Libro de Acuerdos Nº 55, Fº 117/124, Nº 43. En la ciudad de San
Salvador de Jujuy, Provincia de Jujuy, República Argentina, a los
veintinueve días del mes de febrero del año dos mil doce, reunidos en la
Sala de Acuerdos los señores jueces del Superior Tribunal de Justicia,
doctores Clara A. De Langhe de Falcone, José Manuel del Campo, María
Silvia Bernal, Sergio Marcelo Jenefes y la señora vocal de la Cámara en
lo Civil y Comercial, Dra. Noemí Adela Demattei de Alcoba, por
habilitación y bajo la presidencia de la nombrada en primer término,
vieron
el
Expte.
Nº
8102/11,
caratulado:
“Recurso
de
inconstitucionalidad interpuesto en Expte. Nº B-192968/08 (Sala II
Tribunal del Trabajo) Demanda Laboral: Martínez, Jorge; Casas Raúl y
otros c/ Limpieza Urbana S.A.”, del cual,
La Dra. de Falcone, dijo:
La Sala II del Tribunal del Trabajo admitió la demanda interpuesta por
dependientes de la empresa Limpieza Urbana S.A. para establecer la
remuneración que deberán percibir los demandantes en su calidad de
supervisores y controladores de personal, entre otras tareas,
reconociéndoles además las diferencias salariales resultantes por el
periodo no prescripto, es decir, desde marzo del año 2.006 hasta agosto
de 2.008. Difirió el monto de la condena hasta que la perito contable
designada en la causa practique la planilla de liquidación
correspondiente fijando las remuneraciones de los actores en un
porcentaje superior manteniendo la proporción existente entre los años
2000 y 2001; por último estableció los intereses según la tasa pasiva
(uso judicial) del Banco Central de la República Argentina, hasta el
efectivo pago; impuso las costas a la vencida y difirió la regulación de
honorarios profesionales.
En disconformidad con la sentencia el Dr. Martín Durbal Jorge en
representación de “Limpieza Urbana S.A.” con el patrocinio letrado del
Dr. Luis Alfredo Canedi, interpuso recurso de inconstitucionalidad por
arbitrariedad, a fojas 14/18.
Expresa como agravios que el resolutorio que recurre contiene “defecto
de fundamentación normativa”, porque ha interpretado de modo
incorrecto el artículo 114 de la Ley de Contrato de Trabajo. Es por ello
que considera que el Tribunal sentenciante no está facultado para fijar
las remuneraciones de los actores: no existe indeterminación salarial;
que no se acreditó que la que perciben sea una remuneración injusta,
discriminatoria o insuficiente. Agrega que tampoco puede justificar la
aplicación de la norma en el “resultado fundado en la dedicación y
antecedentes laborales”, porque nada de ello constituye pauta de
fijación, y que el Tribunal se extralimitó al interpretar incorrectamente la
norma del artículo 114 de la ley de Contrato de Trabajo. Expone que la
empresa tuvo en cuenta las tareas a cargo de los supervisores
encuadrándolas en el Convenio Colectivo de Trabajo 130 (empleados de
comercio), sin haber disminuido jamás sus remuneraciones.
Alega luego fundamentación aparente en la sentencia del tribunal de
grado, agraviándose de lo que consideró “razonable” al momento de
establecer la remuneración a percibir por los actores. Dice que tomar
como base el porcentual de los años 2.000 y 2.001 “no resulta
razonable” y es “incoherente” porque los actores no lo solicitaron,
pronunciándose así “ultra petita”. Remite a las constancias del cuadro
salarial obrante a fojas 436 de la causa principal para afirmar que de allí
“surge que desde el año 2000 al 2005, la brecha salarial benefició a los
actores. En consecuencia, tomar los años 2000 y 2001 para determinar
el porcentaje es arbitrario pues hasta esa fecha los importes que se
abonaron por retribución a los actores fueron aceptados, consentidos y
no le causaron agravio alguno”. Se queja además de que se tome el
mes de marzo de 2.006 (fecha de reclamo mediante carta documento)
para determinar el inicio de un supuesto crédito laboral; afirma que en
caso de fijarlo los jueces deberá regir para el futuro, porque el derecho
debe nacer desde la sentencia y no antes, es decir, alega, que la
demandada no se encuentra en mora.
