SATELITES ARTIFICIALES
Por Dr. Dionisio M. Tun Molina
[email protected]
Tomado de http://ciberhabitat.com/medios/satelites/artificiales/
UN POCO DE HISTORIA
El origen de los satélites artificiales está íntimamente ligado al desarrollo de los cohetes que fueron creados,
primero, como armas de larga distancia; después, utilizados para explorar el espacio y luego, con su evolución,
convertidos en instrumentos para colocar satélites en el espacio.
Las actividades en el espacio, incluyendo la tecnología satelital, se remonta a tiempos muy remotos, cuando el
hombre empezó a medir los movimientos de las estrellas, dando origen a una de las ramas más antiguas de la
ciencia, la Mecánica Celeste. Mucho después, se empezaron a realizar los primeros cálculos científicos sobre la
tasa de velocidad necesaria para superar el tirón gravitacional de la Tierra.
No fue sino hasta 1945, cuando el entonces Secretario de la Sociedad Interplanetaria Británica, Arthur C. Clarke,
publicó un artículo -que muchos calificaron como fantasioso- acerca de la posibilidad de transmitir señales de radio
y televisión a través de largas distancias (transatlánticas) sin la necesidad de cables coaxiales (en el caso de la
televisión o relevadores en el de la radio), proponiendo un satélite artificial ubicado a una altura de 36 mil km, que
girara alrededor de la Tierra una vez cada 24 horas, de tal forma que se percibiera como fijo sobre un punto
determinado y, por lo tanto, cubriendo en su transmisión una fracción de la superficie terrestre. Este artefacto
estaría equipado con instrumentos para recibir y transmitir señales entre él mismo y uno o varios puntos desde
tierra; también, añadía que para hacer posible la cobertura de todo el planeta habrían de colocarse tres de estos
satélites de manera equidistante a la altura mencionada, en la línea del Ecuador. El artículo presentaba, además,
algunos cálculos sobre la energía que se requeriría para que dichos satélites funcionaran, y para ello proponía el
aprovechamiento de la energía solar.
Con esos elementos en mente, la Marina de los Estados Unidos de América (E.U), unos años más tarde, utilizó con
éxito el satélite natural de la Tierra -la Luna- para establecer comunicación entre dos puntos lejanos en el planeta,
transmitiendo señales de radar que dicho cuerpo celeste reflejaba, logrando con ello comunicar a la ciudad de
Washington con la Isla de Hawai. Esto comprobó que se podrían utilizar satélites artificiales con los mismos fines,
pero salvando la desventaja de depender de la hora del día para obtener las señales reflejadas. Se emprendió, un
ambicioso proyecto denominado Echo, el cual consistía en utilizar un enorme globo recubierto de aluminio para
que sirviera como espejo y reflejara las señales emitidas desde la Tierra. El artefacto, visible a simple vista, fue el
primer satélite artificial de tipo pasivo -por su característica de servir solamente como reflejo y no tener aparatos
para retransmisión-; los llamados satélites activos vendrían después, con los avances tecnológicos y las
experiencias que poco a poco fueron enriqueciendo el conocimiento en este campo.
En la siguiente década, el Año Geofísico Internacional (1957-1958), marcó el banderazo de salida de una carrera
espacial que durante muchos años protagonizaron E.U. y la Unión Soviética, siendo está última la que se llevó la
primicia al lanzar al espacio, el 4 de octubre de 1957, el satélite Sputnik I, el cual era una esfera metálica de tan
solo 58 cm de diámetro. En diciembre de ese mismo año, E.U. también lanzó su propio satélite, el Vanguard,
aunque sin éxito, pues se incendió en el momento de su lanzamiento.
La Unión Soviética siguió su camino e instaló en órbita la segunda versión del Sputnik, en noviembre de 1957,
ahora con un ser vivo como pasajero: la perra Laika. Después, hubo una tercera versión del Sputnik que se lanzó en
1958.
Unos meses antes, E.U. -continuando con el reto impuesto- lanzó el satélite Explorer l, y con ello se apuntó un
tanto en el mundo de la ciencia al descubrir los cinturones de radiación que rodean a la Tierra, a los que llamaron
Van Allen en honor al líder de los científicos responsables de esa misión. Posterior a ese satélite, siguieron sus
versiones II, III y IV, de los cuales el Explorer II falló.
