultades enormes. La apertura exterior implicaba un reto crucial para las protegidas
empresas locales y la necesidad de una adecuación no siempre fácil. Especialmente
cuando se trataba de un modelo mal pertrechado tecnológica y organizativamente para
encarar la competencia exterior. Y el establecimiento de unas nuevas reglas, mas liberales,
en un mercado con tanta tradición de intervención las reforzaba.
Y tampoco suponía que el discurso neoliberal fuera a actuar en el vacío y sin resistencias.
Las intensas movilizaciones sociales de la década de los setenta, las demandas sociales
que hicieron emerger y, aún con todos los matices e interrogantes que puedan hacerse, las
ideológias que movían o trataban de capitalizar estos movimientos, apuntaban en una
dirección totalmente contraria: hacia la extensión de derechos y el desarrollo de alguna
2
versión de modelo socialdemócrata.
2
Para un análisis de las dinámicas de cambio Royo (2007)
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Estas demandas sociales estaban inicialmente representadas en el incipiente movimiento
sindical y en el movimiento vecinal que, al alimón, planteaban demandas de mejora de los
derechos y las condiciones de vida de los asalariados. Y mientras alguna de estas
demandas- como la mejora sustancial de los niveles salariales- podían ser abortadas
apelando a la lucha contra la inflación, la competitividad o, meramente por la presión del
creciente ejército de reserva que generaba la propia crisis económica, otras demandas
eran más difíciles de postergar. El nuevo régimen necesitaba legitimación y debía realizar
algunas concesiones de corte “socialdemócrata”. Estas se orientaron en una doble vía. Por
un lado un aumento sustancial de los impuestos y el gasto público orientado a responder a
las demandas y necesidades más evidentes. De otro, especialmente en los aspectos
sindicales, a conceder reconocimiento social a cambio de concesiones sustantivas.
Esta es, a nuestro entender la explicación de alguna de las paradojas que dificultan la
comprensión de nuestro modelo de empleo. Como la introducción de políticas neoliberalesen la gestión macroeconómica, en la fijación de la política salarial (incluyendo la
deprivación del salario mínimo), en la desregulación de la protección al empleo, en la
restructuración del sector público industrial- es coetánea de la expansión del gasto publico
y del propio peso del sector público en el conjunto de la economía. Y es que una cosa son
los modelos teóricos y otra la realidad, siempre más compleja y contradictoria. Y cualquier
sistema, especialmente si se basa en un mínimo de representación democrática, requiere
algún tipo de políticas de legitimación.
Cabe señalar que el impulso democrático, igualitario no se limitó a las demandas de la
clase obrera. También las instituciones del patriarcado experimentaron una crisis. Esta se
expresó en el plano político con la eclosión de un nuevo movimiento feminista, en el plano
cultural en la crisis de la Iglesia Católica (especialmente en su control de la moral sexual
que está en la base de las instituciones del patriarcado), pero sobre todo en una sorda y
lenta movilización efectiva de mujeres que cambiaron su situación social respecto a la
educación, el trabajo asalariado y la familia (el indicador más palpable es el del cambio del
regimen de natalidad).
Las reformas en las políticas públicas contribuyeron a esta transformación al menos en dos
aspectos. De una parte la extensión del sistema educativo hacia su universalización generó
un cambio sustancial en la posición relativa de las mujeres en lo que respecta al nivel
educativo. De otra la propia extensión del sector público contribuyó a la creación de miles
de empleos, fundamentalmente para mujeres educadas, generando con ello nuevas
espectativas laborales y una consolidación de parte de este empleo femenino. Hay que
advertir que, en este sentido, la transformación del sector público operó un complicado
cambio ocupacional: destrucción de empleo industrial, fundamentalmente masculino, y
creación de empleo de servicios, mayoritariamente femenino.
El actual modelo de empleo es en gran medida el resultado de la aplicación de estas dos
fuerzas contradictorias- la evolución hacia un modelo neoliberal, orientado en gran medida
por los referentes anglosajones y las demandas igualitarias de una sociedad que se
manifiesta más partidaria de un proyecto socialdemócrata- sobre la base de las estructuras
existentes y bajo las presiones y condicionantes que determina el proceso económico
global.
