A C U E R D O

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A C U E R D O
En la ciudad de La Plata, a 19 de diciembre de
2012,
habiéndose
dispuesto
en
siguiente
orden
establecido,
el
Acuerdo
de
de
2078,
votación:
conformidad
que
deberá
doctores
con
observarse
Kogan,
Negri,
lo
el
de
Lázzari, Pettigiani, Soria, Hitters, Genoud, se reúnen los
señores jueces de la Suprema Corte de Justicia en acuerdo
ordinario para pronunciar sentencia definitiva en la causa
L.
97.261,
Aparicio
"Azpeitia,
Leopoldo
y
Marcelo
otros.
Fabián
contra
Indemnización
Macedo,
accidente
de
trabajo".
A N T E C E D E N T E S
El
Judicial
Tribunal
del
Trabajo
del
Departamento
Necochea rechazó la demanda que, fundada en el
derecho común y con planteo de inconstitucionalidad del
art.
39
de
impugnados),
la
ley
Marcelo
24.557
Fabián
(entre
otros
Azpeitia
preceptos
dirigió
contra
Aparicio Leopoldo Macedo, Cortés y Di Rocco S.A. y el
Fisco
de
Vialidad).
la
Provincia
Juzgó
no
de
Buenos
Aires
configurados
en
(Dirección
el
caso
de
los
presupuestos atributivos de responsabilidad subjetiva y
objetiva
que
al
amparo
de
los
arts.
1109
y
1113,
respectivamente, del Código Civil dieron sustento a la
pretensión resarcitoria del daño sufrido por el actor en
su integridad física como consecuencia del accidente de
trabajo
del
30
de
enero
pérdida
de
su
ojo
demandante,
si
bien
de
1997
que
le
ocasionó
la
las
costas
al
derecho.
Impuso
con
beneficio
el
de
gratuidad
previsto en el art. 22 de la ley 11.653.
La parte actora dedujo recurso extraordinario de
inaplicabilidad
normas
legal
de
legales,
de
esta
ley,
en
cláusulas
Corte,
el
que
invoca
constitucionales
denunciando
violación
de
y
doctrina
asimismo
errónea
valoración de los hechos, pruebas y demás constancias de
la causa. El remedio fue concedido por el citado tribunal
a fs. 468/vta.
Dictada
a
fs.
483
la
providencia
de
autos
y
hallándose la causa en estado de pronunciar sentencia, la
Suprema Corte decidió plantear y votar la siguiente
C U E S T I Ó N
¿Es
fundado
el
recurso
extraordinario
de
inaplicabilidad de ley?
V O T A C I Ó N
A la cuestión planteada, la señora Jueza doctora
Kogan dijo:
I. En lo que aquí tiene relevancia, el juzgador
de
mérito
tuvo
por
probado
los
siguientes
extremos
fácticos: i) el accidente de trabajo ocurrido el 30 de
enero de 1997 y su mecánica, en base al relato contenido en
el escrito de inicio, el reconocimiento del codemandado
Macedo y la declaración del testigo Schmidt; ii) que el
actor presenta ceguera en su ojo derecho a raíz de un
traumatismo ocular y posteriores complicaciones, lo que le
ocasiona una incapacidad parcial y permanente del 52,65% de
la
total
obrera
causalidad
sufrido.
(pericia
entre
En
este
las
médica);
tareas
marco,
iii)
la
desarrolladas
ponderó
que
el
relación
y
el
perito
de
daño
médico
estimó verosímil que las consecuencias disvaliosas en la
salud del actor respondieran a "una herida punzante del
globo ocular, con su posterior sutura, y la formación de
una catarata o desprendimiento de retina por tracción"
(v.
fs.
445
empleador
vta.);
del
declaraciones
iv)
y,
coaccionado
finalmente,
Macedo,
testimoniales
de
con
el
carácter
apoyo
Schmidt
y
en
de
las
Roteño
(compañeros de trabajo del actor).
Situado
objetiva,
partió
en
la
de
órbita
de
enunciar
la
responsabilidad
los
presupuestos
condicionantes de su procedencia. En este trance, determinó
verificada
la
existencia
del
daño,
mas
no
el
carácter
riesgoso o vicioso de la cosa -planteado en la demanda en
términos de riesgo de la actividad laboral-, ni que el daño
obedeciera a su riesgo o vicio. Al respecto, sentenció: "no
comparto (...) que en el caso la actividad de alambrador
sea una actividad para ser considerada por sí riesgosa; y a
mayor abundamiento, el actor no acreditó el riesgo de la
actividad. Ello así, desde que el sentido común no indica
otra
cosa
y
todo
evento
el
actor
no
ha
precisado
ni
objetivado el riesgo o vicio de tal actividad..." (v. fs.
448). Luego, a tenor de lo resuelto, consideró irrelevante
el análisis del extremo vinculado a quién resultó ser el
dueño o guardián de la cosa. Con pie en este entramado
circunstancial,
en
la
sentencia
rechazó
la
pretensión
fundada en el art. 1113 del Código Civil (v. fs. 452/vta.).
Por otra parte, no estimó demostrada la actitud u
omisión culposa del empleador en los términos del art. 1109
del citado digesto legal, en tanto -sostuvo- el actor no
acreditó la inobservancia de las medidas de seguridad a su
cargo, agregando que tampoco individualizó cuáles eran las
que
el
principal
protección
debió
debió
cumplir
proveerle.
Le
ni
qué
reprochó
elementos
asimismo
de
haber
soslayado la producción de un informe técnico a esos fines,
y -a la vez- la omisa indicación de la normativa legal
incumplida (v. fs. 451/vta.).