El primer experimento en comunicaciones desde el espacio también fue en 1958, cuando un cohete Atlas-B,
equipado con un transmisor y un reproductor, emitió hacia la Tierra un mensaje grabado con anterioridad por el
presidente Eisenhower. El Atlas-Score permitió demostrar que la voz humana podía propagarse superando la
considerable distancia existente entre el planeta y el satélite. El concepto fundamental era sencillo: un repetidor
colocado en un lugar suficientemente elevado podría dominar mucha mayor superficie que sus homólogos
terrestres. El repetidor, por supuesto, sería colocado en órbita, aunque su limitación principal sería la movilidad del
objeto en el espacio.
Todos esos satélites aportaron importantes conocimientos al mundo científico, pues al ser equipados cada vez con
mejores y más sofisticados instrumentos de medición, permitieron conocer las condiciones del espacio que rodea a
la Tierra y, con ello, promover nuevos experimentos.
Fue así que el primer satélite activo que se puso en órbita fue el Courier, de propiedad estadounidense (lanzado en
1960), equipado con un paquete de comunicaciones o repetidor que recibía las señales de la Tierra, las traducía a
frecuencias determinadas, las amplificaba y después las retransmitía al punto emisor.
Así, se sucedieron muchos otros lanzamientos de satélites con fines experimentales en el campo de las
comunicaciones para transmisiones de radioaficionados y señales de televisión en diversas bandas de frecuencia o
con propósitos militares, de tal forma que al terminar 1962, EU. contaba ya con 120 satélites puestos en órbita,
mientras que Rusia tenía 33.
En 1963, en Estados Unidos de América se fundó la primera compañía dedicada a telecomunicaciones por satélite
(COMSAT). También, en ese mismo año la Unión Internacional de Telecomunicaciones (UIT), durante una
conferencia sobre radiocomunicaciones, expidió las primeras normas en materia de telecomunicaciones por
satélite.
Gracias a la construcción de cohetes más potentes -que llevaron satélites a la altura adecuada- y al desarrollo de la
electrónica como un elemento importante relacionado con muchas funciones de un satélite, en 1964 se logró
colocar en órbita geoestacionaria o Cinturón de Clarke primer satélite de este tipo (geoestacionario): el Syncom 3,
que permitió en Europa la transmisión de los juegos olímpicos de Tokio.
En agosto de 1964 se formó el consorcio internacional Intelsat, encargado de administrar una nueva serie de
satélites geoestacionarios disponibles para todo el mundo, el primero de sus satélites fue el Early Bird o Intelsat-1.
En la actualidad, existen alrededor de 200 de esta clase, en su mayoría geoestacionarios, conectando lugares de
todo el mundo y que, además de servir para la telecomunicación internacional, se emplean para servicios como
televisión y observación meteorológica, entre otras aplicaciones.
Esos acontecimientos marcaron el inicio de la era espacial, desarrollándose con rapidez la capacidad de fabricar
una gran variedad de naves que al principio parecían modestas, pues sólo lanzaban satélites experimentales de
investigación relativamente sencillos, que después, en la década de los años 70, se convirtieron en sofisticados
prototipos de vehículos espaciales para comunicaciones y meteorología y, más adelante, para sondeos lunares y
planetarios.
¿Que es un satélite artificial?
Podemos empezar por recurrir a la definición que nos da el diccionario: "Son ingenios lanzados por un cohete, que
pasan a describir una órbita alrededor de la Tierra o de otro astro" (diccionario enciclopédico El Pequeño Larousse)
;o bien, la que encontramos en el Universum, el Museo de las Ciencias de la Universidad Nacional Autónoma de
México (UNAM): "Un satélite es un cuerpo que gira alrededor de otro. La Tierra tiene un satélite natural y cerca de
9 mil satélites artificiales".
Con estos artefactos de percepción remota se puede observar una gran extensión de terreno, pues están muy por
encima de donde circulan normalmente los aviones y permiten fotografiar toda la cordillera del Himalaya o de los
Andes; conocer el curso de las aguas, desde una pequeña corriente hasta su gran desembocadura en el océano; o
explorar y mostrar áreas inaccesibles, como las heladas regiones de los polos y las profundidades marinas, sólo por
dar algunos ejemplos.
Veamos la siguiente tabla tomada de la sala "Satélites" del Museo Universum, que muestra los tipos de satélites
según su función y la órbita en que utilizan:
Tipos de
órbita
Altura sobre el nivel del
mar
Velocidad
del satélite
Función del satélite Ventajas
Órbita baja
250-1 500 km
25 000-28
000 km/hr.
Comunicaciones y
observación de la
Tierra.
Poco retraso en las
comunicaciones. Se requiere
menor potencia.
26 600-27
300 km/hr.
Clima
Navegación.
