Pontificia Universidad Católica de Chile Programa de Bachillerato

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Pontificia Universidad Católica de Chile
Programa de Bachillerato
Bachillerato en Ciencias Sociales Y Humanidades
Derecho
Ensayo sobre la película:
Doce hombres en pugna
¿Qué es la justicia? "Ninguna otra pregunta ha sido planteada más apasionadamente que esta, por ninguna otra
se ha derramado tanta sangre preciosa, ni tantas lágrimas amargas como por ésta, sobre ninguna otra pregunta
han meditado más profundamente los espíritus más ilustres desde Platón hasta Kant..."
Esta afirmación permite apreciar la complejidad que envuelve el concepto de justicia y también la manera
como ha sido abarcada no sólo por el derecho, sino también por otras áreas enormemente reflexivas y de gran
profundidad como la filosofía. La película Doce hombres en pugna dificulta aún más la posibilidad de un
acercamiento. Entre el jurado defensor y el condenador, hay un espejo de la sociedad homogénea. Todos
convergen en un mismo tema que deben resolver.
Y es que temas tan trascendentales como éste, a menudo no permiten respuestas sencillas, sino que,
contradictoriamente, nos dejan envueltos en más preguntas, tal vez más complejas. Nos dejan empantanados
en un abismo del que quizá el ser humano jamás podrá liberarse, porque el concepto de verdad absoluta no le
pertenece. Hay tal complejidad en ciertos temas y tantas posturas diferentes; tantos modos de ver la realidad,
pues cada ser humano la contempla como un mundo aparte y distinto del resto, que ni siquiera el sentido
común sería una respuesta adecuada.
Que la ley existe, no hay duda alguna. Lo que no queda claro es si lleva directo a un camino de justicia, donde
lo dado es igual a lo debido, donde cada cual sea dueño de lo suyo ¿Quién o quiénes determinan que
verdaderamente se está cumpliendo con esto? Son personas las que establecen las leyes y son personas
también quienes las ejercen sobre otras personas, todas ellas semejantes entre sí. Y son ellas las que derogan
leyes y crean nuevas, porque la antiguas ya no sirven. Esto quiere decir que lo que para una determinada
época es correcto, en otra época puede estar totalmente errado o desfasado.
Las personas se equivocan en sus apreciaciones o cambian constantemente de pareceres ¿Acaso un jurado
compuesto por apenas doce personas de las cuales once están apuradísimas por irse y resolver un caso en
cinco minutos sin importarles que tienen en sus manos la vida de un ser humano, más aún, la vida de una
persona joven que, en caso de analizar los detalles con un poco más de tiempo y esfuerzo, podría ser declarada
inocente, es la copia feliz de lo justo? Si esa única persona que se opuso no hubiera estado entre ellos, ese
joven hubiera muerto inmerecidamente. El derecho penal es de ultima ratio, es decir, que debe intervenir lo
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menos posible, porque aplica castigos muy severos. Por esto, debe tomarse muy enserio el declarar culpable a
alguien.
Las personas se vuelven irreflexivas y superficiales. Lo más importante no es saber de derechos y leyes, ser un
experto en el tema. Y aún sin ser experto, el hombre de por sí puede tener inclinaciones por defender lo que
cree justo, siempre y cuando se apasione por ello, siempre que el asunto le interese y busque hasta el
cansancio, con amor a la causa cuando encuentra en el caso dudas razonables; cuando existe una mínima
posibilidad de que el acusado sea inocente. Si no prima la responsabilidad, la capacidad de ponerse en el lugar
del otro, dejar de lado los prejuicios, el egoísmo; si las personas dejan de sentirse la voz de la verdad, si dejan
de obstinarse por simple orgullo y no por amor a la justicia, por no querer dar su brazo a torcer o,
simplemente, por conveniencia propia, entonces cabrá en ellos la posibilidad de la justicia de un sentido
profundo de equidad.
Una teoría puede ser universal, la norma jurídica puede ser hipotética, pero, al ser aplicada a casos concretos
se puede volver más compleja y entonces se debe recurrir a nuevos criterios, a la jurisprudencia ¿Qué criterio
es el adecuado? No es suficiente contar con el testimonio de unas cuantas personas, como testigos oculares. Es
muy posible que ellas se equivoquen, porque los sentidos pueden engañarnos. Además, los seres humanos no
tenemos estructuras mentales sencillas. Somos muy complejos y nadie puede penetrar en la mente de otro.
Nadie puede saber lo que está pensando y un juramento no es suficiente. Todas las personas, comunes y
silvestres, hemos mentido alguna vez. Puede haber quienes sean capaces de jurar por lo que es más sagrado
para el grueso de las personas, pero que no necesariamente va a ser sagrado para todos. Decir que uno vio algo
no certifica que en realidad lo haya visto.
Hans kelsen, ¿Qué es la justicia?, 1982, p.8
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