II.
inaplicabilidad
En
su
de
ley
recurso
la
extraordinario
legitimada
activa
de
denuncia
infracción a los arts. 47 de la ley 11.653; 375 del Código
Procesal Civil y Comercial; 100 de la ley 22.248; 1109 y
1113 del Código Civil; 15, 16, 168 y 171 de la Constitución
provincial; 16, 17, 18 y 31 de la Constitución nacional.
1. En concreto, en lo concerniente al sustrato
objetivo de responsabilidad, el impugnante argumenta que la
actividad de alambrador desempeñada por el actor al momento
del infortunio reúne las notas típicas para ser reputada
como riesgosa (desde la concepción amplia que informa la
doctrina legal de la Corte provincial), circunstancia ésta
que
resulta
acreditada
por
conducto
de
una
adecuada
valoración de las constancias de la causa.
En este sentido, postula que el tribunal de grado
debió analizar fundadamente -y no lo hizo- si la actividad
laboral era apta para ser así calificada, soslayando -de
tal modo- efectuar una razonada y lógica evaluación de ese
fundamental extremo (v. fs. 459 vta. y 460 vta.).
En
excusatoria
cuanto
de
a
la
culpa
responsabilidad,
de
la
víctima
puntualiza
como
que
el
codemandado Macedo no alegó que el procedimiento empleado
por el trabajador para la realización de la tarea no fuera
el correcto o el que usualmente se utilizaba para desarmar
un
oriental
(denominándose
así
a
los
tres
postes
del
esquinero con los respectivos alambres allí sujetos).
2.
sostiene
que
Respecto
una
de
correcta
la
responsabilidad
apreciación
de
los
subjetiva,
hechos
y
pruebas aportadas da cuenta de que al momento del evento
dañoso el reclamante no poseía elementos de seguridad para
la ejecución de la tarea a su cargo, lo que -a contrario de
lo sostenido en el pronunciamiento en crisis- conduce a
concluir que el empleador y contratistas incurrieron en una
conducta negligente o culposa.
En este orden, agrega que mal puede reprocharle
el tribunal de grado al actor haber omitido explicar qué o
cuáles medidas de seguridad debió adoptar el empleador, si
el art. 100 de la ley 22.248 cuya aplicación al caso se
dispuso no detalla -tal como se expresa en el propio falloen
qué
deben
consistir
ese
tipo
de
recaudos
para
las
especificas tareas prestadas por el actor.
3. Por último, aduce que habiendo quedado probado
que Macedo era el empleador del reclamante y su carácter de
dueño o guardián de la cosa generadora del daño, así como
también que miembros de la firma Cortes y Di Rocco S.A. lo
contrataron
para
ejecutar
la
obra
que
le
encomendó
la
Dirección de Vialidad provincial, la responsabilidad del
primero y la "cadena de responsabilidad alegada en demanda"
(v. fs. 461 vta.) surgen nítidamente.
III. El recurso ha de prosperar.
1. En reiteradas oportunidades ha declarado esta
Suprema Corte que tanto el análisis del material probatorio
aportado por las partes al proceso, como la determinación
relativa
tornan
a
si
viable
se
configuran
la
procedencia
o
no
de
los
la
presupuestos
acción
de
que
daños
y
perjuicios deducida en los términos de los arts. 1109 y
1113 del Código Civil, es facultad privativa de los jueces
de mérito, salvo absurdo que debe ser demostrado por el
recurrente (conf. causas L. 92.726, "Galán", sent. del 17XII-2008; L. 90.567, "Bonet", sent. del 9-VIII-2006; L.
80.086, "Esains", sent. del 1-IV-2004; L. 76.972, "Meyer",
sent. del 21-V-2003; entre muchas más).
En el caso, adelanto mi opinión en el sentido de
que el recurrente logra poner en evidencia que la sentencia
impugnada es portadora de ese grave vicio con virtualidad
para invalidar sus conclusiones, en la medida que acredita
acabadamente que el tribunal del trabajo no ponderó con
acierto el aspecto circunstancial de la causa, arribando a
conclusiones
derivación
que
no
del
constituyen
derecho
una
vigente
razonada
en
orden
y
lógica
a
las
circunstancias comprobadas en autos.
También demuestra que soslayó la aplicación de la
doctrina legal de esta Suprema Corte elaborada en torno a
la acepción del vocablo "cosa" contenido en el art. 1113
del Código Civil, cuya significación y alcances expuestos
en la causa registrada como L. 72.336, "Iommi", sent. del
14-IV-2004,
en
la
que
no
intervine,
he
compartido
en
posteriores precedentes (causas L. 79.690, "R., L. G. y
otros", sent. del 28-VI-2006; L. 80.406, "Ferreyra", sent.
del 29-IX-2004; entre otras).
2. Sentado lo que antecede, habré de principiar
el examen de la queja en la órbita de análisis de los
presupuestos de atribución de responsabilidad objetiva.
a. En este orden, tiene dicho esta Corte que para
el progreso de la acción de derecho común con fundamento en
el art. 1113 del Código Civil, es requisito ineludible la
demostración por parte del actor de: 1) la existencia del
daño; 2) el carácter riesgoso o vicioso de la cosa; 3) que
el perjuicio obedece al riesgo o vicio de la cosa; y 4) que
el demandado es dueño o guardián de la cosa (conf. causa L.
92.726, "Galán", sent. del 17-XII-2008; entre otras).
