LA CONCEPCION DE LA GUERRA DEL ’47 CONTRASTADA CON LA VISION DE DON
FRANCISCO BULNES
Arturo Lomas Maldonado
Área de Historia del Estado y la Sociedad
Universidad Autónoma Metropolitana
Unidad Iztapalapa
Entre algunos estudiosos de la guerra del ’47 son comunes
ciertos criterios que a través del tiempo se han llegado a
constituir en la versión oficial acerca de este hecho
histórico, tal es el caso de los que se refieren a lo inminente
de la derrota mexicana en esa guerra tan desigual, a la
superioridad económica y militar norteamericana, a lo
imposible de la defensa, sobre todo atendiendo al hecho de
que se trataba de defender terrenos deshabitados e incultos;
así mismo existen comentarios en el sentido de que para los
E. U., la expansión territorial era una cuestión vital para los
intereses agrícolas del sur.
Por otra parte existe una basta literatura en la cual
se insiste en el carácter heroico de la defensa, haciendo
alusión sobre todo a la del Puerto de Veracruz o a la
también fallida del Castillo de Chapultepec.
De tal suerte que si nos encontramos con algún
comentario acerca de que fue la inhabilidad política de
Vicente Guerrero, sumada al pavor con el de Don Lucas
Alamán lo que propició la pérdida de Texas; o que fue la
impericia de la oficialidad mexicana al conducir las guerras
de 1836 y 1847 lo que hizo que triunfos importantes no sólo
en La Angostura, sino además en Monterrey, Veracruz,
Padierna, Molino del Rey se extraviaran lamentablemente;
o que el ejército mexicano no tenía jefes, ni disciplina, ni
recursos, ni organización administrativa, ni soldados con
voluntad de pelear, ni mando supremo, o que nos
encontráramos con puntos de vista en los que se asegura
que la misma política militar errónea del gobierno
norteamericano, estuvo a punto de dar al traste con los
objetivos en dicha guerra de conquista, seguramente que
pensaríamos que o se trata de una blasfemia o que dichos
comentarios provienen de un personaje del tipo de Don
Francisco Bulnes.
De Don Francisco Bulnes, político e historiador
altamente polémico, conserva el Archivo General de la
Nación una serie de documentos acerca de la guerra, que
por su valor analítico, nos conducen a nuevas apreciaciones
acerca del acontecimiento que duró más de diez años, en
donde aparte de criticar las posiciones asumidas por los
diferentes gobiernos mexicanos desde que éste tuvo
conocimiento de los objetivos norteamericanos (fijar la
frontera en los límites del Río Bravo), llega a conclusiones
asombrosas.
El presente trabajo está conformado por una
primera parte en donde se realiza una brevísima reseña
historiográfica, con el fin de ubicar aquellos aspectos
controvertidos con el punto de vista de nuestro autor,
estableciendo por una parte los aspectos generales de la
posición norteamericana apoyándolos, y por la otra
haciendo mención a los estudios de ciertos autores
mexicanos dedicados al tema. Concluimos por exponer (de
la manera mas sucinta posible) los aspectos novedosos que
incluye Don Francisco Bulnes en el momento de realizar su
comentario critico.
La crítica norteamericana a la guerra prácticamente
se inicia con la que hace el representante de Ohio, Joshua
Giddings, acusando al presidente James Polk de colocar la
bandera de E. U en tierras extranjeras “y de utilizar a las
fuerzas militares de Estados Unidos para violar todos los
principios del derecho internacional y de justicia moral”
También se afirma que la historiografía
norteamericana (*) se ha conducido a través del tiempo en
tres vertientes, en donde por ejemplo, Frederik Merk
(1971,1972) hace mención a las actividades manipuladoras
(si no conspiradoras) de algunos sureños radicales que
alentaron el interés nacional por la expansión a costa de
México, a través de un hábil y engañoso uso de la
propaganda1.
Pero se advierte que no todos los partidarios de la
explicación regional han aceptado la responsabilidad del
Sur, en donde algunos historiadores culpan al Oeste,
deseoso de extenderse sobre todo México y aumentar su
representación en el Congreso. Otros en cambio rechazan la
propuesta de tierras e insisten en que la expansión reflejó
las ambiciones comerciales del Norte, fue el caso de
Norman A. Graeber “que resaltó el interés de Nueva
Inglaterra por adquirir la bahía de San Francisco, junto con
Monterrey y San Diego, y participar así en el intercambio
con Asia”2.
Una segunda interpretación hace énfasis en la
ideología del Destino Manifiesto, cuyos fines eran mas
nacionales que regionales. Por ejemplo K. Wenberg señala
(*)
Esta no pretende ser una revisión historiográfica
exhaustiva, sino que es simplemente, la enumeración de
algunas opiniones encontradas en diversos textos referentes
a la guerra, que obviamente contrastan con los puntos de
vista de Francisco Bulnes.
1
Ana Rosa Suárez p 154
2
Cit, col.
que los norteamericanos “estaban convencidos de que la
Providencia les había asignado la misión de ocupar toda
América del Norte y de imponer los valores democráticos
sobre pueblos de carácter autocrático”.
La tercera interpretación alude al papel
desempeñando por el entonces presidente de Estados
Unidos, “el villano cuya ambición provocó la mutilación de
México”, entre ellos hay que contar a Milton Milo Quaife,
quien publicó el diario de James Polk en el año 1910. A
Eugene I. McCormac, quien comenta la biografía política
de Polk en 1922, mostrándolo “como un político resuelto y
trabajador que aumentó el territorio, el poder y el prestigio
nacionales, quien - según esto - no preparó el conflicto e
hizo lo que pudo para evitarlo”.
Entre 1935 y 1945, Richard R. Stenberg publicó
una serie de artículos acusando a James Polk “de ser un
intrigante que obligó a México a atacar primero”. Glenn
Price repitió los cargos 30 años después, si bien con más
vigor, argumentando que luego de emplear todas las artes e
intrigas diplomáticas, de recurrir al soborno y de amenazar
con el uso de la fuerza para lograr sus fines, Polk “utilizó la
controversia sobre los límites entre México y Texas para
desatar las hostilidades”3.
La tesis ‘demócrata’ continúa cuando en 1989,
John S. D. Eisenhawer en su So for from God. The U. S.
War with México, 1846-1848, reconoció que México
efectivamente
fue
víctima
del
expansionismo
norteamericano, señalando en su descargo que sus
compatriotas no tenían de que avergonzarse, pues “la
desorganización, la corrupción y debilidad mexicanas
habían creado tal vacío de poder que algún ‘depredador’
hubiera terminado, inevitablemente por llenarlo”4.
William H. Goetzman, por su parte, sostuvo que
Polk no comenzó la guerra y que lejos de ser agresor,
“Estados Unidos fue víctima de México y sus
conflictos internos”. Sanford H. Montaigne pretendía
responder a una distorsión de la historia norteamericana
“que hacía creer a miles de sus compatriotas que E. U. era
una de las naciones más venales de la tierra”.
Por su parte Norman Graebner5 nos comenta que
Polk y sus consejeros desarrollaron su política para México
basados en la doble suposición de que México era débil y
de que la adquisición de ciertos territorios mexicanos
coincidiría formidablemente con los intereses a largo plazo
de E. U.
El mismo sostiene6 que si bien en mayo los
funcionarios mexicanos reconocieron la independencia de
Texas, esto fue “demasiado tarde para evitar su anexión a
Estados Unidos”, y que además “Andrew Jackson había
intentado comprar la bahía de San Francisco en 1835”, y
que apenas un año más tarde “México acusaría a los
estadounidenses de apoyar la rebelión en California que
derrocó al gobernador. José María Tornel, el ministro
mexicano de guerra, quien predijo en 1837 que la pérdida
de Texas, de ser aceptada por México, resultará
inevitablemente en la pérdida de Nuevo México y las
Californias”, mientras tanto el enviado Slidell se preparaba
para dejar México en marzo de 1846, volviendo a recordar
a la administración estadounidense: “téngalo por seguro,
nunca podremos llevarnos bien con ellos hasta que les
hayamos dado una buena paliza”7
También hay quien sostiene agudamente que
convencido de que Paredes tenía necesidad de dinero, Polk
sugirió a algunos senadores influyentes, que el Congreso
asignara un millón de dólares tanto para animar a Paredes a
negociar “como para sostenerlo en el poder hasta que
Estados Unidos pudiera ratificar el tratado”8.
En este apartado no podemos dejar del lado la
crítica acerva de William E. Channing a la política
expansionista norteamericana y que recupera Gastón García
Cantú. Nos dice el demócrata del norte: “Texas es un país
conquistado por nuestros ciudadanos; y su agregación a
nuestra Unión será el principio de una serie de conquistas,
que sólo hallará término en el istmo de Darén, a menos que
la enfrente y rechace una providencia justa y bondadosa. En
adelante deberemos abstenernos de gritar al mundo ¡paz!,
¡paz! Nuestra águila aumentará, no saciará su apetito en su
primera víctima, y olfateará una presa más tentadora, sangre
más atractiva, en cada nueva región que se extienda al sur
de nuestra frontera. Agregar a Texas es declarar a México
guerra perpetua. Esta palabra, México, asociada en los
ánimos con riqueza infinita, ha despertado ya la rapacidad
que la raza anglosajona que está destinada a regir ese
magnífico reino, y que la ruda forma social establecida allí
por España, debe ceder y disiparse ante una civilización
más perfecta. Aún sin esa revelación de planes de
subyugación y rapiña, el resultado no sería menos evidente
en cuanto puede ser determinado por nuestra voluntad.
Texas es el primer paso hacia México…paso - escribiendo a
Clay - a otra consideración, gravísima, y es que ese acto
hará entrar a nuestro país en una carrera de usurpación,
guerra y crimen, haciéndole merecer y recibir al cabo el
castigo debido a una repetición agravante de injusticias. La
usurpación de Texas no se quedará aislada. Oscurecerá
nuestra historia futura, y una necesidad férrea la eslabonará
con larga sucesión de actos de rapiña y sangre”9
El alegato de Channing, que podría empañarse para
algunos por representar él los intereses políticos de los
estados del norte, es el mismo, moralmente, que el de
Thoreau “al argumentar sobre la desobediencia civil ‘Un
pueblo, al igual que un individuo, tiene que estar con la
7
3
Ibídem p 156
4
Ibídem p 157
5
Ibídem p 161
6
Ibídem pp 168-170
Ibídem p 173
Ibídem p 175
9
Las invasiones norteamericanas en México Gastón García
Cantú Serie Popular Era segunda edición 1974 citando a
William E. Channing pp 57-58
8
justicia, cuéstele lo que le cuesta…Estados Unidos debe
cesar de tener esclavos y hacerle la guerra a México aunque
le cueste su existencia como pueblo. Los que se oponen son
unos cientos de miles de comerciantes y de agricultores que
no están preparados para hacer justicia ni a los esclavos ni a
México”10
Por su parte, la historiografía mexicana, aunque no
toda, es justo reconocerlo, ha adoptado un camino que más
bien se dirige hacia lo inevitable de la derrota como al
reconocimiento al valor y arrojo de las huestes mexicanas
durante todo el período.
Por ejemplo, a lo largo de los Apuntes para la
historia de la guerra entre México y Estados Unidos, nos
encontramos, más que un intento de análisis, frases como
que “Veracruz, sin tropas, sin municiones, sin recursos
pecuniarios, abandonada de la República toda, se decidía a
sucumbir luchando, antes que dar un triste ejemplo de
cobardía, y manchar con un baldón eterno su título de
heroica”11 y no son pocas las ocasiones en que sus autores
se refieren a “las escenas de horror y de sangre, que es
fuerza renunciar a describir”12 o en referencia al desenlace
de Veracruz, por ejemplo, se relate que “tres columnas
enemigas con sus banderas se mueven en dirección del
Matadero. Han suspendido el fuego, la plaza toca alarma:
ha llegado la hora del asalto: nuevos guerreros se presentan
buscando la muerte o el triunfo: el entusiasmo crece: la
línea se cubre de defensores: el trémulo anciano quiere
también su parte en el peligro y en la gloria de los valientes;
la juventud se enardece, y gozosa se dispone a morir ¡bellos
momentos del mas puro entusiasmo!”13 en donde refieren,
por ejemplo, que el 25 de marzo “había sido un día terrible
para la ciudad, que jamás se olvidará y en el cual el ejército
de los Estados Unidos había hecho gala, si se nos permite
esa expresión, de todo su poder, y en la plaza se había
sentido toda la amargura de la posición con una escasez
suma de municiones de boca de guerra”14.
Así mismo los autores de Los Apuntes… nos
comentan que cuando se decide en una junta de guerra la
capitulación, se está atendiendo “a que no había parque mas
que para tres horas de fuego, víveres y a otras varias
razones”15, reconociendo sin embargo, que “En vano de
cuatrocientos a quinientos de sus habitantes han perecido;
en vano seiscientos o mas guerreros derramaron su sangre,
pereciendo cuatrocientos de ellos...En vano la ciudad ha
sufrido los estragos de seis mil seiscientos proyectiles...en
vano la plaza gastó ocho mil cuatrocientos ochenta y seis
para defenderse”16.
10
Ibídem García Cantú p 59
Apuntes para la historia de la guerra entre México y
Estados Unidos, p 202
12
Ibídem p 206
13
Ibídem p 207
14
Ibídem p 213
15
Ibídem p 214
16
Ibídem p 215
11
En cuanto a Santa Anna, y después de la amarga
decisión de abandonar La Angostura, comentan los autores
de los Apuntes… que “hubo tres triunfos parciales, pero no
una victoria completa”, y eximiendo al autor, sin rubor
señalan
“Lástima
que
sus
combinaciones
no
correspondieran a su denuedo; que sus faltas ofuscaran el
esplendor de sus méritos; que sea preciso censurar su
conducta como general, al mismo tiempo que alabamos su
arrojo como soldado”17
En esta breve revisión es digno recoger, así mismo,
un punto de vista que consiste en atribuir a dos hechos la
pérdida de Texas: “El descuido de los mexicanos confiados
por las victorias alcanzadas hizo que el 22 de abril cayera
prisionero el general-presidente Santa Anna…(y) la trágica
e incomprensible decisión de Filisola, segundo en el mando,
de obedecer las órdenes del prisionero”18
En cuanto al hecho de que al momento de la
invasión de Veracruz, por parte de la armada
norteamericana en abril de 1847, Santa Anna hubiera
podido pasar sin ningún obstáculo a nuestro país, viniendo
de su exilio cubano, hay quien señala que “Muy a su estilo,
Santa Anna simuló aceptar para abrirse paso rumbo a
México, pues por su conducta posterior no parece haber
sido traidor”19
17
Ibídem p 152
Josefina Zoraida Vázquez y Lorenzo Meyer, México
frente a Estados Unidos (Un ensayo histórico 1776-1988),
FCE 1989, p 48
19
Ibídem Josefina Zoraida p 58. “¿Qué le tocaba hacer al
general Filisola al recibir semejante noticia? (que Santa
Anna había caído prisionero) Nuestros historiadores
responden y con ellos toda la nación: Marchar
inmediatamente sobre el enemigo con los 4,000 hombres
que Filisola tenía a sus órdenes. Los historiadores siempre
de temperamento bélico debían haber comenzado por
averiguar si realmente tenía el general Filisola en Holdorf
4,000 hombres…(éste) solo contaba con 1,400
hombres…En la Junta de Jefes el general Filisola contestó
con argumentos irresistibles excluidos de nuestra historia
probablemente porque son sensatos…”Houston ha vencido
a S. E.. que es sin duda el primer general mexicano, y que
no ha sabido de derrota sino total exterminio de 1,100
valientes disciplinados y dispuestos a morir…no es posible
que 800 voluntarios indisciplinados, mandados por un
aventurero politicastro, hayan sido vencedores. Es preciso
que Houston haya tenido por lo menos 3,000
hombres…Desde la habitación de Mme. Powel a San
Jacinto hay cerca de 50 leguas, se tiene que pasar el Río
Brazos, mil hombres con todo lo necesario no hacen esa
operación en ni en cuatro días. (teníamos) una gran parte
del armamento, descompuesto, lleno de orín y sin un armero
siquiera’ todo lo cual hacía imposible salir en persecución
de Houston para lavar la afrenta de San Jacinto” Bulnes,
Francisco Las grandes mentiras de nuestra historia, pp 607610
18
Por parte de otra autora, Cristina Montaño, en un
exceso de teoricismo, llega a mencionar que la guerra de
1847 y la guerra civil norteamericana tienen el mismo sello
“expansión y consolidación del Imperio”20, pues parte del
supuesto de que el sector agrícola en expansión “ya llevaba
consigo las semillas de una contradicción fundamental:
aquella entablada entre la agricultura libre y la agricultura
esclava” puesto que “Mientras existía nuevo territorio para
futuras expansiones esta contradicción no era antagónica y
el conflicto se lograba posponer. Pero cuando los E. U.
agotaron los límites de expansión continental ya no fue
posible aplazar el conflicto. La contradicción entre la
agricultura libre y la esclava requería una forma de
resolución. La guerra del ´47 era la última oportunidad de
expansión territorial y la mayor oportunidad de posponer el
conflicto civil”21
Con respecto a las opiniones relativas a la causa de
la guerra, la misma autora afirma sin tapujos, que “En
1836, Texas declara su independencia de México, instigada
y apoyada por los Estados Unidos”, afirmando que esta
región estaba habitada por colonos norteamericanos,
quienes se habían establecido ahí “con sus esclavos y que
pronto se convirtieron en el grupo mayoritario por lo que
promovieron una fuerte presión para anexarse a la Unión.”
Afirmando que, no obstante las diversas opiniones de
historiadores en relación a las causas de la guerra, en el
fondo “todos coinciden en afirmar que Estados Unidos la
provocó para capturar las valiosas tierras del sudoeste,
apoyado en una ideología nacional bien aceptada: El
Destino Manifiesto”22.
Entre los Grupos interesados en efectuar la guerra
contra México, Cristina Montaño señala:
1.- Los
plantadores sureños 2.- Los granjeros del Oeste medio, que
deseaban más tierra de cultivo barata, y los especuladores
de tierra. 3.- Grupos comerciales del Centro que querían
asegurar más rutas comerciales internas, como la famosa
conexión de Santa Fe. 4.- Grupos comerciales y fabricantes
de barcos, del Noroeste, que deseaban los puertos de
California para asegurar las rutas del Pacífico. 5.- El
presidente, Polk, y los demócratas, quienes veían la
expansión como una necesidad de fuerza unitaria para la
Nación. Este fue el grupo que propugnó la guerra con más
fuerza, apoyado por los plantadores sureños y los
comerciantes del Noreste.23
Para los norteamericanos, nos dice, la guerra con
México fue una de las últimas guerras agrícolas, es decir,
“una guerra llevada a cabo por necesidades de tierra, en
términos económicos agrícolas; una guerra hecha por una
sociedad todavía dominada por intereses agrícolas. Es
verdad que existían otros intereses económicos: comerciales
e industriales; pero, la principal fuerza en expansión era la
agrícola: la búsqueda de tierras. Esta era la meta de los
sistemas agrícolas, el esclavista y el libre...Después de la
Guerra Civil...los demás conflictos bélicos de los Estados
Unidos deben entenderse como guerras económicas
industriales; guerras en las cuales se lucha con fines
industriales, tanto para obtener materias primas como
control de mercados”24
La anexión de Oregon y la guerra con México,
representan para todos los sectores “el paso definitivo de la
consolidación de El Destino Manifiesto...Además de la
unidad nacional, que la guerra contra México trajo consigo,
también aceleró las contradicciones que hicieron inevitable
la Guerra Civil, ya que las divisiones regionales en el país