Están perpendiculares sobre la
línea del Ecuador, por lo que
pueden observar distintas regiones
de la Tierra.
11 000
km/hr.
Comunicaciones
Clima.
Navegación
GPS.
Al dar la vuelta a la Tierra a su
misma velocidad, siempre observa
el mismo territorio
~34 200
km/hr.
~5 400
km/hr.
Comunicaciones
Servicios a grandes latitudes.
Órbita polar
Órbita geoestacionaria
500-800 km sobre el eje
polar
35 786 km sobre el
Ecuador
Perigeo (cuando está más
cerca de la Tierra) 200- 1
Órbita elíptica 000 km Apogeo (cuando
está más lejos) ~ 39 000
km
¿Para qué sirven los satélites?
Estos artefactos son muy útiles para el hombre moderno, son los protagonistas principales de las comunicaciones
en el mundo; gracias a ellos, recibimos señales de televisión, de radio y teléfono, o tenemos información valiosa
del clima, de nuestro medio ambiente y del espacio.
Para tener una idea más clara, cada objeto o ser sobre la superficie terrestre emite una estela o firma, que es su
energía particular, la cual cambia conforme ese objeto o ser se modifica, y por esta característica es posible
identificar, mediante un satélite, la firma del agua salada que es diferente a la del agua dulce o diferenciar el aire
contaminado del limpio; también, se pueden distinguir los elementos de un territorio en un tiempo determinado,
tales como sus cosechas, tipos y estado de las mismas, la fauna marina y la terrestre, las grandes ciudades, los
poblados, las instalaciones hechas por el hombre, las vías de comunicación terrestre y muchas más.
Los sistemas de satélites no dependen de líneas y conexiones físicas montadas a lo largo de la superficie de la
Tierra, sino de estaciones terrenas ubicadas en diferentes lugares, cuyo costo para su puesta en operación es mucho
más bajo que construir una carretera; además, con los avances en la ciencia y tecnología, los satélites son cada vez
más versátiles, duran mayor tiempo en órbita y ofrecen más y mejores servicios.
¿Cómo funcionan los satélites?
Dado que las microondas (tipo de onda de radio) viajan en línea recta, como un fino rayo a la velocidad de la luz,
no debe haber obstáculos entre las estaciones receptoras y emisoras.
Por la curvatura de la Tierra, las estaciones localizadas en lados opuestos del globo no pueden conectarse
directamente, sino que han de hacerlo vía satélite. Un satélite situado en la órbita geoestacionaria (a una altitud de
36 mil km) tarda aproximadamente 24 horas en dar la vuelta al planeta, lo mismo que tarda éste en dar una vuelta
sobre su eje, de ahí que el satélite permanezca más o menos sobre la misma parte del mundo.
Como queda a su vista un tercio de la Tierra, pueden comunicarse con él las estaciones terrenas -receptoras y
transmisoras de microondas- que se encuentran en ese tercio. Entonces, ¿cómo se conectan vía satélite dos lugares
distantes?
Una estación terrena que está bajo la cobertura de un satélite le envía una señal de microondas, denominada enlace
ascendente. Cuando la recibe, el transpondedor (aparato emisor-receptor) del satélite simplemente la retransmite a
una frecuencia más baja para que la capture otra estación, esto es un enlace descendente. El camino que recorre esa
comunicación, equiparándolo con la longitud que ocuparía un cable, es de unos 70 mil km, lo cual equivale, más o
menos, al doble de la circunferencia de la Tierra, y sólo le toma alrededor de 1/4 de segundo cubrir dicha distancia.
Para entender mejor cómo es posible que un satélite se sostenga en una órbita en el espacio veamos el siguiente
cuadro:
Imaginemos que estamos en una montaña por encima de la atmósfera: si lanzamos una pelota con poca fuerza, la
gravedad la atraerá hacia la Tierra.
Si se lanza más fuerte, caerá más lejos
Mientras más fuerza se aplique, más lejos viajará horizontalmente antes de caer
Si pudiéramos lanzar la bola a 28 mil km/hr., nunca caería a la Tierra, a esto se le llama estar en órbita. Una nave
fuera de la atmósfera se mantiene viajando a esta velocidad, pues no hay resistencia del aire que la detenga.
*Universum Museo de las Ciencias de la UNAM
Anatomía de un satélite
En la ingeniería de los satélites, como en cualquier otra área de la Astronáutica, confluyen múltiples aspectos. No
sólo se trata de construir una máquina, sino también de conseguir que, a pesar de sus delicados elementos
electrónicos, sea capaz de resistir los rigores y presión de un lanzamiento, las ondas acústicas durante el mismo y,
sobre todo, funcionar en el ambiente del espacio, donde las temperaturas fluctúan entre los 200° C bajo cero
durante periodos de sombra y 200° C a la luz del Sol.