5. Un modelo de éxito: neoliberalismo mediterráneo 1995-2007
3
Para los economistas convencionales el período que ahora parecemos estar a punto de cerrar
ha sido una época gloriosa de la economía española. Los datos de crecimiento económico y
empleo parecen avalar esta pretensión. No vamos a entrar en esta discusión aunque, como
apuntaremos, si algo resulta existosa es la capacidad de los grupos centrales del capitalismo
español para adecuarse a la nueva situación. Otra cosa es que el resultado sea deseable para
2 Una versión más completa de este argumento en The transformation of the employment system in
Spain: Towards a Mediterranean Neoliberalism? Banyuls J., Miguélez F., Recio A., Cano E., Lorente, R.
(en fase de revisión para un libro colectivo en I.L.O.)
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el conjunto de la sociedad, pero esta es una cuestión que no suelen tomar en consideración los
evaluadores de la economía convencional.
Vale la pena destacar el hecho que el tránsito desde la crisis de los setenta hasta la “docena
gloriosa” fue especialmente azarosa. Estuvieron marcadas por largos períodos de desempleo
masivo y luchas sociales diversas. Algunas exitosas, la fase de lucha sindical del período 198890 que empujó el crecimiento del sector público. Otras fracasadas, como las movilizaciones
frente a las reconversiones y la liberalización del mercado laboral en las sucesivas reformas.
Pero más que explicar la historia, queremos concentrarnos en detallar en que ha derivado el
modelo. Y para ello destacar los tres espacios de acción social descritos anteriormente.
El espacio del capital
El espacio del capital se ha transformado radicalmente. Y a nuestro entender el tipo de
reconversión que ha tenido lugar ha resultado especialmente exitosa para el núcleo central del
capitalismo español. Ha mostrado una enorme capacidad de posicionamiento en el nuevo
marco de un capitalismo globalizado y de políticas neoliberales. Aplicando, como en el juego de
ajedrez, una táctica de sacrificar figuras para reforzar posiciones. La principal figura sacrificada
ha sido, claramente, la actividad industrial. No sólo ha perdido peso, sino que la mayor parte de
nodos industriales están en manos de multinacionales extranjeras que definen sus políticas en
base a estrategias globales. Detrás de está renuncia está también la escasa preocupación del
empresariado español por promover la innovación tecnológica y el reconocimiento profesional
4
de sus empleados .
Pero este mismo núcleo se ha hecho especialmente potente en campos en los que tenía ya
una importante experiencia- finanzas, obras públicas- y se ha beneficiado de la privatización y
externacionalización de los servicios públicos. Precisamente uno de los ejes de las políticas
neoliberales. El que el resultado de estos procesos no sean mercados competitivos de manual
no debería extreñar a nadie, las políticas neoliberales al fin y al campo no buscan la
competencia, sino asegurar espacios de rentabilidad y estabilidad a las grandes empresas. El
otro gran eje de la expansión (que a permitido entrar a nuevos agentes o reposicionarse otros)
ha sido el de la expansión inmobiliaria. Una parte de la misma asociada a lo que ha sido el
verdadero posicionamiento de la economía española en los últimos años: el convertirse en un
gran espacio turístico europeo. Nada realmente muy nuevo, una continuación de un modelo
que, con los espasmos inevitables, se puso en marcha en la década de los 60. (Tabla 1)
El resultado en términos de estructura ocupacional es un claro hiperdesarrollo de las
actividades de construcción y turismo, respecto al conjunto de países de nuestro entorno. Ello
puede tener consecuencias en términos de estabilidad del empleo, Y las tiene sin lugar a dudas
respecto al modelo de relaciones laborales y condiciones de trabajo existentes. El elevado nivel
de empleo temporal que predomina en el mercado laboral español es en parte resultado de su
estructura ocupacional, También de la perseverante obsesión de las empresas españolas por
abaratar los costes salariales y despreocuparse de la formación y profesionalidad laboral. En
los estudios sectoriales que hemos realizado en el proyecto Dynamo aparecen puntos en
común y diferencias notables. El aspecto común es que en todas partes ha habido una presión
sobre los costes laborales que se ha traducido en la proliferación de procesos de
externalización y subcontratación, en la fragmentación de las condiciones laborales, etc. Esto
es por ejemplo evidente en el caso de la industria del automóvil, donde los constructores
realizan una persistente presión sobre su extensa red de proveedores y está se traduce en una
inacabada presión sobre las condiciones de trabajo en términos de salarios, horarios, ritmos,
etc. (es incluso habitual la existencia de una importante diferenciación salarial entre plantas de
un mismo grupo empresarial). Pero las diferencias persisten tanto en lo que se refiere a la
delimitación y estabilidad del empleo como a la profesionalización. Y en estos casos el
mercado laboral español siempre se sitúa en los niveles inferiores. Este es por ejemplo el caso
de la construcción, donde no existe (a diferencia de Alemania) un reconocimiento profesional
explícito de oficios laborales (lo que conlleva delimitación de espacios laborales en los que
estos operan y mecanismos de protección frente a la inseguridad económica). La
desregulación de las condiciones laborales y el uso abusivo de las cadenas de subcontratación
4
Sobre la débil posición industrial de la economía española Banco de España (2003), Perez et al. (2004)
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es la norma en nuestro mercado laboral. O en el sector de los servicios de asistencia,
desarrollados en España básicamente por empresas privadas y en países como Suecia como
servicio público, con un notable cambio en las condiciones laborales de las trabajadoras (en las
diferencias de género la situación es común en todas partes). En conjunto España se sitúa
siempre más próxima, y a menudo peor, del modelo anglosajón que del centro y norteuropeo.