eran visibles...el Noreste se interesaba por los puntos
comerciales de California y las tierras agrícolas nuevas,
mientras que el Sur apoyaba la extensión de tierras y la
existencia legal de los esclavos”25.
Este último planteamiento tentativamente se
corroboraría en los hechos, pues cuando todo el territorio
mexicano conquistado entra a formar parte de la Unión, se
acuerda en 1850, entre los intereses económicos y políticos
del Norte y del Sur, “que a Texas se le reconoce como
estado esclavista; el Norte consigue a California como
estado libre; el distrito de Columbia abolía el tráfico de
esclavos; el Sur consigue una ley contra esclavos fugitivos;
y Utah y Nuevo México se organizan sin hacer mención de
la esclavitud, ya que se dejó a los pobladores decidieran por
sí mismos este problema.”26
Desde el punto de vista de esta autora, se derivan
dos consecuencias importantes de la guerra con México: 1.Pospuso la guerra civil, porque forjó la unidad nacional
alrededor de la demanda común expansionista; y 2.- Hizo
que la guerra civil fuera necesaria debido a todos los
problemas que se suscitaron acerca de qué hacer y cómo
desarrollar nuevas tierras, y qué efectos tendría el frágil
balance de poder regional en el sistema gubernamental de
Estados Unidos.27
Continuando con este breve repaso, tenemos al
periodista Luis Rubluo, quién con motivo de la celebración
de los 150 años de la intervención, escribe en las páginas
del suplemento del periódico “Excelsior” haciendo una
remembranza no de 6 sino de 37 niños héroes, apoyándose
en la crónica de José Tomás de Cuéllar, para recordarnos lo
infructuoso de la defensa del castillo de Chapultepec.
Por su parte el periodista Edmundo González
Llaca, en un artículo sobre la Historia Incómoda28 aparte de
decirnos que “Una vez que Robert Kennedy declaró que era
un episodio de la historia de Estados Unidos que no le hacia
24
Cristina Montaño “Revista Iztapalapa” (México D. F. año
I num. 1 julio de 1979 pp 61-67
21
Ibídem p 61
22
Ibídem p 64
23
Ibídem p 65
20
Ibídem p 65
Ibídem p 65
26
Ibídem p 66
27
Ibídem p 67
28
Periódico “Excélsior” p 7 jueves 18 de septiembre de
1997
25
sentirse orgulloso, posteriormente se le vino la opinión
pública de su país encima”, el autor del artículo rinde
homenaje al enviado Trist, quien según él, reconoció de
inmediato la validez de los argumentos de los mexicanos “e
hizo todo lo posible para que la negociación fuera lo menos
onerosa para México”, y parafraseándolo comenta que Trist
pasado el tiempo llegó a decir “Si aquellos mexicanos
hubieran podido ver dentro de mi corazón en ese momento,
se hubieran dado cuenta de la vergüenza que yo sentía como
norteamericano”, para concluir que la guerra del ‘47 tiene
legados de odio y de vergüenza para los dos países, pero
también ejemplos de ética y de dignidad que debemos
resaltar. “Creo que el año que entra - concluye en su
comentario - recordar la actitud de Trist, nos puede ayudar
a hacer de esta fecha histórica algo menos incómodo”.
Por último, dentro de este apartado, no podemos
dejar de mencionar dos posiciones contrarias, que se
manifestaron durante el período, una la de José María Luis
Mora, enviado mexicano para tratar con el Reino Unido la
ocupación del norte de México para “evitar el
expansionismo norteamericano”, y la otra de Melchor
Ocampo, gobernador de Michoacán, plena de dignidad y
decoro, que propone la resistencia popular a los planes
norteamericanos.
García Cantú nos dice “Contra el ‘destino
manifiesto’ de la burguesía norteamericana, se opuso una
diplomacia contradictoria: Mora pedía auxilio a Palmerston;
Gorostiza, el cumplimiento del derecho de gentes. Las
fracciones rivales de la burguesía se disputaron el poder
ante los invasores, debilitando la resistencia nacional”29
Mora no fue ajeno, como ha ocurrido a algunos
mexicanos, al desaliento del país, a la pérdida de toda
esperanza de que la nación se valiera por sí misma, “sólo
que expresa su estado de ánimo en el tono sentencioso del
teólogo: ‘¿Conviene a México - interroga en una de sus
comunicaciones - vender a la Inglaterra una parte de su
territorio que le asegura lo que le queda’…El
establecimiento de Inglaterra, en terrenos mexicanos,
impediría las futuras agresiones norteamericanas y, de
ocurrir, los Estados Unidos no se atreverían a romper la paz
con Inglaterra. Balanza política coherente, sólo que, en su
aparente prudencia, encubría la desconfianza hacia el
pueblo y expresaba, claramente, la ideología para
propietarios que, en rigor, es la que Mora expuso en todos
sus alegatos políticos”30
Por su parte el gobernador de Michoacán, Melchor
Ocampo, enviaba al congreso de aquel estado un escrito en
que constaban sus reflexiones políticas sobre la guerra
contra los Estados Unidos. “Ocampo coincidió con la ira
popular. ‘La paz, la paz no sería para México sino al tiempo
mismo que el sello de una indeleble ignominia, la condición
más ventajosa para su nuevo conquistador…significará para
México perder el título de nación…para los Estados Unidos
la paz sería la saciedad de su injusto odio y de su exagerado
desprecio, de su insaciable rapiña y de su espíritu de
expansión; sería en vez del desenlace de una guerra, el
producto de un cálculo mercantil…consintiéndola nosotros,
sería ahorrarles aún los cuidados y gastos de conservar su
conquista’…Un día después, Ocampo dirige otro ocurso
igualmente valiosos al congreso de Michoacán: proponía
hacer contra los norteamericanos la guerra de guerrillas.
Ocampo repasó, brevemente, los medios disponibles para
hacer la guerra y concluye…que era imposible para México
resistir al ejército norteamericano oponiéndole otro…la
defensa popular era el camino conveniente: ‘Abandonemos
- afirma Ocampo - nuestras grandes ciudades, salvando en
los montes lo que de ella pueda sacarse…ya que de ellas no
nos es dado imitar el bárbaro y selvático, pero heroico y
sublime valor con que los rusos incendiaron su capital
sagrada; ya que de una República de 1847 ha de mostrar
menos apego a la independencia que la de un pueblo de
esclavos de 1812; imitemos por lo menos la táctica de
nuestros padres en su gloriosa lucha”.31
Para García Cantú “Ocampo no había definido un
partido, ni una agrupación social, sino una tendencia que se
advertía ya en los Santa Anna y los Zavala: la de la entrega
consciente del país a los Estados Unidos, apoyándose en
una confusa mezcla de republicanismo y oposición a toda
forma de dominio europeo en América, la de quienes
renunciaban a la independencia nacional”.32
BULNES Y LA GUERRA
En la revisión del punto de vista de Francisco
Bulnes, nos encontramos con que éste se nos muestra más
directo, más analítico, sin ambages, comienza por
responsabilizar al gobierno del Vicepresidente Bustamante
en la persona, no de él, sino de Lucas Alamán, pues para
Bulnes “fue un dictador responsable de la tragedia de Tejas
y sus consecuencias como la guerra con los Estados
Unidos”, aclarando sin embargo, que antes de Alamán hubo
otro gran culpable, “el general D. Vicente Guerrero”33.
Para Bulnes, un error lamentable de cuantos
intervinieron en el asunto texano por parte del gobierno
mexicano, ha sido fijarse mucho en los colonos, “no perder
de vista ninguno de sus movimientos, no dejar sin maliciar
ninguna de sus palabras y confundir miserablemente sus
intereses con los de los Estados Unidos”.
Y otro error mayor, según él, fue creer que había
en los Estados Unidos “un interés tejano reinante, único,
nacional invariable y omnipotente”34, asegurándonos que en
la cuestión de Texas, los colonos están muy lejos de
desempeñar el primer papel, el segundo, el tercer o el
cuarto, “ocupan el último, pues resulta extravagante hablar
de su ingratitud superior a la de las hijas del rey Lear y de
31
Ibídem García Cantú pp 76-77
Ibídem García Cantú pp 77-78
33
Archivo de Francisco Bulnes, AGN C 1 , exp 1, f 47
34
Ibídem f 48
32
29
30
García Cantú op cit p 61
Ibídem García Cantú pp 71-72
su perfidia mayor que la de Yago en Otello, como nos lo
enseñan nuestros - para él - superficiales historiadores. La
acción dramática y política de los colonos fue insignificante
y el colaborador de las miras ambiciosas de los esclavistas
americanos fue en primer lugar nuestro infeliz gobierno”,
sentencia.
“Se acusa a los Estados Unidos de perfidia en la
cuestión de Tejas, acatando desde luego el error de admitir
que en 1830 existían como nación los Estados Unidos,
cuando en realidad y como he probado - asegura - había
dos naciones: la del Norte y la del Sur, con distintos
sentimientos, ideas, aspiraciones, intereses; con dos
conciencias, dos políticas, dos territorios económicamente
desiguales, dos historias y dos caminos opuestos para su
marcha; uno hacia la civilización, otro circular alrededor de
la barbarie...El empeño de adquirir Tejas fue de la mayoría
del partido demócrata sudista apegado con delirio a la
institución de la esclavitud”35 haciendo una clara alusión a
los intereses industrializadores del norte y a los agrícolas,
apoyados en la esclavitud, de los del sur.
Abundando Bulnes señala “La política de los
Estados Unidos es muy rara; se llamaron federalistas los
partidarios de la centralización del poder y se denominaron
demócratas, la poderosa aristocracia del Sur cuya bandera
fue el sostenimiento de la esclavitud”.
Con el presidente Jackson a la cabeza del partido
sudista “que ambicionaba Tejas por las razones ya
expuestas; la cuestión tejana tenía que entrar en un período
no de perfidia sino francamente crítico”. Y certeramente
afirma que en la conducta del general Jackson respecto de
México “hay cinismo no perfidia, el cinismo del fuerte que
descaradamente escarnece al débil; la perfidia reposa sobre
el engaño y el cinismo es la degradación de la franqueza.
Desde marzo de 1839 se ve en la cuestión tejana cinismo en
el gobierno americano, indignidad y torpeza del
mexicano”36.
Cuando en agosto de 1829 Van Beuren, Ministro
de Relaciones Exteriores del General Jackson escribía a Mr.
Poinssett, Ministro de los Estados Unidos en México, que el
Presidente recomendaba que sin demora se abriesen
negociaciones para la compra de Texas, de acuerdo con
nuestro autor “quedó autorizado Mr. Poinssett para ofrecer
hasta cinco millones de dólares por esos territorios”.
Una vez retirado de México, Mr. Poinssett, fue
reemplazado por Mr. Butler, de quien dice “fue amigo
íntimo del Presidente Jackson, sudista esclarecido,
propietario de esclavos y de tierras en Tejas” en donde Mr.
Butler estaba “pecuinaria y personalmente interesado en la
cuestión”. De tal forma que de haberlo sabido, lo primero
que debió haber hecho el gobierno mexicano era no admitir
como ministro de los Estados Unidos a Mr. Butler, “pero la
debilidad proverbial del ilustre general Guerrero sostenida
por la dulzura monjil (sic) de D. José María Bocanegra
35
36
Ibídem f 49
Ibídem f 50
Ministro de Relaciones Exteriores, o explotada por D.
Lorenzo de Zavala, Ministro de Hacienda, dieron un primer
triunfo al cinismo del Presidente Jackson”
Bulnes fundamenta su punto de vista en el hecho
de que a principios de 1830 la gaceta de Arkansas escribía
con toda franqueza lo siguiente: “Conforme a informes
tomados de un origen que merece la más alta confianza
(entitled to highest credit) parece que no debemos abrigar
esperanza de adquirir Tejas mientras no domine en México
un partido mejor”37 dispuesto para los Estados Unidos o
mientras Texas no sacuda, si es necesario, el yugo del
gobierno mexicano, “lo que hará sin duda desde el
momento en que para ello se encuentre un motivo
razonable”38, información que puede utilizarse como hilo
conductor, pues a partir de ahí, podrían explicarse más
claramente, muchos de los hechos que han de relatarse más
adelante.
Bulnes también se cuestiona con respecto a un
personaje clave en la separación de Texas, Samuel M.
Huoston, cuyos móviles comenta , y que presumiblemente
han sido dejados del lado por la historiografía de la guerra:
“¿Quién era en 1830 este personaje que en 1836 vemos
figurar como general en jefe del ejército insurrecto tejano y
después como presidente de la república de Tejas? Samuel
Houston había sido gobernador de Tennessee, representante
por el mismo estado al Congreso de la Unión y se jactaba
por escrito y de palabra, en público y en privado, de contar
con toda la confianza del presidente Jackson, por haber
tomado parte y muy activa en la campaña electoral a favor
de la presidencia del general Jackson” por lo que
naturalmente se le imaginaba para un puesto “muy elevado
y lucrativo...Era sorprendente que un hombre de esa
categoría y con tan risueño porvenir, dejase el gran teatro de
la política norteamericana para tomar residencia en Tejas
sin ser colono, ni tener afición a la agricultura, ni negocio
visible que lo obligara a fijarse en una pequeña aldea” la
verdad, nos dice, “Se había dirigido al territorio tejano para
revolucionar a favor de su independencia con el objeto de
anexarlo después a los Estados Unidos” la Gaceta de
Arkansas terminaba el artículo con estas palabras:
“podemos esperar pronto saber que ha levantado el
estandarte de su misión”39.
En cuanto a los asuntos de México, Bulnes afirma
que en todo esto “hay gran cinismo, pues México aparecía
demasiado débil para merecer el honor de que se le tratase
con perfidia. No había nada que adivinar, sospechar, inferir,
suponer, todo era diáfano como la atmósfera y negro como
37
Ibídem Bulnes f 51, citando a (1) Revue de deux Mondes,
15 de julio de 1844, p.239.y (2) Biblioteca Nacional.
Dirección, Tomo Vll, primera serie de documentos para la
historia de México.
38
Ibídem f 52
39
Bulnes citando a (1) Biblioteca Nacional, Dirección,
Tomo Vl primera serie de documentos para la historia de
México.
la esclavitud.... Alamán tenía como datos de completa
exactitud en 1830 para resolver el amenazante problema de
Tejas: Primero, los Estados Unidos representaban dos
naciones esencialmente distintas, con intereses poderosos en
conflicto y en vía de llegar a una tremenda lucha armada.
Segundo: la nación Sur norteamericana tenía empeño en
adquirir Tejas para mantener el equilibrio político y salvar
la esclavitud base del edificio social y en consecuencia
económico de esa nación. Tercero: la nación Norte se
oponía a la adquisición de Tejas, pues antes de resolver el
gran conflicto esclavista no convenía al norte aumentar el
poder de su enemigo; Cuarto: no obstante el empeño del sur
por adquirir Tejas, los Estados Unidos en 1830 no apelarían
a la guerra de conquista; Quinto: comprendiendo el sur que
no podía imponer la guerra de conquista, había resuelto
apelar a medios inmorales públicamente dados a conocer en
la prensa sudista”40.
Según Bulnes, lo primero que el gobierno de
Alamán debió haber hecho, era expulsar del territorio de la
República Mexicana a los agentes revolucionarios muy bien
conocidos, del partido sudista de los Estados Unidos,
“apoyados por el presidente Jackson.......Como segunda
providencia urgente debió expedir sus pasaportes al
ministro Butler propietario de esclavos y tierras en Tejas y
de los más interesados en el complot contra la República
Mexicana”.
“Alamán cometió un imperdonable acto de
debilidad muy semejante por detrás y por delante a una
indignidad, permitiendo que los agentes revolucionarios
esclavistas trabajasen libremente en Tejas como en una
industria honrada y benéfica para la nación. Hemos visto
que el gran problema tejano consistía en evitar que una
nación de siete y medio millones de habitantes, fuese
vencida por una población de veinte mil que era la de Tejas
en 1830 y que por un puñado de rebeldes fuésemos
despojados de un territorio más grande que el de Francia”
“¿Por qué entonces - se pregunta Bulnes - se
preocupaba Alamán al grado de decir en un documento
público y oficial ‘si los colonos de Tejas se insurreccionan
la pérdida de este territorio es infalible?’ Los estados del
Norte estaban, como tanto lo he afirmado, interesados en
que los del Sur no adquiriesen el gran territorio tejano, no
por amor a México, sino por amor a sus intereses” 41.
Bulnes, empleando la ironía característica en él
comenta “Alamán no podía juzgar más que con los datos
del pasado y del presente, el porvenir no da datos”. Y
lúcidamente establece que para Alamán “bastaba lo
miserable de la oferta para comprar Tejas que hacía el
presidente Jackson, ‘cinco millones de pesos’, cuando por
la Louisiana habían dado dieciséis y el no aumentar la
oferta, para comprender que el apoyo sudista tenía un límite
muy estrecho. Si el Sur hubiera estado dispuesto a gastar en
guerra por sí sólo y contra México cien millones de pesos
los hubiera ofrecido por Tejas”42.
Para nuestro autor estaba más que demostrado que
la adquisición de Tejas era para los esclavistas de los
Estados Unidos “más que una simple ambición de territorio
del que no necesitaban, pues - de acuerdo con esto - probé
que poseían un superficie propia para el cultivo de algodón
quince veces mayor que la que tenían en explotación en
1830, Tejas era en concepto de los del sur la salvación de la
esclavitud y en consecuencia la de su poder...que según
Calhoun podía dividirse hasta en nueve estados y dar
dieciocho votos senatoriales con lo que había para asegurar
la esclavitud muy largo tiempo”. El “Mobile Advertiner”,
de Enero de 1830, según referencia de él mismo, dice: “The
South wish to have Texas admittedinto the union for two
reasons: first to equalize the South with the North”. Las
miras de anexión de Tejas no eran el proyecto de un
pequeño grupo “de colonos berrinchudos, sino la decisión
irrevocable consecuencia de una necesidad de existencia
para la poderosa sociedad sudista dominadora hasta el
despotismo de la política de los Estados Unidos”43.
“Antes de que los colonos de Tejas pensasen en
manifestar sentimientos de disgusto y deslealtad...en el
estado de Mississipi se habían impreso los interrogatorios a
que debían responder los candidatos para diputados a la
Cámara de Representantes, durante el periodo electoral de
1828 “Your opinion of acquisition of Texs and how whether
by force or treaty: and whether if Texas requested we ought
to give the &eceders military assistance; and what would be
the effect of the acquisition of Texas upon the planting
interest”44.
Entrando un poco más en detalles, Bulnes analiza
los argumentos acerca de porqué Alamán no debió adoptar
una lógica fatalista ante el problema texano, aun y cuando
fuera cierto que para 1830 los Estados Unidos tenían sobre
nosotros “la superioridad del número, la superioridad de la
riqueza, la superioridad de la organización, la superioridad
de la disciplina, la superioridad de la voluntad (sus soldados
eran voluntarios) y sobre todo la superioridad de la forma
de gobierno”. Pues para él, y en obvia exageración, “En los
Estados Unidos el presidente es el primero en empeñarse en
que los primeros puestos del ejército los sirvan los militares
más capaces y valientes. En México los presidentes
Bustamante y Santa Anna lo que exigían sobre todos los
jefes del ejército era que fueran sobre todo bustamantistas o
santanistas aun cuando fueran cobardes e ineptos” y
enjuiciado severamente a la oficialidad mexicana nos dice
“En 1830 y en México, un general que hubiera triunfado
siquiera en una escaramuza cobraba al momento el precio
de su hazaña y éste no podía ser más que la silla
presidencial”.
42
40
F 53
41
Bulnes comentando la (1) Iniciativa de 8 de febrero de
1830, dirigida al Congreso de la Unión
Bulnes f 55
Bulnes f 56
44
Bulnes citando a (1) Jay Williams, A review of the