El diseño de los satélites ha evolucionado desde aquellos años del Sputnik I hasta la actualidad; sin embargo, su
razón de ser sigue siendo la misma, así como la de la mayor parte de sus elementos. El paso del tiempo y los logros
en las tecnologías han proporcionado instrumentos más precisos, sistemas de provisión de energía eléctrica más
potentes y componentes de menor peso, pero todos ellos, en esencia, no han cambiado mucho, hay quienes afirman
que la Astronáutica es aún una ciencia demasiado joven.
Los satélites pueden dividirse de manera conveniente en dos elementos principales, la carga útil y la plataforma.
La carga útil es la razón de ser del satélite, es aquella parte del satélite que recibe, amplifica y retransmite las
señales con información útil; pero para que la carga útil realice su función, la plataforma debe proporcionar ciertos
recursos:
La carga útil debe estar orientada en la dirección correcta.
La carga útil debe ser operable y confiable sobre cierto periodo de tiempo especificado.
Los datos y estados de la carga útil y elementos que conforman la plataforma deben ser enviados a la estación
terrestre para su análisis y mantenimiento.
La órbita del satélite debe ser controlada en sus parámetros.
La carga útil debe de mantenerse fija a la plataforma en la cual está montada.
Una fuente de energía debe estar disponible, para permitir la realización de las funciones programadas.
Cada uno de estos requerimientos es proporcionado por los siguientes conglomerados de elementos conocidos
como subsistemas:
Subsistema de Estructura, misma que puede tener muy distintas formas, pero que siempre se construye con metales
muy ligeros que a la vez tienen gran resistencia.
· Subsistema de Propulsión, compuesto por múltiples motores o impulsores de bajo empuje, que sirven al satélite
para realizar pequeñas correcciones y cambios de velocidad para controlar su orientación en el espacio y
proporcionar el control adecuado de los parámetros de la órbita. Últimamente, se están usando en estos motores
otros métodos de propulsión como la eléctrica o iónica, cuyo bajo empuje, pero elevado impulso específico, los
hace más eficientes y muy económicos en cuanto al consumo de combustible.
Subsistema de control de orientación, que trabaja contra las perturbaciones a las que está sometido el aparato,
como el viento solar. Este sistema permite al satélite saber constantemente donde está y hacia donde debe
orientarse para emisiones lleguen a la zona deseada, considerando su natural movimiento Norte-Sur y Este-Oeste
alrededor de un punto. Además, orienta los paneles solares hacia el Sol, sin importar cómo esté posicionado el
satélite. La computadora de a bordo, que lleva una serie de programas capaces de reaccionar ante una variada gama
de problemas: si algo grave o inesperado ocurre, desconectará automáticamente todos los sistemas no esenciales, se
orientará hacia el Sol para garantizar una adecuada iluminación de las celdas solares e intentará comunicarse con la
Tierra o esperar órdenes procedentes de ella. Esta fase se denomina modo seguro y puede salvar la vida a muchos
satélites dando tiempo a la intervención humana.
Subsistema de potencia. Como fuente de energía secundaria las baterías proveen energía suficiente para alimentar a
los sistemas e instrumentos cuando la energía proveniente del Sol no puede ser aprovechada, esto ocurre por
ejemplo, durante eclipses ; éstas son cargadas poco antes del lanzamiento y de ellas depende la vida del satélite. La
fuente primaria de energía para el satélite lo constituyen las celdas solares que son colocadas en grupos para
conformar lo que se conoce como panel solar Los paneles, por sus grandes dimensiones y su relativa fragilidad,
deben permanecer plegados durante el despegue. Su apertura añade otro factor de incertidumbre durante la puesta
en órbita del satélite. Una vez en posición y perfectamente orientados, empiezan a proporcionar energía a los
sistemas, que hasta entonces han debido usar baterías. Esta energía es administrada por un sistema especial que
regula el voltaje y la distribuye de forma adecuada al resto de componentes. Cuanto mayor es el número de celdas
agrupadas, más potencia puede generarse. Aunque es verdad que éstas suelen deteriorarse con el paso del tiempo,
ahora los constructores de satélites colocan un número suplementario de ellas para garantizar que proporcionarán
suficiente electricidad, incluso, durante el último periodo de su vida útil.
