MICHAEL E. PORTER (1990)
LA VENTAJA COMPETITIVA DE LAS NACIONES
Mi propósito con esta obra es contribuir a la comprensión de las ventajas competitivas
de las naciones, o los atributos nacionales que fomentan las ventajas competitivas en
determinados sectores, y las implicaciones tanto para las empresas como para los
gobiernos. En el núcleo de mi teoría están los principios de estrategia competitiva en
sectores específicos. (PAG. 13)
Mi teoría empieza a partir de competidores y sectores individuales y va aumentando
hasta la economía como un todo. El sector en particular, automóviles, aparatos de
telefax, servicios contables, rodamientos a bolas, es donde se gana o se pierde la ventaja
competitiva. La nación donde radican influye en la capacidad de sus empresas para
triunfar en determinados sectores. El resultado de miles de luchas en sectores
individuales determina el estado de la economía de una nación y su capacidad para
progresar. (PAG. 13)
Explicar el papel que desempeñan el entorno, las instituciones y las políticas
económicas de una nación en el éxito competitivo de sus empresas en determinados
sectores es la materia de este libro. (PAG. 24)
No han sido convincentes los esfuerzos orientados a explicar la competitividad de toda
una nación, y la razón de que tales esfuerzos no pasen de ser la búsqueda de respuesta a
una pregunta improcedente. Debo demostrar que comprender las razones de la
capacidad de las empresas de la nación para crear y mantener ventajas competitivas en
determinados sectores sí es abordar la pregunta procedente, no solo para informar la
estrategia empresarial sino también para alcanzar las metas económicas nacionales. El
paradigma dominante utilizado hasta ahora para explicar el éxito internacional en
determinados sectores es inadecuado, y por qué intentos muy recientes por modificarlo
todavía no abordan algunas de las cuestiones más relevantes.
Explicaciones Contradictorias
(PAG. 24)
Algunos ven la competitividad nacional como un fenómeno macroeconómico, movido
por variables tales como los tipos de cambio, los tipos de interés y los déficit públicos.
Pero hay naciones que han disfrutado de niveles de vida rápidamente crecientes a pesar
de los déficit presupuestarios (Japón, Italia y Corea), de la apreciación de su moneda
(Alemania y Suiza) y de los altos tipos de interés (Italia y Corea).
(PAG. 25)
Otros argumentan que la competitividad es función de una mano de obra barata y
abundante. A pesar de esto, naciones como Alemania, Suiza y Suecia han prosperado al
margen de sus altos niveles salariales y de largos periodos de escasez de mano de obra.
Japón con una economía que supuestamente se levantó gracias a una mano de obra
abundante y barata, también ha experimentado agobiantes escaseces de mano de obra.
Sus empresas han triunfado internacionalmente en muchos sectores después de
automatizar muchas tareas que antes representaban un alto contenido de trabajo
humano. (PAG. 25)
Otro punto de vista es que la competitividad depende de poseer recursos naturales en
cantidades ingentes. Sin embargo y en épocas bien recientes, las naciones de más éxito
comercial, entre las que cabe destacar a Alemania, Japón, Suiza, Italia y Corea, han sido
naciones con recursos naturales limitados que han tenido que importar la mayor parte
de las materias primas que emplean. También es interesante advertir que dentro de
naciones tales como Corea, el Reino Unido y Alemania, son las regiones pobres en
recursos las que están prosperando en relación con las ricas en recursos. (PAG. 25)
La intervención significativa de la política gubernamental solamente se ha producido en
un subconjunto de sectores y está muy lejos de haber sido un éxito universal, incluso en
Japón y Corea
(PAG. 26)
El agresivo establecimiento de objetivos por parte de corea en grandes e importantes
sectores tales como los de productos químicos y maquinaria tampoco ha conseguido
posiciones significativas en los respectivos mercados. Analizando el conjunto de las
naciones, los sectores donde más intensamente ha intervenido el gobierno, menos éxito
han alcanzado en términos internacionales en la mayoría de los casos. El gobierno bien
puede decirse que interviene en la competencia internacional, pero rara vez lo hace en
un papel estelar.
(PAG. 26)
Una última explicación. Bastante utilizada, de la competitividad nacional se centra en
las diferencias en las prácticas de gestión, entre las que se incluyen las relaciones entre
trabajadores y dirección.