mexican war, pag 17 (2) Idem
43
Nuestro ejército, decía “no tenía jefes, ni
disciplina, ni recursos, ni organización administrativa, ni
soldados con voluntad de pelear, ni mando supremo. Estos
son los elementos de las derrotas sin límite y sin
gloria....Los únicos militares de genio que tuvo la república
en la época que estudio fueron D. Lucas Alamán y Don Luis
Mora quienes aseguraron desde 1830 - para nuestra
desgracia - que una guerra con los Estados Unidos sería
desastrosa”45
Sin embargo las ventajas que México tenía en 1830
sobre sus elementos de 1846 para emprender la campaña de
Texas y que debía originar la ruptura con los Estados
Unidos, eran superiores según nuestro autor, pasándolos a
enumerar: “1.- En 1830 la población de México
representaba el setenta por ciento de la de los Estados
Unidos. En 1846 sólo representaba un cuarenta y cinco. 2.En 1830 la riqueza de los Estados Unidos era la mitad de la
que tenía en 1846. 3.- El armamento de ambas naciones era
igual en 1830; el fusil de percusión usado por los
norteamericanos en 1846 fue inventado en 1840. 4.- En
1830, tenía México siete barcos medianos y pequeños de
guerra y los texanos ni uno. México hubiera sido dueño del
mar en 1836 en su lucha contra los texanos y éstos no
hubieran podido recibir por tierra la mayor parte de los
eficaces auxilios que recibieron por mar, aunque en 1836,
los texanos tenían tres goletas de guerra, México, sólo una
inservible para la guerra 5.- En 1846 no contaba la nación
con un peso en caja y el ejército sólo había recibido durante
el año fiscal, la cuarta parte de su presupuesto y estaba
disgustado, desmoralizado más que nunca por la miseria, la
que necesariamente había aumentado la indisciplina. En
1830, el ejército había sido pagado íntegro, lo mismo que
todos los gastos públicos quedando en caja un sobrante de
dinero en efectivo de 1,800,000 6.- En 1830, el clero no
había erogado en préstamos voluntarios y forzosos y en
salvar la religión comprando condotieros, las enormes
sumas que habían desaparecido de sus arcas en 1846”.46
Y en un comentario ciertamente puntilloso, llega a
considerar entre las desventajas del ejército mexicano a los
caballos, para contrariar el punto de vista que alaba al
caballo mexicano “que el patriotismo había hecho
considerar como el mejor de los caballos”, sosteniendo que
“La evidencia del caballo de guerra era ser lo menos grande
posible, fuerte...Las cualidades del caballo mexicano...son
cualidades para las cabriolas, muy poco estimadas para la
guerra...en las guerras civiles, no puede notarse la
diferencia...pero en las extranjeras se hace notar desde
luego y del modo más lastimoso”.47
Desde luego que las ventajas de los Estados
Unidos por sobre el ejército mexicano, para Bulnes son
demasiadas. Empezando por la superioridad de la
oficialidad norteamericana, “sobre una oficialidad de jefes
45
Bulnes f 59
Alamán, Historia de México, Tomo V p 167)
47
Bulnes Vol 1, exp 2, f 7
46
corrompidos y buenos para la cobardía. Superioridad del
fusil, de la artillería, en el número de soldados, de
población, de recursos pecuinarios, absoluta en sus fuerzas
navales, en espíritu público y orgullo serio nacional, de
organización social y política”.48
En un arranque inexplicable, que nos vemos
obligados a consignar, Bulnes coincide enteramente con
Mora al mencionar no sólo que “Si los esclavistas obligaban
a México a la guerra, debió México ir a una guerra larga y
gritando que no haría la paz…más que con un gobierno del
Norte”, Sino al establecer que existía otra solución, aún
menos comprensible: “Había otro modo, no de evitar sino
disminuir la pérdida de territorio; buscando y encontrando
una potencia aliada”.(*)
En relación a la guerra de Texas, y más
concretamente a la batalla de San Jacinto, en donde lo
menos de que acusa a Santa Anna era de falta de previsión
por traer a la tropa agotada, por no mantener un vigía y aún
cuando hubiera habido sorpresa, por falta de vigilancia, aún
así “la derrota no hubiera alcanzado las terribles
proporciones de una catástrofe completa, sin la posición
escogida por el general Santa Anna y definida para él como
ventajosa, teniendo una laguna fangosa a la retaguardia”49,
pues de haber dispuesto una posición distinta, las
posibilidades de volver a reorganizar sus fuerzas pasada la
batalla hubieran sido mayores.50
Según los cálculos de Bulnes, el enemigo había
tenido 750 bajas y los mexicanos 2,000, pero “las bajas del
enemigo eran inmediatamente reemplazadas por continuas
expediciones de voluntarios que llegaban de Nueva Orleans
debido - para él - a la gran imbecilidad de Santa Anna, de
no haber comenzado por hacerse dueño del mar y de las
islas”51.
Fieras críticas recopila Bulnes en cuanto al
comportamiento de la oficialidad mexicana, y de las cuales
él se hace eco, relativas al saqueo a que sometieron a los
colonos de El Alamo “El General D. Antonio Gaona, que es
de quien hablo, hacía ese infame comercio con los víveres
monopolizando los que llegaban al ejército a su
aproximación a Matamoros, para venderlos a su brigada a
48
Bulnes f 9
Este punto de vista coincide con el expresado por el Dr.
José María Luis Mora.
49
Bulnes f 62 Texas
50
Refiere Bulnes en una de sus obras “En San Jacinto no
hubo derrota, sino completo desastre; los muertos, por no
tener retirada el ejército, llegaron a 500, porque el pánico
favoreció una enérgica persecución, y sobre todo la
inmovilidad de los fugitivos espantados en la laguna
fangosa de la retaguardia” Bulnes, Francisco, Las grandes
mentiras de nuestra historia, Editora Nacional, México 1973
pp 585-586.
51
Bulnes f 64
(*)
más de un ciento por ciento”52. Reiterando “Se me ha
denunciado por esos víveres han sido vendidos por uno de
los jefes a un comerciante mexicano, quien los esta
vendiendo a mi división a un precio elevadísimo”53, acción
cuya importancia fundamentalmente consistió en atraerse
nuevos y más decididos enemigos en nuestra contra.
“Es repugnante - comenta Bulnes - ver a un
presidente de la República pedir la parte del león en un
pillaje de ropa de uso y de muebles, y apoderarse de media
docena de camisas de mujer, de quince a veinte teclas de
piano y hasta de los utensilios de costura de una señora”54.
Lo que le hace exclamar “Ah historiadores ligeros ¿Por qué
suprimían de vuestras apreciaciones militares la geografía,
la meteorología y todos los datos propios del problema que
con tanto énfasis resolvéis?”55
Y a diferencia de otros autores, Bulnes no vacila al
calificar la conducta de Santa Anna, no sólo “por la
depredación, por la falta de virilidad”, sino por los crasos
errores militares “Este rasgo criminal ante la Ordenanza de
Santa Anna, - que Filisola no moviera a su ejército de donde
se encontraba, estando en peligro la vida del dictador - lo
ponía bajo una sentencia de degradación militar y muerte,
abrumándolo el desprecio de toda la humanidad. Pues bien,
el gobierno mejicano (sic), tal vez para moralizar a nuestro
ejército y enseñarle el código de honor, discurrió decretar a
Santa Anna honores de héroe, precisamente cuando se
mostraba traidor, cobarde y despreciable como el más
inmundo de los hombres”56.
Bulnes reproduce la frase que consigna Jaokum en
su Historia de Texas, en forma irónica, “Santa Anna
concluyó diciendo a Houston; ‘Ud. no ha nacido para un
destino vulgar, ha vencido Ud. al Napoleón del Oeste, no
puede Ud. menos que ser generoso”57.
Algo que nos parece sorprendente en nuestro autor,
que nunca se reconoció como historiador sino como
52
Bulnes f 65 citando a 1) General Urrea, Diario de
operaciones, p. 20.2) Coronel Martínez, Representación al
Supremo Gobierno, Bibl. Nacional, Tomo Vlll,
Documentos para la historia de México. 3) Oficio de 4 de
abril de 1936. Citado por Andrade. Dos palabras sobre la
guerra de Tejas, p. 14
53
Bulnes f 66
54
Bulnes f 67citando a 1) Martínez Caro, La primera
campaña de Tejas, nota 1 , p.4 1) General Andrade a Urrea,
Mayo 20 de 1836. Biblioteca Nacional. Ultimos
documentos para la Historia de Tejas. 2) General Urrea,
Diario, p.33.3) Filisola al Supremo Gobierno . Mayo 14 de
1836. Urrea, Documentos. 4) General Urrea, Diario, p. 31.F
69
55
Filisola. Guerra de Tejas , Tomo ll, p. 481.
2) La misma obra, Tomo ll, p.482.
56
Bulnes f 761) La verdad desnuda sobre la guerra de
Tejas, p.53.
57
Bulnes f 77 citando a 1, 2, 3, 4) Joakum, History of
Texas, Tomo ll, p.148.
“sociólogo crítico”, son las propuestas, que en forma de
crítica, lanza sobre Lucas Alamán, pues para Bulnes la
solución al problema texano consistía básicamente en cinco
puntos, que ahora, a la luz de los acontecimientos, nos
parecen de una perspicacia extraordinaria, y que
efectivamente pudieron evitar muchos quebrantos al país:
“l. Para hacer cumplir en el territorio de Tejas, la ley del 15
de septiembre de 1829 que abolía la esclavitud en todo el
territorio mexicano. 2. Para declarar libres a todos los
esclavos fugitivos de los Estados Unidos que se refugiasen
en territorio mexicano. 3. Para expulsar a los agentes
revolucionarios, enviados a Tejas por el Presidente de los
Estados Unidos, general Jackson y que eran muy conocidos
por haberlos designado la prensa sudista de los Estados
Unidos. 4. Para recobrar las tierras tejanas de los que las
hubiesen ocupado sin título legal, excepto en el caso de que
las hubiesen cultivado. 5. Para declarar caducas las
concesiones de colonización que no
hubieran sido
cumplidas”58.
Lo que equivale a decir que había que quitar la
base social a los colonos rebeldes, ganando a su favor la
voluntad de los esclavos libertos, quienes no aceptarían
regresar a su anterior condición, garantizando un ejército
dispuesto a defender la soberanía sobre esas tierras (*) .
Efectivamente, Bulnes al darnos su punto de vista
acerca del cómo debió resolverse el problema de la
esclavitud “resolviendo bien Alamán la cuestión del arancel
por la supresión de las prohibiciones en Tejas y el
establecimiento de derechos de importación moderados diez
por ciento ad valorem únicamente para Tejas y como
franquicia a la colonización, pudo al mismo tiempo resolver
brillantemente la cuestión de la esclavitud. En Tejas
afortunadamente no todo el trabajo era esclavo sino solo
una parte, de modo que los colonos tenían el ejemplo de
que no era indispensable la esclavitud para el cultivo del
algodón”59.
Para nuestro autor, ceder a la recaudación de las
aduanas de Texas “no significaría para el erario público
sacrificio de ninguna clase”, pero tal y como él mismo nos
refiere socarronamente “Si Alamán prefería imitar a
Robespierre y exclamar ‘Sálvense los principios y piérdanse
las colonias y después México’ entonces debió haber
abolido la esclavitud en Tejas en su misma ley del 6 de abril
de 1830”. Pero desgraciadamente “ni se mostró estadista
mexicano, ni principista absoluto y resolvió el problema del
peor modo posible. Respetando en Tejas la esclavitud
existente y prohibiendo la importación de más esclavos
(Art. 10) Alamán resolvió la cuestión de la esclavitud en
Tejas exclamando y ordenando: ‘perezcan las colonias aun
cuando también perezcan los principios” lanzando como
aguijonazo la sentencia de un tal Robert Peel, sobre la
58
Bulnes f 82
En la Historia General de México, p 805 Josefina
Zoraida
59
Bulnes f 89
(*)
actitud de Alamán “El abismo de la política es el miedo,
pero todavía hay otra cosa peor, darlo a conocer”, pues para
él “a los colonos se les tenía simplemente miedo en vez de
hacerle concesiones lógicas compatibles con el decoro y la
conciencia nacionales, se les empujaba a la ruina con el
arancel absurdo y se les entregaba a las seducciones y a las
esperanzas de los esclavistas de los Estados Unidos”60.
En una ruda crítica al militarismo mexicano de ese
entonces, Bulnes llega a señalar “Nuestro ejército era
pretoriano, la nación estaba perdida sin remedio, pues no
tenía soldados para defenderla y sí para tiranizarla, como lo
afirmaba el Dr. Mora en sus revistas políticas”61.
Entonces, para que el poder salga del ejército “es
preciso que brote de la deslealtad del ejército y un ejército
cuya función es la deslealtad, no tiene disciplina”.62.
“El militarismo nunca ha dejado de ser un síntoma
grave en la patología. Estamos acostumbrados a que se nos
diga una gran verdad y es que no pudiendo la sociedad
mexicana gobernarse a sí misma, necesita de un gobierno
fuerte”63.
Una cuestión que merece la mayor atención para
Bulnes es la engaño oficial respecto a la supuesta
sublevación de los colonos texanos, y aunque no nos
descubre los fines últimos que se pretendían alcanzar con
tal política, para él, estaba probado que el gobierno
centralista “tuvo la audacia de engañar a los gobernadores y
jefes políticos de la República avisándoles por circular
confidencial; que los colonos de Texas se habían sublevado,
que como también he probado con declaración oficial
pública de ese mismo Gobierno que estaban en 31 de agosto
de 1835, fecha de la circular, en completa paz, habiendo
tenido lugar el principio de la sublevación el 11 de octubre
de 1835”.
Concluyendo con justa razón “El pérfido fue pues
el gobierno, no los colonos. Pero el asombro de la nación
mexicana en 1902 (**) será más grande al conocer todas las
escenas de la vergonzosa tragedia de Texas; cuando sepa
que en los momentos en que el gobierno inventaba que los
colonos se habían sublevado y disponía exterminarlos,
existían en Texas entre los colonos extranjeros de origen,
pues casi todos ellos eran mexicanos por naturalización, un
partido muy fuerte, leal, enteramente adicto a México”.64
Afirmación venturosa, que por lo menos hasta nuestros días
no ha merecido refutación alguna.
Resulta que es generalmente aceptado que los
colonos texanos eran quienes mayor interés tenían en
adherirse a la unión americana, Bulnes por lo menos pone
en duda ese mito. Para él se nota fácilmente que los colonos
propietarios, trabajadores, “amantes de la paz, eran adictos
a la soberanía de México y formaban mayoría; la que estaba
dividida en dos grupos, el que quería continuar unido a la
nación mexicana, siempre que no hubiera centralismo y el
que a pesar de él se manifestaba adicto a nuestra soberanía.
Con estos datos hay lo suficiente para condenar
resueltamente la política sanguinaria y torpe del gobierno
centralista”65
Para mayor abundamiento nos dice: “Todos los
colonos no formaban un partido político en virtud de
comunidad de intereses y aspiraciones. Los partidos
políticos en Texas eran tres: el anexionista, el
independiente, el mexicano...El partido independiente sentía
bien que anexarse a los Estados Unidos era unir su suerte a
la de los intereses sudistas con lo cual se manifestaba
torpeza, pues tales intereses tenían que rodar en más o
menos tiempo bajo la potencia del Norte, que aumentaba
más cada día en riqueza, población y hostilidad contra la
esclavitud”.66
“La fracción de los colonos adicta a México
formaba el partido de la paz, porque todos sus intereses se
le imponían como una necesidad de conservación y
bienestar, aun cuando el arancel prohibitivo era una causa
de destrucción de las colonias, tenía la ventaja de no poder
hacerlo efectivo el Gobierno mexicano”67
Bulnes atribuye a lo que él llama la perfidia
mexicana, a la existencia de los gobiernos militares en
nuestro país, a quien le dedica frases sonoras llenas de
contenido “Como el pretorianismo en su fondo es el saqueo
del presupuesto y de la ignominia de la justicia como
premio a los que derrocan a un Gobierno para elevar a un
caudillo postor; debe admitirse que el sistema pretoriano
determina la disolución de todo sistema administrativo y
sujeta a la nación al robo público, descarado, insolente,
impune e interminable”68.
“En México aparece como que el ejército sostiene
las instituciones, porque las instituciones no existen - y
asegura - el pueblo mexicano en su gran mayoría no es
político, tiene forma asiática y las clases superiores se
dividen en liberales y conservadores sobre la indiferencia
popular”.69
Cuando se trata de analizar la campaña militar
emprendida contra el ejército de Samuel Houston, Bulnes
nos descubre aspectos no reconocidos aún en la actualidad.
Refiriéndose concretamente a la batalla de Béjar, en donde
el general Cos se rindió a los “texanos” ante una supuesta
superioridad numérica, Bulnes dice “Ni el general Cos ni
los historiadores mexicanos mencionan el hecho de que
60
Bulnes pp 90-91
Bulnes f 83
62
Bulnes f 84
63
Bulnes f 93
(**)
Fecha probable de uno de los textos a que nos hemos
venido refiriendo.
64
Bulnes f 98, Josefina Zoraida dice que los mexicanos
apenas formaban una minoría de…
61
65
Bulnes f 99citando a Filisola obra citada Tomo II , p171)
Bulnes f 100
67
Bulnes f 101
68
Bulnes f 102
69
Bulnes f 104 citando a 1) Conclin. A new history of
Texas, p.147.
66
tanto el jefe tan mal defendió Béjar como todos sus
oficiales, una vez hechos prisioneros obtuvieron su libertad
comprometiéndose bajo palabra de honor a no volver a
tomar las armas contra la causa que sostenían los rebeldes.
La prueba de esta vergonzosa debilidad consta en los
archivos de Texas y Henry Stuart Foot en su obra “Texas
and the texana”, copia íntegra el acta de capitulación que a
la nación y a la historia mexicana se les ha presentado
mutilada por el fraude y el cinismo habitual con que tantas
veces se ha engañado”.70
“El primer artículo del acta de la capitulación de
Béjar dice textualmente: That Cos and his officers retire
with arms and private property into the interior of the
republic, under parole of honour, that they willnot in any
way oppose the restablishment of the federal constitution of
1824”71, lo que por lo menos era aceptar la intromisión
extranjera en los asuntos constitucionales de México.
En México a Través de los Siglos se lee que Cos
no tuvo más remedio que rendirse ante la superioridad
numérica, Bulnes los refuta diciendo “¿Desde cuándo 800,
número de los sitiadores, es superioridad numérica sobre
1,105, número de prisioneros hechos por la capitulación de
Béjar?…La superioridad de número, de calidad y aún de
mando la tuvo Cos y evitó con indignidad manifiesta
cumplir con su deber”.
“Con esta nueva prueba de la corrupción propia del
ejército pretoriano que oprimía a nuestro país y lo entregaba
al mismo tiempo a las ambiciones extranjeras termina la
verdadera historia de la primera parte de la campaña de
Texas...El éxito tenía desgraciadamente que justificar ese
desprecio, pues 1,200 colonos entre los cuales se contaban
entonces trescientos voluntarios, indisciplinados, mal
mandados, sin artillería, casi sin municiones e
incompletamente armados”.72
Pero la batalla que le merece las críticas más acres
a Bulnes, es sin duda la batalla de San Jacinto, sitio en
donde Antonio López de Santa Anna prueba toda su
impericia militar, y para probarlo nuestro autor recurre a
considerar las condiciones que presentaba el terreno
escogido por los “colonos”, con el objeto de diseñar
adecuadamente la táctica a seguir, esto quiere decir que era
casi imposible “obligar a un enemigo colocado a la
defensiva a presentar batalla o a sorprenderlo fuera de un
bosque. Un bosque que como terreno de combate es el
nulificador por excelencia de los resultados decisivos y aún
de los resultados apreciables” pues evidentemente un
bosque como terreno de combate paraliza o suprime la
acción eficaz de dos armas “la artillería y la caballería”.73
Por lo tanto, la estrategia a seguir debió haber
consistido primeramente en ahogar las posibilidades de
defensa de los insurrectos, una medida urgente entonces
