CORTE SUPREMA DE JUSTICIA
SALA DE CASACION CIVIL
Magistrado Ponente: SILVIO FERNANDO TREJOS BUENO
Bogotá D. C., veintiuno (21) de Septiembre de dos mil (2.000).-
Referencia: Expediente No. 6140
Decide la Corte el recurso de casación interpuesto por la parte
demandante contra la sentencia de 8 de abril de 1996,
proferida por la Sala Civil del Tribunal Superior del Distrito
Judicial de Medellín, en el proceso ordinario de mayor cuantía
seguido por ROMEO PEDROZA GARCIA contra la compañía
de SEGUROS GENERALES CÓNDOR S. A.
I. EL LITIGIO
1. Reclama el demandante que se le reconozcan los derechos
derivados de la póliza de cumplimiento 18782 de mayo 17 de
1991, y su certificado de renovación número 43075, expedidos
en su favor, por medio de la cual la aseguradora le garantizó el
cumplimiento de las obligaciones contraídas para con él por la
sociedad Edificadora Torremarina Ltda., derivadas del contrato
de obra de mayo 15 de 1991; que se condene a
la
aseguradora a pagar la indemnización fijada de antemano en la
dicha póliza, por valor de $80’000.000; y que, previa
declaración de la mora, se aplique a dicha suma “la tasa
máxima de interés moratorio que exista en el momento que la
compañía aseguradora efectúe el pago a la parte beneficiaria”,
contados a partir del día en que se produjo el incumplimiento, o
sea desde el 26 de junio de 1993, o desde la fecha que se
demuestre en el proceso.
Para sustentar las pretensiones, el demandante expuso los
hechos que se compendian a continuación:
a) El 15 de mayo de 1991, el demandante celebró contrato de
obra con la sociedad Edificadora Torremarina Limitada, que fue
aceptado por la aseguradora CÓNDOR S. A. el 17 de mayo
siguiente, en virtud del cual aquélla se obligó a construir 20
cabañas en la finca “El Paraíso”, situada en el municipio de
Cocorná (Antioquía), de acuerdo con las especificaciones
descritas en el contrato, cuya entrega se pactó inicialmente
para el 15 de noviembre de 1991, y después para el 12 de
diciembre de 1992, según el documento de aplazamiento a que
alude el certificado 43075 expedido por la misma aseguradora.
Por razón del precio estipulado en la cláusula quinta, el
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demandante pagó a la sociedad contratista la suma de
$160’000.000 que correspondía al valor total de la obra.
b) Para garantizar el cumplimiento de sus obligaciones, la
sociedad constructora celebró un contrato de seguro con la
demandada, quien expidió la póliza de cumplimiento a favor de
particulares número 18782, de 17 de mayo de 1991, por la
suma de $80’000.000.oo, “cuyo asegurado, beneficiario y
reclamante es Romero (sic) Pedroza García”.
c) Tal póliza es de aquellas que también se denominan póliza
de cumplimiento de valor admitido, “porque se determinó de
antemano por las partes del contrato de seguro, el mayor valor
de la indemnización que pagaría la compañía aseguradora a la
parte asegurada y beneficiaria, en el caso de presentarse el
incumplimiento total de las obligaciones garantizadas con dicha
póliza”.
d) La Edificadora incumplió totalmente las obligaciones, pues
no construyó ninguna de las cabañas objeto del contrato de
obra, por lo que el perjuicio, por concepto de daño emergente,
corresponde al precio pagado por el demandante, y por el
lucro cesante a los intereses de ese capital.
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e) El 17 de diciembre de 1992, el demandante dio aviso a la
aseguradora de que se había dado el incumplimiento de la
sociedad constructora y reclamó el pago del seguro; ésta
reclamación no fue atendida, ni tampoco las subsiguientes
peticiones de 25 de mayo de 1993 y 16 de julio de 1993.
f) El 11 de enero de 1994, el beneficiario del seguro presentó
una nueva reclamación; en esa ocasión aportó una amplia
documentación que la compañía aseguradora objetó mediante
documento suscrito el 11 de febrero de 1994.
g) Por último, el 18 de febrero de 1994 el reclamante aportó
nueva documentación, pero la compañía mantuvo su posición
negativa “alegando que no se ha demostrado la cuantía de los
perjuicios”, actitud con la cual desconoció la Ley 45 de 1990,
“pues, se acreditó fehacientemente el incumplimiento total de
las obligaciones afianzadas y la cuantía de los perjuicios”.
2. En su oportunidad, la demandada se opuso a las
pretensiones y propuso las excepciones que denominó
“inexistencia del contrato”, basado en que el contrato de seguro
requiere la suscripción de la póliza y el mencionado certificado
de renovación no tiene el carácter de tal ni reúne los requisitos
del artículo 1045 del Código de Comercio, y en que “la
obligación de la aseguradora se limita a cubrir los riesgos e
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indemnizar los siniestros que ocurran durante su vigencia” y no
los que sucedan después de finalizada ésta; la de “prescripción
de los efectos derivados del contrato de seguro”; “inexigibilidad
de la obligación” por no haberse probado el valor de los
perjuicios ni el incumplimiento; “inexistencia de la obligación”
por cuanto “de acuerdo con la cobertura de la póliza se
establece claramente que no es materia de un seguro lo que
por su naturaleza debe ser objeto de otro seguro y en el caso
que nos ocupa la pretensión del demandante son (sic) materia
de la garantía de anticipo y no de la de cumplimiento”; y la de
“terminación del contrato”, puesto que la póliza había perdido
vigencia cuando ocurrió el siniestro por mora en el pago de la
prima, en virtud de que inicialmente se giró un cheque que
resultó impagado “y hasta el momento no se ha cubierto el
valor de la prima”.