Afirma también contradicción y apartamiento de las constancias de la
causa. Al respecto sostiene que la empresa no colocó fuera del Convenio
Colectivo Nº 40/89 a los peticionantes, sino que ellos directamente lo
pactaron y además dicho convenio expresamente es el que excluye a los
supervisores de su ámbito.
Insiste en que existió incumplimiento del principio de congruencia en
razón de la ausencia de identidad entre lo peticionado por los actores y
lo que finalmente se estableciera como remuneración. Brinda los
argumentos que entiende justifican cada uno de los agravios que
esgrime, los cuales tengo por reproducidos aquí para abreviar, cita
jurisprudencia de aplicación al caso y formula reserva del caso federal.
El traslado conferido a la contraria fue respondido a fojas 29/34 por el
Dr. Carlos Ariel Meyer en representación de los actores; allí pide el
rechazo con costas.
El Ministerio Público Fiscal se expidió a fojas 44/48 de estos obrados por
la no admisión del recurso de inconstitucionalidad planteado.
Firme el llamado de autos y la integración del Tribunal, la causa está
para resolver.
En ese orden, adelanto mi voto por la improcedencia del recurso de
inconstitucionalidad interpuesto por la parte demandada, de modo que
comparto la opinión del señor Fiscal General.
El Tribunal de grado tuvo especialmente en cuenta que la demanda
deducida se sustenta en el hecho de desempeñarse los actores como
supervisores en la empresa demandada, percibiendo remuneraciones
fuera de convenio aplicable a la actividad de la empresa (40/89); que a
raíz de la devaluación, la diferencia en los salarios que percibían como
personal superior o jerárquico, se fue atenuando hasta llegar a percibir
una retribución menor que la del personal encuadrado en el Convenio
Colectivo de Trabajo Nº 40/89. Consideró que se quejan, entonces, por
el encuadramiento en el Convenio Colectivo de Trabajo Nº 130/75 como personal administrativo F-, cuando ellos se hallaban fuera de todo
convenio.
Luego, de su lado, la demandada sostiene que actuó dentro del marco
de la ley que autoriza a establecer la forma y modalidades de la
prestación de trabajo, y que el encuadramiento en el Convenio Colectivo
de Trabajo de los empleados de comercio fue beneficioso para los
actores, y que lo aceptaron al menos hasta marzo del 2008, negando
que por vía judicial puedan fijarse las remuneraciones de dicho personal.
Acreditado que los actores realizan tareas de supervisores en la
empresa de limpieza demandada, llevando a cabo funciones de control,
logística, salida de camiones, pago de sueldos al personal en la calle,
operativas de mantenimiento, contralor de vestimenta, observación a
los operarios, supervisan a choferes de camiones como a barrenderos,
etc., hizo mérito de que “conforme surge de los recibos de haberes
incorporados a la causa, la categoría laboral consignada es la de
Supervisores, al menos hasta mayo del 2007, y a partir de junio del
2007 son encuadrados en convenio Nº 130/75 en la categoría de
Administrativo F”.
Al valorar la pericial contable producida en la causa principal encontró
probado que los actores, tal como lo refieren en la demanda, “percibían
una remuneración superior a la del resto del personal de convenio,
habiéndose con el tiempo achicado la brecha siendo la progresión de las
remuneraciones del personal controlado superior a la de los
supervisores, produciéndose lo que en doctrina se conoce como
‘solapamiento de categoría’, ello como resultado de los incrementos que
obtuvieron los gremios en las distintas negociaciones salariales, lo que
no sucedió con los Supervisores, que al estar excluidos del convenio
todo aumento salarial quedaba sujeto a la voluntad de la empleadora.