debió haber sido adueñarse del mar que bañaba Texas,
fuente de suministro de elementos para la defensa “Lo
primero que debió hacer el general Santa Anna era hacerse
dueño del mar para impedir que a los colonos les llegasen
de Nueva Orleans por mar , hombres, víveres, pertrechos de
guerra y dinero”.74
“Es más que penoso, insufrible, ver que siendo la
posesión del mar el elemento decisivo para el éxito de la
campaña de Tejas, los rebeldes se hacen dueños de él por la
suma de cuarenta y tantos mil pesos empleados en
goletas”.75
“El gobierno mexicano poseía además dos enormes
recursos para dominar a los colonos caso de que se
insurreccionaran. El primero de todos era impedir, teniendo
los puertos, la exportación de algodón. El segundo medio
era no de liberar simplemente a los esclavos, sino de
ofrecerles en propiedad las tierras y bienes de sus dueños
rebeldes y darles tierras a los libertos de colonos fieles a la
causa mexicana”.76
Bulnes, comenta lo que ocurrió en los años de
1837-1838 en forma de luchas en favor de la federación y
en contra del centralismo, amagos en las costas del Golfo
por parte de buques texanos ó americanos que fingen
proceder de Texas, y otros más serios de alguna escuadra
francesa, quienes mantenían al país en guerra y alarma
continua. “Además de Texas, California y Nuevo México
pretendían separarse del país y luchaban por ello”.77
El día 16 de ese mismo mes de octubre (de 1841),
el general Armijo, triunfaba sobre texanos que habían
invadido el distante territorio de Nuevo México, haciendo
prisionero a su jefe el General Leod. Esas medidas del 18
de octubre, dejaban ver que el plan del Gobierno de Santa
Anna era bien sencillo: ‘El ejército para él y la Nación para
el ejército’. Todo lo demás quedó reputado como de
segundo orden”.78
“En el mes de marzo, el presidente de los Estados
Unidos, Tyler, negocia con el llamado Gobierno de Texas,
la anexión del territorio a la República del Norte de
América; y el 22 de abril se dio cuenta al Senado de aquel
país, de la conformidad de los texanos en la anexión. Santa
Anna dictó providencias en junio, con el propósito, según
expuso, de reconquistar la perdida comarca texana; pidió
70
Bulnes citando a 1) Filisola Guerra de Texas, Tomo ll p.
308.
71
Bulnes f 106 citando a (1) Doran Maillard History of the
Republic of Texas p.95. “Cos y sus oficilaes se retiran con
armas y propiedades personales hacia el interior de la
República bajo palabra de honor de que no se opondrían al
restablecimiento de la Constitución Federal de 1924”
72
Bulnes f 109
73
Bulnes f 111
Bulnes f 113 citando a Juan N. Almonte “Noticia
Estadística sobre Tejas 1836”.
75
Bulnes f 114
76
Bulnes f 115
77
Bulnes AGN Bulnes C1, exp 31, f 27.
78
Bulnes AGN C1, exp 31 f 28
74
fondos al Congreso y a los Departamentos un contingente
de sangre de 30,000 hombres”.79
Desde luego que la situación interna ocupa gran
parte de la responsabilidad histórica ante la intervención,
pues sin ella se puede asegurar que hubiera sido imposible
cualquier acción intentada. Bulnes no es remiso a esta
situación, comentando que por ejemplo “Salas (Mariano)
corrió con un botafuego en la mano, y llegaba ya a los
almacenes relacionados, cuando lo redujeron con violencia
a prisión, quitándolo por fuerza de las manos la encendida
mecha” lamentándose “¡Lástima que esa clase de energías
se gastaran en revueltas y motines interiores!”
La cuestión de Estados Unidos proseguía, y el
general americano Taylor, con tropas de caballería por
tierra y de infantería por mar, había avanzado a territorio de
Texas, y buques de la armada de Estados Unidos se
presentaban frente a Veracruz. No concluía el mes de
septiembre, cuando el Gobierno Norteamericano anunciaba
a su enviado Slidelll, habiéndosele contestado que no se le
recibiría con el carácter de plenipotenciario, si no se
retiraban las fuerzas navales que estaban en nuestras aguas.
El general Paredes, que había efectuado diversos
pronunciamientos “sin obtener por ellos tanta elevación
como la que desenfrenadamente ambicionaba” tenía el
mando del ejército de reserva en San Luis Potosí; y
pretextando falta de recursos para enviar las tropas que
debían reforzar al General Arista que abría ya la campaña
contra los texanos, había reunido un gran núcleo de fuerza
bajo sus órdenes “Ese Paredes - nos dice Bulnes - que había
ya formado escuela para hacer revoluciones, con la debida
anticipación había invitado al General Arista para establecer
dizque reformas saludables en la República...(Arista) le
contestó que no se ocupara de reformas en aquellos
momentos supremos en que el enemigo estaba para invadir
el suelo mexicano, y que le mandara la División de refuerzo
que se le había ordenado le enviase, porque de otro modo
sería estéril el sacrificio de la que se encontraba bajo su
mando: voces de patriotismo y de honor que no podía
entender el revolucionario de oficio”
Mientras el General Taylor, con sus fuerzas,
acampaba a tres leguas de Matamoros el día 24 de marzo de
1846, y nuevos buques de guerra aumentaban la escuadra
que se mantenía frente a Veracruz. El General Arista pasa el
Río Bravo, y mandó que Ampudia atacara el fuerte de
Brown, mientras que él, con el grueso de su División, se
corrió a la derecha hacia Palo Alto, en donde Taylor lo
derrota el 8 de mayo, volviendo a batirlo al día siguiente en
la Resaca de Guerrero.
Tras estos dos descalabros, se acuerda abandonar y
se abandona la plaza de Matamoros, cuya guarnición,
destrozada por las derrotas y por las fatigas, llega a Linares
el 28 de Mayo. Y Bulnes no puede menos que comentar
“De 5,200 hombres que tenía, le restaban 2,600...Con las
numerosas tropas con que Paredes hizo su revolución para
elevarse, hubieran cambiádose los destinos de la guerra;
otra hubiera sido la marcha que se le hubiera dado, si
semejantes fuerzas se hubiesen situado como estaba
prevenido, la mitad de su efectivo a las márgenes del Bravo
y el resto a retaguardia”.80
El 14 de septiembre (de 1846) tuvo efecto el arribo
de Santa Anna (nuestro autor no le da mayor importancia al
hecho de que Santa Anna regresa de Cuba por el Puerto de
Veracruz, ocupado entonces por los norteamericanos,
quienes le franquean el paso a México), manifestándole a
Salas su deseo de correr a la frontera a ponerse al frente de
las tropas “que iban a combatir por la Patria”81
El 28 del mismo mes, Santa Anna sale con una
fuerte División de México a San Luis Potosí, en donde
reunió 10,000 hombres. La ventaja obtenida por la
capitulación de Monterrey conforme a la cual el enemigo no
podría moverse por seis semanas, no se aprovechó; y como
se ordenase por Santa Anna que las tropas procedentes de
Monterrey, se retirasen hasta San Luis, y que se le
incorporase en la propia plaza la guarnición de Tampico,
fuerte de 4,0000 soldados y 25 cañones, quedaron libres a
los americanos los Estados de Coahuila, Nuevo León y
Tamaulipas.
Conforme a la Constitución de 1824, el presidente
Salas llamó a los representantes del pueblo, y en el
Congreso elegido estaban hombres de los partidos que
mantenían al país en lucha: “los conservadores, defendiendo
los fueros y privilegios; los liberales deseando reformas, y
los moderados neutralizando a unos y otros”. El 23 de
diciembre, hecha la computación de los votos respectivos,
se declaró Presidente Constitucional al general Santa Anna,
y Vice Presidente a Don Valentín Gómez Farías, quien
entró a desempeñar el Gobierno por ausencia del primero.
Inmediatamente Gómez Farías llevó “una grave
cuestión a la Asamblea Legislativa para su resolución”,
nada menos que la enajenación o hipoteca de los bienes de
las comunidades religiosas, que representaba una inmensa
riqueza, estancada, por no poder entrar a la masa de los
bienes enajenables. Urgía en gran manera la consecución de
recursos, y los liberales encontraron como mejor y más
obvio, disponer de dichos bienes; pero nunca lo hicieron:
las protestas sediciosas de los cabildos eclesiásticos,
primero, y la guerra civil al último, encendida en la misma
capital, “fueron la consecuencia de la ley”.82
LA ANGOSTURA
Santa Anna, al concluir el mes de enero de 1847,
salió de San Luis Potosí hacia el Norte, con 10,500 infantes,
4,000 caballos y 17 piezas de artillería. El día 21 de febrero,
tras de marchas penosísimas, por no haber pueblos
abastecidos para surtir las necesidades de las tropas desde
80
Bulnes f 30
Bulnes f 32
82
Bulnes f 33
81
79
Bulnes f 29
que se avanzó de Matehuala, el ejército rindió jornada a la
falda del Puerto del Carnero, a donde los últimos batallones
llegaron después de media noche, habiéndose movido las
tropas a las 6 de la mañana del 22, como para entrar en
acción sobre el enemigo, a quien se suponía en Agua
Nueva.
Se le previno a Miñón que con 1,200 caballos
avanzara por un flanco a cortar la comunicación del camino
del Saltillo, adelante de la citada Hacienda de Agua Nueva,
y el grueso de la fuerza emprendió la marcha, encontrando a
Taylor posesionado en el Puerto de la Angostura, lugar
ventajoso, difícil de ser flanqueado, y con retirada hacia el
Saltillo.
El general Santa Anna, frente al general americano,
se empeñó en forzar el paso, lanzando sus columnas al lugar
más fuertemente sostenido por las tropas contrarias; se
preparó, sin embargo, mandando ocupar en la tarde, un
cerro de la derecha de su frente, donde se hizo que dos
regimientos enemigos retrocedieran. Por la noche, ya
tomada aquella posición, el grueso de la fuerza acampó
sobre el camino que traía, y a las 6 de la mañana del 23
prosiguió la lucha.
Se mandó avanzar una fuerza por la izquierda;
pero vista la aspereza del terreno por el cual caminaba, se
dispuso que no se lanzara el asalto. Los batallones que
ocupaban el cerro al que hemos hecho mención, habían
dirigido sus fuegos desde la altura sobre la posición
enemiga; y como se advirtiera que hacían gran estrago, los
americanos intentaron desalojarlos, con cuyo motivo tuvo
efecto un reñido combate, en que las tropas mexicanas,
auxiliadas por las del centro y con una columna de
caballería, no sólo hicieron retroceder a las contrarias, sino
que llegaron a su retaguardia hasta la Hacienda de Buena
Vista, donde estaba la ambulancia enemiga, que atacó
parcialmente una pequeña fuerza de infantería, y después la
caballería.
Hizo esfuerzos el enemigo por cortar esas tropas,
que rebasaron su posición por el flanco; pero por el frente
avanza una gruesa columna mandada por el General Santa
Anna, y éste, repartiendo la atención de los defensores de la
Angostura, malogró su intento. No fue posible que la
columna forzara el paso del camino, y se desbordó hacia la
derecha, obligando a los americanos a hacer una
concentración, dejando todo ese flanco en poder de las
tropas nuestras.
En los episodios de esos combates del flanco
derecho, dos veces cargó victoriosamente nuestra infantería
a la bayoneta. Antes, nuestros soldados habían apoderádose
de un cañón, y después quitaron dos más, y tres banderas.
Tras la lluvia torrencial, las sombras de la noche,
avecinándose, vinieron a dar fin a la acción, que había
costado por parte del ejército mexicano, algunos 500
muertos y doble número de heridos, no pudiendo calcularse
el de dispersos de las tropas de reclutas tomados de leva a
última hora en San Luis. En cuanto a los americanos, a
quienes desde el día anterior a la acción se les habían
capturado por la caballería de vanguardia algunos oficiales
y un escuadrón, dice el general Taylor, que sufrieron la
pérdida de 227 muertos y 456 heridos. Sus mejores
coroneles, Hardin y Mc Kee, quedaron entre los primeros.
En la lucha del 23, el ejército mexicano había
vencido en toda la derecha, y el enemigo estuvo limitado a
la defensiva. Esto no obstante, el general Santa Anna, la
noche de ese día, mandó que se efectuara la retirada a la
hacienda de Agua Nueva. El cuerpo del Ejército recibió con
descontento aquella orden.
Se había ya experimentado, en la tarde del 23, que
las tropas mexicanas, sin necesidad de pasar por la
Angostura, por el flanco derecho podían tomar el camino
del Saltillo, cerca del cual había mantenídose el coronel
Miñón, con sus 1,200 soldados de caballería, teniendo en
alarma a la ciudad.
Es el caso que después de tres días de hallarse en la
citada hacienda de Agua Nueva, sin haber sido el ejército
mexicano hostilizado por la División de Taylor, que no
había quedado en condiciones de mostrarse frente a frente a
nuestras tropas, se toma definitivamente el camino de San
Luis Potosí. “Allí se supo que el general Urrea, con una
brigada de caballería que se desprendió de la División
mexicana que se hallaba en Tula, se había acercado a
Monterrey, y capturado un gran convoy del enemigo,
quitándole cien carros de transporte, y ocasionándole la
pérdida de 200 hombres entre muertos y heridos83, Santa
Anna convirtió entonces una victoria ganada a pulso por el
arrojo de los mexicanos, en una vergonzosa huida,
inexplicable aún desde el punto de vista militar.
MONTERREY
La batalla de Monterrey le merece a Bulnes un
trato singular, pues éste comienza refiriéndose a la obra que
preparó el General Ampudia para la defensa de la ciudad,
frente al Cerro del Obispado, considerada por la defensa
como el punto débil. Bulnes nos comenta “Hay dos clases
de obras cerradas de fortificación: los fortines y los
reductos, estos se dividen en reductos simples y
bastionados, Los fortines son obras de fortificación
poligonales que tienen ángulos entrantes y salientes
alternados...en los reductos sus ángulos todos son
salientes”.84
La obra de la Tenería “impropiamente llamada
Fortín”, porque era más bien una “luneta”, debió haber sido
un reducto cuadrado de veinticinco metros por lado, “puesto
que debía ser defendido por ciento ochenta hombres y tres
piezas de artillería”, y ya que para él “la plaza fuerte más
formidable del mundo es Gibraltar” que “comparada con
Monterrey resulta completamente despreciables”.
Por otra parte, Bulnes insiste en que “el valor de
una fortificación debe estimarse por la relación que haya
83
84
Bulnes f 34-35
Bulnes f 28 (87)
entre la resistencia de dicha fortificación y la potencia que
era posible desarrollar” y “No teniendo el General Taylor
artillería de sitio sobre todo para bombardear, el polígono
defendido tenía que ser más pequeño, bastaba defender un
perímetro de cinco mil metros sin bastiones ni cortinas
(cornidas ¿?) puesto que la primera línea de trincheras
colocadas en las bocacalles que cortaban al perímetro de la
ciudad estaban interrumpidos por edificios”.85
Para nuestro autor, el hecho de que el General
Taylor no llevara material de guerra ni fuerzas suficientes
para establecer un sitio, era suficiente para no triplicar el
número de defensores que exigía la defensa de la plaza,
“sino que bastaba aumentarlos al cincuenta por ciento, si la
calidad de las tropas era igual a la del enemigo y el doble si
era un poco inferior...debiose ante todo abandonar las obras
de fortificación en el Cerro del Obispado y la del “Fortín de
la Federación” y construir en su lugar dos reductos
avanzados al frente de la línea de fortificación de la ciudad,
al Oeste, y un reducto entre la Ciudadela y el reducto
avanzado en el ángulo N. O. de la ciudad”86, considerados
efectivamente como los verdaderos puntos débiles.
“Sin embargo de los errores cometidos en la
fortificación de Monterrey, la plaza era inexpugnable en
relación con las fuerzas de Taylor...el desastre fue debido
únicamente al error de haber creído que el Cerro del
Obispado era un punto indispensable para la defensa de la
plaza...Los autores de los “Apuntes para la historia de la
guerra” dicen con certeza “por nuestra parte, sin plan de
operaciones verdaderamente indecisos todos, vacilantes en
los proyectos que se sospechaban”.87
Apoyándose en la versión del Subteniente D.
Manuel Balbotín, Bulnes anota “Al amanecer, estaban casi
concluidos, aunque se había tenido que completar con sacos
de tierra...pero el foso sin terminar, no tenía la altura ni la
profundidad necesaria”.88
Pero los comentarios de Bulnes acerca de la táctica
empleada por el general norteamericano Zacarías Taylor en
Monterrey, no son menos sarcásticos, y la compara con el
error imperdonable cometido por los franceses durante la
primera batalla de Puebla en 1862, en éstos pretendieron
tomar por asalto los fuertes de Guadalupe y Loreto,
recorriendo una gran distancia, a pecho abierto, pero que
además ubicados en la cima de un cerro, “la falta del
general Taylor de atacar el fuerte del Obispado para hacerse
de la plaza de Monterrey, es mucho más grave si se atiende
a las consideraciones siguientes:
Distancia del fuerte de Guadalupe a la plaza de armas de la
ciudad de Puebla 2,290 mts
Distancia del Fuerte de Loreto a la misma plaza
2,150 mts
Distancia del fuerte del Obispado a la plaza de la ciudad de
Monterrey
2,900 mts.89
Por lo tanto “...el general Ampudia debió haber
creído fundadamente que el Plan del General Taylor
consistía en atacarlo simultáneamente teniendo lugar la
diversión sobre el cerro del Obispado y el ataque formal
sobre el punto más débil que era el lado Este de la Plaza
que tenía por obra avanzada la Tenería”.90
Estos errores de la oficialidad, tanto de un lado
como del otro, dieron por resultado una batalla épica, pero
por el valor demostrado por los combatientes “Así, pues, la
demostración intentada el 21 al oriente de la Plaza para
favorecer las operaciones de Worth, se había convertido en
verdadera batalla, la más reñida que hubo en todo el ataque
y defensa de Monterrey y sin dar al enemigo otra ventaja
que la adquisición de la Tenería, le costó un primer
descalabro ante ese mismo fuerte, al fracaso de Butler,
contra el reducto del Diablo, y el retroceso de la columna de
Garland ante el puente de La Purísima; teniendo en estas
funciones el invasor una baja de 394 muertos y heridos,
inclusive un general (Butler y 16 oficiales)...No cabe duda
que el ataque de los norteamericanos fue muy impetuoso y
valiente y lo prueba el número de sus bajas, pero también la
defensa fue muy brillante”91, concluye, pero no deja de
atenderse el hecho de que no fue fruto de la habilidad
militar.
SITIO DE VERACRUZ
Con relación a esta importante batalla, perdida
vergonzosamente según palabras de Santa Anna, Bulnes
primeramente comienza por descalificar a quien tan
oprobiosamente había conducido la guerra de Texas, para,
posteriormente, realizar un análisis novedoso (apoyado
tanto en fuentes bibliográficas como en los mismos partes
de novedades rendidos por ambos ejércitos), en donde más
que la heroicidad de los combatientes, narra la impericia
militar de la oficialidad mexicana, así como la torpeza de la
población civil, cruelmente llamada heroica por los autores
de los Apuntes…, entre otros.
Permitamos que sea el mismo Francisco Bulnes,
quien detalle los acontecimientos en el orden señalado: “En
la proclama que el general Santa Anna dirigió a su ejército
al conducirlo a la batalla de Cerro Gordo, dijo a sus
soldados que iban a lavar ‘la deshonra de Veracruz’...la
prensa...la opinión nacional...la historia tal como se ha
escrito hasta la fecha (probablemente 1902) declararon
formalmente que la defensa de Veracruz ante la agresión del
Ejército Norteamericano había sido heroica...Como se ve,
un militar que conocía bien la ordenanza, como el General
Santa Anna....que había defendido durante diez años, de
1836 a 1846, el territorio de Texas, cuya defensa consistía
85
Bulnes fs 29 30
Bulnes f 31
87
Bulnes f 34, citando la p 56 de los Apuntes
88
Bulnes f 36
86
89
