HISTORIA ARGENTINA.
Monografía
TEMA:
Las presidencias radicales y su economía (1916−1930)
INDICE
PRÓLOGO PÁGINA 3
LA ECONOMÍA ARGENTINA PÁGINA 3
LA GUERRA Y LA ECONOMÍA MUNDIAL PÁGINA 5
INDUSTRIALIZACIÓN PÁGINA 7
AGRICULTURA Y GANADERIA PÁGINA 10
COMERCIO EXTERIOR PÁGINA 14
TRANSPORTES COMERCIALES PÁGINA 17
PETRÓLEO PÁGINA 19
CRISIS FINANCIERA DEL 29 PÁGINA 21
CONCLUSIÓN PÁGINA 23
BIBLIOGRAFÍA CONSULTADA PÁGINA 24
PRÓLOGO
Los gobiernos radicales de los períodos 1916−1930, a diferencia de cualquier otras presidencias, tuvieron
características que repercutieron en la economía actual.
El estudio de la economía de estos gobiernos puede arrojar datos muy interesantes sobre el manejo de la
Argentina de aquellos tiempos, y me puede revelar acontecimientos que me son ignorados.
La elección de este tema se debe al interés que me presenta en especial Yrigoyen y sus Períodos como
presidente, así como la primera guerra mundial y sus consecuencias.
LA ECONOMÍA ARGENTINA
En los años 20, mentalmente, la Argentina vive un período de euforia pues se cree que la situación
materialmente ventajosa que trajo la guerra continuará indefinidamente, y nadie piensa que eso puede
terminar.
La guerra europea al privarnos del carbón como combustible, incidió para que se adoptasen medidas
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tendientes a la nacionalización del petróleo, cuya preservación era importante, ya que en esos momentos el
automotor comenzaba a desplazar al ferrocarril y a la tracción animal, y se necesitaba indispensablemente de
ese combustible. Por esta razón se creó la Dirección Nacional de Yacimientos Petrolíferos Fiscales (Y.P.F.) a
cuyo frente el general Mosconi cumplió una meritoria gestión.
También como la guerra europea coincidió con la gran demanda de nuestros cereales y con el incremento de
la industria frigorífica y sus subproductos, en poder de capitales norteamericanos, se adoptaron medidas en
defensa de la agricultura, de la ganadería y de su comercialización, a través de una política intervencionista.
En consecuencia aumentó el comercio interior y exterior, favorecido por la industrialización del país, que se
manifestaba en manufacturas textiles, del calzado, del mueble, de productos alimenticios y principalmente de
industrias derivadas de la agricultura; vinícola, yerbatera, tabacalera, de oleaginosas. Para proteger la industria
siderúrgica sé prohibió la exportación de materiales de hierro y se rebajaron los fletes obrajeros para impulsar
la industria forestal. Así en 1920 las exportaciones superaron los mil millones de pesos oro.
Pero al concluir la guerra mundial la demanda de nuestra incipiente industria decayó, no así el comercio de la
carne, por lo que los propietarios rurales continuaron destinando sus tierras a la agricultura y a la ganadería,
que se exportaba libremente. Sin embargo el avance de las tierras aptas para la explotación agropecuaria llegó
a su límite y de ahí. en más fue indispensable una gran tecnificación rural para ganar nuevas áreas. Como esto
no se hizo, las exportaciones disminuyeron, dejando un saldo negativo con lo que se agravó la crisis argentina
en tiempos de la crisis mundial de 1929.
En el orden financiero se equilibró el presupuesto estableciendo el impuesto a la renta y se unificaron los
impuestos internos para evitar la superposición con los de las provincias, origen de dificultades en la venta de
artículos de consumo. Se reabrió la Caja de Conversión y se retornó al patrón oro, lo que llevó al saneamiento
de la moneda, se consolidó la deuda pública y se hicieron reformas fundamentales estableciéndose normas
para la instalación de bancos, tanto nacionales como extranjeros. No obstante en vísperas de concluir las
presidencias radicales se produjeron difíciles situaciones económicas como resultado del caos financiero
internacional.
En 1917 el ministro de hacienda Salaberry propuso crear un Banco Central para regular la circulación
monetaria, controlar la banca privada, fomentar el crédito a largo plazo y orientar la inversión. Entre sus
fundamentos expresaba:
"No hay pues, deber más imperativo a todo buen gobierno que el afrontar francamente la construcción
económica del Estado, comenzando por la base, la moneda y el régimen bancario, a que están supeditados la
vida, el desarrollo y el valor de la producción nacional. La República carece del símbolo de su soberanía
económica. No tenemos sino una cantidad reducida de moneda metálica con nuestros atributos propios, con
el cuño nacional" Hipólito Yrigoyen
El país era rico, pero paradójicamente no disponía de capitales en proporción a la magnitud de las riquezas
que encerraba su suelo.
El régimen bancario era totalmente centralista: casi la totalidad de las casas bancarias se encontraban en la
Capital Federal. Tan sólo el Banco de la Nación, y pocos más, llegaban al interior en forma deficiente.
La suerte del proyecto fue la misma de otros tantos que no pudieron concretarse, aparentemente por la presión
de intereses en pugna. A la oposición conservadora del senado se sumaba la de su propio partido y sobre todo
la del ambiente periodístico. Finalmente se crearía el Banco Central en 1935, pero como sociedad controlada
por la banca extranjera.
