UNIVERSIDAD NACIONAL DE MAR DEL PLATA
FACULTAD DE PSICOLOGIA
INSTRUMENTOS DE EXPLORACION PSICOLOGICA II
“APARATO PSIQUICO Y MECANISMOS DE DEFENSA”
LIC. ANDREA CORTEJARENA
LIC. PATRICIA MARIN
LIC. ADRIANA RAFFY
- MATERIAL DE CATEDRA 2009 -
Lic. Andrea Cortejarena
Lic. Patricia Marín
Lic. Adriana Raffy
APARATO PSÍQUICO Y MECANISMOS DE DEFENSA
En la obra de Freud el término “Defensa” aparece por primera vez en
el año 1894, en el estudio sobre “Las neurosis de defensa”, homologado al concepto de
“Represión” para referirse a los rechazos instintivos que realiza el Yo contra ideas y
afectos dolorosos e insoportables. Luego lo abandona y sustituye por el de represión y
es en 1926 en “Inhibición, síntoma y angustia”, donde retoma el concepto de defensa
como “una designación general de todas las técnicas de que se sirve el yo en los
conflictos eventualmente susceptibles de conducir a la neurosis, reservando el término
represión para uno de los métodos de defensa”.
Pero antes de referirnos específicamente a los mecanismos
defensivos, repasemos ciertas nociones generales del funcionamiento psíquico, las dos
tópicas freudianas y las relaciones entre las instancias psíquicas, para luego sí,
especificar el término “mecanismo de defensa”.
En 1913, Freud establece una topografía de la mente distinguiendo lo
consciente de lo no-consciente y, dentro de lo no-consciente, lo inconsciente de lo
preconsciente (susceptible de acceder a la conciencia), por lo que el conflicto psíquico
se plantearía entre estas dos instancias: CC/ICC.
Pero esta descripción del Aparato Psíquico en términos topográficos
le resulta insuficiente a Freud en la medida que va ahondando en el análisis del Yo y los
mecanismos de defensa, ya que no le es suficiente la explicación de que el conflicto se
daría entre lo consciente y lo inconsciente dado que los mecanismos defensivos del Yo
son también inconscientes. Así, propone una nueva concepción del psiquismo. En la
primera teoría tópica del aparato psíquico intervenían tres sistemas: ICC, PCC y CC. En
esta segunda teoría distingue tres instancias: el Ello, el Yo y el Superyó, que fue
ampliamente desarrollada en su obra “el Yo y el Ello” de 1923.
El Ello son las fuerzas instintivas, el polo pulsional, ajeno a la
voluntad del sujeto. Abarca la representación psíquica de los impulsos instintivos.
El bebé al nacer es “puro Ello”, el Ello sería la materia inicial de la
cual van a surgir, por diferenciación progresiva el Yo y el Superyó.
En las primeras etapas del desarrollo, la relación del bebé con su
propio cuerpo constituye un factor importante para la evolución del Yo. Éste es para el
bebé la realidad que tiene a su alcance inmediato como fuente de gratificación. El
cuerpo es el factor más importante en la evolución del Yo en estos primeros momentos,
por eso se dice que el Yo es primeramente un Yo corporal, que luego irá madurando por
su contacto con el mundo externo a partir de factores madurativos y experiencias de
placer y dolor, diferenciándose el yo y no- yo y, finalmente, consolidándose las
funciones sintéticas del mismo al concluir los procesos de identificación.
El bebé tiene necesidades (del Ello) que exigen inmediata satisfacción,
Pero el Ello, que es el reservorio pulsional, no puede comunicarse directamente con el
medio externo. Es el Yo, que rige la motricidad, la percepción, la memoria (funciones
sintéticas), el que va a relacionar la necesidad del Ello con lo que el medio permite o no
satisfacer. El yo se desarrolla por diferenciación del aparato psíquico en contacto con la
realidad externa. Inicialmente formaba parte del ello, pero la percepción de la realidad
exterior lo va modelando. Se puede decir que la percepción es para el yo lo que los
instintos para el ello.
