El fracaso de la guerra relámpago

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juventud rebelde
por HAROLD BERTOT TRIANA*
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PARA el año 1941 el mundo permanecía en
vilo ante el avance arrollador del poderío
nazi con los métodos de la guerra relámpago, que combinaba velocidad, engaño y fuerza, y había permitido ocupar en corto tiempo parte del territorio de Polonia, Europa
occidental y la península de los Balcanes.
Con similares métodos, en un amplio
frente que se extendía desde los Cárpatos
al Báltico, el 22 de junio de 1941 los alemanes invadieron el territorio de la Unión Soviética. Las premisas fueron ocupar, destruir y
aniquilar.
Las fuerzas iban concentradas en tres
direcciones: al mando del mariscal Ritter
von Leeb, el Grupo de Ejércitos del Norte
marcharía contra Leningrado; comandado
por el mariscal Von Bock, el Grupo de Ejércitos del Centro tenía su objetivo en Moscú;
y el Grupo de Ejércitos del Sur, con el mariscal Von Rundstedt, debía avanzar hacia el
este con Kiev en la mira.
El principal problema estratégico de esta
guerra relámpago era que su éxito dependía
de la derrota de las fuerzas soviéticas en un
tiempo limitado en tan vasto teatro de operaciones. Debía impedirse que la masa de los
ejércitos rusos llegase al oeste de los ríos
Dniéper y Dvina y lograsen retirarse intactos
tras estas barreras fluviales.
Desde el inicio de la invasión, Hitler, con
la mirada puesta en las tierras de Ucrania,
la zona industrial del Donetz y los campos
petrolíferos del Cáucaso, tuvo divergencias
con el alto mando de su ejército sobre los
objetivos inmediatos. Había decidido no
presionar en dirección a Moscú y concentrar
la iniciativa en despejar los Estados bálticos
y apoderarse de Leningrado en el norte, y
en el sur avanzar en dirección sudeste
hacia Kiev y el Dniéper.
El mando alemán sostenía que para cercar y destruir las fuerzas soviéticas era
necesario seguir presionando hacia Moscú,
donde encontrarían la masa principal, con la
preocupación de concentrar el ejército. Sin
embargo, en julio de 1941, Hitler ordenó
que una parte de las fuerzas móviles de Von
Bock girasen para apoyar al Grupo de Ejércitos del Norte en su avance hacia Leningrado, y el resto volviese hacia el sur para ayudar el avance hacia el interior de Ucrania.
Durante el mes de agosto el general en
jefe, mariscal Brauchitsch y su jefe de Estado Mayor, general Halder, insistieron en concentrar operaciones en el Grupo de Ejércitos del Centro que permanecía al este de
Smolensk.
Para el mando alemán, las condiciones
climatológicas de la Unión Soviética jugarían
un papel decisivo en el éxito de la guerra
relámpago. El tardío deshielo del año
1941, que les hizo retrasar la fecha del ataque, junto a las operaciones que Hitler se
vio obligado a hacer en los Balcanes, provocaron que los alemanes solo contaran con
los meses de junio a septiembre para la
guerra de movimientos, antes de la llegada
en octubre del período otoñal de lodos,
donde el avance era muy difícil por el atasco de los vehículos en el barro, y con la
amenaza del período de heladas desde
noviembre a febrero.
Con la llegada de septiembre, Hitler —sin
acceder a un ataque contra Moscú—
comienza a perder interés por Leningrado y
se convence de la necesidad de un cerco
gigante en Ucrania. Envía fuerzas limitadas
del Grupo de Ejércitos del Centro para el
ataque contra Leningrado y ordena contribuir en la mayor medida posible al ataque
contra Ucrania. Esto resultó en el cerco a
DOMINGO
13 DE DICIEMBRE DE 2015
Batalla de Moscú
El fracaso de la
guerra relámpago
Aunque el dictador alemán Adolph Hitler
ansiaba apoderarse del Kremlin, el heroísmo de los
soldados soviéticos impediría esa conquista. La batalla por
Moscú fue la primera gran derrota sufrida por los
alemanes, en tierra, durante la Segunda Guerra Mundial
El arrojo de los soldados soviéticos fue primordial para evitar la toma de Moscú. Foto: Tomada
de www.photobucket.com
Kiev y la pérdida de gran cantidad de hombres y material bélico para los soviéticos.
