Ventilación en niños, lactantes y neonatos

Anuncio
Ventilación en niños, lactantes y neonatos
Dr. Joan Marco
1. ¿Qué diferencias marcan la frontera entre un adulto y un niño?
Ante todo, no podemos considerar al niño como un adulto pequeño, aunque en términos
generales podríamos decir que a partir de los 7 años (30-40 kg), estos pacientes se asemejan
bastante al adulto, sin otra consideración especial que la propia de tener un menor tamaño.
De los 7 a los 3 años (40-15 kg) los pacientes se consideran plenamente niños, y aunque
podemos emplear con ellos sistemas propios de los adultos debemos hacerlo con ciertas
precauciones.
Si tienen menos de 3 años (menos de 15 kg), su manejo será más dificultoso cuanto más
pequeños sean. Estos pequeños pacientes requerirán la aplicación de técnicas de ventilación
específicas, así como el empleo de instrumental adecuado, especialmente en el caso de los
lactantes y recién nacidos (< 1 año), que presentan marcadas diferencias anatómicas,
fisiológicas y de mecánica ventilatoria con resistencias muy elevadas (figura 1) y compliancias
muy bajas (figura 2) (1).
1
En ventilación mecánica podemos establecer una clasificación de los niños según sus
propiedades mecánicas (compliancia y resistencia) (figuras 1 y 2). Así, vemos que la
compliancia aumenta de forma lineal con la edad y el peso, y por tanto con el tamaño
pulmonar, desde compliancias cercanas a los 4 ml/cm H2O, hasta valores similares a los del
adulto. En cuanto a las resistencias, disminuyen de forma exponencial decreciente, según
una curva determinada por la fórmula R = 8L / r4. Esta curva es muy característica, en
forma de L con un ángulo claro cerca de los 3 años (20 kg), y presenta unos valores más altos
cuanto más pequeño es el paciente.
En resumen:
- Resistencias muy elevadas en el recién nacido y el lactante.
- Disminución bastante marcada de las resistencias hasta los 3 años.
- Caída progresiva de las resistencias de los 3 a los 7 años.
- Valores similares a los del adulto a partir de los 7 años.
2. ¿Qué particularidades debemos tener en cuenta en el manejo de la vía
aérea en los pacientes más pequeños (lactantes)?
Hay importantes diferencias anatómicas con repercusión en el manejo de la vía aérea y la
ventilación (2) (figura 3).
-
La lengua es de mayor tamaño relativo, con tendencia a la obstrucción.
La laringe está en una posición más alta (C3-C4) y condiciona la visualización, que es
más difícil.
2
-
La epiglotis, en forma de U invertida, está más angulada hacia atrás y es de difícil
desplazamiento.
Las cuerdas vocales tienen una inclinación hacia abajo, desde la parte anterior a la
posterior, lo que determina que el tubo endotraqueal contacte con la parte anterior.
Hay una mayor estrechez de la subglotis con relación a las cuerdas vocales, que
condiciona la elección del tubo endotraqueal.
La longitud de la tráquea en el lactante es de 5 cm, por lo que la intubación selectiva
accidental es frecuente.
Estas condiciones, que favorecen una mayor tendencia a la obstrucción, hacen que durante la
inducción y el despertar muchos anestesiólogos pediátricos prefieran la ventilación con equipos
manuales tipo Mapleson (figura 4), buscando una mayor sensibilidad y control de la ventilación
con la monitorización a través de la bolsa accionada con la mano.
3. ¿Cómo debemos elegir el tubo endotraqueal en los niños, con o sin
neumotaponamiento?
Con una correcta elección aseguramos una ventilación sin fugas y minimizamos el riesgo de
aspiración, pero también debemos evitar la lesión de la mucosa traqueal y el crup postintubación
o por repetidas intubaciones.
El tamaño del tubo endotraqueal viene determinado por el diámetro interno del cartílago
cricoideo en la subglotis. Existen varias fórmulas (3, 4), basadas en el peso, la edad y la altura,
útiles para determinar el tamaño del tubo (tabla I).
3
Tabla I. Elección del tubo endotraqueal basada en la edad
Edad
Prematuro 1.000 gramos
1.000- 2.500 gramos
Neonato – 6 meses
6 meses – 1 año
1 – 2 años
Más de 2 años
Tamaño (mm DI)
2,5
3
3 – 3,5
3,5 – 4
4–5
[edad (años) + 16] : 4
Sin embargo, estas fórmulas sólo tienen en cuenta el diámetro interno y pasan por alto que,
según el material utilizado, éste puede tener diferente diámetro externo (5). Asimismo, la
elección de un tubo con neumo puede incrementar ligeramente el diámetro externo. Además,
deberían tenerse en cuenta todas las variables para la elección (6).
