Epifanía - Pastoral Social

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LA PALABRA DE DIOS.
EPIFANÍA DEL SEÑOR,
Is 60,1-6: La gloria del Señor amanece sobre ti
Salmo responsorial 71: Se postrarán ante ti, Señor, todos los reyes de la tierra
Ef 3,2-6: Ahora ha sido revelado que también los gentiles son coherederos
Mt 2,1-12: Venimos de Oriente para adorar al Rey
PALABRA DE DIOS:
Lectura del libro del profeta Isaías
60, 1-6
¡Levántate, resplandece, porque llega tu luz y la gloria del Señor brilla sobre
ti! Porque las tinieblas cubren la tierra y una densa oscuridad, a las naciones, pero
sobre ti brillará el Señor y su gloria aparecerá sobre ti.
Las naciones caminarán a tu luz y los reyes, al esplendor de tu aurora.
Mira a tu alrededor y observa: todos se han reunido y vienen hacia ti; tus
hijos llegan desde lejos y tus hijas son llevadas en brazos.
Al ver esto, estarás radiante, palpitará y se ensanchará tu corazón, porque se
volcarán sobre ti los tesoros del mar y las riquezas de las naciones
llegarán hasta ti. Te cubrirá una multitud de camellos, de dromedarios de Madián y
de Efá. Todos ellos vendrán desde Sabá, trayendo oro e incienso, y pregonarán las
alabanzas del Señor.
Palabra de Dios.
SALMO
R.
Sal 71, 1-2. 7-8. 10-11. 12-13 (R.: cf.11)
Que se postren ante ti, Señor, todos los pueblos de la tierra.
Concede, Señor, tu justicia al rey
y tu rectitud al descendiente de reyes,
para que gobierne a tu pueblo con
justicia y a tus pobres con rectitud. R.
Que los reyes de Tarsis y de las costas
lejanas le paguen tributo.
Que los reyes de Arabia y de Sebá
le traigan regalos;
que todos los reyes le rindan homenaje
y lo sirvan todas las naciones. R.
Que en sus días florezca la justicia
y abunde la paz, mientras dure la luna;
que domine de un mar hasta el otro,
Porque él librará al pobre que suplica
y desde el Río hasta los confines de la y al humilde que está desamparado.
tierra. R.
Tendrá compasión del débil y del pobre,
y salvará la vida de los indigentes. R.
Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los cristianos de Efeso 3, 2-6
Hermanos:
Seguramente habrán oído hablar de la gracia de Dios, que me ha sido
dispensada en beneficio de ustedes.
Fue por medio de una revelación como se me dio a conocer este misterio, tal
como acabo de exponérselo en pocas palabras. Al leerlas, se darán cuenta de la
comprensión que tengo del misterio de Cristo, que no fue manifestado a las
generaciones pasadas, pero que ahora ha sido revelado por medio del Espíritu a sus
santos apóstoles y profetas.
Este misterio consiste en que también los paganos participan de una misma
herencia, son miembros de un mismo Cuerpo y beneficiarios de la misma promesa
en Cristo Jesús, por medio del Evangelio.
Palabra de Dios.
EVANGELIO
Evangelio de Nuestro Señor Jesucristo según san Mateo 2, 1-12
Cuando nació Jesús, en Belén de Judea, bajo el reinado de Herodes, unos
magos de Oriente se presentaron en Jerusalén y preguntaron: “¿Dónde está el rey de
los judíos que acaba de nacer? Porque vimos su estrella en Oriente y hemos venido a
adorarlo.”
Al enterarse, el rey Herodes quedó desconcertado y con él toda Jerusalén.
Entonces reunió a todos los sumos sacerdotes y a los escribas del pueblo, para
preguntarles en qué lugar debía nacer el Mesías. “En Belén de Judea, le
respondieron, porque así está escrito por el Profeta: Y tú, Belén, tierra de Judá,
ciertamente no eres la menor entre las principales ciudades de Judá, porque de ti
surgirá un jefe que será el Pastor de mi pueblo, Israel.”
Herodes mandó llamar secretamente a los magos y después de averiguar con
precisión la fecha en que había aparecido la estrella, los envió a Belén, diciéndoles:
“Vayan e infórmense cuidadosamente acerca del niño, y cuando lo hayan
encontrado, avísenme para que yo también vaya a rendirle homenaje.”
