Indice
Ãndice, 2
Introducción, 3
El cura Hidalgo y su contexto histórico, 4
Miguel Hidalgo Costilla, 4
Miguel Hidalgo y el proceso de independencia, 6
Situación socio−económica de México, 9
CaÃ-da de la Corona Española, 11
Inicios de movimiento de independencia, 12
La conspiración, 12
La conspiración descubierta, 13
El Grito de Dolores, 13
La muerte de los caudillos, 15
El movimiento de independencia después de Hidalgo, 17
Continúa la lucha, 17
La Junta de Zitácuaro, 17
Morelos y el legado de Hidalgo, 20
Morelos, lÃ-der de la insurgencia, 20
El Congreso Nacional, 22
Muerte de Morelos, 24
Final del proceso de independencia, 25
Declina la lucha de independencia, 25
El virrey Juan Ruiz de Apodaca, 25
La expedición de Mina, 26
Consumación de la Independencia, 27
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La Profesa, 29
El Plan de Iguala, 31
La consumación, 34
Juan de O'Donoju, el último virrey, 34
Conclusiones, 35
BibliografÃ-a, 37
Introducción
El proceso de independencia de México fue una secesión de acontecimientos cuyo resorte principal fue el
conocido Grito de Dolores protagonizado por el sacerdote Miguel Hidalgo Costilla. Será la figura de este
personaje la que estudiemos en primer lugar para tomarlo como punto de partida de nuestro trabajo. El Grito
de Dolores nos demuestra que un acto en un pequeño pueblo del mundo, puede dar paso a un gran
movimiento de repercusiones internacionales. Es una muestra de cómo lo pequeño y humilde es capaz de
crecer hasta convertirse en un hito histórico fundamental para millones de personas.
En un contexto muy concreto, surge la figura carismática de un sacerdote que sabe oÃ-r las súplicas y
necesidades de sus compatriotas y tiene los recursos humanos e intelectuales suficientes para encabezar junto
a otros un movimiento de independencia que se extenderÃ-a once años.
Aunque sea cierto que Miguel Hidalgo muere pronto en este proceso, no es menos cierto que su ideario y sus
principios serán la base de las actuaciones de sus sucesores a la cabeza del movimiento independentista
contra la ocupación y el gobierno colonial europeo.
De este modo, el final de nuestro estudio se centrará en personajes como Morelos o Iturbe que prosiguieron
con la tarea revolucionaria de liberación mexicana hasta conseguir la independencia definitiva en septiembre
de 1821.
El cura hidalgo y su contexto histórico
Miguel Hidalgo Costilla
El nombre completo de nuestro personaje es Miguel Gregorio Antonio Ignacio Hidalgo y Costilla Gallaga
Mondarte Villaseñor, que pasó a ser reconocido en la historia como el cura Hidalgo. Nacido en la
Hacienda de Corralero, cercana a Pénjamo, provincia de Guanajuato en mayo de 1753. Sus padres fueron
Don Cristóbal Hidalgo y Costilla, administrador de la hacienda en que vivÃ-an y doña Ana MarÃ-a
Gallaga Mandarte. Fue el segundo de cuatro hermanos. Pasó toda su niñez en el lugar de su nacimiento. Al
mismo tiempo que estudió las primeras letras, aprendÃ-a también las labores del campo.
Miguel Hidalgo partió en 1765 hacia Valladolid (actual Morelia), provincia de Michoacán, con su hermano
José JoaquÃ-n para comenzar sus estudios en el colegio de San Nicolás Obispo, fundado en 1547 por
Antonio de Mendoza, primer virrey de Nueva España. En esta casa ambos hermanos estudiarÃ-an hasta
1967. Este colegio al pertenecer a la CompañÃ-a de Jesús se vio afectado por la expulsión de los Jesuitas
de los territorios españoles que ordenaron el rey Carlos III y el Conde de Floridablanca en junio de 1967,
por lo que tuvo que permanecer cerrado unos meses. El 20 de febrero de 1770 recibió el grado de Bachiller
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en Letras. Luego, en la Real y Pontificia Universidad de México, el de Bachiller en Artes. Posteriormente,
en 1773, obtuvo el tÃ-tulo de Bachiller en TeologÃ-a. El 23 de marzo de 1774, obtuvo las cuatro órdenes
menores. Un año más tarde, siendo profesor de FilosofÃ-a, se le concede el subdiaconado, y el 19 de
septiembre de 1778 es ordenado sacerdote.
Miguel Hidalgo fue un hombre siempre vinculado al arte y la cultura. En el colegio de San Nicolás estudió
letras y a los diecisiete años ya era maestro en filosofÃ-a y teologÃ-a. Esta precocidad junto a su astucia e
intelecto le hizo ganarse el apodo entre sus amigos y compañeros de el Zorro. Estudió algunos idiomas
como el italiano y el francés, adquiriendo gran admiración por Moliere, autor al que él mismo
interpretarÃ-a en las obras de teatros que como párroco de Dolores organizarÃ-a. Además, de niño
aprendió de los trabajadores de su hacienda diversas lenguas indÃ-genas como el otomÃ-, náhualt y
purépecha. Esto se debió a que en la zona de Pénjamo, de la que era originario Miguel Hidalgo, la
convivencia entre el mundo nativo, formado por diversos grupos indÃ-genas, y el español era bastante
frecuente.
Con todos estos conocimientos, Miguel Hidalgo pudo impartir clases de latÃ-n y filosofÃ-a a la vez que
continuaba con su carrera académica. Una vez acabados estos estudios pasó a trabajar en la escuela de
tesorero y maestro entre 1782 y 1788, año en el que fue nombrado rector, puesto que ocuparÃ-a hasta 1792.
Siendo rector se dedicó al estudio de las teorÃ-as liberales que revolucionaban Europa. Esto provocarÃ-a
que por presiones de la alta jerarquÃ-a eclesiástica sea cesado de su cargo y enviado a Colima, San Felipe
Torres Mochas y Dolores (ambos en Guanajuato), donde desarrollarÃ-a su labor pastoral como sacerdote.
En estos lugares, El sacerdote Miguel Hidalgo instruye y capacita a los indÃ-genas, les enseña apicultura, el
cultivo de la vid y la crianza del gusano de seda. A la vez, también establece un taller de cerámica y una
fábrica de ladrillos, organiza una curtidurÃ-a de pieles y una orquesta. La promoción de los indÃ-genas
ocuparÃ-a la mayor parte del tiempo del aun joven Cura Hidalgo.