En la demanda narra el actor, quien denuncia que
su edad a la época del accidente que afectó su salud era de
30 años (v. fs. 17 vta.), que el siniestro ocurrió del
siguiente
modo:
circunstancias
"...
en
el
que
día
me
30
de
enero
encontraba
de
1997,
trabajando
en
por
instrucciones de mi empleador en el desarme del alambrado
viejo lindante con el campo del Sr. Eduardo Rodríguez, que
da al arroyo y puente denominado Cortadera, aproximadamente
a las 9.30 hs., y al cortar por pedido expreso del Sr.
Macedo
-quien
metros
del
se
encontraba
lugar-
el
laborando
quinto
alambre
a
escasos
de
un
veinte
oriental
(oriental se llama a los tres palos del esquinero y sus
debidos alambres), éste se estira violentamente para atrás
y se me introduce de lleno en el globo ocular derecho" (v.
fs. 16).
Como
dije,
las
señaladas
circunstancias
resultaron acreditadas desde que el tribunal de la causa
tuvo por probado tanto el hecho dañoso, como el modo en que
acaeció.
b.
Sin
embargo,
según
apunté
al
reseñar
el
contenido del fallo, afirmó que la tarea de alambrador no
podía
considerarse
riesgosa.
Ligado
a
ello,
sostuvo
asimismo que el actor omitió precisar su riesgo o vicio.
El
medular
recurrente
parcela
de
la
descalifica
decisión
con
acierto
atacada,
dado
esta
que
-en
efecto- le asiste razón cuando sostiene que el tribunal de
grado no efectuó una razonada y lógica evaluación de este
central aspecto del debate.
Hay algo que resulta indudable, y es que el hecho
siniestral que -reitero- se tuvo por acreditado incluso en
su
modo
de
acaecimiento,
ocurrió
mientras
Azpeitia,
en
tanto dependiente de Macedo, cumplía tareas por encargo de
su
principal,
enmarcables
receptada
en
en
labores
la
el
que
noción
art.
en
amplia
1113
del
la
de
especie
la
Código
considero
expresión
Civil,
"cosa"
según
las
directrices que emanan de la doctrina legal de esta Suprema
Corte (conf. causa "Ferreyra" ya citada; entre otras).
Me explicaré en lo que sigue.
Se
determinó
en
el
veredicto
que
el
testigo
"Schmidt narra el accidente coincidiendo con lo descripto
por el actor" y que Macedo reconoce que el día indicado por
el demandante se produce el evento dañoso relatado en la
demanda, así como las consecuencias allí detalladas (v. fs.
445). Además, que los testigos Schmidt y Roteño "narraron
que ellos y el actor fueron contratados por Macedo para
laborar en el lugar que se produjo el accidente. Explicaron
que el trabajo lo consiguió Macedo quien les pagaba y les
daba órdenes; más aun llevaba a los testigos y al actor al
lugar de trabajo en su vehículo..." (v. fs. 444 vta./445).
Sobre el particular me permito agregar que el
codemandado Macedo en su responde reconoció que el actor
efectuó el corte del alambre porque él se lo indicó, según
lo que "es normal y habitual en este tipo de actividad" (v.
fs. 30), negando únicamente su condición de empleador.
A su vez, en un pasaje del escrito de inicio se
alegó que: "En lo referente al riesgo o vicio de la cosa
destaco que la actividad que realizaba es esencialmente
riesgosa, habida cuenta que no se poseen o adoptan los
medios de seguridad necesarios para el ejercicio de tal
labor, conviviendo cotidianamente, tanto en el desarme como
en
el
tendido
de
alambrados,
con
riesgos
extremos
de
trabajo. En el corte de alambres para desarmes, siempre
existe riesgo de lesiones habida cuenta de la tensión de
los
mismos
y
el
potencial
peligro
que
representa
los
cotidianos latigazos que suelen provocar los cortes y/o
desarmes de los mismos" (v. fs. 18).
A esta altura, no cabe sino inferir, a la luz del
art.
1113
del
Código
Civil,
que
-como
anticipé-
en
la
producción del daño intervino una cosa (interpretado este
vocablo
en
toda
su
extensión)
que
resulta
notoriamente
provocadora de riesgos o peligros.
A contrario de la dogmática afirmación expuesta
en el fallo del a quo, que -como alega el recurrente- se
exhibe
ilógica
e
irrazonable,
los
elementos
de
juicio
obrantes en la causa permiten tener por verificado que, en
el caso bajo estudio, las labores de alambrador a cargo del
actor importaron per se riesgo o peligro para él.
Por otra parte, no es acertada la aseveración del
tribunal de grado acerca de que al demandar no se brindaron
precisiones en torno a la cosa, no objetivándose su riesgo
o vicio, habida cuenta que de las constancias de la causa
reseñadas precedentemente se desprende lo contrario.
Considero
que
la
específica
tarea
de
desarmar
alambrados ejecutada al momento del infortunio consistente
en la manipulación de hilos de metal cortantes y punzantes,
trefilados al oriental en condiciones de extrema tensión,
tuvo
por
negativas
sí
aptitud
para
consecuencias
en
generarle
su
al
integridad
trabajador
física
que
las
el
tribunal de mérito tuvo por probadas.
Resulta impostergable mencionar aquí que en la
causa L. 79.690 antes citada recordé que: "... la expresión
'cosa' utilizada por el art. 1113 del Código Civil excede
el marco restringido de la definición del art. 2311 del
ordenamiento citado y, en este sentido, puede ser utilizada
para designar conceptualmente una tarea. Ello porque la
naturaleza riesgosa de la cosa deviene de un cúmulo de
circunstancias
asimilación
que
del
le
son
empleador
en
idealmente
una
tarea
referibles.