La perito en su informe (fs. 454/455) da cuenta de los porcentuales en
promedio de lo que los actores percibían como remuneración en relación
al resto del personal de convenio que estaban bajo su supervisión, de la
inversión que se produjo en el progreso salarial, creciendo el salario de
los supervisores en un promedio del 225,98%; mientras que el personal
supervisado y encuadrado en convenio tuvo un crecimiento salarial
promedio del 541,86% en el período de diez años”. Concluyó que ello
brinda la pauta del desfase o desequilibrio que se produjo en las
remuneraciones,
“percibiendo
los
actores
una
remuneración
sensiblemente inferior a la de los supervisados, llegándose al final del
período analizado a una diferencia salarial del 13,75% en menos para el
caso de los actores”. Consideró finalmente que, “resulta indudable que
hubo una retracción salarial en los actores”, como consecuencia de los
incrementos que a través de la negociación salarial obtuvieron los
trabajadores de la demandada incorporados al régimen del Convenio
Colectivo del Trabajo Nº 40/89, “por lo que el planteo realizado por los
actores a fin de mantener una constante en sus remuneraciones no
resulta desatinado, sin que justifique tal desigualdad, la incorporación
de los Supervisores al CCT 130/75, en la categoría de Administrativo F,
advirtiéndose que ello no fue consentido desde el momento que
formularon su reclamo por vía extrajudicial en marzo del 2008…”.
En lo medular, tales son los fundamentos de la sentencia que se recurre.
Como anticipé, no advierto que alguno de los agravios que formula la
parte demandada pueda tener favorable acogida.
En efecto, es mi parecer que el Tribunal de grado ha actuado dentro de
los límites que le marca el artículo 114 de la Ley de Contrato de Trabajo
(en adelante L.C.T.), y que expresamente contempla supuestos como el
que tratamos.
Dice la norma citada que, cuando no hubiese sueldo o salario fijado por
convenciones colectivas o actos emanados de autoridad competente o
convenidos por las partes, su cuantía será fijada por los jueces
ateniéndose a la importancia de los servicios y demás condiciones en
que se prestan, al esfuerzo realizado y a los resultados obtenidos.
En el supuesto en tratamiento el tribunal no ha hecho más que
establecer una retribución, en forma prudencial y razonable, tomando
como pauta orientadora para la proporción, la diferencia que existía
entre los sueldos de los actores y la de los supervisados incluidos en
convenio colectivo, durante un periodo determinado por el equilibrio
entre ambas retribuciones.
De tal manera, le ha devuelto el carácter de salario justo, que había
perdido la retribución de los supervisores de la empresa de limpieza
urbana demandada, y que surge, especialmente, de la pericial contable
practicada que demuestra elocuentemente, el desajuste producido a
medida que fueron transcurriendo los años a raíz de la depreciación
monetaria sumada al congelamiento de los sueldos de los promotores y
a los aumentos recibidos por los inferiores jerárquicos como
consecuencia de la negociación colectiva.
Como fue bien ponderado por el Tribunal sentenciante, llevan razón los
trabajadores cuando dicen violentado el derecho de igualdad pues se
evidencia en la pericial contable como en el documentación agregada y
tenida en cuenta para realizarla, que precisamente nos encontramos
frente a un típico caso de necesidad de fijación judicial, porque quedó
patentizado e indubitado el desajuste producto de la merma en los
sueldos.
Es así que –según la pericia agregada a la causa- al comienzo del
desequilibrio en la retribución se vuelve notoria la diferencia o brecha
entre los salarios de empleados de superior y los de inferior jerarquía,
favoreciendo a éstos últimos, para llegar finalmente a superarlos, lo cual
resulta absolutamente intolerable, como se expresó antes, sin violentar
el principio de salario justo, o de “salario válido”, al decir de Justo
López.
Producido el “solapamiento de categoría” y encuadrando luego a los
actores en un Convenio Colectivo, que en realidad, y contrariamente a lo
sostenido por la empleadora, en nada los beneficia ni les corresponde,
no advierto otra solución que no sea la adoptada por el Tribunal en la
sentencia que se critica.