LA GUERRA Y LA ECONOMIA MUNDIAL
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La lera. guerra mundial puso en evidencia que el adelanto de la técnica y su aplicación a lo económico había
avan-zado mucho en la primera década del siglo XX.
los hermanos Wright volaban un avión a motor y Henry Ford construía masivamente automóviles. En 1913
Diesel patentaba el motor que lleva su nombre. Se concretaron grandes proezas en aviación, como el cruce del
canal de la Mancha en 1911. En telegrafía sin hilos Marconi logró en 1901 la primera comunicación
interoceánica entre Gran Bretaña y Terranova.
Estos adelantos habrían de recibir considerable impulso en el período bélico. Los aviones ,usados por primera
vez en la guerra ítalo−turca de 1911, mostraron su gran utilidad, el transporte de tropas por vehículos
motorizados dio más movilidad que el transporte ferroviario.
Luego de la guerra, el avión y la radiotelefonía conti-nuaron su camino ascendente. El primero lo demostraría
con el vuelo de Lindbergh a través del Atlántico en 1927, la radiotelefonía se popularizó con la multiplicación
de emisoras y la baratura de aparatos receptores.
Los principales afectados por la guera fueron, desde luego, los vencidos imperios centrales (Alemania y
AustriaHungría). Este último desaparecería dividido en multitud de pequeños Estados.
Las indemnizaciones de guerra, para Alemania fueron fijadas en 20.000 millones de mar-cos oro, y alcanzaron
a 132.000 millones (1921); Inglaterra se cobró en barcos alemanes lo perdido en mercantes hundidos, y
Bélgica y Francia tuvieron indemni-zaciones extras en vacunos, ferrocarriles o camiones. Se le extrajeron
también los territorios de Sarre, Alsacia y Lorena, Silesia y el Ruhr (éste ocupado militar-mente), y la
despojaban de grandes recursos en hierro o carbón y de importantes industrias. Hubo una crisis financiera y
económica en Alemania, que sumada al pago de las cuantiosas indemnizaciones produjo que los sectores
humildes, víctimas de la desocupación y 1a inflación, y cayeran en la mayor miseria.
Las clases medias se arruinarían y el conjunto de la sociedad vería el acaparamiento de la riqueza por una
mi-noría vinculada directa o indirectamente con los acreedores extranjeros.
Durante el período bélico la economía europea se caracte-rizó por la necesidad de incrementar las
importaciones de alimentos para 1as tropas y población entregada a actividades vinculadas con la producción
militar, y la disminución de las exportaciones de manufacturas, ya que la casi totalidad de la industria se
destinaba a las necesidades de guerra. Dentro de este esquema los Estados Unidos, primero por su aislamiento
y luego por no sufrir en forma tan directa las consecuencias de la guerra, tuvieron una situación relativamente
privilegiada. Aumentaron su exportación industrial ocupando renglones monopolizados antes por los
europeos. Por otra parte, la Unión era el gran acreedor de Europa, ya que si los países vencidos debían pagar
las reparaciones establecidas en Versalles, los aliados le debían los empréstitos y abastecimiento. Esto,
sumado al hecho de que la guerra se había desarrollado casi exclusivamente en Europa continental, hizo que la
situación de los vencedores europeos no fuera mucho más próspera que la de los vencidos. Los franceses se
desquitaron del 1870, pero al precio de 1.400.000 muertos (el 14% de su población útil entre 15 y 50 años), y
no pudieron cobrarse los gastos de guerra.
Los ingleses, por su parte, si bien perdieron menos del 6% de su población útil, tampoco pudieron resarcirse
de sus gastos y además, quedaron deudores de los países del Plata por el abastecimiento de alimentos. Era lo
de menos; el control de las economías dependientes de aquellos países les permitiría revertir la situación: de
deudores se transformarían en acreedores y con intereses.
El empeño de la economía mundial de posguerra se centra en la urgencia por la reconstrucción de Europa.
Una desequilibrada distribución de los ingresos afirmó la tendencia a la consolidación de los monopolios en
las diversas ramas de la industria: la Standard Oil en el petróleo, la Ford y la General Motors en el automotor,
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la RCA en la radiotele-fonía y, fuera de los Estados Unidos, la Róyal Dútch-Schell, la Imperial Chemical
Limitada, etc. La estandarización de la producción industrial se generalizó aún más, lo que permitió una
continua multiplicación de los produc-tos, y la división internacional del trabajo se afirmó en condiciones más
duras y extremas.
El sistema mundial de 1871 había entrado en su crisis definitiva; pero lo que era más grave, sus hasta entonces
beneficiarios no parecían comprenderlo.
INDUSTRIALIZACIÓN
La lra. Guerra mundial trajo cambios en la estructura económica argentina. Si bien esos cambios no
modificaron las características agroexportadoras, mostraron que el pro-ceso de industrialización era factible.
La guerra fue una gran experiencia en ese sentido. Na-cieron industrias para fabricar los productos
manufacturados que no se podían importar, aumentó la producción de la industria textil, la de productos
alimenticios, tabaco, cuero y metalúrgicas.