Después de oír al rey, ellos partieron. La estrella que habían visto en Oriente
los precedía, hasta que se detuvo en el lugar donde estaba el niño. Cuando vieron la
estrella se llenaron de alegría, y al entrar en la casa, encontraron al niño con María,
su madre, y postrándose, le rindieron homenaje. Luego, abriendo sus cofres, le
ofrecieron dones: oro, incienso y mirra. Y como recibieron en sueños la advertencia
de no regresar al palacio de Herodes, volvieron a su tierra por otro camino.
Palabra del Señor.
Reflexionando juntos.
El evangelio que leemos hoy, en la Fiesta de la Epifanía, confirma este carácter
universal de la salvación de Dios. Mateo expresa, por medio de este relato simbólico,
el origen divino de Jesús y su tarea salvífica como Mesías, como rey de Israel,
heredero del trono de David; para ello el evangelista insiste en nombrar con
exactitud el lugar donde nació Jesús y en confirmar, a través del Antiguo
Testamento, que con su presencia en la historia se da cumplimiento a las palabras de
los profetas. Por otro lado, el rechazo de este nacimiento por parte de las autoridades
políticas (Herodes) y religiosas (sumos sacerdotes y escribas) del pueblo judío y el
gozo infinito de los magos, venidos de oriente, anuncian desde ya ese carácter
universal de la misión de Jesús, la apertura del evangelio a los paganos y su
vinculación a la comunidad cristiana. La Epifanía del Señor es la celebración precisa
para confesar nuestra fe en un Dios que se manifiesta a toda la humanidad, que se
hace presente en todas las culturas (religiones), que actúa en todos, y que invita a la
comunidad creyente a abrir sus puertas a las necesidades y pluralidades del mundo
actual.
En un tiempo como el que vivimos, marcado por la conciencia del pluralismo
religioso, el sentido de lo «misionero» y de la «universalidad cristiana» han
cambiado profundamente. Hasta ahora, en demasiados casos, lo misionero era
sinónimo de proselitismo, o sea, de un esfuerzo por «convertir» al cristianismo a los
«gentiles» o «paganos». La «universalidad cristiana» era entendida como la
centralidad del cristianismo: éramos la religión central, la (única) querida por Dios, y
por tanto, una religión que era el destino querido por Dios para toda la Humanidad.
Todos los pueblos (universalidad) estaban destinados a abandonar su religión
ancestral y a hacerse cristianos... Tarde o temprano el mundo llegaría a su destino:
ser «un sólo rebaño, con un solo pastor»... (y al decir esto, los católicos
imaginábamos una Iglesia católico-romana felizmente extendida a todo el mundo,
extendida incluso a las demás confesiones cristianas, que habrían aceptado
finalmente al Papa como pastor supremo y único).
Hoy todo esto está cambiando, aunque muchos cristianos y cristianas (incluidos no
pocos de sus pastores) todavía siguen anclados y hasta inamovibles en la visión
tradicional. Buen día hoy, la fiesta de la Epifanía, para replantearse estos desafíos y
para reflexionar sobre ellos.
En el Nuevo Testamento, además de Juan 7,42, encontramos referencias a Belén en
las narraciones de Mateo 2 y Lucas 2 acerca del nacimiento del Salvador en la
ciudad de David. La tradición de que el Mesías debía nacer en Belén tiene su base en
el texto de Miqueas 5,2, donde se señala que de Belén Efrata debía salir quien
gobernaría Israel y sería pastor del pueblo. Hoy ya sabemos que Jesús nació
probablemente en Nazaret, y que la afirmación de que nació en Belén es una
afirmación con intenció teológica.
El término “magos” procede del griego “magoi”, que significa matemático,
astrónomo o astrólogo. Estas dos últimas disciplinas eran una misma en la
antigüedad, por lo que con ambas se podía estudiar el destino y designio de las
personas. Es decir, los reyes magos habrían sido astrónomos o conocedores del cielo.
El teólogo y abogado cartaginés Tertuliano (160-220 d.C.) aseguró que los magos
eran reyes y que procederían de Oriente. En la visita de los magos a Jesús, los Padres
de la Iglesia ven simbolizadas la realeza (oro), la divinidad (incienso) y la pasión
(mirra) de Cristo.
El comentario bíblico es tomado
de Servicios Koinonía.
www.servicioskoinonia.org
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