3. Agotado el trámite de la primera instancia, el juez dictó
sentencia que declaró probada la excepción de prescripción y
consecuentemente desestimó las pretensiones. Apeló el
demandante, y el Tribunal confirmó el fallo impugnado, aunque
por otras razones, tras decir que la excepción de prescripción
no se encontraba probada.
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II. FUNDAMENTOS DE LA SENTENCIA DEL TRIBUNAL
1. En lo de fondo, el Tribunal hace las siguientes reflexiones:
1º) La obligación de la sociedad constructora consistió en
construir 20 cabañas a un costo de $8’000.000, cada una, en
un plazo máximo de 180 días, y su cumplimiento era, entonces,
el riesgo amparado por el contrato de seguro; dicha obligación
no se cumplió durante el término inicialmente pactado ni
durante la prórroga, como se deduce de la prueba de
inspección judicial y del testimonio de Luis Darío Atehortúa.
2º) A su turno, la obligación a cargo del otro contratante
consistía en pagar el valor de cada cabaña “en el acto de
firmarse este contrato”, expresiones que pueden dar lugar a
diferentes interpretaciones, pues así como es factible entender
que ellas pueden ser prueba suficiente de cumplimiento,
también pueden interpretarse como “una afirmación de futuro
que requeriría de otros medios de convicción para establecer
su cumplimiento”; en el punto, el Tribunal, frente a la posición
del demandante que alega que no ve cómo la compañía
aseguradora puede fundamentar una excepción con base en el
contrato respecto del cual ha asumido el riesgo y que en todo
caso la carga de la prueba correspondiente corre a cargo de la
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aseguradora como proponente de la excepción, considera
“incuestionable” la procedencia de las excepciones basadas en
el negocio principal, “frente a un contrato que, como el de
seguro de cumplimiento, es accesorio a aquel”.
3º) La doctrina y la jurisprudencia asimilan el seguro de
cumplimiento a la fianza, para hacer ver que, en relación con
el asegurado, debe probarse el cumplimiento de las
obligaciones contraidas por éste en el contrato principal, no
sólo porque es un punto de disputa según las disímiles
versiones de los litigantes, sino también porque el juzgado no
lo halló probado; porque es cuestión que hace parte de la
legitimación en la causa por activa, revisable, aún de oficio; y
porque, “al existir para la aseguradora la posibilidad de
subrogarse en los términos del Art. 1099 C. de Co. inc. 2°,
resulta de trascendencia saber si el asegurado cumplió el
acuerdo principal, así las obligaciones afianzadas no sean las
suyas sino las de la contratista”.
4º) Situado en el campo de las pruebas sobre el incumplimiento
del asegurado, el Tribunal dedujo lo siguiente:
a) No le otorga valor a los testimonios de Hilda Ligia García
Posada y Magnolia del Socorro Giraldo, pues si bien aquélla
dijo haber presenciado cuando el demandante realizaba el
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pago referido, y ésta dijo haberse enterado del mismo por
comentarios, ambas se contradijeron en cuanto al lugar donde
se firmó el contrato y respecto de la persona encargada de
elaborar su contenido; en consecuencia, “es precario el
resultado de estos testimonios para lo que se trata de
averiguar”.
b) Examina enseguida la prueba indiciaria derivada tanto de la
conducta de la sociedad demandada como del proceder del
demandante. En ese sentido anota:
* Que en relación con la compañía aseguradora debe probarse
plenamente que el contrato de obra estaba suscrito por las
partes contratantes cuando lo recibió ‘para su estudio’ el 17 de
mayo de 1991, pues sólo así se entendería cumplida la
condición prevista para el pago a cargo del contratante.
* Que otro posible hecho indicador del cumplimiento de dicha
obligación se da por la expedición de la póliza en esa fecha, lo
que, sin embargo, se trata de una “simple conjetura” más que
un indicio, por cuanto a la compañía aseguradora le bastaba
conocer las obligaciones a cargo del contratista, “porque eran
las que estaban garantizando en su cumplimiento futuro”, sin
que tuviera injerencia alguna, en ese momento, la prueba del
cumplimiento por parte de Romeo Pedroza.
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* Que es relevante la objeción a la reclamación de pago del
seguro que hizo la compañía aseguradora y la respuesta que
ésta dio a los cuatro primeros hechos de la demanda, las
cuales evidencian que “no resulta completamente inexacta” la
posición asumida por dicha compañía de no haber tenido
conocimiento del cumplimiento de las obligaciones a cargo de
cada contratante.
* Que la conducta asumida por el representante legal de la
compañía aseguradora en la audiencia celebrada en
cumplimiento de los artículos 101 del Código de Procedimiento
Civil y 10 del Decreto 2651 de 1991, consistente en haber
admitido que tanto la empresa constructora como el contratante
estaban “gestionando la adquisición de unos dineros para
poder dar cumplimiento a sus obligaciones”, implica que
aunque en momento alguno se mencionó el eventual
incumplimiento del demandante, tampoco se reconoció en
forma expresa ese hecho, y en esas circunstancias el pago
sólo puede inferirse de la configuración de un indicio “que
puede calificarse de grave”.