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Existen dos modos de funcionamiento del aparato psíquico: proceso
primario y proceso secundario. El Ello se rige por el proceso primario que es la
tendencia a obtener sin demora gratificaciones de deseo. Es típico del Ello y del Yo
inmaduro. Se caracteriza por la movilidad de las cargas, es decir, la facilidad con que la
carga puede ser desplazada de su objeto original a un objeto sustituto de éste (por
ejemplo: en ausencia del pecho o la mamadera, el bebé se chupa el dedo, logrando así,
momentáneamente, la satisfacción).
El proceso secundario se caracteriza por la posibilidad de postergar la
satisfacción de la necesidad. La capacidad de espera se puede observar a partir del
desarrollo del lenguaje.
Estos procesos (primario y secundario) son correlativos del principio
de placer y de realidad respectivamente.
El Superyó comprende las funciones morales inconscientes y la
conciencia moral y su formación se corresponde con la declinación del Complejo de
Edipo consecuencia de la amenaza de castración. Es en esta etapa donde se internalizan
los principios morales, que hasta el momento eran dictados por las figuras parentales.
Esto no quiere decir que no lo hagan luego de la aparición del Superyó; lo que quiere
decir es que el niño comienza a tener dentro de sí las nociones de lo que e debe hacer y
lo que no, independientemente de la presencia real de los padres. Existe ya una norma
interna que determina el comportamiento de un sujeto respecto a los demás.
Paulatinamente la realidad le va demostrando al niño que el padre es
más poderoso que él. Además siente culpa porque, a su vez, quiere al padre. Esto va
significando un proceso por el cual el niño va superando su situación edípica, surgiendo
así el Superyo que estará formado por identificaciones con los aspectos morales y
prohibidores de la figura paterna. Cuando se producen estas identificaciones, son estos
aspectos prohibidores los que ayudan a que el Yo (mediador entre las instancias, y de
éstas con la realidad) pueda llevar a cabo la lucha contra los deseos edípicos e
incestuosos. Dirá Freud en “El Yo y el Ello”: “El vínculo (del Superyó) con el Yo no se
agota en la advertencia: “Así (como el padre) debes ser, sino que comprende también la
prohibición: Así (como el padre) no te es lícito ser, esto es, no puedes hacer todo lo que
él hace; muchas cosas le están reservadas”.1
Establecido el Superyó, tiene que convertirse en un aliado importante
del Yo para luchar contra los reclamos del Ello, pues le ayudará a reprobar aquello que
puede ser considerado indebido, inoportuno, prohibido. En la medida en que el Superyó
actúe tolerantemente, entonces el Yo estará en condiciones de poder frenar los impulsos
del Ello. Pero si el Superyó es rígido y sádico, el Yo encontrará difícil cumplir con sus
prohibiciones y será sometido a castigos permanentes. El Yo queda sometido a tres
servidumbres, quedando amenazado por tres clases de peligro: de parte del mundo
exterior, de la libido del Ello y de la severidad del Superyó.
Habría un aspecto más a tener en cuenta al hablar del Yo: su
capacidad para generar angustia., que es el arma principal que tiene el Yo para dominar
los impulsos del Ello, el manejo del medio exterior y la satisfacción a las prohibiciones
que le impone el Superyó.
Hay una angustia real, ante un peligro conocido; y una angustia
neurótica, ante un peligro que no conocemos, pero que siempre se trata de un peligro
instintivo.
1
Freud, S. “El Yo y el Ello y otras obras” XIX (1923-1925), Amorrortu Editores, pág. 36.
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Recordamos que la angustia primaria tiene un carácter inespecífico, es
un fenómeno automático que aparece bajo la forma de pánico y es experimentada por el
yo en forma pasiva. Cuando el yo madura, dispone de capacidad anticipatoria del
peligro y tal anticipación actúa como una señal para la activación de defensas y de esa
manera mantiene su cohesión. La angustia señal, el sentimiento de culpa y el asco y
vergüenza, son motivos de activación de las defensas.