Hay otra consecuencia básica de este modelo. Su éxito ha generado la demanda de mano de
obra barata. (Cachon y Palacio, 1999).En los momentos de “despegue” existía un importante
ejército de reserva procedente de la llegada al mercado laboral de las populosas cohortes de
jóvenes nacidas antes de 1980, de la numerosa gente que había perdido el empleo en la crisis
de 1991-94 como de una parte de las mujeres que no habían conseguido empleo. Pero ha
medida que se consolidó el crecimiento y el ejército de reserva se agotaba, se requirió la
entrada de un nuevo ejército de reserva constituido por la llegada masiva de inmigrantes
extracomunitarios. Un ejército de reserva que no sólo se alimenta de la ausencia de empleo
decente en su país de origen sino que es a su vez conformado por unas normas de inmigración
que facilitan la creación de una fuerza de trabajo que debe plegarse a la irregularidad, los
contratos temporales y los bajos salarios. Y que favorece el reforzamiento y la profundización
de la extrema segmentación que caracteriza el mercado laboral español
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Tabla 1. Empleo sectorial (%). España 1976-2006, UE-15 2006
1976
1979
1987
1996
2006
España
2006 UE-15
Total
100.0%
100.0%
100.0%
100.0
%
100.0%
100.0%
Agricultura,
ganadería y pesca
21.6%
19.5%
14.3%
8.1%
4.9%
3.7%
Industria
27.4%
27.2%
24.2%
20.2%
15.9%
17.4%
Construcción
9.9%
9.4%
8.3%
9.6%
12.6%
8.1%
Servicios
41.1%
44.0%
53.2%
62.1%
65.7%
69.6%
Comercio
reparaciones
y
-
15.1%
16.5%
16.4%
15.1%
14.5%
Hoteles
restaurantes
y
-
4.2%
5.2%
6.4%
7.0%
4.4%
Transporte
ay
comunicaciones
-
5.5%
5.7%
6.0%
5.8%
6.0%
Finanzas
-
-
2.5%
2.8%
2.2%
3.2%
-
-
3.1%
6.1%
9.5%
10.3%
Admin. pública
-
-
5.3%
6.5%
6.0%
7.3%
Educación
-
-
4.1%
5.5%
6.2%
7.0%
servicios
-
-
4.0%
5.7%
6.2%
10.5%
Otros
servicios
personales
y
colectivos
-
-
3.3%
3.9%
4.3%
5.0%
Empleo doméstico
-
-
3.5%
2.8%
3.6%
1.3%
Servicios
empresas,
a
inmobiliarios
Sanidad,
sociales
Source: From 1976 to 1996, National Statistics Institute, Labour Force Survey. 2006 data,
EUROSTAT. Data referred to 2006 are not strictly comparable with the previous years because
employment is calculated on 15 years and over and the previous are calculated on 16 years and
over.
Sector público y sindicatos
El segundo espacio a considerar es el de la regulación pública. Esta ha favorecido el proceso
actual por vías diversas, aunque, en la última etapa, la del nuevo gobierno del P.S.O.E. ha
generado algún signo contradictorio.