Solo después de este éxito, Hitler ordenó
concentrar grandes fuerzas en la dirección
central, con el objetivo de atacar Moscú.
Desde el punto de vista militar y político,
esta ciudad se tornaba decisiva en el futuro de la guerra relámpago. Eran los últimos
días de septiembre y la temporada de lluvias había convertido la mayor parte de la
región campesina de Rusia en un lodazal y
con la amenaza del invierno. Mientras,
Hitler arremetió contra Leningrado para cercarla y aniquilar a sus habitantes e intentó
proseguir en el sur para apoderarse del
Donbass y Crimea, la costa del Cáucaso y
obligar a Turquía a entrar en guerra.
LAS ANSIAS DE HITLER
DE DEMOLER EL KREMLIN
En la ofensiva contra Moscú, el mando
alemán contó con más de un millón de hombres, 14 000 cañones y morteros, 1 700
tanques y 950 aviones. Los soviéticos
sumaban 800 000 hombres, 1 800 cañones y morteros, 780 tanques y 545 aviones.
El plan de los alemanes consistía en cercar el grueso de las fuerzas de los Frentes
Occidental, de Reserva y de Briansk en las
zonas de Viazma y Briansk. Después las unidades de infantería lanzarían una ofensiva
frontal sobre Moscú y las acorazadas motorizadas atacarían para bloquear la ciudad.
Mientras los alemanes se preparaban
para la embestida, los soviéticos construyeron una línea defensiva a lo largo del Dniéper
superior y el Desna frente al Grupo de Ejércitos del Centro, que constituyó el anillo de
defensa exterior de Moscú. La misión de los
alemanes era penetrar esta línea, hacer un
doble envolvimiento y marchar contra Moscú.
La arremetida alemana tuvo un éxito inicial de importancia en los primeros días de
octubre. Varios ejércitos fueron cercados en
Viazma y Briansk. Esta situación supuso un
grave peligro para Moscú. Contó el general
alemán Gunther Blumentritt, jefe del Estado
Mayor del 4to. Ejército que peleó en Moscú,
que Hitler había designado un grupo especial del cuerpo de ingenieros para la demolición del Kremlin.
Las fuerzas soviéticas tuvieron que replegarse y fortalecerse defensivamente en la
llamada «línea Mozhaisk». Para ese entonces el Frente Occidental —al cual le fue
integrado el de Reserva— junto a las tropas
de la mencionada línea de defensa, le fue
encargado al general Gueorgui Zhukov. Con
la creación del Frente de Kalinin (al mando
del general Konev) después de que los alemanes amenazaran Moscú por el noroeste,
el Frente Occidental debía cubrir la ciudad
por el oeste, concentrando la defensa en
las principales direcciones de Volokolamsk,
Mozhaisk, Maloyanoslávets y Kaluga. Pero
para el 18 de octubre no se había estabilizado la «línea de Mozhaisk» y algunas de
estas ciudades fueron ocupadas. Los hitlerianos penetraron y en algunas zonas ya se
peleaba encarnizadamente a poco menos
de cien kilómetros de Moscú.
El 19 de octubre se implantó el estado
de sitio en la capital. Los bombardeos hacían
estragos en la población civil. Sin embargo,
a finales de octubre la defensa de los Frentes Kalinin y Occidental se estabilizó cerca
de Moscú. La defensa en el Frente de
Briansk permitió asegurar el flanco izquierdo del Frente Occidental. La asombrosa
resistencia soviética, combinada con un
audaz despliegue táctico y unido a las pésimas condiciones climatológicas, logró que
en los primeros días de noviembre se detuviera la ofensiva alemana.