La
de
de
relación
dependencia con la figura del dueño o guardián respecto de
las consecuencias del riesgo de la labor que se le presta
subordinadamente, representa una adecuada utilización del
respectivo
concepto,
enmarcado
en
la
unidad
y
contextualidad del orden del derecho (del voto del doctor
Negri en la causa "Iommi")”.
En esa línea, en el precedente de referencia en
el que hube de inaugurar el acuerdo con mi voto precisé
que: "... la propia actividad laboral puede constituirse en
factor de causación en el ámbito del art. 1113 del Código
Civil,
como
también
ha
sido
sostenido
por
el
máximo
Tribunal al señalar que, el ambiente laboral es un elemento
de juicio útil para valorar conjuntamente con las tareas
que desempeñaba el demandante, los testimonios rendidos y
el informe médico, para tener por acreditada la presencia
de
cosa
riesgosa
o
viciosa
causante
de
incapacidad
laborativa (conf. 'Fallos', 312/145)".
En
definitiva,
partiendo
de
tales
premisas
debieron los magistrados de la instancia de grado apreciar
los
hechos
de
la
causa:
la
propia
actividad
laboral
interpretada como cosa riesgosa bajo la égida del art. 1113
del Código Civil con las presunciones que ello acarrea.
Máxime, teniendo en cuenta que -adelanto, según
luego habré de desarrollar- la labor se llevó a cabo en un
contexto
definido
empleador
práctica
de
y
las
el
inobservancia
aumentando
por
la
básicas
omisa
medidas
procedimiento
ésta
los
que
riesgos
adopción
no
de
pudo
inherentes
de
por
seguridad
trabajo
más
a
parte
la
aconsejaban,
que
la
que
del
contribuir
tarea.
O,
en
palabras del actor, "el riesgo propio de la actividad de
alambrador que desarrollaba al momento del accidente se vio
potenciado por la falta de diligencia del empleador..." (v.
demanda, fs. 19).
c. En estas condiciones, el hecho de que el daño
probado respondió al desarrollo de la actividad (riesgosa)
de alambrador resulta evidente.
En
este
marco,
es
propicio
recordar
que
el
tribunal que integro ha establecido que para la procedencia
de una acción fundada en las normas del art. 1113, segunda
parte
in
fine
del
Código
Civil
es
requisito
ineludible
-entre otros- la demostración por parte del accionante del
carácter riesgoso de la cosa, lo que supone su concreta
individualización y la objetivación de su riesgo o vicio y
la incidencia de estos últimos en el daño causado, o sea
que el daño obedece al riesgo o vicio de la cosa (conf.
causa
L.
64.460,
"Suárez",
sent.
del
19-V-1998;
entre
otras), presupuestos de procedibilidad que se verifican en
la especie.
d.
Finalmente,
la
presunción
de
que
el
daño
sufrido por el trabajador es imputable al principal habida
cuenta que es éste quien resulta beneficiario de la tarea
(riesgosa),
cuya
realización,
en
el
caso,
lesionó
la
integridad física del dependiente, no ha sido desvirtuada.
La
omisa
invocación
por
parte
de
Macedo
de
circunstancias destinadas a enervarla, eximiéndolo total o
parcialmente de responsabilidad indemnizatoria (art. 1113,
segundo
párrafo
in
fine,
Cód.
Civil)
me
inclina
a
así
concluir.
En efecto, aquél no alegó ninguna de las causales
legales aptas para ello. Por el contrario, en su responde
expresó que "efectivamente con fecha 30 de enero de 1997, a
las 10 horas, el actor al efectuar un corte del quinto
oriental -alambrado que se encuentra en los tres palos del
esquinero-, que yo le indicara, y que es normal y habitual
en este tipo de actividad, este se vuelve hacia atrás y le
lesiona el ojo derecho" (v. fs. 30), limitándose a negar su
calidad
de
empleador,
hecho
que
-a
la
demostrado mediante la prueba testimonial.
postre-
resultó
En cambio, no encuentro sustento fáctico-jurídico
para que la condena pueda extenderse a los codemandados
Cortés y Di Rocco S.A. y el Fisco de la Provincia de Buenos
Aires.
Su condición de propietarios y/o titulares de la
obra fue sostenida en la demanda para fundar esta premisa
atributiva de responsabilidad (v. fs. 19 vta.).
Sin embargo, el actor no demuestra que dichos
coaccionados ostenten el carácter de dueño o guardián de la
cosa
riesgosa
o
de
beneficiarios
de
la
prestación
de
servicios (art. 375, C.P.C.C.).
Si bien es cierto que en el fallo se tuvo por
acreditado
que
la
Dirección
de
Vialidad
provincial
encomendó la realización de la obra en cuya ejecución se
ocupó a la mencionada empresa, y que ésta subcontrató con
Macedo, no lo es menos que esos extremos resultan estériles
para avalar la alegación actoral.
Como
dije,
ninguno
de
ellos
resulta
ser
beneficiario de las tareas prestadas por el demandante,
pudiendo sólo predicarse esa condición respecto de aquél
que revistió la calidad de empleador, disponiendo la forma
en que el trabajo debía ser llevado a cabo, en el caso, el
codemandado Macedo, quien por ello -reitero- es el único
responsable en el ámbito del art. 1113 del Código Civil.
