Por el Prof. Alejandro Medeiros.
Docente de Astronomía.
LA NAVE PHOENIX ARRIBA EXITOSAMENTE AL PLANETA MARTE.
“…Es posible creer que todo el pasado no es
mas que el principio de un principio, y que
todo lo que es y ha sido es tan solo el
crepúsculo del alba…….llegará un día en la
sucesión infinita de días, en que seres que
están ahora latentes en nuestros pensamientos
se levantarán sobre esta tierra como uno se
levanta sobre un taburete y reirán, y con sus
manos alcanzaran las estrellas”.
H. G. Wells.
Nature. (1902)
El domingo 25 de mayo de 2008 la nave Phoenix de la NASA se posó suavemente en
una región marciana conocida como “Vastitas Borealis”, muy cerca del casquete polar
norte.
Por primera vez en la historia un vehículo interplanetario busca indicios de vida en la
capa helada que subyace bajo las rocas.
LA TRADICION MARCIANA.
El camino está trazado. 37 años atrás la sonda Mariner IX sobrevolaba el Planeta Rojo y
después de una espera orbital de varios meses –durante los cuales Marte permaneció
oculto por una tormenta de polvo- las telecámaras de la sonda descubrieron un “mundo
nuevo”.
Tal como nos lo recuerda el Planetólogo Español Francisco Anguita:”……ni parecido a
la Luna, como nos pareció mostrar el Mariner 4 en 1965, ni tampoco similar a la Tierra
como creían los Astrónomos mas conservadores. Marte era un mundo diferente”.
Rememoremos: en 1898 el escritor británico Herbert George Wells publicó una novela
paradigmática: The War of the Worlds, donde describía una raza alienígena, fría e
incompasiva, que ante la catástrofe climática de su mundo –Marte- atacaban a la
Humanidad para apoderarse de nuestro benigno planeta.
El astrónomo Norteamericano Percival Lowell, por su parte, creyó ver una intrincada
red de líneas superpuestas en la brillante superficie marciana, líneas que, según él, eran
acequias que transportaban agua desde los casquetes polares hasta las regiones
desérticas. No es ocioso recordar que un Astrónomo de la talla de Flammarion creyó
descubrir grandes masas de agua en base a dudosos análisis espectrales.
Pero tanto Wells como Lowell obviaron un hecho del que tenían pleno conocimiento: la
delgada atmósfera marciana no permitía conservar el agua líquida en forma estable.
Alfred Russell Wallace (1823-1913) llegó a decir al respecto que “solo una raza de
locos realizaría semejante esfuerzo de ingeniería en un planeta como Marte”.
Pero el Marte real, el Marte de la era espacial, no es ni el mundo abismal de Wells
habitado por una civilización belicosa ni el planeta agonizante de Lowell, o mas bien un
poco de ambos.
UN MUNDO ANTIGUO
Sin lugar a dudas Marte es un planeta “viejo”, demasiado “viejo”. ¿Qué quiero decir con
esto?; obviamente no tiene que ver con su tiempo geológico –aunque su edad es casi
igual a la de la Tierra, una tercera parte de la edad del universo- sino con el hecho de
que durante su existencia pasó por todas las etapas geológicas y climáticas y sufrió
numerosas y profundas transformaciones.
Cuando el planeta terminó de formarse (hace algo mas de cuatro mil millones de años)
su temperatura media era sensiblemente superior a la actual; Marte era un planeta
cálido, poseía una atmósfera bastante más densa que la actual y –según lo han
demostrado las diferentes misiones que se han posado en su superficie o que
actualmente lo exploran desde la órbita- poseía grandes extensiones de agua líquida y
ríos que lo irrigaban.
Esas condiciones medioambientales son similares a las que existieron –en la misma
época- en nuestro planeta, razón por la que los científicos planetarios se preguntan si la
vida no tuvo una oportunidad real también allí, en las riberas fangosas de antiguos
cursos de agua.
Pero antes de responder esta interrogante debemos preguntarnos “¿Qué pasó con
Marte?”, “¿porqué se enfrió y oscureció?”, “¿a dónde fue su agua?”.
La respuesta no es sencilla pero en los últimos años hemos realizado una serie de
descubrimientos que permiten aventurar una respuesta: al igual que la Tierra, Marte
posee un núcleo de hierro, pero en comparación con el nuestro, el planeta rojo posee
relativamente poca masa.
El campo magnético global terrestre –que nos protege del nocivo viento solar- es
producto del movimiento convectivo del núcleo externo fluido, pero como indicábamos
previamente Marte es más chico que la Tierra, las presiones internas son menores y en
consecuencia el núcleo se enfrió rápidamente.
El temprano“enfriamiento” del núcleo determinó que Marte perdiera su campo
magnético global y en consecuencia el viento solar lo golpeara con energía.
Electrones y protones del joven sol llegaban con toda su furia hasta la superficie y las
moléculas de agua de sus antiguos mares se disociaron en hidrógeno y oxígeno; el
oxígeno se combinó químicamente con las rocas y el hidrógeno molecular se dispersó
fácilmente en la atmósfera.
En unos pocos millones de años el agua del planeta se escapó al espacio y Marte se
convirtió en un desierto frío y estéril.
Nadie puede afirmar, por las razones expuestas, que Marte alberga alguna clase de vida
orgánica inteligente.
La “ventana” durante la cual el planeta fue benévolo es considerablemente pequeña y si
bien es absolutamente factible que surgiera alguna clase de actividad biológica -la vida
en la Tierra surgió muy rápidamente- es improbable que ésta pudiera evolucionar hacia
formas superiores de organización en condiciones ambientales absolutamente hostiles.