Probablemente no estaban dadas todas las condiciones para una permanente industrialización; faltaban
técnicos para organizarla y supervisarla, faltaban maquinarias y hasta la misma materia prima. Pero fue una
auténtica "conciencia nacional", lo que más faltó y que permitiese ver la posibilidad ofrecida. Cuando algunos
la vieron y quisieron hacerla ver, ya la etapa propicia había pasado. Los países embarcados en la contienda,
apenas atisbaron su termina-ción, volvieron rápidamente sus ojos a quienes habían in-crementado sus
industrias ahogando sus posibilidades de crecimiento. Ese ahogo no era, desde luego, un planeo formal, sino
que ocurría por la posesión de los medios de transporte, el monopolio del comercio de exportación y de la
energía, más la complicidad de los ganaderos que cerraba el paso a una manufactura adecuada a las
necesidades del país. Aunque no pudieron impedir que otras quedaran, e inclusive mejoraron con el tiempo.
La guerra, impulsó cierto desarrollo industrial. Nuestro país, tradicional consumidor de productos
manufacturados europeos, vio interrumpirse bruscamente su aprovisionamiento; las importaciones
disminuyeron el 40%; combustibles, maderas y artículos de construcción bajaron a la tercera parte; artículos
de hierro y metales disminuyeron a la mitad; vehículos y maquinarias bajaron de 15.000.000 a 3.000.000 U$s.
Para reaccionar al finalizar el conflicto:
1913 1915 1918 1922 (en millones de pesos oro)
Locomoción 13 6 3,5 24,5
Electricidad 9 3,5 2 4
Edificación 42 15 5,5 20,5
Maq. Industr. 8 2,5 1,5 5
Hierro y otros 9 3 0,3 3,5
Algunas cifras permiten inducir que la obligada prosperidad industrial debida a la guerra pudo haberse
mantenido.
Los establecimientos fundados durante la guerra son aproximadamente el 19% del total existente en 1918; su
capital se ha elevado de 29 a 35 millones de pesos oro entre 1913 y 1928; en producción pasan de 33,5
millones en 1913 a 49,5 millones en 1918. Entre enero y marzo de 1917 se cursan más de cien pedidos para
explotar pequeñas industrias en la municipalidad de Buenos Aires.
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Fuera del lavado de la lana, no había industria textil en 1914. Pero la guerra obligó a desarrollar los tejidos
para abastecer necesidades bélicas. El consumo de lana que en 1915 era de 5.000 tn. subió a 7.500 tn.
En 1914 se exportan 443.000 kg. de lana. En 1915 se mandan 300.000 frazadas y 150.000 mt. de paño al
ejército aliado. Las firmas Campomar y Soulas tienen tres fábricas con 2.000 obreros.
Los tejidos de algodón se vieron, en cambio, perjudicados, ya que antes de la guerra había una hilandería de
algodón que cierra sus puertas en 1915.
Los aceites comestibles alcanzan a 5.000 tn. en 1915 y llegan a 20.000 tn. en 1920, abasteciendo casi
totalmente el mercado interno.
El extracto de quebracho (tanino), que se exporta en totalidad, aumenta entre 1914 y 1920 de 5 a 15 millones
de pesos oro y de 9 a 16 establecimientos. Aumenta el ácido tartárico; en 1917 se inaugura la fábrica de
sulfato de Aluminio de Obras Sanitarias. También se fabrica ácido acético y sube la demanda de derivados de
la destilación de leña, especialmente carbón y alquitrán.
La industria papelera da sus primeros pasos; en 1917 hay 7 fábricas que ocupan más de 1.500 personas.
Progresa la lechera con la fabricación de quesos, manteca y caseína. La producción de vino y cerveza abastece
totalmente el mercado interno.
La guerra propulsa la labor minera; se establecen diez fundiciones de plomo en Jujuy y Mendoza; empieza a
explotarse el manganeso en Córdoba, Santiago y Tucumán, lo mismo el azufre. La demanda de amianto, talco
y mica se abastece normalmente por las minas en actividad; la salsa explota en Córdoba, La Pampa y Buenos
Aires. La primera fábrica de cemento había sido inaugurada en Córdoba en 1908; seguirá, durante la guerra, la
de Tandil. En 1918 la producción es de. 4.250 tn.; en 1922 llegará a 78.384 tn.
AGRICULTURA Y GANADERÍA
Hasta los años 20 la agricultura estuvo ligada a la ganadería; su variedad dependió del engorde vacuno. Pero
con la crisis ganadera empezó su auge e independencia.
Entre 1914 y 1921 los cereales y lino descendieron en su superficie sembrada del 64,5% al 56,5%, para
repuntar en 1929 al 73,5%.
La alfalfa, dependiente del ganado, siguió un proceso inverso. Su siembra en 1914 era del 30,2% y en 1921
alcanzó a 39,5% para declinar hacia 1929 con el 23,3%. Los cultivos industriales tuvieron un ritmo creciente:
la superficie sembrada en 1914 era del 1,1%; en 1921 aumentó al 1,5%; en 1929 llegaba al 2%.
La agricultura se extendió especialmente en Buenos Aires, Santa Fe, Entre Ríos, Córdoba y La Pampa. El país
preponderantemente pecuario pasa a ser agrícola.
La evolución de la superficie sembrada fue:
Provincia 1914 1921 1929
Buenos Aires 485.000 has. 420.000 has. 685.000 has.
