Deseos y sueños del 2007

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Deseos y sueños del 2007
Álvaro Bracamonte Sierra*
Fervientemente deseo que la paz y la armonía priven entre las naciones. Que por fin Estados Unidos
acepte que en Iraq se equivocó y salga de ese masacrado país donde en lugar de ser factor de concordia
ha sembrado la discordia y una hostilidad creciente que amenaza con desbordarse. Deseo que los
estadounidenses sean capaces de poner un “hasta aquí” a los halcones que controlan la Casa Blanca. Que
hombres valientes, como el actor Sean Penn, saquen la cara y denuncien los atropellos y los engaños que
habitualmente utiliza el gobierno de Bush para convencer de que la guerra es la mejor forma de defender
las libertades.
Deseo que los demócratas sean lo suficientemente inteligentes para reimpulsar una política migratoria
que legalice a los millones de indocumentados que residen en ese país. Que concluya de una vez y para
siempre el sufrimiento de muchos mexicanos que trabajan en los campos, en los restaurantes, en los
jardines de los ricos y cuyas familias sobreviven semiabandonadas en alguna remota comunidad rural
del México profundo.
Deseo que los españoles puedan superar la violencia separatista que cada cierto tiempo resurge
sacrificando vidas de inocentes. No podemos más que cuestionarnos por qué los españoles, que son
ahora nuestra envidia, parecen incapacitados para articular una política de conciliación que ayude a
resolver esa sangrienta lucha fratricida.
Deseo que los palestinos y los israelíes puedan encontrar vías de comunicación que ayuden a negociar
reglas para una nueva convivencia. Murieron Yasser Arafat y Ariel Sharon, iconos de los eternos
enconos y agravios, justos o injustos, entre estos milenarios pueblos. Que sus muertes sirvan, al menos,
para que las autoridades prueben nuevas fórmulas de coexistencia pacífica.
Deseo que entre los mexicanos se restaure la armonía extraviada en el duro proceso electoral pasado. Es
claro que ni los panistas están satisfechos con el supuesto triunfo avalado extrañamente por el Trife, ni
los perredistas aceptan el desenlace de los comicios. Pero también es cierto que no hay reversa. Guste o
no, Calderón es Presidente Constitucional de México y AMLO seguirá siendo, entre un segmento
importante de la población, el presidente legítimo. Teniendo en cuenta esas coordenadas es
indispensable, lo digo como deseo, trazar el sendero por donde unos y otros contribuyan a la urgente
reconstrucción de la República.
Es necesario evitar, en esta delicada coyuntura, que las buenas acciones no sean apropiadas por los
partidos sino que se perciban como resultado de la generosidad de todos los actores políticos; de no
darse esta premisa se complicará concretar acuerdos hasta en las cosas más básicas mismas que son
muchas. En este 2007 deseo que se avance, al menos, en unas cuantas como por ejemplo en una reforma
política que permita la renovación de nuestras instituciones electorales; si no hay cambios en ese ámbito,
existe la amenaza de que la polarización se acentúe poniendo en riesgo la unidad de los mexicanos.
Son necesarias y urgentes la reforma energética y hacendaria, como eslabones indispensables para que
México pueda remontar el rezago que registra en los últimos años en materia de competitividad a nivel
internacional. Recordemos que al inicio del sexenio pasado el Foro Económico Mundial ranqueó a la
nación en el lugar 35 y en el 2006 lo ubicó en el 55.
Anhelo que en este año el Estado de Sonora genere empleos de calidad y no sólo una “enorme cantidad”
de puestos de trabajo cuyas condiciones laborales y sobre todo salariales no son muy diferentes a las que
se tienen en la gran China. Para Hermosillo desearía que en este 2007 se terminaran las fugas de agua
que día tras día, hora tras hora, brotan del subsuelo destruyendo el poco pavimento que tienen las calles
de la capital sonorense. Desearía que se acabaran, o por lo menos disminuyeran, los baches que hacen de
los traslados en auto un desafío a nuestra habilidad en el manejo.
Desearía que la ciudad fuera más limpia. Acostumbro caminar, con frecuencia, por algunas calles de la
ciudad y el paisaje no es para enorgullecerse. Al contrario, deprime: Basura, mucha basura; polvo y
tierra por todos lados; baches grandes, medianos y chicos; baches viejos, juveniles y recién nacidos.
Fugas, muchísimas fugas, que al repararlas lo que se produce son nuevos y descomunales baches. Es la
ciudad que tenemos en los albores del 2007; no es la ciudad que desearía tener al final del año.
En fin, desearía que todos los hombres y mujeres sean felices pues justo con ello los problemas se
resuelven en un dos por tres aumentando la sensación de felicidad entre los ciudadanos.
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