A la ciudad de Dolores llegó el 19 de septiembre de 1802 sustituyendo a su difunto hermano JoaquÃ-n.
AllÃ- realizó las funciones de sacerdote, vicario y juez eclesiástico.
En el entorno de la parroquia de Dolores, Miguel Hidalgo organizaba tertulias con los vecinos para comentar
la situación polÃ-tica del paÃ-s y levantó una finca para alojar varios talleres en los que enseñar distintos
oficios a los habitantes indÃ-genas, los más desfavorecidos de la localidad. Hombre muy culto y profundo
conocedor de las ideas de la Ilustración, las puso en práctica entre sus feligreses, en su mayorÃ-a
indÃ-genas, en el intento de mejorar sus condiciones económicas y de vida. Como venÃ-a haciendo en
destinos anteriores, les enseñó a cultivar viñedos, criar abejas y dirigir pequeñas industrias,
colaborando de esta manera en la promoción de la sociedad indÃ-gena de forma activa. De esta manera
Miguel Hidalgo se fue erigiendo como una figura de vital importancia para la población nativa mexicana.
Miguel Hidalgo y el proceso de independencia
En 1808, la invasión a España por las tropas napoleónicas y la consiguiente deposición de su monarca
Carlos IV, y de su hijo Fernando VII, generaron gran oposición tanto en España como en América.
Surgieron entonces numerosos grupos de intelectuales que discutÃ-an en torno a los problemas de la
soberanÃ-a y la forma de gobernarse. En 1809 Hidalgo se unió a una de esas sociedades secretas, formada
en Valladolid, cuyo fin era reunir un congreso para gobernar el Virreinato de Nueva España en nombre del
rey Fernando VII, que en ese momento se encontraba preso de Napoleón, y en último caso lograr la
independencia.
Los conjurados planeaban levantarse en armas contra el virrey de Nueva España el primero de octubre de
1810, pero fueron descubiertos a mediados de septiembre. Hidalgo y algunos otros conspiradores lograron
ponerse a salvo gracias al aviso de Josefa Ortiz de DomÃ-nguez y se trasladaron a Querétaro, donde
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Hidalgo se reunió con Ignacio Allende.
El 16 de septiembre de 1810, Hidalgo enarboló un estandarte con la imagen de Nuestra Señora de
Guadalupe, patrona de México, en el que se podÃ-a leer: "Viva la religión. Viva nuestra madre
SantÃ-sima de Guadalupe. Viva Fernando VII. Viva la América y muera el mal gobierno". Hidalgo lanzaba
asÃ- el llamado Grito de Dolores, que supuso el inicio de la revuelta; junto con Allende, consiguió reunir un
ejército formado por más de 40.000 miembros. Su obra cumbre trasciende en las páginas de la Historia
de México, cuando el 16 de septiembre de 1810, llevando un estandarte con la imagen de Nuestra Señora
de Guadalupe, patrona de México, Hidalgo lanzó el llamado grito de Dolores que inició la revuelta que
buscaba la independencia de España; y, acompañado de Allende, consiguió reunir un ejército formado
por más de 40,000 mexicanos. Tomó las ciudades de Guanajuato y Guadalajara en el mes de octubre, pero
a pesar de sus éxitos, Hidalgo no consiguió llegar a la ciudad de México.
Su consigna es: Viva la Independencia, viva la Virgen de Guadalupe. Muera el mal gobierno. Al mando de
300 hombres desorganizados y mal armados avanza hasta llegar a Celaya que no opone resistencia. En pocos
dÃ-as su tropa ya constaba de más de 30 mil hombres, mujeres y niños.
El 28 de septiembre entra a Guanajuato exigiendo la rendición de los realistas que se habÃ-an parapetado
con vÃ-veres y armamento en la Alhóndiga de Granaditas. Los rebeldes logran tomarla y asesinan a sus
defensores, entre ellos al intendente Riaño, viejo amigo de Hidalgo. Establece una Casa de Moneda y manda
fundir los cañones antes de marcharse a Valladolid con 15 mil hombres, ahÃ- decreta la abolición de la
esclavitud e invita a los curas de las poblaciones cercanas a unirse a la causa.
Resuelve tomar por sorpresa la Ciudad de México con la ayuda de Allende. La primera derrota tiene lugar
en el Monte de las Cruces pues si bien los realistas retroceden, el ejército insurgente sufre muchas bajas.
Desiste de su intento por llegar a la capital y a pesar de la inconformidad de Allende marcha a Querétaro.
Tiene otra sonada derrota en Aculco y decide ir a Guadalajara, en poder del insurgente José Antonio
Torres. En Celaya fusila a varios delatores y continúa a la Nueva Galicia (Jalisco).
Al abandonar Guanajuato los realistas pasan por las armas a los que habÃ-an apoyado la rebelión. En
represalia Hidalgo ejecuta a todos los prisioneros de guerra españoles. En diciembre de 1810 es declarado
hereje, apóstata y cismático. Ante la posible ofensiva de los realistas deja a Guadalajara y opone resistencia
en Puente de Calderón, su segunda gran derrota.
Se dirige a Aguascalientes con el fin de establecer ahÃ- su gobierno, en enero de 1811. Es relevado del mando
militar por los caudillos principales pero conserva el liderazgo polÃ-tico. Marcha a Zacatecas y Saltillo para
facilitar la adquisición de armas de Estados Unidos. El coronel realista Ignacio Elizondo finge unirse al
movimiento, pero lo traiciona y lo hace prisionero, al igual que Allende y Aldama, en Acatita de Baján,
cerca de Monclova, Coahuila.
Es degradado y fusilado en la ciudad de Chihuahua el 30 de julio de 1811. Su cabeza, dentro de una jaula de
hierro, es expuesta en la Alhóndiga de Granaditas hasta 1821. Hasta el final, Hidalgo defiende la
Independencia y el derecho que todo ciudadano tiene cuando cree que la patria está en riesgo de perderse.
De su muerte se sabe que cuando iba rumbo al Norte a conseguir armas junto con Aldama y José MarÃ-a
Jiménez, en un lugar conocido como la Noria, fue fusilado el 30 de julio de 1811, después de haber sido
traicionado por un compatriota.