*
Con todo, el Tribunal le resta trascendencia al anterior
indicio, pues encuentra otro hecho indicador, de igual
magnitud, el cual obra contra el demandante, derivado de su
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conducta imprudente por no haber aportado para el efecto ni
los comprobantes ni los libros de comercio que demostraran el
cumplimiento de la obligación a su cargo, a pesar de haber
dicho en el interrogatorio de parte que su actividad gira
ordinariamente alrededor de cuantiosos negocios, y de haber
efectuado una pormenorizada relación de los cheques que
utilizó como forma de pago, por lo cual “era de esperarse” que
estuviera en condiciones de anexar algún comprobante de
pago.
c) De cara a lo dispuesto sobre la prueba de indicios en los
artículos 248, 249 y 250 del Código de Procedimiento Civil, el
fallador concluye que ninguno de los mencionados antes puede
considerarse como necesario, “esto es, que de modo infalible
acrediten el pago de la obligación que se averigua”, lo cual
sucede aun con el que se halló en contra del demandante.
Empero, añade, puede catalogarse como indicio grave tanto la
conducta desplegada por la sociedad demandada “en la
audiencia del Art. 101”, como la del demandante, y en cambio,
como indicio leve, las circunstancias que rodearon la firma del
contrato y la entrega de éste a la compañía aseguradora, lo
que consecuentemente sólo deja vigente dos indicios graves
“que, por lo mismo, contrarrestan todo efecto probatorio y que
en nada contribuyen a averiguar el hecho que interesa”.
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d) En síntesis, el fallador concluye que ningún medio probatorio
resultó suficiente para establecer el cumplimiento de la
obligación a cargo del demandante respecto del contrato
principal, porque por fuera de que la prueba testimonial fue
contradictoria, la documental, consistente en el recibo de la
cláusula cuarta, “quedó sujeta a una condición que no se
puede establecer como cumplida”, y la indiciaria se conforma
por dos indicios que, aunque graves, se contradicen.
e) Por último, señala la sentencia acusada que la respuesta
dada por la compañía aseguradora a los hechos de la
demanda en el sentido de no constarle el cumplimiento del
contrato principal, tiene su razón de ser en que tales
circunstancias efectivamente las podía desconocer, “tanto que
lo cuestionó en las objeciones y que, en el proceso no se
acreditó plenamente en lo relativo a los compromisos del
demandante”.
2. De otro lado, el sentenciador señala que no se aprecia en
forma nítida la mala fe que se le reprocha a la parte
demandada por haber negado al certificado de modificación la
connotación renovadora del contrato de seguro alegada por el
demandante; se trata de “un aspecto discutible al cual inclusive
adhirió la falladora de primera instancia cuando se basó,
exclusivamente, en la póliza original y declaró probada la
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prescripción”, criterio que, aunque no se comparta, tampoco
da lugar a inferir la mala fe de la aseguradora.
III. LA DEMANDA DE CASACION
Cargo Unico
1. Con fundamento en la causal primera de casación, acusa el
censor la sentencia de ser violatoria, indirectamente y por falta
de aplicación, de los artículos 1045, 1053, 1068, 1077 inciso
2°, 1078, 1081, 1087, 1089 y 1099 del Código de Comercio, 83
de la Ley 45 de 1990 y los artículos 2°, 4° y 7° de la Ley 225
de 1938, “normas que dan derecho al beneficiario de una
póliza de seguro de cumplimiento, para demandar el pago del
seguro cuando no se han cumplido, en el tiempo pactado, las
obligaciones cuya ejecución fue así afianzada por la
aseguradora”; todo como consecuencia de los errores
evidentes de hecho en que incurrió el Tribunal, en la
apreciación de distintos medios de prueba.
2. En el plano teórico, delanteramente explica el recurrente que
los riesgos cuya protección se busca mediante la llamada
póliza de cumplimiento entre particulares, se refieren no sólo a
los malos manejos en que pueda incurrir quien administra
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bienes y dineros ajenos, dentro de cuyo concepto quedan
comprendidas además las contingencias que habitualmente se
presentan en la ejecución de ciertos contratos de tracto
sucesivo, como lo son precisamente aquellos celebrados para
la construcción de edificios en la forma y en los términos
definidos por el artículo 2060 del Código Civil; sino también el
eventual incumplimiento por parte del constructor, con lo cual el
dueño de la obra previene los perjuicios que le pueda
ocasionar la inejecución de la obra contratada, característica
que asemeja dicho seguro a la fianza y por lo cual el artículo 2°
de la Ley 225 de 1938 “establece que el seguro de manejo y
cumplimiento tendrá por objeto, entre otros, garantizar el
cumplimiento de obligaciones que emanen de leyes o de
contratos”.
Así, refiriéndose a lo expresado por la jurisprudencia en torno
al objeto pretendido por el seguro de cumplimiento, en cuanto a
la garantía que protege, retoma lo pactado por los contratistas
para anotar que aunque en el proceso quedó plenamente
demostrado el incumplimiento por parte de la sociedad
constructora, las pretensiones de la demanda no fueron
acogidas porque en virtud de los errores que le endilga al
Tribunal, no encontró probado el cumplimiento por parte del
demandante, “imponiéndole a éste, de ese modo, una carga
probatoria que, de un lado y según el inciso segundo del
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artículo 1077 del C. de Comercio, es exclusiva carga de
Seguros Cóndor…”, y porque dejó de apreciar no sólo la
prueba que acredita el pago efectuado por el demandante, sino
también la mala fe que milita en el comportamiento asumido
por la compañía demandada.
Enseguida resalta la incidencia que tiene la buena fe en
materia de seguros, especialmente en los de cumplimiento,
“pues la tranquilidad y el sosiego del dueño de la obra, cuya
cabal ejecución por parte del constructor se le garantiza con la
póliza de cumplimiento, se verían severamente disminuidos y
hasta cercenados si el asegurador, en su momento, esquiva y
elude, como ocurrió en la especie de esta litis, el pago de la
fianza, alegando tardíos y mentirosos pretextos como el de que
no se pagó la prima y arguyendo que no conocía plenamente
las cláusulas del contrato en el que consta la obligación
afianzada”.