Cuando el Yo se opone a la emergencia de un impulso del Ello, lo
hace porque siente que ese impulso significaría crear una situación de peligro. El
conflicto originario entre el ello y el mundo externo se transforma en un conflicto
intrapsíquico entre el ello y el yo. Aparece la angustia como señal de alarma, y este
impulso es reducido, reprimido, para poder impedir el peligro que implicaría la
manifestación del impulso prohibido. Para defenderse de este peligro es que el Yo pone
en marcha los mecanismos de defensa.
Los mecanismos de defensa del Yo son formaciones inconscientes que
tienden a protegerlo de montos de angustia intolerables, de modo que no en todas las
circunstancias pueden considerarse patológicos, atendiendo a su condición de
protectores.
Bleger en “Psicología de la Conducta”, considera que “las conductas
defensivas son técnicas con las que opera la personalidad total, para mantener un
equilibrio homeostático, eliminando una fuente de inseguridad, peligro, tensión o
ansiedad”.
Rafael Paz sistematiza los conceptos básicos de las defensas del
siguiente modo:
1) Desde el punto de vista evolutivo: el pasaje desde formas primarias de defensa a
otras más evolucionadas, que suponen una respuesta menos global y abren la
posibilidad de poner en juego una gama variada de recursos.
2) Desde el punto de vista tópico: son inconcientes, pueden eventualmente tornarse
concientes (ej. en un fóbico, perentoriedad en abandonar determinado lugar).
3) Desde el punto de vista estructural: pertenecen al yo, en tanto instancia que se
define por su tendencia al mantenimiento de la cohesión de la personalidad.
4) Desde el punto de vista de los motivos de la defensa. Básicamente, las pulsiones
primarias y secundariamente sus derivados representacionales y afectivos.
(Fenichel refiere como motivos: la angustia, el sentimiento de culpa y el asco y
vergüenza).
5) Desde el punto de vista de la salud: algunos corresponden al desarrollo sano y
otros al patológico, lo que dependerá:
 del ajuste o no al momento evolutivo
 de la capacidad del yo para modificar un impulso vs. el impulso que irrumpe
de forma deformada por lo que no puede ser reconocido por el yo y de este
modo repetirá una y otra vez. (defensa exitosa/defensa ineficaz).
 la variación en su quantum o grado de aparición
 la flexibilidad de las defensas o rigidez que frena su armonía y adaptación.
Otra manera de referir la normalidad o patología de las defensas, es
clasificarlas según su éxito o su ineficacia. Serán exitosas cuando dan lugar a la
cesación de lo que se rechaza y son ineficaces cuando obligan a una repetición o
perpetuación del proceso de rechazo, a objeto de evitar la irrupción de los impulsos
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rechazados y además producirá actitudes constreñidas que conducen a la fatiga y falta
de relajación.
Hemos dicho que la defensa es exitosa o eficaz cuando cesa lo que se
rechaza mientras que la insistencia del impulso refiere a su ineficacia. Imaginemos que
Juan debe rendir un examen que lo tiene muy inquieto y que el día en que debe hacerlo,
amanece con ronchas en su piel, tan molestas y antiestéticas que le obligan a no ir al
colegio. Durante la mañana, las ronchas fueron atenuándose y se fueron de a poco.
Aprovechó la mañana para ordenar su cuarto y luego navegar por Internet. Podemos
decir que la angustia o malestar previo al examen ha remitido por lo que la defensa ha
sido eficaz.
Pero si en esa misma situación, luego de que Juan no asiste al colegio,
comienza a sentir malestar porque no podrá ayudar a su compañero de banco, vemos
que la defensa no fue exitosa y hasta podríamos decir que no irá al colegio al día
siguiente para no enfrentar a su compañero. Vemos como se rigidiza la defensa
imponiendo al psiquismo un dispendio de energía sin lograr sofocar la angustia.