Situación socio−económica de México
Durante los siglos XVII y XVIII parecÃ-a que la prosperidad económica se habÃ-a instalado en Nueva
España. Las arcas estaban llenas y daban para financiar a los gobiernos de otras colonias españolas, y
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emprender grandes construcciones y campañas militares en la propia España. México era el lugar de
América donde las ciudades tenÃ-an un mayor desarrollo, aunque existÃ-a una profunda desigualdad social
entre sus habitantes.
En el XVIII habÃ-a un 40% de la población indÃ-genas, al igual que de mestizos y mulatos. Sólo un 20%
de la población era blanca (europeos y norteamericanos). La población indÃ-gena, mestiza y mulata era en
su gran mayorÃ-a inculta, pobre y explotada. Estaban fuera de toda participación en el gobierno general y la
economÃ-a del virreinato. La minorÃ-a de europeos y norteamericanos controlaban todo el poder
beneficiándose prácticamente de la totalidad de las ganancias que generaba Nueva España. No obstante,
dicha minorÃ-a estaba dividida en bandos: "peninsulares" y "criollos". Esta diferencia comenzó en los
orÃ-genes de la colonia en México y en doscientos años fue provocando problemas cada vez más
profundos. Comenzando el XIX la situación se habÃ-a tornado en un enfrentamiento hispano−criollo abierto
entre realistas e insurgentes con la correspondiente adhesión a cada grupo del resto de núcleos sociales.
La discusión por el derecho a gobernar y dirigir la sociedad de Nueva España entre los conquistadores y
los conquistados. La Corona española tenÃ-a problemas de gobierno en el territorio conquistado a causa de
la distancia, por ello los criollos consideraban que debÃ-an ser ellos los dirigentes polÃ-ticos de las tierras
mexicanas.
CaÃ-da de la Corona Española
José Bonaparte entró en España haciendo caer la Corona española en julio de 1808. Ahora habÃ-a un
nuevo rey y una situación convulsa y de confusión que sin duda repercutÃ-a en las colonias americanas.
AllÃ-, españoles y criollos no reconocieron a Bonaparte como legÃ-timo rey, pero para los segundos era
una oportunidad para hacer a la colonia independiente con el pretexto de guardar el reino para el derrocado
rey Fernando VII. Fue entonces cuando el fraile Melchor de Talamantes junto a Francisco Primo Verdad y
Ramos y Juan Francisco Azcárate piden que se considere nula la renuncia echa por los reyes de España.
Argumentaron que si faltaban los reyes la soberanÃ-a volvÃ-a al pueblo indÃ-gena y era necesario crear un
nuevo gobierno. Al concluir de exponer la propuesta pidieron al virrey y a la junta del ayuntamiento que
juraran por el rey de España y de la Indias Fernando VII. El entonces virrey José Iturrigaray apoyó la
propuesta de crear una Junta Suprema de México en donde él gobernarÃ-a conservando la soberanÃ-a
mientras Fernando VII estuviera preso. Los realistas consideraron este hecho como un paso hacia la
liberación polÃ-tica y tenÃ-an que impedirlo. Por ello, Gabriel Yermo junto a trescientos españoles
tomaron el palacio y apresaron al virrey y sus asesores para poder instaurar un gobierno militar capaz de evitar
cualquier tipo de cambio. Además, se mató a Primo y Verdad, para hacer ver lo que le podÃ-a suceder a
cualquiera que intentase cambiar el gobierno. Lejos de asustar, motivó a los opositores para unirse y llegar al
poder.
Inicios del movimiento de independencia
La conspiración
CorrÃ-a el final del año 1809 cuando se descubrió una conspiración en la ciudad mexicana de Valladolid
que intentaba derrocar al régimen militar de los peninsulares. En ella es invitado a participar Don Miguel
Hidalgo Costilla un cura criollo de gran carisma destinado en Dolores. Miguel Hidalgo no se une a la
conspiración de Valladolid porque percibe pocas posibilidades de éxito.
Más tarde, entre un grupo de criollos de la ciudad de Querétaro que son protegidos por el corregidor de
esta ciudad, Miguel DomÃ-nguez y su esposa. Este grupo es impulsado por un grupo de militares: Ignacio
Allende, Juan Aldama, Mariano Abasolo, JoaquÃ-n Arias y otros. Allende es el principal promotor de la
conspiración, que dirige la operación pero en forma de un movimiento de la clase media criolla conducida
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por militares. La conspiración de Valladolid demostró que no bastaba con el apoyo de los criollos, que
necesitaban al pueblo si es que esperaban tener alguna oportunidad de éxito en su aventura. HabÃ-a que
mover al pueblo y para ello necesitaban a alguien de gran carisma y prestigio de modo que pudiera ser oÃ-do
y aplaudido por la muchedumbre. Por tal razón y con pesar de Allende llamó a Hidalgo.
Las reuniones de este grupo de conspiradores se realizaban en la casa del cura José MarÃ-a Sánchez a
ellas acudÃ-an Allende, Altamirano, Aldama, Hidalgo y otros. El Corregidor Don Miguel DomÃ-nguez
aunque no asistÃ-a a las reuniones estaba de acuerdo con el movimiento y en su casa se reunÃ-a con Allende
para tratar el proyecto. Las reuniones estaban encubiertas bajo el pretexto de Juntas literarias, en las cuales
discutÃ-an los puntos para llevar acabo el levantamiento.
La conspiración descubierta
La conspiración es descubierta ante varias autoridades por Mariano Galva y el capitán Arias, ante esto
Josefa Ortiz de DomÃ-nguez envÃ-a al alcalde, Ignacio Pérez, para que busque al capitán Allende en San
Miguel, al no encontrarlo ahÃ- se dirige junto con Aldama a Dolores. Al ser informados Hidalgo y Allende de
que la conspiración ha sido descubierta discuten su situación y por fin Hidalgo exclama "¡Caballeros,
somos perdidos!; AquÃ- no hay más recursos que ir a coger gachupines". AsÃ- que en la madrugada del 16
de septiembre Hidalgo se dirigió al patio de la parroquia de Dolores en donde expuso a la gente reunida el
plan que tenÃ-an para quitar del poder a los españoles, tras lo cual dio el grito de independencia.
