Un mercado saturado

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Artículo publicado en la Revista DEF en diciembre de 2008
COMBUSTIBLES
Un mercado saturado
Con una demanda en aumento y un parque refinador trabajando al límite de su capacidad
técnica, Argentina enfrenta dificultades en el abastecimiento de combustibles para el
mercado interno. La situación es particularmente crítica en el caso del gas oil, del que
nuestro país se ha transformado en un importador neto. ¿Qué perspectivas se abren con los
programas Petróleo Plus y Refinación Plus lanzados por el Gobierno?
El nivel de producción de naftas y gas oil de las refinerías argentinas se ubica por encima del 95%
de su capacidad instalada y el gobierno ha casi cuadruplicado en los últimos tres años el monto de
los subsidios destinados al sector energético. “Hoy la capacidad de refinación del país está al
límite”, señala Jorge Gaimaro, ingeniero químico especializado en petróleo, quien coordina la
Comisión de Combustibles del Instituto Argentino de la Energía “General Mosconi”. Este
especialista asegura que importar petróleo no es la solución porque el parque refinador está al tope.
“La demanda ha ido creciendo y no ha habido ampliaciones en esa capacidad porque no hubo
señales para el mercado”, advierte. Si comparamos las cifras de 1999 con las 2007, notamos que se
ha producido una disminución en la elaboración de combustibles, que ha pasado de los 20,2
millones a los 18,9 millones de metros cúbicos.
Importaciones y subsidios
Un insumo clave en el proceso de crecimiento económico de los últimos cinco años ha sido el gas
oil. El sector transporte y el agro son responsables de cerca del 85% de la demanda de ese
combustible para el mercado interno. A partir de 2004 se ha sumado un nuevo actor, la generación
eléctrica, que ante la ausencia de gas natural para abastecer a las centrales termoeléctricas, ha
debido recurrir al gas oil y al fuel oil importados desde Venezuela en el marco de un convenio
firmado en 2004 (ver recuadro 2). El consumo acumulado de gas oil por parte del parque
termoeléctrico ha crecido exponencialmente, al pasar de los 113.000 metros cúbicos en 2006 a más
de 740.000 de 2007 y a los 815.000 en los primeros nueve meses de 2008. Consultado por DEF
sobre la política de subsidios del gobierno, Gaimaro sostuvo: “Por un lado, estamos subsidiando el
consumo interno y, por el otro, estamos adquiriendo gas oil a precios internacionales en el exterior”.
Si analizamos las cifras, observamos que en 2007 las importaciones de gas oil para abastecer el
mercado interno representaron más de 500 millones de dólares a valores CIF (costo, seguro y flete),
en tanto que entre enero y septiembre de 2008 el valor total del combustible importado ya ha
superado esa suma y se ha ubicado en torno a los 580 millones de dólares. “El gas oil se importa a
valores internacionales que conforma un precio de referencia que se denomina paridad de
importación. Existe un desfasaje muy importante entre ese valor y el precio al que se lo vende en el
mercado interno, que es prácticamente la mitad”, indica Gaimaro. Esa diferencia es la que vienen a
cubrir los subsidios. En los últimos tres años, los subsidios aplicados en el sector de la energía han
pasado de los 4.000 millones de pesos en 2006 a los 8.300 en 2007 y, según estimaciones, se
situarían en torno a los 15.000 millones en 2008. La mayor parte de los subsidios son destinados a
CAMMESA (Compañía Administradora del Mercado Mayorista Eléctrico) para financiar el
abastecimiento de combustibles a las centrales térmicas eléctricas.
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Oferta concentrada y precios controlados
Las cifras muestran una fuerte concentración en el mercado de elaboración y comercialización de
combustibles. Cuatro empresas –Repsol YPF, Shell, Esso y Petrobras– controlan el 97,6 por ciento
de la oferta. Una de ellas, Repsol YPF, domina el 56,7 por ciento de la oferta de naftas y gas oil.
Con respecto a los precios, si bien están formalmente desregulados desde 1989, en la actualidad es
indudable que se ejerce sobre ellos una fuerte presión de parte de las autoridades nacionales, rol que
ha asumido en los últimos tres años el secretario de Comercio Interior, Guillermo Moreno.
En los considerandos de la Resolución 25/2006 de la Secretaría de Comercio Interior, se
responsabilizaba de la “alteración del normal suministro de gas oil” a los “arbitrajes especulativos”
de algunos agentes del mercado de distribución y almacenaje. Se estableció, entonces, que las
refinerías y los expendedores mayoristas y minoristas deberían cubrir “de forma razonablemente
justificada el total de la demanda de gas oil”, especificando que deberían respetar como mínimo los
volúmenes abastecidos en igual mes del año anterior, más un incremento acorde con el crecimiento
económico. En este marco, el Gobierno cumplió con su amenaza de aplicar la controvertida Ley de
Abastecimiento contra la petrolera Shell, a la que se aplicaron 23 multas en 2006 y 57 en 2007. Sin
embargo, hace tres meses el juez en lo Penal Económico, Daniel Petrone, declaró ilegal una de esas
multas, sentando un precedente difícil de torcer para Moreno en los demás casos.
Por otro lado, ante la falta de rentabilidad del sector, los propietarios de algunas estaciones de
servicio avanzaron con una polémica decisión: la aplicación del denominado “servicio de playa”,
que consistía en un plus de 15 centavos por litro que se sumaba al precio final de los combustibles.