En primer lugar la ya conocida apuesta por la flexibilización del mercado laboral, aplicada en
sucesivas reformas, ha constituido el marco legal sobre el que se ha generado el proceso de
precarización laboral analizado. Es cierto que en algunos casos se ha tomado conciencia de
los excesivos costes sociales del mismo y se ha tratado de introducir reformas que frenaran el
proceso – como la ley de Seguridad e Higiene en el trabajo y la reciente regulación de las
subcontratas- pero estas han sido en muchos casos demasiado tímidas, o simplemente no se
ha utilizado su potencial y en muchos casos no se ha contado con un “aparato” público
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adecuado para llevarlo a cabo. En segundo lugar, medidas como la ley de extranjería han
reforzado algunos de los mecanismos de segmentación. En segundo lugar las políticas
públicas han sido grandes aliadas del modelo productivo basado en la construcción, el
predominio financiero y la gestión privada de los servicios públicos. Si bien fue el Partido
Popular quién llevó hasta el final el proceso de privatizaciones y quién más ha favorecido este
modelo desde sus áreas de gobiernos locales y autonómicos, no hay evidencia que el P.S.O.E.
haya llevado a cabo políticas sustancialmente diferentes que cuestionaran el predominio de los
grandes gestores privados y la importancia del desarrollo inmobiliario.
En tercer lugar ha habido una evidente carencia de recursos para muchas de las políticas
sociales, como lo muestran todos los indicadores de gastos sociales, o el nivel al que se sitúa
el salario mínimo interprofesional. Esta situación se aceleró en el mandato del Partido Popular
(1996-2004), y no ha sido corregido de forma suficiente por el gobierno Zapatero Mucha parte
del problema proviene de lo que podemos llamar la aplicación de un “estado de bienestar de
tercera vía” (para situar el modelo de socialdemocracia que en su tiempo defendieron Giddens
y Blair). Un estado del bienestar en el que se promueven derechos universales, pero en los que
no se aplican medidas fiscales y redistributivas para financiarlos. El aumento de impuestos es
un tabú y ello genera una persistente subfinanciación de los servicios sociales. Lo cual tiene
importantes consecuencias sobre el modelo nacional de empleo en varios campos:
Subdotación de servicios públicos que genera una importante carga sobre las familias en
general y las mujeres en particular Gestión privada de muchos servicios esenciales, bien a
través de contratas públicas o directa cesión al mercado, que se traduce en la configuración de
empleos de baja retribución y poco reconocimiento social Importancia mecanismos de
selección de acceso que en la práctica generan la marcha de sectores de asalariados de
mayores ingresos hacia el sector de servicios privados, alimentando las demandas de
reducción de impuestos (Tabla 2)
La intervención pública por tanto refuerza algunos aspectos del modelo y fracasa en muchos
de los campos en los que trata de invertirlo.
La otra gran base de la intervención pública son los sindicatos. Ya hemos indicado
anteriormente que el modelo que se desarrolló al principio del período combinó una baja
capacidad de intervención en la estructura- en gran medida debida a la reestructuración de la
organización productiva y los modelos de gestión laboral en los sectores emergentes- con un
amplio (relativamente), reconocimiento institucional (presencia sindical en organismos
paritarios, carácter semipúblico de los convenios colectivos, etc.). Una situación en los
sindicatos parecen tener más fuerza para forzar cambios institucionales que para desarrollar
acciones sindicales en las empresas. Y en parte en el período 1985-1991 se desarrolló una
acción sindical bastante ambiciosa que trató de alterar las políticas neoliberales con un
enfrentamiento y presión sobre el gobierno. El fracaso de este pulso (fallaron los interlocutores
políticos y posiblemente se sobrevaloraron las propias fuerzas, no se tuvieron en cuenta las
dinámicas supranacionales), la crisis del período 1991-94 y otra serie de razones condujo a
formular políticas mucho más acomodaticias y que en gran parte han renunciado a introducir
cambios radicales en las líneas políticas.