Subsistema de telemetría, seguimiento y órdenes es el encargado de hacer contacto con las estaciones terrenas con
el fin de recibir órdenes de ellas y darles seguimiento. Esto permite el correcto mantenimiento de los subsistemas
del satélite
El módulo de carga útil es aquel en que están instalados los instrumentos que justifican la misión espacial. Algunos
de ellos son muy sofisticados: podemos encontrar desde cámaras hasta telescopios, pasando por detectores
sensibles a fenómenos atmosféricos, antenas y amplificadores para comunicaciones, entre otros. Para los satélites
de comunicaciones, la carga útil esta conformada por los transpondedores.
Un transpondedor esta formado por un filtro de entrada que selecciona la frecuencia a amplificar, un controlador de
ganancia para el amplificador y su respectiva fuente de alimentación, estos transpondedores reciben la señal desde
la Tierra a través de antenas y receptores, la amplifican y la envían a su destinatario; si el satélite no hace esto, la
señal llegará tan débil que no se percibirá en las estaciones receptoras.
Aunque el satélite es sometido a pruebas exhaustivas durante su construcción y antes de su lanzamiento, siempre es
probable que algo falle y esto, entonces, significa afrontar pérdidas considerables; es por ello que desde hace
algunos años los propietarios de los satélites suelen adquirir pólizas de seguro que cubran las principales
eventualidades (lanzamiento fallido, menor eficiencia de la prevista en órbita, duración en activo inferior a la
prevista, etcétera). Se calcula que el precio actual de un satélite está entre 700 y 2 000 millones de pesos, y si a eso
le sumamos el mencionado seguro el precio sube a 3 500 millones de pesos . Afortunadamente, el futuro de la
construcción de los satélites implica mayor tiempo en órbita, mismo que fluctúa entre 10 y 15 años.
Tipos de satélites
Dada su gran variedad, existen diversas clasificaciones; la UIT los divide de acuerdo con el tipo de servicio que
éstos prestan, de tal manera que los hay fijos, móviles, de radiodifusión, de radionavegación y de exploración de la
Tierra.
Edward W. Ploman los distingue en dos grandes categorías:
Satélites de observación. Para la recolección, procesamiento y transmisión de datos de y hacia la Tierra.
Satélites de comunicación. Para la transmisión, distribución y diseminación de la información desde diversas
ubicaciones en la Tierra a otras distintas posiciones.
Para propósitos de estudio es conveniente clasificar los diferentes tipos de misiones satelitales basándose en las
características principales de sus órbitas respectivas:
Satélites geoestacionarios (GEO). Son los que se ubican en la órbita del mismo nombre, sobre la línea del Ecuador
y a una altitud de 36 mil km. Son utilizados para la transmisión de datos, voz y video.
Satélites no geoestacionarios. Que a su vez se dividen en dos:
Los Mediun Earth Orbit (MEO), ubicados en una órbita terrestre media a 10 mil km de altitud.
Los Low Earth Orbit (LEO), localizados en órbita más baja, entre 250 y 1500 km de altitud. Tanto los satélites
MEO como los LEO, por su menor altitud, tienen una velocidad de rotación distinta a la terrestre y, por lo tanto,
más rápida; se emplean para servicios de percepción remota, telefonía etc., por mencionar algunos de sus uso.
Aplicaciones
Satélites científicos
Empezaron a lanzase en la década de los años 50, y hasta ahora tienen como principal objetivo estudiar la Tierra superficie, atmósfera y entorno- y los demás cuerpos celestes. En el inicio de la exploración espacial, se consideró
prioritario conocer las condiciones que imperaban sobre un objeto que girara repetidamente alrededor del planeta.
Esto era necesario, pues poco tiempo más tarde el propio hombre debería viajar al espacio. Estos aparatos
permitieron que el conocimiento del Universo sea mucho más preciso en la actualidad.
Los satélites Echo l no sólo fueron útiles para experimentar técnicas de comunicación pasivas, sino que
proporcionaron buena información sobre la densidad de la atmósfera a diversas altitudes. El satélite Explorer l
detectó los cinturones de radiación (Van Allen) que rodean la Tierra. Otros de sus hermanos ayudaron a establecer
la abundancia de micrometeoritos en los alrededores del planeta, factor importante para tener en cuenta antes de
lanzar una astronave tripulada y, además, estudiaron ampliamente los campos geomagnéticos, la cantidad de
radiación, la ionosfera terrestre y la densidad atmosférica, entre otras muchas investigaciones.