Santa Fe 263.000 has 242.000 has 335.000 has
Entre Ríos 76.000 has 98.000 has. 140.000 has.
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Córdoba 277.000 has. 242.000 has. 353.000 has.
La Pampa 97.000 has 96.000 has. 133.000 has
La exportación agrícola fue creciente hasta la crisis de 1929 y sus promedios anuales en millones de toneladas
fueron :
Períodos Trigo Maíz Lino Harina−cebada TOTAL centeno
1915/19 2,4 2,2 0,6 0,6 6,6
1920/24 3,7 3,5 1,2 0,6 9,0
1925/29 4,2 5,5 1,5 0,8 12,18
En la década del 20 la totalidad de la tierra apta para el laboreo estaba ocupada, por lo que el crecimiento de la
agricultura debe realizarse en detrimento de la ganadería. La crisis ganadera obliga a una transferencia de
campos a la agricultura. Para entonces sus precios eran altamente rentables en el mercado internacional, por lo
que los poseedores de la tierra las entregan en arrendamiento o mediería.
Las exportaciones agrícolas aumentan; si en 1920 alcanzan el 50 % del total, llegarán al 65 % hacia fines de la
década. Hacia 1925, un buen año agrícola, aunque no excepcional, la Argentina abasteció mundialmente el
16% de maíz, el 72% de lino, 12% de avena, 20% de trigo y harina de trigo, más del 50% de carne. Entre los
cultivos principales, el lino aumentó notoriamente en este período y superó en más del doble su promedio de
antes de la guerra, el maíz aumentó un 50% y el Reino Unido mantuvo su posición de comprador principal,
pues adquirió más de la mitad de la cosecha. A pesar de que la producción de trigo era más importante que la
de maíz, tenía menos importancia con respecto al mercado internacional.
Aunque todavía insignificante, los productos lecheros mostraron un marcado aumento en el comercio exterior
Durante el período 1914−1930, se incrementan los cultivos industriales de consumo interno.
Zonas industriales son Mendoza y San Juan que cultivan la vid. En 1914 había 124.000 has utilizadas que
llegan hasta 1929 a 140.000; la producción de vino es de cuatro millones de hectolitros en 1920 y de ocho en
1929.
Tucumán, Salta, Jujuy y, en menor escala, Santa Fe siembran azúcar que de 133.000 has. en 1914, llega a
140.000 en 1929.
Chaco, Corrientes y Misiones producen oleaginosas (tártago y maní), textiles (algodón), tabaco y yerba mate.
A comienzos de siglo el maní tenía 2.000 has. cultivadas, para llegar en 1929 a 60.000; las plantaciones de
algodón eran en 1914 de 2.200 has. y en 1926 de 10.000. La producción es de consumo interno; se elaboraban
en los mismos lugares de producción. No crecieron en mayor proporción, debido a la falta de incentivos y
deficiente organización del transporte ferroviario.
El crecimiento del enfriado se postergó por la guerra. Al concluir, y superada la saturación de mercados
europeos (que consumieron durante mucho tiempo la carne en conserva o congelada acumulada durante el
conflicto, mientras dedicaban sus recursos a la reconstrucción de la economía continental), el chilled
recobraría posiciones. Las clases acomodadas − de Inglaterra− absorbían la totalidad, del producto argentino. (
el 90% de1 consumo en este rubro): En el congelado, la exportación argentina compartía con Australia el
primer lugar; en los ovinos el 30% del consumo era argentino y ocupaba el segundo puesto detrás del 50% de
Nueva Zelandias.
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En enero de 1925 la empresa británica Smith field & Argentina solicitó un incremento de su cuota del acuerdo
de 1915, invocando la ampliación y modernización de sus instalaciones (había absorbido la firma "argentina"
Sansine); a su vez, los frigoríficos Swift de Rosario y Vestey de Dock Sud solicitaron incrementar las suyas,
con la negativa de los restantes componentes del "pool" (abril de 1927). Pero esta vez los ganaderos no se
beneficiaron, ya que los frigoríficos se cuidaron de no aumentar, y por lo contrario reducir, el volumen de
compras. Si los precios subieron, no fue en la proporción de cubrir la pérdida por menor compra.
En esta nueva "guerra de frigoríficos" quedaron liquidados los pequeños. La Vestey era una empresa de
actividades totalmente integradas: "Envasaba carne en sus propias plantas, la embarcaba en sus propios
buques, aseguraba el viaje mediante su propia compañía, depositaba la carne en sus propias cámaras y la
vendía al público por intermedio de sus propias carnicerías". Fueron muchas las empresas que debieron cerrar.
En el acuerdo final de octubre de 1927, los norteamericanos quedaron con el 54,9%, los ingleses el 35,1% y
los "argentinos" el 10%.
No todo fue prosperidad en los años veinte. La adquisición de carne por los gobiernos aliados, el inglés en
especial, durante el tiempo de guerra entusiasmó a ganaderos hasta creer que la situación se prolongaría
indefinidamente. Sin embargo ya en 1916 los precios se redujeron por que la calidad requerida no era la
mejor.
Naturalmente la carne para las tropas en guerra no podía ser la selecta chilled, sino la congelada o los
corned−bee. Los entusiastas ganaderos argentinos se habían pasado de calidad y sufrían las consecuencias.