Debemos tener en cuenta que referir al empleo sano o patológico de
las defensas, no es unívoco, esto es, por ejemplo: si la defensa no se ajusta al momento
evolutivo o si es una defensa primitiva es patológica. Para hacer tal apreciación
debemos contextualizar el uso de la defensa. Así, si una persona adulta que luego de
vivir el episodio de un sismo duerme con la luz prendida, presentaría un
comportamiento adecuado a la situación y no sería en modo alguno una regresión
enfermiza. Del mismo modo, si alguien ve por la noche a un grupo de muchachos
cubiertos con buzos con capuchas que vienen caminando en el sentido contrario, el
sentimiento persecutorio y posterior huída serían mecanismos más ligados a la
autopreservación que al primitivo mecanismo de proyección.
Las defensas reguladas por el mecanismo de escisión se llaman
también defensas primitivas, mientras que las de un nivel superior serían las defensas
represivas y post-represivas propias de la organización neurótica.
Puede intentarse, tal como lo hizo Anna Freud, una clasificación
evolutiva de los mecanismos, considerando que algunos son de muy temprana aparición
y que, como tales, juegan un papel estructurante en la organización del Yo (reguladas
por la escisión como proyección, introyección, identificación proyectiva, idealización),
mientras que otros se desarrollan solamente en estadios ulteriores (aquellos regulados
por la represión, como por ejemplo la formación reactiva, aislamiento afectivo,
racionalización, negación de nivel evolucionado, anulación, sublimación). Un desarrollo
saludable del yo implica la presencia de una amplia gama de recursos que puedan ser
instrumentados en cada momento de acuerdo a las necesidades del equilibrio psíquico.
Incluye la capacidad de encontrar distintas maniobras defensivas para operar sobre la
angustia y la ansiedad emergentes del conflicto, sin estereotipar la respuesta.
La escisión es un mecanismo característico de las primeras etapas de
desarrollo yoico que consiste en separar introyecciones de valencias diferentes,
conservando las positivas y expulsando las negativas. Surge como resultado de la
normal falta de integración de las primeras introyecciones y es empleada con fines
defensivos para proteger a las introyecciones positivas, favoreciendo así indirectamente
el crecimiento yoico quedando el Yo mismo escindido, dividido. El yo primitivo se
protege de la ansiedad vinculada con los tempranos conflictos, polarizando sus
valencias.
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A medida que van madurando las funciones autónomas del yo sumada
al fortalecimiento de los procesos sintéticos (construcción de la identidad), hace
innecesaria a la escisión porque las introyecciones positivas están instaladas más
fuertemente y por lo tanto no hay peligro de ser contaminadas por las negativas. Por lo
tanto, en esta etapa más avanzada de su desarrollo el yo apela al mecanismo de
represión, que consiste en el rechazo por parte del yo conciente, de un impulso, de su
representación ideacional o de ambos.
La represión consolida y protege al núcleo del yo y contribuye a la
definición de los límites yoicos. Por el contrario, cuando predomina la escisión ya sea
por ser un momento evolutivo previo o bien bajo condiciones patológicas, el yo se
protege contra la ansiedad mediante la polarización defensiva, que se consigue en
detrimento de las funciones sintéticas del yo y de la prueba de realidad.
Diremos finalmente entonces que las defensas se diferenciarán según
su rigidez o flexibilidad, su fin (defensivo o adaptativo), su nivel pre-represivo/
primitivo o post-represivo/más evolucionado, su éxito o su fracaso y su grado de
combinación y complejización.
Habiendo desarrollado ya el concepto de “mecanismos de defensa”,
intentaremos definir algunos de ellos a efectos de diferenciarlos y ejemplificarlos.
MECANISMOS REGULADOS POR LA ESCISIÓN:
- Proyección: operación por medio de la cual el sujeto expulsa de sí y localiza en el otro
(persona o cosa) cualidades, sentimientos, deseos, incluso “objetos” que no reconoce o
rechaza de sí mismo. Actúa en la paranoia y también en la superstición, también juega
un papel importante en la formación de fobias, donde se niega un peligro interno y se lo
considera como que viene de afuera. Pero, a la vez, lo encontramos en modos de
pensamiento normales como el pensamiento primitivo y el pensamiento en la infancia.