Bulnes f 54 (107)
Bulnes f 57 (111)
91
Bulnes f 65 (117)
90
en dejar ocupar el territorio sin defenderlo...y para realizar
tan fulminante programa se enviaba a la frontera del Norte
un ejército minúsculo y se le abandonaba resueltamente a
todas las crueldades de la miseria...los soldados recibían
apenas...un rancho escaso y de mala calidad y en cuanto a
vestidos, los muy necesarios para mantenerse
harapientos...De vez en cuando tenía lugar una escaramuza
o tiroteo con los rebeldes tejanos, con los contrabandistas,
que eran lo mismo, y se felicitaba por ella el Presidente...a
esta inmolación lenta y bárbara de la dignidad nacional...se
le llamaba pomposamente, defensa de la integridad
nacional...Para este Plan de defensa...correspondía bien el
plan del gobierno norteamericano de ocupar los territorios
que deseaba conquistar con un pequeño ejército bien
disciplinado, bien equipado y bien armado...hasta que la
formidable presión de penuria ejercitada por el bloqueo de
nuestros puertos, obligase al Gobierno Mexicano a pedir
una paz humillante con sacrificio de todos los territorios
pretendidos por el Gobierno norteamericano”.92
“No se cómo el historiador Roa Bárcena (*) - señala
Bulnes - asegura que el Ejecutivo de los Estados Unidos
obró con actividad verdaderamente admirable en la
campaña contra México” , pues había que tomar en cuenta
que si el 3 de marzo de 1845 fue decretada por ambas
cámaras la admisión de Texas en los Estados Unidos, el
General Taylor se presentó frente a Matamoros hasta el 28
de marzo de 1846; el Ejecutivo de los Estados Unidos tuvo
pues, autorización y tiempo - mas de un año - para
concentrar frente a nuestra frontera todo el ejército
norteamericano permanente de los Estados Unidos que
constaba de veinticinco mil hombres”93, y no lo hizo.
Es decir, que si Taylor “hubiera tenido quince mil
hombres el 13 de marzo de 1846, día en que el Congreso de
los Estados Unidos declaró la guerra a México...no hubiera
tenido lugar el combate de Palo-Alto, ni la batalla de la
Resaca...pudo haber aparecido en San Luis Potosí al frente
de diez mil hombres a más tardar el 1º de julio de 1846.
Entre tanto el Gobierno Norteamericano pudo haber
enviado diez mil hombres a Veracruz, que no obstante su
defensa, debían de tomarlo en tres o cuatro días...No se
comprende pues, como habiendo dispuesto de más de un
año el Gobierno americano para concentrar tropas en la
frontera de México, no lo hizo y se expuso a que el
Gobierno Mexicano hubiera, obrando con habilidad,
derrotando a los tres mil hombres de Taylor”. 94
“Seis u ocho mil hombres en Matamoros dotados
de suficiente artillería bien mandada hubieran derrotado al
general Taylor y se hubieran apoderado de todos sus
elementos de guerra, almacenados en el Frontón de Santa
Isabel” por lo que no fue la pericia del Gobierno americano
la que salvó al General Taylor de un desastre, “que sin
necesidades y de una manera torpe se le expuso, sino la
absoluta impericia del General Paredes y Arrillaga que
mereció como ninguno ser derrocado del poder...No
comprendo como juzga admirable la actividad militar
norteamericana el historiador Roa Bárcena cuando el 18 de
mayo de 1846 el general Taylor ocupó la ciudad de
Matamoros y pudo aparecer frente a Monterrey hasta el 17
de septiembre del mismo año, no al frente de un colosal
ejército, sino de seis mil hombres”.95
En relación a la batalla de Veracruz Bulnes
comenta, “El historiador Roa Bárcena (*) nos dice: ‘Como la
dotación de los cañones se consumió por completo el
primer día de fuego’. Lo que ocurre es que el jefe de la
plaza ignoraba completamente que hasta el año de 1877 se
calculaba para seis meses de defensa de una plaza 800 tiros
por pieza de artillería, 500 por mortero y mil tiros por
combatiente obligando a pensar que el jefe de la plaza de
Veracruz, para defenderla seis meses hubiera necesitado de
dieciocho mil tiros de cañón por pieza”.96
Ahora bien, en un alarde simplificador, pero pleno
de sarcasmo, nuestro autor revela acertadamente “Instaladas
las baterías del sitiador debidamente protegidas, la
obligación del sitiado se reduce a disparar sobre ellas,
siempre que les haga daño, más cuando no les hace daño o
cuando recibe mucho daño y causa poco, es deber del
sitiado suspender sus fuegos, retirar sus piezas de las
(tronelas ¿?) estableciendo el eje de sus cañones paralela a
la cara interior del parapeto y defendidas con él, abrigar a
sus artilleros y dejar que el enemigo dispare hasta que se
canse, y si no se cansa, tampoco disparar a menos que no
observe columnas de asalto o los tiradores que las preceden
en vías de atacar...El jefe de la plaza de Veracruz no siguió
esta regla militar y humanitaria, pues una vez establecidas
las baterías del enemigo mantuvo con él un duelo a muerte,
de artillería horriblemente desigual y admirablemente
inútil...Los artilleros de la Plaza de Veracruz se portaron
como hombres heroicos, pero como artilleros fueron
bastante ineptos desde el momento que tuvieron que
emplear 565 proyectiles para poner fuera de combate a cada
americano - en donde, a pesar de que el ejército mexicano
utilizó más proyectiles que los norteamericanos, únicamente
le ocasionó 7 bajas , por 600 de los nuestros más 400 de
civiles - La fuerte mortandad que hubo de artilleros en la
defensa de Veracruz fue principalmente debida a la notable
ineptitud del jefe de la plaza”.97
Y con relación a la táctica empleada por el General
norteamericano encargado de las operaciones, calificada
como ejemplo de barbarie por los autores de los Apuntes…
y por el mismo Roa Bárcena, Bulnes, haciendo gala de
conocimientos poco comunes sobre cuestiones militares,
95
92
Bulnes Vol 1, exp. 29 fs 1-4
(*)
Se refiere a su libro
p 26
93
Bulnes fs 4-5
94
Bulnes f 6
Bulnes f 7
p 163
96
Bulnes f 14 (35) (véase Attaque et defense de Places
Fortes par A Raftheau pag 178)
97
Bulnes fs 15-17 (36-39)
(*)
nos ilustra acerca de la conducta del General Scott, quien se
concretó a realizar un acto humanitario, no para los
mexicanos sino para sus hombres, veamos: “El enemigo
aplicó el método de la intimidación...que consiste en
determinar (provocar ¿?) un tremendo pánico en la
población...un jefe de plaza debe aconsejar a la población,
si es que está resuelto a una defensa verdaderamente
enérgica, que los que no se hallen en situación de tomar las
armas, deben abandonar las ciudades antes de que el
enemigo se encuentre en estado de impedirlo...debe poner
en conocimiento de la población que en ningún caso
permitirá que salgan parlamentarios particulares...para pedir
al jefe sitiador que no ponga obstáculo a que abandonen la
ciudad las mujeres, los niños y los ancianos...el jefe sitiador
faltaría a deberes militares y humanitarios si dejara salir a la
población inerme, cuyo pánico es un auxiliar de primera
fuerza, para determinar la capitulación y ahorrar la sangre
de sus soldados...desde el momento en que el jefe sitiador
recibe a la comisión aterrada...adquiere la profunda
convicción de que sus fuegos han obtenido un resultado
espléndido, de que no necesitará dar ni siquiera un asalto y
de que solamente le bastará continuar el bombardeo para
tomar la plaza...Pero el general Morales nada sabía en
cuanto a asuntos militares y permitió el día 24 de marzo a
los cónsules inglés, francés, español y prusiano enviasen al
General Scott una comunicación que fue recibida por éste la
noche del 24, pidiéndole una tregua. Era como decirle al
General Scott ‘el método de intimidación prescrito por
Napoleón I para nuestro caso está surtiendo resultados
admirables’...El General Scott no accedió a la solicitud de
los cónsules, lo que fue tomado por un acto incalificable de
barbarie...nadie sabía, ni los militares, que la crueldad
contra las poblaciones por medio del bombardeo es un
método legítimo de guerra y humanitario, no para los
sitiados, sino para los sitiadores que aplicándolo ahorran
asaltos que son generalmente muy sangrientos para ambos
contendientes”
Bulnes apoya su afirmación en un episodio en
donde el Príncipe Federico Carlos, comandante del Ejército
de Operaciones frente a Metz, comunica a los generales sus
subordinados “se recuerda a los cuerpos avanzados la
obligación de rechazar por la fuerza a los habitantes que
intenten escaparse ‘Gran cuartel general Cornu, 16 de
octubre de 1870”.98
Francisco Bulnes concluye; “Era tan raro el criterio
que había en México en el tiempo de la invasión americana
respecto a todas las cosas serias de este mundo, que los
autores de los Apuntes para la historia de la guerra, entre
los cuales se cuentan personas de la talla de D. Ignacio
Ramírez, D. José María Iglesias y D. Guillermo Prieto, que
estos señores en vez de conocer lo legítimo del
procedimiento del general Scott...nos dicen ‘Bárbaro medio
de contrariar la heroica resolución de los defensores de
Veracruz’...el desastre de la defensa de Veracruz es una
98
Bulnes fs 17-21 (38-42)
consecuencia de gran ineptitud y no de cobardía de parte de
sus jefes”.99
Así mismo, los argumentos en el sentido de que el
gobierno norteamericano puso todo su esfuerzo en la guerra
contra México, caen por su propio peso, pues según esto
“Se ve por lo anterior, que el gobierno de los Estados
Unidos en vez de proceder como debía, con rapidez
mandando en una sola expedición todo el ejército de
operaciones y su material de guerra, decidió mandarlo en
fracciones y muy lentamente, no obstante que poseían una
suficiente marina mercante para el transporte de la
expedición en un solo viaje. En la guerra la rapidez de los
movimientos vale tanto como el valor de los soldados y la
potencia de las armas”.100
Y en otra acotación deslumbrante, Bulnes llega a
afirmar que la demora norteamericana para asaltar el
Puerto, no se debió a la resistencia de los soldados
mexicanos, sino a las dificultades climáticas propias de la
época del año en que se desarrolló dicha batalla, pues
Bulnes descubre en el parte oficial de Scott, el día 23 de
marzo que la orden consistía en enviar a la plaza “un
proyectil cada cinco minutos desde las doce del día, porque
el norte impedía el desembarco de las municiones”101, así es
que no fueron las defensas de Veracruz las que retardaron el
desembarco y establecimiento de las baterías de los
norteamericanos, “sino el gobierno de los Estados Unidos y
los nortes”.102
El resultado no puede ser menos ignominioso para
el país, pues “el daño en sangre causado al enemigo por la
defensa de Veracruz fue siete muertos y ocho heridos y para
tan mezquino resultado la plaza tuvo que disparar 8,486
proyectiles de cañón de todos los calibres...veamos lo que a
México le costó la defensa de Veracruz: cuatrocientas bajas
en la población de la ciudad, o sea el 5% de su efectivo,
seiscientas bajas en la guarnición o sea el 12% de su
efectivo. La pérdida de 4 mil y pico de combatientes hechos
prisioneros, La pérdida de cinco mil fusiles...279 piezas de
artillería de las cuales 55 estaban desmontadas...24,900
tiros de cañón...200 tiros de fusil...cuatro millones de pesos
en que se estiman los daños a la propiedad privada y al
comercio”.103
CERRO GORDO
“Santa Anna, - nos dice nuestro autor - a quien las
circunstancias tantas veces favorecieron, estaba en
condiciones de hacer el papel de salvador, llegó a México el
21 de marzo, y a su orden cesaron las hostilidades en el
interior de la ciudad...Santa Anna marchó al encuentro de
99
Bulnes fs 21-25 (42-44) citando a los Apuntes para la
Guerra, p 161
100
Bulnes f 40 (34)
101
Bulnes f 41 (35)
102
Bulnes f 42 (36)
103
Bulnes f 44 (38)
los americanos, que a la vez que por Veracruz y Saltillo,
expedicionaban ya por Chihuahua, Nuevo México y la Alta
California. En Veracruz habían desembarcado 13,000
hombres, y con 4,000 se defendió valientemente la plaza
por espacio de 19 días. El 28 de marzo quedó ajustada la
capitulación, y no hubo más fuego sobre la ciudad; el 29,
recibiendo el pabellón nacional los honores de nuestras
tropas y las salvas de nuestra artillería, fue arriado en los
fuertes de Veracruz y en San Juan de Ulúa. Tras la toma de
Veracruz se efectuó la de Tuxpan, y hubo algunos parciales
combates de fuerzas mexicanas contra columnas volantes
del invasor. A la sazón Santa Anna reunió sus tropas en
Jalapa, y tomaba posiciones en Cerro Gordo, con objeto de
detener al triunfante ejército americano, que avanzaba hacia
el interior. Contaba el jefe mexicano con 9,000 hombres y
48 cañones al efecto; las fuerzas enemigas que estaban por
avistarse con las suyas, tenían un efectivo semejante”.104
“El once de abril comenzó la lucha, y los combates
se sucedían sin interrupción, hasta el 18 en que las fuerzas
mexicanas quedaron derrotadas...Ya se supondrá el efecto
aterrador que en México causaría derrota tan completa.
Santa Anna explicó el desastre, con la mala organización
del ejército, sin tener en cuenta que a la Angostura llevó
mayor número de reclutas que a Cerro Gordo; y aunque él,
como general, allí no triunfó, aquellos reclutas sí triunfaron
de sus contrarios. Nada ofrecía ya seguridades de luchar de
un modo apropiado con el enemigo. El Gobierno y el
Congreso contemplaron en toda su desnudez la ineptitud de
aquel General de arranques momentáneos, con los cuales
fascinó siempre a la gente impresionable; y en medio de la
falta de fe y esperanza de todos, nadie, no obstante, se
atrevía a hablar de negociaciones de paz.
CIUDAD DE MEXICO
El general Valencia, con 4,000 soldados y 22
cañones, y el general Alvarez, que del Sur había concurrido
a la defensa de la Capital, con 3,000 a caballo, quedaron a
los alrededores de México, para obrar en combinación con
la guarnición, fuerte en 12,500 hombres.
El enemigo se presentaba unido, con 12,000
hombres y 30 piezas de artillería, se situaba el 11 de agosto
a la extremidad del Lago de Chalco; evitó las fortificaciones
avanzadas, y emprendió un largo rodeo, sosteniendo
algunas escaramuzas con guerrillas de nuestra caballería,
ocurriendo algo que llama la atención de Don Francisco
Bulnes “el 17 se hallaba en Tlalpam (sic) Había ejecutado
una peligrosa marcha de flanco, sin ser batido”. Lo que
equivale a decir, que a pesar de lo riesgoso de la maniobra
(se esperaba que los norteamericanos arribaran por el
rumbo del oriente), no se presentó ninguno a hostilizarlos.
De tal forma que, con aquel cambio de posición
que efectuó Scott, México quedó amagado por su parte más
débil. El general Valencia, con su División, desatendió las
órdenes de la plaza, y el 19 se situó en Padierna, con el
supuesto objeto de batir, aislado, al americano, quien no se
hizo esperar. El combate duró toda la tarde de ese día, al
final del cual, “Santa Anna, con 5,000 hombres apareció a
distancia, sin entrar en acción”. Se reanudó la lucha al día
siguiente, ya con más tropas los americanos, “sin que
volviera a saberse del citado Santa Anna...como se
aglomeraron sobre Valencia fuerzas inmensamente
superiores, quedó derrotado por completo”, y apenas pudo
escapar con dos escuadrones que “lanzados en ristre”,
tuvieron que abrirse paso entre el enemigo. Para Bulnes,
tanto la inacción de Santa Anna, como las rebeldías del
general Valencia fueron la causa del desastre de Padierna;
“pero las rebeldías de ese jefe al provocar una lucha en
extremo desigual, no disculpan a Santa Anna que pudo
protegerlo con toda oportunidad, cuando el enemigo no
había unido sus fuerzas todavía”.
La crítica de Bulnes en relación a la batalla de
Churubusco, igualmente se dirige a los altos mandos del
ejército mexicano, pues “El puente y el Convento de
Churubusco quedan flanqueados...el enemigo sin pérdida de
tiempo se lanzó sobre la Hacienda de Portales, y luego
sobre el puente de Churubusco. Quedó aislado entonces el
Convento, con sólo 1,200 defensores y seis cañones. Se
sostuvo dos horas en medio de numerosas fuerzas enemigas,
en espera de refuerzos que no llegaron. El parque se agotó;
dejó de hacerse fuego; y como avanzaran entonces 6,000
hombres sobre las brechas abiertas por la artillería, se les
recibió con bayoneta armada...El grueso de las fuerzas
americanas batía en detalle (sic) a las nuestras. Siempre se
encontró con el valor de nuestros soldados y jefes
subalternos; siempre con la ineptitud de los superiores”.105
Para la batalla de Molino del Rey, hallándose el
cuartel general del enemigo en Tacubaya, vuelve a surgir la
cobardía y la falta de hombría en Santa Anna, quien diseñó
la batalla estableciendo “una poderosa línea de batalla entre
Molino del Rey y Casa Mata, apoyando la izquierda en el
primer punto, y la derecha en el segundo, sirviendo de
respeto, a retaguardia, el bosque de Chapultepec, donde
quedó situada la reserva. En cuanto al general Alvarez,
recibió orden de moverse de la Hacienda de los Morales,
sobre el flanco o retaguardia del enemigo, en los momentos
en que estuviera éste más comprometido”.
“Todos aplaudieron el que con un número
competente de tropas se presentase batalla frente a frente al
ejército invasor; pero después de aquella maniobra, Santa
Anna se retiró con el mayor número de fuerzas por la tarde,
dejando los tres puntos que hemos mencionado, con escasos
destacamentos, cuyo total no llegaba a 4,000 hombres. Se
dijo que el general en Jefe temía un ataque sobre el rumbo a
que dirigió sus columnas”106, ataque que desde luego nunca
ocurrió.
105
104
Bulnes f 36
106
Bulnes f 37
Bulnes f 38
Aún así, el enemigo, según el parte de Worth,
perdió en la jornada de ese día, 9 oficiales muertos y 47
heridos, 729 de tropa muertos y heridos también, y 46
dispersos; cuyo total de 831 hombres, era casi la quinta
parte de su fuerza en acción. “Ningún otro hecho de armas
había producido al enemigo pérdidas semejantes” comenta
Bulnes.
Los generales Pillow y Quitman, con una fuerte
columna cada uno, quedaron preparados para el asalto
desde la mañana, sirviéndole el General Worth de reserva
en Tacubaya. Todo el día 12 jugó la artillería sobre la
posición mexicana, que contestaba con sus pocos cañones a
los numerosos del enemigo.
Pero nuevamente en la noche del día 12, “Santa
Anna se acercó con tropas al bosque, y se puso al habla con
el general Bravo, ofreciéndole que oportunamente recibiría
auxilios. Al amanecer del 13, los defensores de Chapultepec
no vieron en su derredor más que tropas enemigas, y ni un
solo batallón que pudiera venir a reforzarlos”.107
“Al fin llegaron los asaltantes a los parapetos que
rodeaban lo que se llama Castillo de Chapultepec...Santa
Anna, con batallones de reserva se avistó a las
inmediaciones del bosque, cuando el Castillo era tomado, y
se retiró. Después, los americanos se apoderaron de las
garitas de Belem y San Cosme, y amagan la Ciudadela.
Llega la noche, y las fuerzas de la guarnición de México se
retiran ocultamente a la Villa de Guadalupe, sin que el
enemigo lo hubiera advertido, evacuando así la Capital...A
Quitman fue a quien primero tocó avanzar al centro de la
Ciudad, y establecer el pabellón de las estrellas y las barras
sobre nuestro Palacio Nacional”108, y que desde ahí estuvo
ondeando el día 16 de septiembre de 1847.
A Bulnes, la caída de la Ciudad de México y el
comportamiento de sus habitantes le merecen un comentario
conmovedor “La gente del pueblo, con hosco semblante
contemplaba el alarde de los vencedores, que lanzaban
hurras a su bandera que se erguía, y formaban grupos más y
más compactos, que lo mismo podían parecer de curiosos
que de enemigos. La indignación estalló al fin de aquellas
almas ultrajadas, caldeadas por la vergüenza de las derrotas;
un tiro sonó, sin saber de donde, y a ese siguieron otros y