Una rama de la ciencia que se ha visto beneficiada por las actividades en el espacio es la Geodesia. Los satélites
geodésicos han permitido conocer con exactitud la forma de los continentes, así como el lentísimo pero constante
movimiento de las placas terrestres. Asimismo, los satélites oceánicos han explorado el fondo marino, revelando
gran cantidad de información: el Seasat (lanzado en 1978), equipado con un radar especial, fue uno de los aparatos
dedicados a este tipo de investigación.
Satélites de comunicación
Se ubican en la intersección de la tecnología del espacio y la de las comunicaciones. Constituyen la aplicación
espacial más rentable y, a la vez, más difundida en la actualidad. Las transmisiones en directo vía satélite ya son
parte de nuestra cotidianeidad, por lo que no tienen ningún carácter especial. Para la difusión directa de servicios
de televisión y radio, telefonía y comunicaciones móviles sólo son necesarios sencillos receptores y antenas
parabólicas cada día más pequeñas.
Satélites de metereología
Estos satélites, aunque se puede afirmar que son científicos, son aparatos especializados que se dedican
exclusivamente a la observación de la atmósfera en su conjunto. La comprensión de la física dinámica atmosférica,
el comportamiento de las masas nubosas o el movimiento del aire frío o caliente resultan indispensables para
realizar predicciones del clima, pues sus efectos impactan de manera irremediable las actividades de los seres
humanos aquí en la Tierra.
El primer satélite meteorológico fue el Tiros-1 (lanzado en abril de 1960); luego le siguieron los ESSA, ITOS,
Nimbus, NOAA y Meteor, por mencionar algunos. A estos artefactos se debe el descubrimiento del agujero en la
capa de ozono. Algunos de éstos se colocan en órbitas no geoestacionarias, como los que pasan sobre los polos de
la Tierra y posibilitan una cobertura de toda la superficie de ella. Otros satélites meteorológicos de órbita
geoestacionaria como el SMS, GOES y Meteosat pueden cubrir todo un hemisferio y permiten seguir el
comportamiento de fenómenos como la temporada de huracanes, el avance de las grandes borrascas, los frentes
fríos, el conocimiento de la temperatura de la atmósfera en cada nivel altimétrico, la presión, la distribución del
vapor de agua y, con ello, el porqué de las sequías o los efectos de la contaminación, entre muchos otros
fenómenos más.
Hoy en día, la Organización Meteorológica Mundial coordina la recolección, procesamiento y difusión de
información y datos meteorológicos y oceanográficos provenientes de una constelación de satélites meteorológicos
tanto geoestacionarios como de órbita polar, enlazados a 10 mil estaciones terrenas y mil estaciones de observación
en altitud, además de otras fuentes de información meteorológica, provenientes de barcos, aeronaves, boyas y otros
artefactos que trabajan de manera coordinada para transmitir diariamente a todo el mundo, en tiempo real, más de
15 millones de caracteres de datos y 2 mil mapas meteorológicos.
Satélites de navegación
Desarrollados originalmente con fines militares al marcar el rumbo de misiles, submarinos, bombarderos y tropas,
ahora se usan como sistemas de posicionamiento global (GPS, por sus siglas en inglés) para identificar locaciones
terrestres mediante la triangulación de tres satélites y una unidad receptora manual que puede señalar el lugar
donde ésta se encuentra y obtener así con exactitud las coordenadas de su localización geográfica.
Los satélites actuales dedicados a esta tarea (Transit, Navstar GPS, Tsikada, Parus, Uragan, etc.) utilizan
frecuencias bajas y medias que están abiertas al público, lo cual ha posibilitado la aparición de múltiples receptores
comerciales. Una de las aplicaciones de estos satélites la realiza con éxito la navegación aérea, que está empezando
a aprovecharla en los aterrizajes de las aeronaves, ello le supone una guía económica y muy segura para esas
actividades.
En los sistemas GPS, tanto el satélite como el equipo receptor en Tierra emiten una señal con una determinada
frecuencia, ambas sincronizadas gracias a los relojes atómicos que dichas unidades poseen, el receptor recibe la
señal del satélite que se halla a gran altitud, la distancia entre ambos equipos hace que la señal proveniente del
satélite llegue con una diferencia de fase con respecto a la señal emitida por el receptor. La medición de esta
diferencia en las fases permite calcular la distancia que separa al equipo en Tierra del satélite. Utilizando tres
satélites a la vez, podemos obtener las coordenadas de latitud, longitud y altitud del equipo receptor en Tierra.
Usando un cuarto satélite es, incluso, posible conseguir datos sobre la velocidad con la que nos desplazamos y el
nivel de precisión aumenta mucho.
