Kayakistas de corazón
Un viaje comienza el primer día de entrenamiento
Dos meses antes de comenzar la travesía comenzamos a mentalizarnos que se trataba de
cubrir en una semana los 300 kilómetros que separan Rosario de Escobar. Para
entrenarnos, entre otras cosas, participamos en una travesía a Timoteo el fin de semana
largo del 20 de junio. Díez días antes, comenzamos con los llamados a Prefectura
Rosario y Escobar para presentar el derrotero, los lugares de parada, el cronograma del
viaje, los contactos en Tierra y una carta del club avalando nuestra idoneidad.
Día 1: lunes 21
El día anterior habíamos dejamos los kayaks en guardería Cocodrilo, listos para
emprender la travesía.
En la mañana, nos recomendaron remar por la margen izquierda por los numerosos
remolinos en la zona del puerto. Después de intentar por radio, avisamos a Prefectura
por teléfono sobre nuestra partida, quienes nos comunican el ch de VHF correcto. Nos
comprometimos con ellos a avisarles cada vez que pasemos frente a un puesto de
Prefectura para que pudieran seguir nuestro progreso, y todos los días comunicarles la
hora de salida y llegada y el lugar de campamento.
La primera etapa consistía en remar por 72 kilómetros para llegar al club de regatas de
San Nicolás. Había viento a favor y buena correntada. Sobre la margen izquierda
descubrimos numerosos paradores frente al monumento a la bandera, todos cubiertos
por el agua dado lo crecido de la marea.
Cometimos el error de no respetar las paradas cortas para recuperar energías. Fue de esa
manera que bordeamos una isla costeando las ciudades de Arroyo Seco y Filgüera. Allí
nos encontramos que este pequeño brazo se volvía a juntar con el principal del Paraná.
Nos separaba una península de Villa Constitución y sortearla nos llevo al menos una
hora. Olas de medio metro golpeaban el kayak por babor generadas por la intensa
correntada del Paraná. Cansados después de remar 60 kilómetros, logramos bajar en el
parque de una fábrica, donde nos pusimos ropa seca y comimos. Una hora después,
retomamos viaje hacia San Nicolás.
El río desbordaba y costaba creerle al GPS, ya que era imposible distinguir curvas o
arroyos. Después de 6 kilómetros llegamos al arroyo de ingreso a San Nicolás, 9
kilómetros nos separaban del club, con corriente a favor. La basílica nos daba la
bienvenida al emerger por detrás de unos árboles. Cuando llegamos al club pedimos
pasar la noche y nos ofrecieron dormir en el gimnasio después de que llenáramos un
formulario solicitando amarre de cortesía.
Día 2: martes 22
El día siguiente a la 7.20 AM partimos hacia San Pedro y desde el puerto observamos
que el Paraná estaba planchado pero unos metros más adelante estaba sospechosamente
picado. Rafael (CRNBE) nos había advertido sobre los remolinos, sin embargo no nos
imaginábamos que eran capaces de darle un giro de 45° a un kayak de 5,10 metros
completamente cargado.
Unas horas más tarde paramos en Ramallo. La crecida había dejado bajo el agua el
camping “Costa Pobre” así que atravesamos el camping remando para llegar a la calle.
Había poco viento y la correntada estaba de nuestro lado.
Después de una hora, continuamos el viaje. El río estaba lleno de camalotes y
continuando por un canal secundario, el agua se había estancado. Cuando nos faltaban
10 kilómetros para llegar a destino, el cielo comenzó a cubrirse (estaba pronosticado
lluvia). Unos kilómetros más adelante compartimos el río con un grupo perteneciente a
una escuela de kayak de competición y su entrenador, que estaba en un bote de apoyo
dando instrucciones.
Unos kilómetros más y llegamos al Náutico San Pedro, donde nos ofrecen gentilmente
un quincho para que nos acomodemos. Con el paso de las horas comenzó el viento y la
lluvia. El resto del día que teníamos libre caminamos por la ciudad y nos presentamos
en Prefectura.