Actualmente se ha demostrado que la correcta elección y cuidadosa utilización de los tubos con
neumo en lactantes no incrementa los casos de estridor postintubación, con la ventaja de evitar
la laringoscopia repetida y las fugas (7, 8). No obstante si elegimos un tubo demasiado pequeño
con neumo tenemos un elevado incremento de las resistencias.
En general, un tubo endotraqueal (con o sin neumo) se considera inadecuadamente pequeño si
se producen fugas a bajas presiones de insuflación (< 20 cm H2O), y demasiado grande si no
hay fuga a presiones elevadas ( 30-35 cm H2O).
La distancia correcta entre los labios y el extremo distal del tubo endotraqueal en centímetros,
una vez colocado, puede calcularse sumando 10 a la edad del niño en años. En prematuros, en
cambio, se usa como guía el peso del niño de manera que: si pesa 1 kg, 7 cm de distancia
desde los labios; si pesa 2 kg, 8 cm; si pesa 3 kg, 9 cm; y si pesa 4 kg, 10 cm.
4. ¿Cómo podemos evitar la gran tendencia a la obstrucción de la vía aérea
durante la anestesia en el lactante?
Debemos actuar, ya desde la inducción, con una asistencia respiratoria correcta, puesto que por
las características anatómicas y por el escaso soporte de la caja torácica (predominio
cartilaginoso), el lactante tiene una especial predisposición al colapso de la vía aérea.
La obstrucción se produce inicialmente debido a la relajación de la musculatura orofaríngea,
secundaria a cualquier sedación. Asimismo, falla la función diafragmática y cae la CRF que ya
de por sí es mucho menor en el lactante (relación ventilación alveolar / CRF = 5/1) (figura 5). Se
produce el cierre de las pequeñas vías respiratorias, ya que el volumen de cierre es superior a la
CRF y se sitúa en el área de volumen corriente (figura 6), y se generan microatelectasias con el
consiguiente shunt.
4
Se ha demostrado que un cierto grado de presión positiva continua (CPAP 5-6 cm H2O) aplicada
durante la inducción y el mantenimiento de la anestesia contribuye a mantener la vía aérea
abierta, reduciendo la obstrucción y mejorando el trabajo respiratorio (9). La disminución del
trabajo respiratorio reduce el consumo de oxígeno, que en el lactante es el doble (en ml/kg) que
en el adulto, disminuyendo asimismo el riesgo de fallo respiratorio por fatiga muscular.
Ante esta problemática, actualmente se aconseja utilizar siempre ventilación asistida (aplicación
de CPAP,...) en cualquier procedimiento quirúrgico con sedación en lactantes, y elegir intubación
y ventilación controlada según la técnica anestésica utilizada, la duración del procedimiento y el
estado físico del paciente.
5
5. ¿Cómo podemos tratar las microatelectasias ya instauradas?
Siempre resulta más difícil abrir de nuevo los alveolos ya cerrados. Viendo la histéresis de la
curva de presión-volumen comprendemos fácilmente porqué las presiones de apertura y colapso
de los alveolos son distintas. Para una misma presión de la vía aérea, el volumen pulmonar es
mayor durante la espiración y se requieren presiones mucho más altas para abrir los alveolos
que para mantenerlos abiertos una vez reclutados (figura 7). Por tanto, la única maniobra
posible para solucionar las atelectasias generadas es la de reclutamiento alveolar.
Al igual que en el adulto, en el lactante se proponen maniobras de distensión alveolar a presión
constante para restaurar las atelectasias, que por las especiales características del paciente se
producen simplemente tras un período corto de apnea, como sucede en la inducción.
Actualmente, aún no está definida cuál es la mejor maniobra de reclutamiento en lactantes, ni
cuantas veces debe realizarse. Se proponen maniobras de reexpansión a presiones de 30 cm
de H2O durante 10 o más segundos. Así, nos colocamos durante unos segundos en la parte alta
de la curva de P-V hasta alcanzar el punto de inflexión superior del asa inspiratoria, abriendo los
alveolos (10-12).
6
6. ¿Qué volúmenes corrientes y qué frecuencias respiratorias debemos
emplear para ventilar a los niños y lactantes?
En el niño sano, el volumen corriente y la frecuencia respiratoria acostumbran a calcularse
teniendo en cuenta el peso corporal (ml/kg) o la edad (tablas II y III).