Debieron destinar sus mejores terneros al mercado interno, o cobrar por ellos el precio al que antes vendían
las vacas viejas.
No obstante, si seguía pidiéndose cantidad, no calidad. La posguerra encontró la pampa superpoblada: de 26
millones de cabezas en 1914 había llegado a 37 millones en 1922. Hubo una verdadera crisis que como debía
ocurrir en un país "colonizado" se resolvería − no sin lucha− por la ley del gallinero. Los frigoríficos
redujeron sus compras, en 1918 se habían carneado tres millones de animales para la exportación que bajarán
a un millón en 1921; los invernadores trasladaron sus pérdidas a los productores que fueron las principales
víctimas. En 1920 se dio el caso de venderse vacunos a diez pesos.
La lucha de frigoríficos, invernadores y productores fue en varios frentes:
En la Sociedad Rural, controlada al principio por los invernadores con Joaquín de Anchorena y después por
los criadores con Pedro Pagés. En el congreso, donde se discutió la posibilidad de la participación estatal; el
sector que defendía los frigoríficos contaban con la prensa de habla inglesa (Buenos Aires Heratd y la Revieu
of the River Plate ) que invocaba la libre empresa y el respeto a la constitución. La brega parecía decidirse por
los criadores al votarse leyes de precios mínimos en la venta de ganado, intervención fiscal en las carnes y
construcción de un frigorífico estatal para el abastecimiento de la capital. Pero los frigoríficos tenían muchas
fuerzas para imponerse; dejaron de comprar novillos y detuvieron, por un tiempo, la exportación de carne.
Sobraron recursos económicos y políticos para que se impusiera el más fuerte. El gobierno de Alvear se
encontró obligado a suspender la vigencia de las leyes.
La propiedad no varió fundamentalmente, aunque se nota una diferencia entre la zona pampeana y las demás.
En 1923, en la región cerealera y de lino, sobre un total de 119.999 chacras, 42.833 son de propietarios,
66.472 de arrendatarios y 10.694 de medieros. Esto se acentúa hacia 1929/30, pues sobre el total de 153.254
chacras, hay 60.535 de propietarios, 86.742 de arrendatarios y 5.977 de medieros. El crecimiento agrícola de
los años 20 se debió, sobre todo, a los inmigrantes que ingresaron en esa década y superaron , el millón. Estos,
sin capital para invertir, se hicieron arrendatarios y, muy despaciosamente, pudieron transformarse en
propietarios. En 1924 en Buenos Aires hay 35,2% de propietarios; en 1929, 38,5%; en 1924, en Córdoba,
33,8% son propietarios y 37,5% en 1929. En las provincias de cultivos industriales el porcentaje de
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propietarios es mayor: 78,9% en Tucumán y .Mendoza y 78,5% en San Juan. .
La ley 10.676 (promulgada en 1930 por Yrigoyen ) buscaba dar al colono acceso a la tierra. Autorizaba al
Banco Hipotecario Nacional a prestar al arrendatario hasta el 80 % de su valor para adquirirla. La
especulación, y excesiva valorización de algunas tierras, no permitió que alcanzase totalmente sus objetivos.
COMERCIO EXTERIOR
La guerra influyó decisivamente en el comercio exterior argentino. No en el aspecto estructural, pero sí en "su
orientación" y sistema de producción.
La guerra provocaba modificaciones en el comercio mundial: evolución hacia formas de intercambio bilateral,
la suspensión de las inversiones de capital y creciente disminución de la demanda de productos primarios.
Se inicia el "comercio triangular": como nuestra balanza comercial tiene superávit en el intercambio con
Inglaterra, y ésta tampoco se encuentra en condiciones de satisfacer nuestra demanda de productos
industriales, se busca el aprovisionamiento en Norteamérica en forma cada vez más creciente.
La especialización en productos primarios no facilitó el adaptarse a la nueva situación y aprovecharla. Pero
con todo, el ritmo de nuestra producción fue creciente como lo señala el valor de las exportaciones: en 1914
era de 404 millones de pesos oro; en 1916, 505; en 1918, 756 y en 1920, 1.172. Para caer en la crisis 1922−3 a
675 y volver a repuntar hacia el final de la década.
En la etapa de la guerra nuestra economía hubiera requerido el concurso de inversiones que mejoraran su
producción, especialmente en máquinas, usinas, extracción de combustibles, vehículos de transporte,
construcción de buques, etc. Pero en cambio se produce una retracción por las naciones inversoras, que no
sólo no pueden invertir sino que buscan la repatriación del capital invertido: Este en 1917, sigue en los rubros
tradicionales: industria, 332 millones de pesos oro; comercio, 678; ferrocarriles, 4.135.
Las exportaciones de alimentos sufrieron visibles modificaciones. Se detuvo el avance del enfriado pues,
como se explicó anteriormente a Europa no le era indispensable el buen sabor de la carne que se adquiría para
sus soldados.
