La barraca; Vicente Blasco Ibáñez

Anuncio
COMENTARIO DE TEXTO: La Barraca
En el siglo XIX Vicente Blasco Ibáñez escribió una novela llamada La Barraca la cual criticaba a la vez que
describía la sociedad de la época. Dicha novela cuenta la desgraciada historia de una familia pobre en la
huerta valenciana.
El año en el que el autor finaliza la obra (1898), nos indica que la escribió en la época de la Restauración
monárquica española, un largo periodo de la España contemporánea que se extiende desde el pronunciamiento
de Martínez Campos en 1874 hasta el golpe de Estado de Primo de Rivera en 1923. Este periodo fue
globalmente un tiempo de estabilidad constitucional, de modernización económica y de alejamiento del
ejercito de la vida política, pero también lo fue de dominio de la burguesía oligárquica (uno de los temas que
trata la obra), de caciquismo y de falseamiento electoral. En este periodo tenemos que tener en cuenta la crisis
de 1898, el llamado desastre (pérdida de las colonias españolas de Cuba y Filipinas), la cual hizo resquebrajar
las bases del sistema y planteó la necesidad de tomar medidas orientadas a la regeneración de la vida política
y social del país. Surgieron movimientos que criticaron al sistema de la Restauración, propugnaron la
necesidad de una modernización del país tanto económica como políticamente, y la necesidad de alfabetizar a
la población (esta última propuesta de los regeneracionistas se plasma en el capítulo VI). Además el desastre
dio cohesión a un grupo de intelectuales, conocido como la Generación del 98, caracterizada por un profundo
pesimismo y por una crítica mordaz al atraso peninsular.
En el atraso agrario de España, tuvo una gran influencia la distribución de la propiedad de la tierra. Los
propietarios tenían una gran aversión al riesgo y muy escaso interés por el cultivo eficiente de sus tierras, de
esta forma se consolidaron unas condiciones de vida cercanas a la subsistencia para la inmensa mayoría de la
población. Las diferencias extremas de renta entre una minoría de propietarios y la gran masa de campesinos
sin tierra provocaron una notable conflictividad (tema constante en la obra).
El Realismo y el Naturalismo son dos movimientos literarios destacados de la segunda mitad del siglo XIX,
de la cual forma parte La Barraca. Dichos movimientos se caracterizan por describir la vida cotidiana y social
tal y como es. A diferencia del Romanticismo de principios de siglo, en el cual se busca la inspiración en el
mundo interior del autor, los realistas intentan reflejar en sus obras la realidad exterior de forma objetiva y
despersonalizada, por medio de la observación, tal y como hace Blasco Ibáñez en su obra. El Naturalismo es
una corriente que surge en Francia, la cual lleva al Realismo a sus últimas consecuencias. El género más
utilizado en este periodo es la novela, en la cual se imita el método científico reflejando la realidad con
exactitud, y para hacerla verosímil se utiliza mucho la descripción y el narrador omnisciente, aspectos
presentes en La Barraca.
Vicente Blasco Ibáñez nació en 1867, estudió en su ciudad natal hasta segundo de la carrera de Leyes, pero la
abandonó. Mas tarde En sus años de juventud se adhirió al movimiento republicano y fundó, en Valencia, el
periódico antimonárquico El Pueblo, desde el que lanzó continuos y virulentos ataques demagógicos contra la
política exterior española. Sus artículos eran admirados por la masa y atacados por los políticos sensatos que
adivinaban sus malévolas intenciones. En 1896, fue arrestado por sus actividades políticas y condenado a dos
años de trabajos forzados, pero salió de la cárcel convertido en héroe. Una fulgurante campaña política le hizo
diputado por Valencia. Mantuvo su mandato durante seis legislaturas seguidas. En esta etapa se dio a conocer
con las novelas levantinas.
La Barraca es una novela que cuenta los sucesos ocurridos durante aproximadamente un año en la huerta
valenciana, desde la siembra hasta la recogida del fruto del trabajo. Todo comienza con la llegada de la
familia Borrull a los abandonados campos del tío Barret, los cuales no se pueden cultivar a causa de un
conflicto anterior entre amo y arrendatario. Batiste comienza a trabajar las tierras prohibidas y a la vez surgen
envidias entre los hortelanos vecinos. El odio se extiende por toda la huerta, y sus habitantes, seguidos por
1
Pimentó, hacen la vida imposible a Batiste y a su familia, los cuales acaban por huir de las tierras del tío
Barret.
La obra esta organizada en diez capítulos y cada uno de ellos comienza con una extensa y detallada
descripción de un plano general, para hacer verosímil la historia, y después se centra en lo particular, es decir,
en la familia Batiste.
En el primer capítulo, se contrasta el amanecer de la exuberante huerta con la pobre forma de vida de Pepeta,
la mujer de Pimentó. Finaliza el capítulo cuando la desdichada mujer ve como se aproxima una familia
extraña a los campos del tío Barret.