La gestión japonesa ha recibido muchos parabienes en el
decenio de 1980, como lo hizo la gestión norteamericana en los de 1950 y 1960. sin
embargo, el problema que entraña esta explicación es que diferentes sectores requieren
diferentes enfoques en su gestión. (PAG. 26)
La gestión al estilo norteamericano, con todos los fallos que se le atribuyen ahora, ha
generado empresas altamente competitivas en sectores tales como los de software,
equipamiento médico, bienes de consumo envasados y servicios empresariales. La
gestión al estilo japonés, con todos sus puntos fuertes, ha producido pocos éxitos
internacionales en grandes segmentos de la economía, tales como los de productos
químicos, bienes de consumo envasados o servicios.
(PAG. 27)
Claramente, ninguna de estas explicaciones de la competitividad nacional es plenamente
satisfactoria, como tampoco lo son muchas otras que se han propuesto. Ninguna es
suficiente por sí misma para explicar la posición competitiva de los sectores de una
nación. Cada una de ellas contiene una parte de la verdad, pero no resistirá un
minucioso escrutinio. Parece que en todo esto interviene un conjunto de fuerzas más
amplio y más complejo. (PAG. 27)
Formular la pregunta Procedente
La principal meta económica de una nación es producir un alto y creciente nivel de vida
para sus ciudadanos. La capacidad de conseguirlo depende no de la amorfa noción de
competitividad sino de la productividad con que se empleen los recursos de una nación
(trabajo y Capital. La productividad es el valor del producto generado por una unidad de
trabajo o de capital. Depende tanto de la calidad y características de los productos (lo
que determina los precios a que pueden venderse) y de la eficiencia con que se
producen. (PAG. 28)
Un creciente nivel de vida depende de la capacidad de las firmas de una nación para
alcanzar altos niveles de productividad y para aumentar la productividad con el
transcurso del tiempo. (PAG. 29)
Las empresas de una nación deben mejorar inexorablemente la productividad en los
sectores existentes mediante la elevación de la calidad de los productos, la adición de
características deseables, la mejora de la tecnología del producto o superación de la
eficiencia de la producción. (PAG. 29)
La Ventaja Competitiva en los Sectores
Para alcanzar el éxito competitivo, las empresas de la nación han de poseer una ventaja
competitiva en forma bien de costes inferiores, bien de productos diferenciados que
obtengan precios superiores. Para mantener la ventaja, las empresas han de conseguir
con el tiempo ventajas competitivas más refinadas, mediante la oferta de productos y
servicios de calidad superior o mediante un proceso de producción más eficiente. Esto
se traduce directamente en crecimiento de la productividad. (PAG. 33)
Razones Fundamentales Clásicas del Éxito Sectorial
Teoría de la ventaja comparativa (PAG. 34)
La Necesidad de un nuevo Paradigma
Ha habido un creciente convencimiento de que la ventaja comparativa basada en los
factores de producción no es suficiente para explicar las estructuras del comercio. No es
difícil encontrar pruebas prácticamente imposibles de conciliar con la ventaja
comparativa en los factores. Corea,
consiguió, obstante, alcanzar exportaciones
sustanciales en una amplia gama de sectores relativamente intensivos en capital, tales
como los de acero, la construcción naval y los automóviles. Por el contrario, Estados
Unidos, con mano de obra cualificada, científicos descollantes y abundancia de capital,
ha tenido que ver como se erosionaban
sus participaciones en el mercado de
exportación en sectores donde nadie se lo podía imaginar, tales como los de las
máquinas – herramientas, semiconductores y productos electrónicos refinados.
(PAG. 36)
Sin embargo, más importante todavía es el hecho de que ha habido una creciente
consciencia de que los supuestos que fundamentan las teorías de la ventaja comparativa
en el comercio son tan impracticables como ilusorios en muchos sectores. La teoría
estándar asume que no hay economía de escala, que las tecnologías son idénticas en
todos los sitios, que los productos no se diferencian unos de otros y que el conjunto de
factores nacionales es fijo. La teoría también da por descontado que los factores, tales
como la mano de obra especializada y el capital, no se mueven entre las naciones. Todas
estas suposiciones guardan poca relación, en la mayoría de los sectores, con la
competencia real.
(PAG. 37)
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