Hasta 1914 el intercambio comercial con los Estados los Unidos no había sido demasiado voluminoso por el
carácter competidor de su producción en carnes y granos. Además, Norteamérica crecía económicamente
dentro de sus propias fronteras trabajando su mercado interno amparado por altas barreras fiscales que
impedían el ingreso de manufacturas europeas. A1 encontrarse en condiciones de exportar capitales no lo
hicieron (fuera de los frigoríficos) más allá de los países del Caribe. Esta situación se mantuvo hasta la guerra
que obligó a Europa, y en especial a Inglaterra, a dedicar su esfuerzo a las necesidades bélicas disminuyendo
sus exportaciones a Argentina. La disminución de las importaciones fomentó como vimos una incipiente
industria pero casi siempre, limitada al armado; las piezas componentes debían traerse de Estados Unidos. A
Su vez el país del norte necesitaba alimentos para abastecer a sus tropas de ultramar que la producción nativa
no cubría. El intercambio con la Argentina alcanzaría así el .poderoso volumen de 421 millones en 1920 .
Deben sumarse las inversiones de capital en agencias noticiosas y empresas de comunicaciones. A partir de la
década del 20, United Presss y Associated Press sirven la mayoría de los diarios Argentinos y RCA adquiere
una radioemisora en Buenos Aires.
Estas inversiones norteamericanas se iniciaron con los frigoríficos, como vimos. A1 diversificarse, pasaron de
40 millones de dólares en 1913 a 100 millones en 1924 y llegarán a 355 a fines de la década. La Argentina era
en 1929 el país latinoamericano con mayor inversión norteamericana después de Cuba y Méjico.
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A medida que avanza la década del 20 se hace más notoria la resistencia norteamericana a adquirir víveres y
materia prima en la Argentina, desaparecida la causa que la incrementó durante la guerra. La defensa de los
agricultores del Medio Oeste lleva al congreso norteamericano a medidas prohibitivas: en mayo de 1921
incrementará las tasas a la importación (que en esos momentos representaban más del 15% de las
exportaciones argentinas).
La Sociedad Rural −presidía Luis Duhau− inició una campaña con el lema "comprar a quien nos compra" .
Aunque no es descartable una sugestión británica, debe tenerse en cuenta . que a los frigoríficos
norteamericanos, cuyos intereses se resentían con la política restrictiva de su país, les convenía la campaña.
Que alcanzó su cumbre cuando Alvear incluyó el lema en su mensaje anual de 1927. No obstante debió
seguirse comprando manufacturas en Estados Unidos porque Inglaterra suministraba malo y poco.
En 1918, refiriéndose a una convención comercial con Inglaterra, Francia e Italia, el gobierno propuso
establecer precios mínimos, términos de compras de cereales y control de las nuevas compras. Insistió en
1919, consiguiendo aprobarlo en diputados, pero no en senadores, debido −conjeturalmente− a la presión de
firmas exportadoras y a la campaña de La Prensa y La Nación, contrarios a la intervención del Estado.
Durante la segunda presidencia de Yrigoyen se repite el hecho en los tres convenios bilaterales proyectados
con Gran Bretaña, Méjico y la Unión Soviética. Los acuerdos serían directos "de nación a nación" −
descontando los intermediarios multinacionales encargados de la exportación e ignorando los consorcios que
disponían del mercado nacional. Justo lo opuesto a la liberalidad librecambista de los socialistas y al "dejar
hacer" de 1a cátedra liberal.
TRANSPORTES COMERCIALES
En 1916 se proyectó la Marina Mercante Argentina, necesaria por la guerra. Fueron remitidos varios
proyectos que el congreso poseía, entre ellos uno de 1918 que expropiaba buques de ultramar de matrícula
nacional. Se logró, no obstante, una pequeña flota de siete barcos y dos petroleros. Por decreto del 23 de abril
se adquiere el transporte Bahía Blanca.
La red ferroviaria de centro en Buenos Aires, con el casi monopolio británico, preocupaba desde los tiempos
del régimen. Ya Ramos Mejía, en 1908, había procurado la corrección de esa política en los ferrocarriles de
los territorios nacionales. Pablo Torello, ministro de Yrigoyen, con impulso nacionalista revisó las
concesiones incumplidas, defendió a Ferrocarriles de1 Estado y propuso un sistema con salida al Pacífico.
En 1916 se ha resuelto, por decreto, la caducidad de diez mil kilómetros de vías férreas imaginarias, cuyo
plazo de construcción estaba vencido. Más adelante, el congreso (con mayoría opósitora) dispone la venta de
los ferrocarriles nacionales a una empresa privada. Yrigoyen y TorelIo, sencillamente la vetan.
Para el gobierno radical toda combinación que asociase el sistema fiscal ferroviario con una compañía
particular, resultaría siempre en beneficio exclusivo de la última,
"dado que las líneas complementarias a construirse ( . . . ) son las destinadas a proporcionarnos un tráfico
interno sirviendo a las zonas más ricas de la República y dando salida por el litoral, al interior y al norte,
con grandes ventajas económicas de sus fuentes naturales de riqueza".
En la segunda presidencia se proyectan el ferrocarril de Rosario de Lerma a Huaytiquina al norte, y en el sur
el Trasandino. Ambos con salida al Pacífico, para evitar enormes gastos de los productos del oeste en su
transporte al Atlántico. Preocupaba a Yrigoyen la desventaja de las provincias del norte y centro del país "que
bosquejan el cuadro más sombrío de las arraigadas perversiones públicas, deben recibir de inmediato los
beneficios del apostolado a que dieron culminación con toda la suma de sacrificios y abnegaciones que
demandara" .