Ello no supone que los sindicatos hayan perdido toda posición crítica y que su papel haya sido
de mera legitimación de lo existente. En toda una serie de campos su actuación ha seguido
limitando la eliminación de derechos, como lo muestran las dinámicas desarrolladas en torno a
temas como la salud laboral, la subcontratación, el salario mínimo,,, o el uso de los convenios
colectivos como un medio para garantizar condiciones mínimas. Pero ha menudo esta tarea
básica (que se advierte cuando se compara por ejemplo la situación española con la de países
con menor y más débil presencia sindical- por ejemplo los del Este de Europa) ha quedado
oscurecida por su a menudo acrítica aceptación de los postulados económicos que han
entronizado la competitividad empresarial como el elemento de referencia clave. Por ejemplo
los sindicatos mayoritarios han denunciado las características del modelo español de empleo
en lo que se refiere a bajos salarios y precariedad, pero, de forma creciente han construido su
discurso en términos de especialización de baja productividad que difícilmente puede traducirse
en una política de cambios serios, dadas las transformaciones, en parte irreversibles del
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proceso productivo. Y dado que algunas de las diferencias básicas con modelos más
deseables no son tanto de mix productivo, sino de reconocimiento social y distribución de la
renta, como indican los trabajos reseñados de la construcción y el cuidado de ancianos.
TABLA 2 : GASTO SOCIAL RESPECTO AL P.I.B., 1994-2002
1994
1995
1996
1997
1998
1999
2000 2001
28.4
28.2
28.4
27.9
27.5
27.4
27.2
27.5 (p) 27.7 (e)
España
22.8
22.1
21.9
21.2
(p) valor provisional ; valor estimado en €
fuente: EUROSTAT
20.6
20.3
19.6
19.4 (p) 19.6 (p)
EU-15
2002
El ámbito doméstico familiar y las desigualdades de género
Quizás este el espacio donde el cambio ha sido más acelerado. En términos convencionales
destacan dos procesos paralelos. De una parte el cambio de la situación femenina respecto al
trabajo mercantil. Hoy la mayoría de mujeres adultas se mantiene largo tiempo en el mercado
laboral. Las razones del cambio son diversas y merecen por sí solas una investigación.
Apuntamos algunas, de índole político-cultural- el igualitarismo feminista ha tenido un éxito
espectacular y posiblemente ha ido de la mano con la extensión de la educación y la
configuración de un nuevo marco de referencias culturales-, de índole económica- los salarios
de los hombres no permiten sostener los gastos familiares, la inseguridad laboral exige
mantenerse en el mercado laboral todo el tiempo posible- y de índole familiar- la familia ya no
asegura la estabilidad de relaciones para toda la vida y por ello el viejo modelo ganapán ama
de casa no sólo no es deseable sino que tampoco es viable. Seguro que hay más pero estas
parecen importantes. De otra los cambios en la longitud de la vida humana han reforzado la
importancia del trabajo de cuidados en la fase terminal de la vida humana (o a personas con
graves problemas de salud, pero de larga vida). Por ello crece una nueva carga de trabajo en el
momento que la caída de la natalidad reducía la que se había considerado carga familiar. La
estructura de demandas y necesidades cambia en varias direcciones y no esta claro que en el
conjunto se produzca una reducción de las necesidades de trabajo doméstico. O ello genera,
un crecimiento de actividades mercantiles que tratan de sustituir actividad doméstica.
