Historia de España desde el siglo XVIII al XX
“(...)Creo en ti, patria. Digo
lo que he visto: relámpagos
de rabia, amor en frío, y un cuchillo
chillando, haciéndose pedazos
de pan: aunque hoy hay solo sombra, he visto
y he creído.”
“Fidelidad”, Blas de Otero.
Así ha sido España durante toda su Historia, desde su infancia: un amasijo de gloria, de Imperio, de derrota, de crisis y caciquismo…
Asomándose al abismo del subdesarrollo, del caos y del desastre, España intenta no ahogarse en el mar de la desesperación y de la miseria, sobreviviendo al mismo maremágnum de corrupción y descaro político del siglo XXI.
En el año 1700, el último Austria, Carlos II, murió sin descendencia, sus problemas psicológicos y físicos no dejaron que el hijo de Felipe IV prosiguiese con la dinastía que había llevado a España a la cumbre, a la gloria, al gran Imperio donde nunca se ponía el sol.
En su testamento deja como heredero al Duque de Anjou, el segundo hijo del rey francés Luis XV, de la dinastía de los Borbones.
Asciende al trono Felipe V y con ello Francia quedó ligada a España aunque no debiese. Supuestamente una de las condiciones para que Felipe de Anjou pudiese hacerse con el trono era que jamás se deberían de juntar los dos Imperios. Pero Luis XV hizo caso omiso y colocó a un ejército francés permanente además de colocar a ministros franceses en la política. El temor de que un Imperio tan poderoso se hiciese con el control de Europa provocó obviamente una guerra: la Guerra de Sucesión. Dos bandos enfrentados entre sí, Francia y España en contra de otros grandes imperios como Gran Bretaña, Alemania, Austria, Holanda y Portugal; mientras que en España otros bandos se enfrentaban en una Guerra Civil: Castilla, las Vascongadas y Navarra apoyando a Francia contra los inconformistas Aragón, Cataluña, Valencia, Mallorca e Ibiza. Tras la Guerra Civil, Felipe V impondrá el Decreto de Nueva Planta mediante el cual aplica a toda España las leyes de Castilla menos a Navarra y Las Vascongadas, que mantienen sus fueros. Casualmente es en estos territorios donde se desarrollarán los nacionalismos. Durante el reinado de Alfonso XII surgieron los movimientos regionalistas en Cataluña y el País Vasco que dieron lugar a partidos nacionalistas regionales: la Lliga Regionalista (catalán, fundado por Prat de la Riba en 1901) y el Partido Nacionalista vasco (fundado por Sabino Arana en 1895). La reivindicación del idioma, de la bandera, del himno, de las costumbres de las regiones también perduran hasta hoy en día. Cataluña y el País Vasco querían y quieren su independencia (más bien, los políticos son los que quieren la independencia). 1
Primo de Rivera suspendió todo lo que tenía que ver con la lengua, la bandera, etcétera del País Vasco y Cataluña, intentando acabar con el separatismo, porque al fin y al cabo por más que reivindiquen sus símbolos, pertenecen a España, pero la firma de los Estatutos de Autonomía en la Constitución de 1931, de la II República; volvió a extender el movimiento separatista. En nuestros días esos estatutos siguen existiendo, aunque Franco también intentó acabar con el nacionalismo.
El grupo terrorista ETA todavía reivindica sus antiguos territorios y quieren la independencia. Pero aunque los medios de comunicación nos transmitan que las comunidades de Cataluña y País Vasco quieren separarse de España totalmente, en realidad solo son un puñado de políticos los que lo desean.
Retomando el hilo, al heredar el trono del Imperio Austriaco el candidato propuesto por el otro bando, la paz se firmó rápidamente, el Tratado de Utrecht, firmando también la Paz de Rasdatt con Alemania y Austria.
La entrada de la dinastía de los Borbones a la Península produjo un cambio radical, desde la monarquía autoritaria de los Austrias al absolutismo francés, el despotismo ilustrado, las nuevas ideas de la Ilustración… aunque con el característico atraso español respecto a Europa.
Sucedió a Felipe V, Luis I que fue remplazado por Fernando VI. Carlos III el siguiente, fue el rey déspota por excelencia y gracias a él se puede disfrutar del Museo del Prado por ejemplo. Y a continuación, Carlos IV.