Día 3: miércoles 23
Sabíamos que se venía un día duro: viento sur. A las 7.20 AM comenzamos a remar. La
estrategia era llegar al Paraná y evaluar el río. Teníamos que remar 59 kilómetros hasta
Ibicuy y si no llegábamos, la idea era acampar en zona agreste pero después vimos que
estaba todo inundado. Otra alternativa era tomar por el arroyo Baradero, para pasar por
esa ciudad y Alsina, para finalmente llegar a Lima nuevamente sobre el Paraná.
Optamos por ir hasta Ibicuy y en la boya 240 teníamos que dar aviso a prefectura. Cada
tanto tirábamos cruces para ir cortando camino, atravesando olas grandes en el canal.
Así fue que habíamos remado 40 kilómetros y nos dispusimos a parar a comer y
refugiarnos del viento en una casa abandonada.
Después de un rato, retomamos con el río picado. Por momentos las olas superaban los
0,5 metros. Al llegar a la bifurcación el Guazú y Las Palmas, las olas no tenían forma,
eran borbotones que saltaban. Teníamos que encontrar un pequeño canal que
comunicaba el Paraná Guazú con el Ibicuy que está en una curva. Cuando encontramos
el arroyo tuvimos que ponernos en fila india al paso de las embarcaciones de los isleños
ya que el canal tiene 5 metros de ancho. Seguían los campos inundados.
Cuando estamos llegando al puerto del río Ibicuy somos recibidos por olas que
superaban los 1,50 metros. Finalmente llegamos al Camping Malvinas Argentinas,
donde pudimos bajar a armar la carpa y tomar algo caliente. Decidimos descansar el
resto del día así que avisamos a las Prefecturas y le pedimos que informen a Zarate.
Día 4: jueves 24
Al día siguiente caminamos 6 kilómetros hasta Prefectura, para charlar sobre la crecida
y nuestro viaje. Después de pasar un rato en el pueblo, hicimos dedo para volver al
camping. Resulto ser Prefectura quien nos alcanzó y de paso nos comunicaron el
pronóstico para el día siguiente.
Día 5: viernes 25
El viernes a las 6 AM ya estábamos remando. Teníamos por delante 40 kilómetros hasta
Lima y otros 30 hasta Zarate. Llegamos a las cinco bocas, donde teníamos que cruzar
para alcanzar un canal que nos llevaría al Paraná de las Palmas. El Iguazú, tiraba con
bastante fuerza pero por suerte quedamos cerca del canal. Para las 13 PM ya habíamos
pasado Atucha y paramos a comer próximos a un club de pesca.
Después seguimos viaje y un rato después llegamos a Zarate. El puente no dejo verse
por las numerosas curvas y vegetación, hasta no estar a 5 kilómetros de distancia.
Llamamos a Prefectura y avisamos que ya estábamos en tierra. Alquilamos un camarote
del barco que hacía las veces de hotel.
Día 6: sábado 26
Acomodamos todo y a las 11 AM comenzamos a remar, después de llamar a Prefectura
y a mi papá que nos estaría esperando en el CRNBE. Llegando a Campana nos estaba
esperando una lancha de Prefectura que nos escoltó hasta el arroyo Santa María. A lo
lejos vimos el cartel de entrada al arroyo Las rosas y supimos que ya estábamos
terminando la travesía. Último almuerzo en el Fermín y después de 30 minutos
continuamos la última parte del viaje. Eran las 5 PM cuando doblamos el muelle de los
pescadores para entrar en el club. Allí fuimos recibidos por mi papá, Fabián Olesiuk,
Javier Pérez, Mariana, Eduardo, Aníbal Costa y Clarita. Avisamos por radio a prefectura
y más tarde fuimos personalmente para dar por terminada la travesía.
Agradecimientos
A la gente de guardería Cocodrilo, especialmente a Iván y Eduardo, hijo y padre de
Pepo, quienes nos recibieron hospitalariamente.
A Prefectura por la predisposición y cordialidad brindada durante todo el viaje
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