otros, que se dirigían sobre los soldados victoriosos”.
“Algunos hombres de la Guardia Nacional, que se
había disuelto por orden expresa, antes de retirarse el
ejército; otros que tomaban de sus casas sus carabinas o
pistolas; todos se armaron con lo que hallaban a la mano, y
los menos arrojaban piedras contra la tropa americana. Se
ocuparon azoteas y torres, por aquellos grupos que
exaltados por el dolor, al ver la humillación de la Patria, sin
dirección alguna se reunían, obedeciendo sólo a impulsos
internos, que los congregaban contra el enemigo común. No
se sabe que alguien encabezara aquel motín; y sin embargo,
la lucha llegó a revestir un carácter alarmante”.
Scott, que había llegado a Palacio, dispuso que
columnas con artillería salieran por las calles e hicieran
fuego sobre los hostiles; y el cañón, por tres horas
ensordeció los aires. En semejante situación llegó la noche,
y las armas de fuego enmudecieron para volver con las
primeras luces del día 15, a oírse detonar por todos los
ámbitos de la ciudad.
Muchos soldados americanos, con pretexto de
perseguir en las casas a los que hacían fuego desde las
azoteas, “cometieron robos y otras violencias indecibles”, lo
que hace decir a nuestro autor “¡Qué triste situación la de
nuestra Capital, abandonada por sus vencidos defensores,
presa del espanto producido por el motín, abatida,
humillada, mancillada por las tropas invasoras!”.109
Las conclusiones a que llega Bulnes con respecto a
tanta desventura, llaman a la reflexión, desventura que
simplemente no existiría si no fuera por le pésima
conducción (económica, política y militar) que del país
realizaron las clases gobernantes ante la ambición
extranjera, por tanto nos permitimos reproducirlas: “El
sistema defensivo que se adoptó en la guerra contra los
americanos, desde Veracruz hasta México, sin relacionar en
esta ciudad los puntos de defensa, y dejándolos aislados
para que parcialmente los batiera el enemigo, fue sin duda
el principal motivo de nuestros constantes derrotas en esa
campaña”.
“En los combates del Valle de México, nunca las
reservas llegaron con oportunidad; y cuando éstas se
avistaron en momentos en que podían haber obrado con
buen éxito, como en el campo Padierna, se retiraron en
lugar de entrar en fuego. No se advirtió en lo absoluto,
iniciativa por nuestra parte; los golpes se recibieron uno tras
otro, sin cambiar de sistema, hasta que nuestras fuerzas se
fueron reduciendo. Solo en el Norte, en la batalla de la
Angostura, el ejército mexicano se lanzó sobre el contrario;
y en aquella batalla, nuestras tropas hubieran triunfado, con
solo haber permanecido frente al enemigo. Por lo demás, no
llegó a ser hostilizado el invasor, por flancos y retaguardia,
en sus marchas; se le dejó ocupar en toda su extensión el
terreno sobre el que iba avanzando, y sólo el general Urrea,
alguna vez le hizo daño a retaguardia, en las inmediaciones
de Monterrey, cuando ya estaba sobre el Saltillo; y es que
Santa Anna quería mandar la tropa que peleaba, y sólo la
que con él estaba había de batirse; y Santa Anna, según se
desprende de cuanto hemos dicho, combatía mal; no preveía
nunca los desastres; nada tenía preparado para el segundo
minuto de la acción, y no utilizó las poderosas reservas con
que contaba. Jamás, en nuestra historia, viose ni se ha
vuelto a ver campaña tan mal dirigida, cuyo recuerdo
ignominioso quema. ¡De nada sirvió en esa guerra el valor
de nuestros soldados!”110
109
Bulnes f 46
Bulnes f 43. El comentario de García Cantú resulta
coincidentemente certero; ”Los mexicanos de aquel
entonces tuvieron un conocimiento amplio y diverso del
110
107
108
Bulnes f 44
Bulnes f 45
“Así es que, desde las costas de Veracruz hasta la
capital, el invasor tenía un efectivo de 24,000 soldados, y
18,000 más se hallaban en Nuevo León, Coahuila,
Tamaulipas, Nuevo México, Chihuahua, California,
Tabasco y la costa del Pacífico. Trist...precisó...que no sería
posible avenimiento alguno, si no cedía México el territorio
tamaulipeco del Bravo al Nueces, Texas, Nuevo México y
la Alta California...El tratado se firmó en Villa de
Guadalupe, el día 2 de febrero de 1848; Quedó ratificado el
30 de mayo...se convino en lo expuesto que se pagarían al
gobierno mexicano quince millones de pesos...el día 20 de
julio se embarcaron en Veracruz las últimas tropas
invasoras que habían penetrado hasta el Valle de
México”.111
Consideración final: El estudio de la guerra del ’47
ha merecido una vasta historiografía, probablemente
superior en número en Estados Unidos que en nuestro país.
Como quedó establecido desde el principio de este estudio,
un trabajo de revisión historiográfica rebasa por mucho las
intenciones del presente trabajo, sin embargo, con lo hasta
aquí mencionado es probable elucidar que aún existen
muchos puntos de vista enriquecedores, que han sido
ignorados hasta el momento, y que permitirían, de adoptar
otra actitud, comprender el hecho histórico con mucha
mayor precisión.
De Don Francisco Bulnes podemos señalar que lo
más rescatable de su obra (en gran parte inédita e
inexplorada), es el rigor en su análisis histórico, ese intento
por desentrañar la verdad, esa consulta permanente a las
fuentes para sostener su punto de vista, pero sobre todo su
falta de prejuicios a la hora de revisar la llamada Historia
Patria.
Desde luego que su mayor defecto lo ubicaríamos
en algún tipo de conclusión en que por ejemplo, señala
como la mejor solución para el México de entonces, o hacer
la paz con el Norte o solicitar la alianza con algún país
europeo. Creemos definitivamente, que el hilo de su
argumentación lo lleva más bien a que la derrota no era de
ninguna manera inevitable con nuestras propias fuerzas.
Son muchos los errores de la diplomacia mexicana
que anota Bulnes, son múltiples los desatinos de los
gobiernos mexicanos para atender adecuadamente la
significado de la guerra que nos hicieron los Estados
Unidos. El pueblo pidió armas al paso de la caballería de
Santa Anna. Luchó, con sus manos, contra los soldados
invasores a lo largo de las retiradas del ejército nacional. En
la ciudad de México los acosó sin descanso al grito de
¡Mueran los yanquis! Patria o muerte. El gobierno,
temeroso del pueblo, entró en componendas y
transacciones. El cañonazo final que se oyera después de la
derrota de Chapultepec, que para Bustamante fue como una
señal de Santa Anna a Scott para que entrara en la ciudad, el
apresuramiento para tratar la paz y aceptar los términos
comunicados por Trist” García Cantú, Gastón, op cit p 87
111
Bulnes f 44
cuestión texana (desde Guerrero hasta Santa Anna, pasando
por Lucas Alamán), son demasiados los defectos militares
de la oficialidad mexicana, pero sobre todo, esa pugna
interna entre moderados, conservadores y liberales dejaron
al país hecho girones, de tal suerte que llega el extranjero y
nos arrebatarnos todo. Por esta razón los llamados al
extranjero para expulsar a otro extranjero, han redituado
inexcusablemente en mayores desgracias nacionales.
La mujeres y á los niños, resolviéndose todos á sufrir el fuego con que se le ha amenazado. Las mugeres acogen
con el entusiasmo de la deseparación esta idea, que les ofrece el medio de hacer cesar ese martirio lento y
prolongado que sufren; todos abandonan sus casas; apenas se proveen de lo necesario para salir; y llavando en
los brazos a sus hijos, se dirigen á las líneas en busca de sus deudos….Las casas de los cónsules estaban
sitiadas, y el comandante general perseguido por multitud de señoras y de neutrales, que le pedían que pusiese
un término á la calmidad general. P 212
El día 27…Todo había acabado para Veracruz. Estos valientes veteranos y nacionales, que tanto
sufrieron…debían entregar sus armas á un enemigo, á quien la superioridad de sus elementos de guerra …Y esa
población desgraciada, que había sufrido un bombardeo que, relativamente hablando, no tiene ejemplo en el
mundo…En vano de cuatrocientos a quinientos de sus habitantes han perecido; en vano seiscientos ó mas
guerreros derramaron su sangre, pereciendo cuatrocientos de ellos…en vano la ciudad ha sufrido los estragos de
seis mil seiscientos proyectiles con peso de cuatrocientas sesenta y tres mil libras…en vano la plaza gastó ocho
mil cuatrocientas ochenta y seis para defenderse pp 215- 216.
Las invasiones norteamericanas en México gastón garcía Cantú Serie Popular Erasegunda edición 1974
Texas es un país conquistado por nuestros ciudadanos; y su agregación a nuestra Unión será el principio de una
serie de conquistas, que sólo hallará término en el istmo de Darén, a menos que la enfrente y rechace una
providencia justa y bondadosa. En adelante deberemos abstenernos de gritar al mundo ¡paz!, ¡paz! Nuestra
águila aumentará, no saciará su apetito en su primera víctima, y olfateará una presa más tentadora, sangre más
atractiva, en cada nueva región que se extienda al sur de nuestra frontera. Agregar a Texas es declarar a México
guerra perpetua. Esta palabra, México, asociada en los ánimos con riqueza infinita, ha despertado ya la
rapacidad que la raza anglosajona está destinada a regir ese magnífico reino, y que la ruda forma social
establecida allí por España, debe ceder y disiparse ante una civilización más perfecta. Aún sin esa revelación de
planes de subyugación y rapiña, el resultado no sería menos evidente en cuanto puede ser determinado por
nuestra voluntad. Texas es el primer paso hacia México…paso - escribiendo a Clay - a otra consideración,
gravísima, y es que ese acto hará entrar a nuestro país en una carrera de usurpación, guerra y crimen, haciéndole
merecer y recibir al cabo el castigo debido a una repetición agravante de injusticias. La usurpación de Texas no
se quedará aislada. Oscurecerá nuestra historia futura, y una necesidad férrea la eslabonará con larga sucesión
de actos de rapiá y sangre” citando a William E. Channing pp 57-58
El alegato de Channing, que podría empañarse para algunos por representar él los intereses políticos de los
estados del norte, es el mismo, moralmente, que el de Thoreau al argumentar sobre la desobediencia civil ‘Un
pueblo, al igual que un individuo, tiene que estar con la justicia, cuéstele lo que le cuesta…Estados Unidos debe
cesar de tener esclavos y hacerle la guerra a México aunque le cueste su existencia como pueblo. Los que se
oponen son unos cientos de miles de comerciantes y de agricultores que en la humanidad, y que no están
preparados para hacer justicia ni a los esclavos ni a México’ p 59
…pero sus jefes, Santa Anna principalmente, sólo demostraron ignorancia, egoísmo y rencor… p 61
Contra el “destino manifiesto” de la burguesía norteamericana se opuso una diplomacia contradictoria: Mora
pedía auxilio a Palmerston; Gorostiza, el cumplimiento del derecho de gentes. Las fracciones rivales de la
burguesía se disputaron el poder ante los invasores, debilitando la resistencia nacional p 61
Mora no fue ajeno, como ha ocurrido a algunos mexicanos, al desaliento del país, a la pérdida de toda esperanza
de que la nación se valiera por sí misma, sólo que expresa su estado de ánimo en el tono sentencioso del
teólogo: ‘¿Conviene a México - interroga en una de sus comunicaciones - vender a la Inglaterra una parte de su
territorio que le asegura lo que le queda’…El establecimiento de Inglaterra, en terrenos mexicanos, impediría
las futuras agresiones norteamericanas y, de ocurrir, los Estados Unidos no se atreverían a romper la paz con
Inglaterra. Balanza política coherente, sólo que, en su aparente prudencia, encubría la desconfianza hacia el
pueblo y expresaba, claramente, la ideología para propietarios que, en rigor, es la que Mora expuso en todos sus
alegatos políticos…Ante la imposibilidad de vender California, ya ocupada, Mora responde a Palmerston que
todavía pp 71-72
el gobernador de Michoacán, Melchor Ocampo, enviaba al congreso de aquel estado un escrito en que
constaban sus reflexiones políticas sobre la guerra contra los Estados Unidos. Ocampo coincidió con la ira
popular. ‘La paz, la paz no sería para México sino al tiempo mismo que el sello de una indeleble ignominia, la
condición más ventajosa para su nuevo conquistador…significará para México perder el título de nación…para
los Estados Unidos la paz sería la saciedad de su injusto odio y de su exagerado desprecio, de su insaciable
rapiña y de su espíritu de expansión; sería en vez del desenlace de una guerra, el producto de un cálculo
mercantil…consintiéndola nosotros, sería ahorrarles aún los cuidados y gastos de conservar su conquista’…Un
día después, Ocampo dirige otro ocurso igualmente valiosos al congreso de Michoacán: proponía hacer contra
los norteamericanos la guerra de guerrillas. Ocampo repasó, brevemente, los medios disponibles para hacer la
guerra y concluye…que era imposible para México resistir al ejército norteamericano oponiéndole otro…la
defensa popular era el camino conveniente: “Abandonemos - afirma Ocampo - nuestras grandes ciudades,
salvando en los montes lo que de ella pueda sacarse…ya que de ellas no nos es dado imitar el bárbaro y
selvático, pero heroico y sublime valor con que los rusos incendiaron su capital sagrada; ya que de una
República de 1847 ha de mostrar menos apego a la independencia que la de un pueblo de esclavos de 1812;
imitemos por lo menos la táctica de nuestros padres en su gloriosa lucha…’ pp 76-77
Ocampo no había definido un partido, ni una agrupación social, sino una tendencia que se advertía ya en los
Santa Anna y los Zavala: la de la entrega consciente del país a los Estados Unidos, apoyándose en una confusa
mezcla de republicanismo y oposición a toda forma de dominio europeo en América, la de quienes renunciaban
a la independencia nacional. Pp 77-78
Herrera caeíra. Paredes, quien renunciara a defender la frontera, desde el gobierno no podía significar mayor
peligro a la política de anexión p 80
El relato de Otero de los inexplicables desaciertos de los jefes del ejército, demuestra que la impunidad
otorgada a los militares fue la causa de que no se les removiera de los mandos después de las derrotas y el
abandono de las líneas de combate p 85
Los mexicanos de aquel entonces tuvieron un conocimiento amplio y diverso del significado de la guerra que
nos hicieron los Estados Unidos. El pueblo pidió armas al paso de la caballería de Santa Anna. Luchó, con sus
manos, contra los soldados invasores a lo largo de las retiradas del ejército nacional. En la ciudad de México los
acosó sin descanso al grito de ¡Mueran los yanquis! Patria o muerte. El gobierno, temeroso del pueblo, entró en
componendas y transacciones. El cañonazo final que se oyera después de la derrota de Chapultepec, que para
Bustamante fue como una señal de Santa Anna a Scott para que entrara en la ciudad, el apresuramiento para
tratar la paz y aceptar los términos comunicados por Trist p 87
México frente a Estados Unidos (Un ensayo histórico 1776-1988) Josefina Zoraida Vázquez y Lorenzo Meyer
FCE 1989
El descuido de los mexicanos confiados por las victorias alcanzadas hizo que el 22 de abril cayera prisionero el
general-presidente Santa Anna…la trágica e incomprensible decisión de Filisola, segundo en el mando, de
obedecer las órdenes del prisionero selló la suerte de Texas p 48
El Universal 1º de abril 2002
Cartas desde Manga de Clavo
La mente de un calculador
Del primer capítulo de La sociedad del fuego cruzado, 1829-1837, segundo volumen de País de un solo hombre.
El México de Santa Anna, de Enrique González Pedrero, publicamos este fragmento sobre el papel que jugó
Antonio López de Santa Anna durante el Plan de Jalapa, que encabezara el vicepresidente Anastasio
Bustamante, jefe del ejército de reserva acantonado en la capital de Veracruz, a fines de 1829, contra el
presidente Vicente Guerrero.
El general Santa Anna, colocado al frente del mando político y militar de Veracruz, cuartel general de los
conspiradores, no podía ignorar las maquinaciones que estaban en juego ...
Enrique González Pedrero
El Universal
Lunes 01 de abril de 2002
Juan Suárez y Navarro, a quien sigo para contrastar la información sobre los pasos del general en esta
neblinosa etapa jalapeña, sostiene que:
El general Santa Anna, colocado al frente del mando político y militar de Veracruz, cuartel general de los
conspiradores, no podía ignorar las maquinaciones que estaban en juego. En cumplimiento de sus deberes,
como individuo y como funcionario, trató de conjurar la tempestad, ya hablando en el seno de la amistad a los
pronunciados de Yucatán, ya resistiéndose a los halagos y escitativas de los directores de la revolución en
Jalapa. Nada consiguió y entonces, para no ser partícipe en los males que calculaba, renunció al mando militar
del Estado, entregándolo al coronel D. Antonio Juillé, e hizo dimisión del gobierno, depositándolo en D. Manuel
Argüelles, su sustituto. Tomada esta resolución se retiró a su hacienda de Manga de Clavo, a lamentar los
extravios de espíritu de su partido, y a esperar que la nación resistiera el yugo que intentaba ponérsele. (17)
Este texto admite varias lecturas. La primera es que, de esta “retirada”, lo menos que puede decirse es que era
una salida poco elegante. En primer lugar, porque no se deja el mando voluntariamente en situaciones difíciles y
comprometidas. Y menos cuando el presidente, que lo era en buena medida por las acciones de Santa Anna su
compadre y amigo, estaba atrapado en un callejón sin salida y abandonado por muchos. Es cierto que Guerrero
no había sido en los últimos tiempos un virtuoso de la habilidad y maniobra políticas, ni mucho menos. De
cualquier modo, a él debía Santa Anna el mando de Tampico que lo había convertido en divisionario (18) y más
todavía, en segundo padre de la patria. La verdad es que ambos eran lo que eran por las acciones del otro, de la
manera que los dos estaban moral y políticamente —para no mencionar la palabra mayor: humanamente— muy
comprometidos.
Pero tal vez con amargos remordimientos y todo, Santa Anna no podía dejar de ser el jugador que era, aunque
esta vez no se arrojase, con la audacia que acostumbraba al bando enemigo. Ahora, contra su costumbre, Santa
Anna actuaba con mucha mesura. Los veracruzanos, ingeniosos como suelen serlo, han inventado un verbo que
en este caso viene como anillo al dedo: “robalear”. Pues bien, Santa Anna, “robaleando”, se cubría.
Naturalmente, las dimisiones que acabamos de recordar las llevó a cabo, como pronto se verá, contra la
voluntad del presidente de la república.
Santa Anna se “escurrió” aunque, objetivamente, dejó en momentos decisivos las manos libres a los enemigos
de Guerrero. Pero hay que decir también, en honor a la verdad, que las cosas eran mucho más complejas en la
realidad, como se observará enseguida.
Conociendo a Santa Anna —pretensión que adopto cum grano salis—, ya sabemos que cuando el hombre no
quería obviamente hacer algo pretextaba siempre enfermedad. Ahora, con mayor sutileza, actuaba políticamente
intentando servir de mediador y animando a Bustamante a escribir (junto con él) al presidente, para lograr un
compromiso de facto que obligara por lo pronto —a Bustamante y Guerrero—, a congelar la situación tal como
estaba antes de que las cosas se deterioraran más.
Santa Anna creía en las virtudes curativas del tiempo. A veces —y manejando la dosis temporal con
prudencia— el veracruzano creía con razón, que darle su tiempo al tiempo podía ser provechoso. Pero cuando
esto tampoco fue posible —por el pronunciamiento campechano (19), orientado desde Jalapa por Bustamante—