Es que no es posible en esta materia aceptar el desconocimiento del
principio de la igualdad de trato contemplado en el artículo 81 de la
L.C.T., que lo consagra expresamente en el ordenamiento legal especial,
a fin de evitar cualquier tipo de discriminación en contra del trabajador,
en concordancia, claro está, con la Constitución Nacional al prever dicha
garantía en los artículos 16, 14 bis, como la mayoría de las
declaraciones, convenciones y pactos internacionales que a su turno el
artículo 75 inciso 22 incorpora con jerarquía constitucional, así como,
resulta obvio, las normas de los convenios de la Organización
Internacional del Trabajo (O.I.T.).
Hace ya tiempo, que nuestro más Alto Tribunal de la Nación se
pronunció en el tema de la igualdad de trato remuneratorio. Así entre
otros, en el caso “Estrella Fernández contra Sanatorio Güemes” (Fallos
311:1602).
En dicho precedente, similar al planteado en la causa principal, en
primer lugar cabe destacar la consagración del principio de paridad de
trato (igual remuneración por igual tarea), extendida al ámbito laboral y
que comprende el impedimento de discriminación arbitraria, esto es,
basada en razones de sexo, edad, religión o raza, no así aquellas que se
sustentan en el bien común, como serían las de mayor eficacia,
laboriosidad y contracción al trabajo del dependiente, puesto que no es
sino una expresión de la regla más general de que la remuneración debe
ser justa (Fallos 265:242).
Luego, que la referida extensión de la regla, deriva del principio más
amplio de que la garantía de igualdad radica en consagrar un trato legal
igualitario a quienes se hallan en una razonable igualdad de
circunstancias, doctrina que la Corte ha aplicado reiteradamente al
decidir que frente a circunstancias disímiles nada impide un trato
también diverso, de manera que queda excluida toda diferencia injusta
o que responda a criterios arbitrarios (Fallos 311: 1602).
Respecto al axioma de fijación adoptado en el fallo, encuentro que es
ajustado a derecho, porque no refleja incoherencia ni irrazonabilidad,
como erradamente sostiene la recurrente.
En el caso citado, la Corte Suprema de Justicia dejó expuesto, además,
que en el ámbito de las relaciones de trabajo cabe definir los términos
de la ecuación de tal forma que la aplicación de la garantía de la
igualdad pueda efectivizarse sin menoscabo de los derechos de ambas
partes, pero también asegurando una interpretación valiosa que no
prescinda de las consecuencias que se derivan de cada criterio pues
ellas constituyen uno de los índices más seguros para verificar su
coherencia con el sistema en que se engarza el mentado principio de
igualdad (Fallos 311:1602).
Es decir que, de lo que se trata es de evitar la inequidad del salario, y la
pauta que tomó en cuenta el juzgador no se aleja de lo solicitado por las
partes al demandar, pues requirieron precisamente que para el ajuste
en la fijación se tomara en cuenta que la retribución de quienes tienen a
su cargo, ha superado la de ellos.
Para el caso, el principio del salario justo y equitativo debe ser
interpretado como establecido para los trabajadores sin convenio y por
encima de las escalas de convenio, como un derecho a percibir
incrementos similares a los que se les reconoció a las categorías
“convencionadas” bajo su mando (Cámara Nacional del Trabajo, Sala IV,
“Norese, Fernando y otro c/ Siam S.A.”, 20 de noviembre de 1988).
En línea con el pensamiento que vengo desarrollando también se ha
expresado que “parece inequitativo y contrario al salario justo,
reconocer aumentos derivados de la ley o del convenio colectivo a
personal de categorías inferiores y negarlos en proporción análoga a
quienes, por su condición jerárquica, se hallan fuera del ámbito de las
normas legales o convencionales” (Cámara Nacional de Apelaciones del
Trabajo, Sala IV, “Cainzoz, Jorge c/ Banco Coop. Ltdo., 12 de diciembre
de 1.995).