El segundo capítulo explica, por medio de la técnica cinematográfica del flashback (visión hacia el pasado) la
historia del tío Barret y por qué motivo sus campos no pueden ser cultivados.
Con la llegada de Batiste a dichas tierras comienza el tercer capítulo, el cual se centra en la reconstrucción de
la barraca y la recuperación de los campos. Esto hace que crezca la hostilidad de los huertanos vecinos hacia
Batiste. Para finalizar, Pimentó, como líder de los labradores, amenaza a Batiste y le recomienda que
abandone las tierras del tío Barret.
El cuarto capítulo comienza dando una descripción detallada del entorno que envuelve un día importante en la
vida de cada labrador valenciano, el día en que se celebra el tribunal de las aguas. En este capítulo es donde
comienzan las artimañas de los labradores, concretamente de Pimentó, para hacer la vida imposible a Batiste y
a los suyos. A causa de lo sucedido las tierras de Batiste se quedan sin agua, y en un momento de
desesperación el labrador abre las compuertas del agua para que no se sequen.
El quinto capítulo cuenta el accidentado romance entre Roseta, la hija de Batiste, la cual trabaja en una fábrica
(en esta época, España tenía una economía básicamente agraria pero se comenzaba a introducir la industria), y
el nieto del tío Tomba.
El odio de los labradores hacia Batiste pasaba de los padres a los hijos, como se ve en el sexto capítulo, en el
que se describe, en primer lugar se describe la escuela y después como los demás niños hacen la vida
imposible a los hijos del señor Borrull.
Por culpa de los hijos de los labradores Pascualet, hijo de Batiste, cae a una acequia y enferma. El capítulo
siete describe los problemas que tiene la familia: la enfermedad de Pascualet, la tristeza de Roseta por su
amado y la muerte de Morrut, el caballo que tanto había ayudado a Batiste en su trabajo. La desesperación se
hace notable en la familia, y Batiste viaja a Valencia a comprar un caballo nuevo que más tarde es asesinado.
Al sospechar de Pimentó, Batiste lo intenta matar, pero fracasa en su intento.
A causa de la enfermedad de Pascualet, este muere, y se crea un ambiente de culpabilidad entre las gentes
contrarias a Batiste. En el capítulo octavo se describe el entierro y la hipocresía que conlleva este.
Tras la muerte de Pascualet parece que los problemas de la familia Borrull con respecto a sus vecinos se han
solucionado. El capítulo nueve describe el ambiente de la temporada de cosecha, un ambiente de riqueza y de
felicidad global. Batiste, afectado por esa felicidad se dirige a la taberna Copa, la cual es descrita muy
detalladamente por el autor, donde se celebra una apueste entre Pimentó y dos personas más. Al terminar esa
apuesta y por los efectos del alcohol, Pimentó cuenta que, desde la llegada de Batiste a las tierras del tío
Barret, los amos de sus tierras le han perdido el miedo y ahora le obligaban a pagar su correspondiente renta.
Esto hace que todas las miradas se dirijan hacia Batiste que, en defensa propia, le pega con un taburete en la
cabeza a Pimentó y huye de la taberna.
El odio ha vuelto, y no pasará mucho tiempo hasta que, en el último capítulo, Pimentó se intente vengar
2
disparando a Batiste, el cual, defendiéndose de la agresión, le devuelve la bala que hará que muera. Tras la
muerte de tan odioso elemento, toda la huerta se venga de Batiste quemándole su casa, su Barraca, y se
vuelven a ver obligados a viajar.
La estructura narrativa de La Barraca, se compone de una situación inicial en la cual los campos del tío Barret
están desocupados que abarca los dos primeros capítulos (en el segundo capítulo se explica la razón de esa
situación inicial); el hecho desencadenante del conflicto, es decir, la llegada de Batiste a la huerta valenciana;
el desarrollo del conflicto; y por último el desenlace, la obligada huida obligada
Blasco Ibáñez utiliza la tercera persona para narrar, desde el punto de vista omnisciente (característica del
Realismo), la historia de esta familia. Si nos fijamos, por ejemplo en el comienzo del tercer capítulo: Batiste,
al inspeccionar las incultas tierras se dijo que había allí trabajo para un rato el novelista esta narrando lo que
piensa o, en este caso, lo que se dice a si mismo el personaje. También aparecen algunas exclamaciones e
interrogaciones retóricas a lo largo de la historia, aludiendo la manera de hacer las cosas de los personajes o
supuestos gritos de las gentes, por ejemplo: ¡vaya unos gitanos, ¿Qué le importaban las historias viejas de don
Salvador y el tío Barret?, Después comenzó la obra de abajo, ¡qué modo de utilizar los escombros de
valencia!,...