El Grito de Dolores
Aunque redundemos en algunos datos ya aportados en la breve biografÃ-a que hemos esbozado anteriormente
del sacerdote Miguel Hidalgo, es interesante reincidir en el acontecimiento de Dolores y los posteriores
sucesos relacionados con el movimiento de independencia.
Del pueblo de Dolores Hidalgo partió hacia Atotonilco donde saco un lienzo de la iglesia con la imagen de la
Virgen de Guadalupe, lo puso como estandarte y siguió hacia San Miguel el Grande, Chamacuelo. En la
ciudad de Celaya se asignaron los primeros grados e Hidalgo fue nombrado como "Capitán General" o
"GeneralÃ-simo de América" y Allende como "Teniente General". Continuaron avanzando y llegaron a
Salamanca, Irapuato, Silao y finalmente a Guanajuato. A lo largo del avance hasta Guanajuato que duró
menos de dos semanas Hidalgo logró reclutar a más de veinte mil hombres, ya que en Guanajuato llegó a
tomar la ciudad tras vencer a los españoles que se habÃ-an fortificado en la alhóndiga de Granaditas.
Tras reunir más hombres mandó fundir cañones para dirigirse a Valladolid, ciudad que tomó sin
disparar un solo tiro. Escribe el primer bando en el que anula la esclavitud y la paga de tributos para todo tipo
de castas. Sale de Valladolid rumbo a la capital y en el camino se le unen Ignacio López Rayón y el cura
José MarÃ-a Morelos; Rayón pasa a formar parte de su equipo de colaboradores y Morelos es destinado a
dirigir la insurrección en el sur, rumbo a Acapulco.
Conforme los rebeldes avanzaban hacia la ciudad, el pánico era mayor. Venegas organiza una bien provista
división, que puso al mando del coronel Torcuato Trujillo, con la orden de atacar y detener el avance de las
fuerzas rebeldes. El encuentro se desarrolló el 30 de octubre en el Cerro de las Cruces. Hidalgo y Allende
hacen frente a Trujillo venciendo a su ejército completamente. Motivados por su victoria avanzan hasta las
cercanÃ-as de la ciudad, parando en el pueblo de Cuajimalpa. Hidalgo decide no avanzar hacia la ciudad ya
que un poderoso ejército comandado por el brigadier Félix MarÃ-a Calleja venia en auxilio del virrey
Venegas y podrÃ-an quedar atrapados en la ciudad. El 7 de noviembre es derrotado en Aculco por Calleja a
quien intentaban evitar.
Hidalgo y Allende se tuvieron que separar. Allende parte a Guanajuato, donde tiene que enfrentarse con el
ejército de Calleja, e Hidalgo se dirige hacia Guadalajara donde es recibido con festejos, propone la
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creación de un Congreso Nacional con representantes de todas las ciudades villas y lugares del reino, utiliza
la imprenta para publicar proclamas y bandas, también edita el Despertar Americano, primer periódico
insurgente que durará a lo largo de 11 años de guerra. Desarrolla sus medidas de tipo social, como la
anulación de la esclavitud, suspensión de tributos, reparto de tierras y garantÃ-as individuales (igualdad
social, libertad de trabajo y de comercio). Es Hidalgo quizá el único que desde el inicio de la lucha se haya
dado cuenta que el movimiento iba más allá de la lucha por el control del poder de la Nueva España y
que se transformó en una lucha popular por la libertad de México.
La muerte de los caudillos
El 17 de enero de 1811 el brigadier Calleja quien ya habÃ-a recuperado Guanajuato para los realistas, vence
al gran ejército insurgente e Hidalgo se ve obligado a partir para el norte con intenciones de pasar a Estados
Unidos y conseguir armamento para volver con más fuerza. Es detenido cerca de Monclova en Actita de
Baján por un destacamento realista. Hidalgo conducido a Chihuahua junto con otros lÃ-deres insurgentes es
tomado prisionero y puesto en juicio. Fue sometido a los más duros interrogatorios durante tres meses, tras
los cuales es sentenciado a muerte. La ejecución se llevó acabo el 30 de junio de 1811 y su cabeza junto
con la de Allende, Aldama y Jiménez fue colocada en un ángulo de la Alhóndiga de Granaditas, como
advertencia para el resto.
El movimiento de independencia después de Hidalgo
Continúa la lucha
La Captura de Hidalgo y sus compañeros no detuvo la lucha de independencia ya que quienes habrÃ-an de
continuar con su tarea ya estaban trabajando en ello antes de la muerte de los primeros jefes. El movimiento
no solo no decayó sino que tomo más fuerza y alcanzo sus máximos niveles tanto en lo polÃ-tico como
en lo militar.
Después de enterarse de la captura de Hidalgo y Allende, Ignacio López Rayón quien habÃ-a sido
nombrado Jefe del ejército en Saltillo, mientras durase la ausencia de Allende e Hidalgo, decide sacar su
pequeño ejército de apenas 1000 hombres antes de que las tropas de Calleja llegaran a Saltillo. Marchan
hacia el sur hasta la villa de Zitácuaro, y en ella se instalan para formar su centro de operaciones.
La Junta de Zitácuaro
En Zitácuaro, el 19 de agosto de 1811, Rayón dirige la Suprema Junta Nacional Americana, a nombre de
Fernando VII, la junta estaba formada por un cuerpo colegiado de cinco vocales, en el momento fueron
designados tres de ellos: el propio Rayón y sus compañeros de armas, José MarÃ-a Liceaga y José
Sixto Berdusco. Apoyándose en los precedentes de la penÃ-nsula ibérica y de algunas ciudades
sudamericanas, Rayón se proponÃ-a con la junta, además de asegurar su posición personal, dar unidad a
la causa revolucionaria, cuestionar la legitimidad del gobierno virreinal de la Ciudad de México y fortalecer
un instituto que fijara la lÃ-nea ideológica del movimiento insurgente.