EL ÚLTIMO INTENTO POR TOMAR MOSCÚ
Y LA RESPUESTA SOVIÉTICA
En el mes de noviembre el jefe del Estado
Mayor General Alemán reunió en Orsha, sobre
el Dniéper, a los jefes de Estados Mayores de
ESPECIAL
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los tres ejércitos en el frente oriental, para decidir si debían atrincherarse a esperar o proseguir
la ofensiva. La decisión para el Grupo de Ejércitos del Centro fue lanzar un último intento
por Moscú antes del invierno.
A mediados de mes se hizo anunciar la
estación. Pudieron los alemanes prepararse y
transitar vehículos con menos dificultad y se
reforzaron con la idea de concentrar el ataque
en la región del Frente Occidental. El mando
soviético, conociendo estas intenciones, mejoró dicho frente con armamentos y tropas.
Resultó un acontecimiento de gran alcance
político el desfile en la Plaza Roja el 7 de
noviembre, en conmemoración de la Gran
Revolución Socialista de Octubre, cuyos integrantes saldrían luego hacia el frente.
En los días 15 y 16 de noviembre
comenzó la segunda ofensiva general contra Moscú. En algunas zonas el ejército alemán derrotó la resistencia y se colocó a
solo 15 kilómetros de la ciudad. Se vivían
momentos muy tensos. Zhukov narra en
sus Memorias y Meditaciones, que el propio Stalin lo llamó en un momento de los
combates con suma preocupación para
inquirirlo sobre la seguridad de si podrían
mantener su ciudad.
La ofensiva alemana encontró resistencia. Continuamente llegaban a Moscú hombres y armamentos de los Urales, la Siberia
y el Extremo Oriente. El arrojo de los soldados soviéticos fue extraordinario y se
recuerda su firmeza ante el intento de los
tanques de penetrar en Moscú por la carretera de Volokolamsk.
Extenuados, y sin posibilidades de éxito, el
5 de diciembre el mando alemán se vio obligado a detener la ofensiva. Más de cien mil
hombres e incalculable número de armamentos se habían perdido. El mando soviético
comprendió que era la hora de contraatacar
al enemigo. Con gran despliegue de hombres
y pertrechos, entre el 6 de diciembre y el 8 de
enero de 1942, se llevó a cabo la contraofensiva en los alrededores de Moscú, que dio
paso a una general. En este período se logró
desplazar al enemigo de la capital y recuperar
ciudades estratégicas.
La victoria en los alrededores de Moscú
tuvo una gran significación para la victoria
del Ejército Rojo en la Segunda Guerra
Mundial. Para Hitler representó un duro
revés al punto de que gran parte de su
mando militar fue apartado, aduciendo disímiles razones.
Si bien al pueblo soviético le esperarían
otras difíciles pruebas, la batalla por Moscú
representó, como expresó el propio general
Blumentritt, «la primera gran derrota sufrida
por los alemanes, en tierra, durante la
Segunda Guerra Mundial. Señala el fin de la
Blitzkrieg, o guerra relámpago, con cuya técnica consiguieron Hitler y su Wehrmacht
tantas victorias espectaculares en Polonia,
Francia y los Balcanes». El propio Zhukov,
héroe en las más importantes batallas libradas contra el ejército alemán, escribiría:
«Cuando se me pregunta qué recuerdo
mejor de la pasada guerra, respondo siempre: la batalla por Moscú».
Bibliografía consultada: Bullock, Alan.
Hitler,, Editorial Grijalbo, México, 1955; Colec tivo de autores. La Gran Guerra Patria de la
Unión Soviética,, Editorial Progreso, Moscú;
Goerlitz, Walter. Estado Mayor Alemán,, Edito rial AHR, Barcelona, 1954; Zhukov, G.K..
Memorias y Meditaciones,, Biblioteca El Oficial, Tomos I y II; La Segunda Guerra Mundial,,
El Ejército Rojo I,, Ediciones Folio, S.A. (18-121995) Time, Life Folio; Günther Blumentritt.
Moscú, en Batallas Cruciales de la Segunda
Guerra Mundial,, Luis de Caralt, 1957.
*Investigador. Graduado de la Facultad de
Derecho de la Universidad de La Habana.
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