Erebus – Su Historia

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Erebus, el apóstol oscuro y archiblasfemo, sostuvo la prestigiosa posición de Primer
Capellán de la Legión de los Portadores de la Palabra durante la ascensión de Horus al
cargo de Señor de la Guerra y durante el final de la Gran Cruzada; aunque realmente es
conocido por ser la persona que corrompió al hijo predilecto del Emperador.
Era un guerrero Astartes temible e intimidante. Llevaba tatuajes que representaban citas
seleccionadas del Libro de Lorgar en su cuero cabelludo afeitado, para así aterrorizar a
sus enemigos y servir de inspiración a sus compañeros.
Su temperamento era frío como el hielo, y era difícil que mostrase alguna emoción, si
no era odio, rabia y, muy de vez en cuando, orgullo. En las artes demoníacas era
poderoso, siendo capaz de invocar a un demonio en la Nave insignia de Horus, así como
de establecer un círculo de sacrificio en el cual se sacrificaban astrópatas para retener
las conversaciones de los Custodes asignados a la Legión.
Después de la humillación sufrida por su legión en Monarchia, la que los Portadores de
la Palabra llamaban ciudad perfecta gracias a la gran devoción que mostraban sus
ciudadanos al Emperador; Erebus junto al Señor de la Fe, Kor Phaeron, fueron los
únicos a los que Lorgar dejó penetrar en su reclusión, y fueron estos quienes le
propusieron la idea del Peregrinaje, un termino de la Vieja Fe de su planeta natal,
Colchis, que se refería a un viaje hacia el lugar donde mortales y dioses se encontraban:
el Ojo del Terror. En este viaje Lorgar empezó su descenso al Caos, la verdadera
semilla de la Herejía.
Debido a su capacidad de persuasión y de negociación, Lorgar asignó a Erebus a la
Flota de su amigo y hermano Horus, para que le corrompiera y condujese al Caos, para
así comenzar la caída del Emperador. Esto lo consiguió fomentando la creación de
Logias dentro de la Legión, así como con otros métodos más infames.
Justo antes de la guerra con los Interexianos, Erebus comenzó a tener muchas
conversaciones privadas con la legión de los Lobos Lunares y con Horus Lupercal, el
Señor de la Guerra, en particular. De hecho, fue el quién saboteó las negociaciones
pacíficas, precipitando la guerra al robar una espada arcaica, un Anatham, de la Galería
de las Armas de los Interexianos, pese a estar estrechamente vigilada. Esto no era
simplemente por avaricia, sino que todo era parte de su cuidadoso y estructurado plan
para corromper al Señor de la Guerra, a su legión, a todos aquellos que servían bajo su
mando y traerles bajo la influencia de sus propios maestros secretos, los poderes
disformes del Caos, y así cumplir los planes de su primarca.
Suministrando el Anatham al Gobernador traidor del planeta Davin, Eugan Temba,
Erebus esperaba que Horus fuera herido por el arma al luchar contra este y puesto más
allá del cuidado de los apotecarios de su Legión, ya que en realidad era un arma
corrompida por el poder pútrido de Nurgle. Una vez que esto ocurrió, convenció al
primer capitán Abaddon (desconsolado y enloquecido por la pena) y a Horus Aximand,
del Mournival, para dejar a Horus al cuidado de Erebus y de la secta de la Serpiente de
Davin (a espaldas de los otros dos miembros del Mournival, Garviel Loken y Tarik
Torgadon, que buscaban una cura). Horus fue llevado al Delfos de Davin (un templo
dedicado a sus dioses) y resucitado por los rituales oscuros de los sacerdotes Davinitas,
pues Horus estaba a punto de morir cuando llegó.
Pese a la inoportuna intervención del primarca Magnus el Rojo, de los Mil Hijos, y el
haber sido descubierto su engaño, Erebus triunfó y consiguió poner a Horus al servicio
de sus señores oscuros. Fue posible gracias a sus artimañas, ya que se hizo pasar por
Astur Sejanus, antiguo capitán del Mournival y un gran amigo del Señor de la Guerra,
para convencerle de que debía seguir esta senda, marcada por las oscuras
maquinaciones de Lorgar, y los Dioses Oscuros.
Erebus siguió vertiendo miel en el oído de Horus, diciéndole exactamente lo que quería
oír su mente egoísta y afectada por el Caos, dirigiéndolo más lejos de los objetivos a
cumplir en la Gran Cruzada y persiguiendo su propia ascensión al poder y control de la
Humanidad. Acabó mostrando al Señor de la Guerra los oscuros poderes de la
Disformidad, e impulsándolo a hacer pactos de poder y sabiduría con los Dioses de
Caos para así, más tarde o temprano, poner a Horus en el camino de la herejía y la
guerra contra el Emperador de la Humanidad.
Junto con Horus, Erebus dirigió la traición del planeta Isstvan III, ya que le convenció
de la imperiosa necesidad de eliminar aquellos elementos legitimistas de las Legiones
Traidoras antes de que la guerra en Terra pudiera comenzar. El capitán de la 10ª
Compañía de los Lobos Lunares, Garviel Loken, sospechó siempre de Erebus como un
traidor y conspirador, pero nunca pudo hacer nada al respecto, ya que el apóstol estaba
protegido por el apoyo de Horus, lo que condujo al Capellán corrupto a añadirle a la
lista de hermanos Astartes leales que debían ser cogidos por sorpresa con el bombardeo
de bombas víricas.
Erebus permaneció con Horus Lupercal en casi todos los momentos de la Herejía,
actuando como su consejero oscuro espiritual y co-conspirador, suplantando y
eliminando así definitivamente las funciones del Mournival.
Fue uno de los Astartes traidores que participó en el ataque a Terra, y huyó con el resto
de su legión al interior del Ojo del Terror.
Actualmente es un miembro muy importante del Consejo Oscuro, el cuerpo de gobierno
de los Portadores de la Palabra en Sicarus, dirigiendo a la legión desde la Basílica de la
Palabra.
Dentro de los Portadores es muy influyente. Tanto, de hecho, que Kor Phaeron pensaba
que Erebus tenía a la mayoría de los integrantes del Consejo bajo su mandato. Por esto,
Kor Phaeron reinstauró la Hermandad, un órgano que se creó en la antigua Colchis
(ahora destruida) para purgar a los traidores de sus filas. Esta Hermandad fue clausurada
por el mismo Erebus y el Apostol oscuro Marduk.
Fue muy destacada su actuación en la 13ª cruzada negra contra Cadia, en zonas como el
Tramo de Malin en el sector Agripina, Scelus y Caliban, así como la profanación total
del feudo de la Eclesiarquia de Ibrium.
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