La junta logró ser escuchada en la zona central del paÃ-s y algunos jefes menores se le unieron. Contó con
el aval de Morelos, usó la imprenta para propagar sus ideas a gran escala, emitió moneda nacional con los
emblemas del "águila, nopal, arco, flecha y honda", envió una comisión a los Estados Unidos para
gestionar su reconocimiento, por lo menos en calidad de beligerante; se benefició con los auxilios e informes
que le proporcionaba desde la Ciudad de México una organización secreta que se hizo famosa con el
nombre de Los Guadalupes, y elaboró el proyecto de una Constitución Nacional, el cual no pudo ser
llevado acabo. La junta no tenÃ-a el poder que necesitaba para ser obedecida por la mayorÃ-a de los jefes
combatientes, necesitaba tener el dominio seguro de una buena parte del paÃ-s; pero Calleja, al frente de su
flamante división, tomó por asalto Zitácuaro, en los primeros dÃ-as de 1812; impidiendo que los
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proyectos de la junta se consolidaran. Rayón y la junta no tuvieron otra opción que huir perseguidos por los
realistas. Luego, los vocales se separaron, trabajando cada uno en distintas áreas; Rayón en la intendencia
de México, Berduzco en la de Michoacán y Liceaga en la de Guanajuato. Cada uno pretendió tener la
dirección de la junta, lo que provocó una querella entre los tres fundadores y en la disolución de la junta,
hacia el primer semestre de 1813.
Rayón, no sólo tuvo problemas en el aspecto militar ya que cada derrota hacia que perdiera el prestigio ante
el resto de los jefes insurgentes. Otra razón de su pérdida de autoridad fue su falta de visión. Mientras el
movimiento se inclinaba a ser más radical, él se aferraba a la tesis de que la soberanÃ-a emanaba del
pueblo pero "residÃ-a en la persona de Fernando VII". Para el 1813 esta idea habÃ-a sido dejada muy atrás,
lo que se deseaba era la independencia total del paÃ-s. Sólo otro jefe insurgente tenÃ-a el prestigio militar y
también la comprensión del movimiento como para dirigirlo con la fuerza de Hidalgo, este hombre era
Morelos.
Morelos y el legado de hidalgo
Morelos, lÃ-der de la insurgencia
José MarÃ-a Morelos, cura de Cuarácuaro de origen mestizo y humilde, era un hombre que a base de
trabajo desde muy temprana edad habÃ-a logrado pagar su educación. Estudió en el Colegio de San
Nicolás cuando Hidalgo era rector. Hasta el levantamiento en Dolores, habÃ-a sido un buen burgués de la
época colonial, dedicándose a diversas actividades económicas además de las parroquiales, pero al
enterarse del movimiento que dirigÃ-a Hidalgo su carácter sufrió una transformación y decidió unirse a
la lucha. Alcanzó a Hidalgo en Indaparapeo y siguió con él hasta el Charo donde Hidalgo lo eligió para
dirigir la lucha en el sur y tomar el puerto de Acapulco.
Las campañas de Morelos se consideran las más fructÃ-feras, ya que la etapa que él dirigió de la
Lucha de independencia puede ser la única en que se tuvo la posibilidad real de derrocar al régimen
colonial.
Morelos era un militar intuitivo que basaba su estrategia en la geografÃ-a del terreno en que se movÃ-a. De
inmediato sigue la encomienda que le da Hidalgo avanzando sobre las intendencias de Michoacán,
México, Puebla, Veracruz y Oaxaca. A diferencia de Hidalgo se niega a dirigir muchedumbres
indisciplinadas. Era sumamente cuidadoso para sus operaciones seleccionando solo a los más aptos, los
dotaba de armas (fusiles, machetes y sables), asÃ- como un mÃ-nimo de instrucción militar.
Escribió unas sencillas y claras reglas para el cuerpo que comandaba. Muchos jefes insurgentes se formaron
entre sus tropas como Pablo y Miguel Galeana, VÃ-ctor y Nicolás Bravo, Mariana Matamoros, Manuel de
Mier y Terán, Guadalupe Victoria, Vicente Guerrero y muchos más.
El genio militar con que es aclamado Morelos se justifica en variadas ocasiones. En Mayo de 1812 Calleja
con el más grande ejército que logró reunir el gobierno realista, sitió a Morelos en la villa de Cuautla.
Calleja convencido de su superioridad promete a Venegas que no podrán salir vivas "ni las ratas". Morelos
resistió el sitio y cuando no pudo más burló a Calleja y sacó lo que quedaba de su tropa, tres cuartas
partes ya habÃ-an caÃ-do. Reanudó su campaña sobre Puebla, Veracruz y Oaxaca con más energÃ-a, el
y sus capitanes demostraron ser superiores a los militares realistas. En 1813 tomó Acapulco, para esa fecha
el territorio que tenÃ-a dominado abarcaba desde Michoacán hasta las orillas del reino de Guatemala.
El Congreso Nacional
José MarÃ-a Morelos decide hacer un alto en su campaña militar para dedicarse a la construcción
polÃ-tica de la nación, asunto que consideraba más importante que la lucha militar. Morelos fue el jefe
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insurgente que más desarrolló sus ideas polÃ-ticas. En los pueblos que dominó quitó las autoridades
coloniales y colocó a criollos en los puestos directivos.
Consciente del analfabetismo de pueblo tradujo las proclamas de Hidalgo a un lenguaje sencillo y organizó
pequeños cabildos donde explicaba al pueblo las causas del movimiento, pregonó la igualdad social y
repudió el latifundismo. Al instaurarse la junta de Zitácuaro, Morelos la reconoció pero solo para dar la
imagen de un gobierno revolucionario unido ya que estaba en desacuerdo con la ideologÃ-a de la Junta de una
soberanÃ-a a medias.
En el mes de noviembre de 1812 Morelos tomó Oaxaca, la cual es un importante centro urbano, con todas las
ventajas que ello conlleva, entre ellas la presencia de ideólogos y proyectistas como José Manuel de
Herrera y Carlos MarÃ-a de Bustamante quienes dirigieron el periódico Correo Americano del Sur, el cual
ayudó a propagar las ideas de la insurgencia.
Después de largas consultas incluso con miembros del grupo de los `Guadalupes' que le enviaron cartas con
sus pensamientos, decidió transformar la Junta Gubernativa en un Congreso Nacional electo hasta donde
fuese posible por el voto de los pueblos. El 14 de septiembre de 1813 Morelos inauguró el Congreso y
redacta el texto de "Sentimientos de la Nación". Las sesiones culminaron el 6 de noviembre con la
Declaración de Independencia total.
En esta sus autores rompieron completamente con la idea de la dependencia de la corona española,
otorgándole la soberanÃ-a a la nación, correspondiéndole a esta el hacer las leyes constitucionales.