Los científicos en cambio están convencidos que, si la vida surgió en el Marte cálido,
quizás logró subsistir protegido de las furiosas tormentas de radiación y el viento solar,
¿dónde?, pues veamos………
¿OLVIDADOS SANTUARIOS BIOLOGICOS?
Pues sí, quizás ésa sea la respuesta. Indudablemente para que exista vida debe
necesariamente existir agua -no abordaré ahora formas de vida “exóticas” en base al
silicio sino la que se basa en el carbono - y los vehículos Spirit y Opportunity, que
desde hace más de cuatro años ruedan por el planeta rojo, han aportado pruebas
contundentes de un antiguo Marte cálido y apacible.
Ahora bien, esos santuarios biológicos deben estar protegidos del inclemente ambiente
de radiación, es decir, escondido en las rocas –vida endolitica- debajo del regolito de la
superficie o entre los hielos de los casquetes polares (lugar al que se retiró parte del
agua primitiva). Sabemos con certeza que gran parte del polo norte marciano -donde
ahora está haciendo zanjas el Phoenix- es de agua helada. Pero especialmente tenemos
la considerable certeza que parte de esa agua líquida del pasado Marte húmedo quedó
atrapada en el permafrost. Por definición “permanent frost ground”, capa helada
permanente, que desde la misión Mars Odissey en 2002 sospechamos existe -al igual
que en la Tierra- bajo unos pocos centímetros, en las regiones de latitudes altas.
Y si Marte posee alguna clase de vida, microbios o bacterias –incluso extremófilos ¿por
qué no?- la probabilidad de encontrarlo en el agua que subyace bajo el terreno es
increíblemente mayor y fue por esa razón que se diseño la misión Phoenix.
UN VEHICULO EXTRAORDINARIO
La nave exploradora Phoenix fue lanzada rumbo a Marte el 4 de agosto de 2007.
Después de un viaje de nueve meses, el vehículo (siguiendo órdenes pre- establecidas)
entró en órbita al planeta y después de una serie de maniobras ingresó en la atmósfera
marciana en dirección a Vastitas Borealis, muy cerca del casquete polar norte.
La zona, especialmente seleccionada en base a numerosas imágenes transmitidas por el
experimento HIRISE (High Resolution Imaging Science) del orbitador MRO, intentaba
proporcionar un descenso seguro, libre de grandes rocas que estropearan el vehículo -las
imágenes del HIRISE tienen una resolución superior a los 0.7 mts por pixel (capaces de
fotografiar a un hombre desde la órbita)- y que fuera biológica y climáticamente
interesante para los propósitos de la misión.
Durante el acercamiento, la Phoenix desciende dramáticamente su velocidad de 21.000
kph mediante la fricción atmosférica, luego se libera el escudo de ablación y se abren
los paracaídas (la asombrosa tecnología del M.R.O logró fotografiar esos cruciales
momentos), finalmente estos se liberan y se activan los retrocohetes.
Desde las misiones Viking I y II en 1976 los vehículos descienden al planeta inflando
grandes bolsas de aire; por primera vez desde entonces se volvió a usar retrocohetes.
La precisión fue sencillamente extraordinaria, después de casi nueve meses de viaje y
700 millones de kilómetros por el Sistema Solar interno, Phoenix se posó suavemente a
la hora y minuto establecido, las 8:53 pm. de nuestro país.
LA PHOENIX COMIENZA A TRABAJAR
A poco de posarse sobre la superficie marciana Phoenix comenzó a enviar fotografías y
datos sobre temperatura, clima, condiciones del terreno………. mediante una
triangulación con él orbitador "Odissey", también de la NASA, y recepcionada por la
antena de la estación Goldstone en California (que es parte del Deep Space Network).
Peter Smith de la Universidad de Arizona y director del proyecto Phoenix, ha declarado
que "la misión estudia el permafrost y además si esa región helada es habitable".
Uno de los objetivos centrales de la investigación es evaluar si las condiciones en ese
sitio son o han sido favorables para formas de vida microbiana.
Pero los experimentos no han sido diseñados propiamente para identificar vida sino -a
decir de Sagan- "las notas que identifican su música" es decir los bloques moleculares
que la constituyen, moléculas complejas en base al carbono. Y el Lander no tardó en
realizar descubrimientos por demás interesantes.
Durante el quinto día la cámara del brazo robótico nos mostraba una superficie lisa y
despejada debajo del vehículo, producto probablemente de los gases de escape de los
cohetes.
Los científicos del JPL especulaban sobre la abundancia de superficies lisas y planas
debajo del Phoenix poniendo a prueba la hipótesis de que el material subyacente era
hielo cubierto por una fina capa de polvo.
Los experimentos aclararon las dudas y una de las cosas que “sospechábamos” la hemos
encontrado: el brazo robótico de 2,3 metros (diseñado por una empresa canadiense)
realiza surcos en el terreno para recoger muestras de suelo que son analizadas en el
micro laboratorio del Lander.
Las trincheras pusieron al descubierto terrones de material brillante que, a los dos días
bajo la influencia solar, desaparecieron. Esos terrones son "hielo", concretamente "hielo
de agua" lo que confirma las predicciones realizadas por el orbitador Odissey en 2002.
Mark Lemmon -científico del sistema stéreo de imágenes- ha declarado al respecto
“vinimos para buscar agua-hielo y lo hemos encontrado”.
Las condiciones indispensables para el surgimiento y evolución de la vida existen, el
“líquido vital” se encuentra a pocos centímetros de profundidad, protegido por una capa
espesa de regolito. ¿Encontraremos también ahí la música de la vida?
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