Los treinta años del reinado de Carlos IV se comprenden entre el 1788 y el 1808. Carlos IV decidió renovar los Pactos de Familia que acercaban el Imperio Francés y Español y firmó con el emperador de Francia, Napoleón, el “Tratado de Fontainebleu”, mediante el cual decidieron repartirse Portugal. Napoleón caracterizado por su astucia, al paso de sus tropas por España decide establecerse en nuestro país. A la par, el reinado de Carlos IV se volvía a agitar debido a un grupo de la Corte que le detestaba a él y al valido, Godoy. Después de varios intentos, consiguen que Carlos IV abdique a favor de su hijo Fernando.
Napoleón al enterarse, decide “entrevistarse” con padre e hijo debido a que supuestamente no aceptaba a Fernando VII como rey de España. Esta supuesta entrevista era en realidad un secuestro de la Familia Real Española, a los que cautivó en Bayona. Napoleón tenía España y colocó a José, su hermano (o Pepe Botella como dijeron las posteriores malas lenguas) en el trono español.
José I en realidad era un monarca cuyos propósitos eran llevar a cabo reformas liberales, pero el hecho de ser francés se lo impidió. La revolución fue inevitable.
Tras la creación de las Juntas Revolucionarias, las Cortes de Cádiz y así la creación de la primera Constitución liberal de España, la Constitución de 1812 (que eliminó el órgano de la Santa Inquisición cuyos creadores fueron los Reyes Católicos), José I vuelve a su país sin haber podido cumplir sus propósitos.
Pero sinceramente, peor fue el remedio que la enfermedad, porque Fernando VII a su regreso al trono después de aquellos seis años de reinado francés, fue un rey totalmente absolutista que rechazó cualquier tipo de reforma liberal. Sus diecinueve años de reinado, se moverán entre el Antiguo Régimen (feudalismo) y absolutismo, con un periodo más o menos liberal de tres años que se terminó con el Tratado Secreto de Verona (mediante el cual, los principales imperios de Europa querían establecer la monarquía absoluta en todo el continente).
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A su muerte, dejará al trono a su hija Isabel, pero al ser menor de edad, será su madre la que actúe como regenta. María Cristina de Borbón decidió rodearse de liberales para poder lograr que su hija pudiese reinar. La Ley Sálica no permitía a las mujeres reinar, al contrario que en otras dinastías reales, pero Fernando VII quiso anularla. El conflicto que hubo sobre la Ley Sálica, ya que el rey la abolió pero no fue aceptado por el Consejo Real ya que murió antes de la decisión de este órgano; produjo la sublevación de los carlistas, los seguidores del hermano de Fernando VII, Carlos María Isidro, que reclamaron el trono. La regencia de María Cristina duró apenas ocho años, en los cuales tras varios acontecimientos como la Constitución de 1837, la expropiación de bienes del clero (la “desamortización eclesiástica de Mendizábal que da paso a una pequeña separación de la Iglesia Estado, suponiendo un paso más hacia la modernidad) abolición de la Mesta (creada por Alfonso X) y sobre todo, la eliminación definitiva del Feudalismo, eliminando los derechos señoriales…; el General Espartero da un golpe de Estado.
María Cristina al revisar el programa político tan liberal de Espartero y al ver que la situación no estaba siendo para nada favorable decide dimitir, ascendiendo al poder Espartero.
El programa tan liberal que había propuesto fue olvidado de inmediato y llevó a cabo una política más bien nada progresista, que hizo que le fuese retirado el apoyo de muchos progresistas. El fracaso de la regencia hizo que con apenas trece años, Isabel II fuese coronada como reina de España.
Su reinado de veinticinco años fue marcado al principio por las Guerras Carlistas. Fueron importantes figuras en su gobierno los militares Espartero, Narváez y O´Donell, además del ministro Madoz (que expropió los bienes laicos, es decir, de la nobleza), también González Bravo cuya etapa fue progresiva y autoritaria. Otra nueva Constitución, la del 1845 junto a otra nueva, la del 1856 que favoreció el desarrollo industrial de España. Y la continua y habitual corrupción política, la manipulación de las elecciones, para variar, un hecho que ya podemos incluir en nuestra Historia como algo común. Pero en el 1868 cambió todo. La Revolución Gloriosa, así conocida, protagonizadas por Topete, Serrano y Prim, produjo que Isabel II se tuviese que exiliar a París. En estos tres años de vacío en la monarquía, se vuelven a formar Juntas Revolucionarias y a firmar una nueva Constitución: la de 1869. Pero el problema de esta Constitución tan liberal y progresista era que establecía que España era una monarquía, con lo cual había que buscar un rey.
Rechazando nuestro propio producto, Alfonso XII, decidieron decantarse por un príncipe Italiano (porque como siempre, parece que lo de fuera es mejor), el hijo de Víctor Manuel II (cuya reputación era buena al conseguir la unificación de Italia), Amadeo de Saboya.