En esas condiciones, destaca la importancia que tiene para el
asegurado el despliegue de un completo análisis que le permita
a la compañía aseguradora otorgar, mediante la póliza de
cumplimiento, la confianza y la seguridad reclamadas; en ese
sentido afirma que “grave sería que una aseguradora, por
ganar una prima o por retener un cliente, conceda una póliza
de cumplimiento a la ligera, sin estudiar el contrato y sin medir
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el alcance de las obligaciones afianzadas; ello demostraría una
reprochable negligencia que sería fuente de perjuicios para el
beneficiario”.
Incluso, agrega, para permitir el cumplimiento efectivo de dicha
misión por parte de la aseguradora, en el contrato amparado se
dejó expresa constancia de que le sería permitido examinar e
inspeccionar la documentación que fuera necesaria en orden a
satisfacer el cabal conocimiento del contrato, “pero Seguros
Cóndor S. A., mostrando total desidia, dejadez o negligencia
nunca utilizó este indiscutible derecho”; en cambio, sacó a
relucir “tardíamente” el no pago del demandante de la suma
pactada en favor del constructor.
3. En el plano probatorio, el acusador concretamente denuncia
la comisión de los siguientes errores manifiestos de hecho,
imputables al Tribunal:
a) No dedujo en contra de la compañía demandada el indicio
grave ni la mala fe derivadas de la forma como contestó la
demanda, mediante afirmaciones y negaciones contrarias a la
realidad y planteando una excepción con manifiesta carencia
de fundamento legal; así, pasó por alto “la desfachatez” de la
compañía demandada al afirmar la inexistencia del certificado
de modificación de la póliza de cumplimiento y con ello la
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extensión de los efectos del mismo hasta el 12 de diciembre de
1992, “como lo hizo constar la propia aseguradora en el
certificado (…..), según oficio de julio 5 de 1991”, conducta con
la cual la aseguradora desconoció no sólo lo dispuesto en los
artículos 74 y 95 del Código de Procedimiento Civil, sino
también el artículo 1048 del Código de Comercio el cual
dispone que los anexos emitidos para adicionar, modificar o
renovar la póliza hacen parte de ésta.
b) Dejó de apreciar que al plantear la compañía aseguradora
la excepción de prescripción, “alegó contra toda realidad
procesal” que el término respectivo se iniciaba el 15 de
noviembre de 1991, “desconociendo, con indefensable
atrevimiento, que la vigencia de la póliza de cumplimiento
había sido extendida por la misma aseguradora hasta el 12 de
diciembre de 1992, como lo consignó en el certificado de
modificación Nro. 43075…”.
c) No apreció que cuando la demandada formuló la excepción
de prescripción estaba confesando la existencia del derecho
que invoca el demandante, “aunque simultáneamente alegue
que el derecho luego se extinguió por no haberlo reclamado el
beneficiario dentro del término de prescripción”; lógica que se
impone por la semejanza que presenta el caso del beneficiario
que demanda el pago de los perjuicios amparados con póliza
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de cumplimiento, con el del demandado que en un proceso
reivindicatorio propone la excepción de prescripción y con lo
cual demuestra entonces su calidad de poseedor y la identidad
del bien pretendido con el que ocupa.
d) El censor, a vuelta de referirse a lo dispuesto en los artículos
1625, 1512 y 2535 del Código Civil, asevera que cuando el
asegurado reclama el valor de la indemnización fijada de
antemano en la póliza correspondiente y el asegurador
propone la excepción de prescripción “está simplemente
admitiendo que para el beneficiario de la póliza, por haberse
incumplido la obligación afianzada, nació el derecho
indiscutible a reclamar de la aseguradora el pago de la
indemnización en esa cuantía”, lo que implica confesar que
para el demandante nació el derecho que reclama pero que
después se extinguió.
e) Pasó por alto las afirmaciones mentirosas que hizo la
compañía demandada para sustentar la excepción de
terminación del contrato basada en la ausencia de pago de la
prima, las que ha debido apreciarlas como indicio grave en su
contra y para considerar su mala fe. Con ello, a pesar de que
“la desvergonzada afirmación de que la prima no se pagó” fue
rechazada por el Tribunal cuando anotó que fue la propia
compañía demandada la que “puso sobre el cuerpo de la
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póliza, la constancia del pago de la prima”, no aplicó al caso las
sanciones procesales pertinentes; como tampoco vio que
según fotocopia del cheque referido (C. 1, folio 98), éste fue
girado el 3 de marzo de 1993 y consignado por la aseguradora
el 10 de ese mes y año, tales fechas demuestran “que ese
título valor no pudo ser girado para pagar una prima causada
dos años antes, el 17 de mayo de 1991”.
