SERRA José Luis – El Discernimiento

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El Discernimiento Ignaciano
J.L. Serra, SJ
http://amdg-ee.blogspot.com/2010/06/el-discernimiento-ignaciano.html
http://amdg-ee.blogspot.com/2010/06/el-discernimiento-ignaciano-ii.html
PRESUPUESTOS BÁSICOS DEL DISCERNIMIENTO
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Para los cristianos el sentido de la vida radica en amar. Por eso Dios nos plantea que el amor a Él, a los demás y
a nosotros mismos, es el único mandamiento que realmente importa. Entonces si nosotros amamos radical,
profundamente estamos en el camino de la liberación, la salvación, la plenitud. La pregunta clave es: ¿yo
cristiano, hoy y aquí, cómo vivir lo más radical, profunda, plena y concretamente el amor? El cristiano deberá
discernir de entre todas las posibilidades que tiene cuál es la más conducente para vivir el amor. Cotidianamente
deberemos preguntarnos ¿qué hacer y cómo?, ¿qué actitudes impulsar, cuáles evitar?, para que cada uno
encuentre su camino de ser auténtico cristiano.
Propongo aquí, algunos presupuestos básicos del discernimiento espiritual que yo considero importantes:
Somos criaturas de Dios, hechas a su imagen y semejanza: Dios nos dotó de la capacidad de permanecer en
contacto con Él. Nuestra relación, nuestra comunicación con él es posible porque nos dio un corazón que está en
sintonía con su corazón, nos dio inteligencia como la de él, nos dotó de voluntad, libertad, capacidad de amar y
ser amados, etc. Dones todos que nos permiten crear, mantener, enriquecer, profundizar nuestra relación íntima
con Dios. Somos sangre de su sangre, carne de su carne, espíritu de su espíritu, por lo tanto la comunicación
con Él es algo natural, es parte de nuestro “equipo”, sólo falta que lo ejercitemos lo mejor posible.
Los seres humanos somos un conjunto de dimensiones muy unidas entre sí, complementarias,
indisolublemente entrelazadas: física-biológica, psicológica racional, psicológica afectiva, social y espiritual.
Para establecer una relación profunda e íntima con Dios es necesario poner en juego todas las capacidades que
tenemos, y cada una de estas dimensiones nos brinda posibilidades de comunicación con Dios. Una
comunicación integral, lo más plena posible sólo se logra si vivimos de manera integrada y armónica todas
nuestras dimensiones.
La iniciativa de comunicación es de Dios: Él siempre está disponible al contacto, al encuentro, al diálogo. Dios
es el Padre inmensamente bueno, que nos ama incondicionalmente, siempre dispuesto a recibirnos, a dialogar, a
compartirnos su vida, a abrazarnos. El discernimiento es un instrumento para que nosotros mantengamos abierta
la comunicación con Dios.
- La voluntad de Dios es que tengamos vida y la tengamos en abundancia (Jn 10,10). Dios no quiere otra
cosa que nuestra realización plena, que todos vivamos, aquí y ahora, lo más plenamente posible. Buscar su
voluntad es pues buscar nuestra plenitud. No debemos temer el dialogo con nuestro Padre Dios, el nunca nos
propondrá nada que vaya en contra de nuestra integridad ni de nuestra dignidad. Discernir significa entonces
que cada quien dialogue con Dios para buscar y vivir en concreto este plan de vida plena. También significa
que en comunidad busquemos que la mejor forma de convivir, de ir construyendo el Reino de Dios desde
ahora, en espera de la realización plena que será gracia de Dios (cfr. GS 66. 72).
- Dios nos hizo libres, Él no nos obliga a seguir su plan, su proyecto, su voluntad. Nos invita, nos propone pero jamás se impone sobre nosotros. Si no fuera así entonces no tendría caso que hiciéramos discernimiento.
Si fuéramos “robots” programados, si Dios fuera como un titiritero que manejará con hilos nuestras vidas no
habría necesidad de discernir. Pero no son así las cosas. Dios respeta nuestra libertad y por eso es necesario discernir. La vida, la realidad está llena de posibilidades, unas buenas, otras mejores para vivir en plenitud; por eso se hace necesario elegir y optar por la mejor, la que más nos posibilite esa vida plena para mí y
los demás.
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- El discernimiento es una de las destrezas que tenemos para encontrar estas posibilidades de plenitud. Eso sí,
supone desarrollar mi libertad, esa actitud de “indiferencia ignaciana”, ante todo lo creado para optar por lo
que más nos lleve a vivir la voluntad de Dios. Es ejercitar la auténtica libertad de los hijos de Dios: “fuimos
llamados para vivir en libertad" (Gál 5,13), y para eso liberarnos de todo aquello que nos obstaculiza el vivir
radicalmente el amor,
- Dios nos hizo buenos, pero no podemos negar que tenemos limitaciones. Somos luz y oscuridad, gracia y
pecado, vida y muerte. Esta realidad es innegable y por eso necesitamos revisar nuestros criterios, juicios,
impulsos, deseos, ideas, interpretaciones de la realidad, etc., para descubrir cuáles nos acercan y cuáles nos
alejan del amor de Dios, de la plenitud. No se puede afirmar que todos nuestros deseos, impulsos, criterios,
son todos y siempre contrarios a Dios (si así fuera no tiene caso hacer discernimiento, bastaría con hacer
siempre lo contrario a estos deseos). Y seríamos ingenuos en afirmar que todos nuestros deseos, impulsos,
criterios, automáticamente nos llevan a Dios.
- Todo esto lo encontramos en JESUCRISTO. Conocer sus sentimientos, sus pensamientos, deseos, proyectos, ideales, esperanzas, preocupaciones. Conocerlo para más amarlo y seguirlo, como dice Ignacio. Este
amor debe ser la fuente de todo discernimiento, el eje de lo que hacemos o dejamos de hacer. El discernimiento supone esta identificación con Jesucristo, supone que la persona vive ya un proceso y un compromiso
de fe, supone ya un grado de amistad con Jesús. Y, al mismo tiempo, nos ayuda a avanzar en este encuentro
personal con Jesús. Rezar, meditar, contemplar, reflexionar, estudiar, trabajar, dialogar, compartir, amar, etc.
son verbos que constantemente debemos practicar para avanzar en la identificación con Jesús.
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