Los autores realistas utilizaban este tipo de narrador para intentar reflejar la realidad de la sociedad con
exactitud y objetividad imitando el método científico, es decir, se fundamentaban en la observación de la
realidad. Esto es lo que lleva al autor a utilizar un narrador omnisciente, externo y en tercera persona.
Los personajes que intervienen en la obra son los siguientes:
• Batiste: es una persona corpulenta y trabajadora habituada a sufrir para obtener el fruto de su
esfuerzo. Forastero en la huerta valenciana, intenta integrarse sin resultado entre sus vecinos, los
cuales no hacen más que perseguirle y convertir la vida de él y los suyos en un calvario. En un
principio un hombre pacífico que acaba convirtiéndose en la cólera personificada. Honrado, y
obsesionado con sacar adelante las tierras del tío Barret y con ellas a su familia. El defecto que tiene
este hombre es el autoritarismo de un padre de la época. Cuando Roseta se enamora del nieto del tío
Tomba, esta dispuesto a darle una paliza a la pobre chica, pero no lleva a cabo su amenaza porque
otra obsesión mas fuerte lo domina entonces. El valor y la constancia hacen de él un hombre modelo y
ejemplar.
• Pimentó: el antagonista, el que tiene atemorizada a la huerta entera, el cabecilla de los que le hacen la
vida imposible a Batiste. Es un hombre que defiende la justicia de los pobres, y por el contrario, es un
borracho y fanfarrón que no trabaja y vive a expensas de Pepeta, su mujer.
• Podemos hablar también de dos personajes colectivos: el que apoya y ayuda a Batiste, y el que, por el
contrario lo ataca y perjudica apoyando a Pimentó. El primero esta formado básicamente por la
familia de Batiste y del segundo forma parte la huerta entera. El tío Tomba es un personaje que se
mantiene imparcial aunque aconseja en varias ocasiones al desdichado campesino.
La acción transcurre mayoritariamente en la huerta valenciana, cercana a la metrópoli, pues se nombra
continuamente los desplazamientos de los personajes a la ciudad, por ejemplo los viajes diarios de Roseta a la
fábrica. En la ciudad podemos distinguir varios escenarios entre los que están la Plaza de la Virgen, donde se
celebra el tribunal de las aguas, y el mercado al que va batiste a comprar un nuevo rocín que le ayude en sus
tareas.
El tiempo externo se corresponde con finales del siglo XIX, mientras que el tiempo narrativo, viene marcado
por el ciclo natural de la cosecha: cuando llega Batiste a la huerta es cuando siembra el campo, y cuando se
marcha es la época de la recogida de la siembra.
ANÁLISIS DE UN FRAGMENTO:
3
Descripción inicial de La Barraca
En el comienzo de La Barraca Blasco Ibáñez describe un amanecer en la huerta valenciana. Empieza con una
visión general de la vega y seguidamente pasa a enumerar los diferentes sonidos de la noche que se van
apagando. Los ruiseñores, el borboteo de las acequias, el murmullo de los cañaverales y los ladridos de los
perros.
Una vez terminada la noche llega y de camina a la mañana transcurre el amanecer, el despertar de la huerta.
Amanece en todos los lugares a la vez pero el orden que sigue el autor es el siguiente: primero en los
pueblecitos cercanos, después en la metrópoli (Valencia), en tercer lugar en los corrales, donde se contrasta la
libertad de los ruiseñores del principio con los animales domésticos enjaulados (personalización asociada a la
jerarquía social propia), y por último en la vegetación del lugar, las moreras, los frutales,...
Del aspecto más natural y ecológico de la huerta se pasa a la vida de las personas en ella. Los caminos hacia la
ciudad y la gente que transita por ellos, etc.
La descripción avanza según los rayos del Sol van bañando las distintas zonas de la huerta.
La descripción esta redactada de forma impersonal para reflejar la realidad con exactitud y objetividad
(característica propia del Naturalismo), como se puede ver en los siguientes ejemplos: Despertaba la huerta, el
espacio se empapaba de luz, chirriaban las puertas,...
Abundan los verbos en pasado con valor impersonal: Desperezábase la inmensa vega..., Apagábanse
lentamente los rumores..., Despertaba la huerta,..., marcábanse filas de puntos negros, conmovíase la tersa
lámina de cristal rojizo..., etc.
Oraciones enunciativas y utilización del modo indicativo hacen de la descripción un texto más objetivo: se
desperezaban con las manos tras el cogote mirando el iluminado horizonte; quedaban de par en par los
establos, vomitando hacia la ciudad las vacas de leche...
La descripción contrasta el armonioso amanecer lleno de vida, luz y color con la dura vida de los trabajadores.
Abundan adjetivos valorativos como por ejemplo; inmensa vega, ancha faja, ruidoso badajeo, indecisa
neblina,...