f) De la conducta desplegada por la compañía aseguradora por
la manera como contestó los primeros cuatro hechos de la
demanda, para abstenerse de hacer pronunciamiento expreso
sobre ellos, y en cambio consignar en las respuestas
afirmaciones contrarias a la realidad, el Tribunal únicamente
dedujo un indicio leve, con lo cual olvidó que “en desarrollo del
principio de lealtad y buena fe con que deben los contendientes
afrontar los procesos, el legislador hoy ha impuesto al
demandado la carga de contestar la demanda exigiéndole
pronunciamiento expreso sobre los hechos y pretensiones de
ella e imponiéndole el deber de respetar la verdad”; destaca el
censor el acto desleal en que incurrió la compañía cuando dijo
no constarle la existencia del contrato de construcción de obra
a pesar de haberlo recibido para su estudio desde el 17 de
mayo de 1991, “debidamente sellado en cada hoja por Cóndor
S. A. bajo la firma y sello del gerente”, motivo por el cual fue en
esa fecha que expidió la respectiva póliza de cumplimiento,
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previa constancia sobre el pago de la prima, lo que permite
deducir que “constituye una calculada felonía” las afirmaciones
consistentes en que no le consta la suscripción del contrato
principal, tampoco quiénes eran las partes contratantes, ni si
estaba o no firmado por aquellas y por testigos, y lo que es
peor, que incluso ponga en duda el haberlo recibido cuando del
texto de dicho contrato se desprende que fue sellado por dicha
aseguradora el 17 de mayo de 1991, circunstancias que ha
debido tener en cuenta el Tribunal para deducir de ellas indicio
grave en contra de la compañía demandada.
g) El Tribunal incurrió en un nuevo error de hecho cuando
desechó lo expuesto por Hilda Ligia García Posada “porque no
coincide en todo con el declarado por Magnolia del Socorro
Giraldo”, sin tener en cuenta que dichas versiones coinciden en
lo esencial, esto es, concordaron en quiénes eran las partes en
el contrato de obra, cuál era el objeto del mismo, cuál era el
precio pactado y que el pago se efectuó “al suscribirse el
contrato mediante la emisión de cheques por ese valor”, y sólo
“discuerdan en circunstancias de poca monta”; olvida el fallador
que la jurisprudencia ha resaltado la imposibilidad jurídica de
exigir exactitud en los testimonios y que siendo Magnolia del
Socorro Giraldo una testigo de oídas, “su dicho no sirve para
enfrentarlo al de Hilda Ligia García Posada, y restarle fuerza
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persuasiva, pues ésta sí es testigo presencial, que da muy
atendibles razones de su dicho”.
h) No apreció que en el aparte segundo de la cláusula trece del
contrato de seguro de cumplimiento, la propia aseguradora
estipuló que “el asegurador deberá demostrar los hechos o
circunstancias excluyentes de su responsabilidad”, lo que le
llevó a cometer error evidente en la apreciación de esa cláusula
del contrato, al imponer al demandante la carga de acreditar el
pago del precio.
i) No dedujo que el contrato principal estaba firmado por las
partes para cuando la compañía aseguradora lo recibió para su
estudio y que para ese entonces ya el contratista había
cancelado el valor del precio pactado por la construcción
contratada, toda tez que pasó por alto el propio texto del
contrato de obra qee concluye, “para constancia se firma en
Medellín a los quince (15) días del mes de mayo de 1991” y
ludgo aparecen las firmas de los contratantes y de los testigos,
“lo que indica que el documento sí se firmó en su fecha y en
Medellín”. Ade‰ás desconoaió que en la clátsul` quinta del
contrato se utilizó “el futuro ‘pagará’ y no el presente ‘paga’”,
futuro que sólo puede entenderse con relación al momento en
que se redacta la cláusula respectiva, “pero no con relación al
momento en que el contrato sería firmado, por la potísima
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razón de que en esa misma cláusula se precisó que el pago se
hará ‘en el acto de firmarse el contrato’”.
j) Además no tuvo en cuenta que cuando el contrato fue
recibido para su estudio por parte de la compañía aseguradora,
aquél ya debía estar firmado por las partes, “pues de otro
modo, en esa misma fecha no se hubiera expedido la póliza de
cumplimiento”; que la compañía constructora al proponer una
fórmula de arreglo mediante cartas enviadas el 1° y el 18 de
junio de 1993, estaba aceptando que el contrato de
construcción había sido firmado por las partes y que el
contratante ya había cancelado el precio pactado, “pues de
otro modo Edificadora Torremarina no ofrecería el arreglo que
allí propone de pagarle $80’000.000 en los primeros quince
(15) días del mes de septiembre”. Ni vió, por último, la carta
enviada por el gerente de la compañía demandada al
demandante, el 3 de agosto de 1994, en la cual aquél le ofrece
conciliar dl proceso mediante la cancelación del 15% del valor
de la póliza de cumplimiento, “hecho que es claramente
indicador de que el demandante no había incumplido el
contraþo principal y que realmente, pagó el precio de
$140’000.000, pues si hubiera insatisfeaho ecta obdigación,
imposible sería que la aseguradora le hiciera un ofrecimiento
tal, que entmnces, comportaría un premio al incumplimiento”.
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k) Existió error de hecho cuando calificó de simple “conjetura”
la emisión de la póliza de cumplimiento una vez estudiado el
contrato principal, tras interpretar erradamente que a la
compañía aseguradora únicamente le interesaba conocer las
obligaciones de la edificadora y no las del contratante,
interpretación
que
en
sentir
del
impugnante
resulta
contradictoria, “pues necesariamente para saber cuáles son las
obligaciones contraídas por cada una de las partes de un
contrato escrito, o, al menos, para determinar cuáles son las
asumidas por una de ellas, es menester que el documento esté
debidamente firmado por las partes, pues la firma es la
manifestación exterior del consentimiento y sin ellas el contrato
aún no es tal”, lo que conduce a determinar que sí del contrato
estudiado se dedujeron las obligaciones a cargo de la
edificadora para asegurar su cumplimiento, “es porque ese
documento privado ya constituía un contrato firmado por las
partes”.
l) Por último, hubo error en la apreciación de la conducta de la
compañía aseguradora por no haber aportado copia auténtica
del oficio calendado el 5 de julio de 1991, a pesar del
requerimiento que se le hizo cuando absolvió interrogatorio de
parte, y, en cambio, calificó de indicio grave que el demandante
no haya aportado los comprobantes de pago de la suma de
$160’000.000 millones.