intentará persuadir a los conjurados de allá y de acá, basándose en palabras amistosas que el general
barboteaba con facilidad. Por último, cuando esta modalidad tampoco diera resultado, deslizará la partida a
manos de sus subordinados y se agazapará unos días zorrunamente en su cueva, para con mayor información
tener, tal vez, más elementos de juicio para intervenir y tratar de culminar la partida o para darle más tiempo a
las cosas. Para eso Mango de Clavo era ideal.
Como quiera que fuese, parece que Santa Anna actuó en este caso con cierta simpatía hacia su compadre,
hasta donde eso era posible en un escurridizo nato como él. Así parecen sugerirlo estas comunicaciones al
presidente y la respuesta de Guerrero al veracruzano.
La hipótesis sería la siguiente: desde luego, el juego de Santa Anna era múltiple. El veracruzano quería ganar
tiempo para que Guerrero pudiese hacer todo lo que convenía para evitar el golpe ya anunciado por el
pronunciamiento de Campeche. ¿Y qué convenía hacer para evitar el golpe inminente? Modificar el gobierno, a
gusto de la correlación de fuerzas que prevalecía, para que el ministerio gobernara con Guerrero como cabeza
visible (y aparente). Así, los estados tendrían a un presidente federalista del que no desconfiarían y los
“hombres de bien” su gobierno central sin resistencias de las provincias. Con la ventaja, además, de haber
conseguido todo ello políticamente, es decir, en paz, por la intervención del gran mediador (la Suprema
Instancia) quien por parte, habría logrado astutamente la confianza de unos y otros para usarla en el futuro
inmediato.
Después del levantamiento campechano ocurrido el 6 y el 9 de noviembre, Santa Anna había escrito al
presidente dos cartas: una el 9 de noviembre (carta que no he podido localizar), y otra el 12, para acusar recibo
de los saludos que Guerrero había enviado por su conducto a los generales Bravo y Barragán quienes, al tener
noticia de la invasión española, habían regresado del exilio a México para ofrecer sus servicios al gobierno.
Después de algunas minucias, Santa Anna deslizaba, en su carta del 12, las siguientes líneas:
(...) Suplico a usted que preste toda su atención a lo que le manifiesten Castrillón y Garay, cuyas expresiones
serán las que les hemos indicado Bustamante y yo, de cuyo verdadero afecto y sinceridad no debe usted dudar
(...)
Y ya en la post data, subrayará un dato muy importante, que constituye el otro mensaje de la carta, y que
requeriría acción inmediata:
P.D. Es increíble la miseria que hay aquí: las tropas están ladrando de hambre, los oficiales con atraso de cinco
meses en sus pagos, y todos a la vez quejosísimos. Al ministro le tengo escrito repetidas veces sobre el
particular pero sin fruto: y yo me mortifico oyendo tantos lamentos porque al fin refluyen contra el gobierno.
Espero pues, que se servirá usted mirar con interés este asunto por su importancia. Había dejado de escribir a
usted por separado por creer suficiente lo que sobre esto había escrito al ministro. (21)
La respuesta de Guerrero a Bustamante y Santa Anna, es muy clara: y hace referencia a la amplia conversación
que ha sostenido con los enviados de Bustamante y de Santa Anna, discrepando de sus puntos de vista y
afirmando sin reservas su defensa del sistema de gobierno:
Excelentísimos Sres. Don Anastasio Bustamante y Don Antonio López de Santa Anna.
México, noviembre de 1829.
Mis dignos y muy estimados compañeros:
Han estado conmigo y hablando estensamente los señores D. Ramón Garay, y primer ayudante D. Manuel
Fernández Castrillón, sobre la materia a la que se refiere la apreciable carta de ustedes del 9 del corriente. Les
he contestado con la franqueza que es propia de mi carácter, manifestándoles sin reserva los fundamentos en
que estriva mi resistencia a las indicaciones que me han hecho. Yo tengo para mí que procuro seguir los
consejos de la razón y de la prudencia: y lo que no podría negárseme es que me hallo animado de los
sentimientos más puros por la felicidad y glorias de nuestra patria; que mis intenciones son rectas y que no
aspiro a más que a sostener a toda costa el sistema de gobierno que hemos jurado, y cooperar por todos los
medios que estén en mis facultades a que se afirme y se consolide. Me lisonjeo de haber dado algunas pruebas
de esta verdad, y me atrevo a asegurar que no la desmentiré jamás.
Espero que al oir ustedes a sus enviados me harán la justicia de no atribuir a una ciega obstinación (lo) que es
fruto de un nacional convencimiento.
Por lo demás siempre encontrarán ustedes en mí la mayor docilidad, y la más sincera disposición a
complacerles en cuanto dependa de los arbitrios de su afectuosísimo amigo compañero y servidor que besa su
mano.
Y en texto aparte, dirigido al general Santa Anna, le dice lo siguiente:
Sr. General Don Antonio López de Santa Anna
Mi muy querido compadre y amigo:
Contesto separadamente a la que suscribió con el Sr. Bustamante, y contrayéndome a la que me entregó
nuestro común amigo D. Manuel Fernández de Castrillón, debo manifestarle que yo no cambio fácilmente ni de
opiniones ni de amigos: que lo soy de usted, mal que (les) pese a los que han propuesto dividirnos, que las
acusaciones de que me habla o no han existido, o han sido miradas por mí con el más alto desprecio. Asunto
concluído.
Y esta instrucción expresa:
No apruebo, ni conviene a los intereses de la patria, que se separe usted del mando militar de ese estado. Por
eso me he negado a la solicitud que dirigió usted oficialmente, y le suplico que no insista más en ella. Descanse
usted en la buena fe, y cuente siempre con (...) y constante amistad de su afectísimo compadre que besa su
mano. (22)
En consecuencia, los puntos litigiosos estaban claros por y para ambos lados. Guerrero se negaba a ser un
presidente aparente (y cambiar el federalismo por el centralismo, así fuera de facto), como a ser manejado por
una fracción importante del ejército, que él de buena fe había ayudado a crear, y por el partido de la “gente de
bien”, encabezado por Alamán y aquél por Bustamante.
La negociación política había fracasado. El tiempo, pues, se había agotado.
Una carambola múltiple
El general Santa Anna lanzó entonces, como “gobernador del Estado” (16 de noviembre), una maniobra múltiple,
en forma de proclama, dirigida a los veracruzanos, que podría ser una respuesta pública a la tan significativa
carta privada del presidente y, a la vez, una sutil llamada de atención a Anastasio Bustamante, sin dejar de
deslindar sus responsabilidades. Todo ello, por supuesto, al modo y en la bien conocida retórica santanista.
Después de publicitar el pronunciamiento de las tropas de Campeche a favor del centralismo, entra de lleno en
el tema que le interesa:
¡Conciudadanos! Habrá llegado sin duda a vuestro oídos la especie que contra vuestro gobernador han hecho
correr días hace, genios inquietos y malévolos, de que no sólo es adicto a tal innovación sino aun promovedor
de ella.
Santa Anna recuerda entonces que cuando tuvo noticias ciertas de la invasión de Barradas, y así lo anunció
para evitar desagradables sorpresas, los “mismos díscolos” se afanaron en persuadir a la nación de que todo
aquello era falso. Todo era “¡un inicuo parto de mi insaciable ambición!”.
Sin embargo, vosotros vísteis llegar a los invasores, vísteisme volar al punto en que osaron pisar nuestro
territorio y finalmente, vísteisme destruirlos.
Pues bien, ¿acaso “los que placen en denigrar mi reputación” han renunciado a su negativa labor y variado de
conducta? No hay tal, dice Santa Anna:
Lejos de eso, persistieron en la misma, y renovaron con más tesón que antes sus acusaciones, a pesar de que
en directa oposición a ellos había ya tenido ocasión de exponer en el Manifiesto que en 29 del próximo pasado
tuve el honor de firmar con el Exmo. Sr. Vicepresidente de la república, general Anastasio Bustamante.
Dejó entonces al tiempo y a las circunstancias, lo que éstas y aquél han ocurrido a hacer que se efectúe:
(Ni) el Estado heroico de Veracruz ni su actual gefe militar y político han pretendido en ningún caso violar el
pacto federal: esto cierto más no es así en Yucatán (...) ¡Zempoaltecas! Ha llegado el tiempo de que vais a ser
testigos, por los hechos que vais a presenciar, de la injusticia con que se me ha calumniado. Sí, vosotros me
vereis fiel a mis juramentos (...) ¡Ciudadanos! Nuestro deber, nuestros intereses más caros nos invitan a
conservar el buen órden, y a respetar la ley fundamental. Al gobierno supremo se le ha instruído de lo ocurrido, y
a él toca dictar los remedios que convengan (...)
Entre tanto, Santa Anna se compromete:
Mientras conserve el mando del Estado, a ser inexorable, si algún temerario intentase interrumpir la paz de que
dichosamente disfrutais: e inalterable en mis principios, me presentaré, siempre que necesario fuere, al frente de
vosotros para defender las leyes y la pública tranquilidad. Jalapa, noviembre 6 de 1829.— Antonio López de
Santa Anna. (23)
Como se sabe, el 4 de diciembre estalló el Plan que estaba preparado para hacer saltar en pedazos al gobierno
del general Guerrero. (24)
Hace un año o el Plan de Jalapa
El documento ratificaba el pacto federal; pugnaba por establecer el orden constitucional; buscaba eliminar las
facultades extraordinarias, por lo que pedía la pronta reunión de las cámaras que deberían ocuparse, además,
de “los grandes males de la nación y de su eficaz remedio (...) oyendo las peticiones que los mexicanos tengan
a bien dirigirle sobre las reformas que deban establecerse”. (Aquí están las famosas reformas mencionadas en
el Manifiesto del 28 de octubre). Que se renueven los funcionarios “contra quienes se ha explicado” la opinión
pública. (La puerta de salida de todos los que no estuvieran con el nuevo gobierno). El ejército —se afirmaba—
no es legislador: obedecerá a los supremos poderes y a las autoridades legítimas, así en el orden civil como en
el eclesiástico y militar, que no se opongan a la constitución federal. En suma, cambiar de gobierno para cambiar
de rumbo (y más que afirmar, afinar la constitución).
Para llevar a cabo el Plan, aparte de las consabidas remisiones a las autoridades, se preveía “formar una
comisión para invitar” a los ilustres vencedores de Juchi y Tampico, ciudadanos generales Bustamante y Santa
Anna, para que poniéndose a la cabeza del ejército pronunciado (...) los dirijan en las operaciones. También se
invitaba a los conjurados de Campeche para que se unieran al plan y contribuyeran al restablecimiento del
“imperio de las leyes”. (25) Como a aquella legión se le nombró Ejército protector de la Constitución y de las
Leyes, había un nuevo “Lord Protector”: Anastasio Bustamante.
Sin darle muchas vueltas, Suárez y Navarro sintetiza los objetivos del plan en pocas palabras: no en las del
Plan, sino en las de la conducta de los pronunciados:
Echar abajo al presidente de la república y a todos aquellos gobernadores y legisladores que no tuvieran afectos
por Bustamante (...) Jamás había ocurrido una revolución ni más hipócrita ni más desvergonzada. (26)
Como señala el mismo Suárez y Navarro, Bustamante siempre dio a entender, tácita y expresamente, y los
recientes acontecimientos como la firma conjunta del Manifiesto de fines de octubre parecían confirmarlo, lo que
ahora el vicepresidente afirmaba en la proclama de sus tropas, que
El vencedor de Tampico no podría ver con indiferencia los males de la patria por cuya libertad acababa de
prestar tan distinguidos servicios: sus votos estarán en consonancia con los vuestros. (27)
Éste era el problema del estilo resbaladizo del general, tan “convincente” para unos y otros, que, con seguridad,
hasta a él mismo le costaría trabajo, ocasionalmente, desenredar las madejas en que continuamente se
embrollaba. De ahí los múltiples equívocos, las eternas aclaraciones. Así, en la creencia de lo que parecerían
sugerir algunos hechos y de lo que afirmaba Bustamante que, desde luego, tenía interés en atraerse al vencedor
de Tampico, el general Múzquiz y el coronel Facio invitaron a Santa Anna junto con el vicepresidente, a ocupar
el lugar de honor en la conducción del Plan de Jalapa. Suárez y Navarro comenta:
Pocas horas tardó la respuesta de este caudillo, negándose a tomar partido con aquella empresa. Si había
renunciado al mando civil y militar retirándose a la vida privada ¿cómo era posible que secundara las miras de
los que aspiraban a destruir a las autoridades y al sistema? (28)
La pronta respuesta a la invitación formulada, de quien estaba empeñado en jugar su papel de alta instancia, a
pesar de todo, consistió en expresar sus opiniones respecto del Plan de Jalapa. Así, Santa Anna colocándose
por encima, dice estar de acuerdo en sostener el federalismo pero sin “los abusos”; en la necesidad de reformar
a la constitución pero “oyendo a los mexicanos”; en la separación de los funcionarios desprestigiados; en la
conveniencia de “dimitir” las facultades extraordinarias.
En todos estos puntos que comprende el mencionado plan, estamos de acuerdo y lo está asimismo si no me
engaño la mayoría de la nación.
A él le hubiera gustado una buena transacción política. Por ello, quizá, Santa Anna no está de acuerdo en el
modo:
Las medidas estrepitosas, las vías de hecho son por lo general origen de funestos choques, que encendiendo
los ánimos exaltados, terminan en guerra civil.
El general deja que hable la experiencia:
No nos desentendamos de lo que nos demuestra la experiencia que nosotros mismos hemos adquirido en
largos años. Las revoluciones son verdaderos males de fatal trascendencia; y ya venza este partido, ya el otro,
la nación resiente graves prejuicios. Aquellas se forman con los más sanos deseos, más no hay quien pueda
demostrar fijamente cuál sea el curso que seguirán o su precisa conclusión.
Hablo de esto con datos, y por tanto estoy resuelto, sí, muy resuelto, a no volver a acaudillar jamás otra
revolución.
Su respuesta es, pues, clara. Una respuesta fundada en principios producto de su experiencia. De ningún modo
volverá a transitar por el camino revolucionario. Quiere evitarle graves males al país. Se pregunta entonces:
¿Qué dirán de esto las naciones extranjeras? ¿Qué nuestros naturales enemigos? (...) ¿Será posible que en
unos momentos en que pudiéramos con muy poca cordura en nuestros pasos, recuperar nuestro crédito,
queramos sacrificarlo y mancillar de ese modo nuestras glorias? En tal caso, nuestros bellos triunfos en Tampico
contra los invasores, habrían sido infructuosos, y nulas las ventajas que ellos debieran reportarnos. Estas
observaciones no merecen ser desechadas (...).
Santa Anna declina, pues, el “honor dispensado” tanto por “convicción”, cuanto por su salud tan deteriorada, que
no podría resistir de manera alguna ejercicios violentos.
En conclusión debe V. S. Y los Sres. Oficiales de ese ejército estar bien convencidos de que mis afanes se han
dirigido invariablemente a afianzar la independencia, a hacer estables las instituciones libres, y a procurar todos
aquellos medios que contribuyan a encaminar a la nación hacia su engrandecimiento y prosperidad (...).
Hacienda de Manga de Clavo, diciembre 5 de 1829.
Antonio López de Santa Anna.
Sr. General segundo en jefe del ejército de reserva
D. Melchor Múzquiz. (29)
Éste será el argumento —su desmejorada salud— que manejará Santa Anna el mismo 5 de diciembre para
comunicar al secretario de Guerra, desde Manga de Clavo que, aunque ha sido invitado para encabezar el
ejército de los pronunciados,
Mi salud está en el día tan deteriorada que vivo sujeto a un método curativo riguroso y precisado por
recomendación de los facultativos, a mantenerme separado enteramente de los negocios públicos y a cultivar
por todos los medios el sosiego (...) (30)
Sin complicarse demasiado la vida —lo que nunca fue su costumbre— Santa Anna, acorde con su espíritu
práctico, había llegado a la conclusión que: “En política, a veces, los problemas no son de fines sino de medios”,
y con esa reflexión se habrá quedado más o menos azorrado, observando con un ojo a Bustamante y con el otro
a su compadre el presidente Guerrero.
Los juegos estaban hechos.
NOTAS
17. Suárez y Navarro, Op. cit., p.172. La renuncia al mando militar que, como puede observarse por la carta de
Guerrero que publicamos más adelante, no le fue aceptada, se envió desde Jalapa el 8 de noviembre y la
publicó íntegra El Sol, en su entrega de 21 de noviembre de 1829, en p. 573. Cf. Subrayado el autor. En cuanto
al mando político, al parecer la renuncia no se efectuó, porque Santa Anna firma la Proclama de 16 de
noviembre, como gobernador de Veracruz.
18. El 29 de agosto de 1829, la Secretaría de Guerra, informa al general Antonio López de Santa Anna, su
nombramiento de General de División. Don Antonio por su parte, en carta dirigida al presidente don Vicente
Guerrero desde Pueblo Viejo, Tamaulipas en 6 de septiembre, agradece la designación afirmando que ha sido
“la bondad de usted y de ninguna manera mi merecimiento dedicado a todo al servicio de esta tierra Patria que
también es el ídolo de usted”. A.H.M.M.- CANC., 1-15 “R” Leg. 3, f. 553; BAGN, “Cartas”, T. XXII, Cuad. 2, carta
89, pp. 308-310.
19. (13 Nov 1829.- Plaza de Campeche). “Acta del pronunciamiento de la guarnición de Campeche por la forma
de gobierno de la república central” en José Ma. Bocanegra, Memorias para la historia de México independiente
1822-1846.- T. 2, México, Instituto Cultural Helénico –INEHRM– FCE, 1987, pp. 103-105; Suárez y Navarro. Op.
cit., pp. 170-171.
20. (3 Nov 1829.- Jalapa). (Parte del gral. Antonio López de Santa Anna, a la Secretaría de Guerra informando
de la llegada de los grales. Nicolás Bravo y Miguel Barragán, a esa villa. A.H.M.M.- O.M.- 414, f. 172.
21. (12 Nov 1829.- Jalapa) (Carta de Antonio López de Santa Anna al General Don Vicente Guerrero) AGN.,
“Correspondencia...”, Op. cit., Carta No. 54; BAGN, Op. cit., pp. 291-292. Subrayado del autor.
22. (Nov 1829.- México) (Borrador de respuesta del presidente don Vicente Guerrero a los señores Anastacio
Bustamante y Antonio López de Santa Anna) Ibid., Carta No. 58; Ibid., carta 58, pp. 285-286. Subrayado del
autor.
23. (16 Nov 1829.- Jalapa) “Proclama de Don Antonio López de Santa Anna a los veracruzanos en El Sol,
(México, 20 Nov. 1829).
24. Sobre el pronunciamiento del Plan de Jalapa, véase los expedientes del A.H.M.M.-O.M., expedientes: 674,
675, 676, 677 y 678.
25. (4 Dic 1829.- Cuartel Gral. de Jalapa) (Acta del pronunciamiento del ejército de reserva, en contra del
gobierno del Presidente Vicente Guerrero) A.H.M.M.- O.M.- 674, f. 38-41 v. Suárez y Navarro, Op. cit., pp. 173174; Olavarría y Ferrari, Op. cit., pp. 217-218, Bocanegra, Op. cit., T. 2, p. 54-56.
26. Suárez y Navarro. Ibid., p.174.
27. Ibid., p. 174-175.
28. Ibid.
29. (5 Dic 1829.- Hacienda Manga de Clavo) (Oficio-respuesta del gral. Antonio López de Santa Anna, al gral. de
Brigada Melchor Múzquiz) A.H.M.M.-O.M.- 674, f. 97-98 v.; Suárez y Navarro, Ibid., p. 175-176; Luis Ramírez
Fentanes, Colección de los documentos más importantes relativos al C. General de División Vicente Guerrero,
Benemérito de la Patria que existen en el Archivo Histórico Militar de la Secretaría de la Defensa Nacional.
México, SEDENA, 1995, pp. 46-47.
30. (5 Dic 1829.- Hacienda de Manga de Clavo) (Comunicación del gral. Antonio López de Santa Anna, al
Secretario de Guerra y Marina) A.H.M.M.-O.M.-Ibid., f.86 v.; Ramírez Fentanes, Ibid., p. 43.
Descargar