Es que tampoco resulta una interpretación razonable la que efectúa la
empleadora para defenderse, respecto a que encuadró a los promotores
en el Convenio Colectivo de Trabajo de los Empleados de Comercio,
cuando expresamente, como también lo sostiene la recurrente, están
excluidos del convenio que reúne a sus subordinados. El pretendido
encuadramiento en dicho convenio no dio solución al desajuste.
En tal sentido la Corte Suprema ha establecido que “por la forma de
celebración de las convenciones colectivas de trabajo, en razón de la
actividad o de la profesión, y habida cuenta de la uniformidad que
supone su aplicación obligatoria, la comparación de baremos es
fundamental a los fines -entre otros- de la determinación externa del
aspecto salarial, pero, en cambio, el mandato legal de equidad que
surge de las pautas del mentado artículo 81, está dirigido al ámbito
interno de la empresa”. Para rematar en que “el empleador está
facultado para fijar sus propias estructuras salariales, cuando mejoran
las de las convenciones colectivas, las que cabe inferir, que en el caso,
se establecieron sobre bases de análisis de puestos y del desempeño de
sus dependientes, en condiciones de rentabilidad ya que ello responde a
una razonable organización empresarial” (del voto de los jueces
Petracchi y Bacqué).
Por último y en concordancia con lo razonado hasta aquí, estimo que
pretender impedir que el reconocimiento del derecho de los
peticionantes carezca de carácter retroactivo y, por ende, que no se
deban abonar diferencias salariales, resulta inadmisible. Esto así, porque
considerar que la atribución ejercida por la vía del artículo 114 de la
L.C.T. sólo opera para el futuro significaría tanto como aceptar que lo
que fue injusto no tiene reparación (Conforme Juan Carlos Fernández
Madrid, en Ley de Contrato de Trabajo Comentada y Anotada, Tomo II,
La Ley, página 1310; en idéntico sentido Jorge Rodríguez Mancini Ley de
Contrato de Trabajo, La Ley, Tomo III, página 165).
Queda descartado, entonces, que la conclusión a la que arribara el
Tribunal de grado para admitir la demanda adolezca del vicio de
incongruencia ni, menos aún, de irrazonabilidad.
Como corolario de ello, la sentencia pronunciada por la Sala II del
Tribunal del Trabajo constituye un acto jurisdiccional válido porque es
una derivación razonada del derecho vigente con estricto apego a las
constancias de la causa.
Por todo lo expuesto y el dictamen del Ministerio Público, cuyos términos
tengo por reproducidos, doy mi voto por el rechazo del recurso de
inconstitucionalidad interpuesto por el Dr. Martín Durbal Jorge con el
patrocinio letrado del Dr. Luis Alfredo Canedi. Las costas deberá
cargarlas la parte vencida (artículo 102 del Código Procesal Civil) y
diferirse la regulación de los honorarios profesionales hasta que exista
base firme para su determinación y se pueda aplicar el artículo 11 de la
ley arancelaria local.
Los Dres. del Campo, Bernal, Jenefes y Demattei de Alcoba, adhieren al
voto que antecede.
Por ello, el Superior Tribunal de Justicia de la Provincia de Jujuy,
Resuelve:
1º) Rechazar el recurso de inconstitucionalidad interpuesto por el Dr.
Martín Durbal Jorge con el patrocinio letrado del Dr. Luis Alfredo Canedi.
2º) Imponer las costas al recurrente vencido y diferir la regulación de
los honorarios profesionales.
3º) Registrar, agregar copia en autos y notificar por cédula.
Firmado: Dra. Clara Aurora De Langhe de Falcone; Dr. José Manuel del
Campo; Dra. María Silvia Bernal; Dr. Sergio Marcelo Jenefes; Dra.
Noemí Adela Demattei de Alcoba (Habilitada).
Ante mí: Dra. María Jesús Cosimano – Prosecretaria .
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