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4. En conclusión, según el censor, el Tribunal, por causa de la
errónea apreciación de las pruebas detalladas antes se
equivocó al deducir que no estaba probado el cumplimiento de
las obligaciones a cargo del demandante, lo que le impidió
observar que ninguna excepción se hallaba probada; en tal
virtud, solicita la casación de la sentencia impugnada, para
que, en sede de instancia, la Corte revoque la sentencia de
primer grado y, en su lugar, acoja las súplicas de la demanda.
IV. CONSIDERACIONES DE LA CORTE
1. El contrato de seguro de cumplimiento, por el cual una
compañía aseguradora se compromete a pagar los perjuicios
derivados del incumplimiento de obligaciones a cargo del
tomador dimanantes de un contrato, clasifica en la especie de
los seguros de daños, y, por ende, se aplica el principio de
indemnización que los inspira, el cual se concreta en que,
respecto
del
asegurado,
“serán
contratos
de
mera
indemnización y jamás podrán constituir para él fuente de
enriquecimiento”, de acuerdo con lo dispuesto en el artículo
1088 del C. de Comercio; el riesgo lo constituye, entonces, la
eventualidad del incumplimiento del deudor.
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2. Ahora bien, dada su naturaleza jurídica, el beneficiario del
seguro de cumplimiento, ante el acaecimiento del siniestro,
debe demostrar ante la compañía aseguradora, ya mediante
reclamo extrajudicial o ya por vía judicial, la existencia del daño
padecido y su cuantía, pues sólo hasta allá se extiende la
responsabilidad de la compañía a quien, por razón de tal
vínculo, le corresponde pagar, únicamente en esa medida, los
perjuicios derivados para aquél por causa del incumplimiento
de las obligaciones del tomador. Obvio que, antes, la
aseguradora
puede
resultar
exonerada
de
pagar
la
indemnización si demuestra que las obligaciones por cuyo
cumplimiento se comprometió a responder fueron satisfechas,
o que si bien fueron incumplidas, fue porque primero
correspondía al otro contratante acatar las suyas (excepción de
contrato no cumplido); o, en fin, que la infracción se dio por
mediar un motivo legítimo o una causa extraña; en pocas
palabras, no puede entenderse que la aseguradora en todo
caso responde por el cumplimiento de las obligaciones del
tomador, así éste tuviera motivos válidos para desatenderlas.
3. En lo que toca con carga probatoria sobre el monto de los
perjuicios debe decirse que su imposición y satisfacción por el
asegurado se explica, de un lado, porque la aseguradora no
hace las veces de fiador de deuda ajena, pues asume la propia
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estipulada en la póliza, de carácter condicional, por supuesto
distinta de la que contrajo el deudor del contrato objeto de
aseguramiento; y de otro lado, porque, contrario a lo que
sostiene la censura, el seguro de cumplimiento de que aquí se
trata no es un seguro de valor admitido que permita deducir
que el valor de la indemnización a cargo del asegurador es
igual al valor asegurado que aparece en la póliza.
En este caso, se hace más patente el alcance del seguro de
cumplimiento, en consideración a que el texto que contiene las
cláusulas respectivas, establece que el mismo únicamente
tenía por objeto indemnizar al asegurado o beneficiario “el
incumplimiento de las obligaciones contractuales y en ningún
caso, contra perjuicios de otro orden”, y que corresponde al
asegurado demostrar “la ocurrencia del siniestro, así como la
cuantía de la pérdida”, disposición contractual que no hace sino
repetir lo que previene el artículo 1077 del C. de Comercio.
Sobre el punto ha dicho la Corte: “para adoptar un criterio
sobre el perjuicio que puede haber causado ese siniestro es
preciso en primer lugar dejar muy en claro que son dos cosas
diferentes la fianza o aval de una parte, y el seguro de
cumplimiento, de otra. En los primeros nace para el fiador o el
avalista desde el momento del contrato la misma obligación del
deudor principal. El acreedor tendrá, pues, pluralidad de
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deudores y en muchas ocasiones podrá escoger a su arbitrio a
cuál de ellos ejecutar, (…….) en el segundo, bajo la forma de
seguro se puede garantizar el cumplimiento de una obligación,
en forma tal de que en el evento de la ocurrencia del riesgo,
que consiste en el no cumplimiento, el asegurador toma a su
cargo ‘hasta por el monto de la suma asegurada, por los
perjuicios derivados del incumplimiento de la obligación
afianzada’, como reza textualmente la póliza citada (en este
caso la visible a folio C. 1). A ese texto simplemente una glosa:
no ha debido emplearse la expresión afianzada ‘porque
ciertamente el seguro en que se garantiza una obligación,
comúnmente denominado SEGURO DE CUMPLIMIENTO, es
negocio diferente de la fianza’” (Sentencia de 15 de marzo de
1983)
4. Con apoyo en las anteriores premisas y descendiendo a la
especie de este proceso, la Corte observa y concluye lo
siguiente:
a) El contrato de seguros, materia de litigio, tuvo por objeto
garantizar el cumplimiento de las obligaciones, derivadas de un
contrato de obra, que contrajo la sociedad Edificadora
Torremarina Ltda., contratista, con Romeo Pedroza García,
contratante, por las que aquélla se obligó a construir veinte
cabañas por un precio total de $160’000.000, y el último a
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cancelar tal suma “en el acto de firmarse este contrato”; y que
en los términos del seguro de cumplimiento, previsto en la
cláusula décima del referido contrato de obra, figuran las
siguientes personas: El Cóndor S. A., asegurador; la sociedad
Edificadora Torremarina Ltda., tomador; y ROMEO PEDROZA
GARCIA, beneficiario; quienes para los efectos consiguientes
se sujetan a los términos de los contratos de obra y de seguro.