Las figuras retóricas que podemos encontrar en este fragmento son, las siguientes:
• Metáforas, por ejemplo; las copas de los árboles empezaban a estremecerse bajo los primeros
jugueteos de estos granujas del espacio (refiriéndose a los gorriones), que todo lo alborotan con el
roce de sus plumas.
• Comparaciones, por ejemplo: En los caminos marcábanse filas de puntos negros y movibles como
rosarios de hormigas (refiriéndose a los trabajadores que se dirigen a la ciudad), Los últimos
ruiseñores, cansados de animar con sus trinos aquella noche de otoño, que por lo tibio de su ambiente
parecía de primavera, lanzaban el gorjeo final como si les hiriese la luz del alba con sus reflejos de
acero, salían las bandas de gorriones como tropel de pilluelos perseguidos
• Personificaciones: en los rojizos surcos saltaban las alondras con la alegría de vivir un día más, y los
traviesos gorriones, posándose en las ventanas todavía cerradas, picoteaban las maderas diciendo a los
de adentro con su chillido de vagabundos acostumbrados a vivir de gorra: <¡Arriba, perezosos!¡A
trabajar la tierra para que comamos nosotros!>.
• Sinestesia: De los corrales salía un discordante concierto animal: relinchos de caballos, mugidos de
vacas, cloquear de gallinas, balidos de corderos, ronquidos de cerdos; un despertar ruidoso...
VALORACIÓN FINAL
4
Sin duda se puede considerar La barraca como una novela naturalista. El Naturalismo como tal es un
movimiento derivado del Realismo, el cual intentaba reflejar la realidad social con exactitud y objetividad
utilizando descripciones abundantes, un narrador omnisciente, y en el cual se emplea un estilo natural y se
incorpora el lenguaje coloquial (palabras en valenciano vulgar dichas por los personajes), tal y como hace
Blasco Ibáñez en su novela.
Lo que caracteriza al Naturalismo es que se reproduce en ambientes más sórdido y desagradables de la
sociedad, en este caso la miseria de la huerta valenciana. En las novelas naturalistas también abundan los
personajes locos, alcohólicos (Pimentó),...
Concluyo afirmando que si que se puede considerar la Barraca como una novela Naturalista por las razones
anteriormente dadas.
−−−−−−−−−−−−−−−−−−−−−−−−−−−−−−−−−−−−−−−
El libro se terminó de escribir en 1898, época de la Restauración española, cuya forma de gobierno se
caracterizó por el turno dinástico de los partidos liberal (Sagasta) y conservador (Cánovas) que confluían en la
defensa de la propiedad privada y la consolidación del Estado liberal, unitario y centralista, con un
funcionamiento escasamente democrático (manipulación electoral y caciquismo)
La burguesía, la clase dirigente, después de hacer varias desamortizaciones que transformaron la tierra en un
bien que podía ser vendido y comprado libremente (pero que de hecho, sólo sería adquirido por quienes tenían
dinero), acabó de consolidar su modelo de sociedad capitalista, dentro del cual, los propietarios (de la tierra o
de las empresas) y los trabajadores, establecían una relación de tipo clientelar en la que la renta de la tierra
(como pago por la utilización de una propiedad ajena), el beneficio (como rendimiento de la inversión) y el
salario (como contrapartida del trabajo realizado), se convirtieron en los elementos fundamentales de
retribución. Análogamente, con la aparición del proletariado, el patrón, propietario de un establecimiento
industrial, compraba la fuerza de trabajo de un obrero − hombre, mujer o niño− durante muchas horas al día a
cambio de un pago.
El campesinado sin tierras (que las perdió con la desamortización, permaneciendo en el campo como
jornaleros, en condiciones de vida muy duras y con unos salarios muy bajos), negándose a pagar rentas por
tierras que venía cultivando desde antiguo, inició revueltas que, unidas a las manifestaciones de protesta
obrera que denunciaban el reparto desigual de beneficios y salarios, así como la reducción de la jornada
laboral, contribuyeron a agudizar la crisis social. Será la ideología republicana federal, con su programa de
reformismo social, quien primero se una a las protestas. Pero la falta de un verdadero respaldo político y la
insatisfacción de una buena parte de sus reivindicaciones, condujeron a importantes rectores del obrerismo
hacia ideologías internacionalistas (anarquismo y socialismo).
Por otro lado, es en 1898 cuando se produce la pérdida de las últimas colonias de España en ultramar (Puerto
Rico, Cuba y Filipinas), favoreciendo la aparición de movimientos políticos y culturales que critican el atraso
del Gobierno y propugnan la necesidad de una modernización del país, desde una perspectiva
regeneracionista.