Tabla II. Volumen corriente empleado según la edad (Marraro G) (13)
Edad
Prematuros
Recién nacidos a término
Lactantes hasta 6 meses
De 6 meses a 1 año
De 1 a 3 años
De 3 a 6 años
Adultos
Volumen corriente
5 – 10 ml
20 – 30 ml
40 – 50 ml
70 – 90 ml
110 – 120 ml
250 – 300 ml
500 – 800 ml
Tabla III. Frecuencias respiratorias (FR) recomendadas para aplicación de ventilación
mecánica en niños, en relación con el peso (1, 13)
Peso (kg) 3 - 5
FR (cpm) 30
5 - 10
25
10 - 15
22
15 – 20
20
20 –26
18
26 – 39
16
Sin embargo, las tendencias, especialmente en el recién nacido y el lactante, están
encaminadas a prevenir el volutrauma (por distensión alveolar) y el atelectrauma (cizallamiento
de las paredes alveolares por colapso y reexpansión repetida). En este sentido, actualmente se
prefiere utilizar volúmenes corrientes inferiores a 10 ml/kg (de 6-8 ml/kg) (14), con una PEEP
adecuada y suspiros o maniobras de reclutamiento programadas. Siempre resulta difícil
determinar el grado óptimo de PEEP, pero inicialmente parece prudente no emplear niveles
superiores a 4-7 cm de H2O.
De todas maneras, una vez programado el volumen corriente a administrar, debemos
asegurarnos de que éste se entregue realmente. Así, vemos situaciones en las que la
compliancia del paciente es muy baja (recién nacidos y lactantes) y la compliancia del respirador muy
alta, siendo el volumen atrapado por el respirador prácticamente igual al volumen corriente que debería ir
al paciente.
En este sentido, y a modo de ejemplo, en un paciente de 10 kg al que programamos 100 ml de
volumen corriente, el volumen atrapado puede ser, según el respirador, casi igual a este
volumen corriente, es decir, no conseguimos ventilarlo (tabla IV).
7
Tabla IV. Volumen compresible del respirador con relación a la compliancia del mismo
Compliancia respirador
(ml/cm H2O)
0,25
1
5 (muchos respiradores)
Presión meseta
aplicada (cm H2O)
20
20
20
Volumen compresible
respirador (ml)
5
20
100
7. ¿Qué características debería tener el respirador pediátrico?
El respirador ideal es aquel que permite tratar a cada paciente satisfaciendo las necesidades
propias de su edad, morfología o patología. En nuestro caso concreto, debe reunir los requisitos
propios de cada unos de los tres apartados siguientes.
En pacientes de edades superiores a 7 años (>40 kg) puede aplicarse prácticamente cualquier
respirador de uso adulto. Sólo se deberá prestar atención a que los caudalímetros permitan
ajustar volúmenes relativamente pequeños, siendo preferible que tengan baja compliancia para
garantizar la entrega total del volumen al paciente y que permitan trabajar en verdadero abierto
o en bajos flujos con un volumen del sistema (respirador más circuito) lo más bajo posible.
En pacientes de edades comprendidas entre 3 y 7 años (15 a 40 kg) son necesarios
respiradores y sistemas con características más precisas. El respirador debe incorporar
caudalímetros que permitan ajustar bajos volúmenes, el sistema debe tener una compliancia
despreciable, a fin de garantizar la entrega del volumen ante cualquier cambio de mecánica
pulmonar, y es preferible trabajar en verdadero abierto, ya que los sistemas circulares tienen
grandes volúmenes en el circuito (mucho mayores que el propio sistema pulmonar del paciente)
que retardarán mucho los cambios a efectuar. Se debe trabajar con sistemas que aíslen la cal
sodada a fin de evitar los tóxicos que se puedan dar en este elemento y que con los bajos
volúmenes administrados sería muy difícil lavar. Debe poder ajustarse el flujo de insuflación a fin
de crear una curva de presión idónea para cada paciente, considerando las grandes resistencias
que estos pueden presentar. Hay que prestar atención a los circuitos empleados (con la mínima
compliancia posible) y, sobre todo, a los elementos que se añadan entre al pieza en Y y el
paciente, ya que aumentan el espacio muerto cuya afectación en pacientes tan pequeños no es
nada despreciable. También debe prestarse atención a las válvulas del circuito que no requieran
el movimiento de grandes volúmenes para cerrarse ni excesiva resistencia al flujo que pueda
aumentar la ya alta resistencia de muchos de estos pacientes.