b) El contrato de seguro en cuestión contempló que “la
responsabilidad del Cóndor S. A. se configura en el caso de
que
el
afianzado
sea
legalmente
responsable
del
incumplimiento de la obligación afianzada por la presente
póliza”; texto del cual emerge que no basta el suceso objetivo
del incumplimiento del tomador para que se genere
inmediatamente la prestación indemnizatoria a cargo de la
aseguradora, puesto que, además,
el desacato debe ser
“legaliente” imputable al tomador, causándoHe dañg al
beneficiario, quien tiele la carga de probar la existencia y
monto de éste.
c) Desde esa perspectiva, eltonces, si a la compañía se le
formula el reclamo ante el evdnto del incumplimiento del
contratista, se halla en posibiladad de oponerse al pago y
establecer su defensa alegando que el tomador no eq
“legalmente
responsable”
del
incumplimiento
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de
las
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obligacimnes contraídas a raíz de la celebpación del contrato
de obra, pues la prestación indemnizatoria a cargo del
asegurador fluye cuando se cumple el hecho condicional
establecido en el contrato de seguro y dentro de los limites allí
`revistos, lo que sucederá únicamente cuando se materialice la
responsabilidad contractual del colstructor, y siendo ello así,
quiere decir que si el acreedor o beneficiario de la obra no ha
cumplido a su vez con sus recíprocas obligaciones, en este
caso concretadas en el pago del precio convenido, cabe
proponer contra él y aun se puede reconocer de oficio la
excepción de contrato no cumplido que igual libera al
asegurador, como que dicho fenómeno excluye por si mismo la
responsabilidad contractual del contratista tomador del seguro
de cumplimiento.
En ese sentido, pues, cobra plena operancia el principio
general vertido en el artículo 1609 del Código Civil, según el
cual una de las partes no puede exigir a la otra el cumplimiento
de las obligaciones derivadas de un contrato bilateral si, a su
vez, no ha cumplido o no ha estado presta a cumplir las suyas;
defensa que bien puede enarbolar el asegurador, quien se
halla habilitado para proponer las mismas excepciones que
hubiera podido oponer el contratante que tomó el seguro, quien
incluso puede aprovecharse de las que de oficio resulten
probadas en el proceso relacionadas con el contrato base.
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5. Aquí esencialmente, en sentir del Tribunal, no está probado
que el asegurado haya cumplido previamente, según lo
convenido, su obligación de pagar el precio de la obra
contratada, y, por tanto, no se da la condición específica de
que el tomador sea legalmente responsable del incumplimiento
que se le achaca, a cargo del asegurado que le permitiera, a su
vez, reclamar por el incumplimiento del otro contratante; contra
esa conclusión que apoya el sentenciador en distintos medios
de prueba, compendiados atrás, el censor denuncia errores de
hecho en la apreciación de los mismos, algunos de los cuales,
se hallan referidos a los indicios que se derivan de distintas
conductas procesales de la aseguradora que en realidad no
atañen con el referido argumento de la sentencia acusada y
que, aun de darse, justamente su valor probatorio pierde
eficacia por la consideración de otros indicios y pruebas que se
refieren al hecho concreto cuestionado; y los que apuntan a
desquiciar los verdaderos argumentos del Tribunal no tienen el
carácter de evidentes, ineludible en casación, como quiera que
no brotan a simple vista ni conducen a destruir aquéllos, toda
vez que, así tenga alguna lógica el planteamiento del censor,
las conclusiones de éste no alcanzan para sustituir la tesis de
la sentencia.
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En efecto, las pruebas en que se basó el fallador para concluir
que el demandante no demostró el cumplimiento previo de sus
obligaciones fueron: la ausencia absoluta de prueba
documental que demostrara el pago de la suma pactada como
precio de la obra a realizarse, sumado al indicio grave que ello
representa en el caso del demandante quien según se conoció
en el proceso es una persona dedicada al mundo de los
negocios y como tal con la planta física y personal para
manejar en debida forma la historia contable de sus diferentes
operaciones;
las
contradicciones
existentes
en
las
declaraciones de Hilda Ligia García Posada y Magnolia del
Socorro Giraldo, quienes afirman haber sido testigos
presenciales de la elaboración y firma del contrato de obra, a
pesar de lo cual cada una brindó sobre tal hecho versiones
completamente diferentes, por lo cual le resta credibilidad a la
primera como testigo presencial del pago; la ausencia de
prueba en cuanto al momento en que se firmó el contrato; y, el
comportamiento de la compañía aseguradora cuando desde
que se le reclamó el pago del seguro puso en duda el
cumplimiento de la obligación por parte del demandante.