Otra faceta de los satélites de navegación se encuentra en la búsqueda y el rescate (COSPAS/SARSAT). En estos
casos los receptores son vehículos dedicados a otras tareas, que además están equipados con receptores especiales.
Cuando una embarcación se pierde en alta mar, puede enviar señales que el satélite recibirá y reenviará al puesto de
rescate más próximo, incluyendo sus coordenadas aproximadas.
Satélites de teledetección
Éstos observan el planeta mediante sensores multiespectrales, esto es que pueden sensar diferentes frecuencias o
"colores", lo que les permite localizar recursos naturales, vigilar las condiciones de salud de los cultivos, el grado
de deforestación, el avance de la contaminación en los mares y un sinfín de características más.
El aumento de la resolución (que permite ver con mayor claridad detalles más pequeños de la superficie) está
llegando a extremos insospechados, a tal punto que las fotografías que obtienen pueden tener una clara aplicación
militar. Para un mejor aprovechamiento de sus capacidades, los satélites de teledetección se suelen colocar en
órbitas bajas y polares, a menudo sincronizadas con el Sol. Desde ellas, enfocan sus sensores, que son capaces de
tomar imágenes en varias longitudes de onda o bandas espectrales. El satélite toma constantemente imágenes a su
paso, engrosando los archivos que se pondrán a disposición del público y servirán como un acervo histórico de la
evolución de la superficie terrestre.
Satélites militares
Son aquellos que apoyan las operaciones militares de ciertos países, bajo la premisa de su seguridad nacional. La
magnitud de sus programas espaciales militares es tan grande y secreta que hasta hace poco sólo se podía valorar
por el número de lanzamientos que suponía.
Uno de los aspectos fundamentales del equilibrio armamentista durante la Guerra Fría fue la posibilidad de una
respuesta adecuada ante cualquier ataque enemigo. Para ello, era necesario conocer con la suficiente antelación el
despegue de un misil desde cualquier punto del globo terráqueo. Entonces, se fabricaron los satélites de alerta
inmediata, que detectan cualquier lanzamiento, tanto de cohetes comerciales como militares.
En un principio, E.U. inició esta actividad utilizando grandes antenas terrenas, después lanzaron satélites del tipo
Midas o DSP, los cuales poseen sensores infrarrojos que detectan el calor producido por los gases del escape de los
motores de un misil. Dado que el tiempo de funcionamiento de los motores de uno de estos vehículos suele ser
inferior a los 10 ó 15 minutos, la detección debe hacerse lo antes posible, dando tiempo a responder al ataque.
Rusia, por su parte, usa los satélites Oko y Prognoz.
Los océanos son un escenario en el que se han desarrollado espectaculares batallas navales y un lugar en el que
patrullan barcos y submarinos de todas clases. Estos últimos pueden estar equipados con misiles nucleares y su
movilidad y ocultación bajo el agua los hace muy peligrosos. Por eso, se han desarrollado satélites que tratan de
localizarlos. Es el caso de los White Cloud americanos o los RORSAT/EORSAT soviéticos.
Algunos satélites especiales -cuya identidad es protegida con mayor recelo- pueden realizar escuchas electrónicas
(elint o inteligencia electrónica) que permiten captar conversaciones telefónicas o radiofónicas desde enormes
distancias. Algunas de ellas podrían consistir en órdenes de ataque, las cuales hay que interceptar. Es tal el éxito de
estos satélites que muchas de las transmisiones deben ser codificadas. Destacan aquí los programas Jumpseat,
Chalet/Vortex, Orion, Magnum/Aquacade, Tselina, etcétera.
Bibliografía
Fuente.- Rosado, Carlos. Comunicación por satélite. México. Editorial Limusa, México 1999.
Fuente.- Edgar W. Ploman, Satelites de Comunicación.
Bandas de frecuencia
Las diversas bandas de frecuencia que pueden utilizar los satélites son determinadas por la Unión Internacional de
Telecomunicaciones (UIT) en forma exclusiva para éstos o compartida con otros servicios, quedando a cargo de
los gobiernos de cada país asignarlas a usuarios específicos.
Para satisfacer las necesidades mundiales de comunicación, cada banda puede ser utilizada de manera simultánea
por muchos países, con las debidas precauciones técnicas para evitar interferencias que pueden originarse por la
dificultad de limitar las radiaciones sólo a las áreas de servicio. Por razones prácticas, a las bandas de frecuencia
más comunes para el servicio por satélite se les designa por medio de letras C, X, Ku, Ka, etc.
Fuente:- Rosado, Carlos. Comunicación por satélite. México. Editorial Limusa, México 1999. p. 25 y 26.
