4.1.- NOVELA DE POSGUERRA: LAS NOVELAS INAUGURALES

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4.1.- NOVELA DE POSGUERRA: LAS NOVELAS INAUGURALES DE LOS AÑOS 40
(CELA. LAFORET. DELIBES)
La novela española de posguerra se caracteriza por la pérdida de numerosas referencias literarias,
motivada principalmente por la muerte de algunos escritores (Unamuno, Valle Inclán) y el exilio de otros
(Sender, Aub, Rosa Chacel, Ayala...), la censura y la imposibilidad de importar textos de autores extranjeros.
Tras la Guerra Civil (1936-1939), los narradores debieron crear una nueva tradición novelística
que, en parte, retomó los modelos de la narrativa realista de autores como Galdós o Baroja. Se rompió, así, la
continuidad con la línea de vanguardismo y experimentación iniciada en las décadas de preguerra. Pero en la
posguerra, los novelistas españoles cultivaron fundamentalmente tres tipos de novela: la ideológica o
política, la realista clásica y la humorística. En general, todas ellas reflejaban una visión pesimista y
existencial de la realidad, y se convirtieron en el punto de partida de la nueva narrativa.
Incluiremos en el primer tipo, la novela de los vencedores que apoyó, sobre todo, la visión
ideológica de los falangistas y la reivindicación de ciertos valores considerados fundamentales. En estas
novelas, el mundo se divide de forma maniquea entre vencedores (la más lograda expresión de las virtudes) y
vencidos (ejemplo de todo lo negativo). Obras de esta tendencia son La fiel infantería (1943), de Rafael
García Serrano, y Javier Mariño (1943), de Gonzalo Torrente Ballester. Por otro lado, la novela realista
clásica proporcionó algunas novelas en las que la vida de la burguesía, sus valores y sus comportamientos
constituyen el tema fundamental. El argumento, muy extenso, se suele desarrollar en un largo período de
tiempo con una amplia sucesión de hechos que da lugar a la llamada novela-río. Grandes autores son Juan
Antonio de Zunzunegui -La úlcera (1949), Las ratas del barco (1950)- e Ignacio Agustí (con Mariona
Rebull). Y finalmente, La novela de humor y fantasía creó mundos imaginarios que constituyeron
recursos para rechazar una realidad que resultaba demasiado terrible. Se intentaba así una superación del
realismo tradicional con una visión desencantada y escéptica. El representante más destacado de esta
orientación fue Wenceslao Fernández Flórez, autor de El bosque animado.
Sin embargo, ya en la década de 1940, las novelas marcan el inicio de una nueva narrativa con "La
familia de Pascual Duarte" de Camilo José Cela y "Nada" de Carmen Laforet, que comparten un tono
sombrío y existencial, junto con una actitud evasiva. A ellos, se les añaden Miguel Delibes y Ana María
Matute. Sus novelas reflejaban el desolado mundo de la posguerra desde una perspectiva pesimista,
plasmado en personajes tristes y desorientados.
CAMILO JOSÉ CELA (1916) es un autor gallego, cuyas obras reflejan un profundo pesimismo que, a
menudo, se enmascara bajo un humor negro muy característico. Estudió medicina y cuando estalló la Guerra
Civil se alistó en el bando franquista; obteniendo un cargo como funcionario después de la misma. Tras
cosechar grandes éxitos con La familia de Pascual Duarte. se dedicó plenamente a la literatura, lo que le
valdría el Premio Nobel en 1989. Murió en 2002.
En su estilo, destaca la riqueza expresiva y la habilidad en la descripción de tipos y ambientes. Su
trayectoria muestra también su afán de experimentar nuevas técnicas narrativas, en las que se diferencian
varias épocas. En su primera etapa, destaca la novela de "La familia de Pascual Duarte", un relato
tremendista por su truculencia, con un cúmulo de crímenes y atrocidades. Su crudeza provocó una polémica
en torno al pesimismo existencial de Cela, que continuará con obras como Viaje a la Alcarria y el Pabellón
de reposo; en su segunda etapa, escribe "La colmena", libro con el que inicia la etapa de realismo social y
de renovación formal (en esta obra, destaca el personaje colectivo, la condensación temporal y su carácter de
novela abierta, ofreciendo una panorámica del vivir colectivo).