Por ejemplo cuando los niños atribuyen propiedades humanas a objetos inanimados. Un
niño se corta con una tijera y dice “Mala, me cortaste”.
Ejemplo: el niño que al pasar frente a la jaula de los leones le dice a su abuelo “pasemos
rápido por acá porque a vos te da miedo”.
- Introyección: Freud adopta el término “introyección” oponiéndolo al de
“proyección”. El sujeto hace pasar, en forma fantaseada, del “afuera” al “adentro”
objetos y cualidades inherentes a estos objetos. Este mecanismo se asocia a la
incorporación oral de los primeros estadios de la vida y aparece patológicamente en la
melancolía.
Ejemplo: la persona que pone una cinta roja en su muñeca.
- Identificación Proyectiva: es un término introducido por Melanie Klein para designar
un mecanismo que se traduce por fantasías en las que el sujeto introduce su propia
persona, en su totalidad o en parte, en el interior del objeto para dañarlo, poseerlo y
controlarlo. Ejemplo: Andrés fantasea con convertirse en virus para enfermar a su
profesor y evitar que le tome el examen.
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- Idealización: proceso psíquico por el cual se llevan a la perfección las cualidades y el
valor del objeto. La identificación con el objeto idealizado contribuye a la formación y
el enriquecimiento de las instancias llamadas ideales de los sujetos. El papel defensivo
de la idealización ha sido subrayado por distintos autores, especialmente por M. Klein.
Según esta autora, la idealización del objeto constituiría, en esencia, una defensa contra
las pulsiones destructoras.
Ejemplo: Lucía habla de las bondades y virtudes de su hermana haciendo referencias
tales como “es súper inteligente, nunca le va mal en nada, todos los chicos gustan de
ella”.
MECANISMOS REGULADOS POR LA REPRESIÓN
-Represión: es una operación por medio de la cual el sujeto rechaza o mantiene en el
inconciente, pensamientos, imágenes o recuerdos ligados a una pulsión cuya
satisfacción podría provocar displacer en virtud de otras exigencias. La ideación
reprimida sigue produciendo efectos y se expresa a través de sueños, fallidos etc.
Ejemplo: a Juan le gusta mariana y no se anima a decírselo. Luego, en vez de llamar a
su amiga Clara por su nombre, le dice Mariana.
Ejemplo: una joven que querría quedarse a pasar el día en lo de su novio pero decide no
hacerlo porque no sabría como mirar a sus padres al regresar a su casa.
-Formación Reactiva: se reprime la conducta ligada al objeto malo pero no de manera
estabilizada o fija, de manera que existe el peligro de que se reactive el conflicto
ambivalente. La conducta que se expresa es la ligada al objeto bueno y se hace más
intensa.
Ejemplo: un hombre que se muestra exageradamente encantador (intensificación de la
conducta ligada al objeto bueno) con su esposa ante la gente y cuando están a solas es
golpeador, promete ser amable y bueno sin embargo se reactiva la conducta violenta
(ligada al objeto malo).
-Aislamiento: es peculiar de las neurosis obsesivas. Después de un suceso desagradable
o de un acto propio, se interpone una pausa en la que nada debe suceder, no
efectuándose durante ella percepción alguna ni ejecutándose acto de ningún género. El
suceso desagradable no es olvidado pero si despojado de su afecto y suprimidas o
interrumpidas las relaciones asociativas quedando así aislado y no siendo tampoco
reproducido en el curso del pensamiento conciente.
Entre los procedimientos de aislamiento podemos citar las pausas en el curso del
pensamiento, rituales y todas las medidas que permitan establecer un hiato en la
sucesión cronológica de pensamientos o de actos.
También se emplea el aislamiento para realizar una tarea con mayor eficacia.
Ejemplo: un cantante que al momento de iniciar el recital le informan que ha muerto su
padre, ofrece el recital y luego se conecta con su dolor. Recordamos la frase “el
espectáculo debe continuar”.