3. No obstante lo hasta aquí expuesto basta para
revocar las conclusiones del pronunciamiento impugnado en
lo
que
abrigo
atañe
de
exposición
la
a
la
pretensión
resarcitoria
responsabilidad
explicando
-como
objetiva,
adelanté-
procurada
continuaré
que
la
al
la
omisión
culposa imputada al empleador también resulta demostrada
(art. 1109, Cód. Civil), contribuyendo a acentuar el riesgo
ínsito de la tarea.
Reiteradamente
que
si
se
atribuye
al
ha
declarado
empleador
el
este
alto
Tribunal
quebrantamiento
del
deber jurídico de no dañar a otro según lo establecido por
el art. 1109 del Código Civil, resulta indispensable que se
alegue y demuestre en juicio la actitud de culpa y omisión
culposa del principal y la relación de causalidad entre el
daño sufrido y las tareas desarrolladas (conf. causas L.
83.620,
"Montenegro",
sent.
del
19-IX-2007;
L.
67.643,
"González", sent. del 27-IV-1999; L. 43.685, "Canca", sent.
del 7-VIII-1990).
Desde este punto de enfoque, tengo para mí que el
riesgo propio y connatural de la actividad laboral se vio
acentuado, conforme se sostuvo en la demanda (v. fs. 19),
con motivo de la ausencia de las necesarias y esenciales
medidas de seguridad que debió adoptar el principal.
Acierta en poner en evidencia el recurrente que inversamente a lo concluido en el fallo de grado- de la
relación factual contenida en la demanda, corroborada por
la
declaración
Azpeitia
no
del
le
testigo
Schmidt,
se
fueron
suministrados
desprende
que
elementos
a
de
protección, habiendo realizado la tarea de corte del quinto
oriental, como reconoció Macedo en el responde, por orden
suya y siguiendo el método que "es normal y habitual en
este tipo de actividad" (v. fs. 30).
La
norma
aplicada
por
el
tribunal
de
origen
dispone, en su parte pertinente, que: "Cuando por razones
derivadas de las formas operativas propias del trabajo,
fuere
necesario
el
uso
de
elementos
de
seguridad
o
protectores personales, los mismos serán suministrados por
el empleador" (art. 100, primer párrafo, ley 22.248); y
que:
"Cuando
el
trabajador
debiere
realizar
tareas
peligrosas para su salud, el empleador instruirá sobre las
adecuadas formas de trabajo y suministrará los elementos de
protección
personal
que
fueren
necesarios"
(art.
100,
último párrafo, ley cit.).
En este marco, a mi modo de ver, las deficiencias
que el tribunal de origen puso énfasis en imputar al actor
en la construcción del escrito de demanda, al punto de
vincularlas con la orfandad probatoria que -erradamente,
por cierto- determinó en lo relativo al extremo en cuestión
y con la carencia de sustento jurídico de la pretensión
reparatoria, no son tales. En el fallo se dijo en este
sentido que: "... no probó que la principal incumpliera con
medidas de seguridad, sin describir las que entendió que
eran correctas (...) tampoco individualiza norma alguna de
seguridad e higiene que prescriba la forma de realización
de las tareas o las medidas de seguridad a tomar..." (v.
fs. 451 vta.).
Considero
atribuirle
al
que
constituye
demandante
que
le
una
excesiva
incumbió
carga
indicar
con
exactitud los elementos de protección que debió proveerle
el empleador, si el propio precepto que hubo de aplicarse
para dilucidar esta faceta de la litis, cuya determinación
en virtud del principio iuria novit curia es labor propia
del juez llamado a dirimir la contienda (conf. causa L.
93.296,
"Siri",
sent.
del
30-IV-2008;
entre
otras),
se
halla desprovisto de precisiones al respecto.
De suyo, si la ley deja librado al criterio del
principal
la
adopción
de
adecuadas,
es
él
debió
quien
las
medidas
de
-orientado
por
protección
el
sentido
común de cara a la índole y naturaleza de las labores
prestadas-
proporcionarle
al
trabajador
Azpeitia
-cuanto
menos- un dispositivo de protección ocular para prevenir
que la acción de cortar los hilos metálicos del alambrado,
tensamente
sujetos
a
un
objeto
estático
(postes
que
conforman el esquinero), susceptible de golpearlo súbita,
brusca y violentamente al momento de efectuar el corte, le
provoque -como al fin sucedió- un daño en su integridad
física.
En la esfera subjetiva de responsabilidad, tal
omisión culposa es sólo imputable al empleador, en tanto es
el único y exclusivo destinatario de la obligación que en
materia de seguridad en el trabajo contiene el art. 100 de
la ley 22.248 que -insisto- el a quo juzgó de aplicación al
caso.
No
encuentro
en
el
libelo
postulatorio
otro
fundamento para procurar responsabilizar a los restantes
codemandados que la alegación acerca de que éstos "debieron
extremar las medidas de seguridad para prevenir todo tipo
de accidentes" y -a la par- que no instruyeron al actor en
la
materia
deber
de
(v.
fs.
18
indemnidad
vta.),
a
la
manifestaciones
integridad
ambas
psicofísica
del
del
trabajador cuyo cumplimiento incumbe al principal, siendo
-por ende- su inobservancia únicamente a él reprochable.
Resta señalar que la relación causal entre el
trabajo
desempeñado
y
el
daño
que
afecta
la
salud
del
promotor del pleito se tuvo por probada en el fallo de
grado.