Este regeneracionismo fue defendido, en el ámbito político, por el republicanismo, principal fuerza de la
oposición, el cual, ofrecía una profunda renovación basada en la democratización de la vida política,
manteniendo sus ideas regionalistas, partidarias de la descentralización del estado (ahora más que nunca
intensificadas por la incompetencia que había demostrado el Gobierno peninsular en la guerra de
emancipación de las colonias). Sin embargo, dentro del propio republicanismo, había varias tendencias, lo que
explica que en algunos casos, se diera la radicalización del concepto, como ocurrió con el blasquismo,
movimiento impulsado por Vicente Blasco Ibáñez con un discurso populista, demagógico y anticlerical, muy
similar al Partido Radical de Alejandro Lerroux.
5
Desde una óptica cultural, el desastre dio cohesión a un grupo de intelectuales conocido como la Generación
del 98, caracterizada por un profundo pesimismo y por una crítica mordaz al atraso peninsular, que quiso
plantearse una profunda reflexión sobre el sentido de España y su papel en la Historia. Se oponían a las ideas
tradicionalistas y a las innovaciones científicas y técnicas. Inspirados en el krausismo, que defendía una moral
basada en la idea de humanidad y tolerancia, aplicaron sus ideas a la pedagogía y crearon la Institución Libre
de Enseñanza, que practicaba una educación laica y moderna. El intento por reflejar esta realidad social con
exactitud y objetividad, imitando el método científico, es una característica propia del Realismo (Naturalismo
en su explotación de los ambientes más sórdidos y miserables, en los que abundan personajes asociales y
desarraigados, cuyo comportamiento está marcado por la herencia biólogica o las circunstancias sociales).
Vicente Blasco Ibáñez (Valencia: 1867; Menton (Francia): 1928), el autor de La Barraca, fue además de un
consagrado novelista, un activista político que sabía manejar a las masas con su oratoria fácil y su probado
arrojo, a favor del republicanismo federal.
El 12 de noviembre de 1984 aparece el primer número del periódico republicano El Pueblo, fundado, dirigido
y redactado casi en su integridad y en años sucesivos, por él mismo. Tanto sus apariciones públicas como la
difusión de su diario, eran con frecuencia censuradas por las autoridades gubernativas y en numerosas
ocasiones fue encarcelado y también exiliado.
Durante una estancia que permaneció en París, contactó con el representante del Naturalismo por excelencia,
Emile Zola, cuya admiración se deja ver en novelas sobre la región valenciana, adoptando con personal
originalidad métodos de la escuela francesa, que reivindicará cuando hacia 1890 la influencia naturalista se
desplace por el intento de crear una novela de base psicológica y espiritualista.
En marzo de 1896, huyendo de una persecución policial en Valencia, a raíz de un enfrentamiento entre la
masa y las fuerzas del orden, Blasco Ibáñez se refugió en una taberna del Cabanyal. Para combatir sus horas
de encierro escribió un cuento titulado Venganza moruna que, dos años más tarde, convenientemente
corregido y ampliado, daría lugar a una de las mejores novelas de la época: La Barraca.
El tema de La Barraca es la injusticia de las personas ignorantes y pobres, cuyo sentido de la existencia se
basa en la supervivencia.
Batiste y su familia, arrendatarios que huyen de la sequía y la improductividad de las tierras, se instalan en
una barraca abandonada y maldita por su antiguo inquilino, que desistió en la sobrehumana tarea de
mantenerla a costa de las elevadas rentas que le imponía el propietario. Serán ahora los vecinos de la huerta
quienes venguen el esfuerzo de aquel, asegurándose por medio de toda clase de perjuicios, que los intrusos
abandonan el hogar.
La novela presenta un esquema típico de narración. Estas son sus partes:
Situación inicial: Se introduce a Pepeta, una campesina que en su rutinaria actividad laboral de vender sus
productos en la ciudad, se encuentra con Roseta, la hija de Barret, cuya desdicha le rememora la trágica
historia de su familia en la huerta, que acabó con el abandono de las tierras, previamente destrozadas para que
nadie se beneficiara de su esfuerzo; conmoviéndole la llegada de forasteros que pretenden instalarse en ellas.
Conflicto: La indefectible intromisión de Batiste y su familia marca el inicio de la tensión en la solidaridad
huertana, que ve en peligro su cohesión.
Desarrollo del conflicto: Se caracteriza por un ambiente de odio y hostigamiento continuo hacia Batiste y su
familia, que cesará temporalmente debido al sentimiento de culpa de toda la huerta por la muerte de un
inocente, Pascualet, el hijo pequeño d los recién llegados.
6
Desenlace: La ilusoria idea de integración en la comunidad de vecinos, influida por la búsqueda de consuelo
debido al alto precio que ha tenido que pagar para sacar adelante sus tierras, conduce a Barret, a un exceso de
confianza, que será perturbado de nuevo por el conflicto, ahora más reprimido y sangriento (muerte de
Pimentó e incendio de la barraca), con la consecuente salida de la huerta de él y su familia.
Situación final: La barraca, a pesar de estar abandonada, retoma su condición de propiedad privada, bajo el
yugo de la maldición y la intolerancia, que se extiende por toda la huerta.