En pacientes de edades inferiores a 3 años (< 15 kg) es necesario aplicar técnicas
específicas. La técnica de elección es la ventilación por flujo continuo, puesto que permite
ajustar con facilidad los pequeños volúmenes necesarios. Además, el lavado continuo del
circuito evita cualquier mínima reinhalación que pueda darse, facilitando la abertura de las
válvulas. Prácticamente, traslada el generador de flujo a la boca del paciente, ya que presuriza
levemente el circuito, minimiza el efecto de su compliancia interna y genera unos flujos de
insuflación mínimos para garantizar la entrega del volumen a través de las altas resistencias de
las vías de los neonatos, consiguiendo las presiones más bajas posible y reduciendo las
compresiones de volúmenes en el circuito.
Debe eliminarse cualquier elemento que no sea imprescindible entre la Y y el paciente a fin de
minimizar el espacio muerto. A título de ejemplo, una conexión acodada 22/15 presenta 10 ml de
8
volumen, que si se añaden al espacio muerto suponen 10 ml de ventilación que deben
movilizarse y que no participan en el intercambio. Estos 10 ml no son nada despreciables si los
volúmenes que se administran al paciente son de alrededor de 30 o 50 ml. Cualquier otro
elemento que sea de mayor volumen que esta mínima conexión repercutirá notablemente en la
ventilación del paciente.
8. ¿Qué material mínimo imprescindible necesitamos para cubrir todas las
edades?
El material a preparar en cada caso depende de la edad:
- En pacientes de edades superiores a 7 años (>40 kg) es aplicable prácticamente cualquier
utillaje de uso en adultos. Sólo deberá prestarse atención al tamaño de las palas del
laringoscopio, mascarillas faciales, etcétera.
- En pacientes de edades comprendidas entre 3 y 7 años (15 a 40 kg) se necesitan sistemas
y utillajes con características más precisas, el circuito (tubuladuras pequeñas) y el respirador
deben ser de baja compliancia, los filtros y humidificadores pediátricos de poco volumen y, por
descontado, los laringoscopios y mascarillas faciales han de ser de tamaño adecuado.
- En pacientes de edades inferiores a 3 años (< 15 kg) es necesario disponer de material
específico. El respirador y el circuito (tubuladuras) deben ser de mínima compliancia, con
circuito abierto y posibilidad de técnica de flujo continuo. Los filtros y humidificadores
neonatales, el laringoscopio con pala curva y recta y las mascarillas faciales han de ser de
tamaño adecuado.
En las tablas V y VI se muestran las medidas apropiadas para las palas del laringoscopio y las bolsas
reservorio (15).
Tabla V. Tamaño de la pala del laringoscopio según la edad
Edad en años
Prematuros
Recién nacidos y < 12 meses
1 a 2 años
2 a 5 años
> 5 años
Tamaño de la pala
Pala recta o curva número 0
Pala recta o curva número 1
Pala curva número 1-2
Pala curva número 2
Pala curva número 2 - 3
Tabla VI. Bolsas reservorio utilizadas según la edad
Edad
Recién nacidos
1- 3 años
3 – 5 años
> 5 años
Bolsa reservorio
0,5 litros
1 litro
2 litros
3 litros
9
9. ¿Qué modo ventilatorio debemos elegir en cada caso, volumen
controlado, presión controlada o flujo continuo?
La edad condiciona la elección de la técnica. Sin embargo, no todos los respiradores del
mercado pueden ofrecer todos los modos ventilatorios, por lo que muchos respiradores
proponen la técnica de presión controlada para todas las edades, técnica que tiene muchas
limitaciones que debemos conocer.
- En pacientes de edades superiores a 3 años ( >15 kg) empleamos el volumen controlado,
ajustando el flujo inspiratorio o potencia de insuflación según la edad. Generalmente buscamos
el mínimo valor posible que asegure la entrega del volumen, para conseguir así unas mínimas
presiones inspiratorias. Con este método es posible distinguir entre la presión pico y la presión
plateau, pudiendo calcular y monitorizar la compliancia y resistencia del paciente y seguir sus
variaciones en el tiempo a fin de adecuar la ventilación a los cambios de la mecánica
ventilatoria. El límite de presión representa un control de seguridad.
Si sólo disponemos de respiradores de gran compliancia interna, debemos tener en cuenta las
pérdidas por volumen compresible y compensarlas. En estos casos, en realidad estamos
usando el respirador como si fuera de presión, ya que partiendo del volumen corriente prefijado
tenemos siempre una proporción de volumen atrapado que no va al paciente y que debemos
incrementar para compensar el atrapamiento, hasta conseguir una buena expansión torácica.
Entonces, el único control de que disponemos es la presión y, por tanto, el volumen entregado
pasa a ser secundario a la presión aplicada al sistema (respirador + circuito). La monitorización
del volumen corriente medido por el respirador no es real (incluye también el volumen
compresible), a no ser que se mida en la boca del paciente.