4.
recurrente
Corolario
ha
logrado
de
todo
lo
descalificar
dicho
las
es
que
el
esenciales
conclusiones de la decisión impugnada, evidenciando ante
esta sede extraordinaria que el empleador debe responder
por las consecuencias dañosas que el accidente de trabajo
del 30 de enero de 1997 provocó en la salud del actor
Marcelo Fabián Azpeitia, ocasionándole ceguera en su ojo
derecho con una incapacidad determinada del 52,65% de la
total obrera.
IV.
Por
pronunciamiento
lo
expuesto,
impugnado
extraordinario
de
y
propongo
hacer
inaplicabilidad
lugar
revocar
al
deducido,
el
recurso
declarando
verificados los presupuestos atributivos de responsabilidad
objetiva
y
sujetiva
Leopoldo
Macedo
respecto
(arts.
1109
del
y
codemandado
1113,
Cód.
Aparicio
Civil;
289,
C.P.C.C.).
Los
instancia
de
autos
origen
deberán
para
volver
que,
al
con
tribunal
nueva
de
la
integración,
establezca la reparación de daños y perjuicios teniendo en
cuenta los planteos y defensas esgrimidos por las partes,
debiendo ajustar su decisión a las directrices trazadas por
esta Corte en las causas L. 81.826, "Yaman" y L. 87.394,
"V. d. C., M. C. y otros", ambas sents. del 11-V-2005,
entre otras.
Las
costas
de
esta
instancia
se
imponen
al
codemandado Macedo (art. 289, C.P.C.C.).
Voto por la afirmativa.
A la cuestión planteada, el señor Juez doctor
Negri dijo:
Adhiero al voto de la doctora Kogan en razón de
compartir los fundamentos expuestos en el punto III para
dejar sin efecto el pronunciamiento impugnado.
Sin embargo, difiero en cuanto a los alcances con
los que se define en el punto IV el reenvío a la instancia
de origen a los fines de establecer los daños y perjuicios
padecidos por el recurrente, habida cuenta que no comparto
el criterio sentado por esta Corte -por mayoría- en las
causas citadas en el punto IV del voto que antecede, acerca
de la inconstitucionalidad el art. 39 de la ley 24.557, la
que
deberá
ser
definida
por
el
tribunal
de
origen
con
renovada integración, atento lo que aquí se resuelve (y lo
que
ya
fuera
decidido
en
la
instancia
anterior
a
fs.
94/97).
Voto por la afirmativa.
El señor Juez doctor de Lázzari, por los mismos
fundamentos de la señora Jueza doctora Kogan, votó también
por la afirmativa.
A la cuestión planteada, el señor Juez doctor
Pettigiani dijo:
1. Discrepo en cuanto a la hermenéutica del art.
1113 del Código Civil, por la que se admite que el ambiente
laboral o las condiciones en las que se presta el trabajo
pueden
considerarse
incluidos
en
el
concepto
de
cosa
generadora de infortunios laborales; y, por lo tanto, en el
acogimiento de la demanda con base en la citada normativa.
Participo
de
la
interpretación
doctrinaria
acuñada anteriormente por esta Corte, en el sentido de que
si bien no corresponde circunscribir el carácter de cosa al
concepto que enuncia el art. 2311 del Código Civil, la
tarea
realizada
por
el
dependiente
no
puede
enmarcarse
dentro de la definición de cosa productora de riesgo a que
se refiere el art. 1113 del mismo cuerpo legal (conf. causa
L. 56.413, sent. del 8-VIII-1995).
La
citado
en
expresión
último
"cosa"
término
no
responsabilidad
que
autoridad
profesional,
o
utilizada
contemple
por
establece
el
el
un
denominado
sino
que
artículo
sistema
de
riesgo
de
recepta
la
responsabilidad fundada en el riesgo creado que se aplica
solamente a los casos en que media intervención de una
cosa, pero que no se extiende a supuestos diferentes ni,
como se señaló, lo constituye el trabajo desempeñado por el
dependiente (conf. causa L. 67.051, sent. del 9-II-2000).
Siendo ello así, no demuestra el impugnante el
quebrantamiento del precepto legal aludido, ni por ende la
existencia de responsabilidad objetiva.
2. Ahora bien, habiéndose analizado en el voto de
la
doctora
Kogan
los
presupuestos
de
atribución
de
responsabilidad subjetiva (art. 1109, Código Civil), los
cuales
se
han
declaraciones
tenido
al
por
respecto,
verificados,
y
compartiendo
considero
que
por
sus
ello
corresponde
hacer
lugar
al
recurso
extraordinario
de
inaplicabilidad de ley interpuesto. En consecuencia, cabe
proceder
de
conformidad
con
lo
dispuesto
en
el
segundo
párrafo del punto IV del voto de primer término, e imponer
las costas del modo allí establecido.
Con
los
alcances
indicados,
voto
por
la
afirmativa.
A la cuestión planteada, el señor Juez doctor
Soria dijo:
1. En mi opinión, el recurso no puede prosperar.
a. Liminarmente merecen desestimarse los agravios
ensayados contra el rechazo de la pretensión incoada con
base en la responsabilidad objetiva consagrada en el art.
1113 del Código Civil.
i] Contrariamente a lo que insinúa el recurrente,
la
sentencia
en
crisis
no
consideró
que
la
"actividad"
riesgosa no pueda dar lugar a la responsabilidad objetiva
consagrada en el art. 1113 del Código Civil. Empero, a su
entender, la pretensión incoada con tal fundamento no podía
prosperar
por
cuanto
el
actor
no
acreditó
el
carácter
riesgoso de la labor de alambrador, actividad que por sí
misma no puede ser reputada como tal (v. fs. 447 vta./448).