En todo caso se produce una encrucijada en un doble sentido. En primer lugar en el del reparto
de la carga total de trabajo y su distribución entre hombres y mujeres. En la medida que la
persistencia de las mujeres en el trabajo mercantil no se ha traducido ni en un nuevo reparto en
el interior de la familia ni en una nueva organización de la actividad mercantil que lo hubiera
hecho posible, la combinación de doble trabajo y nuevas cargas familiares se traduce
fácilmente en una sobrecarga femenina o en el recurso a terceras personas. Este puede ser a
través del mercado o a través del sector público. A través del mercado sólo es posible para los
grupos con mayores ingresos (p.ej.los que acumulan dos salarios profesionales) o mediante la
explotación de una nueva fuerza de trabajo barata, o combinaciones de ambos. Una parte del
proceso migratorio obedece a esta dinámica. La provisión pública solo es posible si hay un
fuerte aumento de la oferta pública de cuidados, en sus diferentes modalidades, lo que requiere
un aumento de la carga fiscal y un proceso redistributivo intenso. Como ya hemos visto
anteriormente esto no ha tenido lugar. La hegemonía neoliberal en materia impositiva se
traduce en una insuficiente provisión pública que fuerza a las familias, básicamente a las
mujeres, a seguir apechando con la base de la carga o a ser cómplices de un nuevo proceso
de segmentación social apelando a la barata mano de obra inmigrante. El peso de las
tradiciones y la persistencia de las redes familiares (y el bajo nivel de los ingresos salariales)
determina que para una parte de la población sea la primera la opción dominante y por ello
consideramos que el actual modelo de cuidados es una variante, con familias más nucleares y
presencia femenina en el mercado laboral, del viejo modelo mediterráneo
La segunda disyuntiva afecta a la consideración del empleo femenino. El patriarcado no sólo
separa a las personas y las sitúa en espacios diferentes. También las jerarquiza (como
cualquier otro sistema de diferenciación social). Y uno de los resultados de esta jerarquización
es el valor social que se concede a lo que hace cada cual. La cualificación se confunde a
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menudo con la posición social de la persona que desempeña una actividad (solo hay que ver la
consideración social de una ama de casa y compararla con el prestigio de los cocineros
profesionales). La incorporación laboral de las mujeres tiene, también ahí un efecto neto. Y se
“normaliza” la descualificación de aquellos empleos que se consideran, por el tipo de tareas
realizadas, tradicionalmente femeninos. Se produce aquí un proceso que refuerza las líneas
tradicionales de segmentación laboral y abre otras nuevas. La búsqueda de legitimación del
empleo de las mujeres educadas, su demanda de “reconocimiento profesional” y promoción
social se traduce a menudo en legitimación de los bajos salarios de una gran parte de los
empleos femeninos de servicios. La ausencia de políticas públicas en los mismos, el
predominio de los aspectos financieros sobre los de su función social, provoca nuevas líneas
de fragmentación y generan nuevos espacios de bajos salarios, inseguridad, etc. Se completa,
intencionalmente un proceso de división social en el que si bien son los grandes grupos
capitalistas y las élites sociales los grandes beneficiados, tienen también muchos agentes
intermedios que aceptan, legitiman o, simplemente, no son capaces de pensar un modelo
alternativo al actual neoliberalismo mediterráneo (Carrasco et al 2003, Torns et al. 2004)
5. Comentario final: ¿hasta cuando es sostenible?
En la sección anterior hemos tratado de describir el modelo nacional de empleo que ha regido
en los últimos años de supuesto éxito económico. Lo hemos caracterizado como un modelo de
“neoliberalismo liberal” que en el plano productivo-mercantil se ha caracterizado por la
hegemonía del capital financiero-constructor-gestor de lo público, que en el plano de las
políticas públicas ha oscilado entre una política directamente neoliberal a una de “tercera vía”
incapaz de crear mecanismos de servicio público y de distribución de la renta aceptables, y en
el ámbito familiar como una transformación insuficiente de la familia mediterránea que ni ha
reducido significativamente las desigualdades de genero, ni ha dado solución a las nuevas
cargas de trabajo y que corre el riesgo de generar nuevas formas de desigualdad.
Visto en la distancia el sistema parece a priori bastante insostenible- no se perciben
alternativas claras, ni ideas suficientes- para hacer frente a la saturación del modelo
constructivo, indeseable- genera inseguridad económica, desigualdades extremas, sobrecargas
de trabajo- e incoherente- apuesta por la entrada masiva de mujeres, e inmigrantes, en el
mercado laboral sin proveer adecuadamente de servicios y procesos que permitan satisfacer
las demandas que esta incorporación provoca. Y nos hemos limitado a exponer los procesos
laborales sin considerar ni los aspectos macroeconómicos- la persistencia del amplio
desequilibrio exterior – ni mucho menos ambientales- pues la depredación ecológica ha sido
otra de las caras de este “crecimiento milagroso”. Y cada vez resulta más evidente que este va
a ser uno de los campos donde la humanidad se va a jugar el futuro. Nuestra presunción es
que existen, al menos, muchos motivos de alarma que piden a gritos una revisión del modelo
de empleo, en definitiva del modelo social, que organiza nuestra vida cotidiana. Y que esta
reflexión exige incorporar como núcleos centrales variables diferentes de las que toma la
economía convencional, y adoptan muchos de los agentes más activos en la configuración del
modelo empleo.
Febrero 2008
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