En la actualidad hay respiradores que, a pesar de tener una elevada compliancia interna,
incorporan sistemas de autocorrección del volumen compresible, cuyo funcionamiento,
activación y desactivación automática de seguridad por parte del programa y correcto calibrado
a partir del autochequeo inicial de la máquina debemos conocer. En ocasiones, estos sistemas
se desactivan cuando las condiciones respiratorias son más difíciles, por lo que es importante
leer el manual de instrucciones del respirador que utilicemos.
- En pacientes de edades inferiores a 3 años (< 15 kg) preferimos ventilar mediante la técnica
de flujo continuo ya comentada, que permite monitorizar la mecánica respiratoria (compliancia
y resistencia) y cualquier cambio de la misma. Para seleccionar el volumen con una relación I:E
de 1:2, debemos programar tres veces el volumen minuto: una parte para la inspiración y dos
para la espiración, ya que el flujo circula constantemente por el circuito. El flujo sobrante escapa
junto con el espirado por la válvula espiratoria durante la fase espiratoria, proporcionando un
lavado continuo del circuito y evitando posibles reinhalaciones (figura 8 ).
10
- Muchos respiradores incorporan la ventilación mecánica controlada por presión para su
aplicación en lactantes y niños. Se consigue una onda de presión cuadrada mediante un flujo
inspiratorio desacelerado. En estos casos, el volumen corriente es indirecto y depende de la
mecánica pulmonar, estando condicionado por cualquier cambio de esta mecánica
(manipulaciones del cirujano, apoyos, cambios posturales, acodadura o tapón del tubo,
etcétera). Por otra parte, no es posible detectar cambios en la mecánica pulmonar, pudiendo
pasar desapercibidos episodios de intubación selectiva. Además, un estudio comparativo de tres
respiradores funcionando con este modo de ventilación ha demostrado importantes variaciones
en el volumen corriente entregado según el modelo, por lo que vemos muchas limitaciones en
esta técnica (16).
10. ¿Podemos utilizar bajos flujos en niños?
El interés de los circuitos de reinhalación parcial o total reside en una serie de beneficios para el
paciente como el aporte de calor y humedad y un supuesto ahorro derivado de la reducción de
costes al usar menor cantidad de Sevofluorano. Sin embargo, en pediatría estas ventajas se van
reduciendo a medida que el paciente es más pequeño ya que el volumen administrado es cada
vez menor. De todas maneras, en los niños, por razones de seguridad y respuesta del sistema
(gran volumen y, por tanto, elevada constante de tiempo), no podemos reducir el flujo de gas
fresco en la misma proporción que el volumen necesario para ventilar, por lo que se requiere
una estricta monitorización de los gases inspirados y espirados (O2, CO2, N2O y halogenado).
Incluso con una correcta monitorización, debido a este problema (gran constante de tiempo del
sistema), los cambios en las concentraciones seleccionadas no se reflejarán automáticamente a
nivel alveolar.
Además, en el mercado coexisten: a) equipos como los descritos con una gran compliancia; b)
equipos nuevos con baja compliancia y muy poco volumen de circuito, por lo que la entrega del
volumen es total; y c) equipos que efectúan autochequeo para compensar los volúmenes
comprimidos. Por consiguiente, es primordial conocer adecuadamente el equipo.
En un trabajo propio vimos que, en niños menores de tres años, con un equipo de autochequeo
y corrección de volumen conseguimos administrar los volúmenes prefijados de manera
aceptable, utilizando un flujo de gas fresco de 0,5 litros (figura 9).
11
De todas maneras, aunque la ventilación con bajos flujos se ha utilizado en ciertos casos en
pediatría y existen trabajos publicados en lactantes (17), no recomendamos su empleo de forma
generalizada en la práctica clínica, ya que al incorporarla introducimos más elementos que
deben vigilarse (monitorización estricta de gases…) en un paciente que ya requiere toda nuestra
atención.
11. ¿Qué presiones generan los niños pequeños y cómo interpretarlas?
Los pequeños calibres de los tubos utilizados y los pequeños diámetros de las vías aéreas de
los pacientes neonatales provocan, durante la insuflación de los gases inspiratorios, unas
altísimas presiones en vías que no se corresponden con las pulmonares. Estas altísimas
presiones pueden rebajarse utilizando flujos inspiratorios lo más bajos posible y que permitan
entregar el volumen programado. Esto se consigue fácilmente utilizando la técnica de flujo
continuo en pacientes de muy bajo peso. Si los pacientes son mayores, estas altas presiones se
pueden rebajar ajustando el mando de flujo inspiratorio a valores suficientemente bajos para
minimizar los picos de presión y conseguir la entrega de gas.