Cabe destacar que en la propia historia de la barraca de Barret, también se produce un incendio, pero no
íntegro ni realizado del todo, sino solamente proyectado al destrozo de la cosecha para que nadie se beneficie
de su esfuerzo. Por eso, se presenta como un elemento prefigurador del desenlace; es lo único que
desestabiliza ese paralelismo entre la historia de Barret y la de Batiste; es esa circunstancia por lo que se la
considera una tierra maldita.
El narrador es externo, ya que no participa en la acción y omnisciente, pues es capaz de acercarnos a la
psicología de unos personajes que los hace verosímiles y en concordancia con la dureza de las circunstancias
que les rodean. Es por eso, que la precisa caracterización de estos, divididos esquemáticamente en buenos y
malos, aunque retratados de forma más profunda y compleja (recordemos en el capítulo VIII cuando el medio
hostil, ante la muerte del desvalido Pascualet, siente remordimientos y se muestra solidario con la familia),
sirva de medio persuasivo, influyendo en la opinión del lector y poniendo el punto de inflexión en una
denuncia de tipo social que parte del mismo Barret, al final de su historia: El pan, cuánto cuesta ganarlo y
cuán malos hace a los hombres.
Por otro lado, los personajes están delimitados por el instinto. Su dimensión de primitivismo pasional se
presenta como consecuencia de la ignorancia e incultura de su condición social. Tal es la visión pesimista que
da el autor ante el reconocimiemto fatal de un orden inmutable, que ironiza con la figura de don Joaquín, un
supuesto maestro que pierde la esperanza de alfabetizar a sus alumnos cuando sus padres no le pagan. Así, a
pesar de todo, se distinguen dos vertientes de pensamiento que se enfrentan, en la caracterización de los
personajes de la novela.
En primer término, está el papel del protagonista Batiste, que junto a su familia, el tío Tomba, Tonet y Pepeta,
reflejan el lado menos corrompido de esta casta. Son conscientes de su cruda realidad, ligada a la pobreza y a
la defensa acérrima de su existencia, basada en la explotación de sus propios y escasos medios de
supervivencia, pero amparados bajo la justicia del más fuerte que los oprime y los arrasa. Por eso, su posición
es de resignación (claro que al final de la obra, cuando ya están agotadas todas las posibilidades). El autor
valora esta conducta, que es la que predispone a un hombre honrado y trabajador a contentarse con su vida,
incapaz de mejorar.
En segundo término, encontramos a Pimentó, que por su condición de matón, se erige como máximo
representante de la comunidad de vecinos de la huerta que odia las aspiraciones fructíferas y colonas de
Batiste en la barraca, donde el esfuerzo frustrado de otros, acabó maldiciéndola. A este colectivo, le
corresponde el papel de antagonista, pues son los promotores de una lucha fraticida, cegados por la envidia y
el sectarismo de la solidaridad huertana, asociación que ya no tolera más miembros por ser colonos y
pretender sustituir el recuerdo de un miembro caído (pues toda esa violencia es miedo ante la proximidad de la
muerte, siempre preparada para actuar en este ambiente tan pobre y desdichado. De ahí, que la muerte de
Pascualet tuviera esa repercusión, ya que todos son iguales ante ella). Es por eso, que su brutalidad, sus lacras,
fomentadas por el alcoholismo proveniente del Copas, chocan con la resignación de trabajar y ser un hombre
honrado, amante de la justicia. Además, tal es su ignorancia, que no observan la semejanza entre Barret y
Batiste, ambos oprimidos, castigados y recriminados por el simple motivo de querer defender su derecho a la
subsistencia; pero con la sutil diferencia de la condición de forastero del último, que alarma al pacto. Porque,
qué se puede esperar, si el que defiende la justicia de los pobres, es un borracho y un fanfarrón que no trabajo
y vive a expensas de Pepeta, su mujer.
7
El espacio histórico y narrativo en el que transcurre la acción es el mismo, como lo demuestra este dato del
prólogo de La Barraca en el que el autor concreta la situación real de la huerta en que se basó para escribir la
novela, diciendo: Era la historia de unos campos forzosamente yermos, que vi muchas veces, siendo niño, en
los alrededores de Valencia, por la parte del cementerio... el relato de una lucha entre labriegos y propietarios
que tuvo por origen un suceso trágico que abundó luegoen conflictos y violencia
Así pues, se trata de unos campos próximos a Alboraya. Es en la huerta donde se desarrolla el conflicto, el
escenario principal; y la ciudad, otro, subordinado a las condiciones del primero: se sitúa el mercado donde
los campesinos van a vender y comprar lo necesario; el Tribunal de las Aguas , en la Plaza de la Virgen, al
que acudían los regantes para establecer una justa distribución del agua de las acequias; las fábricas textiles,
en que eran empleadas las mujeres y el hogar de los propietarios, a los que se pagaba un arriendo por el
derecho de trabajar sus tierras.
