EL RESCATE DEL WAWA
(La Gran Guerra del Cielo)
I
Los Uchuk-runas viven en una mina muy escondida, nadie puede llegar hasta
allí porque nadie conoce el camino, sin embargo, todos saben que ellos están
allí y que siempre han estado en la mina, ellos son los guardianes de la mina.
Muy pocas veces se alejan de su casa y ellos viven felices allá en los cerros,
allá bien lejos. Salen muy temprano a buscar comida y asearse, y luego tienen
mucho tiempo para jugar, y así pues, como los animalitos pequeños, a veces
terminan peleando. Tienen que cumplir un rito muy especial, nadie sabe porqué
(ellos solamente lo saben) pero tienen entonces que ponerse muy serios y
arreglados, tienen que vestirse de fiesta con sus ropas de blondas y flores y
luego bailar muy bonito, muy ordenados e igualitos y así hasta que la Luna deja
de estar redonda.
II
Sucedió un día de esos de Luna redonda en que súbitamente su baile fue
interrumpido, de pronto hubo mucho viento y se escondió la Luna, sonaron muy
feo los truenos y se prendió ante ellos una luz muy fuerte, los Uchuks se
asustaron muchísimo y antes que pudieran esconderse hizo su aparición un
Ángel les dijo que no se asusten que no iba a hacerles daño (cómo iba a
hacerles daño un Ángel) y que había venido hasta donde ellos porque eran los
únicos que podían ayudar a la Mamacha Virgen ¿qué había pasado? Pues que
los Ukukos malvados habían entrado de improviso al Cielo y habían raptado al
Wawa Lindo, ¡al Hijito de la Virgen! Y así, teniéndolo prisionero podían hacer
sus maldades en el cielo; tiraban los altares, pisoteaban las flores, jalaban de
los pelos a los Ángeles. La Virgen estaba muy triste y no hacía mas que llorar,
por eso llueve tanto ahora y los campesinos tienen las chacras inundadas,
había que poner fin a todo esto y ordenar nuevamente al Cielo.
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El Ángel contó todo esto a los Uchuk-runas y les dijo que fueran valientes y
rescataran al Wawa de las manos de los malvados Ukukos, allí mismo vinieron
otros Ángeles y trajeron una caja donde habían unas alas que les iban a
permitir volar a los Uchuk y llegar allá arriba, al Cielo, donde nunca habían
estado y donde nunca habían pensado estar porque ellos pertenecían a este
mundo y a su mina.
III
Cuando los Ángeles se fueron los Uchuks se acercaron con mucho cuidado a
la caja, tardaron un poco en probarse las alas y cuando se dieron cuenta que
con ellas podían realmente volar se pusieron como loquitos a jugar con sus
nuevas alas. Cuando se acordaron de lo que les había dicho el Ángel se dieron
cuanta que ellos no sabían cómo iban a llegar al cielo ¡el Ángel había olvidado
señalarles el camino! Pero como ya estaban resueltos a enfrentar a los Ukukos,
decidieron así no más levantar vuelo y subir, cada vez más arriba, siempre más
lejos del suelo.
IV
Mientras tanto, los malvados Ukukos se portaban muy mal en el Cielo, corrían
por todos lados, rompían las cosas, ensuciaban los pisos, manchaban las
paredes, nunca había habido tanto desorden allá arriba, la casa de la Mamacha
Virgen era un desastre y nadie podía hacer nada porque los Ukukos tenían
prisionero al Wawa Lindo y lo habían escondido en algún lugar donde nadie iba
a poder encontrarlo.
Los Ukukos era unos demonios, habían salido de las candelas y siempre
buscaban que fastidiar y hacer daño, tenían unos látigos con puntas de colores
y con eso golpeaban a la gente, la pegaban a todo el mundo y por eso nadie
los quería. De pura casualidad habían encontrado el camino al Cielo y en un
descuido de la Virgen, cuando ella y su Niño dormían, taparon la boca del
Wawa y lo metieron en un saco y se fueron tan rápido como habían llegado y
así, cuando tuvieron al Wawa Lindo bien escondido empezaron a hacer su
maldades en el Cielo.
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V
Cuando los Uchuk-runas empezaron a subir al Cielo nunca imaginaron que iba
estar tan lejos, subían y subían y no llegaban a ninguna parte, hacia cada vez
más frío y hasta llegaron a pensar si no fue solamente un sueño la aparición de
los Ángeles sin embargo, estaban allí, con alas y volando. Cuando ya estaban
empezando a cansarse se toparon con unas Wallatas, unas aves de las
lagunas de las alturas muy serias y sabias, y como eran muy sabias conocían
qué estaban haciendo por allí los Uchuks, así es que les dijeron que tenían que
seguir el camino del Rayo para llegar al Cielo y como tenían que enfrentarse a
los Ukukos no podían ir con las manos vacías y les dieron entonces unos
martillitos amarillos para pelear por el rescate del Wawa, diciendo esto
acompañaron a los Uchuks poco más y después se fueron; los Uchuks les
quedaron muy agradecidos y ahora sí siguieron por camino seguro.