El paso del gas a través de los pequeños tubos endotraqueales produce aumentos de presión
en el circuito que pueden provocar la abertura del límite de presión de seguridad, aumentar las
pérdidas por fugas, al ser una presión más alta, y producir compresiones en el circuito
mermando el volumen entregado al paciente. Por todo ello interesa que estas presiones suban
lo menos posible, dentro de los valores necesarios, y también es muy importante que el sistema
respirador-circuito no disponga de compliancia interna, es decir, no tenga volúmenes internos
sometidos a presurización (canister, concertinas y/o pistón, circuito pediátrico).
12
Siempre es importante visualizar la presión plateau, por pequeño que sea el tiempo destinado a
esta pausa inspiratoria, para así poder monitorizar la presión pulmonar del paciente.
Mediante el ciclado por presión y su curva de flujo exponencial decreciente se pretende
minimizar estos aumentos de presión inspiratoria, pero en contrapartida la ventilación resulta
muy dependiente de las variaciones de la mecánica del paciente, muy frecuentes durante la
cirugía pediátrica. Los altos flujos iniciales aplicados en esta técnica no están recomendados por
posibles daños intrapulmonares (18). En pacientes de muy bajo peso es difícil detectar la
cantidad de gas que realmente se insufla al pulmón, ya que las compresiones en el circuito no
se diferencian de los volúmenes espirados y una falta de ventilación puede pasar inadvertida.
12. ¿Qué problemas
adecuados?
encontraremos
si
no
contamos
con
equipos
Se ha publicado un estudio (19) en el que se busca la relación ml/kg para ajustar la ventilación
recomendada en los niños cuando se utilizan circuitos circulares diseñados para adultos y que
no han previsto esta aplicación. En dicho estudio puede analizarse el trazado de la curva, que
sigue una forma exponencial decreciente (figura 10), con un fuerte ángulo, y que permite
apreciar que cuanto más pequeño es el paciente mucho más impreciso es el equipo, debiendo
aplicarse una ventilación proporcionalmente mucho mayor. Así, en pacientes con peso de
alrededor de 1 kg debe calcularse la ventilación entre 150 y 200 ml/kg, relación totalmente
imprecisa ya que el error supera ampliamente la ventilación a administrar (suponiendo que se
quiera aplicar un tidal de 25 ml, se debe ajustar entre 150 y 200 ml). Para pacientes de un peso
de alrededor de 10 kg esta relación baja radicalmente a 25 ml/kg, mucho más cercana, pero aún
alejada de la mínima precisión requerida para estos pacientes.
Otro problema derivado de este tipo de equipos y circuitos es la alta constante de tiempo que
ofrece el sistema a cambios de concentración, debido a que el volumen del circuito es muy
grande comparado con el volumen pulmonar del paciente, y a los bajos flujos (volúmenes
empleados) que deben lavar y cambiar la composición del sistema. La mayoría de estos equipos
tienen volúmenes totales de entre 5 y 8 litros, lo que comparado con la baja CRF de los
13
pacientes evidencia que el circuito es el responsable de la lentitud de los cambios. Hay equipos
con bajo volumen interno en los que puede desconectarse fácilmente el canister de cal sodada
trabajando en abierto para obtener los cambios con la máxima celeridad posible.
Por último, debe considerarse con mucha precaución la posibilidad de que existan tóxicos en el
canister, ya que los bajos volúmenes administrados no lavarán con celeridad estos compuestos
del circuito por lo que permanecerán en el mismo durante un tiempo prolongado siendo
administrados al paciente junto con la mezcla deseada. La mejor recomendación será la de
utilizar circuitos con desconexión de la cal y verdadero abierto.
13. ¿Cómo afectan los distintos elementos del circuito a la ventilación?
En los niños, la relación entre el espacio muerto (VD) y el volumen corriente (VC) es constante,
al igual que en el adulto (VD/VC = 0.3). No obstante, en ventilación mecánica, los incrementos
absolutos del VD por uso de utillaje inadecuado pueden ser críticos debido a los pequeños VC
empleados y los relativamente grandes volúmenes de espacio muerto añadidos. En el lactante,
con utillaje inadecuado podemos llegar a relaciones VD/VC de 0,6.
Los elementos (accesorios) que más pueden afectar la ventilación del paciente neonatal son
todos aquellos que se incorporen entre la pieza en Y y el tubo endotraqueal. En pacientes muy
pequeños debería suprimirse todo elemento o accesorio que aumente este volumen de espacio
muerto que debe movilizarse y que no interviene en la ventilación. Hay que recordar que una
simple conexión acodada tiene un volumen de 10 ml, que frente a una ventilación de 20 ml en
un pequeño paciente consume el 50% de la efectividad del volumen administrado.