Para el invierno de 1813 Félix MarÃ-a Calleja como nuevo virrey desató una bien planeada ofensiva
contra Morelos. Morelos es derrotado en Valladolid y después en Puruarán, donde cayó prisionero su
segundo jefe Matamoros quien fue conducido a la capital provincial para ser fusilado el 3 de febrero 1814. La
lÃ-nea defensiva de las fuerzas de Morelos fue derrotada y cayeron sucesivamente Chilpancingo, Acapulco y
Oaxaca. Las fuerzas de Morelos acabaron dividiéndose en pequeñas guerrillas sin coordinación. Aun
asÃ- los congresistas lograron redactar el Decreto Constitucional en Apatzingan el 22 de Octubre de 1814.
Morelos sin darse por vencido siguió protegiendo al congreso y animándolo a continuar.
A mediados de 1815 hicieron una pausa en Puruarán, lo que le permitió al congreso reorganizar el
gobierno, enviar una embajada a Estados Unidos y publicar el Manifiesto a las Naciones. Después
decidieron trasladar el gobierno a Tehuacán, Puebla. En el camino el jefe realista Manuel de la Concha los
atacó y capturó a Morelos. Los miembros del Congreso apenas lograron llegar a Tehuacan.
Muerte de Morelos
Calleja con gran resentimiento a Morelos por lo acontecido en Cuautla decidió dar un espectáculo a los
habitantes de la ciudad exhibiendo a Morelos, quien fue juzgado por la Inquisición y un tribunal militar. Se
le sentenció a muerte pero temieron que la ejecución en la capital diera lugar a un alboroto popular. Calleja
decidió que fuese fusilado fuera de ella y sin publicidad, de esta forma el 22 de diciembre de 1815 en San
Cristóbal Ecatepec fue segada la vida del caudillo de la independencia: José MarÃ-a Morelos.
Final del proceso de independencia
Declina la lucha de independencia
Durante los cinco años siguientes a la muerte de Morelos la lucha de Independencia se halló dividida en
decenas de jefes insurgentes pero que al estar faltos de un lÃ-der, les faltaba la fuerza necesaria para
imponerse sobre los otros y llevar acabo la consumación de la independencia.
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A pesar que el virrey Calleja logró fragmentar y casi eliminar a la insurgencia a través de la represión y
la persecución sin cuartel de los rebeldes esta continuó apareciendo continuamente. Calleja advirtió que a
pesar de toda la victoria que pueda obtener el pueblo de la Nueva España estaba decidido a independizarse.
Fernando VII llamó a Calleja quien cedió el gobierno del virreinato al teniente general de la armada Juan
Ruiz de Apodaca, y este continuó combatiendo a la insurgencia.
El virrey Juan Ruiz de Apodaca
Después de la muerte de Morelos el congreso de Chilpancingo fue perseguido por los realistas y finalmente
Manuel Mier y Terán lo disolvió. Con esto se terminó el centro polÃ-tico unificador que Morelos habÃ-a
creado.
Muchos jefes Militares continuaron la lucha de Morelos, pero casi todos fueron muertos, encarcelados o
indultados después de pagar a los realistas, repudiando la revolución y jurando a Fernando VII.
En 1817 cayeron en prisión los jefes Mier y Terán, Ramón e Ignacio López Rayón, José Francisco
Osorno, Nicolás Bravo, colaboradores del Congreso de Chilpancingo: Bustamante, Herrera, Berdisco, etc.
La expedición de Mina
Con todas esas victorias el virrey Apodaca pudo considerar que habÃ-a acabado con los focos revolucionarios
más importantes, ya que los únicos que subsistieron fueron varias guerrillas, principalmente en el sur de
Veracruz y el sur de Guanajuato, las cuales fueron subestimadas en su poder por los altos mandos realistas.
Dado esto el gobierno comenzó a trabajar en la reconstrucción, pero fue cuando recibió sorpresivamente
la noticia de que Javier Mina un joven español de Navarra y adversario de Fernando VII, habÃ-a
desembarcado en la costa de Nuevo Santander (Tamaulipas), junto con una expedición libertadora.
La expedición de Mina no pudo tener éxito ya que la enorme publicidad con que se manejó su
expedición permitió al virrey Apodaca tomar las medidas para detenerlo. Mina desembarcó con unos
trescientos hombres sin embargo logró escapar del cerco y meterse al centro de la Nueva España. La
acción de Mina duró apenas un semestre pero le dio un importante impulso a la lucha de independencia.
Moreno y Mina se unieron y lucharon contra Pascual de Liñán, enviado por los realistas para detenerlos.
Liñán los venció pero lograron escapar para intentar más tarde un imprudente ataque a Guanajuato,
después del cual fueron detenidos en el rancho "El Venadito". El 11 de noviembre de 1817 Mina fue
fusilado frente al fuerte de Los Remedios.
Guerrero fue un hombre de descendencia mulata que se habÃ-a unido a la lucha desde 1810, contó con todas
las cualidades de un lÃ-der pero su papel fue secundario hasta 1814 ya que el se centró en la lucha de
guerrillas, lo que le permitió junto con su carácter alerta y resistente no preocuparse. Fue el principal
contendiente en el sur después de la muerte de Morelos y el único que mantuvo viva la lucha cuando ya
parecÃ-a extinguirse. A diferencia de otros militares consideró importante la lucha en el terreno de los
principios polÃ-ticos y sociales, su ideario se derivó directamente de las ideas de Hidalgo y Morelos.
Cuando Mier y Terán disolvieron el congreso se opuso a el ya que consideraba que un gobierno militar no
era correcto y que era necesario acatar las leyes que provenÃ-an de la lucha, principalmente el Decreto
Constitucional.
Consumación de la Independencia
Calleja envió al coronel José Gabriel de Armijo con un poderoso ejército en contra de Guerrero quien
siguió resistiendo en el sur. Los enfrentamientos entre las tropas de realistas e insurgentes continuaron pero
limitados a la zona que Guerrero tenia controlada. Guerrero se percató que podÃ-a seguir resistiendo los
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ataques pero que no lograrÃ-a extender la lucha, por otra parte los realistas no lograron vencer a las fuerzas
insurgentes, esto desesperó a ambos bandos. Al ser virrey Apodaca sucesor de Calleja decidió entablar
relaciones a través de contactos con Guerrero para presionarlo a que abandone lucha a lo cual Guerrero se
negó. Apodaca continuó insistiendo secretamente a Guerrero, mientras que oficialmente tubo a Armijo
combatiendo. Guerrero se dio cuenta que el gobierno de la capital no estaba tan unida ya que Apodaca
parecÃ-a no confiar en sus militares y le ofrecÃ-a secretamente el perdón bajo condiciones atrayentes, y en
el otro lado Armijo le ofrecÃ-a el perdón pero bajo las condiciones más represivas.