En
este
contexto,
no
corresponde
ingresar
a
examinar tal tópico. Ello, sin perjuicio de recordar que
según he expresado en otras oportunidades entiendo que la
tarea
o
actividad
realizada
por
el
trabajador
no
puede
enmarcarse dentro de la definición de cosa productora de
riesgo a que se refiere el art. 1113 del Código Civil, como
sostiene
la
"Ferreyra",
mayoría
dejando
excepcionales
del
a
supuestos
tribunal
salvo
que
en
mi
el
parecer
tornan
aplicable
precedente
sobre
la
los
citada
norma (conf. mi voto en las causas L. 81.930, "D. M.",
sent. de 25-II-2009; L. 87.046, "C., C.", sent. de 13-VIII2008;
L.
82.743,
"Ventancor",
sent.
de
26-IX-2007;
L.
88.561, "Pérez", sent. de 7-III-2007).
ii] Ahora bien, conforme reiterada jurisprudencia
de esta Suprema Corte la determinación de la existencia de
riesgo o vicio de la "cosa", constituye una típica cuestión
de
hecho
ajena
al
ámbito
de
la
casación,
salvo
la
existencia de absurdo que debe ser eficazmente demostrada
por el recurrente (causas L. 94.502, sent. de 18-VIII-2010;
L. 78.518, sent. de 24-IX-2003), extremo que en la especie
no se consigue acreditar (doct. art. 279, C.P.C.C.).
En efecto, las quejas vertidas por el actor sólo
traslucen su discrepancia subjetiva con lo decidido por el
a quo, sin lograr patentizar la existencia de un error
grave, grosero y fundamental. Nótese que a lo largo de su
pieza recursiva, en la cual aborda indiscriminadamente sus
embates contra la desestimación de las responsabilidades
objetiva
y
subjetiva
pretendidas
en
autos,
el
señor
Azpeitia insiste en el carácter riesgoso de la actividad,
aludiendo de modo genérico y sin mayores precisiones a que
ha sido justificado por prueba testimonial que la cosa que
causó
el
daño
fue
el
alambrado.
Nada
aporta,
por
el
contrario, a efectos de demostrar de modo eficaz -como era
su carga- el carácter riesgoso invocado que torne operativa
la responsabilidad objetiva y, de tal modo, desvirtuar las
conclusiones del tribunal.
Sabido es que la discrepancia de opinión no es
idónea como método para acreditar el absurdo, anomalía que
cabalmente
debe
ser
demostrada
por
el
impugnante
si
pretende invalidarse conclusiones de hecho (conf. causa L.
92.091, sent. de 24-V-2011), y que tal extremo no queda
acreditado si la protesta se limita a exponer un particular
y personal punto de vista en orden a la apreciación de los
hechos y pruebas de la causa, poniendo en evidencia su
intención de disputarle al juzgador de mérito su privativa
facultad de hacerlo dada por la ley del rito (causa L.
99.491, sent. de 4-V-2011).
b.
De
otra
parte,
tampoco
ha
de
prosperar
la
queja contra el rechazo de la responsabilidad subjetiva
(art. 279 del C.P.C.C.).
i] En el sub lite, sin desconocer el deber de
seguridad, el juzgador de origen sostuvo que el accionante
no describió cómo debieron hacerse las tareas ni cómo se
efectuaron el día del accidente. A la par, enfatizó que si
bien invocó la omisión de cumplir las medidas de seguridad,
nada precisó sobre aquéllas que entendía correctas, las que
fueron cumplidas en el caso, ni aludió a las herramientas
que debieron emplearse y las que en concreto fueron usadas.
Tal
deficiencia,
añadió,
se
vio
agravada
por
la
circunstancia de que tampoco individualizó norma alguna de
seguridad e higiene que prescriba la forma de realización
de las tareas de alambrador o medidas a adoptar en estos
supuestos -destacando que las normas de seguridad e higiene
de aplicación general y las del trabajo agrario tampoco las
establecen-,
ni
requirió
la
opinión
de
un
experto
al
efecto, no aportando las testimoniales rendidas elemento de
convicción alguna sobre el punto (v. fs. 448 y vta.).
ii] Frente a tal base y desarrollos argumentales,
la crítica esbozada por el recurrente luce manifiestamente
insuficiente.
En primer orden se advierte la confusión en que
incurre cuando, al intentar refutar tal segmento del fallo,
lo tilda de errado y, con cita del art. 1113 del Código
Civil, asevera que "es el demandado el que debe demostrar
que de su parte no hubo culpa o la de un tercero o la culpa
de la víctima" (v. fs. 459 vta.). Estas expresiones denotan
una evidente confusión entre el régimen de responsabilidad
objetiva, cuyas causales de eximición a las que alude el
quejoso están contempladas en el art. 1113 del Código Civil
también citado, y la responsabilidad subjetiva basada en la
culpa consagrada en el art. 1109 del citado ordenamiento.
Idéntico
y
confuso
enfoque
se
observa
cuando,
seguidamente, cuestiona que el tribunal señale que la ley
de higiene y seguridad y la ley 22.248 no prevén medidas de
seguridad
para
la
actividad
de
alambrador,
siendo
que
"debió analizar la obligación de no dañar y si la actividad
laboral objetivamente podía ser calificada como riesgosa".
En este segmento de su queja, no obstante citar el art.
1109, se limita a concluir que en el caso se han invertido
"las reglas de la culpa en la responsabilidad objetiva"
(sic. fs. 460).