la guerra del `47 - Universidad Autónoma Metropolitana

República conservadora de Chile

República conservadora de Chile

Constitución de 1833Régimen portalinoHistoria de ChileRepública conservadoraOrganización económicaPresidentes de ChileSiglo XIXHistoria Hispanoamericana

Gobierno de Bulnes

Gobierno de Bulnes

Políticas: EducaciónOrganización política chilenaValoración decenio BulnesPresidencia

Victoria de Manuel Bulnes

Victoria de Manuel Bulnes

PublicidadSpot publicitarioGuerra de ChileConfederaciónHistoria contemporánea chilena

1.- ¿Qué factores influyeron en la consumación de la Independencia... R= *La Constitución de Cádiz; que promovió reformas, supresión de...

1.- ¿Qué factores influyeron en la consumación de la Independencia... R= *La Constitución de Cádiz; que promovió reformas, supresión de...

GuerraEEUU (Estados Unidos)Santa AnnaGobiernoFederalismoCentralismoConstitución Federal de 1824SociedadLa MesillaTexasIndependencia estadounidenseIndependenciaEconomía

Decenio de Manuel Bulnes

Decenio de Manuel Bulnes

ReconciliaciónOposiciónHistoria de AméricaChile siglo XIXPresidentes chilenosDelimitación territorio chileno

Revolución de Ayutla

Revolución de Ayutla

LevantamientoSanta AnnaRepúblicaMéxicoDictaduraGolpe de EstadoEvolución histórica

Gobiernos de José Joaquín Prieto y Manuel Bulnes Prieto

Gobiernos de José Joaquín Prieto y Manuel Bulnes Prieto

EducaciónMilitares chilenosBiografíaObras relevamtesSalusFechas ImportantesPolíticaPresidenciaEconomía

Iniciación del conflicto

Iniciación del conflicto

Diego PortalesPerú y BoliviaFronteras de ChileTratado de PaucarpataHistoria de AméricaGeneral FreireToma de LimaExpedición de Bulnes