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E1 litoral mesopotámico quedó comprendido en el plan ferroviario: se proyectó un ferrocarril a Yacuiba y otro
de Diamante a Curuzú:,Cuatiá; El país conservaba, en su estructura interior, la disposición de la antigua casa
colonial. Según el mensaje de 1920 (indudablemente redactado por Torello) era "un frente al Atlántico con
una gran puerta exterior, Buenos Aires, y un larguísimo fondo hasta las proximidades del Pacífico y de. rla
red fuvial del Amazonas" sin salida comercial hacia ellos.
La iniciativa, ambiciosa y revolucionaria, tuvo apoyo en diputados, pero tropezó con la oposición del Senado.
El 12 de marzo de 1921, en acuerdo de ministros, se ordenó la construcción de la línea Rosario de Lerma a
Huaytiquina, autorizándose $ 5.000.000. La Contaduría observó el decreto, pues no provenía de orden
legislativa. El ejecutivo insistió el 14 de junio en nuevo acuerdo de ministros; en julio de 1922, quedó firmado
en Santiago de Chile el protocolo Noel−Barros Jarpa, comprometiéndose Chile a su salida a puerto en
Antofagasta.
En el mensaje de 1922 se insistía en la importancia de esta salida al Pacífico; si el paso de Hauytiquina era
costoso podría realizarse por Socompa.
Caído el gobierno en 1930, las obras quedaron detenidas. Dieciocho años después, el proyecto pudo
concretarse: la línea de Huaytiquina fue inaugurada en 1948.
PETRÓLEO
Desde el descubrimiento del petróleo en Comodoro Rivadavia, en 1907, los gobiernos intentaron proteger los
derechos fiscales de esta riqueza.
Se establecieron áreas de reservas. La primera por decreto de Figueroa Alcorta (14 de diciembre de 1907),
prohibía. la denuncia de pertenencias y concesión de permisos y aseguraba una reserva fiscal de 200.000 has.
La segunda se realizó en 1910 (ley 7059), que la redujo a 5.000 has. por cinco años. Vencido el plazo se la
prolongó por otros cinco (ley 9664 de 1915).
Hubo también varios proyectos nacionalistas: el del radical Tomás Veyga, que propuso impedir la explotación
del petróleo por las grandes empresas extranjeras; del diputado,
también radical, Carlos F Melo ,para quien los yacimientos del petróleo son bienes privados del Estado y
deben declararse de utilidad pública; Melo quería "dar a1 Estado Nacional un dominio industrial de valor
incalculable, que ha de salvarle de las consecuencias de la caducidad completa de su régimen económico y
rentístico, expresada en el angustioso estado actual de la mayoría de la población trabajadora y en la
mengua de los recursos de la Nación en los inmediatos últimos años"
Las empresas privadas que rodearon a la reserva fiscal produjeron entre 1907 y 1916 una ínfima cantidad de
petróleo a pesar de sus terrenos muy ricos. En realidad no se empeñaron ni en la exploración ni en la
explotación; su solo interés era acaparar los permisos de cateo y vencer los grupos contrincantes.
Los ingleses habían adquirido los campos de la Compañía Mendocina de Petróleo que transformaron en The
Argentine Western Petroleum Syndicate, pero no tardó en abandonar los trabajos iniciados en Cacheuta; tres
años después los reanudaría con The Cacheuta Oil Syndicate.
La Standard Oil poseía en 1913 reservas en Comodoro Rivadavia. Con el correr del tiempo surgieron otras
empresas, la Astra y Ferrocarrilera.
Entre 1907 y 1916 las empresas extranjeras se limitaron en Comodoro Rivadavia a explorar el terreno,
dejando que el Estado corriera con riesgos. La importación y comercialización de nafta y kerosene fue
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contratada por Standard por medio de la West Indian Oil Company y la Compañia Nacional de Petróleo. La
Standard controló así prácticamente el consumo de la nafta y el kerosene; dominó la plaza, fijó los precios y
prohibió a los minoristas comprar a otros proveedores.
Con la guerra, la llegada del combustible, en especial carbón de piedra, quedó frenada. Debió recurrirse a la
producción nacional, realizada casi exclusivamente por el Estado.
Finalizada la contienda la importación de carbón aumentó nuevamente, al igual que la de combustibles
líquidos: el país siguió dependiendo del aprovisionamiento extranjero. Pero a partir de 1922 las empresas
privadas aumentan su producción hasta entonces escasa, duplicando su rendimiento.
Después de 1916 se agregará a la exp1otación petrolera la Anglo Persian a través de la Compañía Industrial y
Comercial del Petróleo (1920), la Royal Dutch o Y. Sounnceveld o Diadema Argentina (1920), la Compañía
Coster o Sirius o Compañía Petrolera Solano (1922), la Empresa Kinhelin (alemana) (1922), etc.
Las compañías rodearon las reservas fiscales de Comodoro Rivadavia y Plaza Huincul.
La Standard 0i1 siguió dominando el mercado a través de la Compañía Nacional de Petróleo y la West Indian
Oi1 Company. Sus ganancias no se conocen porque no publican sus balances.
Aparecieron nuevas compañías controladas por alguno de los dos monopolios. Del grupo angloholandés
dependían la Eastern Petroleum and Finance, la Antorcha Argentina y La Perla. Del grupo norteamericano la
Standard Oil S.A. Argentina, Galera Signal Oil Company, S.A. Surtidores Wico, Lubricantina S.A.