Por
fin,
los
restantes
argumentos
volcados
se
refieren a la responsabilidad objetiva del art. 1113 y el
alegado carácter riesgoso o vicioso de la actividad y/o
cosa causante del daño (v. fs. 460/461 vta.), mas carecen
de toda precisión en cuanto a la responsabilidad subjetiva
también desestimada.
Pues bien, tan genéricos embates no satisfacen
siquiera mínimamente la carga de adecuada refutación que
pesa
sobre
el
recurrente.
Como
es
sabido,
en
vía
extraordinaria la réplica concreta, directa y eficaz de los
fundamentos esenciales del fallo comporta un requisito de
ineludible cumplimiento para el impugnante. Va de suyo,
entonces, que la insuficiencia recursiva deja incólume la
decisión controvertida; déficit que, entre otros factores,
resulta
de
la
falta
de
cuestionamiento
idóneo
de
los
conceptos o fundamentos sobre los que -al margen de su
acierto o error- se asienta el fallo del tribunal inferior
(doct. causas Ac. 81.965, sent. de 19-III-2003; Ac. 72.204,
sent. de 20-VI-2001; Ac. 73.447, sent. de 3-V-2000; entre
otras), lo cual sella la suerte adversa del remedio bajo
estudio.
2. Voto, en consecuencia, por la negativa.
A la cuestión planteada, el señor Juez doctor
Hitters dijo:
I. He de disentir con la propuesta que hace lugar
al agravio relativo a la responsabilidad objetiva fundado
en el art. 1113 del Código Civil.
Como lo he sostenido en anteriores oportunidades
(conf. mi voto en las causas L. 79.690, "R., L.G.", sent. del
28-VI-2006 y L. 81.930, "D., M. N.", sent. del 25-II-2009), no
comulgo con la hermenéutica seguida en distintos precedentes
de este Tribunal, por la que se admite que el ambiente laboral
o las condiciones en las que se presta el trabajo pueden
considerarse incluidos en el concepto de cosa generadora de
infortunios del trabajo.
Participo, en cambio, de la interpretación acuñada
anteriormente por esta Corte, en el sentido de que si bien no
corresponde circunscribir el carácter de cosa al concepto que
enuncia el art. 2311 del Código Civil, la tarea realizada por
el dependiente no puede enmarcarse dentro de la definición de
cosa productora de riesgo a que se refiere el art. 1113 del
mismo cuerpo legal (conf. causa L. 56.413, "Schwan", sent. del
8-VIII-1995).
En efecto, el art. 1113 atribuye responsabilidad al
dueño o guardián de una cosa cuando el daño es originado por
la intervención de la misma, lo que no ocurre cuando se causa
por la tarea que cumplía la víctima (conf. causas L. 57.881,
"Acevedo", sent. del 27-XI-1996; L. 45.546, "Salazar", sent.
del 11-VI-1991). La expresión "cosa" utilizada por la norma no
establece
un
sistema
de
responsabilidad
que
contemple
el
denominado riesgo de autoridad o profesional, sino que recepta
aquella fundada en el riesgo creado pero que no se extiende a
supuestos diferentes ni, como se señaló, lo constituye el
trabajo
desempeñado
por
el
dependiente
(conf.
voto
de
la
minoría en las causas L. 72.336, "Iommi", sent. del 14-IV2004; L. 67.051, "Iparraguirre", sent. del 9-II-2000).
En
consecuencia,
por
las
razones
expuestas,
considero que no asiste razón al recurrente en cuanto pretende
que las labores desempeñadas sean subsumidas en el marco del
factor de atribución de responsabilidad incorporado en el art.
1113, 2º párrafo del Código Civil.
II. En punto a los agravios relacionados con el
rechazo de la responsabilidad subjetiva fundado en el art.
1109 del Código Civil, he de adherir a la postura del doctor
Soria en cuanto a la manifiesta insuficiencia del recurso
(art.
279
del
C.P.C.C.),
compartiendo
los
argumentos
desplegados por mi colega en tal orden.
III. En virtud de lo expuesto, corresponde rechazar
el recurso.
Costas a la vencida (art. 289 del C.P.C.C.).
Con el alcance indicado, voto por la negativa.
El
señor
Juez
doctor
Genoud,
por
los
mismos
fundamentos de la señora Jueza doctora Kogan, votó también por
la afirmativa.
Con
lo
que
terminó
el
acuerdo,
dictándose
la
siguiente
S E N T E N C I A
Por lo expuesto en el acuerdo que antecede, por
mayoría,
se
hace
lugar
al
recurso
extraordinario
de
inaplicabilidad de ley traído y, en consecuencia, se revoca el
pronunciamiento
presupuestos
impugnado
atributivos
declarando
de
verificados
responsabilidad
objetiva
los
y
subjetiva respecto del codemandado Aparicio Leopoldo Macedo
(arts. 1109 y 1113, Código Civil).
Vuelvan los autos al tribunal de la instancia de
origen
para
que,
con
nueva
integración,
emita
el
pronunciamiento que corresponda con arreglo a lo que aquí se
ha resuelto, atendiendo lo indicado en el apartado IV del voto
emitido en primer término.
Las
costas
de
esta
instancia
se
imponen
codemandado Macedo (art. 289, C.P.C.C.).
Regístrese y notifíquese.
EDUARDO NESTOR DE LAZZARI
HECTOR NEGRI
JUAN CARLOS HITTERS
HILDA KOGAN
DANIEL FERNANDO SORIA
LUIS ESTEBAN GENOUD
EDUARDO JULIO PETTIGIANI
al
GUILLERMO LUIS COMADIRA
Secretario
GT
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