-Anulación: típico de las neurosis obsesivas, consiste en la realización de un acto
determinado con el fin de anular o reparar el significado de uno anterior. Se trata de
realizar algo de carácter positivo que real o mágicamente, es contrario a algo que,
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también realmente o en la imaginación, fue realizado antes. Se intenta atenuar o anular
la significación, valor o consecuencias de un comportamiento.
Ejemplo: una joven que enojada con su novio rompe todas sus fotos y luego comienza
a pegar todos los fragmentos.
-Regresión: la regresión tiene lugar siempre que aparece un conflicto actual que el
sujeto no puede resolver y entonces reactiva y actualiza conductas que han sido
adecuadas en otro momento de su vida, pero que se corresponden a un nivel anterior,
infantil. Nunca es un revivir total de conductas anteriores, sino que siempre son
conductas nuevas y distintas, pero que se hacen dentro de un molde o estilo que
pertenece al pasado.
Ejemplo: María vió una película de terror. Como quedó asustada le pidió a su hermana
si podía ir a dormir al cuarto de ella.
-Negación: la negación de las realidades displacenteras característica de la infancia, se
mantiene a pesar de que el desarrollo de la capacidad del juicio de realidad hace
imposible esta falsificación global de la realidad. Sigue funcionando ante ciertas
percepciones de carácter doloroso o desagradable.
Ejemplo: el niño que aunque sabe que no existe papá Noel, espera el regalo que le traerá
con ilusión. Ejemplo: ante la intervención del entrevistador sobre la relación con los
padres el entrevistado dice “No, no.... nos llevamos bárbaro con mis viejos”.
-Racionalización: Es una forma de negación en la que para evitar el conflicto o la
frustración se dan razones o argumentos que los encubren.
Ejemplo: A Josefina le hace muy feliz ser una alumna brillante. Cuando supo que sería
escolta y no abanderada dijo: “Martina es muy capaz, se destaca en ciencias Sociales,
siempre pensé que ella sería abanderada.”
-Sublimación: las tendencias que en su forma original eran culturalmente rechazadas,
se cambian por conductas aceptadas y útiles.
La sublimación permite la integración de la ambivalencia y por lo tanto del conflicto,
haciendo que se canalicen de manera socialmente productiva el objeto bueno y el malo.
Hay una utilidad personal y social de los impulsos del ello. La pulsión o instinto
abandona su objeto original -que sigue siendo el principio de placer- ya que se impone
el principio de realidad. Asimismo, la satisfacción de la pulsión podría originar
displacer, así se produce un desplazamiento a otro objeto.
La diferencia con la formación reactiva es que ésta tiene carácter espasmódico, se
cumple de manera forzada y no produce placer; éste último sí aparece en la
sublimación.
Ejemplo: Carlos es muy violento. Cuando hay discusiones, siempre “se va a las manos”.
Hace un tiempo ingresó a una escuela de Arte y hace hermosas esculturas.
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CITAS BIBLIOGRÁFICAS
Bleger, José. Psicología de la Conducta. Buenos Aires. Editorial Paidós. 1973
Celener, Graciela y otros (S/F). Los mecanismos de defensa y las técnicas proyectivas.
Ficha de estudio UBA.
Fenichel, Otto (S/F). Teoría Psicoanalítica de las Neurosis. México. Editorial Paidós.
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Freud, Sigmund. El Yo y el Ello (1923-1925) Vol.XIX. Amorrortu Editores.
Laplanche, Pontalis. Diccionario de Psicoanálisis. Barcelona. Editorial Labor. 1968.
Lunazzi, Helena. (1992). Lectura del Psicodiagnóstico. Buenos Aires. Editorial de
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Paz, Rafael (1984). Psicopatología. Sus fundamentos dinámicos. Buenos Aires.
Editorial Nueva Visión. 1999
Ricón, Lía; Di segni, Silvia. (1991). Problemas del campo de la salud mental. Buenos
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Tallaferro, Alberto (S/F) Curso básico de psicoanálisis. Buenos aires. Editorial Paidós.
1985
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