El recibimiento de Amadeo I fue muy bueno, y su primer acto más que satisfactorio, ya que juró la Constitución de 1868 a su llegada. Formó gobierno con los protagonistas de la Revolución Gloriosa y tras varias reformas liberales como el matrimonio civil, el registro civil… los Carlistas volvieron a resurgir con la II Guerra Carlista. La corrupción política y otra vez el falseamiento de las elecciones (cosa que ya podría poner como predeterminada en cada reinado y periodo) volvían a estar presentes. El aclamado rey italiano renunció al trono en el 1873 tras tres escasos años de reinado, y volvió a su tierra natal.
El vacío de poder, convocó una Asamblea Nacional que votó el régimen republicano. Los cuatro presidentes de esos once meses de I República fueron Figueras, Pi i Margall, Castelar y Salmerón. Otra nueva Constitución, la de 1973, que nunca estuvo vigente y nuevas reformas a favor del pueblo también 3
desembocaron en problemas y caos que demostraban por enésima vez el descontrol que ha sufrido y sufre siempre la política española. Tras el golpe de Estado de Manuel Pavía, la República acabó rápidamente, el General Martínez Campos proclamó como rey a Alfonso XII, firmando el Manifiesto de Sandhurst. La firma de la Constitución del 1876 establece definitivamente la monarquía. La política bipartidista, la corrupción, el caciquismo y el desastre político con Cánovas del Castillo y Sagasta agitaron los once años de reinado de Alfonso XII y la posterior regencia de María Cristina de Habsburgo de siete años de longitud. Pero Alfonso XIII fue exactamente igual que su padre. Su política se movió entre el bipartidismo y la corrupción hasta el golpe de Estado de Primo de Rivera en el 1923.
Al fin y al cabo, la conocida como “dictablanda” puso algo de control en el desastre español. Los movimientos nacionalistas fueron reprimidos (como expliqué al principio), dio fin a la Guerra de Marruecos y favoreció el desarrollo industrial de España. Alfonso XIII apoyó la dictadura al igual que grandes burgueses y cuando le fue retirado el apoyo dimitió inteligentemente.
Pero el pueblo no quedó satisfecho después de estos años dictatoriales y cuando Alfonso XIII quiso restablecer el sistema constitucional, se firmó el pacto antimonárquico: el Pacto de San Sebastián. Ante tal revuelo republicano, Alfonso XIII se exilia a Roma donde fallecerá. Proclamada la II República en el 1931, el gobierno provisional de Alcalá Zamora creó reformas progresistas como la libertad de culto y creencias que mostraban el principio de lo que serían los ideales republicanos: la libertad, los derechos… La Constitución del 1931 que se promulgó bajo el presidente Julián Besteiro recogía la declaración de derechos principalmente, separando definitivamente la Iglesia Católica del Estado después de varios siglos de una España católica y creando el sufragio universal tanto masculino y femenino, algo increíblemente avanzado para lo que estaba España acostumbrada. Alcalá Zamora y Azaña representando al bando de izquierdas y Alejandro Lerroux representando al bando de derechas fueron reemplazados por el Frente Popular que disgustó a bastantes españoles, ya que la revolución fue inevitable, y el General Franco, Mola y Sanjurjo se levantaron apoyado por los Falangistas, la CEDA, monárquicos, carlistas, los latifundistas y propietarios y la Lliga Catalana.
La Guerra Civil había comenzado en el 1931. Cinco años de horror y sufrimiento que acabaron con la llegada al poder de Franco. Los dos bandos fueron sangrientos, ninguno se salva por supuesto. En cuatro etapas que duraron un lustro: la Resistencia de Madrid, la Ofensiva del Norte, la Campaña de Aragón y por último, el final de la Guerra, los tres generales fueron haciéndose con el país tras batallas como la Batalla del Ebro de 116 días.
El Pacto de Burgos terminó con la Guerra Civil en el 1936, y el Franquismo gobernó nuestro país.
Franco como tal, me atrevería a decir que no ha sido uno de los dictadores más represivos y exageradamente. Al fin y al cabo, aunque la primera etapa de la dictadura de los años 40 a los años 50 estuviese marcada por el miedo, la represión, las leyes fundamentales y la inestabilidad del nuevo régimen, desembocó en otra etapa totalmente distinta.
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Una vez estable, el régimen se abrió. Y los años 60 dejaron paso al turismo europeo, a nuevas libertades, a un desarrollo económico que no había tenido España antes. El carácter español es propenso al control, le gusta que le controlen y por eso hubo tal desarrollo que no había habido en varias décadas.