Se trataba de un aumento encubierto, que no tardó en ser observado por la Justicia. El expediente
llegó a la Suprema Corte bonaerense, que falló en contra de siete expendedores de la ciudad de
Junín que aplicaban esta suba al considerar que de esa forma se vulneraba el derecho de los
consumidores a la información, publicidad y exhibición adecuada de los precios por unidad de
venta. En algunas ciudades del interior del país, este “servicio de playa” se encuentra aún vigente.
Otra medida que tomaron los estacioneros fue la suspensión de las ventas de combustible con tarjeta
de crédito.
¿Cambio de timón?
El impacto que los subsidios tienen en las arcas del Estado ha obligado al propio gobierno a
replantear su política en los últimos tiempos. Durante el anuncio de los nuevos planes destinados al
sector, Cristina Fernández de Kirchner y el ministro Julio De Vido destacaron que el objetivo de los
mismos será la reducción de las importaciones de combustibles, que atentan contra el superávit
fiscal, uno de los pilares del actual modelo económico. El Decreto 2014/2008, que crea los
programas Petróleo Plus y Refinación Plus, prevé el establecimiento de “incentivos para el
desarrollo en materia energética fomentando el aumento de la producción y de las reservas y la
expansión y crecimiento de las actividades relacionadas con la explotación y producción de
hidrocarburos y sus derivados”. Por otra parte, extiende esos incentivos a los “proyectos de
construcción de nuevas refinerías de petróleo y/o ampliación de la capacidad de refinación de las
plantas existentes”.
La medida del Gobierno consiste en entregar a las empresas productoras que aumenten su
producción y sus reservas “certificados de crédito fiscal” aplicables al pago de los derechos de
exportación (retenciones) de hidrocarburos y sus derivados. “Petróleo Plus está orientado
fundamentalmente a la exportación, en un país en el que el horizonte de reservas de crudo no supera
los diez años”, alerta Jorge Gaimaro. El integrante del Instituto “General Mosconi” recuerda
además que las empresas aún tienen la libre disponibilidad del 70% de las divisas provenientes de
esas operaciones, ya que el Decreto 2703/2002, firmado por Eduardo Duhalde y Roberto Lavagna,
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las obliga a ingresar y negociar en el mercado de cambios únicamente el 30% de esas divisas. Si el
objetivo declarado del gobierno es el de no debilitar los ingresos del Estado y reducir las
importaciones de combustibles, esta no parecería ser la solución más adecuada.
“Está haciendo falta un plan integral de largo plazo –concluye Gaimaro–. Hoy estamos generando
energía en forma ineficiente, cara y contaminante. En su momento diseñamos una matriz energética
fundada en el gas dado que habíamos desarrollado las reservas de tal modo que la hacían
sustentable; ahora tenemos que diversificarla e ir tratando de impulsar el desarrollo de otro tipo de
fuentes energéticas, dentro de las cuales las renovables deberán ocupar un lugar preponderante”.
PAN AMERICAN ENERGY
¿Una mega-refinería en la Patagonia?
El pasado 12 de noviembre, el Gobierno nacional y Pan American Energy (PAE) firmaron una carta
de intención por la que la empresa se comprometió a avanzar en la segunda etapa del proyecto de
“Refinería del Sur”, que se ubicaría en la zona de Comodoro Rivadavia. El informe final deberá ser
presentado por la petrolera –controlada por el Grupo Bulgheroni y por British Petroleum (BP)– al
ministro de Planificación Federal, Julio De Vido, antes del 31 de marzo de 2009. En un comunicado
de prensa, PAE señala que “deberá profundizar las tareas de planificación, estudios de mercado,
evaluación tecnológica, diseño conceptual, desarrollo y análisis de los aspectos económicos,
alternativas de financiamiento y estudios de impacto ambiental del proyecto”. Se habla de una
inversión del orden de los 2.500 millones de dólares y se anticipa que, de avanzar la iniciativa, y
contar con el financiamiento adecuado, el complejo refinador podría entrar en operación en el año
2014.
IMPORTACIONES
El fideicomiso con Venezuela
En el marco del convenio integral de cooperación firmado en 2004 por Hugo Chávez y Néstor
Kirchner, se constituyó un fideicomiso por el cual Venezuela provee a la Argentina de combustibles
líquidos a cambio de maquinaria agrícola . El fuel oil proviene de Venezuela, pero en el caso del
gas oil ese país actúa como mero intermediario, ya que lo compra en el mercado spot. Estas
importaciones están exentas del impuesto a la transferencia de combustibles (ITC) y del impuesto al
gas oil, pero para ello el comprador local debe solicitar la autorización a la Secretaría de Energía y
realizar la operación dentro del citado convenio. “Si el comprador local quisiera importar gas oil por
su cuenta, lo puede hacer libremente pero pagando los impuestos correspondientes, con lo cual
quedaría fuera de mercado en cuanto a precios”, detalla Jorge Gaimaro. A modo de ilustración, al
mes de agosto de 2008 el valor del gas oil importado ascendía a 25 dólares por millón de BTU, en
tanto que el fuel oil tenía un precio de 16 dólares por millón de BTU. Estos combustibles abastecen
a las centrales termoeléctricas, sustituyendo al gas natural, que en el caso de la producción nacional
se está pagando a apenas 1,5 dólares por millón de BTU, en el caso del gas importado desde Bolivia
asciende a 9 dólares y el gas natural licuado que se importa utilizando un barco regasificador se
paga a más de 13 dólares.
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