VI
Siguiendo el camino del Rayo como Ies habían dicho las Wallatas, Ilegaron los
Uchuks a la punta misma de un nevado donde escucharon el canto finísimo de
las Pukutay , que eran unas mujeres tan blancas como el nevado donde vivían
y que siempre iban cantando muy lindo junto con las lluvias y contando en sus
canciones todo lo que ellas veían y escuchaban, por eso los campesinos
sabían lo que pasaba en todo el mundo porque escuchaban con atención el
canto de las Pukutay que venía con las lluvias.
Las Pukutay cantaban lo valientes que eran los Uchuk-runas y deseándoles
éxito en su empresa les prometieron cantar más lindo que nunca si rescataban
al Wawa; los Uchuks, a su vez, les prometieron volver victoriosos y como
vieron que iban a necesitarlas, les pidieron prestadas una banderas de colores
que habían en la punta del nevado donde vivían las Pukutay y así ,
despidiéndose alegremente , siguieron su camino.
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VII
Ya sabían los Uchuks que estaban llegando porque se terminaba el camino del
Rayo cuando inesperadamente se les cruzó en el camino un hombre muy raro
y que parecía tener mucho apuro, tenia la cabeza muy grande, la boca muy
cerrada y las piernas, que era lo único que tenía además de la cabeza, así
como muy apresuradas.
Este hombre no era otro que el Uma-Sapa que acababa de comerse unas
Mariposas pintaditas y que por eso no abría la boca y quería irse corriendo, sin
embargo, a pesar que quiso eludir a los Uchuks, éstos lo rodearon y haciéndole
cosquillas en los pies le obligaron a abrir la boca dejando escapar a las
Mariposas pintaditas; al verse descubierto el Uma-Sapa se fue corriendo más
rápido aún de cuando vino.
Las Pillpintuy Mariposas pintaditas quedaron muy agradecidas con los Uchuks
por haberlas salvado y al saber para qué iban al Cielo prometieron acompañar
a los Uchuks y encargarse de buscar ellas al Wawa Lindo mientras los Uchuks
peleaban con los Ukukos, como ellas eran pequeñitas podían entrar por
cualquier agujero y así encontrar el lugar donde los Ukukos tenían prisionero al
Gran Wawa.
VIII
Ya por fin, terminado el camino del Rayo. los Uchuk-runas llegaron por último
al Cielo; de primera impresión quedaron pasmados, a pesar del desorden que
habían hecho los Ukukos el Cielo era más hermoso todavía de lo que ellos
habían imaginado, la luz entraba por todas partes y el techo era altísimo, las
columnas y los altares eran soberbios y habían muchas ventanas con cristales
de colores; acostumbrados los Uchuks a su mina oscura y estrecha, el Cielo
vino a parecerles el mismísimo palacio del Sol radiante y la Luna redonda.
Repuestos ya de su sorpresivo encuentro con el Cielo se sorprendieron aún
más de no encontrar allí a los Ukukos, sin embargo, éstos los estaban
observando ocultos y a un momento dado salieron dando fuertes gritos y saltos
espantando a los Uchuks que no atinaron sino a correr y protegerse del ataque
inesperado. Pero una guerra es una guerra y había que defenderse atacando,
fué entonces que los Uchuks sacaron las banderas que habían tomado de las
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Pukutay y arremetieron contra los Ukukos haciéndoles saber que estaban
dispuestos a hacerles frente. Cuando entonces los Ukukos sacaron sus
chicotes con puntas de colores, los Uchuks blandieron sus martillos amarillos y
todo en el cielo fue una guerra como del fin del mundo, golpes van, golpes
vienen, uno y otro bando atacaba, se replegaba y volvía a atacar; nada hacía
pensar que ganarían éstos o aquéllos cuando de pronto en el momento más
terrible de la batalla se oscureció por un momento el Cielo, se encendió una luz
debajo del Altar Mayor y sonó fuerte una gran música anunciando que el Wawa
Lindo había aparecido: ¡Las Pillpintuy Mariposas pintaditas lo habían
encontrado! mientras los Uchuks peleaban ellas habían estado todo el rato
rastreando todos los rincones del Cielo hasta dar con el lugar donde los Ukukos
tenían escondido al Wawa; y al hallarlo, habían conseguido también terminar
con la violenta batalla declarando finalmente vencedores a los Uchuk-runas
quienes con mucha alegría y respeto vieron entonces aparecer a la Mamacha
Virgen, resplandeciente y llenando de luz todo el recinto celestial; al momento
de aparecer la Virgen los Ukukos fueron arrojados a las candelas de donde
habían salido y de donde ya nunca más podrían volver a salir. El Cielo fue
ordenado nuevamente y muy solemnemente los Uchuks entregaron el Wawa
Lindo a su Madre.
Aparecieron los Ángeles que rodearon a la feliz Mamacha con su Hijito y los
Uchuks fueron invitados a quedarse en el Cielo para los festejos del
restablecimiento del orden celeste; muy respetuosamente ellos, sin embargo,
decidieron regresar a su mina, a su casa, y recordar por siempre tan grande
aventura saludando desde allí abajo, cada vez da Luna redonda, a la Gran
Reina de los Cielos.
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