El empleo de tubuladuras no especiales, es decir, con diámetros y longitudes propios de
circuitos adultos, provocará pérdidas proporcionales por compresión de gas en el circuito y
disminuirá el volumen corriente administrado. Incluso empleando circuitos especiales para niños,
se producirán compresiones y pérdidas de volumen que se calculan multiplicando la compliancia
del circuito por la presión alcanzada en el mismo. Estas pérdidas, que en adultos tienen una
relevancia relativa, en niños pequeños, debido a sus bajos volúmenes, tienen mucha más
importancia y deberán tenerse en cuenta.
Por último cabe reseñar que todos los elementos que se instalen en la rama espiratoria, como
filtros antibacterianos, transductores de espirometría, etcétera, pueden aumentar la resistencia
espiratoria ya alta de estos pacientes, por lo que debería limitarse la incorporación de estos
elementos si no son estrictamente necesarios.
14. ¿Debemos utilizar mayores concentraciones de oxígeno en los lactantes?
Tanto en niños como en lactantes y recién nacidos sanos son suficientes concentraciones de
oxígeno del 30-40% para una correcta ventilación. En niños con enfermedad pulmonar, en
ocasiones es necesario aumentar esta concentración según la saturación de O2 periférica
obtenida. Sin embargo, las concentraciones del 100% deben evitarse, excepto en situaciones
extremas (shock, insuficiencia cardíaca…), ya que actualmente sabemos que estas
concentraciones pueden contribuir a la formación de atelectasias de reabsorción debido a la
rápida difusión del oxígeno endoalveolar (10-13). Además, las concentraciones altas exponen a
14
los pacientes de riesgo a toxicidad por radicales libres de oxígeno y a los prematuros a
retinopatía.
15. ¿Qué utilidad tiene la mascarilla laríngea (ML) en la ventilación mecánica
en pediatría?
Al introducir la ML en el mercado se pensó que constituía una gran indicación para resolver
problemas de vía aérea difícil, tanto anticipada o prevista como de urgencia. Sin embargo, en
pediatría está siendo muy utilizada para el control y mantenimiento de la vía aérea permeable
durante procedimientos anestésico-quirúrgicos en los que la intubación no es imprescindible. En
este sentido, en intervenciones menores de corta duración permite evitar los inconvenientes de
la intubación traqueal (laringoespasmo, edema postintubación…) disminuyendo en general las
complicaciones, particularmente en niños con infección de la vía respiratoria alta (20).
Se emplea principalmente con ventilación espontánea y sin relajantes musculares, siendo ésta
su principal ventaja frente a la intubación, ya que asociada a Sevofluorano permite un plano
anestésico suficiente sin interrumpir la ventilación espontánea eficaz. Sin embargo, se ha visto
que también es posible utilizarla con éxito en ventilación mecánica siempre que las presiones
pico no superen los 20 cm de H2O. No obstante, se ha comprobado que cuanto más pequeño es
el niño más fácilmente se produce insuflación gástrica. Así, en mascarillas del número 1 y 1,5 se
producen problemas incluso con presiones pico bajas.
El modo ventilatorio también influye en las fugas y en la producción de insuflación gástrica. Una
modalidad sincronizada (sin lucha por parte del paciente) y con un flujo inspiratorio bajo es la
más indicada ya que no genera picos de presión elevados. El flujo continuo empleado en
pacientes de peso inferior a 15 kg resulta también muy útil ya que proporciona flujos inspiratorios
muy inferiores al resto de modalidades respiratorias (21, 22). Así, por orden de prioridad en
cuanto a mejor método, tenemos:
1.
2.
3.
4.
Ventilación mandatoria intermitente con flujo continuo.
Ventilación asistida por presión.
Ventilación mandatoria intermitente sincronizada.
Ventilación controlada por presión con presiones pico inferiores a 20 cm H2O
En caso de usar relajantes musculares, recurrimos a ventilación con flujo continuo en niños
pequeños y presión positiva intermitente o volumétrica en niños mayores, siempre con límite de
presión a 20 cm de H2O, disminuyendo el flujo inspiratorio al mínimo que asegure el volumen
suficiente. También podemos mejorar la entrega del volumen aumentando el tiempo inspiratorio
cambiando la relación I/E a 1/1,5 o incluso 1/1 siempre que la frecuencia respiratoria sea inferior
a 25 rpm.
Actualmente, con las mascarillas Proseal se consigue un mejor sellado de la glotis, ya que se
adapta mejor y, al no ser tan rígida, permite su angulación y adaptación a la cavidad oral. Por
esta razón estaría indicada siempre que se quiera usar ventilación mecánica, especialmente en
los niños pequeños (5-20 kg).