No obstante, Cela, en esta obra, sigue presentando una visión pesimista y existencial pero con objetividad;
se trata de una novela social). En su última etapa evoluciona hacia el experimentalismo con obras como
“Cristo versus Arizona” , “Oficio de Tinieblas” o “San Camilo 1936”.
CARMEN LAFORET nació en Barcelona en 1921, pero vivió hasta los 18 años en Canarias. Tras
casarse con el crítico literario Manuel Cerezales, publicó su primera obra, titulada Nada, en 1944. Fue
galardonada con el premio Nadal y sorprendió que una muchacha desconocida en los ambientes literarios se
alzara tan merecidamente con este premio (NADA es una novela de aprendizaje, que narra la vida de
Andrea con unos familiares en Barcelona, donde va para realizar estudios universitarios. Por medio de
personajes frustrados, de catástrofes personales y de un ambiente opresivo y sórdido, se presenta una visión
pesimista de la realidad, aunque al final se insinúa un rumbo favorable en la vida de la protagonista, que
abandona la casa familiar.).
Nada produjo verdadero asombro, y su influjo fue notable. Aún hoy sigue siendo una de las obras
fundamentales de la novela contemporánea. Sus obras posteriores, estimables, no lograron, sin embargo,
igualar siquiera el logro de aquélla. Citemos La isla y los demonios (1952), La mujer nueva (1956).
También escribió otras obras, como libros de viajes y cuentos; y mantuvo una notable relación epistolar con
el escritor aragonés Ramón J. Sender. Murió en Madrid en 2004.
MIGUEL DELIBES nació en Valladolid, 1920. Ocupa uno de los primerísimos puestos de la novela
contemporánea. Su abierto humanismo cristiano le lleva a acercarse a los humildes y a criticar la
sociedad burguesa. Así, tras revelarse con La sombra del ciprés es alargada (Premio Nadal, 1947),
aborda con realismo el mundo rural en El camino (1950), Diario de un cazador (1955) o en una obra
maestra, Las ratas (1962), impresionante cuadro de la vida de un pueblo meseteño; mientras que las
costumbres y mentalidad de la burguesía provinciana son objeto de certero análisis en obras como Mi
idolatrado hijo Sisí (1953).
Una segunda etapa se inicia en 1966, con Cinco horas con Mario. Aquí, Delibes junta la
preocupación ético-social y la renovación formal, incorporando un monólogo interior de un personaje, que
le sirve para hacer una crítica irónica a las clases medias. Esta obra supuso una intensificación de la
carga crítica y, a la vez, una búsqueda de nuevas formas.
Esta búsqueda se acentúa en la tercera etapa, con la alucinante Parábola del náufrago (1969),
de un experimentalismo muy distante a su realismo habitual y en donde hace una parodia de la
deshumanización del individuo moderno. Junto a esta hay que señalar otra obra maestra, Los santos
inocentes (1981), en donde recupera el experimentalismo y la denuncia social a través de una nueva
incursión en el entrañable y áspero mundo rural.
Caracterizan siempre a Delibes unas excepcionales dotes de narrador, una insuperable
capacidad para reflejar tipos y ambientes, y un seguro dominio del idioma, lo que le permite acertar,
con difícil facilidad, en los más variados registros, sobre todo en la autenticidad del habla popular.
Ingresó en la Real Academia Española en 1974. (…)
Hasta 1978 no volverá al género novelístico con “El disputado voto del señor Cayo”. En 1981 publica “Los
santos inocentes” y su séptimo libro de caza “Las perdices del domingo”. Junto a Gonzalo Torrente Ballester, obtiene
el Premio Príncipe de Asturias de las Letras 1982. En 1983, “Cartas de amor de un sexagenario voluptuoso”;
1987, “377A Madera de héroe” ; Señora de rojo sobre fondo gris (1991) (un homenaje a su esposa Ángeles de Castro
fallecida en 1974). Y cuando ya parecía que había puesto punto final a su obra narrativa, publica en 1998 “El hereje”,
novela documentada y ambientada en el Valladolid del siglo XVI. Y en 2005, con su hijo, biólogo e investigador del
CSIC publica un libro de conversaciones “La tierra prometida.¿Que mundo herederán nuestros hijos”.
Agradecemos la colaboración de Dani Ríos, Pablo Orús, Ángel Satorres y Javi Casas.
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