La verdad del gobierno estaba desquebrajándose y ya no funcionaba como en los tiempos de Calleja. Desde
el virrey hacia abajo todos desconfiaban dando lugar a la formación de un sin fin de intrigas, por ello
Apodaca temió terminar con la misma suerte de Iturrigaray (ser destituido del poder por un golpe de estado).
Vio que el régimen realista perdÃ-a confianza en sÃ- mismo, Guerrero decidió seducir a uno de los jefes
realistas, de esta forma quitar al régimen uno de los cuerpos en que se apoyaba. Primero lo intentó con
Armijo siendo el más indicado pues era el más cercano y dado sus altos cargos tuvo un alto número de
tropas bajo su mando. Armijo no aceptó y continuó siendo fiel al gobierno. Guerrero entonces fijó su
atención en el coronel Carlos Moya dependiente de Armijo, después de sondear por medio de
intermediarios le envió una carta el 17 de agosto de 1820.
En esa carta, Guerrero le pidió que se uniera a su lucha siguiendo el ejemplo de los revolucionarios de la
historia española y que tomó su ejemplo para independizarse no solo del absolutismo de Fernando VII,
sino del gobierno de los españoles constitucionales, convirtiéndose en jefe de las fuerzas americanas y
que observara que el panorama de polÃ-tico les permitirÃ-a sacar ventaja ya que dentro de poco Apodaca
serÃ-a remplazado por Francisco Espoz y Mina quien tuvo cierto resentimiento a los realistas y de ideas
liberales. En esa carta Guerrero creó las bases sobre las que se desarrolló la independencia de México.
Carlos Moya rechazó la propuesta aunque no furiosamente y se la presentó a Armijo quien a su vez la
llevó al virrey. Apodaca no se escandalizó ante la carta y extrañamente no rompió su contacto secreto
con Guerrero, lo que forzó a la renuncia de Armijo pues no pudo vencer a Guerrero y nombra jefe de las
comandancias del sur a AgustÃ-n de Iturbide a quien informó de las ideas de Guerrero.
La Profesa
Mientras Guerrero preparaba sus planes en el mismo seno de la capital se formuló otro plan idéntico pero
que rechazaba todo lo que pudiese sonar a insurgentismo, populismo y constitucionalismo. Esta fue la
"Conspiración de la Profesa" nombrada asÃ- por la iglesia en donde se llevó acabo las reuniones de este
grupo dirigido por el canónigo MatÃ-as de Monteagudo quien como todos los comprometidos tuvo acceso a
la corte virreinal, por lo que no se dudó que Apodaca tuviera conocimiento de ella. Los miembros de la
Profesa al igual que Guerrero, necesitaron de apoyo militar para llevar a cabo sus planes y por supuesto un
jefe que los encabezara, en ello se encontraron a Iturbide un militar realista con sonados triunfos, (uno de ellos
contra las tropas de Morelos), quien atrajo la atención del grupo. Iturbide no tuvo un historial muy limpio
pero debido a las presiones de Monteagudo y otros gestores Apodaca decidió darle, aunque no sin ciertas
dudas la comandancia del sur.
Al aceptar la comandancia Iturbide tuvo la misión de eliminar a las fuerzas insurgentes de Guerrero, pero
esto se vio impedido primero, porque Iturbide no tuvo la capacidad para cumplir con esta misión; segundo, el
compromiso que habÃ-a contraÃ-do con la Profesa; y tercero, los planes que el mismo habÃ-a comenzado a
formular. No pensó desaprovechar la oportunidad si la tenÃ-a de dar un golpe a Guerrero ya que aún
rechazaba las ideas de los insurgentes. Pero no fue su principal interés ya que tenÃ-a pensado negociar con
Guerrero lo que convendrÃ-a más a sus intereses, además supo por el propio Apodaca que Guerrero estaba
dispuesto a negociar.
Iturbide llegó al cuartel general de la comandancia en Teloloapan cerca de Iguala el 1 de diciembre.
Comenzó a establecer contactos con un gran número de aliados civiles y militares en varias partes del
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virreinato, en tanto inició una operación por la serranÃ-a de Temascaltepec para limpiar de "bandidos" el
área.
Pedro Ascencio segundo jefe de Guerrero cerca de Tlatlaya capturó a la retaguardia de Iturbide, eliminando a
casi todos sus componentes y a los cinco dÃ-as Guerrero ganó otro combate frente a la sección de Carlos
Moya.
Iturbide alarmado se percató que la insurgencia era más fuerte de lo que se pensaba en México y de lo
que el mismo creÃ-a. El 10 de mayo envió su primera carta al Jefe insurgente, Guerrero no contestó con
sobrados motivos. Iturbide volvió a escribir, y Guerrero contestó recelosamente.
El 27 de enero antes de que se diera un claro entendimiento entre Guerrero e Iturbide se desarrolló el último
enfrentamiento entre realistas e insurgentes en un lugar llamado La Cueva de Diablo, donde venció
Guerrero.
Iturbide sin más paciencia escribió la tercera y definitiva carta a Guerrero, esta más polÃ-tica y concreta
se dirigió al el insurgente en términos de "Estimado amigo" y le propuso una entrevista, Guerrero pospuso
la reunión pero se llego a un acuerdo a través de comisionados.
Iturbide informó los detalles de su plan y los medios por los que pensaba ponerlo en marcha. Lo único que
molestó a Guerrero fue que se ofreciera la corona de México a Fernando VII, pero Iturbide debe haberlo
tranquilizado diciéndole que era solo una maniobra polÃ-tica para obtener confianza pero que nunca se
llevarÃ-a acabo. Los insurgentes participaron cubriendo las espaldas de Iturbide en el sur mientras él
avanzó por el centro y occidente.
El Plan de Iguala
El 24 de febrero de 1821 en Iguala Iturbide redactó "El Plan de Iguala", basado en lo ideado por los
miembros de la Profesa pero más intolerante y adecuado para la realidad de ese momento. En 24 artÃ-culos
Iturbide describió su plan de Independencia y la organización del nuevo Estado. Las ideas más
importantes fueron:
• −Implantar la religión católica, sin tolerar ninguna otra.