El tiempo externo se corresponde con finales del siglo XIX y principios del XX, mientras que el tiempo
narrativo, viene marcado por el ciclo natural de la cosecha, ajustándose a la estructura de la obra, que se
mueve alrededor de un eje temporal. Así, podemos diferenciar las siguientes partes en relación con diversas
épocas del año:
Situación inicial: La acción se sitúa en otoño, cuando Batiste llega a las tierras abandonadas, las rescata para
el cultivo y consigue segar el trigo en las proximidades de San Juan.
Desarrollo: Distinguimos tres momentos. El primero, que refleja el cambio del otoño a la primavera, es el
período de antes de la muerte de Pascualet, caracterizado por el odio, que determina la soledad, la
incomunicación y la amenaza permanente que padecen Batiste y su familia. El segundo, ya en primavera,
viene marcado por la muerte del hijo, acompañando una actitud de concordia inspirada por un sentimiento de
culpabilidad. El tercero y último, después de la muerte del niño, sucede en verano, concretamente el día de
San Juan y representa la reanudación de los conflictos.
Desenlace: Es en verano cuando se anuncia el final de la acción con dos incendios, uno, el propio de la noche
de San Juan, que simboliza el fin de la recogida de la cosecha y otro, el de la barraca, que obliga a sus
inquilinos a abandonar la huerta.
ANÁLISIS FRAGMENTO
En la descripción inicial de la barraca, se describe el amanecer en la huerta como un proceso que asocia en
perfecta combinación el final de la noche y el inicio del día, como ciclo rutinario que marca el descanso de la
jornada laboral y el comienzo, respectivamente.
Para ello se parte del verbo desperezar (desperezóse), claramente simbólico, ya que alude a la tranquilidad y al
estado de reposo de la noche, que invita a considerarla como un lecho en el que todos (o casi todos, a
excepción de los ruiseñores), descansan. Por eso, la vega desentumece sus músculos dormidos y se prepara
para recibir el día.
La descripción avanza paulatinamente al ritmo de la salida del sol, pero además, lo hace con un orden lógico
que responde al servicio que el hombre obtiene de cada elemento (animales en su mayoría) de la huerta, para
realizar su trabajo.
A esto se debe que los animales estén personalizados y organizados en función de una jerarquización social
propia, que en la descripción, va desde los más libres, aves como el ruiseñor y el gorrión, hasta los más
esclavizados y oprimidos, como los animales ruidosos de corral y los de carga (gallos y gallinas, caballos,
vacas, corderos, cerdos, etc.) que son los que al convivir con los hombres, soportan el trabajo más duro e
ingrato de la huerta; pasando a su vez, por campos, árboles, caminos y acequias, que también tienen la huella
8
de la sobreexplotación del hombre, adaptándose a sus necesidades.
En cuanto a la manera en que está redactada la descripción, hay que indicar que el narrador elige la forma
impersonal para reflejar la realidad social con exactitud y objetividad (el espacio se empapaba de luz− párrafo
V −; el espacio se había limpiado de tenues neblinas (...) − párrafo XIII−; etc.). Predominan los verbos en
pasado con valor impersonal, algunos ejemplos: apagábanse lentamente los rumores que habían poblado la
noche; animábanse los caminos con filas de puntos negros y movibles (...) Se emplea el modo indicativo
(modo de la realidad), propio de la modalidad enunciativa, con lo que el emisor confiere objetividad a lo
dicho, al tiempo que muestra certidumbre (entre las cortinas de árboles enanos que ensombrecían los caminos
vibraban cencerros y campanillas, y cortando este alegre cascabeleo sonaba el enérgico !arre, aca!, animando
a las bestias reacias).
El texto, cuyo arranque lírico nos introduce en el placer de contemplar un amanecer rebosante de luz, color y
dinamismo, también nos transmite la estética de una vida dura y laboriosa. Por eso, abundan los adjetivos
valorativos (antepuestos como: inmensa vega; ancha faja; ruidoso badajeo y pospuestos, tales como:
canciones perezosas; figuras blancas...). Sin embargo, predominan los adjetivos antepuestos, lo que denota la
intención expresiva del autor y su interés por dotar de vida, a todos los elementos de la huerta, con la salida
del sol. Así pues, no podían faltar figuras retóricas como:
Comparaciones: Los últimos ruiseñores, cansados de animar con sus trinos aquella noche de otoño, que por lo
tibio de su ambiente parecía de primavera, lanzaban el gorjeo final como si les hiriese la luz del alba con sus
reflejos de acero.
Metáforas: (...) las copas de los árboles empezaban a estremecerse bajo los primeros jugueteos de estos
granujas del espacio (los gorriones), que todo lo alborotaban con el roce de sus blusas de plumas.
