PRESENTACIÓN DE “ESTRELLA DE DAVID”, DE CHARÍN RUIZ.
POR JESÚS RAMÓN TRANCOSO MELENDO.
SEVILLA, EXCMO. ATENEO
A 7 DE FEBRERO DE 2012
Buenas noches
Desde Bornos, un precioso pueblo a la falda de la sierra de Grazalema, levantado alrededor de
su magnífico y amurallado palacio renacentista a orillas del Guadalete –ese río que nace a los
pies del pinsapo- nos llega otra vez la voz del corazón en la palabra de Charín Ruiz.
Quien no conoce a Charín puede intuir fácilmente, tan solo con mirar sus ojos o cruzar
algunas palabras con ella, que es todo corazón, bondad, ilusión y fantasía. Luego, lo confirmara
al leer su alma en cualquiera de sus libros.
¡Y aquí que se nos presenta, remontando el río Betis, con su tercer libro bajo el brazo,
con su tercer sueño!.
“Noemí, por respuesta, daba un gran suspiro y decía: ¡el tiempo…! Y quedaba absorta
mirando el horizonte”.
¡El tiempo…! “El tiempo para pensar, en horas de contemplación de la belleza del
Castillo de Bornos y sus jardines”, de sus calles llenas de tiempo, sus molinos, las huertas…
donde, sin duda alguna, Charín conoció –tomo conciencia de ello- el tiempo... el Tiempo con
mayúscula. Ese concepto que tan solo es posible captar desde la sensibilidad y la
contemplación.
Tan solo así se puede dominar el juego que, mezclando momentos y épocas, incluso
personajes y situaciones, “el Tiempo con mayúscula” puede ofrecernos en una “trama” – en
este caso escrita- mitad historia mitad leyenda, parte vivía y parte soñada –creo que, incluso,
más con el deseo que con la imaginación,- como Charin nos ofrece en “La Estrella de David”.
Ya vimos en su anterior obra, el Chamán de las estrellas, “como nos trae Charin, con su
voz delgada y dulce, dura y amable, firme y templada, fantástica, ilusionante y didáctica, su
inquieto y noble corazón, el reflejo en su mirada de un alma limpia, y una sonrisa que resalta,
incluso, por encima de algún gesto de tristeza que, acaso un día, se escapara tontamente”. Así
lo comentamos en su día.
Allí no destacaba, principalmente, las relaciones humanas, pero yo diría que “a corta
distancia”, entre dos personas o entre pocas y relacionadas íntimamente entre sí.
Ahora también nos las muestra, pero entre grandes grupos. Nos traslada, aunque sólo
de forma tangencial –como no puede ser de otra manera, para responder al delicado
tratamiento que requiere el asunto-, nos traslada, digo, a la guerra, a nuestra última guerra
civil y a la segunda guerra mundial. Y, apoyándose en los propios errores de los hombres –
como la venganza, el racismo y otras miserias humanas- nos devuelve con su pluma todos los
antídotos.
Para ello, recurre a saltar en el tiempo, a mezclar escenas y situaciones y , sobre todo,
a ese sello tan personal – fiel reflejo de su propio lenguaje, de su estilo natural, de su forma
habitual de expresarse-, adornado en esta ocasión, como contrapunto con obras anteriores
con una gran cantidad de personajes, recreándose en las virtudes humanas –no sólo de ellos,
como individuos- sino en las de los grupos en sí a los que estos pertenecen –las familias, los
pueblos, sus gremios ….
Ya nos dejó Charín su auto-retrato en otras obras. Ahora, también. Aunque lo reduce a
su etapa infantil. Pero extiende el lienzo, incluyendo en él a su propia familia, cuyos personajes
los ha aprovechado para darle apoyo y armazón a esta bonita historia.
Sé que Charín está especialmente orgullosa y enamorada de esta obra suya y no le
faltan motivos. Para ella es mucho más que un libro –el tercero, ya que tiene la suerte de
firmar.
Aquí están sus ideas y su ideal de vida, y su propia vida en su infancia condensada, o
sea, aquí esta su patria refleja. Porque, como bien dice Rainer María Rilke, “la verdadera patria
de un hombre es la infancia”.
Y al mismo tiempo que retrata a su propia familia y a ella misma, y casi de manera
atemporal –poco le falta a esta obra para ser así-, también nos da unas bonitas, cariñosas y en
ocasiones, incluso, pintureras pinceladas del mundo en el que ella vive, de esa bendita tierra,
de sus joyas que relucen por la Janda, por la sierra, por el mar… a orillas del Guadalete o de ese
Río-viejo, tan llenos de tiempo igualmente… de esos niños jugando en el llano de la era.. del
olor a candela.. y un millar de pintorescos adornos como esos típicos vocablos –algunos pocos
usados ya, desgraciadamente-, porque Charín, como algunos de los personajes de esta
historia, y confieso que yo mismo, está enamorada de Cádiz, de su provincia y de la simpatía
de toda su gente.
Pero Charín, como si hubiera sido tocada por un hada madrina, o por un ángel del Cielo
–como escritora, como narradora y, muy especialmente, como comunicadora de ideas –
vuelve a convertirse en la auténtica “Chamán de las estrellas” del Guadalete.
Yo estoy convencido de que Charín ha llegado al universo de los libros desde esa
necesidad que ella siente de comunicarse con el mundo, de comunicar sus ideas, sus ilusiones,
sus convicciones, su lindo sueño.
Y una vez más, como ya hizo en obras anteriores y como ya comentamos en su día –lo
repetiré encantado- Charín pone la fantasía al servicio de la ilusión, de esa ilusión que
verdaderamente es… esa realidad perceptible, tan sólo, por algunas personas especialmente
sensibles, las de limpio corazón, las de las aladas almas, los niños, los románticos, los poetas…
esos que retratan el alma en verso… o en prosa… o en la música… o al óleo en el lienzo o la
acuarela…
Esta historia tampoco es un invento. Es… un sueño, otro sueño. Esto, como ya ocurrió
en sus obras anteriores, lo ha soñado Charín… y, muy posiblemente, lo ha soñado despierta
otra vez… o, acaso, dormida en “el valle de los unicornios” o en la deliciosa soledad de los
jardines del Castillo de Bornos rememorando una infancia feliz, sin duda. Porque esta historia
está llena de recuerdos, de vivencias… de ilusiones y deseos, de nobles deseos.
A mi esta obra también me parece –insisto en que no me importa repetirlo, incluso me
place tener que decirlo, una vez más, en otra obra de Charín-, me parece más bien un retrato y
no un invento.
En ella se reflejan hondos sentimientos, hechos vividos.. Buscando siempre lo
profundo, lo puro, lo auténtico… en el fondo, buscando lo soñado. Y es que, como la más
autentica realidad, lo soñado forma parte de lo vivido.
Y , otra vez, es el alma quien llama a la puerta de cada personaje y al corazón del
lector; quien trae la esperanza de otro mundo superior, superior cualitativamente; quien llama
a la pluma de Charín, desde el fondo e su propio corazón, buscando en las cosas lo que tienen
de pureza, por estar más cerca de lo eterno.
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presentación de D. Jesús Ramón Trancoso

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