Cuando murió Franco en el 1975, Arias Navarro como el sucesor del Jefe de Gobierno fue forzado a dimitir por el rey Juan Carlos I, que sucedió a Franco como Jefe de Estado; y los políticos como Alfonso Suárez hicieron posible la transición. Renunciaron al poder que tanto cegaba a todos los líderes políticos y consiguieron que en el 1978 se celebrasen las primeras elecciones democráticas después de cuarenta años de dictadura. Pero no todo ha cambiado tanto…
Aunque estemos en el siglo XXI la corrupción política que existía durante el siglo XIX perdura. Los políticos de hoy en día han sido descubiertos en millares de veces en casos de corrupción. ¿Y acaso dimiten? Pues no. ¿Y no les da vergüenza? Tampoco. Lo peor es que lo sabemos, pero tampoco hacemos gran cosa, “typical spanish”.
Un grupo de anarquistas que viven en su mundo de utopía y felicidad se piensan que por montar unas tiendas de campañas van a acabar con esta situación. Y no tienen otra cosa que irse a molestar a uno de los pocos políticos que merece hoy la pena, el alcalde de Madrid, cuya Comunidad de Madrid es el único sitio de España que parece más estable (porque el sur es totalmente caótico). Sí, hablo del estúpido movimiento del 15­M. Estúpido e idealista.
Todos nos quejamos del sistema pero nadie pone soluciones porque eso es lo más difícil, poner soluciones. Y no es una solución el comunismo (sería peor el remedio que la enfermedad).
El capitalismo de hoy en día no tiene nada que ver con los orígenes. No tenemos a trabajadores explotados (más bien es al revés), tampoco hay los abusos que había antes. Los comienzos de cualquier sistema y régimen político son caóticos porque todo el mundo se confunde, ¡normal que los empresarios de hace cuatro siglos se aprovechasen, no había leyes, nadie sabía ni conocía nada! ¡Todo el mundo era novato en el capitalismo! Los sindicatos hicieron su función en el momento, estuvo increíblemente bien sinceramente, porque acabaron con la explotación y el aprovechamiento descarado que había hacia los trabajadores. Pero hoy en día…
Como expliqué antes en el Franquismo, los primeros años fueron terribles, porque no había nada estable. ¿Y acaso fueron buenos los primeros años y únicos años de la República? Porque el desastre también formaba parte del ambiente. No sabemos cómo hubiese acabado porque fueron solo seis años, pero seguramente después de un tiempo acabaría siendo más estable.
Es fácil quejarse, es fácil reclamar, es fácil pedir. Pero es difícil poner soluciones porque hay que pensarlas.
Es muy sencillo decir que el capitalismo da asco y que toda la situación caótica de la economía de hoy en día es culpa del sistema económico, que todo va en beneficio de la burguesía, (mientras uno de los dirigentes de UGT se va de crucero por el Mar Báltico por su cara bonita, por ejemplo), que todo es tan superficial y materialista, ¿pero hay alguna solución? Porque todo el mundo está totalmente acomodado. El sistema evolucionará por sí mismo. Pero al igual que todo, al igual que la democracia quizás un día cambie y volvamos a otro periodo, a otro tipo de régimen…
España de por sí, siendo el país tan conformista que hemos sido siempre, evolucionará lentamente. Porque las raíces de nuestro carácter las tenemos muy arraigadas a nuestra tierra. Pero mientras veremos cómo España sigue dividida en diecisiete feudos aunque María Cristina intentó acabar con el feudalismo, 5
como los españoles siguen teniendo vergüenza de ser españoles porque todo lo que tenga que ver con un mínimo sentimiento patriótico es calificado de facha. Y luego adoran como Estados Unidos ama a su nación, como los demás países cantan su himno (porque ni siquiera tenemos letra en el himno, ya que la anterior al ser de la época de Franco era demasiado de derechas)…
Quizás algún día salgamos de esta situación. O quizás nos quedaremos así para siempre.
Mientras tanto, espero que almas como la mía quiera cambiar el país. Porque España se merece que la mimen, que se enorgullezcan de ella, que la cuiden… Que nuevas personas quieran cambiar el mundo por muy idealista que suene. Porque si nadie lo intenta, ¿acaso lo conseguiremos? ¿o quizás deberíamos luchar por lo que creemos?
“Oyendo hablar a un hombre, fácil es acertar dónde vio la luz del sol; si os alaba Inglaterra, será inglés, si os habla mal de Prusia, es un francés, y si habla mal de España, es español”.
Joaquín M. Bartrina
FIN
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Historia de España siglo XVIII a siglo XX

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