Por su parte, frente a la apreciación de las mismas, el censor
opone de manera concreta que de la conducta procesal de la
demandada fluyen varios indicios graves en su contra, como lo
son, negar hechos por ella plenamente conocidos, poner en
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duda otros de los cuales tenía suficiente conocimiento, aceptar
lo que finalmente fue una frustrada fórmula conciliatoria para
una cancelación de un seguro que inicialmente desconocía; la
mala fe consistente en negar el pago de la prima del seguro;
desconocer que para cuando la aseguradora estudió el
contrato, dicho documento debía estar firmado por los
contratantes por lo que sólo en esas condiciones quedaba la
vía libre para analizar las obligaciones contraidas por cada uno
de ellos y la subsiguiente expedición de la póliza de seguro;
calificó de indicio grave la conducta del demandante, pero
desconoció igual magnitud a la aun más grave de la
demandada; y, por último, confrontó dos testimonios para
deducir contradicciones graves en diferencias “de poca monta”
y además en relación con dos declaraciones que no podían ser
enfrentadas, por ser una de ellas de oidas.
Importa subrayar, desde ya, que las conclusiones asumidas
por la censura no contrarrestan en modo alguno las que a su
vez fueron piedra angular de la decisión adoptada por el
sentenciador, porque aunque ofrecen una perspectiva que
podría ser igualmente válida a la que acogió el Tribunal, no se
erigen como excluyentes de aquéllas; es decir, los errores
denunciados no alcanzan a ser manifiestos como se exige para
que la sentencia impugnada pueda ser casada.
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Desde ese punto de vista y respecto a la conducta procesal de
la aseguradora, debe decirse que el Tribunal dedujo indicios
leves y enfrentó a ellos pruebas mucho más concretas como la
ausencia de comprobante del pago hecho por el demandante,
circunstancia respecto a la cual la censura guarda silencio y
únicamente hace ver que vendría a configurar también un
indicio leve como fue la connotación dada al comportamiento
procesal de la compañía demandada, versión que denota una
interpretación meramente subjetiva que no desvirtúa, en
momento alguno, la sólida conclusión del sentenciador.
Sigue siendo igualmente válido, a pesar de la censura, el
análisis que el Tribunal hizo en relación con los indicios
derivados de la forma como enfrentó el juicio la compañía
demandada, y la valoración de las declaraciones rendidas por
Hilda Ligia García y Magnolia del Socorro Giraldo, para
encontrar en éstas versiones, serias y graves contradicciones
que restan credibilidad a la primera como testigo presencial de
la entrega del precio objeto de la obligación contraída en el
contrato de obra por el demandante. No es cierto en relación
cnn ellas que no puedan enfrentarse por ser una de ellas
testigo de oidas; y no lo es porque ambas diberon haber estado
presentes en la elaborachón y firma del contrato dd obra,
respecto a cuyo moiento las circunstancaas de tiempo, modo y
lugar funron completamente discordantes, en tal magnitud que
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eq imposhble concluir, como así lo hace el recurrente, que
denotan diferencias de poca monta; de manera que esa
circunstancia era determinante para que la primera perdiera
cpedibilidad en relación con el momento del pago, único
insdante frente al cual la segunda testigo tu4o conocimiento por
comentarios de terceros.
No prasciende el campo de la suposición, como asm lo hizo ver
el Tribunal, las aseveraciones que se hacen en el sentido de
que para el momento del estudio del contrato por parte de la
aseguradora, éste ya qe encontraba firmado por las partes.
Pero es más, aunqud este hecho se tuviera por cierto, para
configurar el indicio grave a que alude el Tribunal, las versiones
dadas por Hhlda Ligia García y por el propio demandante,
informan que el pagm de los $160’000.000 a cargo del
contratante se efectuó días después de elaborado el contrato y
cuando ya se había expedido la póliza de cumplimiento, de
manera que en ese orden de ideas sigue siendo incierto el
ctmplimiento del pago qu% es soporte fundamental del fallo
impugnado.
6. En fin, aunque fuera dable cgnstatar los errores de hecho
denunaiados en el cargo, lo cierto es que no serían
trascendentes, toda vez que de qituarse la Corte, en sede de
instancia ante su recon/cimiento, teldría que concluir
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indefectiblemente que no siendo el seguro de cumplimiento de
valor admitido, como alega el recurrente demandante, a éspe
le correspondía demostrar el daño y la cuantía del perjuicio que
a él le causó el supuesto incumplimiento de las obligaciones
contraídas por la sociedad constructora, pues aparte de que
así se halla previsto en la pãliza, el límite de valor asegurado
no está designado para que opere sin más y de manera
inmediata, pues apenas constituye un tope que, como tal, bien
puede corresponder a una suma menor, cuestión que
corresponde dilucidar con las demostraciones que obran en el
expediente, empeño que soslayó la parte demandante bajo la
égida de que se trata de un seguro de valor admitido, lo que no
es cierto.
El cargo, consecuentemente, no prospera.
DECISION
En mérito de las consideraciones que anteceden, la Corte
Suprema de Justicia en Sala de Casación Civil, administrando
justicia en nombre de la República y por autoridad de la ley, NO
CASA la sentencia que con fecha 8 de abril de 1996 profirió el
Tribunal Superior del Distrito Judicial de Medellín para ponerle
fin en segunda instancia al proceso ordinario de la referencia.
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Las costas causadas en casación son de cargo de la parte
demandante. Tásense en su oportunidad.
COPIESE, NOTIFIQUESE Y DEVUELVASE EL EXPEDIENTE
AL TRIBUNAL DE ORIGEN.
SILVIO FERNANDO TREJOS BUENO
MANUEL ARDILA VELASQUEZ
NICOLAS BECHARA SIMANCAS
JORGE ANTONIO CASTILLO RUGELES
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CARLOS IGNACIO JARAMILLO JARAMILLO
JOSE FERNANDO RAMIREZ GOMEZ
JORGE SANTOS BALLESTEROS
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Contrato de Seguro de Cumplimiento - Expediente No. 6140