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¿COMO HAY UE ACTUAR EN SITUACIONES DE CRISIS? (LA IMPORTANCIA
DEL MOMENTO Y EL MODO DE RESTRUCTURAR LA EMPRESA)
Las circunstancias en las que se están viendo las empresas ante las
vicisitudes que vive el mercado español les están obligando a buscar
alternativas de viabilidad a causa de la falta de la liquidez necesaria
para hacer frente a sus pagos regulares.
Todas ellas están viendo en un muy corto espacio de tiempo -en
algunos casos de repente- como se reducen sus contratos con los
clientes, como tienen que soportar una estructura sobredimensionada
para la actual coyuntura, como comienzan a impagarse sus facturas y,
sobre todo y como consecuencia de ello, como sus bancos reducen
drásticamente el riesgo limitando, sino bloqueando, su tesorería.
Es en este momento cuando se comienzan a palpar de cerca esas
dificultades y, al fin y a la postre, cuando se han de plantear alternativas
viables para la continuidad de la entidad, porque, al margen del
mandato legal al que luego haré referencia, la salvación de la empresa
depende de cuándo y cómo se haya planteado la situación y cuándo
y cómo se conoce la insolvencia inminente.
Y es en este mismo instante cuando el empresario se pregunta -y
preocupa- qué hacer, cómo proceder y cuándo.
La respuesta la establece la Ley aplicable, tanto la de sociedades
mercantiles, bien sea de anónimas o de responsabilidad limitada, como
la Ley Concursal: aportar bienes, disolver la Compañía y en este último
estado presentar el concurso de acreedores en los diez días siguientes a
aquel en que hubiera conocido su insolvencia. Y las consecuencias de
ello también se regulan en dichas leyes: la responsabilidad personal de
los administradores de las empresas que no procedan de este modo en
el plazo máximo de dos meses.
Precisamente por ello y partir de ahora se está dando una avalancha
de dimisiones en masa de consejeros y altos directivos de empresas que
no toman la decisión en plazo ("muchos consejeros independientes,
externos o dominicales van a obligar a propietarios de empresas que
están dilatando el concurso por cuestiones de reputación a que la
sociedad se acoja a la vía concursal para eximirse de eventuales
acciones de responsabilidad civil en la que pudieran incurrir", indican
diversos expertos).
Por todas estas razones, coyunturales y legales, se está asistiendo a una
multiplicación de procedimientos concursales, que seguramente
triplicarán los presentados en el último año.
En este momento de la economía española se comprueba que el
empresariado español que está concienciado de la situación y de sus
obligaciones no parece, sin embargo, muy propenso a solicitar el
concurso confiando en que las circunstancias cambien, cuanto menos
sus bancos de “toda la vida” le sigan ayudando, so pena de dejar
transcurrir ese plazo e incurrir en enormes riesgos.
Y se muestra reacio porque tiene todavía en mente las consecuencias
que para la empresa ha tenido la aplicación de la Ley de Suspensión
de Pagos de 1922, obviando el principio básico sobre el que se asienta
la nueva Ley Concursal cual es proteger a la empresa en modo y forma
suficiente para lograr su continuidad y evitar su desaparición. Es decir,
que al margen de que la empresa cumpla la Ley y sus administradores
protejan
sus
responsabilidades
en
situaciones
coyunturales
completamente ajenas a su propia gestión existe la posibilidad de
salvar la empresa del cierre a través del procedimiento concursall
Para ello, y como dije al principio, debe afrontarse el problema antes de
que se produzca y de este modo presentar el concurso siendo solventes
pero conociendo que se han producido, o en un futuro inmediato se
producirán, circunstancias que abocarán a la insolvencia provisional y
pasajera; de este modo se habrá actuado como diligentes
comerciantes y se habrá puesto la primera piedra para salvar la
empresa.
En tal escenario, la declaración de concurso en el momento oportuno
puede propiciar, con las garantías legalmente establecidas a favor de
acreedores, el umbral de rentabilidad para afrontar el futuro con
garantías de continuidad. Pasado el momento oportuno ni tan siquiera
la declaración de concurso podrá salvar la continuidad de la empresa.
En muchas ocasiones, se tienden a olvidar los mecanismos que la Ley
Concursal ofrece para sanear y reestructurar una empresa. De hecho,
un convenio concursal puede ser una eficaz arma de reestructuración
que permite hacer planteamientos inimaginables fuera del mismo, tales
como reestructuraciones de deudas, quitas y aplazamientos sin
intereses, capitalizaciones de deuda. El resultado puede ser una
empresa saneada y en perfectas condiciones para afrontar los nuevos
tiempos.
Parece por tanto lógico que el primer consejo que hay que darle al
empresario que sufre tensiones de tesorería, actuales o inminentes, o
constata una disminución importante y continuada en su demanda de
producción o servicios es el de plantear la salida concursal.
Ahora bien, el segundo consejo ha de ser de orden estratégico pues
transcurridos tres años desde la entrada en vigor de la Ley Concursal se
aprecia que muchas Sociedades acuden al procedimiento tarde y sin
una línea concreta de actuación porque no lo han hecho antes mal
podrán hacerla después por las propias limitaciones que impone el
proceso: las limitaciones a las facultades patrimoniales sujetas a la
intervención de los administradores concursales (art. 40); la necesaria
autorización del juez para enajenar o gravar los bienes que no son
propios de la actividad (art. 43); la necesidad de atender a los pagos
de los créditos postconcursales según su vencimiento (art. 154); y sobre
todo el clima de desconfianza que se genera entre los agentes
relacionados con la actividad empresarial: trabajadores, proveedores y
acreedores diversos, bancos y clientes.
Como consecuencia de ello, al tiempo de solicitar el concurso debería
haberse establecido esa estrategia y, en la medida de lo posible,
haberse preparado un plan de viabilidad a presentar a los acreedores
(o en su caso de liquidación).
Dentro de dicha estrategia es fundamental también tener prevista la
gestión del negocio durante el procedimiento concursa: previsible pago
al contado de las adquisiciones de bienes y servicios, dificultades en las
relaciones con las entidades de crédito, sujeción a la aceptación de las
operaciones de administración y disposición del patrimonio por parte de
la administración concursal, desmotivación probable del personal,
desconfianza de la clientela, etc. Circunstancias todas ellas que es
seguro se estarán produciendo incluso antes de instar ese
procedimiento concursal.
En definitiva, y sin soslayar una de las principales causas que explican el
fracaso de la Ley: la falta de percepción por parte de muchos
empresarios de que el concurso de acreedores es una útil y eficaz
herramienta para asegurar la supervivencia de las empresas en épocas
de crisis, y no un simple mecanismo de liquidación, es conveniente que
la decisión de solicitar la declaración del concurso se adopte en su
debido tiempo, y no cuando la situación económico-patrimonial de la
compañía se ha deteriorado de tal forma que hace inviable la
continuación de su actividad pues ello permitirá sin duda un margen de
maniobra muy superior a la hora de poder negociar un buen convenio y
asegurar la viabilidad futura de la compañía.
Fdo. José Pajares
Presidente de la Comisión de Insolvencias de la Unión Internacional de
Abogados
Socio-Director de PAJARES & ASOCIADOS ABOGADOS DESDE 1958, S.L.
Esta Publicación tiene exclusivamente carácter informativo sobre la temática legal cubierta y no constituye
asesoramiento legal, que debe ser solicitado antes de emprender cualquier actuación concreta
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