• −La Nueva España serÃ-a independiente de cualquier otra nación.
• −El gobierno serÃ-a una monarquÃ-a moderada con base en la constitución.
• −El emperador serÃ-a Fernando VII u otro miembro de la casa reinante española.
• −Todos los habitantes de la Nueva España, sin distinción de europeos, africanos, ni indios; serÃ-an
ciudadanos de esta monarquÃ-a con opción a todo empleo.
• −Los bienes de personas y cleros serÃ-an respetados.
• −Se formarÃ-a un ejército protector de las Tres GarantÃ-as: religión, independencia y unión de
americanos y europeos.
• −Las tropas del ejército realista que se unirÃ-an al ejército de las Tres GarantÃ-as serÃ-an
consideradas como milicia nacional.
El 2 de Marzo el plan y su manifiesto fueron leÃ-dos a las tropas acuarteladas en Iguala, donde juraron
defender la independencia e Iturbide fue nombrado "Primer Jefe del Ejército Trigarante".
Al no disponer de imprenta, Iturbide hizo uso de un hábil grupo de copiadores quienes desde la última
semana de febrero trabajaron dÃ-a y noche para hacer cientos de copias del Plan de Iguala. Estas fueron
distribuidas inmediatamente a las personas más importantes de cada localidad de la Nueva España.
Aunque Apodaca llamó traidor a Iturbide y trató de organizar una ofensiva para destruirlo no pudo confiar
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en el ejército, mientras Iturbide recibió adhesiones cada vez más numerosas. El alto clero con
excepción del arzobispo de México se le sumó y ayudó a la propagación del plan prestando las
imprentas. Esto fue principal ya que la fuerza de plan fue conseguir la mayor cantidad de gente posible, ya
que el ejército realista contaba con aproximadamente treinta mil hombres, buena parte de los cuales para
fortuna de Iturbide se unieron a la idea.
Con Guerrero cubriéndolo en la retaguardia, Iturbide marchó por el sur hacia las intendencias de
Valladolid y Guanajuato. No fue hasta antes de partir en el pueblo de Teloloapan cuando Iturbide y Guerrero
se encontraron. Guerrero reconoció a Iturbide como Primer Jefe del Ejército Trigarante y de la
independencia.
El Plan de Iguala pareció ajustar las desigualdades entre los dos bandos, por lo que fue ampliamente acogido,
las ciudades lo aclamaban y los soldados realistas se unieron en gran masa a las filas trigarantes. Iturbide
marchó por Guanajuato y Querétaro hasta Puebla.
La Consumación
En la ciudad de México, Apodaca fue destituido por la guardia de la ciudad designando en su lugar al
mariscal Francisco Novella.
En Puebla, Iturbide recibió la noticia de la llegada del último virrey Juan de O´Donojú. A pesar de no
ser Ezpoz y Mina el candidato enviado que habÃ-a imaginado Guerrero, O´Donojú era un masón, liberal
y anticolonialista, hombre práctico y abierto quien reafirmó los cálculos de Guerrero al no imponerse,
sino a entender la peculiar situación polÃ-tica.
Se encontró con Iturbide en Córdoba el 24 de agosto donde llagaron a un acuerdo y firmaron el Tratado de
Córdoba, en el que se reconoció la independencia de México y se ratificó con ligeras variantes el plan
de Iguala.
Juan de O' Donoju, el último virrey
Iturbide y O´Donojú al frente del ejército Trigarante establecieron su cuartel en Tacubaya a las orillas de
la ciudad donde negociaron la rendición de la ciudad con Novella. Por fin la capital capituló, y el 27 de
septiembre de 1821 el ejército Trigarante entró a la capital en medio de la multitud que aplaudió la
independencia, marcando asÃ- el triunfo de 11 años de lucha por la Independencia.
Conclusiones
Retomando algunas de las ideas que señalábamos al principio, el Grito de Dolores nos muestra cómo un
hecho concreto en un pequeño lugar de un paÃ-s tan extenso como México puede cambiar el curso de la
historia. También nos enseña cómo un hombre de Iglesia, intelectual y carismático; con un lugar y una
posición social entre los suyos acomodada si asÃ- lo desease, es capaz de reaccionar ante la voz del pueblo
que pedÃ-a justicia y libertad frente al gobierno extraño de los colonizadores europeos.
La tenacidad y valor de un hombre convencido es capaz de mover a miles de personas si el fin es justo y
compartido. Un pueblo unido es capaz de lograr lo aparentemente imposible partiendo desde unas bases
mÃ-nimas que no se prometÃ-an en el origen para nada felices.
Todo esto se acompaña por una situación socio−económica que iba en declive y por lo tanto favorecÃ-a
el descontento de la población con un gobierno al que veÃ-an como usurpadores de un poder que no les
pertenecÃ-a. El pueblo méxicano siempre miró a los colonizadores como unos extraños que les robó
algo tan propio como es el poder del gobierno.
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En la independencia de México podemos ver un ejemplo que nos ayuda también a entender el resto de
procesos independentistas que se fueron dando en Hispanoamérica en los siglos XIX y XX. El esquema se
suele repetir. El pueblo nativo y autóctono comienza a rebelarse contra los ocupadores y gobernantes
venidos de Europa y un lÃ-der nacional comienza el proceso para lograr la tan deseada independencia. Luego,
con mayor o menos violencia la independencia se logra en unos tratados en los que parecen que todos salen
ganando, o al menos eso nos quieren vender sus historias.
Concluyendo, podemos destacar para acabar nuestro estudio el hecho de que dos hombres como Hidalgo y
Morelos, sacerdotes, se pusieran al frente del movimiento independentista mexicano. Ambos han pasado a la
historia por ser dos hombres que a pesar de sus convicciones religiosas no dudaron en desmarcarse de la
postura oficial de la Iglesia Católica, cuyos intereses la obligaban a situarse del lado de los colonizadores, y
se ponen en conciencia al servicio del pueblo mexicano. Ambos sacerdotes leyeron los signos de sus tiempos
y supieron entender que la independencia era condición indispensable para conseguir la justicia y favorecer
libertad de los hijos de Dios tantas veces predicadas en los templos.
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