Sinestesia: De los corrales salía un discordante concierto animal: relinchos de caballos, mugidos de vacas,
cloquear de gallinas, balidos de corderos, ronquidos de cerdos; un despertar ruidoso de bestias que, al sentir la
fresca caricia del alba cargada de acre perfume de vegetación, deseaban correr por los campos.
Epítetos: Entre las cortinas de árboles enanos que ensombrecían los caminos vibraban cencerros y
campanillas, y cortando este alegre cascabeleo sonaba el enérgico ¡arre, aca!.
Personificaciones: (...) los traviesos gorriones, posándose en las ventanas todavía cerradas, picoteaban las
maderas, diciendo a los de adentro con su chillido de vagabundos acostumbrados a vivir de gorra: ¡Arriba,
perezosos! ¡A trabajar la tierra, para que comamos nosotros...
VALORACION FINAL.
La Barraca, después de todo lo analizado, reúne las características para considerarla como una novela
naturalista en la que se presenta un mundo miserable sin capacidad de progresar. La problemática humana se
centra en la explotación del campesino pobre por el propietario de la huerta, característica fundamental de una
sociedad sustentada por el prestigio del poder económico.
ANÁLISIS DE UN FRAGMENTO: Descripción inicial de La Barraca
En el comienzo de La Barraca Blasco Ibáñez describe un amanecer en la huerta valenciana. Empieza con una
visión general de la vega y seguidamente pasa a enumerar los diferentes sonidos de la noche que se van
apagando. Los ruiseñores, el borboteo de las acequias, el murmullo de los cañaverales y los ladridos de los
perros.
Una vez terminada la noche llega y de camina a la mañana transcurre el amanecer, el despertar de la huerta.
9
Amanece en todos los lugares a la vez pero el orden que sigue el autor es el siguiente: primero en los
pueblecitos cercanos, después en la metrópoli (Valencia), en tercer lugar en los corrales, donde se contrasta la
libertad de los ruiseñores del principio con los animales domésticos enjaulados (personalización asociada a la
jerarquía social propia), y por último en la vegetación del lugar, las moreras, los frutales,...
Del aspecto más natural y ecológico de la huerta se pasa a la vida de las personas en ella. Los caminos hacia la
ciudad y la gente que transita por ellos, etc.
La descripción avanza según los rayos del Sol van bañando las distintas zonas de la huerta.
La descripción esta redactada de forma impersonal para reflejar la realidad con exactitud y objetividad
(característica propia del Naturalismo), como se puede ver en los siguientes ejemplos: Despertaba la huerta, el
espacio se empapaba de luz, chirriaban las puertas,...
Abundan los verbos en pasado con valor impersonal: Desperezábase la inmensa vega..., Apagábanse
lentamente los rumores..., Despertaba la huerta,..., marcábanse filas de puntos negros, conmovíase la tersa
lámina de cristal rojizo..., etc.
Oraciones enunciativas y utilización del modo indicativo hacen de la descripción un texto más objetivo: se
desperezaban con las manos tras el cogote mirando el iluminado horizonte; quedaban de par en par los
establos, vomitando hacia la ciudad las vacas de leche...
La descripción contrasta el armonioso amanecer lleno de vida, luz y color con la dura vida de los trabajadores.
Abundan adjetivos valorativos como por ejemplo; inmensa vega, ancha faja, ruidoso badajeo, indecisa
neblina,...
Las figuras retóricas que podemos encontrar en este fragmento son, las siguientes:
• Metáforas, por ejemplo; las copas de los árboles empezaban a estremecerse bajo los primeros
jugueteos de estos granujas del espacio (refiriéndose a los gorriones), que todo lo alborotan con el
roce de sus plumas.
• Comparaciones, por ejemplo: En los caminos marcábanse filas de puntos negros y movibles como
rosarios de hormigas (refiriéndose a los trabajadores que se dirigen a la ciudad), Los últimos
ruiseñores, cansados de animar con sus trinos aquella noche de otoño, que por lo tibio de su ambiente
parecía de primavera, lanzaban el gorjeo final como si les hiriese la luz del alba con sus reflejos de
acero, salían las bandas de gorriones como tropel de pilluelos perseguidos
• Personificaciones: en los rojizos surcos saltaban las alondras con la alegría de vivir un día más, y los
traviesos gorriones, posándose en las ventanas todavía cerradas, picoteaban las maderas diciendo a los
de adentro con su chillido de vagabundos acostumbrados a vivir de gorra: <¡Arriba, perezosos!¡A
trabajar la tierra para que comamos nosotros!>.
• Sinestesia: De los corrales salía un discordante concierto animal: relinchos de caballos, mugidos de
vacas, cloquear de gallinas, balidos de corderos, ronquidos de cerdos; un despertar ruidoso...
La Barraca Vicente Blasco Ibáñez
17
10
Descargar