Cinturones Van-Allen
Se trata de dos cinturones formados por cargas eléctricas con suficiente cantidad para ser detectadas por los
aparatos de medición de un satélite. El cinturón exterior está compuesto en su mayor parte por electrones. Si nos
movemos alejándonos del planeta en el plano ecuatorial encontraremos el principio de este cinturón externo a una
distancia de unos 20 mil km de la Tierra (como el triple del radio terrestre); el cinturón se vuelve muy tenue a unos
60 mil km (10 veces el radio de la Tierra).
El segundo cinturón se encuentra más cercano; está formado, principalmente, por protones de gran energía y
algunos electrones de poca energía. En el plano ecuatorial principia a una altura de 600 km, a partir de la superficie
terrestre, y se extiende varios miles de kilómetros. Entre los dos cinturones existen cargas volando en el espacio
por la atracción mutua entre aquéllas de distinto signo, pero la densidad de partículas es casi mil veces menor.
Podemos imaginar a cada uno de estos cinturones como un río de cargas o una corriente eléctrica en forma de
llanta, la cual no circula en un alambre o conductor y se sostiene girando en el espacio alrededor de la Tierra, como
los anillos de Saturno. La razón por la que estos carruseles de carga no se caen o desvanecen en el espacio es que
se encuentran en el campo magnético de la Tierra, misma que se comporta como un imán gigantesco, cuyos polos
magnéticos están alineados aproximadamente con los polos geográficos.
Fuente:
http://omega.ilce.edu.mx:3000/sites/ciencia/volumen1/ciencia2
/44/htm/SEC_5.HTM.
Longitudes de onda
Es la distancia que recorre una onda al llevar a cabo una oscilación completa. Es la distancia entre dos crestas o dos
valles de un onda.
Fuente: Hiperglosario del IA-UNAM
Mecánica Celeste
Es la rama de la ciencia que estudia el movimiento de los cuerpos celestes a partir de las leyes físicas. Con su
ayuda podemos estudiar con detalle el movimiento de los planetas alrededor del Sol, el de la Luna alrededor de la
Tierra, el de una nave espacial a través del Sistema Solar, etcétera. La Mecánica Celeste pretende describir de
forma matemática los tipos de fuerzas que actúan sobre un determinado sistema de cuerpos celestes (gravitación,
resistencia atmosférica, presión de radiación, etc.), logrando así conformar un conjunto de ecuaciones diferenciales
que, en teoría, al ser resueltas permiten hallar el vector posición y velocidad de cada cuerpo para todo tiempo. La
Mecánica Celeste, que ahora denominamos clásica, fue creada por el físico y matemático inglés Isaac Newton,
quien descubrió las tres leyes del movimiento de los cuerpos que llevan su nombre, como también la ley de
atracción gravitacional. Posteriormente, fue refinada y formalizada por Laplace, Lagrange y Hamiltón y muchos
otros matemáticos y astrónomos notables.
En la actualidad, la Mecánica Celeste ha sido reformulada por la aceptación casi unánime entre los especialistas de
la teoría de la relatividad general, propuesta por Albert Einstein en 1915. La Mecánica Celeste relativista fue
introducida por Einstein, Infeld y Hoffman y hoy en día ha sido pulida en sus detalles por Fock, Brumberg, Soffel
y Damour.
Fuente: www.observatorio.unal.edu.co/miembros/docentes/grek/celeste.html
Órbita
Es el camino que sigue un satélite o cualquier objeto en el espacio; a cada órbita le corresponde una velocidad del
objeto o satélite: si éste cambia de velocidad, cambia de órbita o camino.
Los satélites que están en órbitas más cercanas viajan más rápido que aquellos que están a mayor altura.
Órbita geoestacionaria
Así llamada en honor a Arthur C. Clarke, se encuentra en el plano del Ecuador a 36 mil km de distancia de la
Tierra, donde, por sus particulares condiciones del campo gravitacional terrestre, los cuerpos ahí ubicados
cumplen, en un día, una circunvolución completa alrededor del planeta, y si desde cualquier punto sobre la
superficie terrestre se detectan, parecen estar inmóviles, ocupando un círculo virtual único; se trata de un recurso
natural con capacidad limitada y siempre existe la disputa entre los países por colocar ahí sus satélites.
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SATELITES ARTIFICIALES Por Dr. Dionisio M. Tun Molina UN POCO DE HISTORIA

En la actualidad el flujo de comunicaciones, ha venido tomando... formando nuevos tipos de usuarios, que exigen una mayor cobertura...

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