Alrededor de la reserva fiscal de Comodoro Rivadavia llegó a haber treinta empresas (La Ferrocarrilera,
Astra, Compañía Industrial y Comercial).
En Plaza Huincul la situación era similar. La Standard Oil ubicó petróleo cerca de la reserva; la misma
empresa o sus subsidiarias se encontraban en el norte e iniciaban trabajos en Mendozá.
Entre 1922 y 1928, empieza en el norte una lucha entre la Standard Oil e YPF. Salta y Jujuy decretan reservas
que impiden cateos a las empresas privadas. Pero, como éstas las conocieron, al parecer, de antemano,
.presentaron con anterioridad solicitudes de cateo, que invalidaban la previsión fiscal. En 1925; el gobernador
conservador Corvalán (de Salta) concedió a la Standard el petróleo salteño en desmedro de YPF (invocándose
el "federalismo" contra la empresa nacional), anulada en 1928 por el gobernador yrigoyenista Cornejo.
CRISIS FINANCIERA DEL 29
En el año 1929 se produjo una crisis financiera que afectó la economía mundial. Estalló en los Estados Unidos
y alcanzó a las potencias altamente industrializadas, porque fue una crisis de superproducción y de crédito,
agravada por las especulaciones bursátiles.
En efecto, como consecuencia del conflicto mundial de 1914 los nuevos países industriales aumentaron
considerablemente su producción para abastecer a las potencias en guerra, al mismo tiempo que entraban en
una economía de producción países que no lo habían sido hasta entonces como el nuestro y que debían
enfrentarse competitivamente, al concluir la lucha armada, con las antiguas potencias industriales, de
manufactura superior. Entonces se desequilibró la relación oferta−demanda, abundaron los productos por lo
que rebajó su precio y la gran cantidad de mercadería almacenada provocó la desocupación con todos sus
inconvenientes. Por otra parte, el abuso del crédito que fue interrumpido con el retiro o bloqueo de capitales,
paralizó las industrias. Todo esto coincidió con un aumento ficticio de los valores bursátiles de acuerdo con la
superproducción en la bolsa de Nueva York. Pero al iniciarse la baja de los precios, comenzó la venta masiva
de valores que al no tener comprador disminuyeron su cotización. Así quebró la Bolsa de Nueva York y el
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proceso de quiebra alcanzó a los bancos europeos; Gran Bretaña devaluó su moneda, iniciándose el caos en el
comercio internacional.
Por eso la década siguiente a la de la grave crisis, fue una etapa de recuperación y tanto las democracias
liberales como las repúblicas socialistas, aplicaron políticas similares en la economía, como el proteccionismo
y el autarcismo, o sea el intervencionismo estatal y la economía dirigida.
Esta será la política del New Deal sostenida por Roosevelt en los Estados Unidos, la de Unión nacional por los
ministerios ingleses, la del Frente popular en Francia, la del fascismo en Italia y la del nazismo en Alemania.
CONCLUSIÓN
La república Argentina, desde sus comienzos, se ha forjado como un país netamente dependiente del campo y
de la exportación de materias primas, ya que posee un territorio propicio para esta actividad.
Entre 1916 y 1930 se sucedieron tres gobiernos radicales: desde 1916 hasta 1922 gobernó Hipolito Yrigoyen ,
luego, por seis años más lo sucedió el Radical Marcelo Torcuato de Alvear, y al concluir éste su mandato,
Hipolito Yrigoyen fue elegido nuevamente como presidente de la república hasta que fue derrocado por un
golpe de estado el seis de septiembre de 1930.
Este período de gobiernos radicales tuvo especial importancia en la historia y en la evolución económica
argentina, pues dichos presidentes tuvieron que afrontar un hecho histórico que acarreó graves consecuencias
para nuestro país y para los países con quienes la argentina tenía relaciones económicas, la primer guerra
mundial.
La primera guerra mundial, cambió totalmente el panorama económico mundial de aquella época, cambió la
estructura de el consumo europeo y si la Argentina, país desde siempre agroexportador, no se adecuaba
rápidamente, quedaba sin vender su producción. También llevó a sustituir las importaciones y a comenzar una
lenta industrialización de emergencia, que produjo numerosas manifestaciones durante todo este período de
gobiernos radicales, producto de las crisis económica, una de ellas, la mas famosa, fue la semana trágica, de
enero de 1919 en la que murieron trabajadores en reclamo por sus derechos.
La guerra llevó a los países productores de materias primas a producir mucho más de lo común, por esto es
que el fin de la guerra produjo una gran crisis económica mundial, que afectó, aunque en menor escala que a
otros países, a la argentina y agravó la situación que acarreaba este país.
Esta crisis junto con otras causas fueron los detonantes de el golpe de estado del 6 de septiembre de 1930, que
finalizó con el período de gobiernos radicales,(1916−1930).
BIBLIOGRAFÍA
• Romero, Luis Alberto Breve historia contemporánea de la Argentina
• Argentina desde 1832 y el mundo contemporáneo, Cesarini Hnos.
• Historia Argentina y el mundo contemporáneo, editorial Aique
• Rosa, José María Historia Argentina
• Historia 3, Ed. Kapeluz
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