15
Bibliografía recomendada
1. Marco Valls J, Sorribes V y Fontana F. Ventilación mecánica en cirugía pediátrica. En: Belda FJ y
Llorens J. Ventilación mecánica en anestesia. Aran ediciones, S.A. Madrid. 1998; 281-297.
2. Coté CJ y Todres ID. The Pediatric Airway. En: Coté CJ, Ryan JF, Todres ID y Goudsouzian NG. A
practice of anesthesia for infants and Children. México: WB Saunders Co, 2001; 79-120.
3. Keep PJ, Manford ML. Endotracheal tube sizes for children. Anaesthesia 1974; 29:181.
4. Penlington GN. Endotracheal tube sizes for children. Br J Anaesth 1974; 29:494.
5. Malhotra SK, Dutta A. Pediatric endotracheal tubes: the advantage of outer diameter. Anesthesia
analgesia. 93(3):801-2, septiembre 2001.
6. Eck J, De Lisle G, Phillips-Bute B, Ginsberg B. Prediction of tracheal tube size in children using multiple
variables. Paed Anaesth 12: 495-8, julio 2002.
7. Khalil SN, Mankarious R, Campos C y cols. Absence or presence of a leak around tracheal tube may
not affect postoperative croup in children. Paed Anaesth 1998; 8:393-6.
8. Khine HH, Corddry DH, Kettick RG y cols. Comparison of a cuffed and uncuffed endotracheal tubes in
young chidren during general anesthesia. Anesthesiology 1997; 86:627-31.
9. Keidan I, Fine GF, Kagawa T, Schneck FX y Motoyama EK. Work of Breathing During Spontaneous
Ventilation in Anesthetized Children: A comparative study among the face mask, laryngeal mask airway
and endotracheal tube. Anesth Analg 2000; 91: 1381-88.
10. Hedenstierna G, Rothen HU. Atelectasis formation during anaesthesia: causes and measures to
prente it. J Clin Monit 2000; 16:329-335.
11. Mc Donald PF, Van der Walt JH, Parnis SJ. A timed reexpansion inspiratory manoeuvre for treating
oxyhaemoglobin desaturation in children following a period of apnoea – studies in an animal model. Paed
Anaesth 1998; 8:409-412.
12. Russell FE, Van der Walt JH, Jacob J et al. Pulmonary volume recruitment manoeuvre restores
pulmonary compliance and resistence after apnoea in anaesthetized lambs. Paed Anaesth 2002; 12: 499506.
13. Marraro G. Intraoperative ventilation. Paed Anaesth 1998; 8:373-382.
14. II Curso de ventilación mecánica en anestesia pediátrica y neonatal. Hospital Universitario La Paz.
Madrid. Marzo 2004.
15. García Bermúdez S, Gil Abaurrea I y Marco Valls J. Vía aérea pediátrica y ventilación mecánica en
anestesia pediátrica. En: Manual de anestesiología pediátrica para médicos residentes. Ed. Ergon.
Madrid 2001; 5-18.
16. Stayer SA, Bent ST, Skjonsby BS, Frolov A y Andropoulos DB. Pressure Control Ventilation: Three
Anesthesia Ventilators Compared Using an Infant Lung Model. Anest Analg 2000; 91(5):1145-1150.
17. Peters JBW et al. Minimal flow in paediatric anaesthesia 1998; 8:209-304.
16
18. Villagrá A, López Aguilar J, Bernabé F et al. Flujo inspiratorio y lesión pulmonar inducida por el
ventilador en un modelo de atelectasia. Beca FIS PI 021820, RED gira, Lilly SEMICYUC 2002 y FPT.
Corporació Sanitària Parc Taulí. Sabadell.
19. Badgwell JM, Swam J and Foster AC. Volume-Controlled Ventilation is Made Possible in Infants by
Using Compliant Breathing Circuits with Large Compression Volume. Anesth Analg 1996; 82:719-23.
20. Tait AR, Pandit UA, Voepel L, Munro HM, Malviya S. Use of the laryngeal mask airway in children with
upper respiratory tract infections: a comparison with endotracheal intubation. Anesth Analg 1998; 86(4):
706-711.
21. Lopez G, Brimacombe J, Keller C. A comparison of four methods for assessing oropharyngeal leak
pressure with the laryngeal mask airway in paediatric patients. Paediatr anesth 2001; 11(3):319-321.
22. Natalini G, Facchetti P, Dicembrini MA, Lanza G, Rosano A, Bernardini A. Pressure controlled versus
volume controlled ventilation with laryngeal mask airway. J Clin Anesth 2001; 13(6):436-439.
17
Descargar